Agricultura y ganadería sustentables para combatir la desocupación | RED/ACCIÓN

Experiencia Daireaux: cómo la agricultura y ganadería sustentables pueden ayudar a combatir la falta de trabajo

El municipio bonaerense implementó un modelo que convocó a desocupados y subocupados de la comunidad, a quienes brindan herramientas para que puedan convertirse en productores de alimentos sustentables a través de la huerta y la cría de pollos, gallinas y cerdos. Ahora se busca replicar en otras localidades del país.

Intervención: Pablo Domrose

Uno de los principales problemas de las comunidades agropecuarias del interior del país es el desempleo. “No hay mucho trabajo. Cuando me quedé sin laburo, no conseguía nada”, cuenta Andrea Torres, vecina de la localidad de Daireaux, provincia de Buenos Aires.

La municipalidad de Daireaux, localidad que tiene menos de 20.000 habitantes, trabajó en una solución a esta problemática que hoy la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación tiene la intención de replicar en pequeñas ciudades del país y en algunos municipios del conurbano bonaerense. El modelo que se implementó convocó a desocupados y subocupados de la comunidad para darles herramientas para que puedan convertirse en productores de alimentos.

“La desocupación es crónica. La cantidad de chicos que se incorporan por año al mercado laboral es mayor a los puestos de trabajo que se generan”, dice el ingeniero agrónomo Walter Martin, coordinador del programa de Promoción del Trabajo, Arraigo y Abastecimiento Local (PROTAAL) y director de Producción y Abastecimiento Local de la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

Previo a ocupar el cargo en el Ministerio, Martin, en 2015 fue el primer secretario de Desarrollo Social del intendente Alejandro Acerbo y fue uno de los promotores del programa que se desarrolla en Daireaux. En paralelo, el funcionario observó otro problema en la comunidad, que quería resolver: los alimentos que se consumían viajaban varios kilómetros para abastecer la demanda. “Los productos hortícolas venían del Gran Buenos Aires, los pollos llegaban de Entre Ríos y los huevos y cerdos de la zona norte de la provincia de Buenos Aires”, comenta Martin.

Esta situación disparó la idea de producir los alimentos a nivel local, a través de cooperativas de trabajo conformadas por personas desocupadas. Hoy se producen verduras agroecológicas, pollos, huevos y carne de cerdo. La producción no utiliza agroquímicos y en el caso de la producción de huevos, las ponedoras son de piso, es decir, no usan jaulas.

“Partimos de la base de que en el municipio teníamos 600 personas anotadas en la bolsa de empleo, que buscaban trabajo. A partir de ahí se fueron seleccionando a las personas que podía interesarles participar de este proyecto. Una vez que se conformaba el grupo, se armaba una cooperativa. Ahí mismo se designa a una persona como tutora del grupo que ayuda a coordinar todo el proceso”, relata Martin.

La gran mayoría de las personas que forman parte del programa tienen menos de 29 años y no tienen experiencia en producción agropecuaria. Con un proceso de capacitación y acompañamiento aprendieron a desempeñarse en estas tareas.

Entre huertas y pollos

Cristina Insaurralde Ocampo era ama de casa y eventualmente cuidaba algún niño o niña en una casa quinta de la zona para generar algunos ingresos. En 2017, se sumó al proyecto que organizaba Walter Martin desde el municipio y formó parte de la cooperativa de horticultores. Las primeras huertas se elaboraron junto al programa Prohuerta del INTA y se instalaron en 14 hectáreas que alquila el municipio. Luego, se colocaron invernáculos para ampliar la producción.

Las huertas se instalaron en 14 hectáreas que alquila el municipio.

Hace un año Insaurralde Ocampo fue elegida como presidente de la cooperativa. “Tuve que aprender muchas cosas: a manejarme con los bancos, con créditos, organizar los pagos y las tareas”, señala la productora de 54 años.

Lunes, miércoles y viernes, Insaurralde Ocampo asiste a la huerta por la tarde, llega a las 13 y se queda hasta pasadas las 20. Los martes y jueves, llega a las 5 de la mañana y se queda hasta las 13. Se va alternando con una compañera. “Cuando empecé a levantar verdura me di cuenta de que ganaba más dinero que limpiando una casa quinta. La huerta me gusta mucho y le meto muchas horas. Saco unos 8.000 pesos en una semana”, comenta la productora, que vive con su marido y tres hijos.

Para evitar el desperdicio de alimentos, Insaurralde Ocampo cuenta que además de vender en un negocio de las cooperativas, salen a ofrecer casa por casa. Dice: “Si nos sobra verdura, no la podemos cobrar”.

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El proyecto vinculado a los pollos comenzó en 2018 y la iniciativa de los huevos en 2019. Se ve avanzando progresivamente. En el primer caso, hoy hay diez productores y cada uno tiene 500 pollos. En el segundo caso, hay ocho personas involucradas y cada una cuenta con 300 gallinas ponedoras. En ambos casos acceden a alimentos balanceados baratos, que se fabrican dentro de la misma cooperativa. Con los cerdos trabajan doce personas y en la planta de faena hay cinco personas.

“Las unidades que integran la cooperativa ganadera tienen buena demanda, podrían duplicar o triplicar la cantidad de personas involucradas en este trabajo. Lo que falta es tiempo para seguir avanzando paulatinamente, pero se pueden seguir generando oportunidades laborales”, comenta Martin.

Al principio de la pandemia, algunos productos alimenticios que se producían fuera de Daireaux demoraron en llegar. Esta fue una oportunidad para la cooperativa, que continuó brindado los alimentos a mejor precio.

Andrea Torres, que como contábamos al principio de esta nota estaba desocupada, es hoy productora de pollos Daireaux. Se dedica a la cría de pollos de engorde. Su papá y su hermano, que viven en la misma quinta que ella, trabajan para la cooperativa de gallinas ponedoras.

“Cuando Walter sacó este proyecto me convocó para participar. Nos dieron el gallinero y regularmente nos envían un veterinario que viene a hacer controles. Hace más de un año que estoy con esto”, cuenta Torres, que tiene 29 años. La joven cuenta con estudios primarios, pero no pudo continuar con la secundaria. Ella tiene tres hijos.

Andrea Torres forma parte de la cooperativa de pollos en Daireaux

Torres cuenta que darle de comer a los pollos le lleva dos horas a la mañana y otras dos a la tarde. También se encarga de limpiar las camas, que le lleva tres horas o más por día.

Más del 50% del capital necesario para llevar adelante este proyecto provino del municipio. También hubo financiamiento del programa ProHuerta y Creer Crear, ambos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Si bien las cooperativas, siguen recibiendo apoyo técnico, ya son sustentables económicamente.

La cooperación hace la fuerza

La organización en cooperativas ayuda a lograr tres objetivos: cantidad de producto, calidad de producto y continuidad de producto. De esta forma, es posible abastecer a la comunidad.  “Esta modalidad permite que cada uno mantenga la individualidad a la hora de trabajar, pero que la venta sea de manera conjunta”, señala Martin. La primera cooperativa fue hortícola, y hoy está conformada por 35 horticultores. Luego, se incorporó una cooperativa ganadera con producción de cerdos, pollos y huevos.

La intención es lograr el abastecimiento local en rubros en los cuales es factible hacerlo y que no se venía dando porque faltaba organización. “Este modelo hace que pequeños productores puedan ser competitivos gracias a estar asociados con otros”, destaca el funcionario.

Según Martin, las cooperativas del programa abastecen a un 15% del mercado local. Hoy tienen el foco en seguir creciendo en la oferta de productos agroecológicos.

La huerta más justa del país: cómo trabajan los pequeños productores que apuestan por la agroecología

“Para que funcione el modelo, la cooperativa tiene que ser dueña de todos los eslabones de la cadena. En el caso de la hortícola, se arranca con la producción de los bioinsumos y se termina con la venta. En el caso de la ganadera, se arranca desde la producción del alimento balanceado y se termina también en la venta en el mercado”, dice Martin.

Alcanzar las 1.200 unidades productivas en el país

“A través del PROTAAL vamos a replicar este modelo en otros lugares como Santiago del Estero, Entre Ríos, Tucumán, Salta, La Pampa y Misiones. También vamos a hacer algunas experiencias en barrios del conurbano bonaerense. Este año, vamos a financiar unos 30 proyectos y en lo que resta de mandato la meta es llegar a 1.200 unidades de producción asociativa de la agricultura familiar”, explica Martin.

En definitiva, el plan es pasar de las 4 unidades productivas (horticultura, pollos, huevos, cerdos) que hoy existen en Daireaux a 1.200 en todo el país. Y el plan es tener 12.000 nuevos productoras y productores de la agricultura familiar, campesina e indígena. 

“El problema de desarraigo por falta de puestos de trabajo genuino es lo que vamos a intentar resolver. Año a año, se observa una disminución de productores agropecuarios y una concentración de la producción y eso tiene implicancias a nivel local. Los dueños de las grandes empresas agropecuarias suelen vivir en otro lado y por lo tanto invierten el capital en otro lado. La idea es que aquellas personas que quieran quedarse puedan hacerlo y no tengan que migrar porque no encuentran qué hacer en su pueblo.”, reflexiona Martin.

Según estimaciones del coordinador de PROTAAL, a nivel país cada puesto de trabajo que se genera en el marco de este proyecto cuesta unos 300.000 pesos por única vez, porque después el sistema se autofinancia. “Para comenzar con una unidad productiva, antes se evalúa que permita generar al menos un salario mínimo, vital y móvil. Si no lo genera, no aprobamos el proyecto y lo reformulamos”, explica. Cada nuevo productor ingresa al Registro Nacional de la Agricultura Familiar, obtiene monotributo social y se promueve su inclusión financiera.

Las unidades productivas se dedican a la producción de agroecológicos.

Entre los aprendizajes que se obtuvieron de la experiencia de Daireaux y se buscan replicar, Martin enumera: tiene que haber un tutor, un proceso de capacitación grupal conjunta, y un asesoramiento técnico que permita tener alta productividad. La organización en cooperativas es fundamental: los bienes tienen que ser grupales y la venta, conjunta. La cooperativa tiene que ser dueña de todos los eslabones de la cadena.

Por último, Martin señala que los proyectos tardan un tiempo en dar sus frutos, por eso es importante que el intendente cuente con una visión en desarrollo local, que apueste a cuestiones de fondo y no solo a cuestiones coyunturales.

Martin reflexiona: “Este modelo no solo impacta en la generación de empleo genuino, también genera arraigo, provee a la comunidad de alimentos sanos y frescos. Al mismo tiempo, queda más dinero circulando en las pequeñas localidades y como consecuencia se genera más comercio, más servicios y más empleo. Es un círculo virtuoso”.

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