Generan energía en su casa y la venden: cuál es la apuesta de los primeros porteños con equipos solares | RED/ACCIÓN

Generan energía en su casa y la venden: cuál es la apuesta de los primeros porteños con equipos solares

Ricardo y Alejandro son los pioneros en sumarse al régimen que permite producir energía, usarla e inyectar el excedente a la red. ¿Cuánto invirtieron y cuál es su ahorro? ¿Puede este esquema ser una alternativa sustentable a la generación eléctrica basada en combustibles fósiles?

Intervención: Pablo Domrose

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Ricardo y Alejandro son ingenieros. Los dos le dedican tiempo y pasión a las energías renovables. Los dos son de los primeros en emprender iniciativas para promocionar su desarrollo en el país. No se conocen entre sí, pero desde hace unas semanas tienen otra característica en común: son las primeras personas que usan y generan energía renovable producida en sus casas en el marco de la nueva Ley de Generación Distribuida.

Reglamentada a fines del año pasado, la Ley 27.424 busca establecer un marco legal para la generación de energía con dos características distintivas: que esa energía proceda de fuentes renovables (como el sol o el viento) y que sea producida por usuarios residenciales y pymes para su autoconsumo y para inyección del excedente en la red eléctrica.

Ricardo y Alejandro producen energía renovable, la usan y si les sobra la inyectan a la red, de donde se abastecen otros usuarios. Lo hacen desde el 22 de junio y el 2 de julio, respectivamente.

“Soy el primer productor residencial bajo esta nueva normativa”, reconoce orgulloso Ricardo Sarti al recibirnos en su casa del barrio porteño de Belgrano. Es una fría mañana de invierno, el sol ingresa de manera perfecta por el amplio ventanal, haciendo de abrigo e iluminación. Ninguna luz artificial es necesaria y eso no es casual. Eugenia Jalil Pizarro, arquitecta y esposa de Ricardo, explica que “siempre buscaron que la casa fuera lo más eficiente posible”. El vínculo con el sol parece ser no sólo una constante en los 15 años en los que Ricardo viene realizando instalaciones solares con su empresa Solarpool, sino también en el modo en que la familia percibe la satisfacción de necesidades cotidianas.

En el barrio de Colegiales, Alejandro Loidl nos recibe en una sala que siempre está lista para dar talleres. Es la sede de la Fundación Energizar, una asociación que cofundó en 2010 para realizar proyectos sociales y capacitaciones en energías renovables. “Decidimos sumarnos en línea con nuestros valores”, expresa.

Juan Carlos Villalonga, diputado nacional e impulsor de la ley, explica que “hay personas que ya tienen realizadas instalaciones alrededor del país, pero el de Ricardo y Alejandro son los primeros casos que cumplieron con los requisitos administrativos para ajustarse a la norma”.

Ricardo es ingeniero, vive en Belgrano y es el primer productor residencial de energía.

Cómo es la instalación y cuál es su vida útil

En el techo de la casa de Ricardo hay 12 paneles solares de 320 watt pico (máxima potencia eléctrica que puede generar) cada uno y 12 microinversores de 250 watts de potencia máxima. Del mismo modo, en las alturas de la sede de la Fundación Energizar están desplegados 12 paneles de 260 watt pico.

Los paneles fotovoltaicos convierten la energía del sol en energía eléctrica. Tienen una vida útil promedio de 20 a 30 años. A través de un inversor, se convierte la energía eléctrica generada por los paneles en corriente alterna. La instalación se completa con la colocación de un medidor bidireccional (que cuenta la energía consumida y el excedente inyectado) y la entrega del certificado de usuario-generador.

Alejandro explica el funcionamiento del sistema: “Uno genera energía procedente de los paneles. Parte o el total de eso que producimos lo autoconsumimos. Luego uno puede tener un excedente de energía que se va hacia afuera (“se inyecta”) a la red tradicional, o al contrario, demandar energía, que se compra al distribuidor”. La generación distribuida cambia las reglas del juego: ya no son meros usuarios pasivos, sino activos generadores de energía, que la pueden usar para su autoconsumo o para inyectar a la red.

La ley abarca todo el territorio argentino. Una vez que cada provincia se adhiere, la distribuidora local deberá ponerse en línea con la normativa. Es decir que uno podrá acceder a las garantías y beneficios de la ley en una zona de cobertura por una distribuidora dentro de una provincia que adhirió. Según el sitio de la Secretaría de Energía, hay distribuidoras inscriptas en la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Río Negro y San Juan.

Alejandro trabaja en Colegiales y conecto su equipo solar a la red el 2 de julio.

Los lectores de RED/ACCIÓN preguntan sobre la inversión y el recupero

La promoción de energías renovables contribuye a la acción ante la crisis climática. El actual sistema de producción basado en la explotación de combustibles fósiles (como petróleo, carbón y gas) genera emisiones de gases de efecto invernadero, principal contribuyente al cambio climático. Ante ello, las energías renovables se presentan como una alternativa eficiente, necesaria y más amigable con el ambiente.

El impacto positivo desde la perspectiva ambiental parece comprenderse o, al menos, no despierta interrogantes. La cuestión económica es, en cambio, la principal preocupación. Así lo ha demostrado una consulta que realizamos en las stories de Instagram de RED/ACCIÓN. Mantenimiento, costo, recupero de inversión, ahorro y facilidades fueron algunos de los ejes que despertaron interés y que trasladamos a los entrevistados.

Todo en sustentabilidad implica pensar en el impacto positivo a largo plazo. Es decir, se realiza hoy una inversión mayor que tendrá beneficios con el paso del tiempo. Para Alejandro hay que ser cuidadosos. No se puede decir un número general de inversión y recupero pues, como mencionamos anteriormente, dependerá de las características y necesidades energéticas de cada caso. Además, todavía ninguno de los dos usuarios recibió la factura de energía.

Para Alejandro, la clave en el recupero es el autoconsumo: “Según el esquema de facturación (el Balance Neto de Facturación), el pago que recibís cuando inyectás energía es muy poco comparado con lo que te sale pagarle al distribuidor por la misma cantidad de energía. El mayor beneficio será lo que nos ahorramos con el autoconsumo durante el día porque voy a estar usando esa energía que genero y voy a estar demandando menos de la distribuidora”.

Por ejemplo, el costo por KWh para una casa residencial (R1-6) en la ciudad de Buenos Aires es de $ 3,2 más impuestos. Mientras que la energía que Ricardo o Alejandro inyectan a la red se paga a $2,06 el KWh.

Ricardo ilustra su caso personal con algunas cifras, que él mismo puede seguir a diario a través de una aplicación en su celular. Su casa consume en promedio unos 18 kWh (kilovatios hora) diarios en invierno y unos 25 kWh en verano. Sus 12 paneles generan en el peor día de invierno unos 13 kWh y en verano el doble. “Estoy cubriendo el 80% de mi consumo si me lo autoconsumiera”, deduce y reflexiona: “Ahora con el medidor voy a poder conocer mejor mi comportamiento energético”. Otra variable entonces a tener en cuenta: el clima y las diferencias entre las estaciones de verano e invierno. Su inversión, a precio de venta actual, fue de unos $ 200.000.

Ricardo paga entre $ 3000 y $ 4000 por mes. Si efectivamente logra que sus equipos produzcan el 80% de lo que consume. El ahorro podría acercarse a los $ 2400 mensuales. De todos modos, Ricardo insiste en que es difícil estimarlo.

Mientras conversamos con Ricardo y Eugenia durante la mañana, se escucha el ruido del lavarropas en funcionamiento. “Este tipo de sistemas implican también cambiar hábitos cotidianos para ser autosuficientes. Hay que aprender a aprovecharlos mejor y mover actividades que más energía consumen a horarios donde generás energía. Por ejemplo: lavar la ropa en las horas de sol. Si lo hacés a las 2 de la mañana, es energía que estás sacando de la red”.

Hace dos semanas, se reglamentó el crédito fiscal que reconocerá como pago de impuestos el dinero invertido en la instalación. Villalonga considera que es una facilidad para los usuarios más activos (tema de interés entre nuestros lectores): las pymes y los sectores comercial, industrial y rural.

La experiencia internacional y la proyección en la Argentina

Las energías renovables rompen con los modelos tradicionales predominantes. Combinadas con la generación distribuida, implican un rotundo cambio de paradigma respecto de los roles de usuarios y generadores. ¿Qué ocurre mientras tanto en el mundo? Los entrevistados coinciden en que Estados Unidos y Alemania son los países que lideran el desarrollo de este sistema. Dinamarca y Australia también se hacen sentir como protagonistas.

“Estados Unidos tiene generación distribuida desde hace mucho tiempo. Lo más importante es que hoy la energía solar es el área que más empleo genera en energía eléctrica; más que el gas, carbón, nuclear o eólica. ¿Por qué? Porque hay nuevas oportunidades de empleo con la generación distribuida”, destaca Villalonga.

Con los primeros pasos normativos dados en Argentina, el objetivo es que para 2030 se tenga instalada una potencia de 1000 MW (megavatios) por la generación distribuida, un valor similar al de una gran central térmica. Para Villalonga, “se viene un crecimiento exponencial especialmente desde el sector más interesado: el productivo, las pymes”. ¿El motivo? Cuentan con tres facilidades: tienen una cuenta de luz con un gasto muy alto que necesitan reducir, suelen tener espacio físico para la instalación, y están acostumbradas a la dinámica de trámites, créditos y cálculos de amortización. 

La expansión en los hogares que se conviertan en generadores llevará su tiempo e irá acompañada de un incremento de la concientización. Villalonga opina: “Los primeros que se sumarán son residenciales ‘militantes’, aquellos que ya conocen sobre renovables y sus beneficios. Será cuestión de tiempo, a medida que nos acostumbremos que gastar energía eléctrica cuesta dinero”.

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