Tais Gadea Lara | RED/ACCIÓN
Sustentabilidad | 18 de febrero de 2019

Foto: Tais Gadea Lara I Intervención: Pablo Domrose

Tiendas libres de packaging: ejemplos exitosos de la economía circular

En sintonía con el consumo consciente, Precycle, en Nueva York, y La Quemisterie, en Palermo, son dos negocios que venden sus productos sin packaging o con envases reutilizables. Como emergente de la economía circular, proponen al mismo tiempo reducir residuos y un estilo de consumo responsable.

Las tiendas “sin packaging” surgen ante una realidad alarmante: cada año arrojamos ocho millones de toneladas de plástico a los océanos. Si no modificamos la situación, para 2050 esos océanos tendrán más plásticos que peces. Las cifras de Naciones Unidas evidencian una falla en la gestión de residuos, pero también la necesidad de un cambio de paradigma en la producción y el consumo.

¿Por qué vender un nuevo envase con cereales o shampoo cuando se puede recargar uno usado? ¿Por qué comprar una botella con agua cada día, cuando podemos recargar una de acero inoxidable que dure para siempre?

El concepto “sin packaging” parece responder a una lógica racional, esa que guía un nuevo concepto de economía: la circular. Las tiendas cumplen un doble objetivo: brindar una oferta de productos más amigable con el ambiente, pero sobre todo promover un estilo de vida libre de envases y descartables en cada persona que abre sus puertas.   

De Nueva York…

Katerina Bogatireva nos saluda con una sonrisa al ingresar a Precycle. Inmediatamente, realiza una pregunta: “¿Conocen el concepto de la tienda?”. El olor a nuevo se siente, los cereales componen una obra de arte en dispensers que invitan a recargar frascos enteros, las frutas están libremente “desnudas” de todo papel film o bandeja plástica. Bogatireva recibe a cada cliente de la misma manera. Allí lo que se ofrece no es sólo un producto, sino además experimentar un nuevo paradigma.

Katerina Bogatireva, en Precycle, Brooklyn. Foto: Tais Gadea Lara

Precycle abrió sus puertas en el frío diciembre pasado en el barrio de Bushwick en Brooklyn, Nueva York. ¿Por qué surgió? “Quise consumir con conciencia, sin packaging ni plásticos; y fue muy difícil lograrlo. Me di cuenta que quería abrir una tienda a la cual a mí me gustaría ir a comprar y promover este comportamiento de consumo en otras personas”, nos cuenta.

Originaria de Letonia en la era de la Unión Soviética, Bogatireva vivió en carne propia la necesidad de valorar y no desperdiciar los alimentos. Al llegar a Nueva York, se encontró con un mundo de abundancia y desperdicio constante. Un interrogante de su hijo fue el inicio del proyecto: “Mamá, ¿sabes cuánto tiempo permanecerá el plástico en el relleno sanitario?”.

Precycle, alimentos sin envases. Foto: Tais Gadea Lara

Con formación en marketing y negocios, decidió dar vida a esta tienda centrada en la alimentación. Su lema la define: “Sólo comida, sin packaging”. Cada uno puede llevar su frasco o envase de vidrio y rellenarlo con harina, arroz, cereales, fideos, legumbres. Cada uno puede tomar las peras, los limones, las paltas y colocarlos en su bolsa reutilizable. De la tienda a la bolsa, sin packaging como intermediario, sin la necesidad de generar un residuo innecesario.

Siguiendo una lógica sustentable, los productos tienen dos características distintivas: son orgánicos, es decir, libre de pesticidas, fertilizantes o sustancias sintéticas; y son elaborados localmente en suelo norteamericano, es decir que se reduce su huella de impacto ambiental al, por ejemplo, generar menos emisiones contaminantes en transporte.

Precycle ayuda en otro problema ambiental en agenda: la comida que tiramos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se desperdicia 1/3 de todos los alimentos que se producen alrededor del mundo cada año. La compra a granel facilita que cada consumidor se lleve sólo lo necesario: sin packaging, sin intermediarios, sin excesos que terminan en la basura.

…a Buenos Aires

Al llegar de Nueva York, parecía inevitable preguntarse por un concepto de negocio similar en Buenos Aires. Caminando por la calle Jorge Newbery, en Palermo, se encuentra la respuesta: La Quemisterie. Una propuesta original de productos de ambientación y limpieza a través del sistema de refill (o recarga).

Graciela Oblitas, Daniela Nobili e Inés Abbiati, fundadoras de La Quemisterie. Foto: Tais Gadea Lara

Graciela Oblitas, Daniela Nobili e Inés Abbiati son las protagonistas detrás de esta tienda. Química, editora y profesora, respectivamente. Tres amigas que encontraron el momento oportuno para dar apertura a la tienda en el barrio porteño de Las Cañitas hace dos años. “No existía algo así en Buenos Aires y éramos conscientes de la cantidad de residuos que generan los envases. Decidimos emprender y crear nuestra propia estación de recarga y que sea de productos de consumo masivo para generar más impacto positivo”, nos cuentan.

Al igual que Bogatireva, ellas reciben a diario a todo cliente y le explican los motivos detrás del proyecto y de cada aromatizador, detergente, limpiador, jabón para la ropa, suavizante, jabón y crema de mano. ¿Cómo funciona la propuesta? La primera vez uno compra el envase de, por ejemplo, jabón para la ropa de la fragancia a gusto. Cuando se termina, se regresa a la tienda para volver a llenarlo en la estación de recarga -iluminada con tecnología LED- y sólo se pagará por el contenido, no por el envase. Un plus: si ya se cuenta con uno de otra marca, La Quemisterie lo recepciona para enviarlo a reciclaje y no se cobra por el nuevo envase. Las emprendedoras explican que es necesario que el proceso se mantenga con el material diseñado para garantizar el estándar de calidad y control.

La Quemisterie, en Palermo

Conscientes de la importancia de la sustentabilidad en el ADN del negocio, no sólo se busca reducir la cantidad de residuos generados, sino que también los distintos productos son de elaboración propia, biodegradables, sin ingredientes contaminantes y con fragancias no testeadas en animales. Como química, Oblitas se ocupa de la ingeniería para que luego la producción se realice localmente en el país.

Una tendencia en alza, un nuevo modelo económico

En Holanda, Ekoplaza inauguró el primer pasillo de supermercado libre de plásticos. En Alemania, Unverpackt se presenta como el primer supermercado libre de packaging. La tendencia se expande alrededor del mundo como ejemplo exitoso de la economía circular. Aquella que la Fundación Ellen MacArthur define como un modelo reparador y regenerativo que busca que los productos mantengan su utilidad y valor en todo momento, optimizando el uso de recursos y minimizando los riesgos.

“Es una tendencia que no se detiene y que responde a dos necesidades existentes: la del consumidor y la del productor -explica Petar Ostojic, referente en economía circular y CEO del Centro de Innovación y Economía Circular (CIEC) en América Latina- El 92% de los consumidores prefiere productos que sean sostenibles. Por un lado, hay una exigencia y transformación del consumidor. Por otro, la economía circular pasó de ser un tema desconocido a estar en el interés de los directivos de empresas”.

Las emprendedoras norteamericanas y argentinas coinciden en que la mayoría de los consumidores se acercan a sus tiendas conscientes de la problemática ambiental y comprometidos con aportar un cambio. Como profesora, Abbiati considera que siempre se está “educando” al consumidor para que aproveche el sistema circular de la forma más eficiente posible. Pero también, se forma a proveedores para que comprendan el nuevo paradigma de ganancia a largo plazo. “No somos comerciantes, buscamos educar y generar un impacto positivo”, asegura.

“El 53% de las personas está dispuesto a pagar más por un producto que es sostenible”, argumenta Ostojic. El costo por packaging o material reutilizable se realiza una vez. La inversión inicial luego se capitaliza con una reducción al largo plazo. Las tres amigas aseguran que, incluso en el complejo contexto de la economía argentina, el negocio mantiene una línea de crecimiento.

Mientras que Chile hizo historia recientemente como el primer país latinoamericano en prohibir la entrega de bolsas plásticas en todo su territorio, Bogatireva ansía que eso ocurra en el país del Norte. Mientras, no se queda de brazos cruzados e invita a que otros tampoco lo hagan: “Como consumidores podemos hacer una diferencia porque en cada acto de compra estamos emitiendo un voto. Tenemos que multiplicarnos y expandir esta cultura de consumo consciente”. Para Ostojic, “el gran desafío de la economía circular es cultural y los cambios ya son inevitables”. Frente al actual modelo de una economía lineal del comprar-tirar-comprar, estas tiendas ya muestran la fórmula del éxito: comprar-no tirar-recargar.

Sustentabilidad | 13 de febrero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Insectos: el pequeño gran llamado de volver a “enamorarnos” con la naturaleza

Nos impresionan las imágenes de los osos polares que llegaron a un pueblo ruso en busca de comida. Sabemos que el cambio climático amenaza su existencia. Pero, ¿conocemos lo que ocurre en esos otros mundos más pequeños detrás de las hojas, la tierra húmeda y las flores? ¿Somos conscientes del daño que le estamos haciendo a hormigas, abejas, moscas o grillos? ¿Tenemos idea del impacto que su extinción puede significar para nuestra propia supervivencia?

Más del 40% de las especies de insectos está viendo reducido su número drásticamente, lo que podría llevar a su extinción en las próximas décadas. Así lo revela un informe publicado en la revista Biological Conservation. La consecuencia: colapso de los ecosistemas interconectados y la cadena alimentaria, pues los insectos representan el 70% de todas las especies animales.

Las causas: pérdida de hábitat por la expansión de la agricultura intensiva, contaminación por el uso de pesticidas y fertilizantes, crecimiento urbano, cambio climático. Las soluciones: equilibrar las poblaciones de insectos, reducir el uso de químicos, adoptar prácticas agrícolas sostenibles, conservar la biodiversidad.

Hace décadas, Jane Goodall observó cómo un chimpancé tomaba una rama y la utilizaba para alcanzar termitas en un tronco y alimentarse. Fue la primera vez que el ser humano comprendía que los primates confeccionaban herramientas para determinados usos. Y fue gracias a esa mujer que revolucionó la ciencia estudiando a esa especie en su hábitat natural. La naturaleza es así: perfecto equilibrio, composición armónica, diversidad y complemento.

En una charla que tuvimos hace tres años, me invitó a una reflexión que, ante este estudio y en vísperas de San Valentín, considero es fundamental: “Siendo el ser humano el primer ser en caminar sobre la Luna es, al mismo tiempo, el responsable de destruir el planeta. ¿Por qué? Porque perdimos algo que se llama sabiduría. Es la que nos debe llevar a que, cada vez que tomemos una decisión, pensemos cómo va a afectar a las próximas generaciones.

Hoy muchas de las decisiones se basan en cómo van a incidir en mí, en las acciones de determinada empresa o en la próxima campaña política. ¿No les parece que hay una especie de desconexión entre esa mente tan inteligente y nuestros corazones, que nos dictan el amor y la compasión? El ser humano nunca va a alcanzar su pleno potencial hasta que no exista una conexión profunda entre su mente y su corazón”.

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Sustentabilidad | 6 de febrero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Wall-E necesitamos tu ayuda: S.O.S. basura electrónica

Un planeta Tierra repleto de basura e inhabitable para las personas, que escaparon a naves espaciales. Un robot con el desafío de limpiarlo. ¿Cuán lejos estamos de ese mundo animado que nos plantea el filme “Wall-E”? ¿Estará la realidad ya superando a la ficción?

Todavía estamos en suelo terrestre, pero un informe de Naciones Unidas emitido durante el Foro Económico Mundial debería, al menos, preocuparnos (para ocuparnos).

En 2018, generamos 48,5 millones de toneladas de basura electrónica. Es decir, residuos procedentes de aparatos eléctricos y electrónicos (los famosos RAEEs, por sus siglas). Es decir, una cantidad de basura tan inmensa como 4.500 bellas Torres Eiffel parisinas por año. En Argentina, se generan 400.000 toneladas de basura electrónica por año, es decir, que cada uno de nosotros tiramos unos 10 kilos anuales en promedio.

¿Las causas del problema? Múltiples. Pero me centraré en dos. Por un lado, la obsolescencia programada. Esa tendencia a diseñar un producto destinado a dejar de funcionar en poco tiempo para vender uno nuevo y así, así, así y así sucesivamente. Para comprender este fenómeno, te recomiendo ver el documental español “Comprar, Tirar, Comprar”. Por otro lado, la falta de una organización en una gestión formal y responsable de estos residuos. La gente los acumula porque no sabe qué hacer con ellos o, lo que es peor, los tira como basura tradicional contribuyendo a una alta contaminación del ambiente. ¿Consejos para actuar? Al final de esta newsletter.

¿Las soluciones al problema? Una: economía circular. Dos palabras tan simples como complejas. Pensar un desarrollo económico en el que elaboremos productos pensando ya desde el diseño qué ocurrirá con ellos al finalizar su vida útil para reincorporarlos al sistema y no generar residuos. La ventaja que aún no se aprovecha al máximo con la basura electrónica es su enorme potencial de reciclaje.

Muchos de los dispositivos tecnológicos que utilizamos contienen metales de gran valor (como oro, cobre y hierro) que pueden reinsertarse a los procesos productivos. Para ello, claro está, no sólo se necesita de diseñadores más conscientes, empresas más responsables y ciudadanos más comprometidos, sino también de gestiones públicas que garanticen la conexión entre todos esos actores.

Estamos reciclando sólo un 20% de estos residuos a nivel mundial, es decir, estamos tirando a la basura US$62.500 millones. Si seguimos así, para 2050 la cifra de residuos electrónicos se triplicará. Llegó la hora de que la realidad supere a la ficción… en sentido positivo.

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Sustentabilidad | 30 de enero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Movilidad sustentable: se vienen los primeros colectivos eléctricos en la ciudad de Buenos Aires

¡Me gusta arrancar con buenas noticias! Finalmente se vienen los primeros colectivos eléctricos en la ciudad de Buenos Aires o, al menos, la primera prueba piloto. Serán ocho buses de origen chino de cuatro líneas (12, 34, 39 y 59) que circularán a partir de mayo, según se anunció la semana pasada. Los detalles más técnicos se desarrollan en esta nota de Infobae. Ahora bien, ¿por qué es importante esta medida?

Durante años, la configuración de las ciudades se hizo alrededor del auto. Carreteras, autopistas, ensanchamiento de avenidas. Todos símbolos que buscaban darle protagonismo a ese invento de cuatro ruedas y que parecían haberse olvidado de lo importante: las personas.

El nuevo paradigma de la movilidad sustentable cambia al protagonista y busca facilitar la movilización de los individuos a través de la peatonalización de calles, el diseño de sendas especiales para andar en bicicleta y la implementación de acciones para hacer más eficiente el transporte público.

El propósito final: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero -contribuyentes al cambio climático- y mejorar la calidad del aire en las urbes. Los nuevos colectivos eléctricos en calles porteñas formarán parte del Plan de Movilidad Limpia 2035 que busca reducir esas emisiones generadas por el transporte. ¿Fin del problema? Aún no…

Hay dos desafíos que se plantean con la movilidad eléctrica. Por un lado, el tipo de fuente de la que procede la electricidad. Es decir, ¿la energía es generada por fuentes renovables como el sol o el viento, o a partir de la explotación de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón?

El escenario ideal es que todo vehículo eléctrico se “cargue” gracias a energías renovables para que la reducción de emisiones contaminantes sea aún mayor.

Por otro lado, si de vehículos particulares se trata, surge el interrogante: ¿nos permiten los autos eléctricos resolver el problema del tráfico? Las alternativas eléctricas son una opción más eficiente para movilizarse, pero toda planificación urbana debe basarse en reducir la cantidad de autos particulares y facilitar la movilización de las personas a través del transporte público que, si es eléctrico, es un plus que celebramos 🙂

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Sustentabilidad | 17 de enero de 2019

Photo: Amali Tower / Climate Refugees

Climate refugees: a silent march that challenges the whole world

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A mexican farmer whose business activity is damaged by changes in the rain patterns. A Nigerian father worried by the living style of his son when having to move due to the drought. Both have something in common: the eternal search for survival. They are not the characters of science fiction movies of a not very far future. They are stories of life of the present.

According to the World Bank, by 2050 there will be more than 143 million internal migrants in Sub-Saharan Africa, South of Asia and Latin American due to climate reasons. Today, there is neither a global definition that can include them nor a policy to protect them. They are the visible face of climate change. They represent one of the main challenges of our time. And they need a first action: that we talk about them.

The problem: brief description of an alarming reality

Human activities, based on fossil fuels exploitation, release greenhouse gases that cause an increase of the planet temperature. The effects of this climate change are numerous and imply a reality: there are people that cannot keep on living the same in their usual places.

The rise of the level of the sea jeopardizes the survival of coastal islands and cities. The hydrological stress -with drought periods and others of heavy rains that cause floods- generates a warning for the future of many South American communities. Citizens will have to start a hard march in order to be able to survive. People have already begun to talk about climate refugees.

The debate: when words and definitions matter

According to the United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR), a refugee is that one who runs away from armed conflicts or chase and that, since going back to his or her country is dangerous, needs shelter in another place. There, the states and organizations offer them aid and protection. Whereas a migrant is the one who chooses to move in order to improve his or her life in search of a job or an education, but still receives the protection of his or her native country to where he or she can return.

In the 1951 Refugee Convention -still in force- the environmental reasons are conspicuous by its absence in theory but not in practice. “This is a definition that sees into the race, the religion, the nationality, the belonging to a social group or the political opinion as causes of persecution but not the climate. The lack of a definition on the climate refugees impedes us to specify who are we talking about”, ponders Ignacio Odriozola, attorney-at-law of the University of Buenos Aires and researcher for the South American Network for Environmental Migrations (Resama in Spanish).

African refugees. Photo: Amali Tower / Climate Refugees

When the environmental issue is a reason for mobilization, the differences of concept are also worthwhile. “There may be an earthquake and that does not necessarily spawns migrants or refugees for environmental reasons. The impact has to be one that does not imply a temporary displacement and with survival means not guaranteed anymore after the natural disaster. The same earthquake can mean for some the obligation to move and arrive to another region, and to others a simple temporary evacuation”, distinguishes Odriozola. “We could be searching for a definition for years and years. The climate change will remodel migration without a doubt. To think that the climate changes will not affect the movements of people is ridiculous” says Alex Randall, director of the program Climate and Migration Coalition.

The key: the persons behind each climate event

Mortaza Behboudi is a young photojournalist. The reason that allows him to have the Afghan refugee Passport in France was a political one. But, apart from his personal situation, his view is wider: “In the Greek island of Lesbos I met many people who had to abandon Bangladesh due to natural disasters. They, same as many other people displaced by the climate, do not have any status. The definition of refugees is important so as to guarantee them an international protection. We, the refugees, are not just refugees. Due to the war, the persecution, the political situation or the climate, we had to leave our country. We need protection outside our home”. Today, Mortaza devotes his profession to draw attention to refugees’ stories.

“Even though the refugee’s definition does not include the climate change, if you ask any of the damaged people, they will tell you that they are refugees and that they feel like that”, says Amali Tower, founder and executive director of Climate Refugees.

African refugees. Photo: Amali Tower / Climate Refugees

The organization carries out field researches in order to draw attention to the stories of those that were compelled to leave their homes due to environmental reasons. “We are talking of human displacements. The stress has to be on the persons. This will allow us to pass from the discussion and debate on science to the fact of what they say is happening. And this is happening today, not tomorrow”, she underlines.

Among all those stories of life, Amali recalls that one of a Nigerian refugee in the neighbour country: Níger, that had to move many times in one same year due to the drought. “He was worried. The environmental reasons forced him to choose being close to lake water flow in order to survive and giving up his son’s education. He could not send him to school”.

Leo’s case: a story among a million ones

“The thypoon Haiyan had a significant impact on my life and family”, with these words Leo Christian V. Lauzon starts telling us his story through a Facebook chat. He was born and raised in Tacoblan, the Philippine city most affected by the natural phenomenon.

Philippine after the thypoon Haiyan. Photo: Leo Lauzon

After the thypoon, his house and needs were destroyed. “The peace and the safety were a problem. When the inmates were able to escape from prisons and people were desperate for food, many crimes like thefts and lootings started to become usual” he recalls. In the meantime, clean water and food were scarce. People reused rainwater to do the dishes and take a bath and there were troubles to get medicines.

Two weeks like this were enough to take the decision of leaving Tacoblan. “While we here heading towards the coastal city of Ormoc, I cried and cried. I used to leave the city to attend conferences, meetings and training courses. But this time I was leaving like an internal displaced”. Some decided to return. Others migrated to other cities.

Philippine after the thypoon Haiyan. Photo: Leo Lauzon

The thypoon Haiyan left more than 10,000 dead persons. Leo lost his aunt and a cousin. Five years later, he is still waiting for the government to perform all the DNA tests in the bodies found so that they can be buried properly. The stress after the thypoon affected his grandmother’s health and his own life was not the same since then.

His message today is clear: “It is time for the governments to start considering climate as a cause of migration and to face the reality that some persons will be climate refugees, whether they like it or not. It is important that underdeveloped countries, such as Philippines, recognize climate change as a cause of migrations and include it in their policies”.

The challenge: no one migrates for only one cause, but for many

Every time someone talks about the wall that Donald Trump wants to build in the border between United States and Mexico, Randall recalls the testimony of a Mexican farmer whose activity was damaged by the changes in the rain patterns. Year after year, he used to cross the border in order to do other works on American soil. He returned afterwards to Mexico to reunite with his family for the time of the crops. “For him, the ability to cross the border was a matter of survival caused by the climate change”, explains Randall.

During his most recent presentation in the COP24 in Poland, the former American vice president, Al Gore, showed a difference with his previous presentations: he referred to the incidence of drought in the migratory movements in Central America. Even more. He argued that the migratory crisis itself from Syria to Europe had also its own climatic cause. “The 2006-2010 drought turned the rich soil into a desert”.

Do they mobilize for the climate? For the political situation? For a social crisis? Randall is blunt: “The migratory movement does not appear for only one reason. We have been talking a lot about migrations, but not much about the climatic causes of the problem”. Odriozola agrees with him: “Not even one type of displacement has only one cause. Which gives you an idea that when we talk about climatic refugees the climatic factor affects all the rest”.

Current events: between the political decision and the cultural resistance

Apart from a definition that includes it, the problem requires actions. How does one answer from politics? During her conversation with the radio programme Sábado Verde, Teresa Ribera, minister for the Ecological Transition of Spain, argues: “This is an issue that deserves a much more serious attention and a clearer anticipation. When people leave the place where they live, they do it motivated by hopelessness and the will to look for an alternative there where no one offers them one”.

The residents of Haiti’s western city Jeremie, after the hurricane Matthew passed over Haiti, 2016. Photo: Logan Abassi UN/MINUSTAH

For the Spanish minister, there are two paths where one can work. First, prevent a person from leaving his place through prevention and the creation of resilience “so that one can stay where one is and wants to stay”. Secondly, when the context is such that the exit is unavoidable, the international community will have to answer in a sympathetic way.

In the face of the present crisis of multilateralism, Odriozola considers that the solutions will come at a regional level, not at a universal one. But he warns about the importance of considering the damaged people in this path. “There can be solidarity from certain countries to receive those persons, but there is also a resistance from them to leave. The citizens of the South Pacific Islands, for instance, do not want to leave. Instead of that, they demand climate justice: they demand the end of the environment deterioration so as to guarantee their survival”.

The residents of Haiti’s western city Jeremie, after the hurricane Matthew passed over Haiti, 2016. Photo: Logan Abassi UN/MINUSTAH

Why this resistance? The researcher is clear: “You are losing your territory and, in part, the same State definition, that includes territory, population, government and sovereignty. This is part of the identity”.

A first solution: the information as power for change

The experts agree: we have to start the conversation through their main actors so as to take the issue to the international political agenda and promote specific actions. What can we do? “Support our work and that of the organizations. In our case, money is allocated to field investigations that pay attention to stories”, answers Tower.

The residents of Haiti’s western city Jeremie, after the hurricane Matthew passed over Haiti, 2016. Photo: Logan Abassi UN/MINUSTAH

The conversation needs us to be conscious and aware of the difficulties. That is what forced the team of Climate and Migration Coalition to organize the online course “Climate change and migration: forecasts and politics”. Randall advances us: “The course includes basic knowledge about the subject, the environmental issues for which people migrate, the scientific investigations that explain climate change and, basically, testimonies of people, life stories”. The proposal is free, digital, global and in English language. It starts on next February 14.

Register

The course is not addressed to anybody in particular. This is for all people interested in the subject, rather. The present time challenges us to show these stories, to demand an international political answer, to pay attention to that invisible face of the main problem of our century: climatic change. Tower leaves us a message to reflect on: “Use your voices to promote the change in your communities; talk at a local, state and international level; sign a petition; march in a demonstration; use your voice to express your concern. Climate change is a problem that can affect all of us equally”.

(Translation from Spanish into English: Silvia Simonetti)

Sustentabilidad | 17 de enero de 2019

Photo: Amali Tower / Climate Refugees

Refugiados climáticos: una marcha silenciosa que desafía al mundo entero

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Un granjero mexicano que ve perjudicada su actividad por los cambios en los patrones de las lluvias. Un padre nigeriano preocupado por el estilo de vida que lleva su hijo al tener que movilizarse por la sequía. Los dos tienen algo en común: la eterna búsqueda por sobrevivir. No son protagonistas de películas de ciencia ficción de un futuro muy lejano. Son historias de vida del presente.

Según el Banco Mundial, para 2050 habrá más de 143 millones de migrantes internos por motivos climáticos en África al sur del Sahara, Asia Meridional y América Latina. Hoy, no hay definición global que los incluya, no hay política que los proteja. Son la cara invisible del cambio climático. Representan uno de los principales desafíos de nuestro tiempo. Y necesitan de una primera acción: que hablemos sobre ellos.

El problema: breve descripción de una realidad que alarma

Las actividades humanas, basadas en la explotación de combustibles fósiles, emiten gases de efecto invernadero que generan un aumento de la temperatura del planeta. Los efectos de este cambio climático son múltiples e implican una realidad: hay personas que no pueden continuar con su vida en el lugar habitual.

El aumento en el nivel del mar pone en riesgo la supervivencia de las islas y ciudades costeras. El estrés hídrico -con períodos de sequías y otros de intensas precipitaciones que conllevan inundaciones- pone en alerta el futuro de muchas comunidades en SudAmérica. Los ciudadanos deberán iniciar una dificultosa marcha para sobrevivir. Ya se empieza a hablar de refugiados climáticos.

El debate: cuando las palabras y las definiciones importan

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un refugiado es quien huye de conflictos armados o persecusión y, como le es peligroso volver a su país, necesita asilo en otro lugar. Allí, los Estados y organizaciones le brindan asistencia y protección. Mientras que un migrante es quien elige trasladarse para mejorar su vida en busca de un trabajo o educación, pero aún recibe la protección de su país de origen al cual puede volver.

En la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 -aún vigente- los motivos ambientales brillan por ausencia en la teoría, pero no en la práctica. “Es una definición que prevé a la raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opinión política como motivos de persecución, pero no al clima. La falta de una definición sobre los refugiados climáticos impide poder precisar de quiénes estamos hablando”, reflexiona Ignacio Odriozola, abogado de la Universidad de Buenos Aires e investigador para la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (Resama).

Refugiados en África. Foto: Amali Tower / Climate Refugees

Cuando la cuestión ambiental es causa de movilización, también valen las diferencias de conceptos. “Puede haber un terremoto y no necesariamente eso genera migrantes o refugiados por motivos ambientales. La incidencia tiene que ser tal que no implique un desplazamiento temporario y donde los medios de subsistencia ya no estén garantizados luego del desastre natural. Un mismo terremoto puede significar para algunos la obligación de desplazarse y llegar a otra región, y para otros una simple evacuación temporaria”, diferencia Odriozola.

“Podemos estar años buscando una definición. Definitivamente, el cambio climático va a reconfigurar la migración. Es ridículo pensar que los cambios del clima no van a afectar los movimientos de las personas”, opina Alex Randall, director de programa de la Climate and Migration Coalition.

La clave: las personas detrás de cada evento climático

Mortaza Behboudi es un joven fotoperiodista. La causa que le permite contar con el pasaporte de refugiado afgano en Francia fue política. Pero, por fuera de su situación personal,  su visión es más amplia: “En la isla griega de Lesbos conocí a muchas personas que tuvieron que abandonar Bangladesh por los desastres naturales. Ellos, como tantos otros desplazados por el clima, no tienen ningún estatus. La definición de refugiados es importante para garantizarles protección internacional. Los refugiados no somos sólo refugiados. Por la guerra, la persecución, la situación política o el clima, tuvimos que dejar nuestro país. Necesitamos protección fuera de nuestro hogar”. Hoy, Mortaza dedica su profesión a visibilizar historias de refugiados.

“A pesar de que la definición de refugiado no incluye al cambio climático, si le preguntas a algunos de los afectados te dirán que son refugiados, que se sienten como tales”, manifiesta Amali Tower, fundadora y directora ejecutiva de Climate Refugees.

Refugiados en África. Foto: Amali Tower / Climate Refugees

La organización realiza investigaciones de campo para visibilizar las historias de quienes se vieron obligados a abandonar sus hogares por motivos ambientales. “Estamos hablando de desplazamientos humanos. El énfasis debe estar en las personas. Ello nos permitirá pasar de la discusión y el debate sobre la ciencia al hecho de que lo que se dice está ocurriendo. Y está sucediendo hoy, no mañana”, subraya.

De entre esas historias de vida, Amali recuerda la de un refugiado nigeriano en el país vecino: Níger, que tuvo que movilizarse en varias ocasiones en un mismo año por la sequía. “Él estaba preocupado. Las razones ambientales lo obligaron a tener que elegir estar cerca del curso del agua del lago para sobrevivir y resignar la educación de su hijo a quien no pudo enviar al colegio”.

El caso de Leo: una historia entre millones

“El tifón Haiyan tuvo un impacto significativo en mi vida y en mi familia”, con estas palabras Leo Christian V. Lauzon empieza a contarnos su historia a través de un chat de Facebook. Nació y creció en Tacoblan, la ciudad de Filipinas más afectada por el fenómeno natural.

Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. Foto: Leo Lauzon

Tras el tifón, su casa y sustento estaban destruidos. “La paz y la seguridad eran un problema. Cuando los reclusos pudieron escapar de las cárceles y las personas estaban desesperadas por encontrar comida, surgieron delitos como el robo y el saqueo”, recuerda. Mientras, escaseaba el agua limpia y la comida, reutilizaban el agua de lluvia para lavar los platos y bañarse, y había dificultades para conseguir medicamentos.

Dos semanas así fueron suficientes para tomar la decisión de abandonar Tacoblan. “Mientras nos dirigíamos a la ciudad portuaria de Ormoc, yo lloraba. Solía salir de la ciudad para participar en conferencias, reuniones y capacitaciones. Pero esa vez me iba como desplazado interno”. Algunos decidieron volver, otros migraron a otras ciudades.

Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. Foto: Leo Lauzon

El tifón Haiyan dejó más de 10.000 muertos en Filipinas. Leo perdió a su tía y un primo. A cinco años, todavía espera que el gobierno realice las pruebas de ADN en los restos encontrados para darles un entierro adecuado. El estrés tras el tifón afectó la salud de su abuela y su propia vida no fue la misma desde entonces.

Su mensaje hoy es claro: “Es hora que los gobiernos comiencen a considerar el clima como una causa de migración y enfrenten la realidad de que algunas personas serán refugiados climáticos, les guste o no. Es importante para los países en desarrollo, como Filipinas, que el cambio climático sea reconocido como causa de migraciones y se integre en sus políticas”.

El desafío: no se migra por una sola causa, sino por muchas

Cada vez que se habla del muro que Donald Trump quiere construir entre Estados Unidos y México, Randall recuerda el testimonio de un granjero mexicano que vio afectada su actividad por los cambios en los patrones de la lluvia. Año tras año, cruzaba la frontera para hacer otros trabajos en suelo norteamericano y volvía a México con su familia para el período alto de cosecha. “Para él la habilidad de cruzar la frontera era una cuestión de supervivencia ante el cambio climático”, expresa Randall.

En su más reciente presentación en la COP24 en Polonia, el ex vicepresidente norteamericano, Al Gore, mostró un diferencial con sus exposiciones anteriores: se refirió a la incidencia de la sequía en los movimientos migratorios en Centroamérica. Es más, argumentó que la propia crisis migratoria desde Siria a Europa tuvo también su causa climática: “La sequía de 2006-2010 convirtió la tierra fértil en desierto”.   

¿Se movilizan por el clima? ¿Por la situación política? ¿Por una crisis social? Randall es contundente: “El movimiento migratorio no se produce por una única causa. Venimos hablando mucho sobre migraciones, pero poco sobre las causas climáticas del problema”. Odriozola coincide: “Ningún tipo de desplazamiento es monocausal. Lo que da la pauta de que hablamos de refugiados climáticos es cuando el factor climático incide sobre todos los demás”.

La actualidad: entre la decisión política y la resistencia cultural

Además de una definición que lo incluya, el problema exige acciones. ¿Cómo se responde desde la política? En diálogo con el programa radial Sábado Verde, Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica de España, argumenta: “Es un tema que merece una atención mucho más seria y una anticipación mucho más clara. Cuando la gente deja el lugar en el que vive, lo hace llevada por la desesperación y la voluntad de buscar una alternativa allí donde no se le ofrece”.

Residente de la comuna de Jérémie, en Haití, tras el devastador paso del huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

Para la referente española, hay dos caminos sobre los cuales trabajar. Primero, evitar que una persona llegue a abandonar su sitio a través de la prevención y la generación de resiliencia “para que uno pueda quedarse donde está y donde quiere estar”. Segundo, cuando el contexto es tal que la salida es inevitable, la comunidad internacional deberá responder de una forma solidaria.

Ante la crisis actual del multilateralismo, Odriozola considera que las soluciones vendrán a nivel regional, no universal. Pero advierte la importancia de considerar a los afectados en ese camino. “Puede haber solidaridad de ciertos países en recibir a estas personas, pero también hay reticencia de ellas a irse. Los ciudadanos de las islas del Pacífico Sur, por ejemplo, no quieren irse sino que exigen justicia climática: reclaman terminar con la degradación del ambiente para garantizar su supervivencia”.

Residente de la comuna de Jérémie, en Haití, tras el paso del huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

¿Por qué esta resistencia? El investigador es claro: “Estás perdiendo tu territorio y, en parte, la misma definición de Estado, que incluye territorio, población, gobierno, soberanía. Es parte de la identidad”.

Una primera solución: la información como poder para el cambio

Los expertos coinciden: debemos iniciar la conversación a través de sus protagonistas para llevar el tema a la agenda política internacional y promover acciones concretas. ¿Qué podemos hacer nosotros? “Apoyar nuestro trabajo y el de las organizaciones. En nuestro caso, el dinero se destina a las investigaciones de campo que visibilizan las historias”, responde Tower.

Haití tras el huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

La conversación nos necesita conscientes y conocedores de la problemática. Ello es lo que impulsó al equipo de Climate and Migration Coalition a organizar el curso online “Cambio climático y migración: predicciones y política”. Randall nos anticipa: “El curso incluye conocimientos básicos sobre la temática, los motivos ambientales por los cuales la gente migra, las investigaciones científicas que explican el cambio climático y, lo más importante, testimonios de personas, historias de vida”. La propuesta es gratuita, digital, global y en inglés. Inicia el próximo 14 de febrero.

Inscribite

El curso no está dirigido a nadie en particular, más bien a todos los interesados en el tema. El presente nos desafía a mostrar estas historias, a exigir una respuesta política internacional, a visibilizar esa cara invisible del principal problema de nuestro siglo: el cambio climático. Tower nos deja un mensaje para reflexionar: “Usen sus voces para promover el cambio en sus comunidades; hablen a nivel local, estatal e internacional; firmen una petición; marchen en una protesta; usen su voz para expresar su preocupación. El cambio climático es un problema con la capacidad de impactarnos a todos por igual”.

Sustentabilidad | 16 de enero de 2019

Ilustración: Mana Le Calvet

Playas de plástico en Buenos Aires: el mejor (o peor) ejemplo del impacto de nuestro consumo

Inauguramos SUSTENTABLES allá en noviembre de 2018 hablando de plásticos, plásticos y plásticos, y la urgente necesidad de reducir su consumo y eliminar los descartables. Con una comunidad internacional más concientizada sobre el tema, aún atravesamos una etapa de hacernos cargos de los errores del pasado.

Siempre le aconsejo a amigos, familiares y a las audiencias en las charlas que si quieren conocer cuál es el real impacto de nuestro consumo, que vayan a una playa, que observen el agua, que miren la arena. Ahí se hace visible aquello que parece invisible al momento de deshacernos de una botella, un cigarrillo o una bolsa. Y así lo ha confirmado esta semana el Censo de Basura Costera de la Fundación Vida Silvestre.

La investigación de campo en las arenas de la provincia de Buenos Aires evidenció que más del 80% de los residuos en las playas bonaerenses son plásticos.

De los 46.673 residuos recolectados, ¿cuáles fueron los más destacados? Bolsas plásticas, colillas de cigarrillo, restos plásticos, restos de nylon, tapitas, botellas y otros residuos. Todos residuos que tuvieron que tener otro destino, toda una contaminación evitable, toda una responsabilidad de nuestra parte que no debemos olvidar.

El censo se realizó en un área de 81 hectáreas alrededor de 16 localidades bonaerenses con la participación de 535 voluntarios.

Cada material que se arroja en un ambiente costero, cada mínimo kilo de basura que sale de una boca de tormenta o sistema pluvial llega al mar que, con sus movimientos, regresa parte de ellos a la orilla. El resto queda flotando en las aguas, afecta a especies animales y contamina los mares. Y no ocurre sólo en la famosa “isla de plástico del Pacífico”, sucede aquí en San Clemente, Villa Gesell, Mar del Plata, Necochea, Bahía Blanca…

Los resultados del censo buscan dar información para que se realicen las acciones necesarias, desde políticas de gestión de residuos hasta la concientización de locales y visitantes. Por eso, hoy los tips del final te invitan a involucrarte por esta causa.

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Sustentabilidad | 10 de enero de 2019

Foto: The Island President

Maldivas: la esperanza es lo último que se pierde ante el cambio climático

(Katowice, Polonia) Maldivas es un conjunto de 1.190 pequeñas islas dispersas en el Océano Índico, al sur de la India. Sus traslúcidas aguas turquesas y fina arena blanca lo convierten en un atractivo turístico perfecto. Pero su calma paradisíaca se ve interrumpida por el cambio climático y una realidad que alarma: Maldivas puede ser uno de los primeros países en desaparecer por el aumento del nivel del mar.

“No estamos preparados para morir. Y las Maldivas no tiene intención de morir”, asegura ferviente Mohamed Nasheed, actual activista ambiental y ex presidente de uno de los países con mayor biodiversidad en su fondo marino, especialmente rico en arrecifes de coral. “No vamos a ser las primeras víctimas de la crisis climática. En su lugar, vamos a hacer todo lo posible para mantener nuestras cabezas fuera del agua”.

El caminar de Nasheed en las inmediaciones de la COP24 -la conferencia anual en cambio climático- en suelo polaco no era solitario: siempre rodeado de periodistas expectantes por su opinión sobre el estado de las negociaciones y de representantes de la sociedad civil fanatizados por obtener una foto. Tras años de conflictos políticos en su país y hasta un exilio, Nasheed había regresado al juego.

“Casi 10 años desde la última vez que estuve en estas negociaciones, nada parece haber cambiado mucho. Todavía estamos usando las mismas viejas palabras, los mismos puntos tediosos. Tal sea el momento de decirnos algunas verdades difíciles. Las emisiones de carbono siguen aumentando. Y todo lo que parece que estamos haciendo es hablar, hablar y hablar. Hay algo malo en la forma en cómo estamos hablando y en lo que estamos haciendo. No estamos ganando la batalla”, reclamó ante una COP24 que dejó mínimos avances en la implementación del Acuerdo de París.

Foto: The Island President

En diálogo con RED/ACCIÓN, Nasheed se refirió a la postura de determinados países de no dar la bienvenida al informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) sobre un calentamiento global del 1.5°C como límite -cifra conquistada por los países insulares en el Acuerdo de París-: “Es bastante tonto que alguien no crea lo que establece un informe científico. El informe del IPCC debe ser bienvenido, la mayoría de los países quiere hacerlo, pero hay algunos pocos que no. La ciencia es ciencia, no es política. No se puede negociar con las leyes de la física”.

Comprender la importancia de su regreso a las negociaciones climáticas, obliga a hacer un recorrido por su lucha ambiental y política. En 2008 Nasheed fue el primer presidente de Maldivas elegido democráticamente. El cambio climático se volvió en un tema central de su agenda política. El motivo era tan simple como complejo: Maldivas puede desaparecer por el aumento en el nivel del mar.

Maldivas es el país localizado a menor altitud del mundo, más de la mitad de sus islas se encuentra a menos de un metro sobre el nivel del mar. En un futuro no muy lejano, sus ciudadanos se verán obligados a abandonar ese territorio paradisíaco en busca de un nuevo hogar como refugiados climáticos. Según el informe del IPCC, con el calentamiento del 1.5°C para 2100, el nivel del mar tendría un crecimiento 10 cm inferior al escenario de los 2°C. National Geographic, explica el vínculo cambio climático-nivel del mar por tres factores: la mayor dilatación de las aguas tras el aumento de su temperatura, el derretimiento de los glaciares, y la pérdida de hielo en Groenlandia y la Antártida Occidental.

“La velocidad de los vientos ya es más alta de lo que solía ser y eso incide en las olas del océano. Todo ello implica una serie de problemas: contaminación del agua, erosión costera, blanqueamiento de corales. Todas estas cuestiones se conectan con nuestra vida”, reflexiona con RED/ACCIÓN.

Como presidente, Nasheed estableció políticas para reducir las emisiones contaminantes con la meta a 2020 de convertir a Maldivas en una de las primeras naciones carbono neutral. Convocó a una reunión de gabinete debajo del agua (literal) para despertar conciencia global sobre cuál sería el escenario de su país si no se actuaba con rapidez ante el cambio climático. Su primer año como presidente se vio documentado en el filme “The Island President”, que se proyectó en salas argentinas de cine en 2012 en el marco del Green Film Fest.

Su lucha ambiental se vio acompañada de una lucha política. Con detenciones durante los inicios de su actividad previo a la presidencia; Nasheed debió renunciar a su cargo en 2012 en lo que denunció como un golpe de estado. Le siguió una condena a 13 años de prisión por delitos de terrorismo que la propia Organización de Naciones Unidas cuestionó y que lo llevó a un exilio de dos años en Reino Unido. En noviembre pasado, Nasheed fue absuelto y regresó al lugar que lo vio nacer y al cual espera preparar de lo inevitable: quedar bajo el agua.

¿Cuál es para él la solución ante tantas conversaciones y escasos avances en la acción? “En lugar de pedir recortes (de emisiones), deberíamos exigir aumentos en energía limpia -como la eólica y solar-. Si les pedimos a los grandes emisores que inviertan tanto en energía limpia,  terminarían dejando de invertir en combustibles fósiles y de usarlos. Los países en desarrollo no les estamos pidiendo dinero, sino que inviertan en nuestras economías y en las suyas para modificarlas. Hay nuevas tecnologías disponibles, debemos invertir en ellas. Necesitamos replantear lo que estamos exigiendo: demandemos algo positivo, en lugar de exigir algo negativo”. ¿Su mensaje para los líderes del mundo?  “Si no actúan ahora, si condenan el futuro, entonces no pueden ser los futuros líderes. Debemos poder pensar más allá de los ciclos electorales, y tener una visión más amplia de la política”.

Una renuncia “a punta de pistola”, detenciones, condena, exilio y una política internacional que parece no darle aún las acciones que su país necesita para no quedar bajo el agua, ¿qué le da esperanza para continuar en esta lucha a quien se considera representante de “una nación de sobrevivientes”? “No puedes rendirte. No puedes perder la esperanza. No puedes morir en la desesperación. Haremos todo lo posible para asegurar la supervivencia de nuestro país. Pero sólo podemos sobrevivir como nación si también sobrevivimos como planeta. Creo que podemos ganar contra todo pronóstico y debemos seguir luchando… y nunca, nunca, nunca rendirnos”.

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Sustentabilidad | 9 de enero de 2019

¿Por qué el mundo debe cambiar hacia las energías renovables cuanto antes?

Los argumentos son múltiples, las razones están a la vista y la explicación puede encontrarse en un simple enunciado: porque es la vía más eficiente y en armonía con el ambiente para reducir las emisiones contaminantes.

Desde la Revolución Industrial a la fecha, las actividades humanas se han multiplicado bajo un sistema dominado por la explotación de combustibles fósiles -como el petróleo y el carbón-. Este sistema energético ha generado altas emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo al cambio climático. Luego de años de discusión y de un sector privado que se resistía -con el argumento primero de “cuán costosas eran las nuevas alternativas ‘ecofriendly’”-, hoy ya casi no quedan dudas: las energías renovables son la solución más conveniente, e incluso más competitiva desde lo económico, para hacer frente al cambio climático.

Renovables, renovables, renovables. Venimos mencionándolas en casi todas las newsletters semana a semana. Pero, ¿qué son? Son tipos de energía que proceden de fuentes ilimitadas con capacidad de regeneración, como el sol y el viento. Durante los últimos años, la necesaria lucha frente al cambio climático impulsó su crecimiento tanto en países desarrollados como en desarrollo. Pero todos saben que aún hace falta más, por eso desde este viernes 11 al domingo 13 representantes del sector público y privado se reunirán en Abu Dabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, para la novena edición de la Asamblea General de IRENA, la Agencia Internacional de Energías Renovables. ¿El propósito? Avanzar en las acciones y los marcos necesarios para acelerar la transición. Cabe recordar que la Agenda de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas establece en su objetivo 7 una meta clara a 2030: garantizar el acceso universal a energía asequible, confiable, sostenible y moderna para todos.¿Cómo venimos con el tema en Argentina? Al momento de escribir esta newsletter, el 4.91% de la energía del país procede de fuentes renovables (eólica, fotovoltaica -solar-, biomasa, hídrica; en ese orden). ¿Eso es mucho o poco? Es bajo en comparación con el objetivo del 8% que marcaba la Ley de Energías Renovables para fines de 2017 y expectante para la desafiante meta del 20% para 2025. Es un crecimiento en comparación con donde estábamos hace apenas un año. Es escaso en relación con el increíble potencial que tenemos en nuestro diverso territorio: desde el imponente sol del norte hasta los fuertes vientos patagónicos. ¿Vos también podés saber cuánta energía renovable se usa en el país al momento de leer SUSTENTABLES? ¡Claro! En esta nota de RED/ACCIÓNte explicamos cómo.

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Sustentabilidad | 26 de diciembre de 2018

Cómo pasar a la práctica y empezar hábitos sustentables en el 2019

Empezar la dieta, empezar el gimnasio, empezar un nuevo proyecto… ¿por qué no empezar un nuevo hábito sustentable? O más bien el interrogante podría ser, ¿por qué no cambiar un hábito cotidiano para que sea sustentable?

Yo lo hago cada año y por eso quiero invitarte al desafío. Lo ideal es comenzar por acciones que ayuden a reducir tu huella de carbono, es decir, aquellas emisiones más contaminantes que contribuyen al cambio climático como nuestro uso de la energía, la manera en que nos movemos por la ciudad y hasta qué comemos. Para los dos primeros casos, el cambio es simple. En primer lugar, ser eficientes en el uso de la energía: usarla sólo cuando sea necesario. En segundo lugar: caminar o usar la bicicleta para distancias cortas, y priorizar el transporte público por sobre el vehículo particular para distancias más largas.

La alimentación merece un párrafo aparte. El más reciente informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) sobre un calentamiento de la temperatura del planeta en 1.5°C, mencionaba en sus recomendaciones el reducir el consumo de carne. Otros estudios anteriores también consideraban esta medida como crucial. ¿Acaso es por el cariño de los investigadores con los animales? No, sino el impacto que la producción de carne genera en el ambiente. Desde la cantidad de emisiones de metano (sí, los propios gases de la vaca) y carbono que genera hasta la huella hídrica que contiene (es decir, el agua que se utiliza a lo largo de todo el proceso de producción). ¿Es racional que utilicemos 15.000 litros de agua por cada kilo de carne vacuna? Sé que en “el país del asado” es difícil decirte que comas menos carne y más verduras, pero al menos comenzar a reducir las cantidades diarias o semanales es un pequeño paso que puede marcar una diferencia. El diario británico The Guardian elaboró un interesante artículo al respecto (en inglés): ¿Por qué comer menos carne es lo mejor que podés hacer por el planeta en el 2019?

Comencé SUSTENTABLES allá el 14 de noviembre hablando del 2018 como el año de la lucha frente a los plásticos, así que quiero retomar brevemente el tema aquí con una simple, pero compleja pregunta: ¿Qué plástico de un sólo uso te proponés sacar de tu rutina en el 2019: los sorbetes, los vasos de café, las botellas, las bolsas?

Cómo modificar hábitos para que sean más sustentables

  1. Analizar tu rutina y descubrir cuál es el mayor impacto ambiental que generás. En mi caso, usaba muchas bolsas para juntar las necesidades de mi perra (honestidad!) así que empecé a reutilizar envases de pan lactal, sachets de leche o fideos. 
  2. Elegí un cambio por vez. Si hacemos todo junto es más probable que no tengamos éxito. En 2017 incorporé el vaso reutilizable para tomar café y reemplazar los descartables. En el 2018 sumé una cuchara/tenedor de aluminio plegable que va conmigo siempre en la cartera para, por ejemplo, tomar un helado. ¿2019? Se los contaré en unas semanas desde Nueva York. 
  3. Incorporá el cambio de hábito a tu rutina de la forma más natural, ¡que no sea un problema! Al empezar a separar los residuos, organizá los cestos separadores de forma tal que la separación sea sencilla y práctica. 
  4. Compartí con otros, pero… ¡no obligues! Es genial contarles a los demás lo que estás haciendo para cuidar al ambiente, pero cada uno tiene su propio tiempo. Incluso en una convivencia, vas a ver que de a poco la otra persona adopta tus hábitos sin la necesidad de pedirles que lo hagan. Cuando conocí a mi novio, él comía carne y hoy ya prácticamente lleva una alimentación vegetariana, no por pedido mío sino por propia elección 🙂

Este es un fragmento de la newsletter SUSTENTABLES. Para recibir gratis la versión completa cada miércoles en tu mail:

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Sustentabilidad | 20 de diciembre de 2018

Foto: UNFCCC

Tres preguntas para entender la última conferencia en cambio climático

(Katowice, Polonia) 29 estudiantes de escuelas polacas entonan un llamado el último día de las negociaciones climáticas y repiten “¿Qué hay de nosotros?”. Su compañera de 15 años, Malgorzata Czachowska, asegura a la prensa: “Los líderes saben lo que tienen que hacer”. Los carteles muestran el tiempo científico que nos queda para revertir la situación: 12 años.

La conferencia anual de Naciones Unidas (ONU) en cambio climático, COP24, concluyó en la noche del último sábado en Katowice, Polonia. Dejó un documento de 133 páginas que aún se analiza. Dejó el logro de un camino a seguir. Dejó un sabor amargo que transforma esa afirmación de Malgorzata en un interrogante: ¿Los líderes hacen lo que tienen que hacer?

Lejos de los tecnicismos y augurios de éxitos, aquí tres preguntas para comprender lo que esta Conferencia de las Partes nos dejó para continuar en la senda de la acción ante el cambio climático… antes que sea demasiado tarde.

1. ¿Hubo acuerdo?

Afortunadamente y después de extensas horas extras de negociaciones que parecían no concluir nunca, la respuesta hoy es favorable. Como nos había anticipado a RED/ACCIÓN Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), esta COP24 tenía el gran desafío de definir un paquete de reglas que marcara el rumbo de cómo implementar el Acuerdo de París -principal documento consensuado entre los países para hacer frente al cambio climático-.

En suelo polaco y frente a un multilateralismo en crisis, ese “rulebook” o reglamento fue aprobado. “¡Es un excelente logro!”, expresó Espinosa finalizada la cumbre y argumentó: “Es una hoja de ruta para que la comunidad internacional aborde de manera decisiva el cambio climático. Si bien algunos detalles deberán finalizarse y mejorarse con el tiempo, en términos generales se avanzó”.

Las reglas que se aprobaron guiarán la implementación del acuerdo: cómo se unificarán los criterios de medición de emisiones contaminantes, cómo se harán más transparentes las acciones de reducción de emisiones a través de la presentación de reportes periódicos, cómo dar seguimiento al financiamiento para apoyar a las economías con menos recursos a implementar políticas de mitigación y adaptación.

Hubo un tema en el que las partes no llegaron a consenso, por diferencias con Brasil: los mecanismos de mercado, que proporcionan instrumentos flexibles para disminuir los costos de reducir las emisiones. Este punto del reglamento pasó a discusión para la siguiente conferencia.  

2. ¿Fue ambicioso?

Manuel Pulgar Vidal, Líder de Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), ayuda a responder este interrogante: “Los líderes mundiales llegaron a Katowice con la tarea de responder al último informe científico, que dejó en claro que sólo tenemos 12 años para reducir las emisiones a la mitad y evitar un calentamiento global catastrófico. Han logrado avances importantes, pero lo que hemos visto en Polonia revela una falta de comprensión fundamental por parte de algunos países de nuestra crisis actual. Afortunadamente, el Acuerdo de París está demostrando ser resistente a las tormentas de la geopolítica global. Ahora necesitamos que todos los países se comprometan a aumentar la ambición climática antes de 2020, porque el futuro de todos está en juego”.

Cuando en 2015 se llegó a consenso en la capital francesa sobre el Acuerdo de París para hacer frente al problema, las partes pidieron al Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) realizar un informe que evidencie cuál sería el escenario de un calentamiento global de 1.5°C como límite para 2100. Mientras que el Acuerdo establece un objetivo que se ubique por debajo de los 2°C para ese año.

Al respecto el Informe Especial del IPCC fue contundente: nos quedan 12 años para reducir al menos a la mitad las emisiones contaminantes y evitar los efectos más devastadores del cambio climático. Para que ello sea posible, los cambios deberían ser drásticos: desde las políticas de gobierno hasta las acciones cotidianas de los ciudadanos.

Como menciona Pulgar Vidal, todos llegamos a Katowice esperando un impacto de ese informe en las mesas de negociación. El resultado fue el contrario. Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia y Kuwait -principales países petroleros del mundo- se opusieron a darle la bienvenida al reporte científico. Aunque el resultado final fue “darle la bienvenida a su completa conclusión” en tiempo y forma. ¿Celebramos la puntualidad científica, pero no hacemos nada con ella?

Si hoy todos los países cumplen con sus objetivos nacionales de reducción de emisiones, lejos estamos de llegar a los 2°C y aún más al 1.5°C: estaríamos ante un calentamiento de entre 3 y 4°C. Entre tanto número, David Paul, ministro de Ambiente de la República de las Islas Marshall, da significado a estas cifras: “Para muchos aquí el 1.5°C es simplemente un número. Para nosotros, significa poder sobrevivir”. De continuar la generación de emisiones y el consecuente incremento de las temperaturas, el aumento en el nivel del mar amenaza con hacer desaparecer las islas que él representa.

3. ¿Cómo seguimos?

Pulgar Vidal citó una fecha que no debemos olvidar de ahora en adelante: 2020. Ese es el año en el que los países deberán presentar sus propuestas más ambiciosas de reducción de emisiones contaminantes. Es decir, no pueden ser las mismas ni inferiores a las publicadas con anterioridad. Deben ir por más.

Consciente de cómo funciona la política, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, quiere asegurarse que ello ocurra. Por eso, convocó a los líderes a la sede en Nueva York en septiembre de 2019 para una Cumbre sobre el Clima donde espera que, al menos, le muestren cuáles son sus planes para alcanzar ese objetivo tan desafiante.

Luego, será el turno de la región latinoamericana para dar el protagonismo en el liderazgo de las negociaciones. Finalmente, Chile será sede de la 25° edición de la COP. Con una fecha aún a confirmar entre fines de 2019 y principios de 2020, la COP25 será la oportunidad para que las decisiones políticas se alineen a la emergencia climática que ya ha evidenciado la ciencia.

Si Polonia había tenido la paradoja de ser sede de la COP24 y contar con un 80% de su electricidad procedente de la quema de carbón, Chile cuenta aún con tiempo para ir en línea con el nuevo desafío que asumió y sumarse a la firma del Acuerdo de Escazú, el documento que busca garantizar la participación de los ciudadanos en temas ambientales en América Latina.

La joven Malgorzata se expresó cantando con sus compañeros gracias a otra joven: la activista sueca Greta Thunberg, protagonista de esta conferencia que movilizó a cientos de estudiantes alrededor del mundo para exigir a los líderes acciones urgentes.

Entre tantas discusiones, tantas conferencias en agenda, tantas promesas, las palabras de la estudiante polaca responden por sí solas cualquier interrogante que uno pueda hacerse: “El tiempo para hablar ha terminado, el tiempo para actuar es ahora”.  

Sustentabilidad | 19 de diciembre de 2018

Intervención por Pablo Domrose | Foto: Janek Skarzynski – AFP

Los jóvenes van a cambiar el mundo. Perdón, los jóvenes ya están cambiando el mundo

“Sólo hablan de seguir adelante con las mismas malas ideas que nos metieron en este lío, incluso cuando lo único sensato que pueden hacer es poner el freno de emergencia. No son lo suficientemente maduros como para contar las cosas como son. Incluso esa carga la dejan para sus hijos”. Así, sin pelos en la lengua, Greta Thunberg se dirigió a los representantes de 190 países que negociaban las directrices para implementar el Acuerdo de París en cambio climático en la COP24 en Katowice, Polonia.

Las palabras de la activista sueca de 15 años -que padece una condición de autismo- representaron a las de millones de jóvenes que, en todo el mundo, se hicieron eco de su mensaje. “Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos. Hasta que no comiencen a centrarse en lo que debe hacerse en lugar de lo que es políticamente posible, no habrá esperanza. No podemos resolver una crisis sin tratarla como una crisis”, aseguró.

Discurso de Greta Thunberg en la COP24

El involucramiento de Greta por la acción climática no surgió en esta COP. Desde agosto pasado, con el verano más caluroso para su país, cada viernes no asiste al colegio y se dirige al parlamento sueco para realizar una sentada, una huelga por el clima (#ClimateStrike) exigiendo que se cumplan las promesas climáticas.

Otros estudiantes europeos han seguido, desde entonces, sus pasos. Incluso, el pasado viernes 30 estudiantes de escuelas polacas se manifestaron en las escaleras del predio entonando una canción cuyo estribillo repetía: “¿Qué hay de nosotros?”.

Frente a una COP que dejó gusto a poco en lo que a ambición refiere, están ellos: los jóvenes. Esos que ven que los “líderes” no toman las decisiones necesarias para garantizarles un futuro en este planeta. Esos que ya no tienen miedo en decir las cosas como son.

Los jóvenes marchan, cantan y se expresan; escriben artículos en los medios de sus países; se organizan para recoger tres toneladas de basura en las costas de San Isidro como ocurrió el pasado domingo; se reúnen para debatir cómo cambiar el mundo; toman decisiones sobre qué comer, qué marcas vestir, qué medio de transporte utilizar y hasta cuántos hijos tendrán en el futuro en función de una urgencia que tienen en claro -ellos mejor que los decisores-: necesitamos actuar hoy ante el cambio climático, antes que sea demasiado tarde.

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Sustentabilidad | 14 de diciembre de 2018

Foto: UNFCCC

Al Gore: “No nos estamos moviendo lo suficientemente rápido ante el cambio climático”

(Katowice, Polonia) Al Gore es contundente. Como activista ambiental, es consciente del daño de nuestras acciones en el planeta. Pero también, como ex vicepresidente de Estados Unidos (EEUU), sabe mejor que nadie cómo funciona la política.

Mientras se desarrollan los últimos momentos más desafiantes de las negociaciones aquí en la COP24 (Conferencia de las Partes), busca llevar su mensaje de urgencia de acción ante el cambio climático a todos los públicos: desde ciudadanos locales a tomadores de decisión.  

Una fila de personas de todas las edades esperando durante 40 minutos, una niña en segunda fila ansiosa por ver a su héroe, un grupo de jóvenes chinas expectantes por tomarse una selfie con él. Tres escenas que describen las lo que genera la participaciones de Al Gore en el plenario de la COP, en un evento con mayoría de ciudadanía local polaca y en una conversación organizada por China.

Sabe mejor que nadie cómo comunicar arriba de un escenario, pero este contexto es distinto. Las negociaciones para definir cómo implementar el Acuerdo de París no vienen como se esperaba -y como el planeta necesita-. Y él no se calla: “Es evidente que no nos estamos moviendo lo suficientemente rápido”. Aquí tres temas centrales que Al Gore abordó en su participación en la COP24.

1. La ciencia es contundente

Con imágenes en movimiento, el fundador de Climate Reality Project -una organización que forma en cambio climático a personas alrededor del mundo- muestra cómo las actividades del ser humano generan emisiones contaminantes, contribuyendo a un aumento de la temperatura media del planeta. “Lo que va a los océanos, vuelve a nosotros de distintas maneras”, asegura mientras ejemplifica cómo el aumento de la temperatura en las aguas intensificó eventos naturales, como los Huracanes Harvey en EEUU o María en Puerto Rico, en los últimos años.

Fotografías de los actuales representantes de Arabia Saudita, EEUU y Rusia (incluso la referida al famoso saludo entre Putin y el príncipe árabe durante el G20 en Buenos Aires), lo hacen reflexionar sobre sus posturas aquí en las negociaciones climáticas: “Los tres principales productores de petróleo están pretendiendo que el último Informe Especial del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) sobre un calentamiento global del 1.5°C como límite no es real, y lo es”. Cada uno de los datos y las cifras que acompañan sus presentaciones tienen un respaldo científico.

Foto: UNFCCC

2. Hay falta de voluntad política

“Ésta es una COP difícil. El período entre el Acuerdo de París en 2015 y la mejora en las propuestas de reducción de emisiones de los países en 2020 es crítico. Acá hay que adoptar el reglamento para implementar el Acuerdo y avanzar en los principios de transparencia”, se expresa en territorio de un país como Polonia donde el 80% de la electricidad procede de la quema de carbón, una de las fuentes más contaminantes.

Al respecto, Al Gore vislumbra el debido rumbo: “Necesitamos políticas que dejen de subsidiar la quema de combustibles fósiles y que promuevan la aceleración de la transición. Seguimos subsidiando más a los combustibles fósiles que a las energías renovables. Y hay una definición para eso: es demente”.

Como estadounidense y ex representante político de su país, le es inevitable hacer mención a la actual Administración de Washington bajo Donald Trump, a quien considera como “la cara visible del negacionismo del cambio climático en el mundo”. Pero, al respecto, emite un mensaje para quienes están desesperanzados con su gobierno: “Más allá de su decisión, los Estados Unidos recién podrán salirse del Acuerdo de París un día después de las próximas elecciones presidenciales. Mientras tanto, debemos continuar con nuestro trabajo para implementar las políticas que necesitamos”.

Foto: UNFCCC

3. La revolución sustentable está en marcha

¿Hay esperanza al final del camino? Para Al Gore sí, y ya estamos recorriendo ese rumbo. “Las instalaciones de energía solar crecen mientras bajas sus costos de inversión”. De hecho, él mismo ejemplifica con su propio país: “La industria en la que está creciendo más rápido el trabajo es la solar. La segunda es la técnica en turbinas eólicas. Se trata de una revolución sustentable que está basada en nuevas herramientas”.

“Es un movimiento que no para, pero no lo estamos haciendo con la rapidez que necesitamos”, advierte el ex vicepresidente de Estados Unidos y reflexiona: “El cambio climático hace sentir sus efectos más rápido que lo que nosotros estamos actuando. Nos estamos quedando sin tiempo”. Y si la revolución ambiental viene de la mano de la energía solar y la eólica, para él también la revolución política vendrá en un sentido circular: “Cualquiera que dude que las decisiones que estamos tomando nosotros, los seres humanos, tienen un profundo impacto; recuerde que la voluntad política es, en sí misma, una fuente renovable”.   

A pesar de tantos años de frustraciones por las decisiones políticas, a sus 70 años Al Gore se sigue subiendo a los escenarios para hablar sobre la importancia de actuar ante el cambio climático. ¿Qué le da esperanza para continuar? “Todos los que están ahí escuchándome, todos los que son parte de un movimiento global. Las generaciones jóvenes están demandando un mundo mejor. Estamos en las primeras etapas de una revolución sustentable”.

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Sustentabilidad | 12 de diciembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

COP24: A la espera de avanzar en la acción ante el cambio climático

“Hay avances, pero aún queda mucho trabajo por hacer”. Esta es la frase que, desde el lunes, define la situación aquí en la segunda semana de la COP24. El desafío para esta edición es casi tan importante como el hecho de haber logrado un Acuerdo de París un día como hoy hace tres años: ahora se trata de implementarlo. Para ello, son múltiples los temas que se ponen en juego a través de un paquete de reglas que marcarán su puesta en práctica.

No voy a entrar en los tecnicismos que se ponen en juego (porque creéme, son muchos), sino que el balance general de los avances alcanzados y desafíos futuros, vendrán una vez concluida la cumbre. Mientras, son importantes las palabras de Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención a cargo de la COP: “Nadie está esperando a que estén listos los acuerdos para empezar a actuar ante el cambio climático. La transición hacia un modelo sustentable de desarrollo ya está en marcha”. Con ella conversé en exclusiva para RED/ACCIÓN y aquí pueden leer la entrevista.

Ya celebrado el G20 y analizando los consensos allí alcanzados, la Argentina está presente en la COP24, con el Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, como su principal representante. Su pedido ante la Convención se alinea con el de otros países latinoamericanos: que los países que históricamente más han contaminado sean los que aporten financiamiento para las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático de los países en desarrollo. Su desafío futuro será ver cómo continúa el trabajo en las negociaciones con Brasil, bajo el nuevo gobierno de Bolsonaro, y cómo continúa defendiendo la explotación de gas en Vaca Muerta como una vía entre sus medidas de reducción de emisiones. Mientras tanto… la espera.

Marchar por la salud del planeta… y la nuestra

Una seguridad pocas veces vistas, un frío que me congelaba los dedos para tomar imágenes, consignas de todo tipo con un lema en común: no queda tiempo para salvar el planeta, hay que actuar ahora. Entre las casi mil personas que se manifestaron este sábado en los alrededores del predio de la COP, la vi a ella: Clara. En su cochecito, bien abrigada con su campera rosa, con una mirada profunda que me invitaba a leer el cartel que llevaba sobre sus piernas: “¡Peligro! El gas ‘natural’ es un combustible fósil y es altamente adictivo”. Le pregunté a su mamá, Anna, por qué marchaba. Su respuesta fue contundente: “Porque creo que algo hay que hacer. Porque quiero que mi hija y mis nietos vivan en un planeta vivible”.

La movilización tuvo sus réplicas en otras ciudades de Europa. Aquí en Katowice me encontré con diversos testimonios que pueden concentrarse en dos grandes grupos: los activistas internacionales que asisten a la conferencia y reclaman urgencia en la acción climática, y familias locales que exigen al gobierno polaco terminar con la explotación de combustibles fósiles. En Polonia, el 80% de la electricidad es generada a partir de la quema de carbón. Sus emisiones contaminantes no sólo alteran el ambiente, sino que afectan la propia salud de los habitantes. Mientras Anna “espera que los líderes hagan lo que tienen que hacer en la mesa de negociación”, le compró un libro infantil a Clara que genera conciencia sobre los residuos. “Pequeños actos”, me dice y que ya dejan un impacto en esas futuras generaciones que marchan por un mundo mejor desde el presente.

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Sustentabilidad | 11 de diciembre de 2018

Foto: UNFCCC

Patricia Espinosa: “La transición hacia un modelo sustentable de desarrollo ya está en marcha”

(Katowice, Polonia) Patricia Espinosa ocupa un cargo desafiante. Es la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC). Ella es quien lidera el proceso para que los gobiernos lleguen a un consenso para actuar ante el cambio climático.

En una agenda cargada de reuniones, presentaciones y eventos, la representante oriunda de México conversó unos minutos con periodistas hispanoamericanos. Dos palabras califican la charla con RED/ACCIÓN: ambición y urgencia. Es lo que se necesita en los próximos años para revertir la situación en la que se encuentra nuestro planeta.

Reconoce que está durmiendo poco estos días. El motivo es obvio: se desarrolla aquí, en suelo polaco, la segunda semana de negociaciones de la COP24. En esta Conferencia de las Partes se espera definir cómo implementar el Acuerdo de París, ese documento histórico para hacer frente a uno de los principales desafíos de nuestro siglo: el Cambio Climático.

Foto: UNFCCC

– En los últimos meses conocimos diversos estudios con un mismo componente de advertencia: lo que se hace es insuficiente, las emisiones contaminantes crecen y seguirán creciendo. ¿Qué hay que hacer para no salir de esta COP24 con algo que desanime, con algo que no sea suficiente para lo que el planeta necesita?

– Por un lado, la evidencia científica nos confirma que los eventos climáticos extremos que estamos viendo y que están causando muertes en todo el mundo, son reales. Esto no va a mejorar por sí sólo. Tenemos que tomar cartas en el asunto. Por otro lado, tenemos un Acuerdo de París que estableció metas que son consideradas por la evidencia científica como las correctas, como aquellas que no nos van a llevar a los efectos más catastróficos del cambio climático. Lo que necesitamos ahora es que todo eso se traduzca en la voluntad política de poner en marcha un marco de directrices para la implementación del acuerdo. Ello junto con un mensaje claro: la necesidad de incrementar los niveles de ambición de las metas de los países. Y acompañado por compromisos reales en materia financiera.

– ¿Cómo considera que vienen trabajando los países en sus contribuciones nacionales de reducción de emisiones contaminantes?

– Como aún no tenemos los lineamientos para la implementación del Acuerdo de París, no contamos todavía con un instrumento que nos permita medir el progreso. Sin embargo, tenemos información de lo que se está haciendo. Me animo a decir que hay ya mucho en marcha en los países para poder avanzar hacia la implementación de los compromisos que presentaron en París. Es clarísimo que nadie está esperando a que estén listos los acuerdos para empezar a actuar. Esa transición hacia un modelo sustentable de desarrollo ya está en marcha. Además, es muy claro que está vinculada con los principales problemas del desarrollo, como la pobreza o el hambre, una agenda básica de todos los países, especialmente aquellos en desarrollo.

Foto: UNFCCC

– Justamente los países en desarrollo son, al mismo tiempo, los más vulnerables a los efectos adversos del cambio climático. ¿Cuál es su postura en estas negociaciones para conseguir un buen acuerdo?

– Esta conferencia inició desde el primer día con delegaciones que vinieron dispuestas a trabajar, a discutir los temas y textos, a tratar con mucha claridad la necesidad de llegar a acuerdos. Los países en desarrollo están en una actitud exigente y me parece que ello es claro y legítimo. Al mismo tiempo, creo que aquí estamos viendo una actitud constructiva, en el sentido de que lo que se está buscando es un acuerdo. Hay conciencia de que una falta de acuerdo o una finalización que no sea exitosa, no favorece a nadie. De lo que se trata es de cuál es el mejor acuerdo posible que podemos encontrar. Eso no es fácil porque es una agenda muy diversa, de temas muy técnicos, en donde hay muchas interrelaciones entre lo que se discute en un lugar y otro. En esta segunda semana, cuando la presidencia toma bajo su responsabilidad la negociación de todo el proceso, eso puede darnos una oportunidad de integrar mejor la visión de lo que esperamos para esta COP.

Foto: UNFCCC

– Usted también mencionó el financiamiento como un tema clave en las negociaciones. ¿Qué rol considera debe jugar el sector privado?

– El papel del sector privado es fundamental en esta transformación porque, en gran medida, es el que define mucho de las economías de los países. Afortunadamente, estamos viendo que diversas empresas ya están asumiendo esta agenda como propia y la están viendo como una agenda de beneficio para ellos.  El sector privado lo reconoce, por un lado, como un riesgo que hay que asumir y, por otro, como un área de oportunidad. En el sector financiero también hay una evolución. Una cosa es que un banco invierta algunos de sus recursos en acciones de cambio climático y otra muy distinta es que -como ya algunos lo están haciendo- alineen todo su portafolio de proyectos con la acción ante el cambio climático.

Entre todo el tecnicismo detrás de estas negociaciones climáticas, Espinosa subraya la importancia de entender al cambio climático desde sus efectos en las personas y recuerda una experiencia que vivió horas antes de la entrevista: “Conocí a un grupo de peregrinos que vinieron caminando desde Roma, muchos de ellos han perdido la mayor parte de su familia en eventos climáticos extremos. Una de las jóvenes me dijo ‘esto no es broma’. Estamos hablando de tragedias”. La mejor respuesta a ello es la acción.

Ambición y urgencia son las dos consignas que continuarán marcando como objetivo y desafío el rumbo de las negociaciones en estos días que restan bajo la nieve en Katowice.

Sustentabilidad | 5 de diciembre de 2018

Animación: Pablo Domrose

COP24: Comenzó la conferencia anual con el desafío de definir la urgente acción ante el cambio climático

“París 2.0”. Ésta es la definición que muchos le han atribuido a la 24° edición de la Conferencia de las Partes (COP24), el evento anual en negociaciones climáticas que inició en Katowice, Polonia, el domingo pasado. Este año es tan -o casi más- importante que el 2015, cuando se consensuó el Acuerdo de París en la capital francesa (de allí su nombre). ¿Por qué esta relevancia? Durante estas dos semanas, los distintos gobiernos deberán avanzar en la definición del llamado “rulebook”, es decir, el conjunto de reglas y procesos necesarios para implementar el Acuerdo de París. En criollo: cómo se van a poner en práctica todas esas bellas palabras del documento para que el aumento de la temperatura del planeta no supere los 2°C a fin de este siglo.

“Pido a todos los líderes que vengan a la cumbre preparados para abordar no sólo su progreso hacia el logro de sus objetivos en virtud del Acuerdo de París, sino también para delinear sus planes y su progreso hacia el aumento de su ambición”, expresó en la ciudad polaca António Guterres, secretario general de Naciones Unidas. En su paso previo por Buenos Aires, conversé con él para RED/ACCIÓN sobre la importancia de políticas más urgentes y ambiciosas en acción climática. Pueden leer la nota aquí.

América Latina será una de las regiones más observadas este año en la Conferencia. Por un lado, en el plenario de apertura, se realizó un pedido para que se reconozca la vulnerabilidad que está atravesando la región a los efectos del cambio climático. Por otro lado, la siguiente COP25 debería celebrarse en la región en 2019 y el único candidato hasta hace unos días era Brasil que, bajo el electo gobierno de Bolsonaro, crítico del Acuerdo, ya dio marcha atrás con la propuesta. Al momento, Chile, Costa Rica y Guatemala se perfilan como candidatos; pero el financiamiento de un evento de tal tamaño se plantea como el principal desafío para los países latinos.

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Actualidad | 3 de diciembre de 2018

Foto: G20

El cambio climático tuvo su “consenso” en el G20 con un Trump aislado

“Agree to disagree”. “Estamos de acuerdo en no estar de acuerdo”. El diccionario de Collins define esta popular frase en inglés como la situación en la que dos partes deciden dejar de discutir porque ninguna cambiará su opinión. Ello fue lo que ocurrió en el G20 con uno de sus temas más desafiantes: el cambio climático.

El consenso alcanzando en la Declaración Final al respecto fue el único posible: la inevitable repetición de las dos posturas encontradas. Por un lado, 19 partes del Grupo reafirmaron que el Acuerdo de París es “irreversible”. Por otro, Donald Trump reiteró su decisión de salirse de dicho acuerdo.

Lejos del consenso global que la presidencia argentina del G20 buscaba lograr sobre la temática, el apartado referido a clima dejó varios elementos por analizar, tanto por los avances celebrados como los desafíos por enfrentar. Pero para los analistas, el aislamiento de Trump manda una fuerte señal hacia la COP 24, la conferencia que arrancó hoy en Polonia y que es considerada decisiva para hacer frente a la crisis climática mundial.

Los avances

Para comprender los avances es necesario considerar el proceso previo a la Declaración Final. Desde un principio se supo que el cambio climático era uno de los temas más difíciles en las negociaciones por la conocida postura de Donald Trump en favor de los combustibles fósiles. En las últimas conversaciones con la prensa, previo al consenso final, el propio canciller argentino, Jorge Faurie, reconoció que “aún se estaba trabajando en la redacción del apartado sobre clima”.

Los rumores vislumbraban el peor escenario: un lenguaje débil más en favor de la postura de la actual administración norteamericana que del resto del planeta, la falta de mención al Acuerdo de París y la no consideración de los últimos informes científicos. La Declaración Final terminó por sorprender de manera positiva a la comunidad internacional.

La acción climática tuvo su clara manifestación en el documento -al menos por parte de algunos de sus miembros- y con algunas menciones que superaron las tristes expectativas que se tenían previamente.

Los países del G20 tomaron nota del último Informe Especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) sobre un calentamiento global de 1.5°C como límite. “El informe del IPCC se sumó a la urgencia de abordar el cambio climático y se ha reflejado claramente en las conclusiones de la reunión.

Espero que esta urgencia se traduzca a la reunión de negociadores en Polonia de esta semana”, expresa Christiana Figueres, representante de la iniciativa Mision 2020 y ex directora ejecutiva de la Convención Marco en Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), y subraya: “Es triste que la Administración Federal de los Estados Unidos, un país que está sintiendo cada vez más la fuerza de los impactos climáticos, siga negándose a escuchar la voz objetiva de la ciencia. El resto del G20 no sólo ha entendido la ciencia, sino que también está tomando medidas para prevenir los mayores impactos y fortalecer sus economías”.

En este sentido, el documento también reconoce la importancia de considerar a aquellos países más vulnerables de la región a los efectos del cambio climático, como las islas del Caribe. “Incluso en estos tiempos difíciles para el multilateralismo, está claro que todavía se puede avanzar en el importante tema de abordar el cambio climático.

Está claro que los esfuerzos diplomáticos concertados de la Unión Europea y China fortalecieron el resultado, y esta cooperación ahora debe convertirse en una forma de liderazgo climático positivo y ambicioso”, aseguró Laurence Tubiana, directora la European Climate Foundation y ex embajadora de Francia en la COP21.

A lo largo del año, se discutieron estrategias a largo plazo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs, por sus siglas en inglés). Situación no menor, si se considera que los países del G20 representan el 80% de esas emisiones globales.

Enrique Maurtua Konstantinidis, asesor senior en cambio climático de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), analiza: “El cambio climático es un tema que ya no se puede sacar de la agenda geopolítica. El que lo quiera sacar, no está queriendo ver la realidad. Las declaraciones que se hacen en el G20, por más sencillas y vacías que parezcan, representan un mensaje para inversores, empresarios y otros gobiernos. Es una declaración política de los 2/3 de la economía mundial. Si la aplican, su impacto es enorme”.

Los desafíos

Con la exclusión de los Estados Unidos, el resto de los miembros del G20 explicitaron su compromiso por continuar con la implementación del Acuerdo de París. La presidencia argentina había manifestado desde un inicio su intención que no se repitiera la exclusión ocurrida el año pasado en Alemania. Pero la fuerte defensa de los países europeos a la continuidad de la acción climática versus una decisión trumpista que parece no tomar conciencia, condujeron al único consenso posible en el tema: ese “estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo”.

Esta exclusión continuará siendo un enorme desafío para la política climática internacional, considerando el breve tiempo que según los científicos queda para que se pueda revertir la situación. Por ello, los ojos del mundo se trasladaron de inmediato a Katowice, Polonia, donde desde ayer se celebra la 24° edición de la Conferencia de las Partes (COP24), la conferencia anual en cambio climático más importante. “Esperamos tener resultados positivos en la COP24”, citan los países en la Declaración Final. Allí, sus propias delegaciones tendrán el difícil trabajo de definir las reglas para implementar el Acuerdo de París. Es decir, para que todas esas detalladas palabras del documento se traduzcan en una acción concreta.

Mientras 19 partes del Grupo reafirman el Acuerdo de París, se sabe que sus propuestas de reducción de esas emisiones contaminantes aún no son suficientes para alcanzar los objetivos del acuerdo.

Mientras las organizaciones sociales celebran la no mención de los combustibles fósiles en la Declaración Final, según el último reporte Brown to Green el 82% de la energía de los países del G20 procede de la explotación de carbón, petróleo y gas. Mientras los líderes se reúnen en múltiples reuniones con diferentes posturas, los científicos nos exponen semana a semana el estado de alerta en el que se encuentra el planeta. Después de las bellas palabras, las declaraciones y las conferencias de prensa, ahora es tiempo de la verdadera acción.

Sustentabilidad | 30 de noviembre de 2018

Foto: ONU

¿Actuarán los líderes políticos con la urgencia y ambición que el planeta necesita?

En suelo argentino para participar de la Cumbre de Líderes del G20, António Guterres, el secretario general de Naciones Unidas (ONU), organización socia del foro, se mostró contundente y preocupado sobre la necesidad de incrementar la ambición y urgencia de las políticas de acción climática.

Sus preocupaciones no son casuales: el cambio climático es, junto con el comercio, uno de los temas más desafiantes por estas horas en el G20 con vistas a alcanzar una declaración final consensuada entre las partes, incluyendo a Donald Trump (conocido negacionista del problema).

“El cambio climático está avanzando más rápido que nuestras acciones”, aseguró Guterres quien describió sus más recientes efectos alrededor del mundo, desde el aumento de las temperaturas hasta el incremento en el nivel del mar.

“Las realidades se vuelven peores que las proyecciones meteorológicas. Estamos ante una multiplicación de desastres naturales cada vez más dramáticos e intensos”, expresó y alertó: “Ello tiene consecuencias humanitarias cada vez más trágicas. Las cosas se están volviendo peores de lo que pensamos y hay un cierto sentimiento de que ha fracasado la voluntad política. Es absolutamente necesario restaurar la voluntad política para hacer frente al cambio climático. A nivel de los gobiernos, del sector privado, de las ciudades, de la comunidad, de los ciudadanos”.  

Ante ese fracaso, el interrogante es uno: ¿cómo se promueve en los gobiernos una acción más comprometida para responder a la urgencia del planeta? En diálogo con RED/ACCIÓN, el máximo representante de ONU aseguró: “Mi profunda creencia es que el cambio climático debe ser tomado en serio. Estamos pidiendo a todos un sentido constructivo de compromiso para evitar una división norte-sur (en referencia a países más desarrollados y más contaminantes, y aquellos menos desarrollados y más vulnerables a los efectos del problema) que sería dramática”.

Con los pies en Buenos Aires, pero la mente ya trabajando en lo que acontecerá en Katowice, Polonia, Guterres nos recuerda la importancia de la próxima COP24 que se celebrará allí: “Es necesario que en esta próxima conferencia en cambio climático se alcance un compromiso sobre el programa del trabajo del Acuerdo de París -principal documento global existente sobre el tema-“.   

António Guterres en una visita a refugiados en Bangladesh / Foto: ONU

Para promover un mayor control de las políticas climáticas y alentar una creciente ambición en los gobiernos de sus políticas de reducción de emisiones contaminantes, Guterres convocó a una Cumbre del Clima para septiembre de 2019 en Nueva York. “Esta convocatoria es justamente para pedirles a los Estados que incrementen sus niveles de ambición, que sean capaces de reconducir el mundo a una perspectiva de un incremento de las temperaturas del planeta no mayor a 1.5°C o 2°C. Ello no está ocurriendo aún”, aseguró a nuestro medio.

Mientras el complejo de yacimientos no convencionales de petróleo y gas Vaca Muerta sigue apareciendo aquí en el G20 como la gran política de desarrollo del gobierno argentino -incluso en diálogo con Trump-, Guterres incorpora otro tema fundamental que requiere de acción urgente: “Es necesario tomar un conjunto de medidas que se están dando muy lentamente. Seguimos con subsidios a los combustibles fósiles. El problema ya no se trata de otorgar subsidios a las energías renovables para que sean competitivas. Las energías renovables ya son competitivas. Pero si siguen las políticas de subsidios a los combustibles fósiles, no podremos avanzar en la implementación del Acuerdo”.

Al respecto, el secretario ilustró la situación con una anécdota: “La edad de piedra no terminó porque desapareció la piedra. Los combustibles fósiles no van a terminar porque ellos desaparezcan. Tenemos que apostar más a las invenciones de sus alternativas. La tecnología ya está de nuestro lado”.

El cambio climático es uno de los principales desafíos que enfrenta el mundo en la actualidad. Así lo ha considerado Guterres en conjunto con otras crisis mundiales, como el terrorismo y las migraciones. “Vivimos un momento de falta de confianza en la comunidad internacional y un nivel de confrontación entre poderes tal que muchos creen que no tiene sentido realizar una reunión del G20. Pero es justamente por esa falta de confianza y grado de conflicto que es absolutamente esencial tener un encuentro de tan alto nivel como el G20”, describió el secretario.

En vísperas por conocer mañana la Declaración Final de la Cumbre de Líderes, Guterres subrayó: “Es importante que los países se reúnan para alcanzar una globalización justa, es decir, que sea una globalización que no deje a nadie atrás”. Su esperanza es una: que los países lleguen a un fuerte documento para el apoyo de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Durante el primer día de la Cumbre de Líderes en Buenos Aires, António Guterres se reunió con los cancilleres de China y Francia para subrayar la importancia de avanzar en políticas climáticas urgentes y ambiciosas. Su próximo destino lo llevará al otro lado del océano: la COP24 en Polonia. Los ojos del mundo miran uno y otro lugar. El desafío en común es uno: ¿Actuarán los líderes políticos con la urgencia y ambición que el planeta necesita?

Sustentabilidad | 28 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

G20 y cambio climático: entre la urgencia del planeta y la debilidad de las decisiones políticas

Como les anticipaba en la newsletter de la semana pasada, el propio Sherpa argentino, Pedro Villagra Delgado, reconoció que el cambio climático, junto con el comercio, serán los dos temas de más difícil consenso para la declaración final del G20. El motivo es obvio: la postura de Donald Trump respecto de la acción ante el problema. La preocupación creció esta semana cuando algunos medios -como el especializado Climate Home– tuvieron acceso a un borrador del documento y comunicaron la debilidad con la que aparecería el tema, en pos de ese consenso tan deseado por la presidencia argentina. 

Cabe recordar que el año pasado, el documento final del G20 mostraba una postura clara de las partes, a excepción de los Estados Unidos, sobre el significado del Acuerdo de París como un consenso “irreversible”. La presidencia argentina del G20 no quiere excepciones en esta oportunidad, pero entonces ¿se resignará darle al problema la magnitud que se merece en pos del consenso?

En mis redes sociales, muchos me preguntaron cuál es el real impacto del G20 para la acción climática. Al respecto es importante aclarar que el G20 no es el espacio de las negociaciones climáticas específicamente; por el contrario, ello ocurre en la COP24 (Conferencia de las Partes) que inicia el próximo domingo 2 en Katowice, Polonia. ¿Ello le quita importancia a lo que la declaración defina sobre cambio climático? ¡Claro que no! Este Grupo de 20 países representa el 80% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Su compromiso en el documento final será una señal política sobre las acciones futuras que realicen… para bien… o para mal. El interrogante sigue siendo el mismo: ¿llegarán los líderes a escuchar el llamado de la Tierra a tiempo?

Recordá que ya tengo mis acreditaciones en mano para ambos eventos. ¿Qué te gustaría conocer más en detalle al respecto? ¿Qué contenidos sobre estos dos eventos te gustaría leer en RED/ACCIÓN? Podés hacer tus preguntas y sugerencias acá:

Leé la edición completa de SUSTENTABLES, la newsletter con información para actuar y cuidar al planeta.

Sustentabilidad | 26 de octubre de 2018

Foto: Tais Gadea Lara

La lucha frente al cambio climático necesita cambios urgentes y ambiciosos

En octubre se presentaron los resultados del informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). ¿Sus conclusiones? Limitar el aumento de la temperatura de la Tierra en 1.5°C para fin de siglo es necesario, es posible y requerirá de cambios sin precedentes.     

“Este informe ha evaluado específicamente cuáles fueron los impactos del cambio climático hasta el momento con un calentamiento de aproximadamente 1°C en relación con los valores preindustriales, y cómo sería un escenario de 1.5°C en relación al de 2°C”, explica en diálogo con RED/ACCIÓN Carolina Vera, investigadora argentina del Clima en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-CONICET-UBA) y vicepresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC.

Comprender la importancia de esta cifra nos remonta a diciembre de 2015 en territorio francés. Los países se reunieron para consensuar un documento histórico en la lucha internacional frente al cambio climático: el Acuerdo de París. Tenía un objetivo claro: “mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2°C con respecto a los niveles preindustriales”. La cifra se veía acompañada por otra, resultado de la lucha de las islas y los países más vulnerables por incluirla: el 1.5°C. Ese número que fue protagonista de titulares sólo aparecía bajo “esfuerzos” tendientes a alcanzarlo.

Por pedido de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), el IPCC -organización internacional que reúne a los principales expertos científicos en la temática- presentó “Calentamiento global de 1.5°C”: un informe sobre cuáles serían los efectos e impactos asociados a un calentamiento de la Tierra en 1.5°C, basado en 6.000 referencias científicas y realizado por 91 expertos de 40 países.  

NATURALEZA 1 - Foto Pexels

1.5°C versus 2°C

El nuevo reporte del IPCC evidencia los escenarios disímiles entre un aumento del 1.5°C y uno de 2°C. Con un incremento del 1.5°C habría menor extinción de especies animales y vegetales, el mar subiría 10 centímetros menos para 2100, una menor pérdida de los arrecifes de coral que desaparecerían casi por completo con un escenario de 2°C. Por el contrario, superar esa cifra significaría un notable incremento en las temperaturas, precipitaciones intensas y sequías; lo que afectaría no sólo a la producción de alimentos sino también al crecimiento económico y la salud humana.

El IPCC destaca que “de continuarse la tasa actual, el calentamiento global alcanzaría el 1.5°C entre 2030 y 2052”. Consultada en el programa radial Sábado Verde, Inés Camilloni, Dra. en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires y científica argentina que participó en el reporte del IPCC, explicó: “Buenos Aires sería una de las ciudades afectada por el aumento en el nivel del mar, sumado a las tormentas (como la Sudestada) y el aumento de los caudales de los ríos producto del aumento en las precipitaciones”.

Ante ello, Jagoda Munić, directora de Friends of the Earth Europa, destaca la importancia de acelerar la transición del actual sistema de producción basado en la explotación de combustibles fósiles a otro basado en las fuentes renovables (como el sol y el viento): “La era de los combustibles fósiles tiene que terminar: ese es el mensaje del informe”. Farhana Yamin, CEO de Track 0, agrega: “Cada país debe establecer una fecha para eliminar las emisiones de combustibles fósiles y los subsidios a fin de que podamos alcanzar las emisiones netas a cero a más tardar en 2050”.

Argentina aún está lejos de esa meta. Según el Informe del Estado del Ambiente presentado recientemente por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, durante 2017 el 86,9% de la oferta interna de energía provino de la explotación de combustibles fósiles (53,6% de gas natural, 32% de petróleo y 1,3% de carbón). Las energías renovables -con nuevos proyectos adjudicados- se ubican en el 13% restante, junto con fuentes hidroeléctrica y nuclear.

¿Y ahora? El después del informe.

Cuáles serán las implicancias de este nuevo informe en la toma de decisiones políticas. “La gente está respondiendo a este informe. Varios países ya están presentando sus objetivos de emisiones netas cero en sus legislaciones. Estamos empezando a ver los signos del progreso que queríamos obtener del informe”, respondió Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo 3 del IPCC, quien aseguró que lo primero que haría al regresar a Reino Unido sería dar una charla en el Parlamento local sobre el reporte.

De igual forma lo hará Valerie Masson-Delmotte, copresidente del Grupo de Trabajo 1 del IPCC, en su retorno a Francia: “Esto no se trata sólo de los gobiernos. Me gustaría ver que el informe se comparta ampliamente entre la sociedad civil y los estudiantes universitarios de todo el mundo. El conocimiento que trasciende del reporte da claves a múltiples personas sobre cómo actuar, no sólo a los gobiernos”.

¿Y en Argentina? Camilloni cuenta: “Desde el sector político, el reporte todavía no tuvo mucho impacto visible como sí ocurrió en otros países, donde la respuesta de convocatoria a los científicos fue inmediata, por ejemplo, en Europa o Australia. Aquí todavía no se inició ese proceso más allá de la difusión en los medios de comunicación. Todavía hay tiempo para reaccionar, poner las cartas sobre la mesa y empezar la discusión. Si la convocatoria no sale desde el sector político, seremos los científicos los que promoveremos que ello ocurra”.

Entre las soluciones que propone el informe, se destacan la transición energética, el cambio en las dietas alimenticias y su forma de producción garantizando la seguridad alimentaria, y el uso de la tecnología para reducir emisiones contaminantes (con objetivos netos cero para 2050) y capturar carbono.

“El reporte intentó cubrir todos los espectros que la discusión global en el tema requiere: información con el mayor nivel de certeza posible sobre los impactos y la reducción necesaria de emisiones para limitar el calentamiento al 1.5°C”, explica Vera y subraya: “Es información que no había estado consolidada con estas características. Hasta el momento eran opiniones. El informe le da robustez a esa discusión que antes era una probabilidad”. Desde el IPCC aseguran que el reporte “será un aporte científico clave en la Conferencia de la Partes (COP24) en Katowice, Polonia, en diciembre próximo”.

Tras la alarma de los datos, llega el momento de la acción. Así lo asegura Camilloni: “Lo más contundente del reporte es que hay que cambiar todo. Implica una transformación cultural, de nuestra forma de producir. No sólo hay que cambiar todo, sino que hay que hacerlo en poco tiempo, porque, en algunos casos, las consecuencias pueden llegar a ser irreversibles”.

Sustentabilidad | 28 de agosto de 2018

Cooperación: la clave para combatir el cambio climático en América Latina

Cooperación entre regiones, entre países al interior de la región, entre ciudades, entre organismos no estatales, entre científicos y tomadores de decisiones, entre hombres y mujeres, entre todos estos actores juntos. La cooperación, el trabajo conjunto, el compartir experiencias parece ser ese eslabón que se necesita con urgencia para incrementar la ambición de acción climática en una de las regiones más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero que también se esfuerza por ser líder en ese propósito.

Así se ha manifestado en la celebración de la Semana del Clima de América Latina y el Caribe en Montevideo, Uruguay. El evento formó parte de una serie de semanas climáticas que ya tuvieron sus ediciones en África y Asia-Pacífico en abril y julio pasado, respectivamente. Bajo el lema “Intensificando la acción climática”, durante estos cuatro días representantes de gobiernos, empresas, sociedad civil y organismos multilaterales trabajaron conforme el objetivo de multiplicar la ambición climática en la región y movilizar a nuevos actores para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

El rol de nuevos actores

“Creíamos que las negociaciones eran globales y sólo se daban en el ámbito de las Conferencias de las Partes (COPs). Siguen siendo globales, pero también se han sumado los actores no estatales”, asegura Manuel Pulgar Vidal, Líder en Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y ex presidente de la COP20 en Lima (Perú), y explicita: “Si no trabajamos a nivel doméstico, no hay forma de implementar el Acuerdo de París. Hay que incorporar los planes de acción climática al plan de desarrollo nacional de cada país. Hay que vincular la acción climática con otros temas. Hay que lograr que un sólo esfuerzo tenga un mismo efecto multiplicador”.

El ex ministro de Ambiente de Perú participó en uno de los paneles que tuvieron a la cooperación Sur-Sur como protagonista del debate durante la primera jornada de la Semana del Clima, con el propósito de demostrar su importancia para el cumplimiento de las metas climáticas de los países de la region y la implementación del Acuerdo.

En conversación con Diálogo Chino, Pulgar Vidal expresó al respecto: “Este tipo de cooperación puede realizar un aporte muy fuerte para la acción climática en la región latinoamericana. La gran crítica a la cooperación más habitual ha sido que ha respondido a una agenda impuesta por un país desarrollado que no es sostenible en el tiempo porque luego se modifica su prioridad y que no responde necesariamente a la realidad del país beneficiado. Si somos conscientes que esa es la lógica de la cooperación histórica, ¿cuánto, vinculándonos entre nosotros, podemos hacer para que la cooperación responda a una agenda común, consensuada previamente?”.

Pulgar Vidal subrayó la importancia de hacer esa cooperación sostenible en el tiempo: “No estando repetiendo en el día a día lo que ya probamos. Tenemos que lograr que esa cooperación sea transparente para intercarmbiar las experiencias que hagan que los resultados de ese vínculo beneficien a todos los países”.

Cooperación Triangular y Sur-Sur

Algunas de esas experiencias comenzaron a compartirse durante los talleres de la Semana del Clima, no sólo entre gobiernos nacionales sino también entre los actores no estatales y aquellos representantes de los niveles subnacionales y urbanos. Tal fue el caso de la presentación del proyecto de un trabajo conjunto entre las ciudades latinoamericanas de Buenos Aires (Argentina), San Pablo (Brasil) y Santiago de Chile (Chile).

Patricia Himschoot, gerente de Cambio Climático de la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lo describe: “Es un proyecto que venimos trabajando desde hace un año en el marco de la cooperación Sur-Sur con el Instituto Interamericano para la Investigación en Cambio Global y que se basa en un trabajo co-diseñado entre científicos y tomadores de decisiones para plantear un sistema de indicadores de seguimiento de acciones. En el medio, estamos los técnicos gestores que actúamos como traductores”. Una parte del financiamiento del proyecto cuenta con la aceptación de un grupo chino, pero aún hace falta complementar lo restante para la puesta en marcha.

Uno de los elementos centrales de este proyecto es el rol ciencia para la toma de decisiones frente al cambio climático. Al respecto, el vicepresidente del Instituto de Meteorología de Uruguay, Gabriel Aintablián, manifiesta: “Es un ejemplo de cómo se puede, desde un instituto, generar un espacio de potencial conocimiento esencial para la región que articule a tres megaciudades de países con realidades totalmente distintas. Y se genera desde un espacio enteramente americano con voluntad de intercambiar experiencias para poder diagramar políticas públicas. Eso es la verdadera triangulación”.

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Aintablián es contundente sobre la importancia de los científicos latinoamericanos para la acción climática local: “Nadie mejor que alguien de la región para comprender los problemas de la región. Difícilmente pueda venir un noruego, un finlandés, un alemán a explicarte lo que es el Río de la Plata o la transformación energética de Uruguay o la protección de océanos en Colombia. Tenemos una capacidad de conocimiento en la región muy importante. Hay que generar esos espacios de diálogo con los políticos”.

En su discurso durante el panel de Alto Nivel, el ministro de Ambiente de Brasil, Edson Duarte, subrayó la importancia de la cooperación Sur-Sur, a través del impulso del Diálogo de Talanoa de Brasil para identificar dónde estamos y hacia dónde queremos ir, instando a otros países de la región a seguir el mismo camino, pero también a Sudáfrica, India y China para que organicen sus propios diálogos nacionales.

“En nuestra NDC -contribución determinada nacional- hay una mención clara de fortalecer nuestras acciones de cooperación Sur-Sur. A través del Fondo Amazonía, apoyamos la instalación de instrumentos para monitorear la deforestación en los ocho países de la cuenca del Amazonas, haciendo una contribución extremadamente relevante para la protección del clima global mediante la preservación de la selva tropical más grande del planeta”, expresó.

En este sentido, Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), manifestó en conversación con Diálogo Chino: “Lo que ha hecho Brasil para realizar un monitoreo en tiempo real de las áreas de deforestación y la medición de emisiones brinda un enorme espacio de oportunidad para que otros países de la región se puedan beneficiar”.

Para una de las máximas representantes, que confesó que “su trabajo la llevó a Europa, pero su corazón sigue de este lado del Atlántico”, la cooperación Sur-Sur cumple un rol complementario en todos estos procesos de acción climática: “América Latina y el Caribe tienen una tradición de cooperación Sur-Sur que se ha ido fortaleciendo a lo largo de los últimos 10-15 años en muchos ámbitos, por ejemplo, las medidas de protección y prevención en caso de desastres”.

Los próximos pasos a seguir

¿Hacia dónde vamos luego de esta Semana del Clima en Montevideo? Físicamente, muchos de los oradores y asistentes aquí presentes viajarán a Iguazú (Misiones, Argentina) para participar de lo que será la segunda reunión del Grupo de Trabajo de Sustentabilidad Climática del G20 (Grupo de los 20) la próxima semana, incluyendo a Espinosa y Pulgar Vidal.

Algunos de ellos también viajarán luego a Bangkok (Tailandia), para avanzar en las negociaciones climáticas en una sesión intersesional adicional. El propósito de todos estos eventos es uno: cumplir con las expectativas de ambición e implementación del Acuerdo de París en la próxima COP24 a desarrollarse en Katowice, Polonia, en diciembre próximo.

Espinosa enumera tres objetivos que deben alcanzarse en esta próxima COP24: incrementar la acción climática en el corto plazo con vistas a que los países formulen planes climáticos con metas más ambiciosas, concluir el programa de trabajo del Acuerdo de París, e incrementar los flujos financieros. La Semana del Clima en Montevideo buscó centrarse en el primero, con múltiples oportunidades y desafíos de trabajo que deberán continuarse entre los distintos actores con la cooperación como base.

En esos tres objetivos, hay una cuestión que buscará hacer su lugar para una cooperación igualitaria: la de género. Con desigualdades que se perciben desde la falta de políticas y leyes hasta la escasa consideración para los paneles de discusión, las mujeres buscan hacer sentir su voz como uno de los grupos más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero también como uno de los que se desempeña a diario para liderar la acción.

“Durante esta semana se habló de trabajar en la acción climática no de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba. Y eso implica fortalecer a las organizaciones de base. Abajo estamos nosotros, los pueblos indígenas”, manifiesta Carol González Aguilar, líder indígena, y asegura: “Para cumplir las metas de acción climática necesitamos a los de arriba… y a los de abajo”.

González Aguilar es miembro de la Secretaría Técnica de Mujeres de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). Su política de género busca asegurar la equidad al interior de la organización y sus distintas filiales. Agradecida por poder hacer oír su voz en un evento de estas características, la joven colombiana recuerda la importancia de escuchar a las mujeres e involucrarlas en los procesos de negociaciones: “El 53% del carbono almacenado en la cuenca amazónica está en nuestro territorio. Las mujeres indígenas somos aliadas fundamentales para cumplir las metas que todos los países tienen que cumplir”.

*Esta nota apareció originalmente en Diálogo Chino y se publica con su autorización.

Diálogo Chino es una iniciativa de chinadialogue, un sitio web independiente, bilingüe, en chino e inglés que promueve la comunicación acerca del medio ambiente y el cambio climático. Es una organización sin fines de lucro con sedes en Londres y Beijing.