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La falta de jardines afecta más a las familias pobres y posterga la educación temprana

La educación inicial es el nivel más privatizado del sistema educativo. En la ciudad de Santa Fe, en seis años el Estado construyó 16 jardines en barrios vulnerables. Una experiencia reconocida por Naciones Unidas.

Por Javier Drovetto

18 de junio de 2018

Para Claudia Vera fue “la mejor” oportunidad que se le presentó en años. La opción era seguir cuidando y educando a su hijo de nueve meses todo el día o llevarlo cinco horas diarias al jardín maternal que ese año, 2012, había abierto a pocas cuadras de su casa, en el barrio Estanislao López de las afueras de ciudad de Santa Fe. Y aprovechar ese tiempo para buscar trabajo.

“Nael, que hoy tiene siete años, entró gateando y a los dos meses caminó. Aprendió a comer y a relacionarse. Cuando empezó a hablar, sumó palabras que jamás le dije. Y ahora cursa la primaria sin problemas. Yo pude hacer un curso de corte y confección y con otras madres armamos una cooperativa para fabricar ropa”, cuenta Claudia, que tiene 31 años y junto a su marido albañil son el sostén de la familia.

Claudia pudo elegir. Hasta el desembarco del jardín, las únicas alternativas eran instituciones privadas que estaban en el centro de Santa Fe y tenían una cuota que la mayoría de las familias del barrio, con ingresos humildes como la de Claudia, no podía pagar.

El jardín abierto hace seis años fue el primero de 16 que la intendencia construyó en barrios vulnerables y postergados. Actualmente hay otro edificio en obra porque la idea es tener vacantes como para un tercio de los niños de la ciudad que tienen entre 45 días y cuatro años.

El proyecto fue premiado el año pasado por la Organización de las Naciones Unidas por el “servicio público” que ofrece y porque la implementación de la política fue “integral e inclusiva” y se basó en el “derecho a la educación de niños de comunidades vulnerables”.

Los jardines de Santa Fe suman a los familiares para promover el respecto mutuo.
Los jardines de Santa Fe suman a los familiares para promover el respecto mutuo.

Pocas opciones de jardines estatales

El premio cobra más sentido al analizar las pocas alternativas estatales de jardines que existen en el país, según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación. El estudio afirma que el nivel inicial es “el más desigual” del sistema educativo porque es “el más privatizado”.

Lo asegura al exponer que en el único nivel donde hay más chicos en instituciones privadas que en estatales es en salas de bebés de 45 días a un año, sala de 2 y sala de 3. En esos tres tramos, el 50,2% de los nenes va a jardines privados. La preeminencia del sector privado baja en sala de 4 (30,1%) y de 5 (28,1%), trayectos que por ley son obligatorios y por eso el Estado ofrece más opciones.

Pero en cualquiera de los casos, los nenes que van a jardines privados son proporcionalmente muchos más que en primaria y secundario de todo el país, donde tres de cada 10 chicos van a colegios privados.

“Lo que dicen estas cifras es que al faltar vacantes en salas de 45 días a tres años, las familias deben recurrir al sector privado”, explica Rut Kuitca, vicepresidenta de la Organización Mundial para le Educación Preescolar, y remarca que en las familias pobres no pueden pagar una cuota y desisten de mandarlo a un jardín, lo que “abre una desigualdad de oportunidades a edad temprana”.

La relevancia de poder elegir sobre la crianza

Los especialistas parten de la idea de que debe existir la oportunidad de que todos puedan elegir entre mandar a su hijo al jardín maternal o no. “Nadie podría asegurar que es importante hacerlo con bebés de 45 días, pero sí que es necesario que haya una respuesta para las familias que deben reincorporarse a su trabajo, por ejemplo. Y si lo hacen, es vital que el chico reciba el cuidado y la educación de calidad”, agrega Kuitca.

Lo que ocurre cuando los familiares no pueden optar por un jardín maternal es que un pariente, amigo o guardería comunitaria se encarga de cuidarlo. “Cuando decidimos abrir jardines en Santa Fe, lo que había en esos barrios eran ofertas asistencialistas. Pero no es lo ideal –explica Érica Figueroa, secretaria de Educación de la ciudad-. Nuestros jardines están pensados para niños: son luminosos, amplios y con pisos de goma. Además son gestionados por docentes especializados en infancia que ingresan por concurso y trabajan con un marco curricular consensuado”.

Entre los objetivos que se propuso Santa Fe, hay cuatro puntos que sobresalen. Los jardines buscan promover el juego como contenido de alto valor cultural para el desarrollo cognitivo, afectivo, ético y social. Pretenden favorecer la formación corporal y motriz con actividades. Además persiguen el desarrollo de capacidades de expresión y lenguaje artístico al alentarlos a cantar, dibujar y bailar. Finalmente, alientan la participación de las familias para promover la buena comunicación y respecto mutuo.

Sala de 3: un estímulo para habilidades futuras

Los jardines son una alternativa complementaria a la crianza familiar en el primer y segundo año. Pero según los especialistas se vuelven indispensables cuando los chicos son más grandes. “A los tres años, el niño desarrolló el lenguaje y tiene potencial para tener una experiencia educativa que lo estimule y ayude a desarrollarse”, señala Verona Batiuk, especialista en educación infantil de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Argentina.

Batiuk cita varios estudios para graficar el tema: un chico que tuvo un buen trayecto educativo en la primera infancia puede llegar a primer grado conociendo 14.000 palabras, mientras que uno que no lo tuvo se puede quedar en 6.000. Trabajos de neurociencia demostraron que el 80% del desarrollo cerebral ocurre en los primeros 3 años de edad. También expone argumentos económicos a favor de promover el nivel inicial: por cada dólar invertido se obtienen hasta 17 en el largo plazo gracias a la mayor productividad que alcanzan de adultos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) remarca que los estudiantes que asistieron al jardín durante más de un año sacaron mejores resultados en las prueba PISA, una evaluación que esa organización realiza a nivel mundial para conocer las habilidades de matemática, lengua y ciencia de jóvenes de 15 años.

“Permitir que todos los niños tengan acceso a educación y atención de la primera infancia de primera calidad sentará las bases para el desarrollo futuro de habilidades y destrezas, e impulsará la movilidad social y el crecimiento incluyente”, afirma Gabriela Ramos, directora de la OCDE, en un informe institucional sobre educación temprana.

Sólo cuatro de cada 10 chicos va a la sala de 3

El nivel inicial incluye al jardín maternal (45 días a dos años) y al de infantes (tres a cinco años), según la Ley Nacional de Educación. La sala de 5 es obligatoria hace más de 20 años y la de 4 desde 2014.

A su vez, el Estado está obligado a universalizar la oferta de sala de 3. La ley 27045, de 2014, señala que Nación, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires “tienen la obligación de universalizar los servicios educativos para niños y niñas de tres años de edad, priorizando la atención educativa de los sectores menos favorecidos de la población”.

Sin embargo, un estudio de Unicef y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento revela que apenas un 39% de los chicos de tres años va al jardín. Esa proporción baja al 10% en chicos de dos años; al 2% para un año; y al 1% en bebés de menos de un año.

Para comprometer mayor inversión en jardines con sala de 3, en marzo de 2016 el Gobierno nacional envió un proyecto de ley para hacer obligatorio ese tramo, lo que comprometería al estado en términos más fuertes que la universalización que instaura la normativa vigente.

El proyecto obtuvo media sanción en Diputados y permanece en el Senado desde noviembre de 2016. La principal traba es económica: varios legisladores reconocieron públicamente que hay resistencia de las provincias por las dudas respecto a cómo lograrían financiar el compromiso.

El nivel inicial de Chile es elogiado por tener variantes pedagógicas según la región.
El nivel inicial de Chile es elogiado por tener variantes pedagógicas según la región.

Chile, un modelo con opciones diversas

Las referencias en otros países respecto al porcentaje de chicos que va a jardines maternales y de infante es muy desparejo. Sobre todo porque existe un debate respecto a si debe ser un tramo educativo obligatorio o simplemente una opción para las familias que no puede comprometerse con la crianza todo el día.

En la región, solo México, Perú y Venezuela tienen sala de tres obligatoria, mientras que países como Finlandia, Suecia, Canadá y Escocia establecen la obligatoriedad recién a partir de los seis años.

En lo que sí hay mucho consenso entre especialistas es en que además de existir la opción de poder enviar al chico a un jardín maternal, debe haber una diversidad de ofertas. Y es en ese contexto que surgen elogios al modelo chileno generado por la Junta Nacional de Jardines Infantiles, que gestiona 3061 jardines en todo el país.

“Lo interesante del modelo es que tiene alternativas que responden a necesidades familiares muy diversas, desde la ofertas tradicionales a otras orientadas a pueblos originarios”, destaca Batiuk.

Se refiere a que entre las opciones figuran algunas en las que los familiares participan de las clases permanentemente; otras con jornada extendida y comida, pensada para padres que trabajan; alternativas que surgieron de manera comunitaria y luego fueron mejoradas e incorporadas a la educación forma; iniciativas atravesadas por una planificación artística; y variantes estacionales para trabajadores de sectores agrícola que tienen jornadas largas en determinados meses.

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