La apnea como deporte | RED/ACCIÓN

Aguantar el aire y soltar el cuerpo: los valores y herramientas que la apnea deportiva le dio a Ludmila Brzozowski

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

“La apnea es mucho más que ‘aguantar la respiración’”, explica la apneísta de 44 años. Dice que, además, de ser una disciplina en la que acumula récords y en la cual le apasiona entrenarse, se trata de una "búsqueda", que la ayudó a descubrir sus propias debilidades y fortalezas. ¿De qué se trata esa "experiencia sensorial, fisiológica y mental que —según dice— solo es posible en el agua"?

Un collage de imágenes intervenidas de la apneísta Ludmila Brzozowski.

Intervención: Julieta de la Cal. Imágenes: Instagram Ludmila Brzozowski.

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Respire. Inhale, exhale. 

Empezamos a respirar ni bien salimos del útero materno y nos ligan el cordón umbilical. Nuestros pulmones se expanden por primera vez acompañados de llanto, si es que lloramos. 

Lo maravilloso de este mecanismo es que funciona más allá de la consciencia, 8 a 16 respiraciones por minuto en los adultos alcanzan para mantener esta maquinaria que llamamos vida. 

Inhale, exhale. A menos que se juegue a aguantar la respiración, a menos que alguien se zambulla por unos instantes, no va a dejar de respirar porque sí, hasta que deje de respirar. Pero eso es hablar de lo que nadie quiere hablar: de la muerte.

¿Y si fuera todo lo contrario? ¿Y si dejar de respirar fuera una elección de vida? Una búsqueda, también, un desafío, un deseo. Entonces sí, hay quienes aguantan la respiración porque quieren, y aguantan mucho, y lo hacen compitiendo con otros que también eligen dejar de respirar para sentirse vivos.

Bienvenidos a la apnea deportiva y a la historia de Ludmila Brzozowski (44), apneista argentina, periodista, pero sobre todo mujer del agua, sirena con branquias imaginarias, con escamas ganadas a puro esfuerzo.

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El medio dicta las reglas. Y esta vez el medio es el agua. 

Primera regla: los humanos no podemos respirar debajo del agua. Por eso desde siempre hubo quienes se destacaron en esto de aguantar el aire, de llenar los pulmones. Lo hacían con el fin de ganarse la vida: pescar, encontrar perlas. Hasta que a mitad del siglo XX este aguantar  se convirtió en deporte

“La apnea es mucho más que ‘aguantar la respiración’”, explica Ludmila. “Esa es una definición hasta peligrosa, porque promueve la idea de que es resultado de aguantar todo lo que podamos, sin seguridad, sin saber decodificar lo que pasa en el cuerpo. Pero lo que se ve en las competencias se consigue luego de un entrenamiento y de una práctica metódica, progresiva”. 

“La apnea”, continúa, “es un deporte competitivo porque está organizada como tal: hay dos entidades que a nivel mundial se ocupan de fiscalizar y regular lo deportivo y formativo: Cmas y AIDA; homologan récords, organizan mundiales y establecen los reglamentos. A la vez existen dos ramas de apnea: la apnea indoor, que son las pruebas de apnea en piscina, estática o dinámica; y la apnea outdoor, que son las de profundidad, en aguas abiertas”.

“Quien aprende a hacer apnea atraviesa un proceso de incorporación de patrones motrices y de respiración. Por ejemplo, hay que aprender una forma de respirar al emerger, que ayuda a recuperar rápidamente los niveles de oxígeno. Pero el deporte es más que reglamentos y patrones de movimiento. Es, sobre todo, valores y herramientas para la vida, y eso también te lo da la apnea”, reflexiona.

Fodo Facebok Lumdmila Brzozowski - Apnea.

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Decíamos mitad del siglo XX.  Todavía faltaban unos años para que una Ludmila de diez años descubriera, en la pileta de su club en Río Negro, que lo que ella quería era llegar de una punta a la otra sin emerger nunca, por entre las patadas de los compañeros, por entre las braceadas, cerca del mundo pero del lado del agua. 

“Recuerdo mis primeros intentos de nadar sin respirar más que el primer beso”, dice Ludmila.  “Recuerdo de forma muy vívida las sensaciones, porque son las que tengo al entrenar y ahora sé por qué ocurren. Esas contracciones que aparecen desde el diafragma y otros músculos involucrados en la respiración. Nunca me interesó el tiempo, mi obsesión era la distancia, el avanzar y sentir que volaba, liviana y libre, por debajo del agua”. 

Es a partir de 2013, cuando Ludmila descubre que aquello que la apasiona es deporte, que comienza a acumular récords:  4 panamericanos, 2 sudamericanos, 17 argentinos, con un tesón que asombra. Y a pulmón, que es lo que a ella no le falta. Sin apoyo oficial ni económico, consiguiendo lo que no hay como se pueda.

Si uno se queda admirando los récords, sin embargo, se pierde de vista la historia. ¿Qué busca, Ludmila? ¿Qué sabe ella de los secretos del agua, que no sabemos los demás?

“Había una búsqueda que al principio hacía sola”, sigue contando, “y a la que fui llegando cuando empecé a trabajar en equipo con mi hermana y entrenadora Eloísa, profesora de Educación Física y psicopedagoga. En esa búsqueda mi cuerpo se convirtió básicamente en un laboratorio para explorar qué era eso de entrenar la apnea. Y lo más interesante es que esa búsqueda me hizo descubrir debilidades y fortalezas que desconocía, me hizo conocer un poco el mundo y a personas increíbles, me ayudó a encauzar cuestiones de la vida personal que me tenían un poco mal y, lo más lindo, poder desplegar un lado más artístico para conectar a las personas con ese mundo subacuático tan misterioso y lleno de emociones”.

 “La apnea no es el fin, es el medio necesario para llegar a esa experiencia sensorial, fisiológica y mental que solo es posible en el agua, sin respirar y despojada de todo. El fin es el agua y no importa si es de mar o clorada: es el contenido y no el continente”.

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Inhale, exhale. Cada tanto hay que emerger y respirar, no queda otra.

En los cursos de supervivencia (también en las series policiales de la TV) se recuerda la "Regla del 3". Esta regla indica que un ser humano puede sobrevivir 3 minutos sin aire, 3 días sin agua, 3 semanas sin comida. Por supuesto es una generalización. Y además se refiere a una situación no deseada ni buscada, accidental. La apnea deportiva es otra cosa. Ludmila posee el récord de haber estado 5 minutos y 29 segundos sin respirar. La regla de 3 le queda chica. Aunque el cuerpo pide voz: 

“Lo hagamos como deporte o trabajo (los fotógrafos submarinos también practican apnea), lo único que interpreta nuestro cerebro es que es una situación de supervivencia y actúa en consecuencia”, dice Ludmila. “Al hacer apnea de forma voluntaria y controlada se activa nuestro ser más animal y primitivo, los reflejos mamíferos de inmersión (bradicardia y vasoconstricción periférica, por ejemplo, cuyo fin es ahorrar oxígeno y redistribuirlo a los órganos vitales). Progresivamente, además, se va modificando la relación entre el CO2 y el oxígeno: el dióxido de carbono comienza a acumularse, acidificando la sangre y dando lugar a la ‘hipercapnia’; a la vez que el oxígeno se va consumiendo progresivamente. Aclaro, de todos modos, que nunca llegás a quedarte sin oxígeno. Mucho antes el cerebro activa un mecanismo de supervivencia llamado “black out”, que no es más que un síncope que apaga las funciones voluntarias. Por eso la principal regla tácita en la apnea es nunca hacerlo solo. Quien te acompañe tiene que saber anticiparse y actuar. 

“Como cuando el cerebro detecta la hipercapnia envía impulsos a los músculos respiratorios para que reanuden los movimientos ventilatorios habituales (inhalar y exhalar), los apneistas debemos entrenar esos reflejos y la tolerancia fisiológica, física y mental a esas condiciones. La apnea tiene dos fases: una muy calma y otra de pura lucha interna”.

“Lo que sucedió en aquel campeonato en que logré el récord argentino de apnea estática (5´29”), fue lo siguiente: los primeros 3 minutos fueron de tanta relajación física y mental que, en un momento, sentí que no tenía cuerpo y que era un corazón gigante flotando a la deriva, porque me había concentrado en el sonido de mi corazón que latía fuerte pero cada vez más pausado. A los 3 minutos apareció esa primera señal de hipercapnia, dando lugar a esa otra etapa intensa y fascinante que es la lucha. Y finalmente, la decisión de emerger.

“Pero no siempre lo vivo así. Lo que sí aparece en todas mis apneas es aceptación y decisión, me entrego al proceso, lo vivo segundo a segundo. Y además de lo fisiológico está lo emocional.  Ahí entra en juego la historia de cada uno, el vínculo con el agua, lo que vive en su día a día. Por eso, mi propia definición de apnea es: transformar el oxígeno en acción, reacción y emoción”.

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Habitar el agua es, también, un modo de honrar a sus habitantes.

En las frías aguas patagónicas, aquellas que son su hogar, Ludmila Brzozowski ha tenido varios encuentros con sus moradores. 

En su Instagram (@ludmilabrzozowski) comparte instantes de esa enormidad que es el mar. Hay algo que tira hacia allá al ver esas fotografías, tal vez el azul profundo de las aguas, tal vez la paz que transmiten. Uno quisiera sumergirse con Ludmila, pedirle la mano y que nos lleve a lo más profundo, a danzar con los lobos marinos, a jugar con los delfines. 

“El encuentro con los animales marinos es un regalazo de la vida”, cuenta ella. “Este verano pude cumplir un gran sueño, por ejemplo, de hacer apnea entre delfines que nadaban alrededor, en el mar patagónico. Los observé, entendí su juego y entonces los pude disfrutar mucho. Si me quedaba quieta se acercaban al punto de rozarme y rodearme. Con los lobos marinos me pasó lo mismo, pero con ellos viví una situación extraordinaria: estábamos haciendo fotos y videos para el cortometraje Turn On, en aguas a 9°C, yo estaba desnuda y apareció una pareja de lobos, jugaban  a mi alrededor de una manera diferente, llamativa. Nos dimos cuenta de que se trataba de un ritual de cortejo antes de la cópula y me alejé. Sin embargo mi presencia había resultado tan poco invasiva, tan natural, que me hicieron parte de su juego, no fui una amenaza ni nada que los perturbara. Hacer apnea es eso: la posibilidad de disfrutar de esos encuentros y del agua misma, de la forma más libre y pura, sin nada más que tus pulmones y tu decisión”.

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Tal vez nunca habíamos hablado tanto de la acción de respirar como lo hicimos los últimos tiempos, cuando un virus nos amenazó con quitarnos eso que hacíamos sin pensar: llenar de aire los pulmones, provocar el intercambio gaseoso en nuestro cuerpo.

¿Cuál será el secreto de Ludmila, el secreto de los buscadores de perlas y de los antiguos pescadores, que pueden permanecer minutos en el agua sin emerger? ¿Qué podemos aprender de ellos?

Una de las alumnas de Ludmila, la kinesióloga Jessie Hopkins, explica:

“El entrenamiento en apnea ayuda a mejorar la movilidad diafragmática, que es el principal músculo de la ventilación; a fortalecer los intercostales, que son músculos que intervienen en la misma; y a mantener la movilidad de la caja torácica. Además de que sirve para entrenar la mente, porque se necesita concentración y relajación, y para aumentar la confianza personal.

“Realizar ejercicios respiratorios conscientes, combinados con períodos cortos de apnea, pueden ayudar a manejar mejor el tiempo inspiratorio, espiratorio y aumentar el volumen de aire”.

Aprender a respirar como si nunca lo hubiéramos hecho. O, por lo menos, como si nadie nos hubiera enseñado, que es la verdad. Tomar consciencia de los procesos que realizamos de manera inconsciente, ese es el camino que lleva a la apnea. Ludmila, que es instructora de apnea deportiva, lo sabe bien. Pero no es ese el único truco.

“En mi mundo sumergido, la mayor proeza es respirar”, dice. “Pero también es el único lugar y momento en que logro calmar mi cabeza, que es bastante inquieta”. 

En ese mundo sumergido Ludmila aguanta el aire pero suelta el cuerpo. 

Hay que impedir que los músculos usen el oxígeno que se guarda. Hay que impedir que la mente haga un barullo que no corresponde. Hay que mantener el aire para soltar todo lo demás. 

“Trato de encontrar el balance entre la quietud mental e inquietud de movimientos, y viceversa. ¿Cómo es eso? Cuando me ven explorando aguas, compitiendo o afrontando algún desafío, mi cabeza encuentra calma, foco, cierta quietud de pensamientos, pero mi cuerpo está en movimiento, fluye y se entrega a otras experiencias que parecen imposibles. En cambio, en mi vida cotidiana, ese cuerpo está más quieto, más limitado para ser y hacer, aferrado a un lugar y una rutina, y entonces es la cabeza la que se mueve por dentro”.

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Inhale, exhale.  

Ludmila prefiere alejarse del lugar común que indica que lo que hace es superar límites. El límite está, hay que conocerlo, llegar al mismo con el respeto que ofrece el entrenamiento duro, la tozudez que arrastra desde que, con 10 años, nadaba por el fondo de la pileta. 

De algún modo Ludmila nos representa a todos en su búsqueda, porque cada vez que regresa al agua nos recuerda que de allí surgió la vida. Y algo más, nos dice: 

“La palabra clave es pasión. Quizá eso hace la diferencia y te lleva a resolver cualquier obstáculo para continuar”.

Respire.


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