La comunidad invisibilizada de 2 millones de personas que lleva a preguntarse: ¿es Argentina un país racista? | RED/ACCIÓN

La comunidad invisibilizada de 2 millones de personas que lleva a preguntarse: ¿es Argentina un país racista?

Dos abogados afrodescendientes crearon una materia en la Facultad de Derecho de la UBA sobre los procesos sistemáticos de invisibilización, exclusión y marginación de las comunidades afro de la Argentina y las historias de la población afrodescendiente. “Nunca dejó de haber población negra en el país”, dice uno de ellos.

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El 22 de agosto de 2002, María Magdalena “Pocha” Lamadrid, referente de la organización argentina África Vive y descendiente de zulúes, fue demorada seis horas en el aeropuerto de Ezeiza cuando se preparaba para viajar a Panamá. Fue por un error de una oficial de Migraciones, que no reconoció la validez de su pasaporte. Pero lo peor de todo fue que, entre los comentarios que le hicieron cuando la detuvieron, uno fue inaceptable: le dijeron que no podía ser argentina si era negra. Paradójicamente, Lamadrid iba a Panamá —en representación de los afroargentinos— a un encuentro sobre Martin Luther King Jr.

“La gente tiene tan instalado en su imaginario la idea de la desaparición de los negros en la Argentina y de que somos todos descendientes de europeos, que cuando ve a una persona negra no puede aceptar que sea argentina”, dice Patricia Gomes, abogada descendiente de inmigrantes de Cabo Verde y titular de una cátedra nueva de la Facultad de Derecho de la UBA: “Derechos de las comunidades negras en Argentina desde una perspectiva afro”. Sigue: “Eso está muy instalado y tenemos que desarmarlo para tocar también otros temas del racismo estructural en la Argentina”.

La gran novedad en esa vieja historia de la comunidad afroargentina es esta cátedra: la primera de su tipo en nuestro país. Será una materia bimestral, se dictará dos veces por año (en marzo/abril y en agosto/septiembre) y tratará sobre los procesos sistemáticos de invisibilización, exclusión y marginación de las comunidades afro de la Argentina; las conceptualizaciones de raza; las dimensiones y las consecuencias del racismo en la población afrodescendiente; la violencia institucional; y el temario sigue. Hay 47 inscriptos (suelen ser entre 15 y 25 en materias optativas como esta) y 120 oyentes. 

“Uno de los principales mitos que tenemos que destruir respecto de las comunidades afroargentinas”, sigue Gomes, “es la desaparición: la invisibilización estadística e historiográfica para borrar a las poblaciones negras tuvieron como objetivo blanquear a la población argentina, al tiempo que desde lo discursivo se fue instalando la idea de la desaparición de las poblaciones afroargentinas producto de las guerras, las enfermedades y la baja natalidad. Fueron muchos los argumentos instalados principalmente a través de la escuela. Y eso es lo que tenemos que desarmar porque tiene como consecuencia directa nuestra permanente extranjerización”.

Las vidas paralelas de los inmigrantes senegaleses en Argentina

En nuestro país (donde el 8 de noviembre se celebra el Día Nacional de los afroargentinos y la cultura afro) hubo tres procesos de inmigración africana

  • Entre 1777 y 1812 entraron al puerto de Buenos Aires y al de Montevideo más de 700 barcos, con 72.000 esclavos africanos. Algunos provenientes de Angola, Congo y Mozambique, y otros del sudeste de África. Por cada persona que llegó a América, otras cuatro murieron en el camino. En el primer censo que se hizo en el territorio de lo que sería Argentina, en 1778, se contaron 92.000 afro sobre un total de 200.000 habitantes: el 46% de la población.
  • En el siglo XIX, a principios del XX y luego del fin de la Segunda Guerra Mundial llegaron desde Cabo Verde, ingresando no como esclavos, sino como ciudadanos libres, huyendo de la colonización portuguesa y de las condiciones de hambre y miseria que había en sus islas. Se establecieron principalmente en Ensenada y Dock Sud, cerca de los puertos donde podían encontrar trabajo.
José Ferreira, nacido en 1877 y llegado en 1908 desde Cabo Verde. Foto: Sociedad Caboverdeana
  • En la década de 1990 llegó gente desde Mali, Senegal, Mauritania, Liberia y Sierra Leona. En su mayoría fueron varones jóvenes que vinieron en busca de mejores condiciones de vida. Esto coincide con el endurecimiento de las políticas migratorias de los países europeos.

Se dice que los afroargentinos perecieron en las guerras del siglo XIX, como la de Paraguay (entre 1865 y 1871). Pero más fuerte que eso en su aparente desaparición fue un cambio técnico en los censos para dejar de anotar población negra y pasar a anotar trigueña. Hubo, además, un proceso de mestizaje. Y también las migraciones europeas hicieron su parte: al duplicar la población, el conjunto blanco creció y el afrodescendiente cayó en porcentaje. 

Pero entonces, ¿qué pasa hoy con los afroargentinos? “Estás hablando con uno”, dice Alí Emmanuel Delgado, el otro titular de la cátedra “Derechos de las comunidades negras en Argentina desde una perspectiva afro”.

En el censo de 2010 se le preguntó por primera vez a las personas si se creían afrodescendientes y 149.493 dijeron que sí. Sin embargo, según las organizaciones que las representan, las personas con origen africano son dos millones (mucha gente no se percibe afrodescendiente, aunque lo es). Una medición del INDEC y la UNTreF estimó en 2005 que son cerca del 5% de la población. Una de ellas es Louis Yupanqui, la influencer argentina que hace activismo negro en Instagram.

En Brasil, en cambio, la población afrodescendiente creció mucho en pocos años por políticas públicas: se empoderó la negritud. “Acá, en cambio, tenemos una invisibilización de más de un siglo”, dice Delgado, “pero nunca dejó de haber población negra”. Por si no lo sabías: el tango tiene raíces africanas y el locro es una comida africana.

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“La Argentina es un país muy racista”, sigue Delgado, “pero no se identifica al racismo porque la construcción del discurso de que ‘la Argentina no es racista’ está naturalizada y tiene como base la negación de la negritud argentina. Dice que en la Argentina no hay negros, y eso es un argumento racista paradójico para decir que no se es racista. Pero hay muestras de racismo: la violencia institucional, el color de la gente en las cárceles es diferente al de la televisión, etcétera”. En 2016, el confuso crimen de Massar Ba —un referente de la comunidad senegalesa— fue un ejemplo cruento.

Alí Emmanuel Delgado y Patricia Gomes en la Facultad de Derecho. Foto: Télam/Raúl Ferrari

Educación para un mundo más justo

Preguntamos a nuestra comunidad de lectores qué contenidos educativos —como los de esta cátedra nueva— le hubiera gustado recibir para ser parte de un mundo más justo…

… y las respuestas fueron variadas y elocuentes:

  • “Yo reformularía la materia Educación Cívica desde un lado más humano, con una visión más real de nuestro país y principalmente para poner foco en la solidaridad y en la empatía como principal deber cívico de todo ciudadano que habite nuestro suelo” (Cecilia Lede).
  • “Inteligencia emocional, primeros auxilios psicológicos, primeros auxilios normales, comprensión lectora, pensamiento crítico, historia y actualidad latinoamericana, historia y actualidad africana, historia y actualidad asiática, historia y actualidad de las comunidades afro, indígenas, judías; feminismo, cómo cuidar el medio ambiente, lenguaje de señas, arreglos y vida en el hogar (?), cocina básica, cómo conseguir empleo y no morir en el intento, cómo emprender y no morir en el intento” (Vanessa Sarmiento).
  • “Más educación en diversidad, principalmente discapacidad e integración” (Araceli Yada).
  • “Cursos para poder hablar con alguien que entra en crisis en un contexto laboral... o en cualquier contexto, talleres de género, talleres para ayudar en barrios. Muchas universidades tienen Secretarías de Extensión, pero pocas realmente salen de la burbuja elitista del conocimiento. Demasiados textos que nunca NUNCA van a ser aplicados” (Julieta Franco).
Miembros de la Sociedad Caboverdeana de Dock Sus, circa 1959. Foto: Sociedad Caboverdeana
Caboverdeanos en Sportivo Dock Sud, circa 1960. Foto: Sociedad Caboverdeana

Un homenaje a los orígenes

La ciencia dice que las razas no existen, pero la idea de raza y sus consecuencias históricas se mantienen. “La raza constituye una categoría social poderosa y tiene efectos concretos en la vida de las personas”, explica Patricia Gomes. “Decir que los negros son buenos para los deportes o la música limita nuestro campo de acción y nos cierra las puertas: biológicamente no estaríamos aptos para ser diputados, médicos o abogados”.

“El cuerpo de cada persona”, agrega Delgado, “cuenta una historia atravesada por distintos hechos de la realidad. Nuestros cuerpos están atravesados por el racismo: lo vivimos todos los días desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, y en los sueños también. Tenemos la decisión de tener aliades blanques porque son quienes están en el lugar de toma de decisión, pero no es lo mismo quién cuenta la historia: hay que escuchar a quienes sufren en su cuerpo el racismo”.

Una de las principales investigadoras sobre la comunidad afroargentina es la profesora de Literatura Miriam Gomes, y sus textos están incluidos en esta nueva materia junto a los de Angela Davis, Frantz Fanon y otros. “La cátedra reviste una importancia fundamental en dos niveles”, dice. “Primero porque es inaugural y segundo porque va a estar formando a aquellos abogados y abogadas que en el futuro manejen la ley, que es un instrumento que puede transformar la realidad”.

Además, Gomes asegura que la comunidad afroargentina ha sido muchas veces motivo de tesis y trabajos académicos. “El problema es que hay una escasa circulación de esos conocimientos”, explica. “La academia los tiene relegados para seguir sosteniendo el mito de la Argentina blanca y europea, un proyecto que fracasó estrepitosamente”. 

Aniversario de la Sociedad Caboverdeana a principios de los '70. Foto: Sociedad Caboverdeana

Los titulares Patricia Gomes y Alí Emmanuel Delgado son primos. La autora Miriam Gomes es su tía. José, el abuelo nacido en San Vicente, Cabo Verde, vino en 1948 y se dedicó a la marina mercante. La bisabuela y el bisabuelo (los padres de la abuela Zunilda) ya estaban en la Argentina hacia 1910, llegados, cada cual a su tiempo, desde esas mismas islas.

“Crecí en la casa de mis abuelos, que era como una embajada de Cabo Verde”, dice Patricia. “Y tuve la suerte de criarme con Miriam Gomes, que me enseñó, desde muy pequeña, el orgullo de pertenecer a nuestra comunidad. Al haber crecido en ese contexto, consolidé mi identidad muy rápido. Comía cachupa los domingos y desde que tengo memoria corría por los pasillos de la Sociedad Caboverdeana”. Abrir una cátedra que en parte se refiera a los propios orígenes también es honrarlos.

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