La confitería de la escucha | RED/ACCIÓN

La confitería de la escucha

| Intervención: Pablo Domrose

El hombre luce calmo, y mientras conversamos toma un largo trago de té verde. Estamos en Bangalore, India, donde nació y hoy dirige Chai 3:16, “la confitería de la escucha”. Benny Prasad –43 años, tez negra, pelo largo, sonrisa apacible– hace algunos años alcanzó un récord: en 6 años, 6 meses y 22 días recorrió 245 países alrededor del mundo, llevando su música cristiana. Hoy, en esta urbe de 12 millones de habitantes al sur de la India, atiende una casa de té que, además de infusiones, da contención.

Chai 3:16 es un lugar que rompe un paisaje monótono. Por su estructura moderna (sus blancos, azules, rojos y violetas) y su tamaño imponente, se destaca en un barrio de las afueras de la ciudad, donde abundan las casas bajas y los caminos de tierra. Allí, un staff de 10 voluntarios sirve gratuitamente variedades de té a jóvenes que atraviesan soledad, la tristeza o principios de depresión y que llegan en busca de alguien que les preste atención. “Estamos acá para ofrecer nuestro tiempo y escucharlos”, resume Benny.

“Me di cuenta de que India, en términos de salud mental, es bastante pobre. En particular, hay muchos estudiantes que atraviesan muchas presiones, desafíos y miedos”, explica. Y cuenta que abrió Chai 3:16 hace tres años, luego de tener “una visión de Dios”. En ese momento comenzó a realizar conciertos para vender sus CDs y juntar el dinero que le permitió empezar su nuevo sueño. Hoy, el lugar recibe un promedio de 50 estudiantes por día.

De planear su suicidio a recorrer el mundo

Benny sabe empatizar con el dolor de quienes llegan a Chai 3:16. Su padre, un destacado científico aeroespacial, depositó sobre él la carga de continuar un legado de gran prestigio intelectual, ante lo cual Benny respondió con un pobre desempeño académico. A ello se sumó un diagnóstico de asma y un error en la medicación que le proveían: a los 16 años, con el 60% de sus pulmones dañados, los médicos le dieron 6 meses de vida. Se considera un sobreviviente.

“Para entonces había fallado en mi educación y no tenía esperanza para mi futuro. Entonces empecé a planear mi suicidio”, recuerda Benny. Dice que fue entonces cuando tuvo un “encuentro personal con Jesús”, quien le dijo que no era un inútil, que había grandes planes para él y quien, más tarde, lo inspiraría a recorrer el mundo con su música.

Tres años más tarde, al cumplir los 19, Benny empezó a tocar la guitarra. Si bien nunca tuvo facilidad para la música su persistencia lo llevó a practicar 7 horas diarias. A los 25 consideró que podía hacer de la música la vía (y la excusa) para compartir su experiencia espiritual.

Durante su primer año dedicado a la música trabajó para un grupo de jóvenes misioneros cristianos, y hasta entonces no había salido de India más de 5 veces. Sin embargo, en 2002 comenzó a planear sus viajes a escala global: recorrería el mundo para compartir las melodías de su guitarra y las experiencias de su corazón.

Su entorno consideró aquel sueño una locura. Benny, para entonces, ya había recibido respuestas negativas al aplicar para los visados de Estados Unidos y de Gran Bretaña. El primer viaje de su travesía global también comenzó mal: con 545 dólares se embarcó en Moscú para comenzar una gira por Europa. Pero, tras negarse a dar un soborno y ser retenido 30 horas en la capital rusa, fue deportado y enviado nuevamente a India.

Sin embargo con el tiempo su determinación lo llevó a viajar a 50 países por año, a veces hasta 4 en un día. Siempre para dar un concierto gratuito organizado por comunidades cristianas locales. Y en lugares tan remotos como la isla Pitcairn, una colonia británica considerada el país menos poblado del mundo (en 2016 tenía 57 personas) y al que Benny llegó tras viajar dos días en un bote disponible una vez al trimestre.

En Argentina, solo visitó Buenos Aires. En total, estuvo en 194 países soberanos, 51 países dependientes y en la Antártida (cuyo frío era toda una amenaza para sus frágiles pulmones). Fue entre el 1ro de mayo de 2004 y el 22 de noviembre de 2006. Su raid musical incluyó los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, y el mundial de fútbol de Alemania 2006. Fue en esa época en la que diseñó y creó una guitarra con un bongo incorporado, y el bentar, una guitarra de 54 cuerdas.

En el camino, estima haber tomado alrededor de 2 mil vuelos y señala que perdió muy pocos. También aclara que, confiado en la provisión de Dios y orgulloso de su nacionalidad, nunca quiso tomar atajos: cuando ya había hecho varios viajes, tuvo ofrecimientos para obtener la nacionalidad australiana, británica, estadounidense y holandesa, algo que hubiera facilitado más de un visado. A su vez, se prometió, desde un principio, nunca tomar un préstamo para costear un viaje.

El récord lo completó con una escena digna de ficción. Solo le faltaba visitar Pakistán, un país vedado para cualquier indio que no tuviera familiares o una invitación oficial de ese país limítrofe. Pese a no contar con ninguno, telefoneó hasta el cansancio (contó 334 llamadas en 4 días) para obtener una excepción, pero no tuvo respuestas positivas. Ya con pocas esperanzas, coincidió con dos diplomáticos pakistaníes en el ascensor de un hotel en Corea del Norte. Les explicó su situación, y ellos intercedieron por él.

Escuchar, la clave

Más de ocho años pasaron desde que Benny aterrizó aquella vez en Karachi, la ciudad más grande de Pakistán. Ahora, sus energías están puestas en Chai 3:16.

Prasad explica que Chai, además de ser la palabra para “té” en India, significa “vida” en hebreo, uno de los idiomas bíblicos. Los números, 3:16, hacen referencia a uno de los versículos más populares del Nuevo Testamento, Juan 3:16, que habla sobre la vida eterna.

El lugar cuenta con 400 sillas, en mesas suficientemente distanciadas para que quienes asisten en busca de compartir sus problemas puedan hablar tranquilos.

“Las personas celebran tus éxitos, pero cuando llegan los problemas, muchos no quieren compartirlos, así que la gente no sabe dónde ir. Tienen miedo de la respuesta que otros puedan darles”, es el cuadro que aprecia Benny.

“Nuestra meta es 80% de escuchar y 20% de hablar”, destaca. Dice que escuchan “hasta que la persona termina de hablar”. En una ocasión fueron 8 horas. Luego de la escucha, intentan aconsejar.

Benny dice que en Chai 3:16 se ofrecen “primeros auxilios” en materia de salud mental. Y en ellos incluye las tendencias suicidas. Como esa que logró superar en su adolescencia, antes de que sus sueños lo llevaran a infundir esperanza, en Bangalore y en cada rincón del mundo.

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