Sociedad | RED/ACCIÓN
Sociedad | 18 de marzo de 2019

Fotos: Rodrigo Mendoza | Intervención: Pablo Domrose

Escuela de Líderes: los jóvenes que buscan transformar la realidad a través de la solidaridad

Desde 2017, la Escuela de Líderes para la Comunidad, organizada por Red Solidaria, reúne a jóvenes de entre 16 a 24 años que sueñan con formarse como líderes del futuro para generar un cambio positivo en su comunidad. A través de encuentros con referentes en lo social, deportivo, artístico, científico y tecnológico, los jóvenes aprenden herramientas y forman equipos de acción para implementar sus propios proyectos. Algunos llegan allí buscando respuestas; otros, sabiendo que éste es el espacio que siempre estuvieron buscando. Pero todos, con un mismo objetivo: transformar la realidad a través de la solidaridad. Aquí te presentamos a los jóvenes que dirigen la escuela de líderes, que este año arranca el lunes 25 de marzo.

“La escuela surge de la idea de transformar sueños en realidad. Saber que cualquiera de nosotros puede triunfar en lo suyo, pero lo que necesita el mundo actual, además de un líder, es un equipo, con una preocupación ética y moral por la sociedad”, dice Martin Giovio, voluntario de la Red Solidaria. “Es un espacio para pensar, crear, escuchar y compartir ideas, sueños, experiencias e historias de distintos líderes de distintos sectores de nuestra comunidad”.

Desde 2017, llegaron a la Escuela de Líderes para compartir sus experiencias y proyectos Matías Lammens (Presidente de San Lorenzo), Charly Alberti (baterista de Soda Stereo), Margarita Barrientos (fundadora del comedor Los Piletones), Horacio Vogelfang (trasplantólogo del Hospital Garrahan), Luján Rey (madre de víctima de la tragedia de Once), Rodolfo Donofrio (Presidente de River), Gabriela Michetti (Vicepresidenta de la Nación) y Gino Tubaro (fundador de Atomic Lab), entre muchos otros.

¿Quiénes son los jóvenes que, desde distintas partes del país, llegan a la escuela para aprender cómo hacer sus sueños realidad? Conocimos a cinco de ellos y te contamos sus historias.

Mercedes Márquez, 19 años, creó Doná Sangre, Regalá Vida. Foto: Rodrigo Mendoza

Mercedes: festejar dando vida

De chica, Mercedes Márquez (19) siempre supo que quería dedicarse al desarrollo social, pero al terminar el colegio, no sabía qué carrera la ayudaría a tener el mayor impacto en su comunidad. Fue así como llegó a formar parte de la primera Escuela de Líderes en 2017.

“Justo había terminado el colegio y estaba bastante perdida vocacionalmente, laboralmente, en mi casa, en todos lados”, cuenta Márquez. “La escuela me enderezó mucho, me hizo darme cuenta de muchas cosas que yo quería. Y me dio herramientas para ver que había cosas que yo quería que eran posibles”.

Hoy, Márquez estudia psicología y trabaja de docente. En agosto de 2018, creó la iniciativa “Doná Sangre, Regalá Vida”, a través de la cual invita a las personas a festejar su cumpleaños donando sangre e invitando a sus amigos a donar.  

“Antes de cumplir los 18 años, todas mis amigas me preguntaban qué iba a hacer, y yo les decía que iba a donar sangre. En mi vida la donación de sangre fue algo que siempre estuvo muy cerca mío. Cumplir los 18 para mí no era sobre poder salir al boliche, sino para poder donar también”, cuenta Márquez.

Para Márquez, poder donar sangre durante un cumpleaños es una manera de agradecer su vida y su salud. “Donar sangre es algo hermoso. Es dar algo con mucha gratitud, de que uno puede donar”, dice Márquez. “La sangre no hay otra manera de darla que no sea saliendo del cuerpo de uno, por ahora no hay sangre artificial. Creo que ahí tiene que pasar la conciencia, de que si no somos nosotros no hay nadie. Si no soy yo, si no somos nosotros, ¿quién es?”

Tomás Chaufan, 23 años, ayuda a personas en situación de calle. Foto: Rodrigo Mendoza

Tomás: acercarse a personas en situación de calle

Voluntario de la Red Solidaria desde muy jóven, Tomás Chaufan (23), participó de la primera Escuela de Líderes en 2017 con el objetivo de aprender nuevas herramientas y proyectos para continuar a las personas en situación de vulnerabilidad.

“La escuela te abre mucho las puertas para darte cuenta que las acciones solidarias son en el día a día. Tal vez acercarte al principio es difícil, pero una vez que ya pudiste romper la barrera, te das cuenta de que no es nada de otro mundo, y no es nada difícil ayudar a la gente. Una vez que encontrás esa necesidad en el otro, son acciones pequeñas que van haciendo un cambio”, dice Tomás.

El tema que más moviliza a Chaufan es el de las personas en situación de calle. Por ello, cada año, participa activamente de la campaña Frío Cero de Red Solidaria, que ofrece comida, ropa y compañía a las personas en situación de calle durante los meses más fríos del año.

“Al vivir en capital y moverme mucho por el centro, lo tengo muy cercano al tema de personas en situación de calle”, cuenta Chaufan. “A las personas en situación de calle hay que acercarse como a cualquier otra persona con la que quieran hablar. Acercarse, y desde una conversación preguntarle cómo está, si necesita algo urgente. Es más fácil y rápido y ayuda un montón”.

Para Chaufan, ese acercamiento puede cambiar todo en la vida de una persona. “Un ‘hola, ¿cómo estás?¿qué necesitás?’ hace toda la diferencia. Muchas veces la persona viven en la calle en la esquina de mi casa, y es un vecino más. Hay que tratarlo como tal, y no tratarlo como una persona que casi no es una persona, eso hace que sea mucho más difícil para ellos”, dice Chaufan y llama a las pequeñas acciones: desde acercar una campera o un par de medias secas, hasta compartir un plato de comida caliente.

Joaquín Martínez Christensen, 26 años, creó Festejo Solidario. Foto: Rodrigo Mendoza

Joaquín: festejar para devolver la niñez

Licenciado en Administración de Sistemas, Joaquín Martínez Christensen (26) quería arrancar el 2017 con un cambio positivo en su vida. “Mi lema era: si esto que te propones no te hace mal, dale para adelante”, cuenta con una sonrisa. Fue así como, luego de leer sobre la Escuela de Líderes en el diario, decidió sumarse a la propuesta.

“Lo que más me marcó de la escuela fue el pequeño aporte. Yo tenía un concepto de que para ser solidario había que hacer el viaje a África e inmolarse a lo Angelina Jolie y adoptar a 25 hijos”, recuerda Martínez Christensen. “Pero a través de los proyectos que íbamos conociendo, me di cuenta que realmente el impacto, el cambio, pasaba por pequeños aportes de un montón de personas. De que si todo el mundo hacía un pequeño aporte, llegábamos a ese gran objetivo”.

Mientras cursaba en la escuela, la inminente llegada de su cumpleaños lo inspiró a crear un proyecto: Festejo Solidario.

“Las semanas antes de mi cumpleaños mis padres me preguntaban qué querían que me regalen, y yo les decía que no necesitaba nada. De repente cayó la idea de que el día de mi cumpleaños en vez de recibir, quería dar. Yo realmente no quiero nada, pero hay alguien que si lo necesita”.

La propuesta de Festejo Solidario surge de un dato: el 17% de los niños del país de entre 1 a 12 años no festejó su último cumpleaños. La mayoría de ellos, viven en situación de vulnerabilidad.

“Detrás del festejo de cumpleaños, hay un desarrollo de psiquis muy importante. Los chicos con los que festejamos son chicos que han tenido una maduración muy acelerada. Por ahí tienen 7 años y ya son un pequeño amo de casa, o están trabajando”, dice Martínez Christensen. “Festejarles el cumpleaños es decir, no tenés 20 años, tenés 7. Y así, de alguna manera, le devolves la niñez”.

Todos los meses, un grupo de voluntarios de Festejo Solidario visita 6 centros recreativos en barrios vulnerables en el conurbano bonaerense para festejarle el cumpleaños a todos los niños que hayan cumplido ese mes. Llevan comida, regalos, animación, piñatas, bolsas de golosinas, y tortas con velitas para los cumpleañeros.

Hasta el día de hoy, el proyecto le ha festejado el cumpleaños a 400 chicos, y este año Martínez Christensen y su co-fundador Tomás Ordoñez planean expandir el proyecto a un centro en la Villa 31 y otro en el interior del país.

Clara Martorello (23) y Agustín Sundblad (21), de la primera camada de la Escuela de Líderes. Foto: Rodrigo Mendoza

Clara y Agustín: orientar a otros jóvenes hacia un camino solidario

Clara Martorello (23) y Agustín Sundblad (21) formaron parte de la primera camada de la Escuela de Líderes y hoy siguen participando de la iniciativa como “orientadores” de los nuevos estudiantes.

“Yo siempre pensaba que para ayudar tenías que tener ciertas capacidades, diferentes cualidades. Y lo que me dí cuenta en la Escuela de Líderes es que no, que nada que ver, que todos somos distintos y que esas diferencias nos ayudan a potenciarnos”, dice Martorello. “Todos trabajamos o estudiamos cosas distintas, y nos vamos ayudando entre nosotros y enseñando las distintas cosas que sabemos hacer”.  

Ambos coinciden en la importancia de que los jóvenes lideren iniciativas de solidaridad para lograr un futuro mejor.

“Todos tenemos una meta, un ideal de lo que queremos lograr para el mundo. Pero que todos nos estemos juntando en la escuela de líderes para intentar transformar la realidad, eso ya es el éxito”.

¿Te interesa sumarte a la camada de este año? Los encuentros comienzan el 25 de marzo y finalizan el 3 de junio, y se llevarán a cabo todos los lunes por la tarde en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Las inscripciones son gratuitas a través de [email protected] o a través del Instagram de Red Solidaria.

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Sociedad | 15 de marzo de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Familias de acogimiento: el compromiso de dar amor por tiempo limitado

Abandono, maltrato o enfermedad de los padres son algunos de los motivos por los cuales ciertos niños se encuentran privados del cuidado de sus familias biológicas. En estos casos, el Estado adopta medidas de protección, cuya finalidad consiste en el resguardo o la restitución de sus derechos. Una de las alternativas de cuidado para los pequeños que se encuentran transitando los primeros años de vida es el acogimiento familiar. En la primera infancia el apego y el contacto personal resultan especialmente importantes, y la institucionalización en hogares o residencias puede generar consecuencias negativas en el desarrollo vital.

En Argentina, la trayectoria de los programas de Acogimiento Familiar es muy heterogénea. Aún no existe un registro a nivel nacional, ni iniciativas que unifiquen los criterios. Cada provincia dispone de sus propias reglas. Por ejemplo, el programa de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a funcionar en 2015 a través de la Dirección General de Niñez y Adolescencia (DGNyA) del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat. Actualmente, hay 20 familias involucradas y hace falta que se sumen 200 más. “Si logramos llegar a este número, vamos a poder trabajar en la individualidad de cada chico”, señala Gabriela Francinelli, Directora General de Niñez y Adolescencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando se detecta a un niño que atraviesa una situación de vulnerabilidad, el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes interviene para tomar una medida de protección. Se presenta el caso en un juzgado de familia y se pide la vacante en la DGNyA. A partir de entonces, se decide qué familia va a alojar al chico.

Para poder participar del programa en la ciudad de Buenos Aires hay una serie de requisitos: contactar a la DGNyA; asistir a charlas informativas y participar del proceso de evaluación psico-social del grupo familiar; obtener la certificación de aptitud como familia de acogimiento luego del proceso de evaluación; realizar capacitaciones básicas en legislación, cuidados y RCP, entre otras. Pueden ser familias acogedoras todas las que sean residentes en la Ciudad, que posean capacidad para brindar cuidados y que cuenten con una organización familiar que permita acompañar por un tiempo el desarrollo de un niño o niña. El Gobierno de la Ciudad brinda un subsidio mensual (equivalente al 75% del salario mínimo, vital y móvil), además de la entrega de pañales y leche, a la familia, en beneficio del niño.

“Esta es una política pública pensada para chicos que van de cero a seis años”, explica Francinelli. “Estos primeros años de vida son constitutivos de la  subjetividad y la vida emocional futura. El tiempo que están en las familias de acogimiento es corto. La mayoría no supera los seis meses. De todas formas, hay algunas excepciones que pasan ese período. Luego, los niños vuelven a su núcleo familiar, a la familia ampliada, o se recurre a otra estrategia de derechos como la adopción”.

El programa garantiza el respeto a la familia de origen del niño o niña y a su identidad cultural. El acogimiento familiar supone siempre una experiencia temporal que no debe confundirse con la adopción ya que justamente uno de los requisitos para participar de este programa es no estar inscripto en ningún Registro de Aspirantes a Guarda. Por este motivo, en general los perfiles más buscados son personas que ya tienen hijos. Francinelli cuenta que también participan matrimonios igualitarios y madres o padres solteros (hogares monoparentales).

Por otro lado, la funcionaria aclara que el programa no es la mejor opción en todos los casos. Por ejemplo, cuando hay grupos de hermanos se prioriza alojarlos a todos juntos. Agrega: “No podemos albergar a seis hermanos que van de cero a 16 años en una familia. En esa situación recurrimos un hogar de niñez”.

Familias Solidarias es el nombre que recibe el programa en Provincia de Buenos Aires. Actualmente, participan 180 familias y se espera que este año estén involucradas 230. La propuesta empezó en 2016, en convenio con municipios  y ONGs. Las familias son llamadas por convocatorias públicas y las interesadas se acercan al Servicio Zonal correspondiente, donde reciben asesoramiento. En este caso, el programa está pensado para niños de cero a tres años. Los requisitos para la postulación de la pareja o de la persona son: tener entre 25 y 65 años; que todo el grupo familiar conviviente esté de acuerdo con la participación; y no tener antecedentes penales. El programa abarca desde Ramallo hasta Bahía Blanca y del Partido de la Costa a Adolfo Alsina.

Una de las organizaciones que trabaja con la Provincia en la implementación del programa es Familias de Nazaret, que se encuentra en San Isidro. Actualmente, tiene 15 bebés a cargo y 43 familias anotadas.

“El principal obstáculo que tiene el programa es el miedo al despegue”, relata Nora Villagra, directora de Familias de Nazaret. “Todos aquellos que participan tienen que tener en claro que de ninguna manera pueden quedarse con estos niños. Cada partida es un agujerito que te queda en el corazón, pero también es muy gratificante saber que se dio lo mejor por alguien. Es una experiencia de amor diferente. Estás amando a alguien que no sabés de dónde viene, ni cuánto se va a quedar. Si el niño o niña se da en adopción hay posibilidad que la familia siga en contacto, si vuelven con la familia biológica no suelen quedar en contacto”.

Lucia Sentous y Cristian Andrada ya tenían cuatro hijos cuando decidieron sumarse al programa Familias Solidarias. “La mamá de unos compañeros del colegio de mis hijos pasó por la experiencia y cuando vi de qué se trataba me interesó. Primero, se lo comenté a Cristian y después lo hablamos con los chicos. Fue algo muy pensado en familia. Mi miedo era que suframos mucho. Es muy difícil no encariñarse con un bebé”, relata Sentous muy emocionada.

Con la decisión tomada, los Andrada se pusieron en contacto con Familias de Nazaret. Al poco tiempo, los llamaron para contarles que Rodolfito, un bebé de dos meses, estaba en el hospital, sin que nadie lo viera, y necesitaban que una familia se hiciera cargo. Aceptaron llevarlo a casa y Rodolfito compartió unos meses con ellos.

“Fue divertido tener a Rodolfito. Jugábamos con él y le dábamos la mamadera”, cuenta Pilar Andrada, la hija de 10 años del matrimonio.

Finalmente, la familia de origen de Rodolfito pudo acomodarse y recibir nuevamente a su hijo. Los Andrada no conocieron a los padres biológicos y tampoco saben sus historias.

Tras la partida de Rodolfito, Lucia, Cristian y los chicos necesitaron un tiempo para hacerse a la idea y procesar la experiencia. A los seis meses, ya estuvieron listos para recibir a Dylan, un bebé de un año.“Como mamá de tránsito lo que uno busca es dejar huellas, de las que no se van a acordar, pero que van a marcar sus vidas”, señala Sentous.

Dylan también volvió con su familia biológica, por lo tanto los Andrada ya no están en contacto con él. “Cuando los chicos se van, armamos un álbum con fotos, que ilustra lo que vivió con nosotros. También anotamos en un cuaderno toda la información médica del bebé”, cuenta Sentous.

La última experiencia de los Andrada fue como familia de apoyo. Es decir, ayudaron a una familia de acogimiento, que tenía un viaje ya planeado al exterior y no podía llevar al chico fuera del país. “Nosotros nos convertimos en los tíos de tránsito”, destaca Lucía.

Ahora, la pareja decidió tener un hijo más: los chicos pedían un bebé que se quede y no se vaya.

La familia Alvarado también tuvo dos niños en su casa, pero en el caso de ellos fueron experiencias más largas y ninguno de los dos volvió a su familia de origen, sino que fueron adoptados.

“Desde el primer momento, nos dejaron en claro que nuestra misión era cuidar y entregar al bebé. Los tratábamos igual que a nuestros hijos, pero sabíamos que no eran nuestros y que se iban a tener que ir. Nosotros no tenemos intención de adoptar. Nos encargamos de dar afecto en los primeros años de los chicos. Son cosas distintas”, cuenta Miguel Alvarado.

Miguel y Paula tienen dos hijos, Matías y Bautista. Ellos aseguran que una cuestión muy importante para ser familia de acogimiento es el diálogo y el consenso sobre el proyecto. Recurrentemente, se sentaban los cuatro para ver cómo iban con la experiencia.

L. llegó a la casa de los Alvarado con tres meses y se quedó un año y medio. “Tuve que darle 15 remedios por día durante varios meses. Estaba en el hospital por problemas nutricionales. Cuando lo vi, le dije a Miguel que lo quería tener en casa”, relata Paula. El segundo niño llegó con 10 meses y se fue con cuatro años.

“Tenemos buena relación con las familias que los adoptaron. Cada tanto, los traen a casa”, dice Miguel.

Tanto los Andrada como los Alvarado coinciden en que muchas personas se acercan a ayudar cuando se enteran que tienen a un bebé de tránsito. Se genera una onda de solidaridad que se va expandiendo con la gente de alrededor. Si bien no recibieron subsidios, en ambos casos Familias de Nazaret les dio leche y pañales. Además, el Círculo Médico de San Isidro les da la obra social a los chicos.

“Cuando alguien me pregunta cómo hago para entregar a los chicos, les explico que puedo hacerlo porque tengo en claro que el bebé no es mío”, enfatiza Miguel. “Claro que los extrañamos y es un desgarro cuando se van, pero uno está contento porque sabe que les dio todo lo que se pudo. Si bien uno queda cansado, tanto por lo físico como lo emocional, después uno se reacomoda”.

Sociedad | 12 de marzo de 2019

Foto: Procuración Penitenciaria de la Nación

Por el hacinamiento, la Justicia ordenó ampliar la capacidad en las cárceles federales

Un tribunal le exigió al Gobierno “poner en marcha obras que amplíen la capacidad” en todo el país. Consideró que por la superpoblación y el hacinamiento que hay en los penales federales, las condiciones de alojamiento son “inhumanas”. En apenas 15 meses, la superpoblación se multiplicó por cinco. ¿Por qué crecieron tanto las detenciones?

Qué pasó. Los jueces de la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, Marcelo Lucini y Magdalena Laiño, consideraron más que probada la superpoblación en las cárceles federales y le ordenan al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y al Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda que de manera “inmediata” destinen fondos para ampliar la capacidad de los penales.

Extracto del fallo de la Cámara del Crimen.

Qué condiciones observó el tribunal. A lo largo del fallo, que puede ser consultado desde el sitio de la Procuración Penitenciaria, los jueces describen condiciones de alojamiento “inhumanas” y caracterizan la situación como de “hacinamiento”.

Cuando se refieren al sistema en general, lo tipifican como en “estado de emergencia”. Y citan un ejemplo concreto: en una celda de la alcaldía de Tribunales que está preparada para 8 o 9 personas había entre 28 y 36 personas, condición que originó el reclamo de los presos y la Procuración Penitenciaria de la Nación.

Alcaldía de Tribunales. Foto: Procuración Penitenciaria de la Nación.

Cuál es la capacidad y la ocupación real. En las 31 cárceles federales hay hoy, 12 de marzo, exactamente 13.788 detenidos en celdas que están preparadas para alojar 12.235 personas. Es decir hay una superpoblación del 12,21%, según datos de la Procuración Penitenciaria de la Nación.

Hace 15 meses, en noviembre de 2017, eran 319 los presos que excedían la capacidad declarada por el Servicio Penitenciario Federal, según el Ministerio Público Fiscal. Es decir que desde ese informe, la superpoblación se multiplicó por cinco.

A qué ritmo crece la población carcelaria. En los últimos 10 años, las personas detenidas en unidades federales creció a un ritmo del 5% anual. Sin embargo, si tomamos el incremento desde 2015 en adelante, el aumento escala a un ritmo del 11,4% anual

Por qué hay cada vez más detenidos. Son varias las causas, pero sobresalen esencialmente cuatro.

1. Ley de flagrancia. En 2016 se votó la ley de flagrancia, que acelera el juzgamiento de las personas que son vistas y detenidas cuando cometen un delito. Con esa ley, se llegan a condenas apenas 36 horas después de cometido el delito.

“La gran mayoría de los arrestos son en flagrancia (in fraganti). Y eso podría explicarse principalmente porque la presencia policial en la Argentina ya había escalado a 803 policías cada 100 mil habitantes en 2015 y es la relación más alta de América Latina”, señaló Fernando Cafferata, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad de Tres de Febrero (CELIV).

2. Detenidos por violación a la ley de drogas. Entre enero y noviembre las fuerzas federales concretaron 25.271 procedimientos antidroga, en los que detuvieron a 28.922 personas, un 80% más que en 2015, según datos publicados por la Jefatura de Gabinete de la Nación.

Sólo en las cárceles federales hay 4.510 detenidos por la ley de drogas.

Ariel Cejas Meliare, director General de Protección de Derechos Humanos de la Procuración Penitenciaria de la Nación, tiene una visión crítica del tema: “La mayoría de los detenidos por droga no son traficantes sino mulos. Pero llegan a las cárceles federales con prisión preventiva porque le piden al menos 4 años de cárcel, por lo que no pueden llegar libres al juicio. Habría que preguntarse si trafican para enriquecerse o lo hacen por necesidad y falta de instrucción, y por lo tanto deberían darle una excarcelación”.

3. Limitan las excarcelaciones. Finalmente, desde mediados del año pasado, rige una ley que limita las excarcelaciones en casos de delitos graves, entre los que figura desde homicidio y secuestro hasta producción y comercialización de drogas, que son delitos más comunes o expandidos.

Según los registros del Sistema Nacional de Ejecución de la Pena, en 2017 y en comparación con 2016, se redujeron a la mitad o menos las salidas transitorias, los regímenes de semilibertad, de prelibertad o de prisión discontinua, por ejemplo.

4. Juicio abreviado. Por último, se usa cada vez más el juicio abreviado, una figura instaurada en 1997 que le permite al fiscal hacer un pacto con el imputado a cambio de una pena menor si el acusado admite su culpabilidad.

Sociedad | 12 de marzo de 2019

Laura García Oviedo | Prensa Instituto Balseiro

Una científica argentina ganó el Premio L’Oreal Unesco (y dice: “Sin ciencia, no vamos a poder desarrollarnos como país”)

Cuando era una adolescente y estudiaba el secundario en Jujuy, a Karen Hallberg sus amigos la bautizaron como “la atómica”. Tenía una clara vocación por la ciencia que nunca abandonó y que la llevó a mudarse a Bariloche para estudiar Física en el Instituto Balseiro; a publicar más de 80 artículos en revistas científicas; a realizar estadías en Alemania, Suiza, Inglaterra, India, Estados Unidos, Japón e Irán. Y a ganar este año el Premio L’Oreal Unesco para las Mujeres en la Ciencia.

Creado hace 21 años, este es uno de los premios de mayor prestigio a nivel internacional y reconoce e impulsa el trabajo que las científicas desarrollan en un ámbito en el que persiste la disparidad de género. En la Argentina, el Conicet ha reconocido que el 53% de los investigadores científicos del país son mujeres, pero sólo hay un 26% de investigadoras superiores, además de que el 70% de los centros de investigación son dirigidos por hombres. En Física, el área de Hallberg, sólo hay un 15% de alumnas.

“Por eso este premio es importante: al reconocer nuestras carreras y contribuciones específicas, se visibiliza un problema”, explica Hallberg a RED/ACCIÓN desde París, en donde el próximo jueves será galardonada junto con las químicas Najat Aoun Saliba (de Líbano) y Maki Kawaia (de Japón), y las matemáticas Ingrid Daubechies (de Estados Unidos) y Claire Voisin (de Francia).

El mes pasado, cuando dio a conocer a las premiadas de este año, la Unesco explicó que la argentina Hallberg sería reconocida “por desarrollar métodos informáticos vanguardistas que les permiten a los científicos entender la física de la materia cuántica. Sus técnicas innovadoras y creativas representan una contribución importante para comprender los sistemas nanoscópicos y nuevos materiales”.

Karen Hallberg trabaja en temas de física. Imagen: Laura García Oviedo/Prensa Instituto Balseiro

Las científicas argentinas están construyendo una tradición, ya que antes de Hallberg fueron premiadas la física Mariana Weissman; las bioquímicas Ana Belén Elgoyhen y Cecilia Bouzat; la viróloga Andrea Gamarnik y la bióloga Amy Theresa Austin.

En vísperas de la premiación 2019, Hallberg, que está casada con el físico Ingo Allekotte y es madre de dos jóvenes, Kevin y Tania, vive días agitados. Llegó a París el viernes, justo el Día Internacional de la Mujer, y conoció a las otras cuatro científicas que recibirán un premio de 100.000 euros.

“Hablamos de temas de género y reconocimos que todavía no hay mucho para celebrar, pero intercambiamos ideas para visibilizar a las científicas”, dice. También sostuvieron reuniones de tutoría con las 15 jóvenes elegidas como “talentos emergentes”, entre las cuales se encuentra la bióloga argentina María Alejandra Molina; compartieron sus experiencias como investigadoras y conocieron los temas en los que están trabajando.

La víspera, las cinco galardonadas fueron recibidas en el Palacio del Eliseo por la primera dama Brigitte Macron. “Se mostró muy interesada en lo que hacemos, está preocupada por promover a la mujer en general”, cuenta Hallberg. Después, la argentina ofreció una conferencia en la Academia de Ciencias de Francia para presentar su trabajo de investigación frente a académicos y científicos de diversos países.

“Cuando terminé mi charla, me di cuenta de que, entre los 30 colaboradores que mencioné y que tengo en mi equipo, sólo tres son mujeres. Eso me invita a pensar y a generar estrategias, no puede ser posible que sólo tenga a un 10% de colaboradoras”, reflexiona quien hoy es profesora del Instituto Balseiro, investigadora principal del Conicet y jefa del departamento de Materia Condensada de la gerencia de Física de la Comisión Nacional de Energía Atómica en el Centro Atómico Bariloche.

Agrega que el mensaje más importante del premio L’Oreal Unesco es otorgarles a las investigadoras una voz para que pasen ante la comunidad científica el mensaje de que hay problemas a superar, “para mostrar cómo lo hemos logrado nosotras, qué caminos seguimos, qué preguntas y dificultades encontramos. No hay razón para que no haya equidad de género en la ciencia”.

Hallberg, de 54 años, nacida en Rosario y criada en Jujuy, advierte que las acciones concretas deben generar cambios. “Hay muchas cosas que suman, como estimular a las chicas desde la familia, en las escuelas. El movimiento nacional e internacional que reivindica los derechos de las mujeres está cambiando las cosas. Lo veo muy positivo. En Argentina no sólo tenemos el problema de que falten mujeres en la ciencia, más importante todavía es la desigualdad en el acceso a la educación superior de hombres y mujeres que no logran tener acceso a una buena educación”.

La crítica de las y los científicos argentinos por los magros presupuestos oficiales para la investigación en Argentina es creciente. Por eso, la física lamenta que todavía exista una barrera cultural que no valora de manera suficiente el trabajo científico. “No vamos a poder desarrollarnos como país si no es con educación, ciencia y tecnología. Son los pilares para transformar a una sociedad. Hoy tenemos serios problemas de financiamiento y no vamos a poder sobrellevar mucho más tiempo este momento. Si no se cambia pronto, si no se mejora la situación, vamos a llevar a un punto de difícil retorno. No vamos a poder recuperar todo lo que perdimos. Algunos jóvenes ya están considerando irse, o ya se fueron”, advierte.

Con respecto a su propia carrera, la física reconoce el necesario trabajo colectivo que requiere cualquier investigación. “No es una cuestión de quedar bien con mis compañeros. No hablo sólo del círculo de colaboración más cercano, sino del ambiente de trabajo que genera, a su vez, un ambiente especial de investigación. Los científicos vamos creciendo con base en la duda. Salimos de la oficina, le golpeamos la oficina a otro colega, o a un estudiante, ese clima es el propicio para avanzar”, dice.

También reconoce que fue privilegiada, ya que pudo desarrollar sus intereses gracias a que sus padres, un agrimensor y una maestra de inglés, las apoyaron siempre a ella y a sus dos hermanas, y a que tuvo una educación pública de calidad.

“Siempre fui muy curiosa. Eso no es especial porque todos los niños son muy curiosos, pero mi familia y mi entorno me ayudaron. En casa discutíamos muchos temas. Aunque mis padres no eran científicos, había un espíritu de siempre hacerse preguntas, de estimularnos. Yo leía muchísimo cuando era chica, además toda mi educación fue en la escuela pública. Estoy totalmente agradecida. Desde chica me sentí muy estimulada, también tuve conciencia de los problemas de género. Me daban ganas de enfrentarme al mundo que me rodeaba. Pude llegar a donde quería, pero eso demuestra que hay un problema de fondo. No debería ser necesario ser una cuasi heroína para llegar a esto. El sistema no ayuda”, reflexiona.

Pero los esfuerzos para visibilizar a las mujeres en la ciencia están en marcha, como lo demostrará la ceremonia que se realizará el jueves en la sede de la Unesco en París, y en donde, de nuevo, una científica argentina será protagonista.

Sociedad | 12 de marzo de 2019

Intervención: Pablo Domrose / Foto Unicef Argentina

Por qué genera controversias la reforma al sistema para juzgar a adolescentes que cometieron delitos

El Gobierno envió al Congreso un proyecto de ley para crear un nuevo sistema de responsabilidad penal juvenil. Propone bajar la edad de imputabilidad a los 15 años y crear castigos alternativos para evitar que muchos sean encerrados. Si prospera la reforma, ¿qué impactos tendría en los adolescentes que cometieron delitos? ¿Habría más jóvenes presos y por más años? ¿El sistema judicial sumará la estructura como para ordenar sanciones alternativas al encierro? El Gobierno afirma que sí, pero especialistas en derecho juvenil y Unicef creen que muchos cambios son un retroceso en los derechos de niñas, niños y adolescentes. En esta nota, te explicamos qué modificaciones se quieren instaurar y qué impacto tendrían.

Advierten que en lo inmediato podrían aumentar los encierros

El sistema actual se rige por una ley de 1980, decretada por la última dictadura. Ese texto dice que nadie es punible si tiene 15 años o menos. Y que sí es imputable si tiene 16 o 17 años y cometió un delito cuya pena máxima es de 2 años o más. Es decir, desde homicidios hasta hurtos, estafas o daños a propiedades privadas: la mayoría de los delitos.     

La propuesta del Gobierno mantiene las mismas condiciones para los menores de 16 y 17 años, pero incorpora a los de 15. Define que son condenables si cometen delitos sancionados con hasta 15 años de prisión: homicidios, violaciones, secuestros extorsivos, robos con arma de fuego y lesiones gravísimas. Todos son delitos graves.

Unicef y el colectivo de organizaciones que forman Infancia en Deuda están en contra de esa medida. Coinciden en que agrava las penas y significa un retroceso en materia de derechos humanos.

“Con la estructura actual, lo que los jueces tendrán más a mano es la privación de la libertad. Pienso que el proyecto pudo haber incluido algún tipo de responsabilidad para esa edad, pero sin contemplar el encierro”, advierte Germán Martín, fiscal de delitos juveniles de Neuquén y uno de los especialistas que participó de los talleres previos que organizó el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación antes de redactar el proyecto.

En el último de esos encuentros se trató la baja de la edad de imputabilidad. En el resumen del taller, el ministerio reconoce que “con amplia mayoría, los participantes se pronunciaron por mantener la edad de imputabilidad en 16 años”.

Unicef está convencido de que el esfuerzo del Estado debe darse antes de que el adolescente cometa un delito y señala la necesidad de un “fuerte trabajo en las políticas de niñez y adolescencia”. ¿En qué se basa? En un trabajo reciente en el que entrevistó a 508 de los 1300 adolescentes presos en el país: la mitad no iba a la escuela cuando lo encerraron; 1 de cada 3 vivió en la calle; el 61% empezó a trabajar con menos de 16 años; la mitad consumió cocaína y el 23% pasta base; y 1 de cada 4 tiene al menos un hijo.

En el Ministerio de Justicia reconocen que bajar la edad de imputabilidad podría elevar de 6800 a 7100 los adolescentes en conflicto formal con la ley. “Pero si se tienen en cuenta que habrá medidas alternativas al encierro no necesariamente ese incremento implica más encierros”, considera Deborah Dobniewsky, la funcionaria de la Subsecretaría de Justicia y Política Criminal que lideró el proyecto de reforma.  

Foto: Unicef Argentina / Pepe Mateos

Un sistema especializados y con sanciones alternativas

Una de las columnas vertebrales del proyecto del Ejecutivo es la inclusión de alternativas de castigo que no son la prisión. En ese aspecto hay consenso en que la propuesta es un gran avance respecto a las herramientas que hoy tienen los jueces.

“La finalidad principal del sistema penal juvenil que queremos instrumentar es fomentar en el adolescente el sentido de la responsabilidad por sus actos y procurar su integración social”, remarca Dobniewsky.

Por eso, si bien el universo de adolescentes punibles crecería en caso de prosperar la ley, las herramientas para sancionarlos sin enviarlos a un instituto son mucho más y quedan establecidas por ley:

  • Remisión. El juez puede perdonar y declarar extinguida la acción penal. Pero deberá mandar al adolescente a que se sume a un programa, estatal o comunitario, que promueva y atienda los derechos adolescentes.
  • Mediación. La víctima o el adolescente imputado podrán pedir que se inicie una mediación para llegar a un acuerdo. Estará a cargo de un mediador ajeno al tribunal.
  • Acuerdo restaurativo. También podrán iniciar un diálogo para solucionar la controversia que motivó el delito denunciado y restaurar el daño producido.
  • Sanciones socioeducativas. El juez tendrá la chance sancionar al adolescente con la asistencia a una capacitación laboral, a una actividad deportiva o un tratamiento médico o psicológico, por ejemplo.
  • Sanciones disciplinarias. Además, existiría la posibilidad de prohibirle la conducción de motos o autos, resarcir un daño, limitar el acceso a determinado lugar o realizar trabajo comunitario.

Lo que instaurarían estas herramientas es una justicia especializada. “En algunos casos, permite prescindir de la acción penal fundada en las circunstancia del hecho y la reparación del daño”, explican desde el Ministerio de Justicia,

Esperan menos arbitrariedades de los jueces

La ley actual no ofrece respuestas para los menores de 16 años, pero le otorga a los jueces un poder tutelar discrecional. Ese poder habilita encarcelamientos que podrían considerarse inconstitucionales o contrarios a la Convención sobre los Derechos del Niño. De hecho, hay, o hubo, adolescentes de 15, 14, 13 y hasta 12 años presos. Por ejemplo, en las provincias de Córdoba y Buenos Aires.

Un informe de septiembre del año pasado hecho por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia expone que en el país hay 99 menores de 16 años privados de la libertad.

“La reforma deja en el juez la responsabilidad de definir una sanción, pero se apoya en el trabajo de un equipo multidisciplinario que creará la ley y que tendrá a su cargo el diseño de un plan individualizado para cada sanción”, explica Dobniewsky, aunque reconoce que la decisión última es del juez: “La ley debe evitar arbitrariedades, pero mantiene el derecho de un juez a interpretar la norma de manera armónica con la propia ley, la Constitución y los tratados internacionales”.

Temor por el tratamiento que tendrán los menores de 15

El proyecto los considera inimputables y afirma que “no serán sometido a proceso penal”. Y señala que en caso de que un adolescente de menos de 15 años comete un delito, el juez debe declarar la inimputabilidad, mientras que el fiscal “deberá realizar una investigación”, “determinar la existencia y circunstancia del delito” y el rol que ocupó el adolescente.

Sin embargo, la ley habilita al juez o al fiscal a dar intervención a organismos de protección de derechos del niño, niña o adolescente para implementar instancias de mediación o acuerdos restaurativos.

“El proyecto propone un abordaje para el menor de 15 años desde la justicia penal. Y nos asusta porque tenemos jueces que tienen una mirada tutelar”, advierte Juan Facundo Hernández, uno de los candidatos finalistas a ocupar el cargo de Defensor del Niño, una figura creada por ley en 2005 pero aún no constituida.

Ese punto también es cuestionado por Infancia en Deuda: “Vemos con preocupación que el proyecto mantenga la posibilidad de que los jueces penales establezcan medidas de carácter sancionatorio sin debido proceso respecto a adolescentes no punibles”.

Para el Ministerio de Justicia, más allá de esa lectura, lo que dejaría en claro esta ley es que “nunca más podrá haber jóvenes inimputables institucionalizados”. Es decir, menores de 15 años en prisión.   

Agrava las penas, pero también podría reducirlas

Unicef fue uno de las principales instituciones que participó del debate previo a la redacción del proyecto. Sin embargo, quedaron poco conformes con el articulado. Entre otros puntos, porque consideran que “agrava las penas”.

Se basan en que el castigo máximo para un adolescente de 15 años son 15 años de prisión. Mientras que a los de 16 y los de 17 años no dispone ningún tope. El proyecto señala únicamente que nadie puede ser castigado con prisión perpetua.

“Poder darle la misma cantidad de años de prisión que los que tiene de vida, es demasiado. Y encerrar por todavía más años a un adolescente de 16 o 17, es renunciar como Estado a cualquier posibilidad de resocialización”, critica el juez penal juvenil de San Martín Gabriel Peñoñori, quien también participó de la discusión del proyecto oficial.

Para el Gobierno, ese razonamiento no es tan lineal. “Se instauran instancias previas, como las de restauración y mediación, que podrían disminuir las penas”, aclara Dobniewsky, que es abogada penalista especializada en justicia penal juvenil.

Foto: Unicef Argentina / Pepe Mateos

Impone garantías mínimas, pero poco ambiciosas

Uno de los puntos elogiados del proyecto que fue enviado al Congreso es que prohíbe expresamente alojar a adolescentes en comisarías, algo que ahora ocurre.  

También impone que el adolescente debe ser informado de la imputación y que debe hacerse en un lenguaje fácil de comprender. Y deja en claro que el juez tiene que escuchar al adolescente “cada vez que lo solicitare”.

Pero hay algunas garantías mínimas que varios especialistas consideran poco pretenciosas: establece que la prisión preventiva no podrá exceder un año, prorrogable por otro año; y que todo el proceso de juzgamiento no puede durar más de tres años.

“En Neuquén, por ejemplo, yo puedo mantener con prisión preventiva a un adolescente sólo 30 días. Y el proceso no puede durar más de 6 meses”, remarca el fiscal Germán Martín.

En la provincia de Buenos Aires, en tanto, los tiempos también son más breves de lo que propone el proyecto de ley: “De preventiva puedo otorgar 180 días prorrogables por otros 180 días”, detalla el juez Peñoñori.

La explicación que tiene el Gobierno sobre este tema es que el sistema que proponen establecería estándares mínimos para todo el país. “Son condiciones mínimas, pero cada provincia puede mejorar esos plazos, la ley no lo impediría”, argumenta Dobniewsky.

¿Quién garantiza la inversión necesaria?

Para que ningún adolescente quede detenido en un lugar que no sea específico para menores de edad y para que los jueces juveniles cuenten con equipos de psicólogos, sociólogos y médicos, será necesario una inversión en infraestructura y recursos humanos.

Uno de los último artículos del proyecto compromete fondos: “Las erogaciones que requiriere el cumplimiento de la presente ley se atenderán con los recursos que se incluyeren en las leyes presupuestarias correspondientes a cada ejercicio”.

Pero aclara que para adecuar los centros de detención y conformar los equipos multidisciplinarios, habrá un plazo de siete años para las provincias y la ciudad de Buenos Aires y de tres años para los juzgados federales que dependan de Nación.

“La inversión fue estimada y será costeada en parte con el presupuesto nacional y en parte con los fondos que las provincias tienen para su sistema judicial”, aseguró Dobniewsky,

Más allá de esas previsiones, varios especialistas desconfían respecto de las posibilidades reales de conseguir los fondos en un contexto de ajuste fiscal. Desde Infancia en Deuda, por ejemplo, recuerdan que en enero el Poder Ejecutivo recortó un 56% la partida para la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes, un 59% los fondos destinados a la Comisión Bicameral encargada de la designación del Defensor o Defensora y un 21% a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.

Sociedad | 8 de marzo de 2019

Ilustración: BID

#8M: 4 gráficos que muestran cómo la brecha de género nos empobrece

Un día como hoy, en 1975, la Organización de las Naciones Unidas decidió declarar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer en conmemoración de la lucha histórica de las mujeres por la igualdad de oportunidades. 44 años más tarde, esta lucha sigue más presente que nunca, y los datos lo demuestran.

Más Carlos que gobernadoras

Según el informe global de brechas de género de 2018 del Foro Económico Mundial, Argentina es uno de los países más igualitarios en términos de empoderamiento político, ocupando el puesto 23 de un total de 149 países. Esto se debe a la representación femenina en el Congreso: actualmente, las mujeres ocupan el 38.9% de las bancas de la Cámara de Diputados y el Senado.

Sin embargo, la desigualdad persiste cuando se analiza la participación de las mujeres en los gabinetes. Según un análisis realizado por Economía Femini(s)ta, desde el 2001, en Argentina hubo más gobernadores llamados “Carlos” que gobernadoras (12 Carlos versus 8 mujeres). Es decir, si se considera el listado de mandatos de gobiernos provinciales, las mujeres representan menos del 10 por ciento. Antes del 2001, no hubo gobernadoras en el país.

Fuente: Economía Femini(s)ta

Representación en los medios

Desde diciembre de 2017, el bot ColumnistOS, desarrollado por Andrés Snitcofsky y Juan E.D, recolecta datos de las columnas publicadas en los cuatro medios impresos más importantes de la Argentina para analizar cuántas están escritas por mujeres. Según los datos recolectados, en 2018 solo el 18% de las columnas publicadas en Clarín, Página 12, La Nación y Perfil fueron firmadas por autoras.

Fuente: Economía Femini(s)ta

Esta desigualdad permea a la industria periodística a nivel global. En una encuesta a más de 500 medios alrededor del mundo, la International Women’s Media Foundation encontró que las mujeres representan solo el 33% de la fuerza laboral del sector.

Participación laboral

En los años 60, sólo 2 de cada 10 mujeres en América Latina trabajaban o buscaban trabajo activamente y hoy ya son casi 7 de cada 10. Sin embargo, un estudio que publicó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revela que la región tiene una de las brechas más grandes a nivel mundial en la participación femenina en la fuerza laboral.

A pesar de que las mujeres tienen niveles educativos similares o mejores que los hombres, en la región, el promedio de participación laboral femenina es de 66%. Existe una diferencia de casi 30 puntos porcentuales en la tasa de hombres y mujeres que trabajan.  

Argentina está justo en el promedio, por debajo de economías como la de Uruguay, Brasil, Chile y Perú.

Según el informe, la falta de participación laboral de la mujer implica pérdidas de ingreso en la región de hasta 17%. A nivel mundial, se estima que cerrar la brecha económica de género podría aumentar el producto interno bruto mundial en US$ 28 billones para el año 2025.

Trabajo no remunerado

Otro factor que le juega en contra a las mujeres en América Latina es que, en promedio, ellas dedican más horas a trabajos no remunerados. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, del total de personas que realizan trabajo no remunerado en Argentina, un 75% son mujeres y un 25% son varones.

La experiencia y la evidencia internacional apuntan a tres ejes principales de acción que tienen un efecto positivo en fomentar la participación laboral femenina:

  • Liberar las restricciones de tiempo de las mujeres mediante la expansión de los centros de cuidado infantil, los horarios escolares y el servicios de atención a mayores
  • Ampliar las licencias por maternidad y paternidad, de forma balanceada e intransferible para evitar profundizar en los roles de género tradicionales
  • Continuar extendiendo la educación de las mujeres para ampliar sus perspectivas laborales.
Sociedad | 7 de marzo de 2019

Foto: AFP | Intervención: Pablo Domrose

Pensiones del fútbol argentino: mucho más que el sueño del futbolista

Todos tienen entre 12 y 18 años y un mismo sueño: jugar en Primera División. Llegan a Buenos Aires desde diversos rincones del país, y muchos vienen de contextos socio económicos difíciles: familias disfuncionales, de bajos recursos y con historias de soledad y lucha. Traen un bolso con pocas prendas pero repleto de ilusiones. Sin embargo, apenas menos del siete por ciento logrará sortear el filtro y firmar un contrato profesional. El desafío que se pusieron los clubes, entonces, es el de asegurarles un porvenir en la vida más allá de lo que pase en el césped.

Tal es el caso de Independiente, Racing y River, tres clubes que han desarrollado proyectos interdisciplinarios con psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, nutricionistas y educadores abocados al desarrollo de los jugadores. Esta tarea colectiva que apunta a formar ciudadanos de derecho –con desarrollo académico, contención afectiva y pensamiento crítico–  incluso permitió sacar a la luz los casos de abusos en el club Independiente que de otra manera no hubieran sido abordados.

A fines de marzo de 2018 la pensión de Independiente se adueñó de la atención pública por una noticia: siete víctimas de abuso sexual por parte de una red que explotaba a niños y adolescentes, según la acusación de la fiscal del caso, María Soledad Garibaldi. Fue Fernando Berón, coordinador de Inferiores, el que hizo la denuncia luego de que un niño activara las alarmas al contarle al psicólogo del departamento médico lo que sabía de un compañero.

Independiente: los frutos del trabajo articulado

Fernando Langenauer es Licenciado en Ciencias de la Educación, y lleva cuatro años en Independiente, luego de dos años de trabajo en Vélez. En su club anterior llevaba a los chicos a la matiné, al cine o al teatro. “Era algo inédito en las pensiones”, explica.  “La educación no formal era un campo virgen en el fútbol. A la vez, empecé a ver que por un chico de pensión pasaban 20 o 25 adultos por día y faltaba articulación. Alguno se mandaba una macana en la escuela y eso pasaba inadvertido para su entrenador”, describe. Hoy es natural que los directores técnicos estén al tanto del rendimiento en las aulas, y que se haga seguimiento más personal y articulado.

Foto: gentileza Club Independiente

El trabajo derivó en un Proyecto Integral de Articulación Pedagógica de Fútbol Amateur que inició en Vélez y exportó a Independiente en su mudanza laboral, en febrero de 2015. Los problemas de repitencia, falta de cuidados, robos o piñas se fueron resolviendo a partir del trabajo articulado.    

Desde su llegada al Complejo Santo Domingo, en Villa Domínico, apenas dos futbolistas debutaron en la Primera del Rojo: Gastón Togni, cedido a préstamo a Defensa y Justicia, y Ezequiel Barco, campeón de la Copa Sudamericana con un penal suyo en el mítico estadio Maracaná. Tras la consagración, fue transferido a la liga estadounidense por 15 millones de dólares. Su gesta anterior había sido en el estudio. “Con un esfuerzo descomunal pasó de año. Tras ese logro hizo un click en su cabeza: del no puedo al sí puedo. En seis meses saltó de Sexta a Primera”, añadió.

Racing: estudio y herramientas de liderazgo

A pesar de la rivalidad deportiva, Racing comparte la metodología de trabajo de su clásico. Aunque ahí no se hable de pensión sino de casa. “Trabajamos interdisciplinariamente y los chicos siempre están acompañados. Uno de los pilares de Casa TITA es el estudio. En la cabeza de los chicos el fracaso no es una opción. Pero sabemos que solamente el siete por ciento, con suerte, llegará a firmar un contrato profesional. Por eso la formación es fundamental”, dijo Cecilia Contarino, Licenciada en Psicología especializada en deporte.

Foto: gentileza Club Racing

“Hacemos charlas de todo tipo: actualidad del país, educación sexual, bullying y redes sociales, entre otros temas. Festejamos los cumpleaños, hacemos salidas recreativas y desarrollamos el taller de capitanes, en el que se brindan herramientas de liderazgo a los capitanes de cada categoría incluyendo a los de Primera”, sumó la profesional que hace 11 años se desempeña en el club puntero de la Superliga. En este momento allí viven 48 chicos.

River Plate: herramientas para el semillero

Gustavo Grossi ocupa el cargo de director deportivo del proyecto infanto-juvenil en el club de Nuñez. Hace dos años la antigua pensión fue rebautizada como Casa River Adolfo Pedernera, y al igual que Racing, el campeón de la Libertadores buscó que desde el nombre los chicos se sintieran cómodos y con sentido de pertenencia.

Unos 70 jugadores viven en el hotel que está en el club, a metros del Monumental. Están divididos según sus edades: 25 chicos del área de Fútbol Infantil por un lado; 45 del Fútbol Juvenil por otro. Los jugadores de cuarta y quinta, al ser mayores, viven afuera del club.     

Foto: gentileza River Plate

Grossi ratifica que también utilizan el trabajo interdisciplinario para alcanzar sus objetivos. Cuentan con un coordinador General de Casa River, tres psicólogos, cuatro educadores, dos nutricionistas, tres maestras escolares, dos personas que viven con los infantiles de forma permanente y a la Fundación River como soporte en la parte recreativa y social.

En busca de la excelencia, realizan una búsqueda de 70.000 jugadores al año en todo el país y en Sudamérica. Por lo tanto, aquellos 70 que viven en la Casa corresponden el 0,1 por ciento. “Son privilegiados. Reciben educación, alimentación, contención social, obra social y todo lo que necesitan para una buena calidad de vida”, puntualizó.

“La parte intelectual es muy importante para nosotros. Jugador que abandona la escuela también deja el proyecto. Tenemos la responsabilidad de formar futbolistas integrales. No todos llegarán a la Primera de River, pero queremos darles herramientas para que en todo caso puedan ir a otros clubes a desarrollar su profesión”, concluyó.

Sociedad | 28 de febrero de 2019

| Intervención: Pablo Domrose

La confitería de la escucha

El hombre luce calmo, y mientras conversamos toma un largo trago de té verde. Estamos en Bangalore, India, donde nació y hoy dirige Chai 3:16, “la confitería de la escucha”. Benny Prasad –43 años, tez negra, pelo largo, sonrisa apacible– hace algunos años alcanzó un récord: en 6 años, 6 meses y 22 días recorrió 245 países alrededor del mundo, llevando su música cristiana. Hoy, en esta urbe de 12 millones de habitantes al sur de la India, atiende una casa de té que, además de infusiones, da contención.

Chai 3:16 es un lugar que rompe un paisaje monótono. Por su estructura moderna (sus blancos, azules, rojos y violetas) y su tamaño imponente, se destaca en un barrio de las afueras de la ciudad, donde abundan las casas bajas y los caminos de tierra. Allí, un staff de 10 voluntarios sirve gratuitamente variedades de té a jóvenes que atraviesan soledad, la tristeza o principios de depresión y que llegan en busca de alguien que les preste atención. “Estamos acá para ofrecer nuestro tiempo y escucharlos”, resume Benny.

“Me di cuenta de que India, en términos de salud mental, es bastante pobre. En particular, hay muchos estudiantes que atraviesan muchas presiones, desafíos y miedos”, explica. Y cuenta que abrió Chai 3:16 hace tres años, luego de tener “una visión de Dios”. En ese momento comenzó a realizar conciertos para vender sus CDs y juntar el dinero que le permitió empezar su nuevo sueño. Hoy, el lugar recibe un promedio de 50 estudiantes por día.

De planear su suicidio a recorrer el mundo

Benny sabe empatizar con el dolor de quienes llegan a Chai 3:16. Su padre, un destacado científico aeroespacial, depositó sobre él la carga de continuar un legado de gran prestigio intelectual, ante lo cual Benny respondió con un pobre desempeño académico. A ello se sumó un diagnóstico de asma y un error en la medicación que le proveían: a los 16 años, con el 60% de sus pulmones dañados, los médicos le dieron 6 meses de vida. Se considera un sobreviviente.

“Para entonces había fallado en mi educación y no tenía esperanza para mi futuro. Entonces empecé a planear mi suicidio”, recuerda Benny. Dice que fue entonces cuando tuvo un “encuentro personal con Jesús”, quien le dijo que no era un inútil, que había grandes planes para él y quien, más tarde, lo inspiraría a recorrer el mundo con su música.

Tres años más tarde, al cumplir los 19, Benny empezó a tocar la guitarra. Si bien nunca tuvo facilidad para la música su persistencia lo llevó a practicar 7 horas diarias. A los 25 consideró que podía hacer de la música la vía (y la excusa) para compartir su experiencia espiritual.

Durante su primer año dedicado a la música trabajó para un grupo de jóvenes misioneros cristianos, y hasta entonces no había salido de India más de 5 veces. Sin embargo, en 2002 comenzó a planear sus viajes a escala global: recorrería el mundo para compartir las melodías de su guitarra y las experiencias de su corazón.

Su entorno consideró aquel sueño una locura. Benny, para entonces, ya había recibido respuestas negativas al aplicar para los visados de Estados Unidos y de Gran Bretaña. El primer viaje de su travesía global también comenzó mal: con 545 dólares se embarcó en Moscú para comenzar una gira por Europa. Pero, tras negarse a dar un soborno y ser retenido 30 horas en la capital rusa, fue deportado y enviado nuevamente a India.

Sin embargo con el tiempo su determinación lo llevó a viajar a 50 países por año, a veces hasta 4 en un día. Siempre para dar un concierto gratuito organizado por comunidades cristianas locales. Y en lugares tan remotos como la isla Pitcairn, una colonia británica considerada el país menos poblado del mundo (en 2016 tenía 57 personas) y al que Benny llegó tras viajar dos días en un bote disponible una vez al trimestre.

En Argentina, solo visitó Buenos Aires. En total, estuvo en 194 países soberanos, 51 países dependientes y en la Antártida (cuyo frío era toda una amenaza para sus frágiles pulmones). Fue entre el 1ro de mayo de 2004 y el 22 de noviembre de 2006. Su raid musical incluyó los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, y el mundial de fútbol de Alemania 2006. Fue en esa época en la que diseñó y creó una guitarra con un bongo incorporado, y el bentar, una guitarra de 54 cuerdas.

En el camino, estima haber tomado alrededor de 2 mil vuelos y señala que perdió muy pocos. También aclara que, confiado en la provisión de Dios y orgulloso de su nacionalidad, nunca quiso tomar atajos: cuando ya había hecho varios viajes, tuvo ofrecimientos para obtener la nacionalidad australiana, británica, estadounidense y holandesa, algo que hubiera facilitado más de un visado. A su vez, se prometió, desde un principio, nunca tomar un préstamo para costear un viaje.

El récord lo completó con una escena digna de ficción. Solo le faltaba visitar Pakistán, un país vedado para cualquier indio que no tuviera familiares o una invitación oficial de ese país limítrofe. Pese a no contar con ninguno, telefoneó hasta el cansancio (contó 334 llamadas en 4 días) para obtener una excepción, pero no tuvo respuestas positivas. Ya con pocas esperanzas, coincidió con dos diplomáticos pakistaníes en el ascensor de un hotel en Corea del Norte. Les explicó su situación, y ellos intercedieron por él.

Escuchar, la clave

Más de ocho años pasaron desde que Benny aterrizó aquella vez en Karachi, la ciudad más grande de Pakistán. Ahora, sus energías están puestas en Chai 3:16.

Prasad explica que Chai, además de ser la palabra para “té” en India, significa “vida” en hebreo, uno de los idiomas bíblicos. Los números, 3:16, hacen referencia a uno de los versículos más populares del Nuevo Testamento, Juan 3:16, que habla sobre la vida eterna.

El lugar cuenta con 400 sillas, en mesas suficientemente distanciadas para que quienes asisten en busca de compartir sus problemas puedan hablar tranquilos.

“Las personas celebran tus éxitos, pero cuando llegan los problemas, muchos no quieren compartirlos, así que la gente no sabe dónde ir. Tienen miedo de la respuesta que otros puedan darles”, es el cuadro que aprecia Benny.

“Nuestra meta es 80% de escuchar y 20% de hablar”, destaca. Dice que escuchan “hasta que la persona termina de hablar”. En una ocasión fueron 8 horas. Luego de la escucha, intentan aconsejar.

Benny dice que en Chai 3:16 se ofrecen “primeros auxilios” en materia de salud mental. Y en ellos incluye las tendencias suicidas. Como esa que logró superar en su adolescencia, antes de que sus sueños lo llevaran a infundir esperanza, en Bangalore y en cada rincón del mundo.

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Sociedad | 26 de febrero de 2019

La edad de imputabilidad y el proyecto de ley de Responsabilidad Penal Juvenil

El Poder Ejecutivo nacional presentó hace pocos días el proyecto de ley de Responsabilidad Penal Juvenil, que prevé bajar la edad de imputabilidad de 16 a 15 años en los casos de delitos penados con más de 15 años de prisión, y establece medidas de abordaje integral e interdisciplinario con miras a una futura inserción social de los jóvenes.

Según un estudio de la organización Justicia 2020, en los tres últimos años en la Argentina 6.400 menores que han cometido delitos, y 1.200 de ellos se encuentran actualmente privados de su libertad. Para tratar la problemática el proyecto oficial dispone la creación de 280 equipos y el trabajo de 800 profesionales para atender cada caso. El costo total a nivel país le demandaría al Estado entre 15 y 20 millones de dólares, para un período de implementación tomará 7 años.

En diciembre de 2017 UNICEF, publicó un documento en el que sostuvo: “Es sumamente importante que Argentina tenga una Ley de Justicia Penal Juvenil en línea con los estándares internacionales. Para esto se requiere un sistema de justicia especializado con un enfoque centrado en la prevención del conflicto con la ley penal antes que la represión, y una estrategia orientada a la reinserción social que ofrezca a los adolescentes oportunidades educativas, de formación laboral y recreativas, para facilitar su inclusión en un proyecto de vida alejado del delito”.

Leer más: Cómo se criaron los jóvenes de 16, 17 y 18 años que están presos en la Argentina. Por Javier Drovetto

Sociedad | 25 de febrero de 2019

Foto: Maria Eduarda Lessa | Intervención: Pablo Domrose

La costurera detrás del Carnaval de Río de Janeiro

Mónica no duerme con su marido y su hijo menor desde el 28 de enero. Y lo más probable es que no vuelva a su casa hasta el 4 de marzo, día en que la escola de samba Paraíso do Tuiuti va a desfilar en el Sambódromo de Río de Janeiro. Mónica es una de las costureras a cargo de producir los 450 disfraces que lucirán los participantes de esa gigante comparsa de 3.200 personas. “En casa andan deprimidos sin mí. Pero ¿qué voy a hacer? Es más práctico dormir en los talleres de la escola, al menos de lunes a sábado. Aprovecho las noches para acelerar el trabajo sino, no llegamos”, explica.

Mónica tiene 45 años y las uñas cortas. A sus 14, su madre la llevó a una fábrica de ropa interior. “La costura entró a mi vida por necesidad. Mis padres querían que aprendiera a sobrevivir”, dice. Durante el año, cuando no cose para el carnaval, Mónica atiende su local de confección en el mismo barrio donde vive desde que nació: Vila Rosario, en un suburbio de Río de Janeiro, cerca de Gramacho, donde hasta el 2012 se encontraba el basural más grande de América Latina.

Mónica, en el taller sobre la Cidade do Samba. Foto: María Eduarda Lessa

Anoche, Mónica se acostó a las 4 de la madrugada, cuando terminó 54 piezas de bikinis amarillas. “Nadie me presiona pero si no entregás a tiempo, te quemás como profesional”, explica. Ahora son las 8 de la mañana, y ya está bañada para empezar el día. Se recoge el pelo. Sonríe y le pide a la fotógrafa que no le haga un primer plano porque no se ve linda. En ayunas, se sienta con metros interminables de tul dorado que en unas horas se convertirán en tutus. Los pasa por las minúsculas sierras. “Compré esta máquina por 4.000 reales brasileños. Valió la pena. Hace todo: corte, costura y sobrehilado”. Tiene unos platitos que parecen suspendidos en el aire y sobre ellos hay ovillos de hilos blancos que suben y bajan a medida que ella presiona el pedal.  

Todo se mueve a su alrededor. Cae el día y el calor no da tregua. Dudu, uno de los costureros, va por las mesas juntando dinero para ir al mercado y cocinar la cena. Desde el ventanal, se escucha a un grupo de gente que está alineada en cuatro filas, ensayando el samba enredo de la Paraíso do Tuiuti. Están sobre el asfalto de la Cidade do Samba, donde funcionan los talleres de las principales escolas, en la zona portuaria. “Esto es mágico, siempre digo que no voy a volver, y al año siguiente, aquí estoy” dice Mónica mirando los carros alegóricos donde cuelgan cabezas gigantes de moscas y ranas.

La Paraíso do Tuiuti es una de las 14 escolas de samba del grupo especial. El año pasado fue vicecampeona. Hizo una sátira política y crítica social osada: Leonardo Moraes, su actual jefe de costura, desfiló vestido de vampiro con la banda presidencial, representando al ex presidente de Brasil, Michel Temer. “El carnaval es para cuestionar. Si no, no es carnaval”, cuenta Leonardo, que después de marzo volverá a su profesión de maestro de historia.

Un disfraz puede pasar por hasta 15 profesionales. Foto: María Eduarda Lessa

Los colegas de Mónica fruncen el ceño cuando les pregunto qué piensa de Crivella, el intendente de Río que redujo el presupuesto de las escolas de samba desde 2017. “En vez de recortar, debería invertir el retorno del carnaval en los jardines de infantes, que es lo que él quiere financiar”, dice Leonardo. Es ingenuo no asociar la medida a la religión del político, obispo de la Iglesia Universal. “Una cosa es ser pastor y otra, intendente”, remata Mónica.

El piso de cemento de los 900 m2 del galpón de costura está lleno plumas apiladas, tejidos color vino tinto, estampados celestes con espejos recortados en círculos, tules, cabezas de cabrito en goma-espuma naranja y sombreros de paja. Los ventiladores no dan a vasto: tiran aire tibio a los seis grupos de hombres y mujeres que de pie alrededor de mesas, cortan, cosen y finalizan los detalles. Trabajan casi en silencio, concentrados, a base de técnicas de precisión que parecen pura inspiración. Los dibujos de los trajes están pegados en las paredes. Un disfraz –de acuerdo a su complejidad– puede pasar por 15 profesionales.

El ambiente huele a pegamento que exhalan latones sobre mesas de trabajo de 5 metros de largo.

Mónica se acostumbró tanto a coser que si no tiene nada para hacer, se inventa un dobladillo. Desde que se casó, a los 20 años, trabajó para marcas de ropa en fábricas y luego desde su casa. Le encargaban el trabajo y ella les devolvía las prendas hechas y planchadas. Hizo de todo para sostener a la familia de 3 hijos. Gessy, su marido, 60 años, es vidriero. “Yo pago el 80% de los gastos de todo”. Pero con el tiempo cuenta que se fue cansando de los impuestos de pequeña empresaria y sin ningún beneficio.    

Se calcula que el carnaval da trabajo a 250.000 personas. Foto: Fernando Grilli | Riotur

La idea de hacer disfraces de carnaval siempre le dio vueltas en la cabeza, desde que conoció los festejos carnavalescos siendo pequeña. Era a fines de los años ’80. “Pero mi padre, que venía del interior, no dejaba que me disfrazara. Decía que era cosa de gente loca”. Ella nunca le desobedeció pero su prima, sí. Y un carnaval desapareció y volvió el miércoles de cenizas con cara de contenta y se armó un escándalo familiar. A los 18 años, Mónica se fue de la casa porque quería poder ir a la playa y disfrazarse en carnaval.

Hace dos años llegó a los galpones de la Cidade do Samba. “Vi un chico de pelo largo que cargaba una máquina de coser y me acerqué a preguntarle si precisaban a alguien”. Le hicieron un test y quedó seleccionada. “Trabajar en esto es ser lo que uno quiera: una bailarina, una colombina”, dice.

Entre noviembre y marzo, el mundo de Mónica cose esas y otras fantasías. Ni lleva celular. Y si hay alguna emergencia en su casa, llaman al teléfono de Dudu, el costurero de al lado. “A veces quisiera ser menos proveedora y recibir más de los demás”, dice cuando habla de su familia. Una noche de febrero del año pasado, Pedro, su hijo del medio, no fue a dormir a la casa. Mónica ya estaba en la recta del carnaval y pasaba los días en el taller. Su marido la llamó y ella atendió en medio de ajustes de vestidos de Baiana. “Salí corriendo. Pensé lo peor: un accidente, la bala perdida de un policía, o de bandos”. Pero Pedro se había quedado en lo de su novia, sin avisar. Cuando Mónica volvió al taller, no tenía más trabajo. La incertidumbre de qué le habría pasado hizo que sus colegas terminaran sus piezas.

En el taller todos trabajan para la escola Paraíso do Tuiuti. Foto: Maria Eduarda Lessa

Mónica está contratada a través de un costurero tercerizado. No dice cuánto gana pero lo suficiente como para poner entre paréntesis la vida por estos meses. Y en 2020 quiere hacer su propio acuerdo independiente con la escola. También espera en el futuro crear una marca de ropa y venderla en ferias de comunidades. Y algún día, ser profesora de portugués. Llegó a empezar la facultad de letras. “Coser es parecido a combinar palabras en una frase”, compara.

Pasan dos bailarinas exuberantes en minifaldas diminutas que lucen cómodas mientras conversan con un hombre grandote de anteojos y pantalones de flores por debajo del ombligo.

Mónica le da unos materiales a su colega Renata, que es travesti. “Ni le cuento a mi marido porque diría que es una vergüenza. Pero el carnaval es así, incluye lo que la sociedad rechaza: gays, travestis y marginales.”

El carnaval recibe unos 850.000 turistas. Foto: Fernando Grilli | Riotur

Después del carnaval, en marzo, Mónica retomará su vida normal. Y la sensación que tiene es la de volver de un viaje en donde extrañaba todo. “Cuando entre a casa voy a sentarme a escuchar a Andrea Bocelli, mi preferido; y hablar con mi marido sobre el auto que queremos comprar”. Durante la cuarentena va a confeccionar túnicas para el coro de señoras de la iglesia evangélica del barrio. Y luego, ropas para grupos de Umbanda. Entre celebraciones religiosas, Monica lee la biblia y pasará el año hasta las plumas del próximo carnaval.

Sociedad | 22 de febrero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

En la Argentina los inmigrantes pagan más impuestos que los gastos que le generan al Estado

“Le sacan el trabajo a los argentinos”. “Colapsan los hospitales y producen un gasto excesivo porque ocupan vacantes en escuelas y universidades”. Esas ideas, y otras peores, como decir que contribuyen a aumentar el delito, persiguen a los inmigrantes. Son imágenes que aparecen en discursos de funcionarios y políticos que promueven volver más restrictivas algunas políticas migratorias. Y en un sector de la sociedad esas figuras se convierten en certezas que llevan a estigmatizar al inmigrante.

¿Es cierto que los inmigrantes son un costo para el país? La evidencia demuestra que no sólo es mentira, sino que ocurre lo contrario. Y no es una apreciación, sino un análisis económico probado. “En años recientes, los inmigrantes pagaron más en impuestos de lo que generaron en gastos gubernamentales”. A ese conclusión llegó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en un estudio que realizó en la Argentina. Aquí, el detalle de cómo contribuyen al desarrollo del país los 2,1 millones de extranjeros que viven en la Argentina.

El caso de Isidro Caballero y su familia es una gran metáfora. Su papá llegó a la Argentina en los ‘80 desde Caaguazú, Paraguay, para trabajar en la construcción. Después vinieron dos tíos. Él llegó en 2011. Trabajan para arquitectos que hacen casas en Nordelta, Pilar y Ezeiza: “Llevamos levantadas 100 casas”.

Isidro vive en José C. Paz, y como monotributista paga $ 5.500 por mes. Lo que gana es para mantener a la familia, comprar comida y ropa. Por casi todo lo que compra, paga un 21% de IVA. “Tengo todo los impuestos al día y doy trabajo, porque conmigo trabajan ocho personas”, cuenta. Pero hay algo que le pasó más de una vez, le cuesta entender y, sobre todo, le duele: “Cuando ven que soy paraguayo y ando en una camioneta grande, la que uso para trabajar, insinúan que no la pagué trabajando”.

La paraguaya es la comunidad más numerosa del país y la económicamente más activa y representativa dentro de la de los extranjeros que viven en argentina. Ya en 2010, último censo, eran 550.000 los paraguayos en el país. Miles de ellos son los que, ladrillo sobre ladrillo, levantan casas, edificios y, podría decirse, barrios enteros.

Fuente: SUBSECRETARÍA DE POLÍTICAS, ESTADÍSTICAS Y ESTUDIOS LABORALES .

Más allá de la nacionalidad, la OCDE y la OIT calculan que entre todos los inmigrantes generan alrededor del 4,1% del PBI. Es un dato contundente. Sobre todo si se tiene en cuenta que los extranjeros representan el 4,6% de la población.

Eso no es todo. Hay una explicación, que cita el informe, que ayuda a entender por qué el aporte al PBI no llega a ser igual o superior a la proporción de extranjeros dentro del país: “Los inmigrantes trabajan más a menudo en sectores donde el promedio del valor agregado por trabajador es menor y en algunos casos ganan menos que los trabajadores autóctonos”.

Casi 6 de cada 10 inmigrantes trabajan en la construcción, tareas domésticas, industrias y en el sector de ventas y reparación de vehículos.

Fuente: SUBSECRETARÍA DE POLÍTICAS, ESTADÍSTICAS Y ESTUDIOS LABORALES .

“Lo que ocurre con los inmigrantes es muy claro: vienen esencialmente a trabajar. En la mayoría de los casos por razones forzadas, porque no tienen oportunidades en su país o porque su país está en crisis, como ahora Venezuela. Eso los hace más productivos”, remarca desde Lima, Perú, Guillermo Dema, especialista regional en Migración Laboral de la OIT.

Tampoco son especulaciones. Lo ratifican los datos. Los inmigrantes, de todas las nacionalidades, tienen mayor nivel de ocupación que los argentinos. Y si se toma sólo a la población de inmigrantes sudamericanos, que son cerca el 80% del total, la ocupación llega al 65% contra el 59% de los argentinos, según un informe del la Subsecretaría de Políticas, Estadísticas y Estudios Laborales de la Nación.

Más allá de esa relación, hay una conclusión que ayuda a derribar uno de los peores mitos: que los extranjeros ocupan los puestos que podrían tomar los argentinos. El estudio de la OCDE y la OIT aclara que al analizar datos oficiales del Indec “no parece que los índices de empleo y los ingresos de los nacidos en el país sean más bajo en los grupos de competencia con gran proporción de personas nacidas en el exterior, que en los grupos con pocas de estas personas”.

Desde México, Sarah Kups y Hyeshin Park, dos de los especialistas de la OCDE que trabajaron en el informe, intentan explicar entonces por qué se construye la idea de que el ingreso de extranjeros debilita el empleo con mano de obra local, una presunción que sostiene el 22,8% de la población argentina, según la Encuesta Diagnóstica sobre la Situación de la Inmigración en Argentina que en 2015 hizo la Dirección Nacional de Migraciones.

“Aunque no hay efecto negativo de la inmigración sobre el mercado laboral en Argentina en promedio, es posible que en algunos sectores, ocupaciones o regiones, sí existen efectos negativos y es quizás más fácil identificar casos negativos que positivos”, señalan los especialistas. Es decir: las excepciones crean la idea equivocada de que el impacto general es negativo.

La contribución fiscal es positiva

Jazmín Malagon es colombiana y tiene 30 años. Llegó al país en marzo de 2017. Desde entonces no sólo no es un carga para el fisco argentino sino que ayuda a sostener las cuentas públicas. A un argentino, le alquila un monoambiente por $ 10.000. Por la maestría que hace en una universidad, desembolsa $ 5.500 de cuota. De comida, gasta todos los meses $ 6.000. Y de luz, gas y otros servicios, tiene otros $ 3.000.

Jazmín es profesora de ciencias sociales pero no pudo homologar su título y trabaja en un call center. Hasta ahora, nunca tuvo que ir a un hospital público. “Vine a trabajar y a estudiar. Lo estoy consiguiendo. Pero sólo por ser colombiana a veces tengo que escuchar que me digan que le vengo a sacar un lugar de estudio o trabajo a los argentinos. Me dan a entender que soy un gasto para la Argentina” dice, herida.

Pero es otro mito. En la mayoría de los casos, la contribución económica de la inmigración en Argentina es neutra o positiva.

“La suma de los pagos de impuestos de los inmigrantes menos el cálculo de gastos que el gobierno realizó en ellos es igual a su actual contribución fiscal neta”, dice el estudio de la OCDE y la OIT.

Y eso no es todo. El estudio remarca que descontado los gastos que le generan al estado, los inmigrantes pueden llegar a alcanzar una contribución fiscal neta positiva de $ 2.301 por persona a valores de 2013. Si esa cifra se actualiza con la inflación del Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires, hoy serían $ 13.197.

“En los demás países, en general, ocurre lo mismo. Es un fenómeno generalizado. Pasa con los mexicanos en Estados Unidos, y pasa, por su puesto, en la Argentina”, señala Lelio Marmora, director del Instituto de Políticas de Migraciones y Asilo de la Universidad de Tres de Febrero.

Marmora aclara que el estudio es de julio del año pasado y no contempla el impacto, por ejemplo, del ingreso de venezolanos: “La formación de quienes están ingresando al país es en promedio superior a la media que tienen los argentinos. Ocurre lo mismo con los peruanos. Y sucede cuando a nivel mundial sabemos que el peso que tendrá el conocimiento como herramienta de crecimiento será determinante”.

El sociólogo agrega un ejemplo: “De los venezolanos que llegaron al país, 14.000 son ingenieros. Y por lo menos 1.000 están especializados en petróleo. Muchos de ellos ya trabajan en Vaca Muerta. Y todo esto ocurre mientras Argentina tiene un déficit de ingenieros y apenas forma 54 ingenieros en petróleo por año”.

Son sólo el 4% de los pacientes de los hospitales

Más allá de los discursos políticos, como los de Francia, Italia o la Argentina, donde se habla de endurecer las políticas migratorias, Marmora expone planes de tres países que reconocen el aporte de la inmigración, sobre todo en el contexto de una población que envejece como consecuencia de la baja tasa de natalidad: “Canadá pretende sumar 1 millón de inmigrantes en tres años; Alemania unos 240.000 por año; y Japón, un país bastante cerrado a la inmigración, habla de sumar 300 mil extranjeros en 5 años”.

La idea de establecer restricciones o aranceles especiales para los extranjeros que se atienden en el sistema público de salud también es una idea que empieza a tener cabida en varias provincias, como por ejemplo en Jujuy. ¿El argumento? Las prestaciones médicas a extranjeros implican un desembolso mayor de recursos.

Sin embargo, tomando todo el país, también es un dato por lo menos exagerado. Así lo expone un informe de la OIT: “Si bien casi 6 de cada 10 migrantes sudamericanos, sobre todo aquellos arribados durante los últimos 20 años, dispone y utiliza solamente la cobertura para la atención de la salud que brindan los hospitales públicos y centros de salud primaria… dada la escasa prevalencia de la población migrante sudamericana sobre la población total… sólo alrededor de un 4% de quienes acudieron a ser atendidos corresponde a miembros de la población migrante sudamericana”.

La cantidad de presos extranjeros no crece desde 2005

Que las migraciones, principalmente las que vienen de países sudamericanos, contribuyen a un aumento del delito es uno de los argumentos que se usó recientemente para buscar acelerar el proceso de expulsión de extranjeros que hayan cometido delitos. Por su parte, la gobernación de Chubut pretende que quienes tengan antecedentes directamente no puedan entrar a la provincia.

Sin embargo, la proporción de extranjeros detenidos en las cárceles argentinas es del 6%, una relación que se mantiene sin variantes desde hace 13 años. Además, y a modo de ejemplo, la tasa de presos argentinos en España es un 159% más alta que la de extranjeros presos en la Argentina.

Querés saber más sobre los inmigrantes y el delito en la Argentina  

Crédito: Dirección Nacional de Migraciones.

“Lo inmigrantes venimos a trabajar. Yo vine hace 26 años de Perú. Soy docente y hace 13 años que trabajo en el INADI. La ley de migración permitió regularizar la residencia de muchísimos extranjeros, que es el paso previo para poder tener un trabajo en blanco”, asegura Lourdes Rivanadeyra, coordinadora de la Comisión de Trabajadores Migrantes de la CTA.

El empleo en negro es justamente una de los principales problemas que enfrentan los inmigrantes sudamericanos: el 50,4% trabaja en esas condiciones y cobra un 19,4% menos que los nativos.

Así fueron los primeros años de Isidro Caballero cuando vino de Paraguay. Pero ahora es monotributista, se define contratista de obra y asegura que los años de experiencia en el rubro le permiten hacer una casa íntegramente: “Hago el hormigonado, la albañilería, la plomería y la electricidad. Todo. Si un argentino o quien fuera quiere que le haga su casa, yo puedo hacerme cargo y entregársela llave en mano”.

La OCDE y la OIT coinciden en que la ley de migraciones argentina, aprobada en 2004, fortaleció las políticas de inmigración al contribuir a regularizar trabajadores indocumentados, garantizar la igualdad de derechos y promover su integración. De hecho, el informe considera que las políticas migratorias vigentes en nuestro país son “relativamente ejemplares”.

Querés sacar un turno para iniciar el trámite de residencia

Sociedad | 20 de febrero de 2019

Mayra Arena: “Si queremos realmente una Argentina con pobreza cero, además de los planes sociales necesitamos educación”

¿Qué tienen los pobres en la cabeza? Es la pregunta que se hace Mayra Arena, una joven de 26 años, en una charla TED que ya lleva acumulada más de 3 millones de visualizaciones. Proveniente de Mariano Moreno, un barrio humilde de Bahía Blanca, Mayra nos invita a cuestionar los prejuicios que construimos como sociedad.

En esta conversación con RED/ACCIÓN, hablamos con Mayra sobre las acciones que pueden tomar individuos para ayudar a quienes están en situaciones de vulnerabilidad, el rol de los planes sociales y el Estado en combatir la pobreza, y cómo generar más empatía.

¿Cuál era tu objetivo original con tu charla TED?¿Qué mensaje querías comunicar?

Hay una incomprensión genérica hacia el pobre, no se entiende por qué se gasta la plata en Coca-Cola, por qué no la ahorra para dejar de ser pobre. Podría haber resumido mi charla diciendo que un millón de Coca-Colas no compran una vida de clase media. Lo que yo quería decir es esto: que cada acto que hacemos, cada acto de consumo, a la hora que decidimos tener hijos, a la hora que somos violentos, tiene todo una explicación, todo tiene un origen. Sin justificarlo, quería explicar por qué es así, desde mi punto de vista.

Si entre las 3 millones de personas que vieron tu charla hubiera una persona que además de sensibilizarse y emocionarse, quisiera dar dos pasos más para ayudar, ¿qué le propondrías?

Es una linda pregunta, porque en realidad, ¿qué hacemos por los pobres? Les llevamos un paquete de polenta, una bolsa con aceite, arroz, ropa limpia, lo que hace todo el mundo. Es una ayuda y sirve un montón. Pero al otro día el pobre sigue siendo pobre. ¿Cómo hacemos? Porque hay gente que tiene ganas de ayudar pero tampoco puede generar trabajo, o no se siente en condiciones de combatir la pobreza en toda su extensión.

Ahí diste una respuesta fuerte. ¿Generar trabajo es definitivamente un arma contra la pobreza?

Si, si. Mientras sea trabajo digno y no trabajo esclavo, sin duda. El trabajo es una escalera. Es una forma de meterte en la sociedad, porque cuando vos estás afuera, nadie te acepta. Pero cuando te aceptan en un trabajo ya te sentís dentro del sistema de alguna manera. Y también te sentís útil, y también te da otra autoestima: recibir algo a cambio de lo que vos hiciste. Sonará muy pro-sistema, y por ahí a alguien muy de izquierda no le va a gustar. Pero para mi el trabajo es el primer escalón de movilidad social.

¿En algún lugar estás en contra del sistema?

Soy pro-sistema, te lo tengo que reconocer. Pero sí creo que al sistema hay que hacerle algunos ajustes, para que entremos todos. Porque entramos todos, y cómodos. Así como hay gente que tiene 10 casas, y 9 las tiene vacías, lo mismo ocurre con el trabajo, con la riqueza, y hasta con la comida. Mientras hay gente que tira comida, hay gente que come de esa basura.

No me parece para nada justo ese sistema. Pero no me parece que tenga sentido anular todo lo construido históricamente, revolucionar todo, tirar todo y arrancar de cero. Romper todo no. Aunque a veces dan ganas, muchas ganas.

Pero me parece que con lo construido, mejor administrado, más justamente administrado, podemos hacer muy buenas cosas.

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Hay un debate eterno sobre los planes sociales. ¿Los viviste, los vivió tu familia? ¿Cómo los ves?

Uno de los días más felices de mi vida fue cuando mi vieja cobró el primer plan Jefes y Jefas. Nos compró un yogur a cada uno de mis hermanos, y una campera. Una sola campera para todos. Con esa campera, uno iba a la escuela, al que le tocara. Así que te imaginarás lo que es para mi la ayuda del Estado.

Sí creo que hay que ponerse las pilas, si queremos un Estado eficiente, en que la educación sea transformadora, y en que el programa social vaya acompañado de educación, de capacitación, de formación. Y no hablo necesariamente de oficios, sino de hasta lo más básico. Porque hay gente que también necesita aprender hasta lo más básico. Si queremos realmente una Argentina con pobreza cero, con desnutrición cero, donde los chicos puedan ir a la escuela y aprender, y donde puedan desarrollarse y tener un ideal de futuro, además de los planes sociales que son súper necesarios para tener alimento y para tener lo que esa familia considere que está necesitando, también necesitas educación. Sin la educación no sos nada.

Si yo hubiera dependido de la formación de mi madre (padre no tengo)… mi madre apenas sabe leer y escribir. Jamás nos pudo ayudar con la tarea, jamás nos pudo enseñar a hacer nada, ni siquiera cocinar. Entonces realmente es importante la presencia del Estado educando y formando.

Pareciera que el mundo social se divide entre pro-Estado y anti-Estado. ¿Cómo lo sentís vos?¿Es posible una integración?

El argentino tiende a hacer un River-Boca de todo. O Estado sí, o Estado no. O plan si, o plan no. No hay un término medio, no hay un gris. La realidad es que, ni todo estatal ni todo privado. Me gustaría un Estado presente donde tiene que estar. El que está totalmente en contra del Estado no parece ser consciente que, por ejemplo, el estallido del 2001 fue porque no había contención de ningún tipo.

Por otro lado, los que están extremadamente a favor, a veces suelen festejar la contención social como si fuera un logro en sí mismo. Y en realidad la contención social no es un logro. Debería ser un impasse. Y debería verse simplemente como un acto de justicia. Nadie tiene que pasar hambre, y por eso el Estado está ahí, es simplemente lo que tiene que hacer. Para celebrar va a ser el hecho de que ese pibe el día de mañana pueda terminar el colegio a pesar de que nació en la adversidad.

¿Cómo hace uno para revertir los prejuicios sobre la pobreza?

Ir al barrio, ir a dar la leche, ir a la iglesia, ir a un comedor. Pero no un rato, porque si solo vas un rato te vas a ir como viniste, con los mismos prejuicios. Pero quedáte un ratito más, andá dos o tres semanas seguidas, y te vas a empezar a dar cuenta que no es tan fácil.

¿Es necesario atravesar la dificultad para tener empatía con la dificultad y marginalización de otros?

Ojalá que no, porque sería como pensar que solo vamos a hacer rampas si a todos nos cortan las piernas. Me parece que la empatía se trata de saber o intentar sentir lo que sufre el otro, sin necesidad de haberlo sufrido.

Sociedad | 20 de febrero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Microcréditos: historias de superación y resiliencia

En Argentina, existen cerca de 98.000 personas excluidas del sistema financiero tradicional que reciben un microcrédito, y el 66% de ellas son mujeres. En todo el país, unas 52 instituciones otorgan préstamos de montos pequeños y cuentan con una cartera de más de 2.660 millones de pesos.

Con un altísimo impacto social y económico, los microcréditos impulsan miles de emprendimientos que alientan el desarrollo de personas y comunidades habitualmente excluidas del mercado. Aquí, casos de organizaciones y personas que entraron en el círculo virtuoso de los préstamos de montos pequeños pero grandes resultados.

Federico Wainhaus, gerente general de FONCAP-empresa privada con participación estatal del Ministerio de Finanzas de la Nación dedicada a lograr la inclusión financiera- define al tomador de microcrédito como una persona que no tiene posibilidad de acceder a servicios financieros bancarios porque le faltan garantías formales para demostrar su voluntad de pago. Por su situación, el sistema financiero estándar no tiene elementos para evaluarlo a la hora de otorgarle un crédito. “Muchas personas desconocen la herramienta del microcrédito y cuando necesitaban dinero terminan recurriendo a un usurero, el cual suele tener tasas de interés abusivas y modalidades de| cobro que son poco convencionales, incluso violentas”, relata Wainhaus

De acuerdo con un informe realizado por la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI), FONCAP y la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (RADIM), 52 instituciones de microfinanzas cuentan con una cartera bruta de $2.660.949.548. El 90% de ellas son asociaciones sin fines de lucro, mientras que el 10% son sociedades anónimas. Por otra parte, la mora en esta metodología crediticia en general es inferior al del mercado financiero formal, debido principalmente a la naturaleza de este tipo de créditos, en el que el seguimiento es mucho más personalizado y a medida de cada emprendedor.

Hace 19 años que la organización Mujeres 2000 desarrolla el Programa Emprende en el partido de Tigre y San Fernando. Este proyecto tiene como objetivo el desarrollo de habilidades emprendedoras en mujeres para que puedan concretar ideas de negocio, y alcancen así una mayor independencia y autonomía. “Nosotros ponemos énfasis en que invertir en un emprendimiento no solo tiene una tasa de retorno individual, sino que también tiene un impacto positivo en  la comunidad, ya que se empieza a desarrollar un entramado productivo local. Cuando ellas crecen con sus emprendimientos, empiezan a generar trabajo, consumo y mejoran el entorno de sus barrios”, enfatiza Agustina Valsangiacomo, Directora Ejecutiva de la asociación civil.

Los emprendimientos productivos de las mujeres son muy diversos. Algunas se dedican al rubro gastronómico, otras al textil y hay quienes prefieren realizar manualidades. También hay muchos emprendimientos de servicios como masajista, depiladoras  o peluqueras.

“Como no tenemos requisitos o garantías el eje de nuestro trabajo es la confianza. El primer crédito que otorgamos es el más bajo. Luego, vamos subiendo los montos. Los microcréditos parten de los $4.500 hasta los $20.000. Los ciclos de devolución del préstamo son de seis meses. Tenemos una modalidad de pago semanal y tenemos tasas de interés asequibles para que el repago sea fácil. Entregamos microcréditos y no subsidios porque el objetivo es seguir contando con fondos para dar créditos a otras mujeres. Cuando una emprendedora paga, sabe que está ayudando a otra a recibir su crédito”, explica Valsangiacomo.

Antes de otorgar el crédito Mujeres 2000, propone realizar un curso de cinco clases que capacita en gestión de emprendimientos. “Muchas veces las mujeres tienen un oficio o una habilidad determinada, pero no lo saben  traducir en un emprendimiento rentable y sostenible. Les enseñamos a armar presupuestos, calcular costos fijos y variables, poner precios de venta, y desarrollamos habilidades blandas. Además, brindamos acompañamiento y mentoría durante todo el proceso de duración del crédito” comenta Valsangiacomo.

La directora ejecutiva de Mujeres 2000 cuenta que la problemática de género no escapa a esta temática. Por ejemplo, explica que hay emprendedoras que van acompañadas por los maridos a las capacitaciones porque quieren corroborar que sean solo mujeres. En otros casos, mujeres que asisten sin el conocimiento de sus maridos por temor a que no las dejen ir, o que luego deben entregar el resultado de sus ingresos a su pareja. “No podemos trabajar sobre autonomía económica, sino trabajamos autonomía decisional y física. Tenemos casos en los que se logró salir de esa situación y hoy son mujeres sumamente empoderadas”, enfatiza.

La coyuntura macroeconómica actual afecta a toda la actividad crediticia. “En el caso de los microcréditos relevamos que hasta el momento no hubo un ascenso grande en relación a los niveles de mora. Subió, pero dentro de los parámetros esperables. Las instituciones de microfinanzas están haciendo un trabajo arduo y fructífero. Hoy el principal desafío es ganar una mayor escala para llegar a aquellas personas que necesitan un microcrédito para mejorar su calidad de vida. Hay mucha necesidad insatisfecha en materia crediticia”, señala Wainhaus.

En la misma línea, Valsangiacomo opina: “Actualmente, no tenemos problemas con el repago, la gran mayoría está al día. Ellas ven que sus emprendimientos están estancados porque se trabó el consumo. Por este motivo, se les complica invertir en más mercadería o maquinaria. Hay mujeres que en el camino se caen. Algunas por desmotivación o descapitalización abandonan el emprendimiento, mientras que hay otras que en el camino se reinventan y se van adaptando a las nuevas demandas u oportunidades”.

Microcréditos para micro emprendimientos

En 2012, Zunilda Franco fue la primera en tomar un microcrédito de Semillitas, un centro de ayuda integral para niños y su familia, ubicado en Lanús. En aquel entonces, la organización le dio a la emprendedora un crédito de $500 para comprar telas. Zunilda ya contaba con máquinas de coser y deseaba emprender en el rubro textil. A medida que fue avanzando su proyecto, fue tomando nuevos créditos y logró comprar una estampadora e incluso reformar su casa para poner su local en la parte de adelante.

Zunilda Franco, de Lanús, tomó un microcrédito de Semillitas para desarrollar su emprendimiento textil. Foto: Florencia Tuchin

“Yo hago prendas de acuerdo a las necesidades del barrio. En este momento estoy haciendo los pintorcitos para el jardín. En invierno hago muchas poleras y, para las nenas, llevan muchos tutús para los cumpleaños. El año pasado hice vestidos de novia. Mis clientes llegan por el boca en boca”, relata Zunilda, de 35 años. Explica que en los últimos años fue ganando mucha experiencia: “el año pasado tuve muchos pedidos de guardapolvos en febrero y no di abasto. Perdí muchas ventas. Ahora estoy armando stock con más tiempo porque trabajo sola”.

Mientras Zunilda renovó una y otra vez los créditos, Sabrina Spatafore, de 39 años, se acercó a Semillitas por primera vez hace tres meses para desarrollar su emprendimiento de masajes. “Durante mucho tiempo trabajé en relación de dependencia, pero cuando tuve a mi nene, dejé de trabajar. Antes de que nazca mi segundo hijo, hice un curso de masajes como hobby. Al tiempo, mi marido se quedó sin trabajo y nos mudamos de Capital a vivir a Lanús. Los dos empezamos a buscar trabajo y no encontrábamos nada. Un día, pensando, le dije que iba a buscar gente para hacer masajes. Lo primero que necesitaba era una camilla para poner en la parte de delante de mi casa. Ahí me enteré de los microcréditos que daba Semillitas y pedí que me prestaran $4.000 para devolver en seis meses. Las personas que me atendieron me parecieron súper serias y no me dejaron ninguna duda sobre el crédito. Cuando me pude comprar la camilla estaba tan feliz, que saltaba en una pata. Cuatro días después ya tuve a mi primera clienta”, cuenta Spatafore.

Sabrina Spatafore tomó un crédito para comprar una camilla para su servicio de masajes. Foto: Florencia Tuchin

Actualmente, ella es el único ingreso de la familia, por lo que constantemente está pensando ideas para salir de la situación ajustada en la que se encuentra. “Ahora estoy en contacto con Lanús Emprende, un programa del municipio, para que me asesoren sobre cómo tener más clientes y difusión. Todos los días escribo publicaciones en Instagram y Facebook. También mando mensajes por whatsapp. Estoy pensando en agregar un servicio de depilación.

Lorena Leiva es trabajadora social y la asesora de crédito de Semillitas de ambas emprendedoras. Ella las visita mensualmente, pero está en contacto para acompañarlas cotidianamente. Si bien es voluntaria de la organización hace muchos años, hace un año tomó este rol. “El programa sirve para potenciar a las familias, que asisten al centro comunitario”, enfatiza Leiva.

Mejorar la vivienda

Los microcréditos de Fundación Vivienda Digna están destinados a las familias que quieren mejorar o terminar su casa, pero que no pueden acceder a créditos bancarios para lograrlo. En este momento, la organización está trabajando en los municipios de San Martín, San Isidro, San Fernando, Tigre, Malvinas Argentinas y Pilar en la provincia de Buenos Aires. Y en el municipio de Wanda de la provincia de Misiones. Los montos de los créditos son desde $3.000 hasta  $15.000, el valor se determina entre la familia y la Fundación, según la necesidad de mejora.

“Las familias que dan este paso tienen en el horizonte la mirada puesta en alcanzar una mejora en la calidad de vida. Seguro lo hacen pensando en que sus niños y niñas no corran riesgos dentro de su casa. Un techo con agujeros o una pared sin revocar, es una invitación a tener humedad dentro del hogar, y de ahí a enfermedades respiratorias y de todo tipo, no hay más que un sólo paso. Por eso, quien decide tomar un microcrédito suele ser consciente de la dificultad, pero es más fuerte la voluntad de alcanzar condiciones más saludables para que su familia viva mejor”, cuenta Fernando Collado, Director del programa de Microcréditos de Fundación Vivienda Digna.

Las familias multiplican el rendimiento del recurso monetario que reciben a través del microcrédito, gracias a que en su mayoría, cuentan con el conocimiento directo de los oficios de la construcción. O a través de la solidaridad de un familiar, de amistades o de la colaboración de los vecinos del barrio. Además, cuentan con el aporte de los arquitectos voluntarios que acompañan a quienes toman los microcréditos.

Encontrá la institución de microcréditos más cercana a tu domicilio.

Sociedad | 19 de febrero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

En México sólo confían en el Equipo Argentino de Antropología Forense

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, acaba de anunciar un programa para buscar e identificar a los 40 mil desaparecidos que ha dejado la guerra contra el narcotráfico. En esa tarea, será fundamental el Equipo Argentino de Antropología Forense, organismo respetado por los familiares de los desaparecidos y que, en 16 años de trabajo en ese país, ya logró identificar a alrededor de 300 víctimas.

Mercedes Doretti, la antropóloga forense argentina fundadora del EAAF y directora del equipo que trabaja desde hace 16 años en México, explica que el trabajo representa un desafío descomunal, y que lo encara con esperanza y cautela. El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense ya desembarcó en más de 40 países alrededor del mundo.

El 17 de marzo de 2011, Carlos Alberto Osorio Parada, un joven salvadoreño de 27 años, se despidió de su mamá, Bertila, y de su papá, Jorge Alberto, para convertirse en uno más de los cientos de miles de migrantes centroamericanos que atraviesan el territorio mexicano con la ilusión de llegar a Estados Unidos.

Diez días después de su partida, Carlos Alberto habló con su mamá por teléfono. Le contó que ya estaba en Monterrey, a sólo 216 kilómetros de la frontera. Fue la última vez que Bertila supo algo de él.

Trabajo de laboratorio del Equipo Argentino de Antropología Forense en Chihuahua, México. Foto: Cedhem

El joven desapareció, al igual que desaparecieron más de 40 mil personas en México en los últimos 12 años, a raíz de una guerra contra el narcotráfico que recrudeció la violencia y fortaleció a las organizaciones criminales que se diversificaron y que, además de traficar drogas ilegales, se dedicaron a secuestrar, extorsionar, asesinar y desaparecer a víctimas en masa, migrantes incluidos. En varios casos, con complicidad del propio Estado.

Como ocurrió con muchas de las Abuelas de Plaza de Mayo, a Bertila la desaparición de su hijo la transformó en activista. Pidió el apoyo de las autoridades mexicanas y salvadoreñas, pero en todo momento se sintió sola, desamparada, hasta la tarde en que un joven argentino la llamó por teléfono para decirle que querían ir a tomarle muestras de sangre para hacer un ADN porque creían que habían encontrado a su hijo.

“Ahí me enteré de que existía el Equipo Argentino de Antropología Forense. Eran personas humanitarias que venían a ayudarnos. Para nosotros fue muy importante porque no teníamos dinero para hacer investigaciones por nuestra cuenta, ni siquiera para viajar a México”, recuerda Bertila.

A fines de 2013, le avisaron que la coincidencia genética era de un 96%. Sí, era el cuerpo de Carlos Alberto. El joven salvadoreño formaba parte de la lista de 193 víctimas de la llamada “masacre de San Fernando”, un asesinato en masa ocurrido en el estado de Tamaulipas en abril de 2011 y que, como todas las matanzas ocurridas en el marco de la guerra narco, sigue sin esclarecerse.

Bertila cuenta que “fue un momento muy traumatizante, yo esperaba encontrar a mi hijo internado en un hospital, pero vivo. Fue un dolor muy profundo. Pero al mismo tiempo la noticia trajo un poco de paz a mi corazón, ‘al menos lo encontramos’, pensé. Otras familias siguen buscando a sus desaparecidos”.

La tragedia no había terminado. Las autoridades mexicanas trataron de convencerla para enviarle el cuerpo cremado al Salvador, pero ella necesitaba ver a su hijo. Temía, como ya les había pasado a varios familiares de desaparecidos, que les entregaran restos de otras personas, incluso de algún animal. Después de meses de trámites y peleas burocráticas, gracias a la intervención del EAAF, la cremación no se llevó a cabo y, en enero de 2015, casi cuatro años después de la desaparición de Carlos Alberto, Bertila logró ir a México y llevarlo de regreso al Salvador, en donde pudo enterrarlo.

“Me siento totalmente agradecida con el Equipo Argentino. Los familiares de los migrantes desaparecidos sólo confiamos en ellos. Cuando fui, Mimí me dio el informe forense, contestó todas mis dudas. Ellos nos dan tranquilidad a las familias. Yo llevo al Equipo en mi corazón, están muy entregados a las familias de los desaparecidos. Yo nunca les iba a creer a los del gobierno mexicano ni a mi gobierno si me decían ‘aquí está tu hijo’. Nomás les creemos a los del Equipo porque les patean los talones a las autoridades, les enseñan a hacer su trabajo. Aunque encontré a mi hijo, sigo participando en el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos. Cuando vienen los del Equipo, o hablamos con Mimí en México, los sentimos como parte de las familias, ellos entienden el dolor que llevamos en nuestro corazón y nos echan la mano”, dice la activista.

La “Mimí” que Bertila menciona a cada rato es Mercedes Doretti, quien dirige equipo que trabaja desde hace 16 años en México. Los peritos argentinos llegaron en 2003, por pedido del Alto Comisionado de Derechos Humanos, para realizar un protocolo de autopsias, pero luego se quedaron para trabajar en los femicidios de Ciudad Juárez, un caso de asesinato masivo de mujeres en la frontera México-Estados Unidos que tuvo repercusión internacional.

Mercedes doreti (izq) habla durante la conferencia de prensa de enero último en Chihuahua en la que el EAAF identifico a 15 desaparecidos. A la derecha sentadas, dos familiares de desaparecidos. Foto: Cedhem

En entrevista con RED/ACCIÓN, Doretti explica que el EAAF nunca había trabajado en temas de femicidios ni de migración, “así que este trabajo nos introdujo a la problemática migrante. Nos dimos cuenta de que había una ausencia de bases de datos forenses nacionales y centroamericanas. Encaramos el tema regionalmente y cada vez se hizo más grande”.

Pocos años después, en 2006, comenzó la guerra narco, se multiplicaron las desapariciones masivas y el EAAF fue cada vez más requerido por los familiares que buscaban a una hija, un hermano, un esposo. Desde entonces, la intervención de los expertos argentinos comienza con la solicitud de alguna organización de familiares de víctimas de desaparición forzada, desaparición por particulares o de ejecuciones extrajudiciales.

“A veces, para poder intervenir, tenemos que ser nombrados como peritos de la familia, pero en otros casos hemos firmado convenios de colaboración con fiscalías locales o la PGR (Procuraduría General de la República). Por ejemplo, ahora estamos trabajando en la Comisión Forense, que está formada entre PGR y el Equipo Argentino con 10 organizaciones de la sociedad civil de México y Centroamérica, e incluye la identificación de restos de tres masacres importantes del noreste de México”, señala la antropóloga.

El EAAF tiene trabajo para rato. Además de la identificación de cuerpos en estados como Tamaulipas, Nuevo León y Chihuahua, también participa en colectivos que diseñan políticas públicas en el área forense y que están siendo consultados por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien el 4 de febrero anunció un programa inédito para buscar a las más de 40 mil personas desaparecidas en los últimos 12 años.

Alejandro, Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, reconoció ese día que “México es una fosa común”, tal y como venían denunciando hace años familiares de desaparecidos que, ante la ausencia del Estado, se organizan y excavan con sus propias manos la tierra para buscar a sus desaparecidos. Encinas calculó que a lo largo del país había 1200 fosas con miles de cuerpos amontonados, sin identificar. Se quedó corto: una investigación coordinada por las periodistas Alejandra Guillén, Mago Torres y Marcela Turati demostró que en México hay, por lo menos, 2000 fosas clandestinas.

Carlos Alberto, el hijo de Bertila, ya no forma parte de esa lista de desaparecidos. Tampoco las más de 200 víctimas que el EAAF ha logrado identificar en México, y a las que se le suman otros 90 mexicanos y centroamericanos identificados en Estados Unidos.  

Basurero de Cocula, México, donde el EAAF realizó un peritaje a pedido de las familias de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Foto: EAAF

Es una tarea en la que, como reconocía y agradecía Bertila, la activista salvadoreña, los peritos argentinos priorizan el trato con los familiares.

“Ellos son centrales”, subraya Doretti, “nosotros no intervenimos si los familiares no están de acuerdo, si no nos dejan hablar con ellos, entregarles el dictamen y tener completa transparencia. Los primeros años era bastante complicado hacer entender nuestra relación con los familiares, no había mucha tradición de que los forenses se involucraran con ese trato. Es importante establecer un vínculo de confianza porque no hay nada que ocultar, nada que no pueda decírseles, los familiares agradecen que uno sea lo más honesto posible con ellos”.

El trabajo no ha sido fácil. Suele haber trabas para que el EAAF acceda a los expedientes para analizar peritajes previos, lo que retrasa la investigación; también complica el caudal de información que se fragmente en docenas de agencias federales y estatales. Y, en particular, dice Doretti, la ausencia de voluntad política para resolver los casos.

Hoy, el escenario parece diferente. En su asunción presidencial, López Obrador anunció la creación de una comisión especial para investigar la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, una historia que conmocionó a la opinión pública internacional en septiembre de 2014. La intervención del EAAF, que con sus peritajes demostró que el gobierno mentía, fue fundamental para evitar que el ex presidente Enrique Peña Nieto cerrara el caso. Hoy, la antropóloga reitera “las gravísimas irregularidades” que hubo durante la investigación, entre ellas la manipulación de la evidencia forense.

Doretti dice que ven este nuevo proceso “con esperanza”, ya que el gobierno está consultando a la sociedad civil, a los familiares y a los equipos forenses.

“Es un nuevo acercamiento. Si la Ley de Desaparición aprobada en 2017 realmente se implementa, si este mecanismo nuevo se hace de una manera apropiada, hay esperanzas de que podamos saber qué ha pasado con una parte importante de las personas desaparecidas”, señala.

Sin embargo, aclara que no se pueden generar demasiadas expectativas porque se trata de una cifra descomunal de 40 mil víctimas.

“Ninguna solución va a ser inmediata. Hay mucho trabajo por delante para poder dar respuesta a un número importante de personas. Pero es cierto que, después de un momento crítico, estamos ante una ventana de oportunidad. Ojalá salga para adelante, ojalá se pueda hacer un salto importante”, dice Doretti, invocando el mismo deseo que tienen los familiares de los desaparecidos.

El documental “Los días de Ayuzinapa” debate el informe del gobierno mexicano sobre cómo y por qué desaparecieron 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala, en 2014. Cecilia González, autora de esta nota, participó en su producción periodística.

Sociedad | 11 de febrero de 2019

Qué es la “Emocracia” y por qué tenemos que estar atentos

El rechazo creciente a los inmigrantes, que se manifiesta en el debate de atenderlos o no atenderlos en nuestros centros médicos, evidencia que empezó a dar vueltas por las redes sociales y otros canales de comunicación un axioma complejo (que no se dice con firmeza pero se intuye).

Es aquel que sugiere que hay individuos con mayor valor y otros con menor valor, y a estos segundos se los presenta como portadores de menos derecho a la vida. ¿O no es eso decirle a alguna gente que tiene que pagar por ser atendida, mientras otra gente no?

Pareciera que hace tiempo nuestra comunidad se viene cubriendo de mensajes falsos, fake news, que generan un malestar y profundizan esta idea excluyente. Para nuestro dolor, son ideas con cierta aceptación. Aparece de vuelta la intención de poner la culpa en los extranjeros. Y vuelven de pronto las viejas teorías conspirativas. Pero no son resultado de análisis profundos que dan pie a estas teorías, no.

Son mensajes superficiales atados a la emotividad. Mensajes que justamente agitan, antes que nuestra razón, nuestros sentimientos. A estos agitadores de emociones se los llama “emócratas”, y en algunos lugares del mundo generan “Emocracias” fundadas en mensajes que marginan a los otros, que apelan siempre a lo peor de los otros.

Entonces, los “emócratas” empiezan a decir cosas como: “aunque seas pobre, si sos extranjero tenés que pagar”. Y, apañados por alguna gente, están generando cordones sanitarios. En su carrera por agitar miedo y discriminación, terminan por aislar lo mejor de nosotros. Ya lo escribió Fernando Pessoa el siglo pasado: “Las sociedades están dirigidas por agitadores de sentimientos, no por agitadores de ideas”. No dejemos que eso pase. Que nuestros corazones se mantengan a salvo. Es la única manera de mantenernos a salvo todos.

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Sociedad | 11 de febrero de 2019

Foto: Cmax Foundation | Intervención: Pablo Domrose

Es argentino, creó un refugio para desplazados, y hoy lo lleva al mundo entero

En medio de la crisis de 2001, mientras vivía en una clínica abandonada sin dinero para comer, Nicolás García Mayor, diseñador industrial bahiense, ideó un refugio instantáneo para víctimas de catástrofes naturales y refugiados y se convirtió en uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes del Mundo. En ese momento tenía 23 años, y esta es su historia.

“Hoy voy a recibir a mi próximo invitado con mucho orgullo”. Es noviembre de 2016. Es Buenos Aires. Susana Giménez se levanta del escritorio acomodándose la cadenita que adorna, a modo de cinto, el vestido de leopardo en el que está enfundada. Se contonea hasta su afamado living.

“Él está sentadito ahí, es amoroso. Se trata de Nicolás García Mayor. Él es una de las personas que nos devuelve la esperanza de un futuro mejor”—completa la diva al sentarse en el sofá.

Es mayo de 2017. Es Washington. Sulema Salazar, conductora de Telemundo 44, una estación que ofrece noticias para la comunidad de habla hispana, interpela a su colega: “Hoy Valeria Barriga nos presenta un reportaje especial titulado ‘El refugio de los sueños’. Pero Valeria, ¿quién está detrás del refugio de los sueños?”. “Pues fìjate que en este caso es un argentino. Su nombre es Nicolás García Mayor, él ahora reside aquí en la capital y ha tenido reconocimientos a nivel internacional por su trabajo humanitario. Y fìjate que ahora nos presenta una idea que podría ser la solución para un problema mundial que nos concierne a todos —responde Barriga y da pie al video de su reportaje con el diseñador.  

Presentaciones idénticas se repitieron en la pantalla de la CNN; en la de TN. En el país del norte y en el del sur.

Foto gentileza de Cmax Foundation

En todas García Mayor (40) agradece —modesto— los elogios de los periodistas impresionados, recibe los aplausos e intenta salir del lugar sacro en el que queda encallado. Dice cosas como: “Mi objetivo es resolver un problema social”. “Fui a una universidad pública y quiero dejar algo a mi país que me permitió estudiar gratuitamente”.“Las cosas no son imposibles, no hay que bajar los brazos”. “Agradezco, por todo, a dios”.  El reportero de la CNN se quiebra. El lugar sacro, crece.

En el mundo hay 70 millones de refugiados y desplazados. Personas que huyeron de su tierra para salvarse. De la violencia. De las persecuciones. Del hambre.  

En el mundo hay robots con inteligencia artificial. Automóviles recargables. Impresoras 3D. Embriones fabricados sin óvulo ni espermatozoide. Pero cuando una catástrofe natural sacude el suelo no hay frazadas suficientes.

Con voluntad animal y tenacidad de acero, el diseñador industrial Nicolás García Mayor pone su trabajo al servicio de una meta: equilibrar las prioridades.

“La mía es la historia de un pibe común”, dijo en una de sus tantas notas a la prensa.

De mirada azul, prolijidad soberbia —traje gris oscuro, camisa negra brillante, pañuelo de bolsillo rojo — Nicolás García Mayor se acerca con sonrisa perfecta y aire de empresario. Es octubre de 2017, estamos en el Centro Cultural de la Ciencia donde se desarrolla el Mercado de Industrias Creativas de Argentina en el que en minutos liderará un conversatorio y brindará una masterclass titulada “Diseño centrado en las personas, el Diseño Urgente”. Ahora apura un café y le abre un agujero a su horario comprimido para conversar.   

—Disculpá que te haya mandado la información por mail pero tengo poco tiempo. Yo tengo otra forma de relacionarme con la gente —dice en tono de disculpa sincera y deja expuesta la calidez provinciana bajo el barniz de la presencia almidonada y la ropa formal. Como si en su acento sencillo, despreocupado, se trasluciera todo su ser: el pibe común que nació en Bahía Blanca, hermano del medio de una familia de pasar modesto. Padre colectivero, madre costurera.

El pibe común con curiosidad feroz que disfrutaba de desarmar cosas para ver cómo funcionaban y destripaba caracoles para saber qué tenían dentro. El que a los 12 años quería ser DJ, no tenía dinero para equipos e inventó una mezcladora de sonidos, luces y efectos con la cual musicalizó fiestas del colegio y casamientos. El que deseaba ser el primer universitario de la familia. Y no soltó su meta. Nunca.

Cuando terminó la secundaria Nicolás se mudó a la capital bonaerense para estudiar Diseño Industrial en la Universidad Nacional de La Plata. Para pagar el alquiler hacía las tareas de mantenimiento del edificio en el que vivía y preparaba hamburguesas en el buffet de la facultad. Pero en medio de la crisis de 2001 los amigos con los que compartía departamento se fueron. Eran días imposibles. Días sin dinero ni lugar para vivir. Fue entonces que empezó a diseñar gratis para el dueño de una prepaga a cambio de que lo dejara quedarse en una clínica que tenía abandonada. Un sitio enorme y sucio, sin luz ni agua caliente, que el bahiense no solo acondicionó sino que convirtió en un comedor comunitario para casi 200 personas.

Foto gentileza de Cmax Foundation

En una vieja sala de radiología como habitación, usando los cuartos más fríos como heladera y colgado a la luz eléctrica de un local vecino cursó sus dos últimos años de carrera y diseñó, con restos de basura y lo que encontró a su alcance, su tesis de grado: un refugio instantáneo para víctimas de desastres naturales y migrantes que podía ayudar a millones de personas. Una casa desplegable de polipropileno, aluminio y poliéster que se arma en once minutos y se convierte en una pequeña vivienda equipada con los enseres necesarios para acoger a diez personas. Plegado es un cuadrado de 80 centímetros. Lo bautizó Carlos Maximiliano, como su hermano menor. Entonces no lo sabía —no tenía cómo—, el mundo lo conocería como C-Max System.

Nicolás se graduó con diez. Su hermano mayor, Sebastián, vivía en España y en los días que no tenía para comer había soñado con unirse a él, tener su propio estudio en Barcelona y trabajar para Renault. Se fue con 20 euros en el bolsillo. Un mes después era empleado de la titánica fábrica francesa de automóviles y comenzaba a levantar su emprendimiento. Trabajó en Europa y Emiratos Árabes. Tuvo el mismo traductor que Maradona en Dubái. Diseñó espacios y objetos de lujo para Jaguar, Volvo, BMW, Audi, Coca Cola, Google, Facebook. Fue multipremiado a nivel mundial. A los 23 años tenía una casa frente al Mediterráneo. Pero decidió volver a su principio.

En Bahía Blanca abrió Ar estudio, una empresa de diseño exitosa. “Pero cuando tuve todo me di cuenta de que no tenía nada”, dice.

Había pasado más de una década de la creación del refugio cuando, en 2013, el proyecto fue escogido por la Cancillería argentina para participar del Foro Internacional para el Desarrollo de la Ayuda Humanitaria, en Washington. Y su vida dio un vuelco. El C-Max System —como lo presentó— dejó pasmados a los representantes del mundo y le pidieron que lo presentara en la Asamblea General de la ONU, ese mismo año.

—Fue histórico. Nunca habían llevado a esa instancia a un emprendedor de Argentina, que además no hablaba inglés. Nada —subraya.

“Inglés: very difficult” —bromeó con Susana recordando la frase que consagró Carlos Tevez—. “Me falta jugar bien al fútbol, ese es el problema”.

No fue necesario.

Foto gentileza de Cmax Foundation

Semanas antes de dejar atónitos a los gobernantes del planeta en Nueva York “sin saber decir ni hola” en la lengua universal, el Papa lo invitó al Vaticano. Su proyecto también lo había deslumbrado. En 2014, a sus 35, Nicolás fue nombrado por Naciones Unidas como uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes del Mundo por su contribución a la niñez, la paz mundial y los derechos humanos. Dos años después el Gobierno de Barack Obama le otorgó la residencia permanente como Brilliant Talent por su labor en el campo de la innovación humanitaria.

Decidido a apostar todo por lo que se convirtió en el proyecto de su vida cerró su empresa, vendió sus cosas, besó a su familia y se mudó a Washington.  

—“Hay que quemar las naves”, dije. “Es ahora o nunca”. Sentí realmente que todas las cosas que me habían pasado no eran para decir: ‘Mirá lo que hice’, si no que me guiaban: ‘Mirá, estas puertas se están abriendo para que ayudes a la gente’.

En 2016, a dos cuadras de la Casa Blanca, abrió las primeras oficinas de Cmax System Inc., desde donde trabaja para fabricar los refugios a escala mundial. Su objetivo es conseguir que cuesten lo mismo que una carpa. También creó Cmax Foundation, una fundación destinada a atender las necesidades de aquellos lugares que fueron afectadas por catástrofes naturales.

—Queremos hacer una tarea más amplia, no solamente proveer refugios sino reconstruir un puente, armar una escuela, hacer obras a largo plazo. Sembrar en el camino otra visión.

Foto gentileza de Cmax Foundation

Aunque extraña a la familia y el flan con dulce de leche, dice que está feliz con la vida que eligió. Y en eso tiene que ver la fe.

—Soy bastante cristiano, entonces llevo esa alegría de haber cambiado cosas materiales por situaciones que estoy vivenciando y quedan marcadas en mi pasaporte, en los viajes que hago y en la gente que conozco. Eso para mí es lo más importante. Cada cosa que hago trato de agradecerla, más allá de que sea duro: recorro campos de refugiados, veo niños con heridas de bomba que no me puedo sacar de la cabeza. Chicos que quedaron solos en el mundo. Miles de personas buscando a sus familias. Cuando vivís esas situaciones, decís: “Cómo puede haber gente que se pelea por cosas estúpidas. No entienden la realidad del sufrimiento”. Yo lo veo, me duele y trato de convertirlo en algo bueno, trato de ser feliz con cada cosa, las más simples.

En 2007, su hermano Sebastián murió de cáncer. Nicolás se juró que con lo que le quedara de vida haría algo “que valiera la pena”.  

—En una de las notas que me pasaste decís que “para hacer las cosas bien, la única ruta es la larga”.

—Sí, olvidate. No conozco otra. No sé si es porque soy un desastre buscando rutas —ríe.

Con los años Nicolás se dio cuenta de que desarmaba caracoles para ver cómo funcionaba la “casa móvil” que llevaban, en la que se refugiaban. Quizás la ruta comenzó ahí. En su principio.  

Sociedad | 8 de febrero de 2019

Foto: Remando Juntos | Intervención: Pablo Domrose

Una escuela de surf para todas las capacidades

Personas ciegas, sordas, cuadripléjicas, hemipléjicas. Personas que necesitan un bastón canadiense para moverse. Otros que llegan con andadores. Todos tienen lugar en la escuela de surf para todas las capacidades, que lidera Lucas Rubiño, en Mar del Plata. Y que tiene más de 300 alumnos con distintas patologías, que llegan de todo el país.

Todo comenzó hace 15 años, cuando Lucas era una promesa del surf y se animó a surfear en el mar con una joven con parálisis cerebral. La cara de felicidad que provocó esa experiencia en la chica fue un viaje sin retorno. Entendió que mientras para él el mar era una diversión, para niños, niñas y jóvenes con patologías que él no sabía cómo tratar, el mar era todo.

Foto: Lucas Rubiño

Hay momentos que marcan una vocación. Así fue para Lucas Rubiño, de 37 años. A los 20 años él era un surfista que ya convocaba a algunos sponsors en Mar del Plata. En un día de entrenamiento en la playa, durante una charla con un empresario que apoyaba su carrera y que además es padre de una chica con parálisis cerebral, se le ocurrió proponerle:

-¿No te animás a meterla al mar, así surfeamos un rato? –preguntó Lucas.

-¿Vos me estás cargando? Justo a ella le proponés un deporte de equilibrio –contestó él.

Luego de una consulta a la madre, Lucas y Evelin se metieron al mar con una tabla. Esa experiencia fue el punto de inicio de todo. Poco después, decidió hacer de eso un oficio y dejar de lado su carrera de surfista.

Desde hace 15 años, tiene la escuela de surf adaptado Remando Juntos, que funciona todo el año y de manera gratuita. El año pasado formó a más de 300 personas y espera que ese número llegue a 500 al finalizar 2019.

Foto: Remando Juntos

La felicidad de Evelin

“Todavía me acuerdo cuando metí a Evelin al mar con mi longboard, una tabla más larga y ancha que las convencionales. Y, por consiguiente, más estable. Ella iba agarrada a mis manos y yo corría al lado. Cuando la ola empezó a llevarla, puso una cara de felicidad que no me olvido más. Disfrutó de la fuerza del mar y de avanzar con una ola”, cuenta Rubiño.

Evelin les contó a sus amigos que surfeaba. Y el fin de semana siguiente, llegaron a la playa varios de sus amigos buscando a Lucas. Algunos con Síndrome de Down, otros con autismo… Ahí Lucas se dio cuenta de dos cosas: lo que hacía no era una “tontería” y debía formarse para ayudar a personas con patologías que él desconocía.

“Lo que para mí era divertirme en el mar, para ellos era todo. El surf es la excusa para sentirse como vos y como yo. Antes eran ‘los pobrecitos, que no pueden hacer nada’. Gracias al surf, se convirtieron en los héroes de la playa, a los que todo el mundo aplaude. Salieron de esa posición de inferioridad para escalar diez mil escalones”, explica, sentado en una de las playas donde da clase, en Constitución y la costa, en Mar del Plata.

Cuando llegaban a la playa chicos con autismo, Lucas no sabía cómo relacionarse con ellos. “No sabía si querían meterse o no al mar”, recuerda. Ésa fue una de las razones para estudiar el Profesorado en Educación Especial. Comenzó a familiarizarse con términos como inteligencia múltiple y aprender de psicología y pedagogía.  

Sin darse cuenta, ya había forjado un oficio, que le cambiaba la vida a muchos. “Nunca me imaginé siendo profesor en educación especial. Nunca pensé dejar de surfear olas para ayudar a otra persona. La alegría que les genera surfear su primera ola es como recordar la mía todo el tiempo. Siento la misma adrenalina que ellos al ver su sonrisa, los ojos llenos de lágrimas o el corazón que les late más fuerte. Cambié mi perspectiva: ahora disfruto viendo a otros”.

Tablas para todos

Lucas también se encargó de adaptar algunas tablas de acuerdo a las necesidades de sus alumnos. Las adaptaciones fueron puro ingenio: cortar caños de PVC para pegarlo a la tabla, modificar una silla de rueda para que quepa en el longboard, colocar respaldos, arneses y estructuras metálicas…

“Somos argentinos. Buscamos la forma de solucionar las cosas con lo que tenemos. Por ejemplo, fabricamos un andador con caños de PVC del desagüe de una pileta. Una persona amputada, alguien con secuelas de un ACV o lesiones de médula se siente mucho más segura con una baranda en la tabla”, ilustra Lucas.

El andador que realizó recibió una mención especial por innovación en el Mundial de Surf de California, en 2015. “Con algo que tuvo un costo de $300 hicimos algo que le cambió la vida a muchísima gente”.

Los costos corren por cuenta de Rubiño y la escuela se financia con rifas y otras acciones dedicadas a comprar insumos. Aunque el Concejo Deliberante de General Pueyrredón declaró de interés su escuela, no recibe apoyo económico. A fuerza de mucho trabajo, por ejemplo, crearon un “vestuario móvil”, algo indispensable para el invierno.

“Yo no cobro las clases. Los alumnos me llaman, acordamos los horarios y voy. Este es mi placer y no mi trabajo. Soy cajero y encargado en un boliche, que me deja los días libres para dedicarme al surf adaptado. Siempre soñé con una escuela municipal. El vestuario móvil que inventamos es una casilla rodante, que adaptamos con asientos reclinables y un baño preparado. En el invierno, vos y yo nos podemos poner un traje de neoprene muy rápido, pero ellos no. Necesitábamos un lugar cerrado con calefacción. Tenemos también sillas anfibias, sillas preparadas y hasta un desfibrilador, que no posee ningún balneario de la ciudad. Tenemos muchas cosas. Esta sociedad sólo necesita ser más solidario con el otro”.

Foto: Lucas Rubiño

La necesidad de playas inclusivas

Lucas no trabaja solo. Mientras prepara una de sus clases, se acerca Gabriela Farase, profesora de danza y expresión corporal, y quien acompaña la actividad desde la estimulación sensorial y motriz antes de meterse al mar.

“Afuera del agua, hacemos esferodinamia para trabajar la confianza corporal. Es importante para ellos soltar el cuerpo, poder entregarlo y confiar. Lo primero que aparece es la defensa del cuerpo a la tensión y contracción del músculo”, cuenta Farase, que también trabaja con personas con discapacidad en actividades artísticas.

Aunque muchas playas tienen rampa de acceso, ella cree que todavía no son espacios amigables. “Por ejemplo, muchos de ellos se quejan de la falta de un estacionamiento prioritario. Tienen que dejar el auto lejos. Muchas veces la rampa no llega al mar”.

En un recorrido por la playa, Lucas invita a Yolanda Román a su primera clase. Ella es de Berazategui y tiene parálisis cerebral espástica. Llegó acompañada por su pareja Sergio Quintero. “Tiene un gran miedo, pero se anima”, dijo Sergio, cuando Lucas llegó con la tabla.

Ya en el mar, Gabriela acompaña a Yolanda a la tabla y la ayuda para darle seguridad. Lucas sostiene la tabla y la empuja cuando viene una ola, muy cerca de la orilla. Cuando la fuerza del mar las empuja, una sonrisa inmensa ilumina la cara de Yolanda. La segunda vez suelta un grito, hijo de la emoción.

Después de la clase, Yolanda cuenta a RED/ACCIÓN cuál fue su sensación. “Cuando me invitó, le dije que yo tendía a irme para un lado. Me dijo que me iban a sostener bien y que iban a estar conmigo en todo momento. Lucas y Gabriela me sugirieron que vaya acostada, pero yo preferí sentada. Al principio, sentí como un mareo, pero después fue hermoso y divertido. Después grité como una loca, pero de pura emoción”.

Cuando cae el sol, Lucas guarda las tablas, las sillas anfibias y se pone a tomar mate con unos amigos. Mañana será otro día de surf adaptado y de sonrisas que le confirman su vocación.

Sociedad | 31 de enero de 2019

Ilustración: Pablo Domrose

Laura Quiñones Urquiza explica de qué se trata el arte de perfilar a los peores criminales

Pasa sus días haciendo algo parecido a esos dibujos en los que se une puntos para obtener un perfil. Es una metáfora: en realidad, ella no dibuja, pero sí une puntos y finalmente llega a una figura. Quiñones Urquiza es una perfiladora criminal.

Su trabajo consiste en proponer una hipótesis sobre la personalidad, el sexo, la edad, la ocupación, el nivel socioeconómico y el estilo de vida del autor de un delito. Los jueces de instrucción, los fiscales o los policías toman su informe como una herramienta en la investigación. Y, claro, es un trabajo nada sencillo.

“Los perfiladores analizamos el método necesario para la comisión del delito; o sea, el modus operandi”, dice Laura Quiñones Urquiza, cuyo último libro es Lo que cuenta la escena del crimen. “Lo separamos de las firmas o huellas psicológicas; es decir, de aquello que no es necesario para la comisión del delito. Si un delincuente sexual viola a una mujer y la golpea excesivamente, está mostrando una violencia expresiva”.

Foto: Penélope Mendiguetti

“Lo mismo ocurre con lo que les dicen los violadores a las víctimas”, sigue. A la hora de buscar a un agresor todo lo que haya hecho o dicho durante el ataque es una pista. “Cada expresión verbal tiene un significado. Esto no es analizable por sí solo, sino en un conjunto y en todo lo que implica la interacción víctima-victimario-lugar del hecho”.

En la Argentina, Quiñones Urquiza (a quien se puede leer en columnas de La Nación y Perfil; y ver frecuentemente en Telefé Noticias) es una de las pocas especialistas en perfilación criminal. Desde hace 10 años viene trabajando para juzgados de instrucción, fiscalías y fuerzas policiales a lo largo del país.

La perfilación, una herramienta complementaria de la criminología, nació en la década de 1970, con el trabajo de tres agentes del FBI que buscaban obtener y organizar datos para resolver casos análogos. La serie Mindhunter, de Netflix, cuenta aquella historia.

¿En qué elementos te basás para perfilar?
Leo todo el expediente y pido todas las fotografías, que suelen ser 200 o 250. Lo mismo con las autopsias: no uso solamente las fotos que están en un expediente, pido todas las que se tomaron. Busco las lesiones, me fijo en su naturaleza de acuerdo a lo que escribió antes el médico. Las manchas de sangre son importantes para mí. También pido las pericias informáticas. Y a veces, pido que me pasen la información policial que hay sobre la víctima y las declaraciones de los testigos.

¿Y qué hacés con eso?
Un informe técnico consultivo que sirve para reducir el número de sospechosos. Pero a mí no me importa si ya hay sospechosos reales porque eso sería adaptar el perfil criminal a un sospechoso con nombre y apellido. Hace un par de años me llegó el caso de una muerte dudosa. El sujeto había aparecido en su living, parecía que se había caído y golpeado. Pero cuando se hizo la autopsia se vio un pequeño rasguño, se abrió el cráneo y apareció una fractura. Esa caída que se había querido presentar no era consistente con las lesiones que se deberían haber encontrado en la espalda, en la nuca o en los brazos. Así comenzó la pregunta: ¿fue un accidente o fue un homicidio? Empecé a armar el perfil de un posible homicida con todo el material que me fueron pasando. Solicité que volvieran a citar a dos testigos y que averiguaran otras cosas. Hice un esquema de preguntas. El perfil coincidía con una persona allegada. La fiscal la citó y esa persona confesó. Había sido un homicidio.

¿Los asesinos y los violadores siguen patrones cuando repiten sus ataques?
Sí. Hay cosas que van experimentando o mejorando. También hay conductas muy estancadas. Aunque los violadores pueden cambiar su conducta filmando o amenazando a las víctimas. En asesinos, veo que aumenta cierta voracidad. Deja de ser ensayo y error, como en los comienzos.

¿Cuáles dirías que son las principales fuerzas que llevan a una persona a agredir a otra?
La venganza, el sexo y el dinero. Son pocas. Y todo está englobado en una cuestión de poder.

¿Qué hay en la mente de los asesinos y de los violadores?
Un océano de “sí”: “sí” a violar, “sí” a matar. No hay reglas. Muchos de ellos son indetectables porque Hollywood ha contribuido a que los imaginemos como personas con cara de malos, pero las personas que matan o violan no son así. Son personas comunes y corrientes que tienen necesidades distintas y que, para mí, no deberían estar caminando entre nosotros. En perfilación tenemos un lema: el que lucha con monstruos deberá procurar no convertirse en uno de ellos. En realidad, no estamos hablando de monstruos, sino de seres humanos con conductas monstruosas.

¿Y cómo es el “sí” de los asesinos y los violadores?
Se permiten hacer lo que les da la gana con su víctima. Lo único que tienen en común los diferentes tipos de violadores es que se creen con la potestad de elegir con quién, cómo, cuándo y dónde tener relaciones sexuales. Lo que los excita es violar; no es que violan porque están excitados desde antes.

¿Por qué creés que esta disciplina está tan extendida en los Estados Unidos pero todavía no en la Argentina?
Tal vez sea porque hay un cierto arraigo por cargar a la psicología con cosas para las que no está preparada. A la psicología se le piden cosas que corresponden a la criminología y no se puede psicologizar a la criminología. Hace un tiempo le pedí una opinión sobre un descuartizamiento a un psicólogo forense que había hecho un curso online de perfilación criminal. Le mostré las fotos y se descompuso. Pero un perfilador no puede tenerle asco a nada porque el asco te contamina de subjetividad y el perfil es objetivo. El perfilador no ve gente muerta; el perfilador ve datos.

Por último, ¿te gusta la serie Mindhunter?
Sí. Mindhunter transmite la obsesión, muy real, que tenemos los perfiladores. Cuando me llega un caso, no me quiero dedicar a otra cosa más que a ese caso. Y espero con ansias los resultados de las pruebas, las respuestas que me puedan dar los testigos, más fotos y reconstrucciones planimétricas. Hasta que no entiendo bien al agresor no encuentro paz.

Sociedad | 24 de enero de 2019

Foto: Banco Mundial

Profesores que inspiraron a nuestros lectores

Hace unas semanas publicamos una historia sobre la evidencia que muestra de manera contundente que nada importa más para tener una buena educación que encontrar personas con el potencial de ser excelentes maestros. Pero hay un problema: no hay una fórmula mágica para descubrir el talento docente. En otras palabras, todavía no sabemos reconocer qué tipo de persona tiene las cualidades y el potencial de ser un gran maestro.

En la nota invitamos a nuestros lectores a que participaran, que contaran historias de sus años de secundaria y nos dijeran cuántos buenos profesores conocieron. También les pedimos que nos compartieran anécdotas sobre ellos y por qué los consideran buenos profesores. Estas son algunas de sus historias.

Estela, la profesora que con un solo ejercicio le enseñó a no juzgar

“Cuando tenía 13 años, mi profesora de literatura, Estela, propuso a la clase el siguiente ejercicio: observar dos dibujos y escribir una historia sobre cada uno de ellos. Miré los dibujos. Uno era de un hombre con traje y corbata que cargaba un maletín y usaba un lindo reloj. El otro era del mismo hombre, pero tenía barba crecida, ropa rasgada y zapatos gastados. Escribí la primera historia sobre un hombre exitoso con una familia increíble, y la segunda sobre un hombre pobre, triste y sin amigos. Estela pareció decepcionada y me preguntó si las personas se definen por su ropa. Ese día, mi profesora habló sobre prejuicios y yo aprendí algo que no olvidaré jamás.

Casi todos recordamos al menos a uno de nuestros maestros o profesores, a esa mujer u hombre que dijo algo que nos marcó positivamente cuando éramos niños o adolescentes. Esa persona que hizo algo memorable, que enseñó a partir del ejemplo, que nos planteó desafíos, o que simplemente nos ayudó a convertirnos en mejores personas.”

Enviado por: Valeria Bolla, colaboradora del Banco Mundial.

Enseñó historia con “rigor” y compartió todas las comidas de egresados

“Renée Mengo, Prof de Historia en Córdoba. Respetuosa de las ideas sin imponernos las suyas. Formaba con rigor histórico. Pasaban Unitarios, Federales, Conservadores, Radicales, Socialistas y Peronistas por esas clases. Debatíamos. Invitada por todos a las comidas de egresados👏👏”

Enviado por: Gabriel Huespe, ‏director Nacional de Elaboración Legislativa y Normativa del Ministerio de Seguridad de la Nación.

Pasión y vocación, las recetas de Eduardo

Y desde México, el Licenciado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México, Eduardo Jiménez nos dio su receta: Pasión y vocación.

Sociedad | 18 de enero de 2019

Foto: Alberto Raggio / AFP

Recortan el presupuesto de políticas públicas destinadas a niñas, niños y adolescentes

Qué pasó. Desde Infancia en Deuda advierten que el Poder Ejecutivo recortó, a través de una decisión administrativa firmada el 11 de enero pasado, por el Jefe de Gabinete Marcos Peña y el Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, 56% la partida para la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes, 59% los fondos destinados a la Comisión Bicameral encargada de la designación del Defensor o Defensora, y 21% a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.

Cómo se hizo el recorte. Cuando el Ejecutivo envió al Congreso el proyecto de Presupuesto 2019, Infancia en Deuda advirtió que las partidas asignadas a estas áreas implicaban un recorte real de fondos, porque no compensaban la inflación estimada por el Gobierno.

De allí que, tras la presión de las organizaciones, como se puede ver en el artículo 16 del presupuesto aprobado en noviembre, se contemplaron aumentos en todas las áreas.

Sin embargo, la decisión administrativa firmada este enero “distribuye el presupuesto para estas áreas solo con los montos que el Ejecutivo había contemplado en el proyecto original de presupuesto, sin tener en cuenta que el Congreso había aumentado las partidas a estas áreas”, explica Julieta Izcurdia, abogada y miembro de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), una de las organizaciones que conforma Infancia en Deuda.

Cuál es el monto final asignado a cada área. De esta manera, el presupuesto para la Defensoría, que luego de las modificaciones al proyecto en el Congreso había quedado en 50.174.283 pesos, ahora volvió al monto original trazado por el Ejecutivo, de 22.174. 283 pesos, como se puede ver en las páginas 101 y 102 de la decisión administrativa del 11 de enero. Lo que significa un ajuste de 28 millones de pesos.

Mientras que en el caso de la Comisión Bicameral, la partida quedó en 2.771.786 de pesos (ver páginas 93 y 94) cuando el Congreso había otorgado 6.771.786 pesos. Recortado así, 4 millones.
En tanto a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia le corresponderán 3.305.474.918 de pesos (la suma de los programas detallados en las página 2703, 2763, 2773, 2783 y 2796). Es decir, las partidas no incluyen los 900 millones extra que le había asignado el Congreso y con los que había alcanzado los 4.205.474.918 de pesos.

No es la primera vez que el Poder Ejecutivo reasigna partidas presupuestarias, pero las organizaciones consideran que la decisión es inconstitucional. “La Constitución establece que son las y los integrantes del Poder Legislativo quienes tienen que discutir democráticamente cuántos recursos destinar a diferentes políticas públicas y el Ejecutivo lo que debería hacer es distribuir e implementar ese presupuesto”, asegura Izcurdia.

Por qué es importante. Trece años después de la sanción de la Ley nacional 26.061 de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, la elección del Defensor o Defensora sigue sin concretarse. Aunque en los planes originales la decisión de la Comisión Bicameral estaba planeada para el 20 de noviembre, eso no sucedió y ahora las organizaciones apuestan a que sea tratado en sesiones extraordinarias durante febrero. La Comisión elige y las cámaras de Senadores y Diputados deben aprobar esa elección.

El recorte del presupuesto enciende las alarmas porque reduce la partida anual destinada a la puesta en marcha y funcionamiento de la Defensoría. “Cuando es muy importante que la Defensoría tenga presupuesto para funcionar durante 2019”, advierte Izcurdia.

2019 es un año “en que esperamos se cree esta institución, que tiene mucha relevancia en el monitoreo de políticas públicas de niñez a nivel federal, sobre todo teniendo en cuenta que en Argentina el 48% de las niñas y niños se encuentran en una situación de pobreza, no solo a nivel económico sino también en el acceso a sus derechos”, concluye Izcurdia.

Sociedad | 14 de enero de 2019

Foto: Foto Alfredo Leiva – Télam | Intervención: Mana Le Calvet

Carta abierta a los ciudadanos de Epuyén, por Juan Carr

Queridos Amigas y Amigos de Epuyén:

En este momento tan complejo que les toca vivir queremos enviarles un abrazo enorme. Bien grande. Seguimos con atención día tras día lo que va sucediendo en su Comarca. Están demostrando a toda la Argentina y al mundo como se comporta una comunidad frente a una dificultad tan inesperada. Están demostrando su solidaridad, compromiso y responsabilidad. Es conmovedor.

Cuánta responsabilidad en cada familia, cuánta generosidad entre todos ustedes. Una población que tiene semejante capacidad humana para atravesar estos momentos merece nuestro aplauso. ¡Queremos decirles que no están solos! Queremos decirles que miles de argentinos (y constantemente hay más que se van enterando y se van sumando), estamos con Ustedes. Ustedes con mayúscula, con todo el énfasis que la admiración permite.

Somos muchos los que estamos orgullosos de pertenecer al mismo país, a la misma Patria que tiene una comunidad formidable como la de Epuyén. Seguiremos juntos colaborando para salir adelante, aprendiendo a ser mejores ciudadanos, mejores compatriotas, y superando las adversidades. El ejemplo que nos dan es formidable.

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Sociedad | 8 de enero de 2019

Foto: Bodegas de Argentina | Intervención: Mariana Le Calvet

El consumo de vino se desploma pero las bodegas argentinas tienen un plan para salvarlo

¿Cuándo dejamos de tomar tanto vino? O mejor dicho, ¿cuándo empezamos a reemplazar el vino por otras bebidas? La respuesta es bastante simple: pasó cuando comenzamos a tomar más cerveza y mucha gaseosa. Y también cuando en la mesa de miles de argentinos hubo cambios de hábitos que ya no tienen vuelta atrás.

De los 92 litros que en promedio tomaba en un año cada argentino mayor de edad en 1970 pasamos a tomar 20 litros en 2017. Y ya se sabe que cuando terminen de hacer las cuentas de 2018, esa relación estará por primera vez en la historia debajo de los 20 litros. Sin embargo, la industria del vino piensa dar pelea y evitar un derrumbe más estrepitoso: ya planea vender vino tirado en barril y en lata; sacar cortes livianos, con menos alcohol; y apostar a la publicidad conjunta. ¿Qué ocurre en el mundo?

El día que la cerveza destronó al vino

La caída en el consumo de vino lleva en la Argentina medio siglo. Pero hubo un año en que el principal competidor lo destronó como principal bebida alcohólica del país: 2001. Ese año se consumieron 36 litros de vino por persona, pero la cerveza consiguió estar apenas unos centímetros cúbicos arriba.

Desde entonces, la pelea fue despareja o tuvo un ganador elocuente: en 2017 los argentinos consumimos en promedio 42 litros de cerveza. Más del doble que de vino, que en 2013 fue declarada nuestra bebida nacional.

“Históricamente, el 75 % del vino que consumían los argentinos era en caja, de damajuana o en botella, pero de mesa. Es decir de un precio bajo. La cerveza irrumpió con un valor similar o más barato. Y lo hizo con una inversión publicitaria enorme que caló hondo en los argentinos”, analiza Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino.

Rada remarca que las gaseosas, las aguas saborizadas y la infinidad de opciones de bebidas con alcohol, como el fernet, también ayudaron a desestabilizar al vino a lo largo de las últimas décadas.

De hecho, Argentina lidera desde 2013 el ránking mundial de consumo de bebidas azucaradas, con 137 litros al año por persona. Esa situación contribuye, además, a que la Argentina ocupe el primer lugar de América Latina en los índices de obesidad: el sobrepeso alcanza al 60 por ciento de la población.

Pero no fue sólo una cuestión de precio y poder de fuego a partir de la publicidad. La mesa de los argentinos mutó. “El vino siempre estuvo presente en la mesa de los argentinos, a la noche y también al mediodía. Pero hace años que la mesa del mediodía casi no existe, que la jornada de trabajo es de corrido. Además ya no es sólo el hombre el que elige qué bebida se toma en la mesa, por lo que hay más diversidad de bebidas”, asegura Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina, cámara que nuclea a las bodegas que con sus ventas tienen el 60 % de lo que el país consume en envases de cartón (tetra brik) y el 85 % del vino que se vende en botella.

Los planes para enfrentar la crisis

Inspirado en lo que ocurre en Estados Unidos, donde el consumo de vino en copa y despachado en barriles creció un 37% durante 2017 con respecto al año anterior, desde el Observatorio Vitivinícola Argentino aseguran que ese es uno de los planes que podría tener buena penetración sobre todo en el ambiente gastronómico, donde las cervecerías artesanales están copando el mercado.

“Esta alternativa acaba de ser aprobada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) con una resolución. Habilita a envasar vino en barriles de acero inoxidable de 50 litros”, detalla Juan Carlos Pina.

Crédito: Bodegas de Argentina.

En la estrategia de la industria del vino también tienen dentro de su radar otra presentación alternativa, también habilitada por el INV: vender vino en lata, lo que también permitiría un consumo fraccionado y apuntado a generaciones jóvenes. Las ventas de vino enlatado también crecieron en Estados Unidos un 43 % de un año a otro.

“La posibilidad de envasarlo en latas o barriles de hasta 50 litros es una forma muy interesante de fomentar el consumo de vino en bares y cervecerías, espacios en los que salvo raras excepciones, el vino prácticamente no tiene un lugar ganado”, opinó hace dos meses Martín Bruno, de la Asociación Argentina de Sommelier, elegido mejor sommelier de Argentina en 2017.

Hay un dato que para muchas bodegas no pasa para nada desapercibido y es el del turismo vinculado al vino y a las bodegas. Casi todas las regiones tienen su ruta y el Observatorio estima en 1.833.000 los turistas que pasan por las bodegas y consumen vino.

Crédito: Bodegas de Argentina.

Algunas bodegas comenzaron a experimentar en la presentación denominada “bag in box”, que es como un tetra brik de tres litros, pero con el vino embolsado, lo que ofrece mejores condiciones de conservación una vez abierto.

Desde 2013, cuando las bodegas comenzaron a comercializarlo, a la actualidad, su crecimiento fue exponencial: en el país ya se venden 1 millón de litros al año. Aunque aún representa apenas el 0,1% de los 890 millones de litro que se consumen en el país.

Las bodegas que hicieron punta en este formato son Casarena, Viña Las Perdices, Chakana y CarinaE. La experiencia está recogida de países como Australia o Dinamarca, donde el consumo de vino en bag in box alcanza al 50 % y el 20 %, respectivamente, del mercado interno.

En 2014, el enólogo Marcelo Miras tuvo una idea que ahora otras bodegas empiezan a imitar: sacó un vino “liviano” que tiene una graduación alcohólica de 10 grados, entre tres o cuatro grados por debajo de un vino promedio.

“El Pinot Salvaje es un vino de la línea joven, más ácido, frutado y fresco. Y la idea es ofrecer un vino que se pueda tomar al mediodía, que pueda competir con otras bebidas en el break del mediodía”, cuenta Marcelo, que fundó en el Alto Valle de Río Negro la bodega que lleva su apellido en 2006.

Otra apuesta que están haciendo las bodegas es hacer publicidades de mayor alcance a través de inversiones conjuntas desde las cámaras que las representan, de manera tal que sus publicidades puedan tener el alcance de las que hacen las cervecerías, una industria que a diferencia del vino está concentrado en un puñado de empresas.

El Fondo Vitivinícola de Mendoza, por ejemplo, lanzó una serie de publicidades con buen alcance. Las llamó “El vino nos une”:

Una crisis que pone en jaque economías regionales

“Todas las iniciativas de las que hablamos por ahora son inicipientes pero apostamos a que vayan logrando un buen efecto. De todos modos, es importante aclarar que el vino también está retrocediendo en países con mucha tradición, como Italia, España y Francia”, señala Juan Carlos Pina y estima que el consumo de vino en la Argentina puede bajar hasta un mínimo de 15 litros al año por persona.

En España el consumo anual descendió, prácticamente por las mismas razones, a 21 litros, cuando en 1995 estaban en el doble. En cambio Francia e Italia, con 42,5 y 33,3 litros, respectivamente, siguen en un promedio muy superior al de Argentina, pero por debajo de los 60 litros a los que habían llegado a fines de los ‘90.

Sin embargo, hay mercados, con menos tradición, que crecen, como el de Estados Unidos y Canadá, que ya están en un promedio de 10 litros y 14 litros anuales por personas, respectivamente. En los años ’70, el consumo en ambos países rondaba los 4 litros por personas.

De la evolución del sector vitivinícola argentino dependen miles de familias y varias economías regionales. En el país hay 831 bodegas en 220 mil hectáreas de 18 provincias. Sin embargo, la mayoría de los viñedos que proveen de uvas a las bodegas están en Mendoza, con el 68% de la producción; San Juan (26%), La Rioja (2,89%) y Salta (1,38%).

Entre todas, emplean 106 mil personas de manera directa. Aunque estiman que crean 279 mil puestos indirectos, según datos del Observatorio Vitivinícola.

Crédito: Bodegas de Argentina.

Exportaciones que no despegan

La Argentina es actualmente el quinto productor mundial de vinos. En 2017 produjo 14,5 millones de hectolitros de vino. Solo es superado por Italia (48,5), Francia (46,4), España (40,9) y Estados Unidos (23,9).

“Entre 2001 y 2011, las exportaciones de vino argentino crecieron de manera fenomenal. Pero luego se estancaron. Y la reciente devaluación, que pudo habernos hecho competitivos, también encareció componentes importados como el corcho, el capuchón, la etiqueta, parte del packaging y hasta algunas botellas”, explica Daniel Rada.

Los principales destinos son Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Brasil. En total se giraron al exterior 220 millones de litros de vino por 809 millones de dólares.

En ese sentido, durante 2017 las exportaciones de vino argentino cayeron un 17%. Mientras que para 2018, Rada tiene su pronóstico, que no es nada positivo: “Bajará entre un 3% y un 5%”.

Pero más allá de cuál sea ese dato, la industrial del vino no deja su futuro atado al azar, sino que puso en marcha un abanico de variantes para reconquistar viejos consumidores y seducir nuevas generaciones. En botella, tirada, en lata o en bag in box, en los próximos años sabremos cómo siguió evolucionando el consumo de nuestra bebida nacional.

Sociedad | 31 de diciembre de 2018

Cada 18 personas (adultas) que vemos pasar por nuestra vida, una es un paciente curado de cáncer

Vimos un tuit de una persona que con tremenda alegría contaba que le habían dado el alta de una leucemia, después de cinco años y medio, y luego vimos miles de retuits de personas que festejaban su recuperación. Una enfermedad que nos inquieta mucho, pero también es importante tener en cuenta lo que ha progresado la medicina, de modo que el cáncer ya no genera el impacto en la salud que generaba hace dos décadas y hace tres generaciones. Ese mensaje en las redes nos da, a todos, mucha fuerza y mucha esperanza.

Aunque no nos demos cuenta, las estadísticas nos favorecen, y siguen mejorando con el paso del tiempo. En la Argentina, cada 18 personas (adultas) que vemos pasar por nuestra vida, una es un paciente curado de cáncer. 100 mil pacientes son diagnosticados cada año, y bastante más que la mitad están curados, cinco o diez años después. En diez años entonces tenemos 500 mil personas que ya terminaron su tratamiento y viven su vida con toda naturalidad. En 20 años, 1 millón. (¡Imaginarnos 15 estadios de fútbol repletos de aquellos que dieron esa batalla y la superaron!) 

Pasar por un tratamiento médico es una experiencia compleja. Muchas veces, difícil. Admiramos profundamente a quienes saben mirar en su interior para encontrar el sentido y el coraje que requieren esos momentos y aplaudimos vivamente a tantas familias, tantos amigos y tantos afectos que se reúnen alrededor de quienes pasan y han pasado por estas experiencias.

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Sociedad | 31 de diciembre de 2018

Foto: Nathalia Restrepo

Nieves tiene 80 años, es una eximia modista, sufre agorafobia, pero salió de su casa para recuperar a su perra

“Mala semana. Clarita se escapó y no la podemos encontrar. Estamos desolados, debe estar aterrorizada en alguna parte. Es mestiza, de unos 20 kg, marrón claro, pelo semilargo, unos 7 años. Se perdió en Chacarita”.

Cuando vi el mensaje de Laura habían pasado 24 horas. Le escribí, pedí coordenadas, publiqué la foto en una página barrial y fanfarroneé con que “tengo un ángel para encontrar perros perdidos”. No había pasado media hora y funcionó: una vecina mandó una captura de WhatsApp por Facebook de una perra perdida, similar, que estaba dando vueltas por un taller de la zona.

Dejé todo y salí a buscarla convencida de que era. Me acompañó Ana, una amiga vecina, indispensable ayuda y testigo de todo lo que vendría. Caminamos, preguntamos y a los diez minutos dimos con el taller cerrado. Palmadas y un grito a dúo ¿encontraron una perrita por acá? Los mecánicos aparecieron -mate en mano- diciendo:

– Acá está. Le pusimos Clarita ¿cómo se llama la perra? ¿será?

Era. Y se llamaba Clarita. Así le había puesto Nieves al adoptarla de un refugio de perros, bautizada como Clara. Estaba al fondo, agazapada y asustada bajo una mesada del taller; no había manera de sacarla. Luego de unos minutos lo logramos, en el momento exacto en que Nieves llegó al taller. “Mi mamá no puede salir, tiene agorafobia” me había dicho su hija, pero en la desesperación por encontrarla lo había hecho.

Me disponía a filmar el encuentro pensando en qué gran hazaña podría filmar y quien dice, compartir en las mismas redes que ayudaron a dar con ella. Pero Laura no exageraba. Su mamá no podía salir a la calle, lo acababa de hacer y no estaba bien.

Ahí entendí lo que significaba Clarita para Nieves, quien cargaba con una agorafobia a los 80 años pero como sin Clarita se estaba muriendo de tristeza, decidió salir igual, aunque sin saber siquiera cómo volver.

Los mecánicos abrieron la reja y ellas se reencontraron, besaron y lloraron pero Nieves no sabía adonde estaba parada. Empezó a sentirse mal, con los síntomas de un ataque de pánico.

En un veloz agradecimiento intentamos calmar las aguas y acompañarlas a la casa. Clarita tiraba y Nieves tambaleaba. Hasta que llegamos. Allí era. Una puerta que daba a un pasillo y otra puerta, un garaje convertido en taller y el panorama menos pensado: vestidos de alta costura, maniquíes, seda natural, tijeras y maquetas de prendas de gala, dignas de un Martín Fierro.

Ya en un lugar seguro, conocimos la historia.

Alta costura

“Trabajo en mi casa desde hace 20 años más o menos. Me traen los hilos, ganchitos, telas. Soy soy modista por un error en un aviso en Clarín” sintetiza la señora autodidacta ya en la cocina de su hogar. Da a un jardín con un limonero y un aljibe y Clarita va y viene.

Foto: Nathalia Restrepo

“Un año antes de las elecciones de Alfonsín y Luder, por un aviso en la sección “auxiliares de oficina” del diario, encontré el pedido de modista, que debería haber estado en la sección “Oficios Diversos”. Porque yo buscaba de oficinista”, dice Nieves, explicando cómo llegó de casualidad a ser la mano derecha de la modista y artista Stella Gatti, en 1982.

“Me presenté y cuando escuchó mi acento español me dio una reunión, porque las modistas españolas le habían salido buenas. Como prueba me pidió que le corte algo. No sabía y le ofrecí hacerlo en mi casa en papel de seda, lo cual le pareció una buena idea. Compré el papel y con las revistas Burda, empecé sacando el cuellito de un lado, las mangas del otro y la falda del otro, cosí el papel en la máquina, se lo llevé y dijo que era divino”.

Empezó trabajando, primero en su improvisado garage-oficina y después tiempo completo en el taller. Aprendió, se especializó, pero fueron muchos años de pasarla mal.

“Como no sabía hacer el molde lo traía para crearlo más tarde en mi casa para el día siguiente, me quedaba hasta las 3 o 4 de la mañana, al otro día atendía a las clientas, a la modistas, les pagaba a todos, compraba lo que faltaba y la dueña nunca aparecía. Fue la única mujer en el mundo que me hizo llorar de impotencia, por cómo trataba a la gente”.

Nieves renunciaba una y otra vez y volvía con aumentos de sueldo y pedidos de perdón “Me fui tres veces” recuerda, memoriosa, ese y muchos otros detalles. Como los de la ropa. Ofrece un café y nos lleva al taller para mostrar fotos y trajes. Lleva el cenicero a cuestas. Siempre fumó, sabe que le hace mal, pero nunca tragó el humo, aclara. Su destreza para la moda es proporcional a su carácter y sus anécdotas: trágicas, divertidas e inesperadas.

“Luego de renunciar vi un aviso de Gino Bogani. Entre 100 personas me tomaron a mi y a otras dos chicas. Había que ir con el metro, la tijera, todas las cosas de costura, nos sentaban en mesitas con sillas como si estuviéramos en un colegio”, impone la voz indignada, como si retrocediera 35 años en el tiempo y recordara el momento en que Bogani se pasaba de aquí para allá fumando en una boquilla “¡y a mi no me dejaba fumar!. Y a las tres de la tarde terminé la falda, largué todo y dije que me iba”.

Después trabajó unos años con la diseñadora Marisa Marana, con quien vistió a diferentes figuras del espectáculo, las cuales enumera: a Susana Traverso en No toca botón, a Susana Gimenez, a Moria Casán, a Graciela Alfano, a Adriana Brodsky con un vestido rosa.

Ya en el año 1986, y luego de otro disgusto, decidió irse a buscar nuevos rumbos. Con su experiencia y currículum a cuestas comenzó a colaborar con otra diseñadora de alta costura, la misma con la que trabaja en la actualidad. Primero yendo y viniendo a tomar medidas para probar los vestidos pero desde que no sale a la calle terminó de instalar un taller en su hogar.

“Hoy hago vestidos largos, de noche. De vez en cuando alguno corto. No voy más allá desde que no salgo. Ella viene y me trae los dibujos, calculamos la tela, el forro, el cierre, si va con entretela, si no va, y trabajo así. Si necesito un cierre me lo mandan, se llevan los vestidos terminados y hay veces que viene el radio taxi hasta tres veces a traer o llevarse algo”.

No devela el nombre de su empleadora actual pero nos muestra los vestidos. Primero la foto, después la tela plisada y por último, el modelo terminado, colgando de un maniquí con pechos medianos: “se los tuve que agregar, porque antes, mucho antes, no existían las siliconas”.

La agorafobia

Desde hace 18 años Nieves tiene agorafobia, un trastorno de ansiedad que le impide salir a un lugar abierto sin compañía. Lo padece, le “pone onda”, pero no puede.

En el año 2000 sufrió un robo a unas cuadras de su casa al salir del banco. Con la misma certeza de la alta costura, recuerda los detalles: “La cajera me marcó. Fui al banco y luego pasé por la pescadería. Guardé el vuelto junto con el dinero en los bolsillos. Tenía la llave en la mano y cuando me atacaron los motochorros fueron directo a ellos. La cartera no la tocaron pero me metieron directo la mano en los bolsillos. Uno me encañonó, me ahorcó y se llevo todo, hasta las monedas. Quedé tirada en el piso y un señor me acompañó hasta mi casa”.

Desde entonces, por más que quiso e intentó, no pudo salir más por sus propios medios. Si la acompañan, puede, pero si se queda sola empieza a sentirse mal, cada vez peor, como cuando la conocimos en el taller.

A pesar de sus ochenta años, se da maña con la computadora. Compra todo online, desde los puchos hasta los remedios y la comida. Y si bien tiene ayuda de su familia, se las ingenia. Sólo le preocupa Clarita. “Le pedí a mi hija que si me pasa algo se ocupe de ella”, insiste mientras le charla, le ofrece la leche de la tarde -a la perra- y agradece, una vez más, la ayuda para recuperarla.

“Trabajo más o menos 12 horas diarias, soy animal de costumbre. A las 10 de la mañana le digo a Clarita ¿vamos a trabajar? Ella viene corriendo, se sienta al lado mío o va y viene al jardín. La tiro hasta las tres de la tarde cuando paro a comer algo. A las diez de la noche ceno y luego vuelvo a coser, a veces, hasta las dos o tres de la mañana”. Luego, sigue con lujo de detalles, voy a la cama a leer.

“Si no fuera porque tengo que trabajar, me la pasaría leyendo” y empieza a enumerar los títulos: clásicos, policiales, su favorito: Máximo Valerio Manfredi. “Tengo en el Kindle (lector de libros electrónico portátil) unos 4.000 libros. Ahora estoy leyendo de Parry Mason, porque soy detective aficionada”.

La guerra

Nos ofrece limones de su limonero. Dice que no los usa, salvo cuando se decide a hacer pescado. Cuenta que nació “en un pueblucho” de Toledo, pero que toda su vida vivió en Madrid. Su padre era guardia de asalto desde la Guerra Civil Española hasta la época de Franco. Lo seguían a todas partes.

Foto: Nathalia Restrepo

Nieves nació en 1938 y su niñez estuvo marcada por el hambre. “Cuando era chica una bomba mató a mi hermanita en la guerra y mi mamá se quedó sin leche. Me tuvieron que criar con los cabos de las acelgas machacadas y cáscaras de papa y todo tipo de basuras porque no había qué comer. Nos daban el pan que le daban a los soldados con las cartillas de racionamiento”.

Cuando cumplió la mayoría de edad ya trabajaba en una empresa internacional, con la maña como su sello registrado: “Era secretaria pero había ascendido porque inventaba cosas para hacer más eficiente la oficina. Tenía un sueldo espectacular y un novio que no tenía ganas de casarse”. A pesar de su cómodo pasar, debía darle su sueldo a su madre porque no les permitía tener dinero. Por eso, a los 23 años, le pidió a una tía que le mandara el pasaje y se instaló en Argentina, para hacer su propio camino. Llegó el 9 de enero de 1962, se casó en el 63 y en 1978 se separó. Desde entonces, nunca paró de trabajar.  

Clarita

Tiene siete años. Le falta el colmillo y varios dientes. Su marca personal es un tarascón en el hocico; no muerde y es simpática, en mayor o menor medida, con todo el mundo. “Es lo único que tengo en la vida. La tengo hace cinco años que la adopté en la Red Mascotera porque mi otra perrita había muerto. El otro día, cuando la dueña de la boutique se fue, abrió la puerta de calle y la otra puerta y se escapó. Estuvimos 48 horas sin saber de la perra y fue como si se me hubiera muerto otra hija”, nos cuenta ya entre risas, rememorando sus últimas horas.

Ese día, a pesar de no poder salir, estuvo todo el día gritando en la puerta. Hasta confundió a la perra de una vecina con la suya a los gritos, discutió hasta que se dio cuenta que no, no era.

Pasaron unos días y de regreso a visitarla, sigue agradecida. “No  puedo creer que me despierto y la tengo en mi casa, la noche que se perdió no pude dormir. Estoy tan agradecida a todas las personas que pusieron su buena voluntad en buscarla y en encontrarla” repite una y otra vez.

Cuando logre salir de nuevo, dice Nieves, quiere ir a agradecerles a los muchachos del taller. Y si pudiera ir más lejos, iría a dar una vuelta manzana, a Mar del Plata y a visitar a su familia en España, en ese orden.

Sociedad | 27 de diciembre de 2018

Intervención: Pablo Domrose | Crédito: FUAR

El rugby argentino toma medidas para evitar lesiones como las que ya dejaron en silla de ruedas a 34 jugadores

Argentina tuvo en 2016 el peor récord de la historia del rugby y uno de los más alarmantes a nivel mundial: en dos meses tres jugadores sufrieron lesiones cervicales en un scrum. Dos de ellos quedaron cuadripléjicos y uno se recuperó pero tiene débil el lado izquierdo de su cuerpo.

La Unión Argentina de Rugby (UAR) reaccionó y ese año creó un plan para evitar lesiones catastróficas, como llaman a las que dejan secuelas invalidantes. Hubo cambios de reglas y se corrigió el scrum. No volvió a haber lesiones en esa formación, que por los cambios perdió importancia. El juego se tornó más dinámico y acciones como el tackle y el ruck ganaron relevancia. Casualidad o no, en 2017 dos rugbiers se lastimaron la cervical exactamente en esas jugadas. Uno de ellos quedó cuadripléjico. Aunque en el 2018 no hubo nuevos lesionados, la UAR planea medidas para sostener las mejoras en el tiempo.

En la Argentina, 70 mil personas juegan al rugby y están fichadas en la UAR. Cada provincia tiene su unión de rugby y unos 400 clubes compiten en las distintas divisiones. Además hay otras 70 mil personas, la mayoría chicos, que practican el deporte en escuelas o clubes de barrio, por ejemplo.

Por eso, cuando ocurre una lesión grave en un partido de rugby, las preocupaciones escalan a todo el país y a miles de familias.

El desafío que tiene ahora la UAR es lograr que a esa red de clubes lleguen certezas y se difundan las medidas que tomaron y algunas nuevas que se lanzarán el año que viene.

“El rugby es uno de los deportes que más evoluciona en busca de la seguridad del jugador. Y lo que estamos haciendo ahora es revisar cómo programamos el desarrollo físico y técnico de los jugadores desde que empiezan a jugarlo. Queremos generar una coherencia evolutiva con la que puedan trabajar los entrenadores”, explica Alexis Padovani, coordinador de Rugby Seguro, el programa que la UAR fundó en octubre de 2016.

El foco de esta planificación está puesto en cómo formar a los jugadores en cuatro destrezas vitales: tackle, scrum, ruck y line. En gran medida, todo lo que se acuerde se podrá repasar en un campus virtual que servirá para formar a los entrenadores.

Además, el programa implica una revisión sobre cómo y cuándo deben ir incursionando en estas habilidades los chicos de las divisiones juveniles. Por ejemplo, hoy el tackle se práctica desde los 6 años. En 2019, es una duda.

El origen de los cambios: un scrum peligroso

Para entender las medidas que tomó o analiza implementar la UAR hay que entender cuál es el problema.

El 23 de octubre de 2016, Federico Bocelli, de 17 años, disputaba un scrum. Pero la formación se desplomó. Los jugadores se levantaron, pero Federico, de Tala de Córdoba, quedó tirado, inmóvil. El desplazamiento de una vértebra le lesionó la médula espinal.

Un mes antes, el 23 de septiembre, le pasó algo parecido a Jerónimo Bello, pilar del SIC de 23 años. En ese partido hubo 15 scrums, de los cuales 12 se derrumbaron. En el último, Bello se lastimó la cervical.

También ese año, pero el 3 de septiembre, Ignacio Maeder, de 23 años, disputaba un scrum para Duendes de Rosario. La formación colapsó e Ignacio, que había caído con una mala postura, se lesionó la cervical.

Esos casos llevaron a que el país alcanzara la tasa de lesiones invalidantes más alta de su historia: 4,68 cada 100 mil jugadores. El doble de la que registraba el país entre 1977 y 1997. Se pasó de un promedio de un lesionado por año a tres en dos meses. A fines de 2016, las lesiones catastróficas del rugby local escalaban a 35 en toda su historia.

Varios de los lesionados del rugby argentino se juntaron para la cena anual de la FUAR. Crédito: FUAR

Además, los tres casos llevaron a que la incidencia local fuera cuatro veces mayor que la de Irlanda (0,89 cada 100 mil), el doble que la de Francia (1,7) y Nueva Zelanda (2), y por arriba de la de Sudáfrica (4,5). Sólo en Fiji (10) y Australia (6,8) se superaban los registros argentinos, según diversas investigaciones médicas. 

En esta situación había un componente local: a diferencia del mundo, donde las lesiones prevalecen en el tackle, en la Argentina se producían en el scrum: el 51% de los 35 lesionados hasta ese año se lastimaron en esa formación. ¿La razón? El rugby argentino era reconocido mundialmente por la potencia de su scrum y muchos clubes, como SIC, Belgrano o Tala, hacían un “culto” del scrum, al que consideran una herramienta para someter física y psicológicamente al rival.

Sobredimensionada la importancia de esa formación, aparecieron mañas antirreglamentarias para ganar la disputa de la pelota en el scrum y hacer retroceder al rival: empujar antes de que la pelota entrara en juego, hacer presión hacia abajo para derribar el scrum o empujar en diagonal.

Juan Gastaldi, jugador del CASI lesionado y en sillas de ruedas hace tres años, me reconoció hace dos años que hizo esas “mañas” y que se las enseñaban los propios entrenadores. Ahora, Federico Bocelli me cuenta que el día que se lesionó, entró al scrum con la cabeza un poco cruzada y que el colapso de la formación lo sorprendió: “Son mañas de hooker, para incomodar al rival. Pero obvio que hay que evitar ese juego”.

A diferencia de Bello y Maeder, Bocelli volvió a caminar, aunque tiene menos fuerza en el lado izquierdo de su cuerpo.

Cómo se evitaron nuevas tragedias en el scrum

La lesión de Bocelli fue la última que se registró en un scrum y no fue casualidad. A fines de 2016, la UAR creó Rugby Seguro. Y rápidamente introdujo modificaciones, en acuerdo con la World Rugby, que terminaron con gran parte del riesgo al que se exponían los jugadores. 

Se obligó además a que todos los jugadores de la primera línea del scrum (hooker y pilares) tengan que hacer un curso de seguridad y lealtad en el juego antes de poder ocupar esos puestos, los más sensibles del scrum.

También se dispuso que el jugador que se ubica al final de la formación ya no tenga que esperar a que la pelota llegue a sus pies para agarrarla, sino que la puede tomar de los pies de sus compañeros de la segunda línea. El empuje, en tanto, no puede producir un desplazamiento del scrum de más de 1,5 metros, una reglamentación que solo rige en nuestro país.

Además, la infracción en esta formación empezó a penalizarse con más rigor. Y un asistente entra a la cancha para asistir al referí.

La buena postura en el scrum es fundamental para evitar que la formación se derrumbe. Crédito: UAR

Las medidas dieron resultado: bajó a la mitad la cantidad de scrums “reseteados” o colapsados y la cantidad de pelotas jugables desde los scrums aumentaron en un 22%. También bajó la cantidad de penalidades en esta formación. Estiman que ahora la pelota está en juego, fuera del scrum, entre 8 y 10 minutos más que antes.

El tackle y el ruck, las nuevas preocupaciones

“Ahora el juego es más dinámico. Hay más juego abierto. Y se le da más importancia a la defensa. Entre otras cosas, hay más tackles”, analiza Ignacio Rizzi, gerente de la FUAR, una fundación que se ocupa de ayudar a los jugadores argentinos de rugby que por una lesión dentro de la cancha quedaron cuadripléjicos, parapléjicos o con una discapacidad severa permanente.

Rizzi remarca que no volvieron a haber lesionados en el scrum pero advierte que en 2017 dos jóvenes se lesionaron la cervical gravemente. Juan Manuel Marchetto, de Yaguá Pitá de Rojas, quedó cuadripléjico tras disputar un tackle. E Ignacio Spontón, de Rafaela, tuvo una luxofractura cervical en la disputa de un ruck tras un tackle. Fue operado y, aunque tiene algunas secuelas, volvió a caminar.

Los dos nuevos lesionados llevan a 37 los lesionados, 34 de los cuales quedaron cuadripléjicos o parapléjicos. Es decir, no volvieron a caminar.

“En el mundo las lesiones en el scrum no eran tan frecuentes como las que tuvimos nosotros. Pero sí en el tackle”, asegura el traumatólogo Mario Larraín, que es miembro de la FUAR y fue médico de Los Pumas durante casi dos décadas.

¿Cuál es el riesgo del tackle? “Lo más peligroso es cuando es alto (por arriba de la línea de los hombros), porque el impacto produce un latigazo en el rival que puede provocar una lesión cervical. También existe riesgo cuando hay una carga contra el jugador que está en el aire, que por gravedad puede caer de cabeza”, detalla Larraín.

La World Rugby elaboró un manual con las situaciones peligrosas en el tackle.

Nadie se anima a relacionar directamente las últimas dos lesiones con el mayor dinamismo del juego. Pero sí exponen los riesgos.

“Perdió importancia la disputa del scrum y el juego es más veloz. Por eso se necesitan jugadores veloces y potentes. A mayor velocidad y potencia, los puntos de contactos, como el tackle, tienen mayor intensidad”, señala Carlos Hernández, ex pilar y hooker de Tala, referí de divisiones juveniles e impulsor de “Se ve venir”, un método que busca darles herramientas a los árbitros para que puedan corregir posturas en el scrum para evitar lesiones.

Hernández fue uno de los invitados a una charla que un ex rugbier, Agustín Woinilowicz, organizó en Tigre Rugby Club como parte de una iniciativa que llamó Derrumbe Cero y con la que busca generar conciencia para un juego más seguro. El grupo que creó en Facebook ya tiene más de 17 mil seguidores y las charlas tendrán continuidad.

La universidad neozelandesa de Massey estudió el físico promedio del equipo de los All Blacks en 2005 y los comparó con el de 1905. Demostró que los de 2005 tenían en promedio 187 centímetros de altura, 12 cm más alto. Y que su peso, de 102,5 kilos en promedio era 7,5 kilos más pesado que el más grande de 1905.

Las medidas que analiza tomar la UAR

De los 34 jugadores lesionados que quedaron en silla de ruedas, 24 se lesionaron en un scrum, 3 se lastimaron en un ruck y 7 en un tackle. 

“En nuestro eje para evitar lesiones catastróficas estamos revisando cómo programamos el desarrollo físico y técnico del jugador en cinco destrezas, entre las cuales está el tackle y el ruck”, cuenta Alexis Padovani, coordinador de Rugby Seguro, ex pilar del CASI.

Alexis se mueve en una silla de ruedas por una lesión sufrida en 1997 durante el derrumbe de un scrum en un partido organizado justamente para juntar fondos para ex jugadores lesionados.

La UAR también está revisando la forma de entrenar y practicar el scrum y el line. Y están analizando a qué edad los jugadores juveniles deben empezar a trabajar con contactos físicos.

Lo interesante es que toda la progresión que se defina será parte de los contenidos que deberán aprender los entrenadores que quieran enseñar rugby. Esos contenidos serán accesibles desde un campus virtual que la UAR lanzará el año que viene. Lo que no se sabe aún es cuándo esos cursos pasarán a ser una condición para estar al frente de un equipo, sea juvenil o de adultos.

Es decir que una vez consensuada la progresión, las nuevas maneras de formar al jugador llegarán hasta los 400 clubes, que ya debieron nombrar un referente de seguridad.

Lo que sí ya se aplicó es una especie de protocolo de actuación en caso de conmociones cerebrales en cancha. “Se trata de reconocer, retirar y reportar. Es decir que si se sospecha que el jugador sufrió una conmoción, se lo retira de la cancha. Luego se confirma o se descarta la conmoción y en caso de que se confirme, se realiza un retorno gradual”, explica Padovani.

Todo eso queda registrado en una herramienta que se instrumentó a principios de este año: la tarjeta electrónica. En esa ficha, donde están todos los jugadores del partido, el árbitro puede ver qué jugador está inhabilitado para jugar porque sufrió en la fecha pasada, por ejemplo, una conmoción cerebral o porque no hizo el curso de primera línea sobre seguridad en el scrum.

“Cuando un jugador sufre una conmoción cerebral, hay un período ventana durante el cual es muy vulnerable a una segunda conmoción. Existe entre 4 y 6 veces más posibilidades de que vuelva a tener una conmoción. Por eso se le suele dar como mínimo 12 días de descanso, para los adultos, y por lo menos 4 semanas para los juveniles”, explica el neurólogo Fernando Salvat, jefe del área de Dolor de la clínica Fleni. Y detalla: “El promedio actual es de una conmoción cerebral cada seis partidos”.

La conmoción cerebral es una lesión producida por un golpe en la cabeza, directo o indirecto, que produce un alteración, por lo general transitoria y reversible, en el funcionamiento del cerebro. Se acompaña de signos y síntomas neurológicos como dolor de cabeza, trastornos de memoria, confusión, alteraciones visuales, inestabilidad y mareos. 

Salvat y un equipo de médicos están terminando una investigación sobre lesiones catastróficas en el rugby local. Recorre el período que va desde 1966 a 2016 e incluye entrevistas a 32 jugadores lesionados. “Se trata de un estudio cuantitativo y cualitativo”, adelanta.

Tres muertos en Francia elevan los temores

La preocupación respecto a las conmociones cerebrales y el tackle no es exclusiva de la Argentina. Este año Francia atraviesa algo todavía más trágico que lo que sufrió nuestro país a fines de 2016. Concretamente, tres jugadores de rugby murieron tras distintas situaciones en el campo de juego.

En mayo, Adrien Descrulhes, un jugador de 17 años, fue encontrado muerto en su cama la mañana después de haber sufrido una conmoción cerebral en un partido para menores de 18 años.

En agosto, Louis Fajfronwski, de 21 años, se desplomó en el vestuario luego de haber sufrido un fuerte tackle.

A principios de diciembre, Nicolas Chauvin, de 19 años, murió tras sufrir un tackle a la altura del cuello.

Por estas muertes, en Francia reclaman que la autorización de tacklear de los hombres hacia abajo pase a ser desde la cintura para abajo.

Es tan generalizada la necesidad de volver más seguro la práctica del rugby que muchos otros países tienen programas como el de la UAR. El programa Rugby Seguro, de hecho, tiene como modelo a Boksmart, el plan que conformó Sudáfrica con prácticamente los mismos objetivos.

“Las principales áreas de enfoque del programa son la prevención de lesiones, la gestión de lesiones, la seguridad en el rugby y el rendimiento del jugador, con atención específica en lesiones graves y catastróficas de cabeza, cuello y columna vertebral”, se presentan en Boksmart, que además de diversas políticas para darle seguridad al juego, genera información científica sobre las lesiones más peligrosas.

A nivel mundial, también existen otras iniciativas del mismo tono: el “Rugbysmart” de Nueva Zelanda y el “Smartrugby” de Australia.

Cómo el universo del rugby ayuda a sus lesionados

Ignacio Rizzi, gerente y fundador de la FUAR, sufrió una lesión cervical en un tackle durante un partido que jugó en Francia. Está en silla de ruedas desde 1992. 

Lo que ofrece la FUAR es algo así como un padrinazgo de los jugadores que por una lesión durante un partido de rugby quedaron cuadripléjicos o con una discapacidad grave.

Desde el punto de vista económico, cuando un jugador sufre una lesión de esas características lo primero que hace la fundación es darle un subsidio único para resolver los problemas urgentes. En 2018, ese seguro estaba calculado en $ 1.400.000. Pero nadie lo necesitó porque no hubo nuevos lesionados. Además, todos los lesionados reciben una mensualidad. 

La financiación de la fundación surge en gran medida de un fondo solidario constituido por alrededor de $200 al año que aporta todo jugador fichado en la UAR. Además reúnen fondos de donaciones y de torneos de golf, cenas y partidos a beneficio.

Rizzi suele decir que desde la fundación trabajan justamente para no tener más socios. Porque los “socios” a los que hace referencia son los lesionados a los que asisten: actualmente 34. Pero también siente, como me lo dijo una tarde en la sede de la UAR, que desde la FUAR tienen una misión: “Cuando un jugador se lastima nos comprometemos a darle una mano el resto de sus vidas”. 

Conocé más sobre cómo la FUAR ayuda a los jugadores lesionados

Sociedad | 26 de diciembre de 2018

Foto: Emilia Racedo

Cómo la música le cambia la vida a niños de un barrio pobre de Tucumán

Desde hace diez años, la Orquesta Popular Chivo Valladares forma a niños desde los 7 años en un barrio popular de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Su director apunta a la música como herramienta de transformación social. Y lo logra. La orquesta no sólo es una red de contención. También es un espacio que tuerce destinos.

Emilia Racedo es un ejemplo. A los 7 años se acercó al Centro de Trabajo Popular Mate Cocido, se enamoró del sonido del violín y hoy, con 17, estudia en el Conservatorio Provincial de Música.

El Barrio ATE se volvió conocido en 2002. …

Las imágenes dieron la vuelta el país y fueron replicadas por los medios del mundo. En 2002, el programa de televisión “Detrás de las noticias” mostró a una nena tucumana que lloraba de hambre. Sus lágrimas se convirtieron en el emblema de un país devastado, con millones de personas que no podían -y aún hoy no pueden- cubrir sus necesidades básicas.

Bárbara Flores -la chica de la tele- y cientos de otras personas como ella aún viven en el Barrio ATE, un conglomerado pobre del sudoeste de San Miguel de Tucumán.

En algún momento, la idea de los dirigentes estatales era construir casas para sus afiliados. El barrio nunca se terminó y, finalmente, las viviendas fueron usurpadas.

En ese barrio, el Centro de Trabajo Popular Mate Cocido funciona desde hace 21 años, con un extenso trabajo territorial en áreas como teatro, comunicación y música. Los uruguayos Sergio Osorio y Soledad Barreto fueron los impulsores del proyecto, que aún hoy encabezan.

Foto: Mauricio Suárez

Hace diez años, a la murga existente se sumó la idea de la Orquesta Popular Chivo Valladares, en homenaje al músico tucumano autor de joyas del folclore como “Subo” y “Bajo el sauce solo”. La iniciativa fue motorizada inicialmente por el Programa Social de Orquestas y Bandas Infantiles y Juveniles, aunque hoy el centro no recibe un peso de Nación.

En este tiempo, la orquesta dirigida por el músico Rony López formó a más de 700 chicos de distintas generaciones a partir de los siete años, que aprenden a tocar un instrumento y forman parte de un grupo, que apunta a la música como herramienta de transformación social.

“La orquesta es una red de contención. ¿Es la solución para los problemas de los chicos? Por supuesto que no, pero genera un espacio. Aquel que tenga la suerte de aprovecharlo y usarlo, puede salvar su vida. Le sucedió a muchos que pasaron por la orquesta en estos años. En este barrio es muy fácil fumar paco a los 13 años o dedicarse a robar. En ese contexto de mucho riesgo y situaciones familiares complicadas, la orquesta es una posibilidad de rescate. Muchos chicos, después de pasar por acá, decidieron estudiar en el conservatorio o ser profesores de música. Vi a chicos entrar de una forma e irse de otra, con un oficio y otra actitud ante la vida. Se llevan de acá la huella de la orquesta”, cuenta Rony, que vivió 15 años en el Barrio ATE.

Él no trabaja solo en la orquesta, que actualmente tiene unos 50 alumnos de entre 7 y 20 años. Lo acompañan cuatro docentes, uno por cada área de instrumentos (violín, cuerda punteada, percusión y viento), más una coordinadora de territorio.

La importancia de escuchar

Cuando un chico se acerca, lo invitan a un ensayo -son los jueves y sábados- para que conozca al grupo y elija un instrumento, aunque después puede cambiar en el camino. Además, en la semana, hay clases de distintos instrumentos y lenguaje musical.

Foto: Mauricio Suárez

No es fácil hacerse de instrumentos para el Mate Cocido. En estos diez años, sólo recibieron tres partidas de diferentes instrumentos, que fueron sufriendo el desgaste natural del uso.

En su historia de una década, la Orquesta Chivo Valladares dio decenas de conciertos en escuelas, plazas y eventos de todo tipo. No cobran ni un peso. Piden una colaboración, que puede ser la donación de instrumentos o insumos para la orquesta.

El Centro de Trabajo Popular Mate Cocido necesita sillas, ventiladores, instrumentos musicales, un amplificador y otros insumos para continuar con su trabajo. Allí, el contacto es Sergio Osorio. (+54 9 0381-6047951)

¿Querés ayudar?

Rony López, su director, cree que la orquesta no es solamente un proyecto musical. Habla de un colectivo de arte. Y recuerda las palabras de José Antonio Abreu, el venezolano creador del sistema de orquestas populares en Venezuela; el hombre que llevó Mozart a los barrios carenciados de ese país.

“Abreu plantea de qué manera influyen estos proyectos en los individuos. La orquesta te enseña valores. Cuando uno toca colectivamente, necesita escuchar al otro. Si no lo hacés y no esperás tu momento para intervenir, es imposible tocar. La solidaridad es un valor muy importante. Quizá lo más maravilloso es que, como docente, no tenés que hacer nada para transmitir esas cosas. Sólo estar ahí te las enseña”, cuenta López.

Foto: Mauricio Suárez

En tanto, Sergio Osorio, coordinador general del Mate Cocido, aporta su mirada sobre la función de la orquesta en un barrio carenciado como el ATE. “Esto no es una academia de música. No vienen a estudiar guitarra o instrumentos de viento. Son parte de un proyecto artístico colectivo, que tiene un gran poder socializante para los chicos y las familias. El año pasado, cuatro chicos se sumaron al Conservatorio de Música de la provincia y otros seis fueron a la Escuela Superior de Educación Artística. Se sienten orgullosos de pertenecer a la orquesta y de hacer música popular”, dijo.

La chica enamorada de un sonido

Emilia Racedo es una de las chicas que comenzó en la orquesta y ahora está en el Conservatorio Provincial de Música. A los siete años, se acercó al Mate Cocido. Le dijo a su mamá que quería estudiar guitarra, pero se terminó enamorando del sonido del violín. Hoy, a los 17 años, esta chica -hija de un herrero y de una empleada administrativa- forma parte de la Orquesta Popular Chivo Valladares, de otra juvenil en formación en el Mate Cocido y de otras dos agrupaciones externas, además de sus clases en el conservatorio.

Foto: Emilia Racedo

Cuando cuenta su experiencia con la orquesta, al escucharla, da la impresión de que la música es sólo un vehículo; una puerta para otros mundos. “Con la orquesta empecé a conocer más del folclore y de la música andina. Cuando entré era muy chica, pero me acuerdo que me quería destacar. La orquesta terminó siendo mi segunda familia. El clima es de mucha confianza. Todavía hoy me parece raro cómo terminó siendo mi prioridad. Y me terminé enamorando de la música”, cuenta.

En la Orquesta Popular Chivo Valladares, los chicos tocan de oído, sin usar partituras. Y esa formación hoy le es de gran ayuda a Emilia, cuando toma clases en el conservatorio y aborda las obras de música clásica. “La música clásica y la popular son dos mundos totalmente distintos. En el Mate Cocido todo se toca de memoria. Hoy en día, en el conservatorio, siento que si me olvido una parte de la obra puedo tocar igual. Ese conocimiento me ayuda un montón”, reconoce la jóven artista.

La tarde va cayendo en San Miguel de Tucumán. El “profe” Rony López tiene que partir para preparar una muestra en el Mate Cocido. Al final, dirá que a él también la orquesta le cambió la vida y que descubrió la pasión por la docencia. Y se pone orgulloso cuando cuenta lo bien que están tocando los chicos. Se despide con una sonrisa instalada en la cara, mientras parafrasea a Arquímedes (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”)aunque su punto de apoyo es otro. “Me gusta traer esa frase y modificarla un poco. Yo digo: ‘Dame una guitarra y cambiaré el mundo”.

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Sociedad | 24 de diciembre de 2018

¿Por qué Papá Noel debería ser azul?

Hace poco me contaron que Papá Noel, el original, no iba necesariamente vestido de colorado, de rojo, sino que hoy lo conocemos así por una famosa marca de gaseosas que le pidió a un dibujante un Papá Hecho a su medida. ¿De qué color era Santa inicialmente? No lo sé, pero somos muchos los que creemos que sería bueno que sea azul.

En los últimos tiempos la humanidad ha crecido en ternura, en afecto, en sensibilidad, en ciencia, en medicina, en tecnología. Hemos descubierto nuevos modos de ser, de sentir y de pensar. Y de encontrarnos entre nosotros. Chicos y chicas que en apariencia estaban “fuera” de nuestro universo (y que en realidad no estaban en otro mundo, sino en el nuestro) hoy sabemos que se trataba del autismo. Y ahí empezamos a hablar de autismo.

Pregunté una vez por qué el color azul identifica al autismo. Me contaron que las manifestaciones ligadas al autismo se veían de un modo tormentoso, agitado, y otras veces en cambio parecían serenas, de horizontes espejados y calma y tranquilidad. Es el comportamiento, de los océanos, de ahí el azul.

Las personas con autismo se ven muy afectadas por la pirotecnia. Pensemos en ellos. Sería otra manera de hacer que el festejo sea completo e inclusivo. Abracemos a los nuestros y a los ajenos, festejemos responsablemente y si podemos -y sé que podemos- que el Papá Noel azul nos recuerde todo esto. #HablemosDeAutismo #PirotecniaCero, amigos. Vayamos hacía ahí.

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Sociedad | 20 de diciembre de 2018

Foto: World Economic Forum

Las mujeres tendrán que esperar 100 años para cerrar la brecha de género y 200 para ganar lo mismo que los hombres

Es el resultado del nuevo Índice Global de la Brecha de Género que elabora desde 2006 el Foro Económico Mundial (WEF). El informe muestra que la brecha económica entre los hombres y las mujeres se redujo este año, pero el acceso a la salud y la educación, y el empoderamiento político empeoró para las mujeres.

En el año de la Ley Micaela y el #MeToo criollo, Argentina retrocedió dos casilleros en el ranking, ocupando el puesto 36 en el mundo. A nivel regional, el país está entre los top 10 de América Latina.

Qué es lo importante. A pesar de que el mundo ha cerrado el 68% de su brecha de género entre mujeres y hombres, la mejora de este año es marginal con respecto a 2017. Según el informe, al actual ritmo tomará 108 años cerrar la brecha general de género y 202 años para lograr la paridad de salarios.

  • De los cuatro pilares medidos, solo mejoró uno a nivel global: la oportunidad económica. Esto se debe en gran medida a una brecha de ingresos más estrecha entre hombres y mujeres, y al mayor número de mujeres en puestos de liderazgo.
  • Los otros tres pilares, educación, salud y política, aumentaron sus brechas de género en 2018.
  • El estancamiento en la proporción de mujeres en mercado laboral y la disminución de su representación en la política, junto con una mayor desigualdad en el acceso a la salud y la educación, compensan las mejoras en la igualdad salarial y el número de mujeres en puestos profesionales.

Cómo queda parada la Argentina. De los cuatro pilares medidos en el ranking global, la Argentina muestra su peor desempeño en la participación y oportunidad económica para las mujeres, donde ocupa el lugar 114 de un total de 149. En educación ocupa el puesto 63 y en empoderamiento político el 23.

Cuál es la situación en América Latina. En la región, este año la brecha de género se redujo ligeramente. América Latina es la tercera región con mayor igualdad de género del mundo y en 2018 redujo a 71% su brecha. En este contexto, Nicaragua es el país con mayor igualdad en la región y la única economía fuera del norte de Europa que figura entre los cinco primeros. De acuerdo al informe, las mujeres en la región tendrán que esperar 74 para lograr paridad con los hombres.

Los ejemplos a imitar. Islandia ocupa nuevamente el primer puesto en el Índice, tras eliminar más del 85% de su brecha de género general. Entre otras de las economías que figuran en el top 10 se incluyen los países nórdicos de Noruega, Suecia y Finlandia.

Por qué importa. El informe del Foro Económico dice que la paridad de género es fundamental para saber cómo prosperan las economías y las sociedades. Asegurar el desarrollo completo y el despliegue adecuado de la mitad del total de talentos del mundo tiene una gran influencia en el crecimiento, la competitividad y la preparación para el futuro de las economías de todo el mundo.

Conclusiones. El informe destaca que los países que quieran seguir siendo competitivos e integrados deberán hacer de la igualdad de género una parte fundamental del desarrollo del capital humano de su país. En particular, el aprendizaje entre países y la cooperación público-privada serán elementos críticos para cerrar la brecha de género.

Sociedad | 18 de diciembre de 2018

Animación por Pablo Domrose / Fotografía: Red de Comunidades Rurales

Vivir sin energía: el día a día de 120 mil familias aisladas

Luis Palacios cree que soy un funcionario y que intento decirle que por fin la energía eléctrica llegará a la zona de la selva misionera donde él y otras 14 familias guaraníes viven en ranchos de adobe y techos de caña tacuara.

Habla mejor el guaraní que el español. Por eso y porque está en el medio del campo, en el único punto con señal de celular, tarda en entender que lo llamo para saber cómo se las arregla para vivir sin electricidad, un servicio que el 99% de los argentinos naturalizamos. Su hogar es uno de los 120 mil del país que jamás tuvieron energía eléctrica y a los que el Estado planea equipar con paneles solares en los próximo dos años.

Luis dice que el principal problema es el agua: sin bombas extractoras, la tiene que sacar del pozo con baldes y cargarla en bidones hasta su casa. Sin heladera, lo que cazan o faenan lo comen en el día. Cuando oscurece, usan velas hechas con cera de abeja. Hablamos 20 minutos con una interrupción: se quedó sin batería y tuvo que pedir prestado un celular: “Lo cargamos en la escuela, pero está 6 kilómetros a pie”.

Luis vive a 170 kilómetros de Posadas. Historias como la de él y su familia abundan en la selva misionera, el monte santiagueño, el parque chaqueño, la puna salteña y la selva correntina. Muchos son sitios a los que se llega después de medio día de cabalgata o travesías en camioneta. Otros son parajes poco poblados pero cercanos a pueblos que tienen energía, por lo que la solución parece más a mano.

De todos modos, esas no son las únicas zonas donde hay hogares en estas condiciones, ya que, aunque en menor proporción, las demás provincias también tienen poblaciones aisladas, dispersas y sin energía eléctrica. La mayoría, además, es pobre, no tiene agua, ni gas, ni acceso a atención médica. Y tiene muchas dificultades para progresar, entre otras razones, porque no tienen energía.

Niñas de la comunidad guaraní de Misiones leen bajo la luz tenue de velas de cera de abeja.

“Contar con energía eléctrica es fundamental. En primer lugar porque está ligado al acceso al agua, una de las condiciones básicas para mejorar la calidad de vida. Se necesitan bombas para llevar agua desde una vertiente o pozo hasta las casas. Y el agua en el hogar es sinónimo de higiene y la higiene es salud”, remarca Patricio Sutton, director ejecutivo de la Red de Comunidad Rurales.

Sobre la dificultad para acceder al agua hay datos precisos, actualizados y escalofriantes: 122.000 familias del país consiguen agua en un arroyo o capturando la lluvia. Llegan a dedicarle hasta seis horas por día a esa tarea.

“Tener energía es importante también para iniciar un emprendimiento: trabajar la madera o la caña, elaborar queso o conservar fresco un alimento. Y un emprendimiento es lo que les puede permitir salir de la pobreza extrema”, agrega Sutton.

Muchas comunidades guaraníes de Misiones caminan para buscar agua. Fuente: Red de Comunidades Rurales.

Cómo conservan la comida y estudian de noche

A los que vivimos en las ciudades nos cuesta imaginarnos una vida sin electricidad. Hugo Da Silva, rector de una escuela agrícola de Dos de Mayo, una localidad rural de Misiones, se crió sin electricidad y ahora trabaja con comunidades a las que aún no llegó la red.

“Empecemos por lo básico, la leche para los más chicos. Lo que hacen es comprar leche en polvo o tienen su propia vaca, a la que ordeñan cada día”, explica y continúa: “Cuando matan un animal, con lo que no comen en el día suelen hacer charque, una carne salada que secan al sol para que pierda la humedad y se conserve. O la fríen en grasa y la dejan tapada en esa grasa”.

¿Cómo pasan Fin de Año? “Cuando quieren festejar de noche, encienden fogatas”, cuenta Da Silva. Y si por alguna situación especial quieren ver televisión, como durante la final del Mundial que disputó Argentina en 2014, consiguen un televisor y lo conectan a la batería de un auto.

A los chicos les es difícil estudiar. La mayoría va a la escuela y cuando vuelve ayuda en el campo con los animales o los cultivos. A la noche, sin luz, es raro y costoso mantener encendido un mechero a kerosene o lámparas a pilas. Por eso y porque la mayoría de los padres hizo apenas algunos años de la primaria, la mayor parte de los jóvenes tiene su único estímulo educativo en la escuela.

Para la noche de Fin de Año, hay comunidades que festejan alrededor de fogatas. Foto: Red de Comunidades Rurales.

En la Secretaría de Gobierno de Energía de la Nación estiman en $ 400 el costo mensual promedio en pilas, kerosene o garrafas que usan como fuente de iluminación. Y remarcan que una de las consecuencias de la deficiente iluminación es la fatiga ocular. Además reconocen que los mecheros emiten dióxido de carbono y vician el aire, lo que significa un riesgo latente para un hogar.

La migración hacia las ciudades

“Una consecuencia de esa vida es la migración del campo hacia los pueblos”, describe Marisa Pizzi, una ingeniera agrónoma bonaerense radicada en Nueva Pompeya, un pueblo de 2.300 habitantes de El Impenetrable chaqueño, a 190 kilómetros de Resistencia.

“Por la falta de energía, los primeros que se vienen al pueblo son los jóvenes y las madres con sus hijos. Los tientan comodidades como poder tener celular, Internet, ventilador o un televisor. Esa situación afecta la economía de la familia, porque las mujeres son las que suelen ocuparse de los animales chicos, como las cabras”, cuenta Marisa, que trabajó hasta 2015 en la Secretaria de Agricultura Familiar de la Nación justamente promoviendo la productividad de comunidades rurales.

Esas migraciones forzadas son muchas veces las que consolidan asentamientos en la periferia de los cascos urbanos.

Esa situación asecha a Nueva Población, una comunidad de wichís y criollos conformada por 100 familias. “Ellos necesitan energía para trabajar la algarroba y preparar el chaguar, una planta con la que hacen artesanías. Pero a pesar de estar a 20 kilómetros de Nueva Pompeya, donde hay un generador, a ellos no les llega energía”, expone Marisa.

Podés sumarte a mejorar las condiciones de vida de hogares rurales desde aquí.

Por qué es tan difícil hacer llegar la energía

La principal dificultad es la distancia. Es decir, el número de familias y la potencia energética que demandarían no es el principal desafío.

“Para llevar energía de un sitio con abastecimiento a otro sin servicio pero que queda a 100 kilómetros, es necesario que ese transporte se haga por líneas de media o alta tensión. Y si se hiciera esa inversión, que de por sí es costosa y necesita mucho mantenimiento, habría que poner un transformador en la bajada a cada hogar al que se quiere abastecer, porque habría que pasar la energía de 300 mil voltios a 220”, explica Salvador Gil, director de la carrera de Ingeniería en Energías de la Universidad Nacional de San Martín.

Gil expone que si un trayecto de 100 kilómetros se hiciera con un tendido de baja tensión, el 90% de la energía enviada se perdería en el camino por las características técnicas de esas líneas.

Más allá de que aún hay 120 mil hogares sin energía, en la Argentina la red se expandió mucho en los últimos 30 años: mientras en 1990, accedía el 90% de la población, según datos de Banco Mundial, ahora lo hace el 99%. Con ese indicador, el país está por sobre el promedio mundial de acceso, que es del 87%.

Crédito: Subsecretaría de Energías Renovables y Eficiencia Energética.

Una solución: instalar equipos solares

Que miles de familias rurales no tienen energía eléctrica en sus casas no es una revelación para el Estado. Desde hace casi dos décadas existe un programa especifico dentro del área de Energía estatal que busca equipar con paneles solares a esas poblaciones. Se lo llama Proyecto de Energías Renovables en Mercados Rurales (Permer).

En general distribuyen equipos que permiten producir energía en el lugar, almacenarla y alimentar equipos con los que se puede iluminar algún ambiente durante varias horas por noche, encender una radio y cargar un celular.

Entre el año 2000 y el 2012, ese plan permitió que 29.884 familias tuvieran algo de energía a partir de paneles solar. Ahora, de hecho, se están distribuyendo 14.600 paneles en 11 provincias: Catamarca, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, Santa Cruz y Tucumán. De ese lote, unos 6.000 ya fueron instalados.

Salta es una de las provincias donde ya instalaron paneles solares en hogares rurales.

Desde Permer, que depende de la Secretaría de Gobierno de Energía, aseguran que a partir de marzo comenzará el plan más ambicioso que encaró el área: llegar con estos kits solares a los 120 mil hogares dispersos del país antes de 2020.

Para eso, se hizo una licitación internacional y la empresa estadounidense D. Light Desing ganó ese concurso, que ya fue adjudicado y prevé una inversión de 17,5 millones de dólares, fondos que son financiados por el Banco Mundial.

La previsión es que a partir de abril empiece la distribución e instalación, a través de las provincias, de una primera tanda de 23.000 equipos. En cada hogar colocarán un panel solar fotovoltaico, es decir que convierte la energía solar en voltios. También les llegará una batería de litio para almacenar esa energía y dos lámparas Led de 200 lúmenes (equivalen a 25 watts) y una lámpara Led de 400 lúmenes (60 watts). El kit incluirá un puerto USB para cargar celulares y una radio AM/FM con batería recargable.

“Este equipo tendrá la capacidad de brindar iluminación fija a 3 ambientes: una sala comedor y dos habitaciones. Estimamos que cada lámpara podrá estar encendida 5 horas al día. Y desde la batería central se pondrán recargar teléfonos celulares y la radio”, explicaron desde Permer.

Los funcionarios del área reconocen que una vez que se avance con este programa, el desafío pasará por sumar potencia a esos equipos, de forma tal que puedan generar energía suficiente como para mantener una heladera.

Otro desafío será el mantenimiento, ya que al ser poblaciones aisladas resulta muy difícil el acceso para una revisión. De hecho ese fue el punto más problemático de la primera etapa del Permer.

“Cuando se descompone un equipo, pueden pasar meses sin que llegue el técnico que pone la empresa provincial que queda a cargo del mantenimiento. Eso al menos pasó en muchas comunidades de El Impenetrable”, cuenta Rolando Nuñez, coordinador del Centro Mandela, una ONG chaqueña que asiste a comunidades rurales e indígenas.

Las redes monofásica: una apuesta para distancias más cortas

Una alternativa que encontraron en Mendoza para llevar energía a poblaciones rurales no tan alejadas (unos 50 kilómetros de pueblos con servicio) es hacerlo a través de redes de baja tensión monofásica.

“Así ya llegamos a 1500 productores rurales. La energía viaja a 680 voltios y cada hogar tiene su transformador. Sabemos que hay pérdida de energía en el camino, que no es eficiente la línea, pero es la manera que encontramos de abastecerlos”, explica Pablo Magistocchi, gerente general de Empresa Mendocina de Energía Sociedad Anónima.

Una línea monofásica en Misiones. Crédito: Hernán Pérez Aguirre / Red Comunidades Rurales

Algo parecido ocurre en Misiones, donde la Organización para el Desarrollo Humano, Ambiental y Tecnológico, una ONG, está llevando electricidad a seis comunidades mbya guaraní. Con financiamiento de Naciones Unidas a través del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD), llevaron una red monofásica hasta el ingreso a esas comunidades.

“Ya instalamos el transformador en la bajada a las comunidades y ahora no falta la distribución interna, hogar por hogar”, cuenta Javier Villalba, referente de esas comunidades, que agrupan a 120 familias.

Javier estudió abogacía y tiene 41 años. Cuando era chico no tenía luz en su casa y recuerda haber sufrido especialmente dos situaciones: no tener agua fresca cuando la temperatura araña los 50 grados y no poder leer de noche los cuentos que le daban en la escuela. 

Sociedad | 17 de diciembre de 2018

Ilustración por Pablo Domrose

Cuatro mujeres para cambiar el mundo (o cinco, o diez, o todas las mujeres del planeta)

La semana pasada nos juntamos con cuatro mujeres que admiramos profundamente: Catalina Hornos, Elena Santa Cruz, Mayra Arena y Mariela Fumarola. Las cuatro hablaron de su vocación y de su compromiso. De cómo miran ellas la realidad que nos rodea. Lejos del escritorio y cerca del que sufre, del que necesita. Cada una de ellas camina las calles, las casitas y los barrios y sabe, siente y palpita “lo que pasa”.

En una semana en la que el valor de la mujer volvió a manifestarse y a expresarse. Nos impactó, nos conmovió. Nos despertó. La denuncia de Thelma junto a sus compañeras actrices nos hizo sentir que pasó algo. Profundo, contundente. ¿Comenzó la semana pasada un nuevo movimiento? ¿Una revolución cultural? ¿Comenzó mucho antes? Creemos que sí, que está en marcha algo que no vimos nunca. Y es maravilloso.

¿Cómo se suma, como se adhiere a una revolución cultural? Con alegría, con entusiasmo. Las cuatro mujeres del encuentro, como las mujeres que van tomando la valiente decisión de decir, eligieron a otras mujeres para dar la batalla. Los hombres también las podemos contemplar y aprender.. Vayamos todos, que el mundo lo cambiamos juntos.

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Sociedad | 14 de diciembre de 2018

Cómo es el Airbnb que te permite conocer los pueblos originarios desde adentro

Dicen los atacameños que toda ayuda significa reciprocidad. Lo explica René Calpanchay al otro lado del teléfono. La señal viene y se va entre San Salvador de Jujuy, donde está él, y Buenos Aires, donde estamos nosotros.

René Calpanchay tiene 56 años y es oriundo de Susques, un pueblo a 100 kilómetros de Purmamarca. De origen atacameño, dice que pasó la vida militando por los derechos de las comunidades indígenas, pero que a pesar de las conquistas no se conforma. “Todavía hay gente que sufre en las comunidades”, dice.

Sin embargo, hace un año sucedió algo diferente. Junto a su compañero Jorge Gronda se pusieron a conversar con Pablo Saubidet, un empresario de Buenos Aires: hablaban de las distintas experiencias que los pueblos locales podían ofrecer a los turistas, era una buena oportunidad para que compartir y difundir la cultura indígena dejara de ser solo militancia y pudiera generar otro tipo de impacto.

Conocé las experiencias

“Y ahí Pablo nos propuso pensar una plataforma en el que las ganancias se dividieran 60/40”, dice Calpanchay. “Era una locura -agrega-. Siempre que íbamos a hablar con empresas turísticas nos decían que pensaramos una experiencia para ofrecer y nos proponían darnos el 3% del precio que pagara el turista. Y de pronto Pablo nos decía 60/40… No lo podíamos creer”, cuenta.

Jairo, uno de los emprendedores, junto a René Calpanchay

Además del alivio económico, la propuesta desafiaba el precepto común de habitantes originales que tienen que dejar su pueblo porque no encuentran posibilidades laborales que les permitan sobrevivir, y perseguía el objetivo doble de que la cultura originaria no solo se quedara, sino que además transmitiera de primera mano sus valores y cosmovisión a los visitantes. “Hoy hay viajeros de todo el mundo que quieren tener acceso a esto, a nuestra cultura, a nuestro valores. Conocernos más allá de los manuales, tener una experiencia real”, dice Calpanchay.

No tardaron mucho en ponerse en marcha. Se juntó un directorio de 8 socios y se creó Pueblos Originales. Cuatro serían representantes de los pueblos indígenas, cuatro “del mundo occidental”, tal como lo define René.

Funcionan hace un año. Básicamente, es como la página de Booking pero orientada a experiencias diseñadas por habitantes de las comunidades locales, que ponen el acento en transmitir su cultura, sus conocimientos y cosmovisión. Este año además fueron ganadores en la categoría Arte y Cultura del concurso Samsung Innova, que premia a las mejores ideas de innovación con impacto en la sociedad.

Foto: Lele Rey y Velen DK

Como la prioridad de la iniciativa no es el lucro, los precios están muy por debajo de los circuitos de turismo ortodoxo. El objetivo fundamental es generar un intercambio con los turistas, un diálogo en el que las partes puedan integrarse y se produzca una relación genuina y responsable de la tierra y el ambiente, que es la principal preocupación de los pueblos originarios.

Graciana Mandrini, del área institucional, define: “Somos un proyecto de desarrollo sociocultural que busca incorporar a las comunidades originarias del norte a la industria turística. Muchos miembros de estas comunidades tuvieron que migrar a las grandes ciudades, entonces iban perdiendo su vínculo con sus orígenes, y lo que buscamos es intentar que puedan quedarse en su propia tierra, con su propia cultura, y que no se pierda”.

La experiencia del viajero al participar de este tipo de intercambios es muy distinta: la puesta en valor del territorio ya no está enfocada desde la mirada occidental, urbana, sino que el valor se construye a partir de la cosmovisión de quienes llevan un legado de años en una tierra que luego fue conquistada política y culturalmente. Así, los usuario pueden tomar clases de canto tradicional, aprender a cocinar, hacer una cabalgata a Tilcara, entre otras.

Hasta el momento, trabajan con 15 emprendedores de la zona de Purmamarca. La idea es ir agregando opciones de experiencias y sumando emprendedores. Cada uno de ellos a su vez es de algún modo un socio. Una vez que el turista elige la experiencia que quiere realizar, la reserva vía web, hace el pago, e inmediatamente después el dinero (el 60% del precio) se deposita en la tarjeta del emprendedor que ofrecerá el servicio.

En ese aspecto, funciona como Airbnb. Es más, la misma plataforma de hospedaje es uno de sus socios estratégicos: algunas de las ofertas de Pueblos Originales están incorporadas también en la sección experiencias de la App norteamericana.

“Originalmente, en los proyectos se buscan tres impactos: económico (generar recursos), social (tiene que ver con la prosperidad colectiva), y ambiental (el cuidado de la madre tierra, la Pachamama). Pero en este caso buscamos también un cuarto impacto: el cultural. ¿Qué es eso? El entrelazamiento de personas de distintas culturas para lograr producir aquello que falta. Nosotros tenemos el conocimiento para dar las experiencias, pero ahora lo podemos combinar con quien tiene el conocimiento tecnológico para llegar más lejos. Entonces complementamos eso y nuestros valores”, explica Calpanchay.

Foto: Lele Rey y Velen DK

Además de intentar revertir los daños pasados y prevenir los futuros, buscan crear un nuevo modelo de empresa. “Nuestro lema es: Carancho en su rancho, y siempre gana gana: que cada uno de la empresa haga lo que sabe hacer, pero pensando en el bien de todos”, dice.

En el primer año, según estimaciones de la empresa, se facturaron 1 millón de pesos, y esperan quintuplicar este número el año próximo. Además, acaban de cerrar una ronda de inversiones con la cual van a incorporar transportes para tener mejor movilidad.

“Todas las estructuras en las que trabajé en los últimos 30 años fracasaron. Pasaron muchísimos dólares, pero no cambiaron la realidad de las comunidades”, dijo en una entrevista otro de los fundadores, Jorge Gronda. Comparte la idea de René, de que sin impacto real en la comunidad no hay éxito posible.

Los ocho integrantes del “board” son cuatro indígenas: Calpanchay (de origen atacameño), Clemente Flores y Celestina Ávalos (de origen coya), y Balbín Aguaysol (Diaguita Calchaqui); y los cuatro occidentales: Jorge Gronda (médico jujeño), Diego Noriega (santiagueño, fundador de Alamaula), Pablo Simón Casarino (boliviano, empresario), Pablo Saubidet (empresario, Presidente de iPlan).

Marisel da clases de tejidos típicos. Foto: Lele Rey y Velen DK

¿Cómo conviven los dos universos? Según René, con humildad. “Hemos tratado de ocultar el yo, y hacer aflorar el co. Si trabajamos por el yo nos sale el egoísmo, el competir. Si entendemos que no podemos hacer nada solos, sale el co, que es la complementariedad”.

Y después dice, con la sabiduría de los hombres que ven más allá, un par de frases más. “Hay una frase que dice: donde no hay humanos, trata de serlo. Creo que los humanos naturalmente somos buenos, pero hemos desarrollado con el intelecto la posibilidad de hacernos mal entre nosotros. Crecer es individual. La prosperidad es colectiva, siempre. Eso sería el éxito para nosotros”.

Sociedad | 14 de diciembre de 2018

Foto: Juan Mabromata / AFP

El costo humano de la recesión: un tercio de los argentinos y la mitad de los niños son pobres

Este año el porcentaje de argentinos que vive por debajo la línea de la pobreza se disparó 5,4 puntos y llegó al 33,6% de la población. Eso quiere decir que hay 13.600.000 pobres en el país; 2.2 millones más que en 2017. Es la cifra más alta en diez años.

El salto más fuerte fue en la pobreza e indigencia entre los menores de 17. Subió del 44 al 51,7%. Es decir, uno de cada dos niños y adolescentes de la Argentina viven en hogares que no pueden comprar bienes y servicios básicos. La cifra es similar a la que reportó Unicef la semana pasada y es la más alta de toda la serie poblacional considerada.

Los números provienen del muy anticipado informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA que se publicó ayer, y no incluyen la pobreza rural. La recesión y la crisis financiera golpearon fuerte al empleo entre los más vulnerables. Este año se disparó el dólar y la inflación y eso hizo que el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones cayera entre 15 y 20 puntos porcentuales.

“La actual crisis 2018 –a igual que en 2008, 2014 y 2016- no ha sido destructiva del sistema productivo ni financiero formal. Sin embargo, ha sido corrosiva para la micro, pequeña y mediana empresa, así como para los sectores de la economía social”, dice el documento. Y agrega que “persiste un sector micro informal de subsistencia (economía social) de muy baja productividad, alta precariedad y ampliamente extendido”.

Fuente: Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA

Los planes sociales contuvieron la indigencia

El informe de la UCA reveló que gracias a los planes sociales, la indigencia no tuvo cambios significativos a nivel estadístico: actualmente es de 6,1% mientras que en 2017 fue de 5,7%.

Fuente: Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA

En el Gran Buenos Aires es donde hay más pobres. El 43,4% vive bajo la línea de la pobreza y el 8,9% es indigente.

En la Ciudad de Buenos Aires, la pobreza es del 8,9% (subió 1,1 puntos) y un 1,3% es indigente.

Las repercusiones políticas

En el Gobierno temen del impacto electoral de las cifras, ya que Mauricio Macri había pedido que se juzgara su gestión por este indicador: “si cuando finalice mi gestión no bajó la pobreza, habré fracasado”. La Casa Rosada ya se resigna a que no podrá exhibir cifras positivas de cara a las elecciones de 2019.

Alguna de las conclusiones más relevantes del informe

Agustín Salvia, el director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, dijo que el cuarto trimestre de este año debería arrojar índices aún peores. “Para que baje la pobreza es condición necesaria que crezca la economía, pero no es suficiente para resolver la pobreza que tiene dimensiones estructurales”. Y agregó que “sin la creación de nuevos y mejores empleos no hay perspectivas de que baje la pobreza”.

  • El informe advierte que las relativas mejoras materiales y la ampliación de las políticas de protección social durante el último período no han sido suficientes para revertir los niveles de pobreza estructural.
  • La desigualdad estructural se reproduce en la calidad del hábitat y el acceso a agua, energía, servicios de saneamiento y a una vivienda digna. Y la segmentación también opera sobre servicios públicos universales: educación, salud, protección social y seguridad ciudadana.
Sociedad | 12 de diciembre de 2018

Tomamos decisiones más rápido y con menos información de lo que pensamos

Nadav Klein es investigador post doctoral en la facultad Harris Public Policy, Universidad de Chicago.

Vivimos en una era de la información. En teoría, podemos enterarnos de todo sobre cualquier persona o cosa con un mero clic. Toda esta información debiera permitirnos tomar todo el tiempo decisiones basadas en excelente información y datos.

Pero la generalizada disponibilidad de información no significa que uno haga en realidad uso de ella aún cuando la tenga. De hecho, décadas de investigaciones en psicología y ciencia de la conducta muestran que la gente hace de inmediato juicios precipitados basados en poca información, en distintas situaciones.

La gente se hace impresiones duraderas de los otros en el lapso de milésimas de segundo, las juntas encargadas de evaluar a los maestros juzgan a los docentes en menos de un minuto en tanto que los consumidores toman decisiones de compra basadas en escasa deliberación. Hasta las decisiones a la hora de votar pueden aparentemente basarse en impresiones formadas durante períodos de tiempos increíblemente cortos.

Si estos hallazgos le parecen increíbles, investigaciones recientes realizadas por mi colega y por quien esto escribe sugieren que usted no es el único. La inmediatez del juicio humano sorprende a la gente por lo general. Los individuos no tienen prevista la poca información que ellos y otros usan a la hora de tomar decisiones.

Y esta desconexión puede tener consecuencias en la vida cotidiana: después de todo, el hecho de reconocer qué tanta -o tan poca- información utiliza en realidad la gente para hacer juicios y tomar decisiones podría influir en lo que compartimos con otros. La candidata a un empleo debiera tener idea de qué tanto van a leer de su CV sus posibles empleadores de modo de priorizar sus esfuerzos acorde con ello.

Y ayudaría cuando uno está decidiendo qué tanta información tener al tomar nuestras propias decisiones. ¿Cuánto tiempo, por ejemplo, debemos probar un servicio de subscripciones antes de decidir si nos gusta lo suficiente como para pagarlo? ¿Cuánto tiempo debiéramos salir con una persona que nos interesa como pareja antes de decidir si nos comprometemos o no?

Comparando predicciones y la realidad

En nuestra investigación, mi coautor Ed O’Brien y yo evaluamos si la gente es capaz de anticipar con exactitud qué tanta información usan tanto ellos como los otros a la hora de hacer distinto tipo de juicios. Descubrimos de forma sistemática que la gente se sorprende de la rapidez con la que hacen juicios y de la poca información en la que se basan para hacerlo.

Preguntamos a los participantes en uno de los estudios que se imaginaran teniendo interacciones agradables o desagradables con otras personas. A modo de comparación, preguntamos a otro grupo de participantes que anticiparan cuántas de esas interacciones necesitarían ellos para determinar el carácter de alguien. Descubrimos que la gente pensaba que necesitaba muchas interacciones para poder hacer esa apreciación, cuando, de hecho, el primer grupo necesitaba nada más que unas pocas.

En otro estudio les preguntamos a estudiantes de MBA (Master of Business Administration o Maestría en Administración de Empresas) que escribieran solicitudes para hipotéticos puestos administrativos y le pedimos luego a gente de Recursos Humanos que leyera los materiales. Nuestros candidatos escribieron y compartieron mucho más material del que se preocuparon en leer los profesionales que contrataban.

Le pedimos también a gente que nunca había estado casada que vaticinara, después de conocer a su futuro cónyuge, cuánto tiempo le llevaría decidir si esa persona era el amor de sus vidas. Un 39 por ciento de esta gente que nunca había estado casada dijo necesitar salir con esa persona durante más de un año antes de poder sentirse lista para pasar el resto de su vida con él o ella. En cambio, la gente casada dijo haber hecho ese juico con mucha mayor rapidez -sólo el 18 por ciento indicó que le había llevado más de un año llegar a esa conclusión.

Vaticinios equivocados similares tienen lugar cuando se evalúan los servicios de subscripción basados en períodos de prueba, cuando se prueban bebidas nuevas o cuando se evalúan rachas de suerte, rendimientos atléticos o notas académicas. En todos los casos, la gente dijo creer usar más información de la que usó en realidad.

Malinterpretando esta tendencia humana

Existen varias razones por las que la gente tendría la impresión equivocada sobre la velocidad con la que ellos y otros hacen apreciaciones.

Una posibilidad es la creencia de que la mente humana procesa la información progresivamente. Una perspectiva ingenua podría imaginar que la información nueva se apila arriba de información vieja hasta que se llega a algún umbral mental para la toma de una decisión. Sin embargo, lo que sugieren las investigaciones preliminares es que el agregado de información se acerca mucho más a una función exponencial; las primeras informaciones pesan mucho más que las últimas.

Otra posibilidad es que la gente no logra darse cuenta de lo rica e interesante que es cada pieza separada de información. En psicología esto se denomina brecha de empatía. Pensemos en la pregunta de cuántas interacciones son necesarias para que decidamos si nos gusta y confiamos en alguien. Sería tentador pensar que uno va a evaluar racionalmente cada interacción al igual que haría con una estadística en seco. Pero los encuentros sociales son vívidos y cautivantes, y la primera experiencia puede simplemente resultar tan maravillosa como para inclinar nuestro juicio de manera irrevocable, volviendo innecesarias las futuras interacciones.

Reconociendo el apuro para juzgar

No está claro que las decisiones rápidas sean siempre malas. A veces los juicios apresurados son llamativamente exactos y pueden llegar a ahorrarnos tiempo. Sería devastador tener que revisar toda la información disponible sobre un tema cada vez que tuviéramos que tomar una decisión. Sin embargo, el hecho de no entender bien cuánta información utilizamos de hecho para hacer nuestros juicios es algo que tiene importantes implicancias más allá de tomar buenas o malas decisiones.

Tomemos el caso de las profecías autocumplidas. Imaginemos una situación en la que un gerente se forma una opinión tentativa sobre un empleado que luego deviene en una serie de decisiones que afectan toda su trayectoria profesional. Un gerente que ve a un subordinado dar un pequeño paso en falso en un proyecto insignificante podría evitar asignar proyectos interesantes para el futuro que, a su vez, podrían paralizar las perspectivas profesionales de este empleado. Si los gerentes no son conscientes de qué tan dispuestos están a hacer juicios iniciales veloces y basados en poca información, serán menos proclives a cortar de raíz estos destructivos ciclos autocumplidos.

Otro ejemplo sería la tendencia humana a apoyarse en estereotipos a la hora de juzgar a otras personas. Si bien uno puede creer que tendrá en cuenta toda la información disponible sobre otra persona, la gente tiene más probabilidades de considerar muy poca información y dejar que los estereotipos entren subrepticiamente. Sería un error comprender la rapidez con la que se hacen juicios que vuelven tan difícil la exclusión de la influencia de los esterotipos.

La tecnología moderna permite que virtualmente toda decisión tomada hoy esté más informada que la misma decisión tomada hace algunas décadas. De todos modos, la confianza humana en apreciaciones rápidas podría frustrar esta promesa. En la búsqueda por una toma de decisiones basada en mayor información, los investigadores necesitarán analizar formas que alienten a la gente a aminorar la velocidad de los juicios.

© The Conversation

Traducción por Silvia S. Simonetti

Sociedad | 12 de diciembre de 2018

Fuente: Economía Femini(s)ta. Intervención: Pablo Domrose.

Tampones e impuestos: el costo de ser mujer

En promedio, las mujeres menstruamos más de 2.500 días en el curso de toda nuestra vida. Es decir, pasamos el equivalente a casi siete años usando tampones, toallitas o copa menstruales. A pesar de que estos productos son esenciales para asegurar la higiene menstrual, sus costos presentan una barrera para para muchas mujeres, en particular aquellas de sectores económicos más vulnerables.

En los últimos años, en el marco de un creciente movimiento por los derechos de las mujeres, empezaron a surgir campañas alrededor del mundo demandando la exención de impuestos a productos de cuidado menstrual. Argentina no es la excepción. En el último año se presentaron más de 11 proyectos de ley sobre el tema a nivel nacional, provincial y municipal. ¿Qué proponen éstas iniciativas y por qué son importantes en la lucha por la igualdad de género?

¿Cuánto cuesta menstruar?

Según datos compilados en 2017 por Economía Femini(s)ta, en Argentina las mujeres (y las personas transgénero y de género fluido) gastan un promedio de $1.628 al año en productos de cuidado menstrual como toallitas y tampones. Esto significa un gasto de hasta $65.000 en el período promedio de 40 años que menstrua una mujer.

“Estas barreras económicas hacen de un hecho biológico, un obstáculo para el ejercicio de los derechos en igualdad de condiciones”, dice Norma Durango, senadora nacional (PJ- La Pampa).

Estos costos que tienen que afrontar las mujeres mes a mes se suman a una significativa brecha salarial entre los hombres y las mujeres. Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), las mujeres en el país cobran un 30% menos que los hombres por los mismos trabajos realizados. Esto significa que por cada peso que gana un hombre en el país, una mujer gana 70 centavos. A esto se le suma una mayor tasa de desocupación y pobreza entre las mujeres.

“La imposibilidad de gestionar de manera adecuada la menstruación es un factor de desigualdad más que se suma a la brecha salarial entre varones y mujeres, a la redistribución asimétrica del trabajo doméstico, entre otras inequidades de género que vivenciamos las mujeres en los distintos ámbitos”, dice Durango.

Fuentes: Economía Femini(s)ta, Ministerio de Producción y Trabajo, Ministerio de Transporte. Intervención: Pablo Domrose.

Las iniciativas para hacer los productos menstruales más accesibles

El 8 de marzo de 2017, en el marco del Paro Internacional de Mujeres, Economía Femini(s)ta lanzó la campaña #Menstruacción, a través de la cual juntó productos de gestión menstrual y los acercó a quienes no podían comprarlos.

“La falta de acceso a los productos de gestión menstrual aumenta las probabilidades de deserción escolar y ausentismo, infecciones y precarización económica”, explican desde la organización.

En el último año, la campaña estableció numerosos puntos de recolección de donación de productos menstruales en la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, Rosario, Salta y Santa Fé.

Dónde donar productos de gestión menstrual

Otras de las demandas de la campaña incluyen la eliminación del IVA de los productos de gestión menstrual y la provisión gratuita de estos productos en distintas instituciones como escuelas, cárceles y hogares para personas en situación de calle.

“Los productos de cuidado menstrual deberían ser considerados de primera necesidad, ya que afectan el acceso a los derechos básicos de las personas que menstrúan”, dice Agostina Mileo, parte del equipo de Economía Femini(s)ta. “Cobrar impuestos sobre estos productos no se condice con la naturaleza de su uso obligatorio.”

Según registros de la AFIP, entre los productos exentos de IVA en el país se encuentran los jugos puros de fruta, los anillos de alianza matrimonial y las champañas destinadas a destilación.

Los proyectos de ley en Argentina

En el último año han surgido más de 11 proyectos de ley de alcance nacional y local que buscan eliminar el IVA a los productos menstruales y garantizar su provisión gratuita para mujeres en situaciones vulnerables. Estos proyectos fueron presentados a nivel nacional, en la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Rosario, Viedma y Ushuaia.

“El proyecto de ley que presentamos crea el Programa Nacional de Promoción de la Salud Menstrual, con la finalidad de crear medidas que permitan a las personas gestionar su menstruación de una manera saludable”, explica Durango, una de las senadoras que presentó un proyecto a nivel nacional. “A su vez, para quienes no cuenten con los recursos económicos suficientes, se prevé la entrega gratuita de los elementos para la gestión menstrual”.

El proyecto presentado por Durango ingresó al Senado de la Nación el pasado 7 de junio y fue girado a las comisiones de Salud, de Educación y Cultura y de Presupuesto y Hacienda. Hasta el día de hoy no tuvo tratamiento en la comisión cabecera. Desde el Ministerio de Salud y Desarrollo Social explican que no existe actualmente un área trabajando sobre el tema, y que la ley debería primero aprobarse para luego identificar cuál sería el ministerio a cargo de implementar las reformas sugeridas.

En Rosario, un proyecto similar presentado con la firma de todos los bloques políticos que conforman el Consejo Municipal corrió la misma suerte.

“Fuimos la primer ciudad en el interior del país que presentó un proyecto sobre el tema. Pero lamentablemente no hemos conseguido que el gobierno de la ciudad lo sancione”, dice Norma López, concejala del municipio. “Si la legislación pasa, va a ser de un impacto muy importante en cuanto a la salud y la economía de las mujeres. Vamos a poder posibilitar el acceso a una buena mejor de vida”.

Fuentes: New York Times, International Business Times, El Tiempo, Global Citizen, BBC. Intervención: Pablo Domrose.

Qué soluciones encontraron otros países

Alrededor del mundo, 10 países implementaron leyes para disminuir o completamente eliminar los impuestos sobre productos de gestión menstrual, entre ellos Canadá, Kenya, Francia, Estados Unidos (9 estados del país), e India. En América Latina, el único país que eliminó los impuestos sobre toallitas y tampones fue Colombia, en noviembre de este año.

Asimismo, en 2017 Escocia se convirtió en el primer país en el mundo en entregar productos de higiene femenina gratuitamente a personas de bajos recursos. Según la organización Fare Share, que impulsó la iniciativa, dos tercios de las personas que se benefician de este programa habían tenido dificultades en acceder a productos menstruales en el pasado.

En algunos países en los cuales no ha habido avance legislativo en el tema, el sector privado ha jugado un importante rol en hacer más accesibles los productos menstruales. En Inglaterra, por ejemplo, Tesco, la cadena de supermercado más grande del país se comprometió a absorber el costo de los impuestos sobre estos productos y bajar el precio de más de 100 productos de higiene femenina. Desde el lanzamiento de la campaña de Tesco en 2017, varias cadenas de supermercado inglesas se sumaron a la iniciativa.

Sociedad | 11 de diciembre de 2018

La orquesta que está transformando la vida de los jóvenes de Chulumani

A los 14 años, un violín le cambió la vida a Mariel Chura. Mientras cultivaba coca en la parcela de sus padres, se enamoró de la viola y decidió unirse a  la Orquesta Sinfónica de Chulumani. Hoy, 7 años más tarde, Mariel interpreta las melodías de Strauss y Chaikovski junto a otros 80 niños y jóvenes.

Aizar Raldez / AFP

Mariel tuvo que trabajar cultivando coca para poder comprarse su instrumento. Hoy estudia ingeniería en una universidad de La Paz, pero cada fin de semana regresa a Chulumani donde le enseña a niños a tocar el violín y sigue ensayando con sus compañeros de orquesta.

Aizar Raldez / AFP

La Sinfónica de Chulumani ha ayudado a los jóvenes de la región a abrir su panorama al alejarlos del consumo de drogas y alcohol, y a conseguir que reciban becas en distintas universidades del país y del exterior.

Aizar Raldez / AFP
Sociedad | 11 de diciembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Mujeres en prisión: pobres y con hijos, la mayoría está encerrada por pasar droga en la frontera o venderla al menudeo

Su mamá la abandonó en un hogar apenas nació, no terminó la primaria y quedó embarazada a los 14. Se las arregló como pudo y sola: vendió trapos de piso en la calle y ropa en una feria. Varios años fue empleada de seguridad. Pero a principios de 2015, con 37 años, sin trabajo y con hijos de 3, 5 y 9 años, aceptó una oferta: vender cocaína en la casilla que alquilaba en la Villa 20 del barrio porteño de Lugano.

El 27 de noviembre de 2015, la policía pateó la puerta de esa casilla y encontró a Gilda en su casa, con 300 dosis de cocaína, unos 100 gramos. Fue presa sin condena y su hermano quedó a cargo de sus hijos. “Gilda es mi nombre real. No me da vergüenza contar lo que me pasó. No vendía droga por ambición, lo hice por desesperación. Lo que me da es pena porque casi pierdo a mis hijos y los hice sufrir”, asegura Gilda, que está en libertad condicional.

Pobre, sin educación, madre soltera y jefa de hogar. Gilda ejemplifica a la perfección la historia de vida más repetida entre las 3.602 mujeres que están presas en la Argentina. Como ella, la mayoría tampoco tenía antecedentes penales, fue encerrada sin condena y su primer delito fue vender o traficar drogas en pocas cantidades.

“Una gran mayoría de las mujeres encarceladas son mulas que por desesperación, por su situación socioeconómica, aceptan pasar por la frontera la droga que se pueden tragar en pequeñas cápsulas o que pueden esconder en su cuerpo. O se dedican al narcomenudeo, que es una comercialización a muy baja escala”, afirma Mariana Lauro, jefa del área de grupos vulnerables de la Procuración Penitenciaria de la Nación.

La estadística respalda ese diagnóstico. De los 85.283 presos que hay en el país, solo el 4,2% son mujeres. Pero mientras la mayoría de los hombres está detenido por robo y apenas un 12% por causas vinculadas a la venta o tráfico de drogas, entre las mujeres esos dos delitos explican el 43% de las causas de su encierro. 

Crédito: Procuración Penitenciaria de la Nación.

La tendencia es todavía más evidente si se analizan únicamente las cárceles del Servicio Penitenciario Federal, a donde derivan a la mayoría de los detenidos por violar la ley de drogas, ya que en la mayoría de los casos se trata de un delito de jurisdicción federal. En esas unidades, el 60,6% de las mujeres está presa por violación a la ley de drogas.

Saber qué delitos se les imputa a las mujeres presas por su vínculo con las drogas ayuda a entender qué rol tenían en una hipotética red criminal. El 56% está presa por comercialización, el 32% por tenencia y el 12% por tráfico.

“Si analizamos los datos de quienes tienen condenas, vemos que al 84,7% recibió 4 años o menos, que es la pena mínima para quien comercia estupefaciente. Por eso no hay dudas de que estas mujeres son el eslabón más débil y el último. Encerrarlas es una pena desproporcionada”, considera Victoria Darraidou, investigadora del equipo de Seguridad Democrática y Violencia Institucional del CELS.

Madres, con hijos a cargo y “desesperadas”

La Dirección Nacional de Política Criminal en Materia de Justicia y Legislación Penal del Ministerio de Justicia y Derechos Humano de la Nación coincide con el diagnóstico: “Tradicionalmente, el rol de las mujeres en el tráfico de drogas se circunscribe a enlaces prescindibles e intercambiables en los dispositivos de venta de drogas, no representan piezas significativas y son fácilmente captadas por las fuerzas de seguridad”, destacan en un informe publicado el año pasado.

El recorrido o trayecto de las mujeres presas por droga explica esa “desesperación”, como la llamó Gilda, que a muchas las pudo haber empujado a vincularse con el comercio de drogas. Solo el 13% de las presas por drogas del país terminó la primaria o el secundario y casi la mitad no tenía empleo. Mientras que el 80% es madre y tienen en promedio 3 hijos a cargo, según datos de la Procuración Penitenciaria de la Nación.

¿Querés conocer el análisis del estado sobre drogas y encarcelamiento?

“Lo que ellas hacen es trabajar de mulas o con el narcomenudeo para organizaciones. En ese sentido, la proporción de mujeres que estaba armada al momento de cometer un delito es mucho menor a la de los hombres. Y cuando participan de un delito, las mujeres mayormente suelen estar acompañadas”, remarca Carolina Bologna, investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Seguridad y Violencia (CELIV), de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que analizó el contexto de encierro de las mujeres en América Latina.

Lo que da a entender Bologna es que la mujer, además de desesperada, es “usada” por otras personas que se aprovechan de su situación.

Crédito: Procuración Penitenciaria de la Nación.

Un caso paradigmático en este sentido es el de Claudia, una mujer boliviana que estuvo presa durante alrededor de un año por cruzar la frontera hacía la Argentina con algo más de un kilo de cocaína en un maletín, un trabajo con el que buscaba juntar 500 dólares que necesitaba para pagar la quimioterapia de su hijo de 13 años, diagnosticado con cáncer.

Cuando el periodista Fernando Soriano hizo público el caso, el juez que lleva la causa permitió que la mujer se reencontrara con su hijo por razones “humanitarias”. El nene finalmente murió y unos días después el juez aceptó excarcelar a la mujer “de manera extraordinaria y excepcional” ante “la situación socio-económica, laboral y familiar”. De esa manera, Claudia pudo volver a Bolivia reencontrarse con sus tres hijas y aguardar el juicio en libertad.

Situaciones como ésta explica en parte por qué una de cada cuatro mujeres detenidas por drogas es extranjera, en su mayoría de Bolivia, Paraguay y Perú.

La mayoría está presa sin condena 

“La situación de las mujeres presas se agrava con otro dato preocupante, que es el uso excesivo de la prisión preventiva. Es decir, tenés mujeres muy vulnerables, que delinquen por primera vez y que son el último eslabón, y que además las mantienen presas sin una condena”, advierte Ariel Cejas Meliare, director General de Protección de Derechos Humanos de la Procuración Penitenciaria de la Nación.

El dato, en ese sentido, es alarmante: el 70% de las mujeres presas en el servicio penitenciario federal no tienen condena. Es decir que están con una prisión preventiva, un recurso que debiera utilizarse excepcionalmente cuando el juez considera que existe un riesgo de fuga o entorpecimiento de la investigación.

En los hombres presos en el servicio penitenciario federal, el 58% está sin condena. En gran medida, esto se debe a que justamente las mujeres están acusadas principalmente por delitos de drogas, que recaen en juzgados federales, muchos de ellos abarrotados de causas y con investigaciones de repercusión nacional, por lo que tienen mayor morosidad.

Esto ocurre a contramano de lo que pasa en la mayoría de las cárceles provinciales del país, donde desde hace dos años se logró que sean más los presos que tienen condena que los que sólo están procesados.

“Una de las principales consecuencias del encierro es que rompe el tejido social. Porque una vez que se aisló a la mujer de sus hijos, de sus amigos, de su familia, salir en libertad es tan difícil como estar adentro. Porque las cárceles aíslan, mantienen a la persona ausente del contacto directo con sus vínculos en el medio libre”, asegura Liliana Cabrera, docente de poesía de YoNoFui, un colectivo feminista integrada por mujeres cis, lesbianas, trans y travestis que da talleres de artes y oficios dentro y fuera de los penales.

El arresto domiciliario busca aliviar la pena

En el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación son conscientes de la situación. De hecho, tienen algunas iniciativas muy orientadas a subsanar estas situaciones a través de la prisión domiciliaria, principalmente la que contempla el monitoreo con pulseras electrónicas, que comenzó en junio de 2015.

Ese programa de Asistencia de Personas Bajo Vigilancia Electrónica beneficia hoy a 707 personas que estaban presas en cárceles federales, de las cuales 292 son mujeres, un 42%, una relación muy alta si se tiene en cuenta que en esas cárceles las mujeres son el 8% de la población. Además, de las mujeres que hoy están en sus casas pero monitoreadas con una pulsera electrónica, 263 están procesadas o condenadas por delitos de drogas.

Crédito: Anita Caraffa / Fundación Net.

“Con este programa apuntamos a determinados colectivos de personas en condiciones de vulnerabilidad y tiene una gran impronta de género”,explica Mariel Viladrich, directora del programa y funcionaria del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

Viladrich explica que “estas mujeres, en general se encuentran con una vulnerabilidad socioeconómica que es aprovechada por los narcotraficantes, que las utiliza, en el marco del crimen organizado, siendo detenidas cuando entran o salen del país con droga”.

Gilda, la mujer con la que empezamos esta nota, fue una delas que alcanzó el beneficio de la pulsera. “Estuve presa seis meses y al final me dieron la pulsera. Fue un gran alivio. Me pude reencontrar con mis hijos. Como no podía salir de casa, me las arreglé lavando ropa en casa para otras familias. Y ahora, hace dos meses, me dieron libertad condicional. Así que ya puedo trabajar: cuido dos abuelas y compro ropa en Once para revender”, cuenta Gilda, que debe cumplir una condena de 4 años y 3 meses.

También hay un incremento en el otorgamiento de arrestos domiciliarios simples, es decir sin el monitoreo de la pulsera. La Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal de la Corte Suprema de la Nación pasó de otorgar 70 arrestos domiciliarios a mujeres en 2016 a 178 actualmente. Y del total de personas beneficiadas, las mujeres pasaron de representar el 40% a ser el 55%.

Una parte de estas políticas surgen como respuesta a la ley 26.472, de 2008, que amplía la posibilidad de prisión domiciliarias a mujeres embarazadas, con niños menores de 5 años o con una persona discapacitada a cargo.

En YoNoFui está integrada por 40 personas que trabajan en el equipo docente y las demás áreas, muchas de ellas ex detenidas. Una de sus principales apuestas es tender un puente entre el “adentro” y el “afuera”. Y con ese objetivo instauraron varios cursos, principalmente en la cárcel de mujeres de Ezeiza y José León Suárez, en la provincia de Buenos Aires, y de Santa Rosa, en La Pampa. Enseñan carpintería, tejido en telar y encuadernación, entre otras disciplinas. 

Mucho de lo que producen las personas durante el encierro o ya en libertad, lo venden en un mercado virtual. De hecho, la organización está constituida como una cooperativa, lo que ofrece cierto horizonte para el futuro. 

Sociedad | 10 de diciembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Si desde el cielo la Argentina parece un arsenal, vivimos en estado de milagro permanente

La semana pasada estuvo en el centro de la escena la modificación del reglamento para el uso de armas de las fuerzas federales de seguridad. Es una medida que sin duda merece discutirse. Es importante, en momentos como este, intentar entender la mirada del otro, estar del lado de todos. Pero esto no significa estar de acuerdo con todos, sino estar en diálogo, estar a favor del otro, aunque estemos en desacuerdo.

Pero más allá de ese debate particular, hay otro que también merecería tener lugar. Para abordar tangencialmente el debate sobre disparar o no disparar, podríamos aportar una imagen más, tan solo para tenerla en cuenta. Si viéramos desde el aire las ciudades de nuestro país, en cada manzana veríamos cinco armas. Tal es el dato que se desprende de las estadísticas. Y un dato más: dos de esas cinco armas por manzana están listas para ser usadas.

Sin embargo, cada día se cometen “solamente” cuatro crímenes con armas de fuego. Y -“solamente”- dos en situaciones de asalto o delito. Es decir: la Argentina vive en estado de milagro permanente. De las 3.000.000 de armas en poder de la sociedad civil, 1.600.000 están registradas (+ info).

Hace pocos años nos enteramos que en un barrio muy postergado, de 1700 familias que vivían, 1100 hogares tenían un arma. Así vista, la Argentina pareciera un arsenal. ¿No es algo sobre lo que valdría la pena convocar a un debate?

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Sociedad | 10 de diciembre de 2018

Foto: Captura Fox Sports

River – Boca y un símbolo de paz

Pablo Pérez está en primer plano. Es el rostro de las lágrimas y de la derrota. La transmisión en vivo que llega a los 200 millones de televidentes globales, se detiene. El capitán de Boca se mantiene erguido e incólume luego de triunfo de River por 3 a 1 en una final de Copa Libertadores demorada por los incidentes, las piedras y los ojos irritados. Ya no existe la estela de los gases lacrimógenos que quedó flotando luego de la disuasión de los seguidores de River hace apenas unas semanas en el barrio de Núñez.

Pablo Pérez llora. Pero los jugadores del archirival no lo dejan solo. Los campeones de América se acercan. Y hasta allí llega Milton Casco. Le habla al oído. La TV no puede entrometerse en la intimidad. Las cabezas de Pablo y Milton se chocan, sus miradas están en primerísimo primer plano. Los campeones del equipo del Newell´s de Martino del 2013, se vuelven a encontrar, cinco años después. Ahora, la gloria del triunfo es de uno. La dignidad es de ambos.

Milton Casco y Pablo Pérez, en abril de 2013, celebran después de marcar un gol para Newell’s Old Boys. Foto: Norberto Duarte / AFP

Ya no hay discursos morales que culpan a la sociedad de enferma, ese que desestima la violencia que el mismo fútbol acuñó en tribunas y en la TV con la cultura del “aguante”. Porque nadie aguanta el dolor de la derrota. Y la derrota es tautológica: el dolor duele. La vulnerabilidad del hombre es un patrimonio humano que enseña sin pretensión de enseñar.

El clásico del gran Madrid se jugó en la capital del mundo hispanoparlante. En el epicentro futbolístico que entiende que la pasión es también un negocio rentable para los 570 millones de hablantes del español.

El mundo hispano, que no se divide por el Atlántico, transformó una crisis magnificada de intolerancia en una oportunidad de negocios en donde la paz era la única protagonista, más allá de cualquier resultado. No quedaba otra chance. Pero los intérpretes del Bernabéu eran los mismos de siempre: los jugadores que recorrieron cada rincón de Sudamérica para llegar a esta instancia límite.

Y el límite no es la gloria o el ocaso. El límite es la tolerancia. La tolerancia entre colegas de colores distintos. El abrazo de Casco no comenzó en Madrid. Casco y Pérez ya se habían cruzado en la primera final.  A los 22 minutos del primer tiempo en La Bombonera, Casco discutió con el colombiano Sebastián Villa por la disputa de una pelota. Fue un momento caliente. Pablo Pérez se acercó al lugar del conflicto e intentó calmar al defensor de River. Habló y no se tapó la boca para que las cámaras no le lean los labios: “¿Vos tenés amarilla?”.

El mediocampista de Boca no buscó la amonestación para el adversario. Lo alejó de la situación para que no sea sancionado por el árbitro chileno Roberto Tobar. Algunos medios titularon poniendo énfasis en el enojo de los hinchas de Boca ante la actitud de Pablo Pérez. Fue un detalle insignificante que cobraría dimensión casi un mes después.

Como si el fútbol y las emociones no pudieran escaparse de toda ley física, detrás de una acción hay una reacción. Y la reacción de Casco, la del campeón continental, la del pibe de Entre Ríos, la del defensor que tapó un disparo del amigo salvando el arco de River llegó después del alargue, con una palabra al oído. Esas palabras que no tienen traducciones pero que todos entendemos. El lenguaje del fútbol puede ser pacífico. Sea quien sea el mejor.

REDACCION | 7 de diciembre de 2018

El futuro de las organizaciones: cómo vamos a trabajar en 2030

Cerca de 50 personas se reunieron el miércoles 5 de diciembre en la Fundación Telefónica. El evento fue organizado por RED/ACCIÓN, como parte de una serie de encuentros en los que invitamos a nuestra comunidad a reflexionar sobre distintos temas.

Los invitados a exponer en esta ocasión fueron Lorenzo Preve (de IAE), Fernando Zerboni (de UdeSa) y Andrés Hatum (de la Universidad Di Tella). Moderados por Sonia Jalfin, discutieron sobre los desafíos de las empresas del futuro. Según ellos, los talentos ya no pertenecerán a una sola organización, los líderes deberán ser más colaborativos, y los organigramas perderán sentido paulatinamente.

Además de discutir la idea del management moderno (“las empresas cambiaron mucho, el management muy poco”, dijeron), propusieron “volar en pedazos” los viejos conceptos de liderazgo, jerarquías y planeamiento.

De izq, a der. Lorenzo Preve, Fernando Zerboni y Sonia Jalfin

Estas fueron algunas de las ideas más interesantes y provocadoras de los oradores:

Fernando Zerboni

  • Empresas muy grandes de la Argentina, estilo unicornio, hoy no hacen presupuesto. Hacen planeamiento flexible. Eso es parte del pensamiento complejo.
  • La autonomía de la gente hoy requiere que haya otro tipo de líderes.
  • Es muy complicado pensar campañas de marketing para el siguiente año. ¿Cómo planificás? Tenés que tener en cuenta qué red social va a ser la más relevante por ejemplo, pero eso no lo sabés, entonces no podés definirlo desde antes. Es muy complejo.

Lorenzo Preve

  • Las empresas cambiaron muchísimo, pero el management cambió poco.
  • Deberíamos romper en pedazos el organigrama.
  • Hay que replantear el planeamiento. Cualquier valor futuro no es un número, es una distribución de probabilidades. Siempre piden que tiremos un número, pero un número es un momento en esa distribución. Así que el planeamiento es otras de las cosas que habría que romper en pedazos.
  • Las nuevas generaciones tienen una capacidad innata de resolver problemas, mientras que nuestra generación tenía una capacidad innata de obedecer. Creo que los chicos que están entrando hoy al mercado laboral tienen la capacidad de resolver problemas. La inteligencia artificial puede llegar a resolverlos también, pero siempre te va a necesitar a vos ahí.
  • Yo creo que las fronteras no existen más. Hoy alguien te hace un trabajo desde Finlandia, comprás un libro en Amazon y pagás impuestos en otro país, lo mismo con Uber… Entonces, el tema fronterizo regulatorio se va a resquebrajar cada vez más y vas a poder contratar especialistas de todo el mundo por el tiempo que quieras.

Andrés Hatum

  • Veo una dicotomía en los espacios de trabajo. Algunos hablan de un escenario donde cada uno labura aislado en su casa, y a su vez están creciendo los espacios de co-working. Así que no sabemos.
  • Veo que las teorías de management no sirven más. Es Caca Management. Seguir enseñando Porter realmente es una falta de respeto.
  • Si tuviera que pensar en el liderazgo del futuro, imagino jefes mucho más colaborativos, insertados en el centro de la pirámide. Y los anti líderes necesariamente van a caer.

Si querés ver el video completo, hacé click acá

Sociedad | 7 de diciembre de 2018

Las razones detrás de la apuesta del Gobierno de llevar la banca a los barrios populares

Abrir una cuenta bancaria, suscribir un plazo fijo, realizar pagos u obtener préstamos en supermercados, farmacias y estaciones de servicio ya es una realidad en la Argentina.

La autorización la dio la semana pasada el Banco Central y es parte de la política de inclusión financiera del Gobierno. El objetivo es facilitar el acceso de las personas al sistema, principalmente en localidades y barrios de la Argentina en los que no hay acceso a los bancos comerciales y, en algunos casos, ni siquiera a cajeros automáticos.

Qué dice la nueva normativa:

La norma permite la realización de operaciones bancarias a través de agencias complementarias generalmente llamadas “corresponsalías bancarias”. El Banco Central dice que las corresponsalías minimizan los costos de transacción , maximizan la intermediación financiera y promueven la formalización de la economía.

En la misma línea, el Banco Mundial y las Naciones Unidas sostienen que la inclusión financiera es considerada una receta efectiva para mejorar la vida de los pobres, los jóvenes y las mujeres. Además es una herramienta efectiva para la inclusión social.

La inclusión financiera

En Argentina solo la mitad de los argentinos tiene una cuenta bancaria y entre los más pobres, solo la quinta parte, según datos del Banco Mundial.

Pero, el Banco Central no mira las mismas cifras: según sus números, el 80% de los cuit o cuil de los argentinos están asociados a una cuenta bancaria y eso sería un reflejo más fiel de la realidad argentina. Los expertos en el tema dicen que una mayoría de esos afiliados nunca usan esas cuentas, no están activas o ni saben que las tienen. En la práctica, no son poseedores de los beneficios de estar dentro del sistema financiero, por lo que es más realista y útil usar las cifras del Banco Mundial.

El Banco Central dice que la apertura de los nuevos de puntos de acceso al sistema financiero permitirá mejorar los procesos de pago de las más de 14 millones de prestaciones que ANSES realiza todos los meses (Asignación Universal por Hijo, jubilaciones y pensiones, etc.). En muchos casos estos servicios se prestan en zonas en las cuales se dificultan las opciones de acceso al sistema bancario por falta de sucursales bancarias.

Ignacio Carballo, economista de la UCA y probablemente la persona que más ha estudiado el tema de inclusión financiera en la Argentina, dice que la medida tiene el potencial de revolucionar “la forma en la que vivimos las finanzas en Argentina y es un gran paso en firme hacia la inclusión financiera”.

Sociedad | 7 de diciembre de 2018

Jubilación con cambio de género… y otros desafíos para la administración pública y privada

A los 59 años, Sergio Lazarovich, un empleado de la sección salteña de la AFIP, cambió de género y se convirtió en Sergia. Fue en 2017, y cuando el 18 de enero siguiente cumplió 60, inició, como cualquier mujer de esa edad, los trámites de jubilación. Si se hubiera jubilado bajo la categoría de varón, tendría que haber esperado a los 65 años.

“Lo hice porque estoy convencida, las motivaciones son mías y no tengo que explicarle nada a nadie”, dijo Sergia cuando fue acusada de hacer el cambio para dejar de ir a trabajar. Su caso motivó una discusión en torno a los desafíos que los asuntos de género  proponen a la administración pública y privada.

La ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social), en su circular número 18 del año 2012, ya había tratado el tema de la modificación de datos filiatorios: “Toda persona tiene derecho al reconocimiento de su identidad de género”, se lee allí. Y, según la Ley de Identidad de Género, “ninguna norma, reglamentación o procedimiento podrá limitar, restringir, excluir o suprimir el ejercicio del derecho a la identidad de género de las personas, debiendo interpretarse y aplicarse las normas siempre a favor del acceso al mismo”.

Crédito: https://www.gba.gob.ar/radioprovincia/

Una propuesta de algunos abogados previsionalistas para casos como el de Sergio/Sergia Lazarovich es que la jubilación sea compuesta y proporcional a los años trabajados bajo cada género. De esta manera, una persona que cambia de género podría retirarse, quizás, no a los 60 ni a los 65, sino a los 63 años.

“La Ley de Identidad de Género es muy reciente y querer solucionar todos estos temas en pocos años es una locura”, dice Adrián Frascino, un abogado que cuenta en su haber con más de 4.000 jubilaciones iniciadas. “A la administración pública hay que darle tiempo: sus tiempos nunca son los tiempos de la gente. Lo que debemos hacer mientras tanto es resolver en favor de los derechos previsionales de la gente”.

Desde la aprobación de la Ley de Identidad de Género, casi 7.000 personas cambiaron su documento. Y el 2 de noviembre pasado, María Carolina González Devesa, de 32 años, se convirtió oficialmente en Carolina Gerónimo González Devesa: en su DNI y en su partida de nacimiento ahora figura la categoría indefinida de sexo. Es el primer caso de sexo indefinido en el mundo.

Todo esto genera algunas confusiones no resueltas.

Por ejemplo, en el registro de músicos del Instituto Nacional de la Música (INAMU). Allí hay casi 50 mil personas: el 18% llevan sexo femenino y el 82%, masculino, pero unos pocos casos, menos de cinco, se registraron sin un género determinado. Y eso trae una pregunta puertas adentro del Instituto: ¿cómo otorgar un subsidio a una persona sin género preciso cuando el sistema pide uno?

Incluso el sistema de administración de viajes de una aerolínea puede entorpecerse. A mediados de noviembre, Alessandra Fernandes, una chica trans de 25 años, quiso cargar unas millas que tenía pendientes de dos vuelos que había hecho antes de iniciar un trámite de cambio de género. Es decir, cuando todavía usaba un documento donde figuraba un nombre masculino diferente a “Alessandra”.

“No podía subirlas al sistema con mi nombre actual: me indicaba error”, dice. “Me comuniqué con la empresa y me respondieron que no podían acreditarme las millas porque yo había volado con mi nombre anterior”. 

Entonces Alessandra lanzó un tweet, y cuando la historia se hizo viral, la compañía le acreditó las millas. “Respondieron de manera rápida”, dice. “No me molestó el error, pero sí la forma en que se comunicaron. Sentí que se invisibilizaba a las personas que el sistema no considera”.  

Dos diputadas nacionales (Silvia Horne y Lucila de Ponti, del Movimiento Evita) presentaron un proyecto para eliminar la categoría “sexo”de todos los documentos de identidad y papeles oficiales. “El Estado debe respetar el género autopercibido de acuerdo a cómo lo siente cada persona”, se lee en el texto. Y la diputada de la provincia de Buenos Aires Alejandra Lordén (UCR) elevó un proyecto para que esa cámara de diputados se dirija a la Nación y pida a la ANSES que altere el prefijo del CUIL de las personas que han cambiado su género.

El asunto es que el prefijo identifica al género: “20” para los varones y “27” para las mujeres. También se usa un número indefinido (“23”), pero su número final indica, de nuevo, género masculino (“9”) o femenino (“4”). Por lo tanto, si una persona trans quiere obtener una constancia de CUIL, aparece su género original. “Modificar este trámite en la ANSES se corresponde a los derechos adquiridos por las personas transgénero”, se lee en el proyecto de la diputada Lordén, “y que han quedado plasmados en la Ley 26.743 [de Identidad de Género]”.

El sistema del CUIL es un sistema rector de la identidad que luego es replicado en muchos otros sistemas. “Creemos que el CUIL, así como está hoy, puede ser fuente de discriminación laboral en el futuro para una persona trans”, dice Mauro, un técnico en informática cuyo hijo es un varón trans de 14 años llamado Gonzalo (prefiere no dar su apellido). “En la obra social a la que estamos afiliados, por ejemplo, duplicaron el registro de Gonzalo por error, manteniendo en ambos casos el mismo número de CUIL, y cuando íbamos a la farmacia su credencial a veces estaba dada de baja”.

La administración de las obras sociales no siempre funciona perfectamente con las personas trans: las prestaciones están separadas por género y no es usual que un varón trans (o sea, alguien nacido mujer) pueda hacerse cada año un checkeo ginecológico; por ejemplo, una prueba de Papanicolaou. “Este tipo de cosas, y la falta de profesionales amigables, genera que muchísimas personas trans no vayan al médico ni para un checkeo”, dice Mauro, el padre de Gonzalo.

“Poco a poco se podrá ir demostrando que la categoría legal del sexo carece de sustento jurídico”, dice Eleonora Lamm, la subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Mendoza, que acompañó a la persona que protagonizó el primer caso de género indefinido. “Porque la categoría sexual no se corresponde con la Ley de Identidad de Género, que habla de ‘género’ y no de ‘sexo’. Por ende, no hay inconveniente en otorgar derechos sobre la base de otras pautas, o de ninguna pauta, o sin tener en cuenta el sexo”.

Sociedad | 6 de diciembre de 2018

Foto: Loic Venance / AFP

Más allá del cartón: cómo una cooperativa de cartoneros logró generar un modelo de reciclaje inclusivo

Sonia era una madre soltera de 23 años cuando empezó a trabajar como cartonera. Todas las noches, recorría las calles de La Matanza por seis horas, recolectando y clasificando residuos reciclables. Aunque lo que ganaba vendiendo cartón, plástico y vidrio era poco, era su única fuente de ingreso para mantener a sus tres hijos.

Hoy, 15 años más tarde, Sonia sigue en el oficio. Pero ya no más como recolectora, sino como la tesorera de la Cooperativa Nueva Mente, en Morón. Desde el 2009, la cooperativa ha logrado duplicar el porcentaje de residuos reciclables separados en el municipio, ahorrar miles de pesos en gastos de entierro de basura, y, por sobre todo, crear una fuente de trabajo digno para 30 familias.

En Argentina, se genera en promedio una tonelada de basura cada dos segundos. Aunque el 39% de estos desechos son reciclables, la mayoría termina en basurales. Según el Informe del estado del ambiente 2017 producido por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, solo el 12% de los plásticos generados a nivel nacional se reciclan.

¿Por qué? “[Existen] deficiencias en cuanto a la infraestructura, logística y comercialización de materiales reciclables o reciclados que atentan contra el reaprovechamiento de materiales”, explican desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Es decir, en la mayoría del país faltan tachos verdes, la recolección diferenciada con camiones es pobre, y mucha gente aún no separa en origen. A esto se le suman motivos económicos (en muchos casos, los materiales reciclados tienen un precio similar a los materiales vírgenes), y un alto grado de informalización en la actividad de reciclado.

Foto: Alejandro Amdan/Télam

Pero en algunos municipios del conurbano bonaerense, el trabajo colaborativo entre municipios y cooperativas de cartoneros ha generado una solución no solo para promover el cuidado ambiental, sino también para promover mayor inclusión social. Uno de estos ejemplos es la cooperativa en la que ahora trabaja Sonia.

“La idea era generar una fuente de trabajo estable, que les asegure a los recolectores poder tener un ingreso mínimo, pero que al mismo tiempo genere conciencia social sobre la importancia del trabajo de estas personas”, cuenta Virginia Pimentel, una de las fundadoras de la Cooperativa Nueva Mente y ex-cartonera.

Además de generar una fuente de empleo estable, otro de los objetivos principales de Virginia y sus compañeros era lograr una mayor integración de los recolectores en la sociedad. Con ese objetivo en mente, fundaron la Asociación Civil Abuela Naturaleza, a través de la cual ofrecen programas de formación profesional, apoyan emprendimientos que transforman residuos reciclados en productos comerciales (como bolsas, materos y cuadernos), y organizan talleres de arte y emprendimiento para los hijos de los recolectores.

“Es pensar en un modelo de sustentabilidad urbana donde lo ambiental se teje con lo social, con mejorar la vida a través de la educación, el trabajo, la manera en la que nos alimentamos y cómo vivimos la ciudad”, dice Alex Portugheis, uno de los integrantes de Abuela Naturaleza y coordinador del programa de recuperación de residuos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Comprá productos realizados con materiales reciclables y recuperados.

Artículos confeccionados con materiales reciclados y recuperados. Foto: Fundación Abuela Naturaleza

La importancia del apoyo del estado a nivel local

Aunque este modelo de cooperativas se ha vuelto la norma en la Ciudad de Buenos Aires, donde 5.300 recuperadores urbanos están organizados en 12 cooperativas que recolectan los materiales reciclables de la ciudad, establecer cooperativas sustentables en jurisdicciones más pequeñas presenta un desafío mayor.

“Hay que invertir mucha plata y recursos humanos en todo lo que tenga que ver con reciclaje. Hay pocos municipios que puedan destinar recursos para eso”, dice María Flavia Buono, Directora de Medioambiente y Forestación de Morón (por ley, el manejo de los residuos es responsabilidad de los municipios). “Las realidades de los municipios son muy complejas, y la prioridad a lo mejor no es el reciclado”.

En Morón, una de las razones por la cual la Cooperativa Nueva Mente pudo crecer de una manera sostenida fue el apoyo que recibió desde el gobierno municipal.

Desde el 2010, el municipio apoya a la cooperativa a través del pago de salarios mensuales para los recolectores y la provisión de uniformes y el espacio y maquinaria para la recolección y clasificación de materiales reciclables.

Esta “institucionalización” de la cooperativa también le permitió a los trabajadores acceder a grandes generadores de residuos, lo que significa más volúmen y una mayor sistematización de trabajo. Por ejemplo, desde el 2016 la cooperativa cuenta con un convenio con el Hospital Nacional Posadas, a través del cual recibe todos los desechos reciclables del hospital.

“Apoyar a estas cooperativas tiene que ver principalmente con la inclusión social. De no ser por la cooperativa, muchos de estos recolectores no tendrían otra opción de trabajo”, dice Buono. “Pero además, lo que nos dimos cuenta es que a la hora de implementar un plan de reciclado municipal, los que más sabían eran los cooperativistas”.

Según Buono, gracias al trabajo de concientización del municipio y la cooperativa, los vecinos de Morón duplicaron el porcentaje de residuos separados en reciclajes en los últimos dos años. Esto, al mismo tiempo, significó para Morón un ahorro de casi $700.000 durante el mismo período, en costos que el municipio le tendría que haber pagado al CEAMSE en caso de que esos residuos reciclables hubieran terminado en sus basurales.

Foto: Abuela Naturaleza

Un modelo inclusivo para las próximas generaciones

Además de valorizar los residuos reciclables y el trabajo de los recolectores, Abuela Naturaleza y cooperativas como Nueva Mente buscan educar a la sociedad, en particular a las futuras generaciones, para reformular su relación con la basura y los reciclables.

A través de un convenio entre Abuela Naturaleza y la Secretaria de Niñez de la Provincia de Buenos Aires, los hijos de los cooperativistas participan de talleres de arte integral, promoción ambiental y emprendedurismo juvenil con un enfoque en oficios artesanales. En paralelo, junto con la Dirección de Medioambiente de Morón, los cooperativistas de Nueva Mente visitan escuelas en todo el municipio para capacitar a docentes y estudiantes en distintos temas ambientales.

“Pensamos en la educación y el trabajo para toda la vida”, dice Portugheis. “Que los niños se preparen para un trabajo distinto, que piensen en el tema del reciclaje, que le den valor al desecho, y que sepan que de eso pueden surgir oficios para toda la vida que los enriquezcan no solo a ellos, sino también al mundo”.

Enteráte qué podés reciclar y dónde.

Sociedad | 3 de diciembre de 2018

Intervención: Pablo Domrose

Lo encontraron en una caja de cartón hace 17 años y ahora busca a sus padres

“Hace 17 años me pusieron en una caja de cartón y me dejaron en la puerta de la casa de mis actuales padres. Yo era un recién nacido y estaba siendo abandonado”. Así comienza un mail conmovedor que recibimos en la Red Solidaria en el último tiempo. Por supuesto, el intercambio continuó y hoy seguimos en contacto.

Nos pedía ayuda para encontrar a sus padres biológicos y para, en última instancia, completar su historia de vida. ¿Cómo se responde a un mail así? Según nos contaba, la caja la encontró quien hoy es su hermano, que al instante alertó a sus padres. Ellos lo tomaron e iniciaron, de inmediato, el proceso para adoptarlo.

Una vez al mes un recién nacido es abandonado en Argentina. Por lo menos, ese es el número de las situaciones de las que nosotros nos enteramos, por lo que habría que decir como mínimo. ¿Pero puede haber mínimo cuando un solo caso ya representa una situación mayúscula?

Leé la edición completa de OXÍGENO, la newsletter de Juan Carr en RED/ACCIÓN

Sociedad | 28 de noviembre de 2018

Foto: UNICEF | Intervención: Pablo Domrose

No te expongas: herramientas para que el sexting no te arruine la vida

Victoria tenía 15 años cuando su mundo se cayó a pedazos. Había cortado con su novio hacía unos días cuando se empezaron a viralizar sus fotos. Fotos de ella en su intimidad, desnuda, provocativa. Fotos que había sacado para su novio, pero que ahora estaban recibiendo todos sus amigos, conocidos y familiares en sus grupos de chat.

La historia de Victoria ejemplifica uno de los riesgos de un fenómeno cada vez más común entre los jóvenes argentinos y del mundo: el sexting. A pesar de ser una práctica habitual en todas las edades, el uso de plataformas tecnológicas como principal forma de relacionarse hace que los adolescentes, especialmente las mujeres, sean los más victimizados por la práctica.

Si bien el término sexting deriva de las palabras en inglés “sex” y “texting”, la práctica va más allá del envío de mensajes de textos eróticos. También considera fotografías, videos, y otros materiales de índole sexual compartidos en diferentes plataformas tecnológicas como Facebook, Snapchat y WhatsApp.

En la Argentina, 7 de cada 10 adolescentes de 13 a 18 años manifiestan haber visto imágenes o videos con contenidos sexuales en los últimos doce meses, según un reciente informe de UNICEF. A nivel mundial, un estudio publicado en febrero de este año revela que 1 de cada 4 adolescentes recibe textos explícitamente sexuales, y 1 de cada 7 los manda.

“La mayoría de los adolescentes se exponen a este tipo de material, pero las mujeres tienen más exposición porque son las que generalmente son presionadas a mandar fotos”, dice Nahuel Arias, Oficial de Comunicación Digital de UNICEF Argentina.

“El sexting de por si no es algo malo, pero conlleva el riesgo de estar compartiendo algo muy personal con otra persona”, dice Sebastián Bortnik, miembro fundador de la ONG Argentina Cibersegura y experto en seguridad informática. “El gran problema de las tecnologías es que en el momento en que un contenido propio está en el dispositivo de otra persona, uno pierde el control”.

Eso fue lo que le pasó a Victoria. Aunque le había mandado las fotos a su novio de manera totalmente voluntaria, no pudo controlar el hecho de que él haya compartido las fotos con sus amigos. Fueron estos amigos que luego, cuando la pareja decidió terminar su relación, empezaron a circular las fotos entre sus conocidos.

Fue tal el nivel de viralización de las fotos que Victoria decidió dejar el club de deportes donde pasaba la mayoría de su tiempo libre, donde había conocido a su novio y a muchos de sus amigos.

Según Bortnik, quién asesoró al club deportivo por el caso de Victoria, la viralización de imágenes en todo el entorno social de los adolescentes es el mayor riesgo del sexting a esa edad, y puede tener un impacto psicológico muy importante en las víctimas.

“Es raro ir a un colegio y que no haya algún tipo de situación de ese tipo. La gran mayoría de víctimas de difusión de imágenes no consentidas termina sufriendo, cambiándose de colegio o de club”, dice Bortnik.

Además del daño psicológico, una encuesta realizada por ESET Latinoamérica revela que la filtración de imágenes íntimas muchas veces lleva a situaciones de extorsión, ciberbullying y delitos como la pornografía infantil.

Fuente: UNICEF / Facebook

A pesar de ser una práctica cada vez más común, no existen pautas claras sobre cómo proceder una vez que se filtran las imágenes íntimas.

“Así como con el cyberbullying, hay una dificultad muy grande por parte de la comunidad educativa para controlar el tipo de situaciones como el de Victoria”, dice Bortnik. “No hay grandes métodos o herramientas que establezcan las formas de proceder para que estas víctimas no sean excluidas de su entorno social”.

Este vacío educativo es el que busca llenar Proyecto ÍNTIMOS una nueva iniciativa de UNICEF y Facebook en el país. A través de una plataforma de inteligencia artificial en Facebook Messenger, adolescentes de 13 años en adelante pueden interactuar con “Nati”, un personaje de ficción que descubre que su ex pareja compartió un vídeo íntimo de los dos a través de las redes sociales.

“El objetivo del proyecto es concientizar sobre los riesgos y las consecuencias de compartir imágenes íntimas entre los adolescentes”, explica Arias. “La idea es darles herramientas para que ellos sepan cómo actuar si están viviendo esta problemática”.

Una de estas herramientas es el sitio web del Programa Las Víctimas contra Las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación y la línea gratuita 0800-222-1717, donde los adolescentes pueden pedir asesoramiento y denunciar casos de difusión de contenido íntimo sin consentimiento.

Más allá de las iniciativas educativas y legales que existan para combatir la difusión de imágenes íntimas, expertos concuerdan que el cambio más grande debe ocurrir a nivel social.

“La actitud de los terceros, de cómo nos comportamos cuando nos llegan imágenes íntimas, es fundamental. Uno no es víctima del sexting, sino de la difusión sin consentimiento”, dice Bortnik. “No difundamos imágenes que fueron compartidas en confianza, no reenviamos, no nos ríamos, no demos like. Necesitamos un eje de transformación social”.

Recursos para practicar sexting de manera segura:

Sociedad | 26 de noviembre de 2018

16 días contra la violencia de género

La violencia de género es una causa del desplazamiento forzado y una situación que afecta particularmente a mujeres refugiadas. Es por eso que ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, lanzó la campaña “16 días”, una iniciativa que busca visibilizar historias de mujeres refugiadas y solicitantes de asilo para lograr concientizar sobre la necesidad de poner fin a la violencia de género.

Foto: ACNUR AMÉRICA

La campaña “16 días” empezó con la historia de Daniela*, una solicitante de asilo trans que con 25 años huyó de su país de origen porque sufría de transfobia – la discriminación hacia las personas transgénero. “A las personas trans no se nos permite cosas básicas como es al acceso a la salud, a los estudios, al trabajo”, dijo la joven.

Daniela vino a Buenos Aires porque sabía que la Argentina tenía leyes más inclusivas: “Me arriesgué para buscar mi futuro. Era eso o quedarme allí y esperar lo peor”, cuenta. Hoy trabaja en una empresa de informática y realiza tareas administrativas.
Seguí todas las historias en ACNUR.

*Se cambió su nombre y se omite su país de origen por cuestiones de protección a su seguridad.

Sociedad | 26 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Todas las cosas que somos (y las pocas otras que no queremos ser): una reflexión sobre el River – Boca

La suspensión del partido entre River y Boca, provocada por los hechos de violencia sucedidos el sábado, fue un triste espejo en el que mirarnos. Es lógico pensar como sociedad que el problema es profundo y que nace desde el mismo corazón de lo que somos. Así nos vemos y así nos ven, sobre todo en un día en el que todo el mundo estaba viéndonos.

La situación amerita la tristeza y la reflexión. Las acciones de esos 50 inadaptados golpearon de un modo u otro a todo el país. Tal vez, en momentos como este sea válido recordar las muchas otras cosas que también nos definen. Lo escribí el domingo apenas supe de la segunda suspensión, y lo comparto ahora: la Argentina somos los 18.000.000 de trabajadores que van a trabajar cada día, los 12.000.000 de chicos que van diariamente a estudiar, y los 150.000 docentes que van a enseñar.

También somos nosotros las 10.000 médicas y médicos que cada día salen a sanar y a curar, los 200.000 artistas que comparten su arte, los 40.000 bomberos que cada día salvan vidas y las 2.000 personas que hoy van a donar sangre. Somos las 6.000.000 de madres que hoy abrazan a su familia, y los 65.000 espectadores que fueron al estadio y volvieron a casa pacíficamente. Todos ellos, también somos nosotros. Que la tristeza no nos confunda: los 43.000.000 que construyen la Argentina que soñamos… esos, también somos nosotros.

Leé la edición completa de OXÍGENO, la newsletter de Juan Carr en RED/ACCIÓN

Sociedad | 23 de noviembre de 2018

Intervención: Pablo Domrose

Miedo, desconocimiento y largas horas de espera: la travesía para denunciar violencia de género

12 horas. 720 minutos. 43.200 segundos. Eso fue lo que Micaela tuvo que esperar en una oficina en el centro de la Ciudad de Buenos Aires para denunciar a su ex-pareja por violencia doméstica. Esa tarde, su hija de 7 años había llegado de la casa de su padre con moretones en todo el cuerpo; marcas de golpes que el cuerpo de Micaela ya conocía.

En Argentina se realizan 6 denuncias por violencia de género cada hora. Pero el problema sobrepasa las estadísticas oficiales. Debido a barreras emocionales, sociales e institucionales, muy pocas mujeres denuncian a sus agresores.

En los últimos 5 años, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reunió en el Registro Único de Casos de Violencia contra las Mujeres un total de 260.156 denuncias de violencia de género en Argentina. Es una cifra que cobra particular relevancia este 25 de noviembre, cuando se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

En el 83% de casos registrados por el INDEC, los agresores fueron parejas o ex-parejas, y el 93% de las víctimas declararon haber sufrido violencia más de una vez.

La historia de Micaela está dentro de estos números. Durante 5 años estuvo en una relación en la cual su pareja ejercía violencia verbal, psicológica y física sobre ella. A pesar de haber considerado denunciar a su ex-pareja en varias ocasiones, el miedo y el desconocimiento de los recursos disponibles para víctimas siempre la frenaron. Hasta que la violencia tocó a su hija.

“Fue un día de marzo de este año… la fui a buscar a la casa de su padre y cuando volvimos vi que estaba con moretones muy grandes en las piernas. Lo primero que pensé fue que se había caído. Pero ahí se puso a llorar y a contarme todo lo que había pasado”, cuenta Micaela a RED/ACCIÓN (los nombres de las víctimas fueron cambiados para proteger su identidad).

“Ver a mi hija en esa situación de sufrimiento, saber que eso iba a marcarla para toda la vida… fue la gota que rebalsó el vaso”.

Para muchas mujeres, el primer paso de reconocer la situación de violencia y decidir actuar sobre ella es el más difícil.

“A veces la manipulación emocional es tan grande que no te das cuenta en ese momento que lo que estás sufriendo es violencia”, explica Julia, de 29 años. “En el momento pensas que tal vez estás exagerando, que no es para tanto. O si decís algo, no sabes cómo va a reaccionar el otro, si te va a pegar, si te va a matar”.

“En el imaginario está la idea de que la violencia se ejerce sobre personas vulnerables económicamente o emocionalmente, que no tienen una red de familiares o amigos”, cuenta Clara, de Tucumán. “Yo caí en ese prejuicio, pensé que a mi nunca me podía pasar. Pero la violencia se va instalando de una forma invisible. No te das cuenta, hasta que ya es demasiado tarde”.

Según explican distintas organizaciones, el miedo y el desconocimiento son algunas de las principales razones por las cuales los datos oficiales de denuncias por violencia de género registran solo una pequeña parte del total de casos que ocurren.

“El miedo a las represalias, a que no se les crea y el estigma que afecta más a las sobrevivientes que al agresor han silenciado las voces de millones de sobrevivientes de la violencia y han desvirtuado la dimensión real del contínuo horror que sufren las mujeres”, dice Phumzile Mlambo-Ngcuka, la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres.

A veces, estos silencios pueden ser fatales. Según los últimos datos relevados por La Casa del Encuentro, una asociación que trabaja contra la violencia hacia las mujeres, en lo que va del 2018 ocurrieron 225 asesinatos por odio de género en Argentina (un promedio de un femicidio cada 32 horas). Sin embargo, solo 16 de las víctimas de femicidios de este año habían realizado una denuncia (es decir, solo el 7%).

Foto: Julio Pantoja / Télam

El día que Micaela decidió finalmente realizar la denuncia contra su ex-pareja, el primer paso fue buscar el lugar donde tenía que ir para hacer una denuncia.

“Llamé a mi abogado y a mi psicóloga, y ambos me recomendaron ir inmediatamente a la Oficina de Violencia Doméstica”, cuenta.

La OVD es una oficina dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que tiene como objetivo “facilitar el acceso a justicia de las personas afectadas por hechos de violencia doméstica”. Sus oficinas, ubicadas en la zona de Tribunales, son las únicas que están abiertas las 24 horas del día, todos los días del año en la Ciudad de Buenos Aires.

Allí, durante las 12 horas en las que estuvo tramitando la denuncia, Micaela fue asistida por un equipo inter-disciplinario de abogados, psicólogos, médicos y trabajadores sociales.

“Llegué, saqué un número, y tuvimos que esperar hasta que nos entreviste en una primera instancia una abogada. Luego nos hicieron esperar, hasta que un médico la revisó a mi nena, le sacó fotos a las lesiones. Después de eso, esperamos más tiempo y nos atendió una psicóloga. Así, se fue haciendo de noche”, recuerda Micaela.

No fue hasta la madrugada del día siguiente que finalmente recibió una orden perimetral contra su ex-pareja.

“Los profesionales fueron muy buenos y serios. Tenían la mejor predisposición. Pero están muy desbordados, no hay recursos”, dice Micaela. “En mis horas ahí, vi mujeres que estaban muy golpeadas, les veías la cabeza rotas. Pero desistían porque se tenían que ir a trabajar, porque si no las echaban. Eso en algún punto también es violento”.

La espera en la OVD es, para muchas víctimas, uno de los principales desmotivadores a la hora de hacer una denuncia. A principios de este mes, se volvió viral un hilo en Twitter en el cual el usuario @gus_0880 relataba en vivo su experiencia acompañando a una amiga en la OVD por 14 horas.

Hasta la publicación de esta nota, la OVD no había contestado las preguntas que solicitaron enviáramos por mail.

Sin embargo, tanto Micaela como otras víctimas que acudieron a la OVD u otros servicios similares destacan la importancia de haber hecho la denuncia.

“Me orientaron muy bien, y me derivaron a las profesionales correspondientes y a un centro de atención primaria de salud”, cuenta Clara sobre su experiencia en la Oficina de Violencia Doméstica de Tucumán. “Desde julio de 2017, mis tres y hijos y yo vamos a terapia una vez por semana derivados por la OVD, y nos ha hecho muy bien”.

Según datos oficiales de la OVD, 99% de los casos atendidos por la oficina en 2017 fueron derivados a la justicia civil, el 77% a la justicia penal, el 44% a servicios de salud, y el 88% a servicios de asesoramiento jurídico (cada caso puede ser derivado a más de un servicio).

“No hay que tener miedo de hacer una denuncia. Una piensa en todo el lío que puede venir después, pero hay gente detrás que la va a apoyar y la asesorar”, dice Micaela. “A pesar de que es un camino difícil, vale la pena. Éstas violencias no pueden quedar impunes. Si no, todo se naturaliza, y se piensa que está todo bien. Y no es así”.

Recursos para víctimas de violencia de género

Sociedad | 22 de noviembre de 2018

Ilustración por Pablo Domrose

Una ley busca acompañar a los chicos criados en “hogares” cuando salen al mundo

“En la vida en el hogar se ve un poco de todo”, dice Cristian Guarasci, que tiene 31 años y dejó, hace una década, el hogar de menores donde fue criado desde que su madre perdió su custodia. “Te levantás, te hacés la cama, barrés la habitación, ayudás en la cocina. Pero, en general, es un vida buena. Para mí fue genial porque yo con mi vieja no iba a tener un buen futuro: ella nos descuidaba todos los días”.

Como él, en la Argentina hay unos 9.800 chicos que no están siendo criados por su familia, sino en “dispositivos formales de cuidado”: familias de acogimiento, familias sustitutas, pequeños hogares y hogares convivenciales (ya no existen los orfanatos de otras épocas). El problema, para todos ellos, ha sido cómo resolver la vida cuando, a los 18 años, salen al mundo. Pero una nueva ley intenta resolver el asunto.

Se trata de la Ley 27.364, sancionada en mayo de 2017 (y reglamentada la semana pasada): la Ley Nacional de Egreso. Reconoce el derecho de estos jóvenes de contar con un apoyo personalizado en su tránsito a la vida adulta y establece que, a partir de los 13 años, podrán tener un referente que los acompañe y, una vez que dejen el hogar o la familia, también recibirán una asignación económica mensual hasta los 21 años (o hasta los 25 si están estudiando). Será el 80% de un salario mínimo.

“Las principales dificultades que enfrentan son el acceso a la vivienda y al trabajo digno, y la falta de estudios y de apoyo”, dice Mariana Incarnato, la directora ejecutiva de Doncel, una asociación civil que impulsó la sanción de la Ley y que –junto a Aldeas Infantiles SOS, Fundación Voz, UNICEF y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia– organizó, el martes pasado, el primer Festival Mandate / Foro Nacional de Jóvenes Sin Cuidados Parentales, donde se reunieron más de 120 chicos y chicas.

“Comparativamente, a otros chicos de esa edad tan corta no les toca enfrentar todo eso”, dice Incarnato. Doncel trabajó con jóvenes que ya habían dejado los hogares: con ellos armó el colectivo Guía Egreso, un espacio de acción y discusión que confluyó en una propuesta a la diputada Ana Carla Carrizo (UCR), quien llevó el tema al Congreso. “A mayor autonomía y edad, menor cuidado, pero ese cuidado no se puede cortar de modo abrupto”, sigue Incarnato.

Cristian Guarasci, que trabajó en el proyecto de ley desde Guía Egreso, vivió casi diez años en el hogar Alborada, del barrio porteño de Villa Devoto, al que llegó en diciembre de 1999. Antes había estado con familias. Tiene seis hermanos que corrieron una suerte parecida, a los que sigue viendo. “Yo iba a visitarlos siempre que podía, pero eso no era muy seguido porque trabajaba y tenía dos horas de viaje; ellos estaban en un hogar en Garín”, recuerda. Hace nueve meses trabaja como repositor. Vive con uno de sus hermanos y se acaba de comprar una moto con la que se mueve a todos lados.

“Cuando yo me fui, alquilé una casita cerca del hogar: estaba solo y no tenía ni a quién mandarle un mensaje, pero ahora los chicos van a tener más apoyo”, dice. “Ya no va a pasar más que un chico se vaya del hogar sin ayuda”.

Una investigación paraconocer la situación

Doncel y Guía Egreso realizaron una investigación en la ciudad de Buenos Aires sobre la alta vulnerabilidad social que los jóvenes que vivieron en instituciones de cuidado enfrentan en su vida adulta. Detectaron que el 45% de ellos no terminó la educación obligatoria y no está estudiando, pero al 90% le gustaría continuar sus estudios. Entre los que tienen más de 25 años y egresaron de hogares (u otros dispositivos), el porcentaje sin estudios secundarios llega al 66%, mientras que para la población promedio de su misma edad es del 25,1%.

“La imposibilidad para seguir estudiando en ese período generalmente marca la interrupción definitiva de sus trayectorias educativas”, se lee en la investigación. “Esto se suma a las dificultades para conseguir vivienda y para lograr inserción laboral y a la falta de apoyo económico y emocional como los principales obstáculos que enfrentan quienes egresan de hogares, al cumplir la mayoría de edad”.

El 46% no trabaja y está buscando empleo, y sólo el 34% tenía trabajo al momento del egreso. Más de la mitad señaló que el dinero no le alcanza nunca o casi nunca para cubrir sus gastos básicos. El 31% vive en situaciones habitacionales precarias (hotel, pensión, parador u hogar de tránsito) y un 30% vivió alguna vez en la calle. Por otra parte, el 30% fue madre o padre antes de los 20 años (un porcentaje considerablemente alto si se lo compara con el 7,1% de toda la población adolescente de la ciudad de Buenos Aires que fue padre o madre).

Según el estudio, viven en promedio 6 años de su vida en estas instituciones, aunque la ley indica que este tipo de situación debería ser excepcional y que una familia sustituta debería acogerlos cuanto antes. Algunos, incluso, se quedan en los hogares luego de cumplir 18 años: es difícil iniciar la vida afuera sin sostén económico y por eso alargan su estadía allí.

Mara Bustamante tiene 20 años y vive en el hogar Aldeas Infantiles, en Luján, desde hace nueve años. “Nosotros, con mi hermano, peleábamos mucho para que nos adoptara alguien”, dice. “No queríamos llegar a los 18 años y ser sacados del hogar sin un techo, sin trabajo ni nada”.

Dos de sus siete hermanos fueron adoptados. Mara estudia en una escuela secundaria técnica de electromecánica y sueña con anotarse en la carrera de Veterinaria (en el hogar hay dos gatos y dos perros). Y trabaja: los días de semana en el kiosco de la escuela; los fines de semana, vendiendo entradas en una cancha; y de noche, vendiendo entradas en un boliche y en la barra. “Estoy cerca del egreso y sé que va a ser difícil vivir sola en las primeras semanas”, sigue. “Pero me siento preparada”.

Mara sonríe. Ella podría ser, cuando la ley comience a aplicarse, una de las primeras beneficiadas por la nueva legislación.

Sociedad | 21 de noviembre de 2018

Ser joven y pobre en Argentina: más chance de ser menos educado, tener trabajos mal pagos, peor acceso a la salud y estar más solo

El 40% de los jóvenes no termina el secundario y eso los condena a tener trabajos de mala calidad y que en promedio pagan la mitad de lo que ganan los que egresaron. Si analizamos su salud, sólo tres de cada 10 jóvenes de los estratos más bajos usa preservativo y uno de cada tres es obeso o muy flaco. La buena noticia es que entre los 18 y los 29 años existe una ventana de oportunidad para incluirlos socialmente implementando buenas políticas públicas.

En los últimos 20 años nos hemos convertido en una sociedad estructuralmente más desigual, con pocas opciones de integración social. Una sociedad donde las generaciones más jóvenes en condiciones de pobreza efectivamente son más educadas que las de sus padres pero donde el esfuerzo ya no es suficiente para el progreso social. 

Estas conclusiones son parte de la cruda radiografía de un nuevo estudio hecho por el Programa del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) con el apoyo de la Fundación Instituto Superior de Ciencias de la Salud.

“Juventudes Desiguales” revela que existe un amplio consenso de que la sociedad argentina mutó y el esfuerzo y la educación no garantizan la movilidad social. Eso hace que la forma de atacar la desigualdad en los jóvenes de entre 18 y 29 años sea más compleja y las oportunidades de intervenir sean limitadas.

“Hay muchas juventudes en Argentina y lo que ocurre en esa etapa marca el resto de la vida. Es por eso que la adolescencia y preadolescencia son una oportunidad para integrar socialmente a los más pobres y los que menos oportunidades tienen”. La frase es de Santiago Poy, becario del CONICET y docente de la UCA y autor del estudio.

El estudio que hizo Poy muestra que los jóvenes más pobres actualmente enfrentan un déficit dramático en el acceso a la salud, educación de calidad y desarrollo de capacidades psicosociales. Esa realidad, en consecuencia, acentúa las diferencias entre las distintas clases. El resultado es que los jóvenes menos favorecidos se han ido empobreciendo y no han logrado acomodarse a los cambios sociales.

“Hay un desencanto con la educación y las credenciales educativas. Los jóvenes sienten que no cumple lo que promete. Y la sociedad argentina no puede absorber a los pobres que están egresando de la secundaria”.

Algunas cifras que ilustran la problemática:

  • Los jóvenes argentinos son 8,4 millones y representan casi un quinto del país.
  • Cuatro de cada 10 jóvenes no cuenta con educación secundaria completa
  • A fines de 2017 el 18,1% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años está desocupado, una tasa que triplica la de la población de 30 a 60 años.
  • La calidad del empleo que consigue varía notablemente conforme a la educación: el 52,5% de los que completaron el secundario o siguieron estudiando tienen un empleo pleno y de calidad. En tanto, el 81% de los jóvenes que no terminó el colegio tiene un empleo precario o un subempleo inestable.
  • Entre los jóvenes, las mujeres tienen un nivel educacional más alto que los hombres, pero una tasa de desocupación más alta (14% versus 24,8%).
  • Vivir en en hogares en donde hay personas que necesitan cuidados (niños pequeños, ancianos) es una variable que limita: la mitad de los que vive en hogares con requerimientos de cuidado medios y altos no terminan la secundaria.
  • Casi la mitad de los jóvenes (45,5%) no tiene cobertura de salud por obra social, mutual o prepaga. La evidencia es contundente de que el acceso a la salud y procesos de atención facilitan el bienestar en otras dimensiones de la vida.
  • El 50% de los jóvenes no hace ejercicio físico estructurado al menos una vez a la semana. En los estratos más bajos el porcentaje es casi el 60%.
  • El ingreso a la maternidad/paternidad son eventos claves: uno de cada tres jóvenes tiene hijos o está esperando a uno y la mitad de ellos fueron padres o madres adolescentes. Casi el 85% de ellos recibe algún mecanismo de transferencia de ingresos (52% la Asignación Universal por Hijo y 31,2% las asignaciones familiares).
  • Los jóvenes se sienten solos: el 17,9% dice no tener amigos ni una red a la cual recurrir en caso de tener una necesidad. Y mientras más pobre sea peor es la situación. En el estrato socio-ocupacional alto, tan solo el 7% presentan un déficit de apoyo social estructural, mientras que en los estratos bajos la cifra es de 20%.

El objetivo del estudio es caracterizar a la población de 18 a 29 años que reside en Argentina en función de una serie de dimensiones que tienen impacto en sus oportunidades de desarrollo humano y social. Entre las variables de corte más importantes son el nivel educativo, estrato social, aglomerado urbano, condición residencial y la composición del hogar.

Sociedad | 21 de noviembre de 2018

Ilustración por Pablo Domrose

Una comunidad calchaquí, que elabora vino hace 300 años, fundó la primera bodega gestionada por indígenas

En la Bodega Comunitaria Los Amaichas, los productores tuvieron su primera vendimia en 2015 y buscan que el proyecto impulse el turismo en una región olvidada de Tucumán.

Con la creación de la bodega incorporaron la cepa Malbec y comenzaron a producir vino fino. Ahora, están desarrollando su estrategia de venta.

“Me voy pa los cerros altos…” escribió Rolando “Chivo” Valladares en la vidala “Subo”. Cuando el ómnibus remonta la Ruta 307 camino a los valles, la canción del poeta tucumano cobra real dimensión. El vehículo es apenas una mancha blanca; el camino, una lengua de asfalto entre tanta inmensidad de montañas, cardones y una luz clara que ciega.

Rodeada de montañas, a 165 kilómetros de la capital tucumana, está Amaicha del Valle, una comunidad rural de cinco mil habitantes que nunca interrumpió su gobierno indígena. Los comuneros poseen una Cédula Real de 1716, que los convierte en dueños de las tierras desde que los españoles pactaron con sus antepasados, los amaichas, quienes no adhirieron a las guerras calchaquíes.

Foto: Ente Tucumán Turismo

Desde la presencia de los españoles, hay algo que se mantuvo inalterable en este poblado: la producción de vino. Un gran número de familias amaicheñas mantiene su parral, con el que producen patero y mistela. Desde 2015, a partir de un programa de Economías Regionales de Nación, la comunidad decidió aunar esos saberes y producciones en un proyecto. Así nació la Bodega Comunitaria Los Amaichas, la única del país administrada por una comunidad indígena.

Como en todos los proyectos comunitarios, nadie ocupa solamente un rol. Gabriela Balderrama trabaja en el área administrativa y de atención al público, pero también colabora en el proceso de molienda y envasado del vino. Los Amaichas es una de las ocho bodegas que forman parte de la Ruta del Vino de Tucumán, que se distribuye a lo largo de los Valles Calchaquíes.

“Trabajando en grupo y unidos se pueden lograr muchas cosas. Queríamos un proyecto que sea de la comunidad y que pueda ser manejado por nosotros. Desde Nación, nos sugerían que armáramos un hotel o un museo. Nosotros decidimos apostar a la bodega”, cuenta Balderrama, integrante del proyecto que reúne a unas 50 familias y de la comunidad, que aún conserva instituciones ancestrales como el cacicazgo y el Consejo de Ancianos.

Foto: Bodega Comunitaria Los Amaichas

Con el dinero que recibieron, construyeron la bodega en el Km 115 de la Ruta 307, en una de las tierras comunitarias. El lugar tiene una capacidad para producir 50 mil litros de vino. La construcción respondió a los principios que solían usar sus antepasados. “Fue pensada por la gente de la comunidad y los productores, junto con el cacique y el Consejo de Ancianos. Es circular porque así eran las viviendas en nuestra cultura ancestral. Además de la construcción principal, se hicieron otras dos en forma de semicírculo de cada lado. La piedra nos ayuda a lograr una temperatura óptima para estacionar el vino naturalmente, sin la necesidad de refrigeración”.

Gabriela muestra todas las instalaciones de la bodega: las máquina, los tanques de acero inoxidable, el proceso de etiquetado manual y se detiene en la cava. “Es una excavación que le hicimos a la loma donde estamos. Se pretendía que la cava fuese más grande, pero nos encontramos con una piedra inmensa que abarcaba este sector y rompió tres máquinas. ¡Era durísima! El cacique nos dijo: ‘La Pachamama nos pide que la construcción no avance más allá de esto’”.

El proceso para profesionalizar la producción no fue fácil. Aunque ya llevan cinco moliendas, los productores, que son dueños de la bodega y se comprometen a entregar la totalidad de su producción, aprenden día a día. Actualmente, tienen dos líneas de vino: Sumak Kawsay Criolla y Malbec; el nombre significa “Buen Vivir”.

La decisión del precio que se debe pagar por las uvas de cada productor la toma un Comité de Viñateros; algunos entregan sólo 200 kilos anuales y están los que aportan unos tres mil. La visita a los productores no es tarea fácil porque están dispersos en toda la región en un radio de 30 kilómetros rodeados de montañas.

Foto: Ente Tucumán Turismo

La Bodega Comunitaria Los Amaichas cuenta con el apoyo del área de de Agricultura Familiar de la Secretaría de Agroindustria. El ingeniero agrónomo Vicente López Curia conoce el proyecto de cerca. Vio cómo se fue sumando a los viejos parrales de uva criolla, la “uva fina” del Malbec con espalderos. Y fue asesorando en todo el proceso desde el vino patero al vino fino, con la incorporación de máquinas moledoras, despalilladoras, prensas y llenadoras.

“Ellos hacen vino desde hace 300 años. Saben el proceso y el cultivo del parral, pero quizá no conocían tanto del manejo y del acompañamiento que necesita la cepa fina. ¿Cómo acompaño el proceso? Convoco a los productores a distintos lugares para una reunión técnica y luego visito los viñedos del lugar, además de estar en la cosecha y la poda”, cuenta el agrónomo, que también se mostró preocupado por los recortes presupuestarios de su área en Tucumán.

Orgullo calchaquí

López Curia dice que el proyecto va mucho más allá de la producción y comercialización de botellas. “El vino de la bodega es un orgullo para todos ellos porque significa una carta de presentación ante la sociedad. Llevar su vino implica llevar su cultura. Todos los años lo presentan en la Casa de Tucumán en Buenos Aires, con un rito que incluye a la Pachamama. Con el pretexto del vino, muestran su cultura”, analiza.

En la actualidad, Gabriela Balderrama combina su trabajo en la bodega con su oficio de docente, al igual que los otros integrantes del proyecto. Con entusiasmo, cuenta que su sueño es poder vivir de un emprendimiento propio. “Sería óptimo que esto no sólo sea una pequeña ayuda sino algo propio. Y nos gustaría poder manejarlo exclusivamente nosotros. La bodega no sólo impactó en la economía de los productores. También tuvo una repercusión en el turismo de nuestra comunidad”, contó.

Foto: Bodega Comunitaria Los Amaichas

Amaicha del Valle siempre fue un lugar de paso dentro del mapa turístico del norte argentino. Los  viajeros pasan por el Museo Pachamama y por la Ruina de los Quilmes y luego siguen hacia Tafí del Valle o Cafayate en Salta.

Sebastián Pastrana tiene un doble rol. Por un lado, es director de Turismo de la comuna y además participa como productor de la bodega. Califica a la bodega como el “caballito de batalla” para el desarrollo turístico de Amaicha del Valle. “Es un emprendimiento comunitario único en el país y el tercero en su tipo en el mundo (los otros dos están en Canadá y Australia). La instalación de la bodega hace que mucha gente ingrese al pueblo. En el mismo predio, estamos desarrollando un centro de informe turístico y un paseo de artesanos. Hay una revalorización de la actividad, que estaba siendo desplazada por lugares fuertes como Cafayate. Y la gente se engancha con esta forma más justa y equitativa de distribución”, analizó.

Aunque la Bodega Comunitaria Los Amaichas tiene una capacidad para 50 mil litros, sólo está produciendo alrededor de 16 mil anuales, de los cuales alrededor de un 80% corresponden a Malbec y el resto a Criolla.

El próximo gran desafío es la comercialización, que por ahora tiene poco desarrollo. “Recién estamos arrancando en ferias y presentaciones. Por ahora, nuestros vinos sólo se pueden comprar en el stand de venta de la bodega. Recién estamos armando nuestro sitio de venta en Internet. Incluso el vino todavía no se consigue en San Miguel de Tucumán”, informa Balderrama.

El sol es un disco dorado que se esconde detrás de las montañas y nuestra guía abandona el salón central de la bodega porque allí darán una capacitación. La vendimia de Malbec se hará a mediados de febrero. En un poblado con economía rural y primaria, la bodega genera esperanza en Amaicha del Valle. Buscan el “buen vivir” y quieren hacerle honor al nombre de su vino.

Sociedad | 20 de noviembre de 2018

Foto: Abanderados de la Argentina 2018

Abanderados de la Argentina Solidaria 2018

Ya comenzó la votación del Premio Abanderados; un premio anual que reconoce a aquellos argentinos que se destacan por su dedicación a los demás, y difunde sus vidas para que su ejemplo inspire al resto de la sociedad.

Hay muchos argentinos que se dedican a los demás. Gracias a ellos, chicos, jóvenes y adultos están recuperando la esperanza. Abanderados propone darlos a conocer y premiarlos, para que sigan adelante y para inspirar al resto de la sociedad con su ejemplo.

Votá al Abanderado del año 2018

Sociedad | 20 de noviembre de 2018

Educación sexual y violencia de género: las materias más demandadas por estudiantes de todo el país

Según un reciente informe del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación, más del 80% de las alumnas del último año de secundaria en el país creen que las escuelas deberían abordar temas de educación sexual y violencia de género y no lo hacen.

El informe se da a conocer en el marco del incumplimento de la Ley 26.150, que en 2006 creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral. De acuerdo a la ley, todos los estudiantes de escuelas públicas y privadas del país tienen derecho a recibir una educación sexual integral.

Sin embargo, según una reciente investigación de la consultora D’Alessio Irol, sólo dos de cada diez alumnos de escuelas secundarias públicas y privadas de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires reciben contenidos vinculados a educación sexual integral de manera habitual.

El tema volvió a estar en la discusión pública en septiembre del año pasado, cuando estudiantes de la Ciudad de Buenos Aires tomaron 30 colegios, siendo la aplicación de la ESI una de sus principales demandas.

Los resultados del informe surgen a partir de los datos de Aprender 2017, una evaluación nacional que incluyó respuestas de 306.530 estudiantes de 5°/6° año de secundaria sobre las situaciones de desigualdad entre estudiantes mujeres y varones.

El informe reveló una marcada diferencia entre el porcentaje de mujeres a las que les gustaría que la escuela aborde temas de educación sexual y violencia de género, con el porcentaje de hombres que creen necesarias estas materias.

Temas que la escuela debería abordar

Fuente: Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología

Por otro lado, el 82% de los estudiantes hombres relevados creen importante la incorporación de la temática del uso de nuevas tecnologías en las escuelas, mientras que entre las mujeres este porcentaje baja al 68%.

Otro resultado a destacar trata sobre la violencia hacia las mujeres. Mientras el 33% de las mujeres dicen que se las molesta por su género, esta percepción baja al 25% entre los hombres.

Fuente: Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología

Cuáles son algunos de los otros resultados

  • Un 5% de las estudiantes son madres o están embarazadas, mientras que el 3% de los varones declaran ser padres.
  • Los varones repiten más que las mujeres por una diferencia de 7%.
  • El 93% de las mujeres proyectan que seguirán estudiando o que trabajarán y estudiarán luego de finalizar el secundario, mientras que este porcentaje baja al 83% para los hombres.
Sociedad | 14 de noviembre de 2018

Intervención por Pablo Domrose

Qué es el género indefinido y por qué llegó para quedarse

El 2 de noviembre pasado, María Carolina González Devesa, de 32 años, se convirtió oficialmente en Carolina Gerónimo González Devesa: a un nombre de mujer y a uno de varón se sumó, en su documento y en su partida de nacimiento, la categoría indefinida de sexo.

Ocurrió en Mendoza, donde el Registro Civil procedió con una una resolución administrativa enmarcada en la Ley de Identidad de Género. Y fue el primer caso de sexo indefinido en el mundo. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de “género indefinido”?

Hay mucha gente que no se siente ni hombre ni mujer, y ni siquiera trans. De hecho, en el Grupo de Atención a Personas Transgénero del Hospital General de Agudos Carlos G. Durand (uno de los pocos hospitales que en la Argentina atiende este tema), la consulta por el género indefinido o fluido es la que, en los últimos tiempos, más ha crecido entre los adolescentes, y hoy ocupa entre un 15% y un 20% de todas las consultas que se registran allí.

Frente a esta realidad, las taxonomías son escasas: el género ha pasado a ser flexible y su condición binaria ya parece algo de los tiempos del Arca de Noé.

“Soy una persona de género fluido, gender fluid nos dicen”, escribe SaSa Testa en el libro Soy Sabrina, soy Santiago: Género fluido y nuevas identidades, que es la primera autobiografía de una persona no binaria publicada en la Argentina. “Como sea, no me autopercibo ni totalmente mujer ni totalmente varón. Me chupa un huevo si, cuando me cruzan por ahí, me ven XX o XY o andrógino”.