La falta de espacios verdes y el impacto en la vida de los porteños

Cada habitante de la ciudad de Buenos Aires dispone de seis metros cuadrados de espacio verde, tres por debajo de lo que recomienda Naciones Unidas. La falta de estos lugares tiene consecuencias ecológicas pero también afecta a la salud física, mental y a la capacidad de socialización de los ciudadanos.

Por Agustina López

6 de julio de 2018

PortadaEspaciosVerde

Hasta los seis años Tomás vivió en el barrio de Parque Patricios, en un departamento sobre la Avenida Jujuy. El parque Florentino Ameghino quedaba a cuatro cuadras de su casa y era un destino habitual cuando lo buscaban después del colegio. A veces se llevaba una pelota y otras, algunos autitos para jugar.

Hace cuatro años su familia se mudó al barrio de Boedo y las tardes en la plaza desaparecieron: la más cercana a su casa queda a más de 20 cuadras y es complicado visitarla en la semana. Por eso sus padres sacaron una membresía en un club de Tigre para ir los fines de semana a disfrutar del verde.

La Ciudad de Buenos Aires cuenta hoy con 6,1 metros cuadrados de espacio verde (plazas, parques, canteros, zonas al lado de las autopistas) por habitante, tres metros por detrás de lo que sugiere como mínimo la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En total son 1826 hectáreas.

Estos espacios ni siquiera están distribuidos equitativamente: hay comunas como la 1 (Retiro, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat, Constitución) que cuentan con 18,5 metros por habitante (sumando la reserva ecológica) o la 14 (Palermo) que por sus bosques suma 13,8. En cambio, otros barrios como Balvanera y San Cristóbal (comuna 3) o Boedo y Almagro (comuna 5) contabilizan apenas 0,4 metros y 0,2 metros por habitante respectivamente. El barrio de Tomás tiene una sola plaza para casi 200 manzanas.

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Con solo ver estos datos salta a la vista que la cantidad de verde de la ciudad no es el óptimo y no sólo por una cuestión estética. Según estudios y especialistas consultados la falta de espacios verdes tiene un efecto negativo sobre el medioambiente, el bienestar y las formas de sociabilización de los vecinos.

En ese sentido, el abogado ambientalista, Enrique Viale, señaló: “Los espacios públicos son el lugar de esparcimiento primario y más inmediato para los habitantes de la ciudad e inciden muchísimo en la salud física y mental de las personas. Las plazas y parques son los lugares de recreación de los que menos tienen y también de las clases medias, en donde todos equiparan sus posibilidades”.

Viale apuntó que, además de la insuficiencia de los espacios verdes, hay una degradación de los mismos. “Hay un proceso de cementización de las plazas, de meter la obra pública a la fuerza: ponen caniles o caminos de cemento. Esto es muy alienante y además quita la posibilidad de hacer ejercicio”.

Finalmente, Viale se refirió a las consecuencias ambientales: “Las plazas y parques son espacios de absorción de las lluvias y los árboles funcionan como saneadores del aire. Mientras haya más árboles, mejor pueden cumplir su función”.

Los barrios de Boedo y Almagro, que conforman la comuna 5, sólo tienen 0,2 mts2 de verde por habitante.
Los barrios de Boedo y Almagro, que conforman la comuna 5, sólo tienen 0,2 mts2 de verde por habitante.

Buenos Aires, detrás de sus vecinos

Según el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) “Ambientes saludables y prevención de enfermedades: Hacia una estimación de la carga de morbilidad atribuible al medio ambiente”, una mejora de los espacios urbanos “reduciría las enfermedades provocadas por la contaminación atmosférica y fomentarían la práctica de actividades físicas”.

Como ejemplo, el informe pone a la ciudad de Curitiba, en Brasil, que cuenta con 51,5 metros verdes per cápita. Esta ciudad invirtió significativamente en un sistema de transporte similar al Metrobús pero integrado con los espacios verdes y los carriles peatonales y logró  “alentar los desplazamientos a pie y en bicicleta”. Además, sus niveles de contaminación atmosférica son inferiores si se comparan con los de otras ciudades del país y la esperanza de vida es dos años superior a la de la media nacional.

Curitiba es un ejemplo excepcional, pero hay otras ciudades latinoamericanas que también están en mejores condiciones que Buenos Aires. Bogotá, por ejemplo, cuenta con 16,9 metros cuadrados por habitante, São Paulo con 11,58, Montevideo con 12,68 e incluso Rosario supera a los porteños con 10,4. Santiago de Chile y Lima están atrás con 4,2 mts y 2,2 metros respectivamente.

Ante la consulta de RED/ACCIÓN, el ministerio de Ambiente y Espacio público de la Ciudad reconoció vía mail la importancia de los espacios verdes y aseguró que en los próximos años se integrarán 110 nuevas hectáreas de verde a la ciudad, aunque no especificaron dónde o de qué manera.

Barrancas de Belgrano, uno de los espacios verdes de la comuna 13. | Facebook Gobierno CABA
Barrancas de Belgrano, uno de los espacios verdes de la comuna 13. | Facebook Gobierno CABA

También apuntaron que aumentó la cantidad de espacio verde entre 2015 y 2016: pasó de 1.807 a 1.826 hectáreas en un año. Sin embargo, basta con remontarse a 2011 para ver que, según datos del propio Gobierno de la Ciudad, en realidad disminuyó la cantidad: en ese año era de 1.924 hectáreas.

“Hay estudios que comprueban que residir en barrios caminables disminuye el riesgo de desarrollar diabetes que en los no caminables. Incluso, la gente que reside en barrios más amigables en términos de verde suele cumplir con gran parte de la cuota de actividad física por semana que las que no. El mismo barrio te empuja a caminar más y a usar tu bicicleta”, explicó Fernando Laiño, Director del departamento de investigación de la Fundación Instituto Superior de Ciencias de la Salud.

Al tiempo que una publicación de la revista médica, The Lancet, en 2017, corrobora lo que apuntó Laiño en cuanto a la salud. “Las personas que viven en áreas rodeadas de verde reducen en un 20% la posibilidad de sufrir enfermedades mentales, mientras que los niños cuyas escuelas están cerca de espacios verdes mejoraron un 6% su memoria” en comparación a niños rodeados de gris.

La comuna 1, que incluye la reserva ecológica, prácticamente duplica lo mínimo recomendado por la ONU. | Foto: Daniel Dabove - Télam
La comuna 1, que incluye la reserva ecológica, prácticamente duplica lo mínimo recomendado por la ONU. | Foto: Daniel Dabove - Télam

Justamente los niños se ven sumamente afectados por la falta de espacios verdes. Sobre todos aquellos de los estratos socioeconómicos más bajos ya que las plazas y parques suele ser el único lugar en donde pueden realizar actividades por fuera del colegio. Según el informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) “Insuficiente actividad física en la infancia: niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años en la Argentina urbana” (2014) el 45,4% de los niños de la Argentina realiza menos de los 60 minutos semanales recomendados de actividad física. Sólo en la Ciudad de Buenos Aires este porcentaje es de 22,4.

Quienes se ven más afectados en este área son los chicos con menos recursos, ya que muchas veces no cuentan con actividades en el colegio y viven en barrios peligrosos, que los expulsan de la calle. Por eso es tan importante contar con espacios verdes de buena calidad. “En la medida que los chicos/as que cuentan con parques, plazas, baldíos y clubes de barrio en las proximidades de su vivienda registran menor déficit en el ámbito del juego”.

¿Posibles soluciones?

Para tratar de alcanzar lo recomendado por la ONU, Viale propone distintas estrategias. Primero, coordinar con el Gran Buenos Aires para crear diseños de espacios verdes de manera conjunta e integrada. Incluso tratar de recuperar el espacio de la costanera y apuntar a una “ciudad que mire al río”. Además, destinar fábricas abandonadas o incluso edificios públicos que estén en desuso para crear plazas y parques.

Como último recurso sugiere la expropiación de inmuebles en las zonas más grises de la ciudad para demolerlos y hacer lugar al verde. Un dato: durante el 2017 y lo que va del 2018, el Estado se desprendió de 24 predios y edificios públicos. Ninguno fue destinado a un espacio verde y la gran mayoría fueron a parar a grandes desarrolladoras inmobiliarias.

Laiño, en tanto, consideró que hay que hacer un relevamiento adecuado de los espacios públicos, identificar los recursos con los que cuentan y que utilizan o necesitan los vecinos del lugar. En función de esto hacer cambios pero además mantener y acondicionar los lugares. Finalmente, sugiere el experto, “hacer campañas de estímulos para que la gente aproveche y se apropie del espacio público”.

La Organización Mundial de la Salud sintetizó en su informe “Urban Green Space Interventions and Health” (2017) dos cuestiones claves a la hora de generar más y mejores espacios verdes. Primero, planificar y tratar de integrar estos espacios al mapa urbano y al trazado de transporte por medio de la coordinación de varios ministerios. Y lo segundo que apunta el documento es que “los cambios físicos (por ejemplo, la creación de un nuevo lugar) estén acompañados de cambios sociales”. Esto implica desde involucrar a la comunidad en el diseño del espacio hasta facilitar actividades para el disfrute del verde, comunicar novedades y generar compromiso de la sociedad para cuidarlo.

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