La grieta desnuda, comentado por Nicolás Poggi | RED/ACCIÓN

La grieta desnuda, comentado por Nicolás Poggi

Cada día, un especialista invitado comenta un libro de no ficción y elije los seis párrafos de ese libro que más le hayan llamado la atención.

La grieta desnuda
Martín Rodríguez - Pablo Touzon
Capital intelectual

Uno (mi comentario)

Es difícil analizar una época cuando todavía está pasando. Pero Martín Rodríguez ya lo había hecho en su libro anterior, “Orden y Progresismo” (2014), un compendio de notas publicadas en distintos medios que ensayaba un abordaje al ideario del kirchnerismo aún en el poder. Ahora, acompañado por su socio Pablo Touzón, el autor vuelve a su estilo de fina ironía, humor irreverente, juegos de palabras y referencias permanentes a la cultura toda para definir la era de Cambiemos en tiempo real.

Es un libro de dos amigos y espíritu libre, pero también un libro riguroso, obsesionado por los detalles. Conviven en clave histórica el ascenso del macrismo y la caída del kirchnerismo, la otra cara de la moneda de este fenómeno. Pero el acercamiento no está limitado a la práctica “pura” de la política sino que los autores apelan al cine, la música y la literatura (la educación cultural de su generación) para sintetizar ideas complejas (el primer capítulo inicia con una mención de “Nixon” [1995], de Oliver Stone, y el último culmina con referencias a Stephen King, por ejemplo). Hay que ser temerario, además, para explicar el declive electoral del peronismo en el Conurbano con la escena final de la película “Día de Entrenamiento” (2001), y que salga bien.

Este estilo es ya una marca (generacional). Rodríguez y Touzón logran consolidar una voz propia, presente en las notas que han publicado en distintos medios en los últimos años; una voz necesaria para el análisis de la complejidad de esta etapa. Si sos de los que les gusta hablar hasta que los echen del bar, este libro es para vos. Y además tiene un detalle que aterraría a los snobs: en ese afán por consumir y entenderlo todo, a los autores les interesa incluso lo que pasa en la televisión.

Dos (la selección)

La ESMA es la metáfora perfecta de la relación del macrismo con la historia argentina en general. No es sólo “aquello que sucedió en los años 70”: es una amalgama de todo lo trágico de la argentinidad, de esa metafísica que llamamos “Patria”. Podría pensarse que cada país tiene su trauma, el punto focal donde se sintetiza. Para España, la Guerra Civil Española; para Francia la derrota de 1940; para Alemania (nación pródiga) el nazismo, el Holocausto y el Muro; para Estados Unidos la herida de Vietnam y la herida permanente de la segregación racial. La dictadura es el nombre argentino de ese trauma.

Tres

Pero la lección también de la democracia y la Historia: si te sacás la dictadura de encima, la dictadura vuelve sola. La Historia es así: no creés en ella, pero no decretás su fin. Tenemos un grillete en el pie. La maldición nacional. El macrismo tiene un método para aquellos temas que no encuentran lugar en su macrocosmos: no los enfrenta, los duerme. “Este tema no debería existir, no sirve para nada que exista”. Es un modus operandi bien extendido y que busca disolver en la nada las problemáticas improcesables en su canal discursivo habitual. Lo que no está en la “zona de confort” directamente no existe, mezclando en un mismo blend los usos y costumbres aristocráticos del “de esto no se habla” con las recomendaciones de la comunicación 4.0 de corte duranbarbiana […]

Cuatro

[…] La solución duranbarbiana a la crisis de la representación política consiste en profundizarla. El timbreo macrista como puesta en escena del fin del poder. La imagen “horizontal” del hombre más poderoso de  Argentina tomando mate con un panadero emocionado, como si fuesen iguales, disuelve la idea de responsabilidad política. Al final del día, uno vuelve a hacer pan, y el otro a la Presidencia de la República. Y la equivalencia entre uno y otro, esencialmente falsa, cristaliza la idea de la política como mero acompañamiento terapéutico. No resuelve los problemas, los admite y entiende. Y a veces, si es necesario, los relata. Los saca a pasear un rato el fin de semana.

Cinco

La composición utilizando algoritmos es la nueva tendencia musical en el mundo del rock. Mediante distintas herramientas tecnológicas, es posible establecer el “minuto a minuto” de una canción, los acordes que “pegan” y los que no. El resultado es una homogeneización creciente de la producción musical, una indiferenciación estética cada vez mayor: todo suena lógicamente igual. La generalización de la herramienta predictiva, la posibilidad de anticipar el hit, ahoga en las aguas del mercado todo intento de innovación, exploración o ruptura vanguardista, y a la vez implica un rechazo a las tradiciones. Y en la política algorítmica sucede exactamente lo mismo. Representa el fin de la creación y la imaginación, del aporte individual, de la acción pionera. De la política como arte. La niega en su misma esencia, y la mediocridad que emana de ahí no es un error, sino su misma búsqueda final; el hombre que scrolea y espera: el Hombre Algoritmo.

Seis

“Un país con 40 millones de emprendedores”. Ya en la campaña, e incluso durante gran parte de su gestión al frente del Gobierno de la Ciudad, la idea del emprendedorismo formó parte del discurso oficial del PRO. En alianza con la otra idea madre –la meritocracia—es menos una política pública concreta que el corpus de valores que Cambiemos tiene en su mismo ADN: no sólo una forma de ganarse la vida, sino sobre todo de ganar más libertad. La ruptura en este caso también es generacional. Si el modelo industrialista siglo XX de Franco Macri consistía en una suerte de burguesía nacional familiar con alta protección estatal y cero de innovación, el aspiracional del modelo de su hijo Mauricio es el de los individuos que compiten, se asocian y emprenden asumiendo riesgos. Resulta muy interesante observar el universo ideológica que expresa, más que su realidad empírica (después de todo, la gran mayoría de los CEO que pueblan la administración pública provienen de grandes corporaciones y no de empresas de garaje precisamente) […]

Siete

El gobierno cuenta sin embargo con una ventaja: no cree por principio en unanimismos ni grandes consensos, Los rechaza a priori. La política del siglo XXI que promueve es la de la universalización del modelo de mercado, de nichos y fragmentos […] La mitad más uno del país sólo se tiene y se busca ese domingo del ballotage. La democracia de las minorías intensas es a su vez la democracia del fin de los consensos: por eso La Moncloa que propone “la vieja clase política” es el nuevo sueño imposible. La Grieta no es una anomalía: la Grieta es cómo funciona. La última versión del gobierno político de la democracia de la desigualdad.


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