La urgencia de educar a toda una generación | RED/ACCIÓN

La urgencia de educar a toda una generación

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Año tras año, la comunidad internacional se atrasa aún más en el cumplimiento de su compromiso de brindar educación de calidad a todos los niños para el año 2030. Dado que la cantidad de chicos que no asisten a la escuela ya superó ampliamente los niveles de crisis, es hora de adoptar un nuevo enfoque.

La urgencia de educar a toda una generación

Foto: AFP

Las constantes reducciones de la ayuda internacional para la educación están privando a todos los jóvenes del mundo en desarrollo (cuyo número alcanza cerca de 800 millones) de la educación que necesitarán para asegurarse un empleo significativo en el futuro. Tras caer de US$13,2 mil millones a US$13 mil millones este año, el total de la ayuda para la educación (de fuentes bilaterales y multilaterales) hoy representa apenas el 7% del presupuesto mundial de ayudas.

Esto significa que toda la ayuda para el desarrollo del mundo equivale poco más que US$10 por niño en necesidad, cifra que ni siquiera alcanza para pagar los libros de texto de segunda mano.

En todo el mundo en desarrollo, el actual nivel promedio de educación está 100 años a la zaga de Occidente. En África, el gasto anual en escolarización llega a un promedio de apenas 200 dólares por menor, mientras que las economías desarrolladas gastan 40 veces esa suma.

Aunque la comunidad internacional se ha comprometido a lograr una educación primaria y secundaria universal para 2030, al menos 200 millones de niños y niñas se quedarán fuera de la escuela cada año entre hoy y entonces, y otros 400 millones no pasarán del nivel primario. Si bien puede parecer que los países africanos y asiáticos ofrecen una abundante oferta de mano de obra, las carencias endémicas de habilidades como resultado de una inadecuada financiación de la educación significarán que no podrán atraer los niveles de inversión interna necesarios para avanzar en el camino del desarrollo.

A nivel mundial, la proporción de la ayuda total dedicada a la educación ha descendido a un ritmo continuo desde su pico de 11%, alcanzado en 2007, a pesar de que se acepta comúnmente que la educación es una de las maneras más eficaces de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para la salud, el empleo y la calidad de vida. Es bienvenido el reciente anuncio de la Unión Europea de que destinará a educación el 10% de su ayuda humanitaria, pero no basta con eso.

Sí, la comunidad internacional ha logrado algunos éxitos relativos, como proporcionar aulas para casi un 60% de los refugiados sirios. Pero eso no evita que una parte importantes de los 30 millones de niños y niñas desplazados (12 millones de los cuales son refugiados) pasarán por su edad de escolaridad sin haber pisado una escuela. Hoy, en las 35 zonas de conflicto del planeta, 75 millones de menores no reciben escolaridad ni la perspectiva de tener un empleo en el futuro.

Es evidente que la ayuda internacional para la educación tendrá que aumentar. Sin embargo, con una brecha anual de US$40 mil millones solo para la educación primaria y secundaria, también está claro que necesitamos un nuevo enfoque. Además de movilizar fuentes privadas de ayuda, tenemos que hacer rendir la ayuda ya disponible (los US$13 mil millones de este año) mucho más que en el pasado, mediante la creación de incentivos para que los gobiernos destinatarios eleven sus propias inversiones en educación.

Afortunadamente, a lo largo del año pasado se formó una serie de fondos privados ESG (ecológicos, sociales y de gobernanza) y de ODS para satisfacer la creciente demanda de inversiones con impacto social. En India, ahora se exige por ley a los empleadores que destinen un 2% de sus utilidades a causas filantrópicas. Y en todo el mundo las compañías se enfrentan al reto de producir cuentas en que se pondere el impacto ambiental y social.

Los involucrados en la ayuda al ámbito educativo también están adoptando enfoques financieros innovadores, tras estar largo tiempo rezagados al respecto. El más prominente de estos nuevos instrumentos es el Mecanismo de Financiación Internacional para Educación (IFFEd) de la Comisión de Educación, que se inaugurará en la Asamblea General de la ONU, el próximo mes de septiembre. Con planes de recaudar US$10 mil millones adicionales de financiación para la educación, el IFFEd se basa en dos otras asociaciones público-privadas que han demostrado ser exitosas en los años recientes.

La primera es el Fondo de Financiación Internacional para la Inmunización (IFFIm), que desde su lanzamiento en 2006 ha obtenido más de US$6 mil millones mediante la emisión de bonos de mercados de capitales a pagar a lo largo de 30 años, con fondos comprometidos de Australia, Brasil, Francia, Italia, Holanda, Noruega, Sudáfrica, España, Suecia y el Reino Unido. El IFFIm, que recauda fondos para Gavi, la Alianza para las Vacunas, ya ha ayudado a vacunar 700 millones de niños, salvando cerca de cinco millones de jóvenes vidas.

La segunda fuente de inspiración para el IFFEd es el modelo de Compromiso Anticipado de Mercado (AMC) para lanzar nuevos medicamentos al mercado. Mediante un AMC de $1,5 mil millones para vacunas antineumocócicas, Gavi (junto con el Banco Mundial y otras organizaciones multilaterales, países donantes y la Fundación Bill y Melinda Gates) ha ayudado a vacunar a 49 millones de menores, previniendo un cuarto de millón de muertes de neumonía en niños menores de 5 años.

Con una asociación público-privada de estructura similar, el IFFEd se ha diseñado para poner fin al carácter intermitente de los flujos de ayuda para la educación. En vez de depender de una fuente de financiación que se cierra periódicamente, asegurará fondos constantes para educar a niños de entre 5 y 16 años.

Con US$2 mil millones comprometidos por una coalición de gobiernos, el Banco Mundial y varios bancos de desarrollo regional podrán cuadruplicar los fondos a través de los mercados de capitales. Y con la creación de un mecanismo de reducción de interés de US$2 mil millones, podrán proveer US$10 mil millones adicionales en ayuda para la educación, casi duplicando el nivel actual.

En 2015, la ONU, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se comprometieron a pasar de los “Billions to Trillions” (Miles de millones a los billones) para “cumplir las necesidades de inversión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Se dieron cuenta de que la colaboración entre entidades públicas y privadas pueden jugar un papel crucial en la maximización del valor de la ayuda internacional. Hoy debemos convertir las palabras en acciones, a menos que nos arriesguemos a incumplir una promesa más. Si logramos dar educación a una generación completa de niños, habremos hecho historia. Es tiempo de comenzar.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Gordon Brown, ex Primer Ministro y Chancellor of the Exchequer (cargo equivalente al Ministro de Hacienda) del Reino Unido, es Enviado Especial de las Naciones Unidas para Educación Global y Jefe de la Comisión Internacional de Oportunidades de Financiamiento de la Educación Global. Preside la Junta Asesora de la Catalyst Foundation.