La producción sin pesticidas ni fertilizantes gana terreno: la Argentina es el segundo país con más hectáreas destinadas a alimentos orgánicos | RED/ACCIÓN

La producción sin pesticidas ni fertilizantes gana terreno: la Argentina es el segundo país con más hectáreas destinadas a alimentos orgánicos

Foto: Federico López Calsina | Ilustración: Pablo Domrose

Cada vez que cosechan alguna verdura o fruta, Federico López Calsina se pone a sacar fotos. De él y de los que trabajan en su huerta. Posan junto a rabanitos, paltas y zanahorias en la quinta de 12 hectáreas que tiene en Palma Sola, un pueblo ubicado a 160 kilómetros de la capital jujeña. Suena exagerado pero siente que producir alimentos de forma natural y sin afectar la tierra y el ambiente es un hito. Y lo festeja con fotos.

Federico no usa fertilizantes, pesticidas ni semillas modificadas genéticamente. Cuida cada gota de agua y rota los cultivos para no agotar los nutrientes del suelo. Lo hace desde 2015 y no es un hippie verde. Es uno de los emprendedores que hicieron que la Argentina sea el segundo país del mundo con más hectáreas destinadas a la producción orgánica de vegetales y animales.

En el país hay 3,2 millones de hectáreas cultivadas o con ganado gestionadas con los cuidados que permiten certificar como producto orgánico, según el último informe del Senasa. Esa superficie equivale al tamaño de la provincia de Misiones.

Sólo Australia, con 22,6 millones de hectáreas, destina más superficie al modelo productivo agroecológico, de acuerdo al ranking que elabora todos los años el Instituto de Investigaciones de Agricultura Orgánica de Suiza.

Federico Calsina tiene 12 hectáreas de cultivos orgánicos en Jujuy. En esta foto, posa junto a un gran rabanito. Crédito: AgroHolon.

“Lo más interesante es que este sector tiene muchísimo para crecer. De total de alimentos a nivel mundial, los orgánicos son sólo el 3% o 4%. Y en el país apenas superan el 1%. Y que el sector tenga espacio para crecer es bueno para todos”, se entusiasma Ricardo Parra, presidente del Movimiento Argentino de Producción Orgánica (MAPO).

Es bueno para todos, insiste Parra, y se basa en un círculo que describe virtuoso: si el sector crece, mayor superficie productiva quedaría bajo prácticas que no afectan el ambiente; más personas accederían a alimentos más sanos; y el país aumentaría las exportaciones, ya que la inmensa mayoría de lo producido tiene gran demanda afuera.

Los números le dan la razón. El sector orgánico argentino está en ascenso desde hace unas dos décadas. En superficie productiva, el año pasado creció un 12%. Ya hay 1.157 productores que lograron certificar su campo como orgánico. Mientras que otros 350 iniciaron el proceso de transición para certificar, algo que les puede llevar hasta tres años, pero que pronostica que la expansión continúa.

“Lo que más quiero es vender las frutas y verduras en Jujuy, que la gente de acá pueda alimentarse de mi huerta, comer sano. Después que pueda cumplir eso, compraré más hectáreas y pensaré en exportar”, señala Calsina, del emprendimiento jujeño AgroHolon.

Las aspiraciones de Calsina van a contramano de la generalidad. Porque el 97% de lo que se produce como orgánico certificado en el país se exporta. Estados Unidos, Europa (principalmente Alemania y Suiza) y Japón son los principales destinos.

“Lo que ocurre es que migrar de un campo productivo convencional a uno certificado como orgánico lleva tres años durante los cuales las cosechas de esas temporadas tienen mayores costos pero no las podés vender a precio orgánico, que es entre un 30% y un 50% superior al convencional. Por eso, lo más común es que el productor decida la conversión una vez que firma un acuerdo comercial para exportar por cinco años o más”, explica Parra y cuenta que para minimizar el costo de la transición el Mercado Central tiene el stand Paralelo Orgánico, donde se venden cosechas bajo prácticas orgánicas pero aún no certificadas.

Esta situación explica en gran medida que la producción orgánica del país no sea exactamente representativa de la matriz agrícola nacional, ya que responde a una demanda y no estrictamente a la oferta. Hoy los cuatro principales cultivos son los de soja, trigo, pera y manzana, con volúmenes que van de 20 mil a 30 mil kilos.

Video: Orgánico Argentina

De la producción animal, la lana de oveja lidera el ranking con unos 650 mil kilos, seguido por unos 525 mil kilos de miel. De carne vacuna apenas se producen unos 2.500 kilos. Mientras que de los productos industrializados, la azúcar de caña, el vino, la harina de soja y el puré de pera son lo más producido.

Apuntalar el mercado interno es uno los desafíos del sector. Y en esa apuesta se ponen en juego dos variantes. Por un lado, la necesidad de bajar los costos para que el precio de los orgánicos se acerque lo más posible al precio de los alimentos convencionales. Y en segundo lugar, difundir los atributos de lo orgánico como producto y como concepto sustentable.

“Los costos podrán ir bajándose a medida que se logre mayor escala productiva (hoy sólo el 2% de la superficie productiva del país es de orgánicos). También pueden ayudar los desarrollos tecnológicos para conseguir mayor rendimiento con el mismo cuidado ambiental”, considera Parra y aclara que la producción orgánica requiere una certificación del establecimiento (entre $ 10 mil a $ 15 mil) y de cada cosecha, lo que implica una supervisión del campo y de los procesos por parte de técnicos especializados y de una certificadora, que a su vez se queda con el 1% del valor de venta.

La panificadora Hausbrot tiene 1500 hectáreas de cultivos orgánicos en Tres Arroyos. Produce panificados para 34 sucursales. Crédito: Hausbrot. 

En gran medida, las políticas para bajar costos y desarrollar tecnología saldrán del plan estratégico que está elaborando la Comisión Asesora para la Producción Orgánica. Entre otros aspectos, el plan permitirá fomentar la producción de materias primas orgánicas que permitan a su vez elaborar productos industrializados orgánicos.

“El potencial que tenemos para crecer es enorme”, coincide Mario Schneider, dueño e hijo de los fundadores de Hausbrot, la panificadora de orgánicos que nació en 1988 y ya tiene 34 locales y 1.500 hectáreas de cultivos orgánicos en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. “Por ejemplo, nos cuesta mucho conseguir leche orgánica, lo que hace que no podamos certificar como orgánicos algunos productos elaborados con leche”, explica Schneider.

Es que en todo el país hay sólo dos tambos certificados como orgánicos. Otro producto que no se puede hacer es mayonesa, porque nadie en el país produce vinagre orgánico.

La difusión es el otro punto clave. Ya existe un catálogo para conocer, contactar y comprarle directamente a los productores que hay en el país. También existen ferias que rotan por la ciudad de Buenos Aires y el país.

Mirá el catálogo y contactá a un productor

“El consumidor argentino no está muy informado respecto a qué significa que un producto sea orgánico. Por eso, ahora, entre el 4 y el 7 de diciembre hacemos la primera Semana Nacional de los Alimentos Orgánicos, con una feria en el Obelisco que abrirá de 12 a 19”, cuenta Mercedes Nimo, directora Nacional de Alimentos y Bebidas, que depende de la secretaría de Agroindustria, que a su vez incluyó a los orgánicos entre los 20 sectores prioritarios para apuntalar dentro del plan Argentina Exporta.

Pedro Landa, director técnico de la Organización Internacional Agropecuaria (OIA), una de las cuatro certificadoras del país, considera que el consumidor argentino comenzó a demandar productos orgánicos, “lo que generó desarrollo de proyectos específicos para abastecerlos” y que “grandes exportadores de productos dejaran de exportar una parte de su producción para volcarla al mercado interno”.

Sin embargo, por ahora el consumo interno de orgánicos representa el 1,2% del total. Los países que más desarrollado tienen este mercado superan el 5%. Dinamarca es el máximo exponente, con un 8,5%. Lo sigue Suiza (7,7%), Luxemburgo (7,5%), Suecia (7,3%) y Austria (6,5%).

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