Las claves para que el trabajo no sea un castigo | RED/ACCIÓN

Las claves para que el trabajo no sea un castigo

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Marina Díaz Ibarra es economista y autora del libro Un mundo sin jefes. Ella considera importante conectar con el deseo y las cosas que el mundo necesita.

Las claves para que el trabajo no sea un castigo


¿Cuál fue el mayor aprendizaje al escribir Un mundo sin jefes?
—Escribir un libro es mucho más parecido a 100 sesiones de terapia todas juntas, que a simplemente articular conceptos o a contar una historia. Hay un trabajo de fondo que tiene que ver con desnudar el alma, mirarse al espejo y después poner orden en toda esa información, que me resultó -si bien esclarecedor- arduo. Fueron tres años de mucho trabajo, de incontables noches sin dormir, de llorar sola y acompañada, de echar a mi novio del cuarto para que me dejara ¨terminar el capitulo¨, de recapitular momentos felices y dolorosos, de leer todo lo que encontraba sobre el tema de la depresión y el descontento laboral, de marcar papers y hablar con decenas de expertos para que al final la abogada de la editorial me diga que ¨hay que sacar esta parte porque si no te podes comer un juicio¨ o que ¨esto es muy fuerte para publicarse¨. Aprendí entonces que, como todo espacio de creación, es un proceso increíble pero de a ratos frustrante. Lo que también es cierto es que la recepción del libro ha sido tan buena, me llegaron tantos mensajes de gente revisando su vida, usando el libro como espejo o como ventana a una nueva realidad, que también aprendí que valió la pena todo el insomnio, las peleas con la abogada y el sexo que deje de tener. Si tenés algo para decir que puede ayudar a los demás a vivir una mejor vida, más allá de lo difícil que sea, tenés una obligación moral con el mundo de decirlo en voz alta.


¿Cuál es la clave para dejar de ver al trabajo como un castigo?
—Conectar con el deseo y las cosas que el mundo necesita y entonces construir desde ahí. Si te permitís ese grado de autonomía mental y tenés un propósito más o menos claro, una vez que empezás a crecer y a sentirte bueno en lo que haces, es imposible que el trabajo sea un castigo. Siempre están los que ponen al dinero o a las estructuras familiares como excusas para seguir anclados a trabajos que nos los realizan o no los hacen felices. Si tenés las necesidades básicas cubiertas (que entiendo que tristemente no es la realidad de todos, y obviamente si estas buscando sobrevivir, hablar de optimizar tu situación laboral es ridículo) hay cientos de ejemplos alrededor nuestro de gente que logró emanciparse y cortar con la adición a la veneración. Es una búsqueda constante, pero muchos autores coinciden en estos puntos: tener autonomía, maestría y un grado de propósito pueden volver cualquier trabajo algo nutritivo y liberador. El punto fundamental es que esto no sucede por arte de magia, hay que pensarlo, discutirlo con uno mismo y planearlo para que suceda. Es un mito lo de la vocación unívoca desde la cuna, una porción muy pequeña de la población tiene una vocación y un propósito marcados desde el comienzo de su carrera. El resto tenemos que ir descubriéndo, planeando el camino y reinventándonos cada vez que un espacio no se siente correcto.


¿Qué es lo que más te entusiasma de trabajar con emprendedores de impacto?
—Trabajo con emprendedores de todo tipo y con varias empresas enormes que tienen mucho impacto en la sociedad. El mundo corporativo puede ser cruel y deshumanizante, pero como toda fuerza de esta dimensión, puede ser también un motor de cambio y progreso para las sociedades en las que opera. El capitalismo consciente esta creciendo a la velocidad de la luz signado por los enormes problemas que enfrenta nuestro planeta: La enorme desigualdad social y el calentamiento global van a marcar el pulso del mundo que viene. Todas las organizaciones con las que me involucro como inversora ángel o miembro del directorio tienen esa ambición en común: ser agentes sociales de cambio, crecer en consciencia, hacer las cosas un poco mejor. Lo que más me entusiasma de mi trabajo hoy es que puedo no tener un jefe (a veces siento que tengo muchos), que puedo manejar mis tiempos, y todo eso lo planifique para que sea así, no fue una casualidad. El trabajo flexible, independiente y por objetivos va a ser cada vez más la norma, hay empresas que operan sin estructuras jerárquicas, hay empresa que no tienen oficina, que son 100% remotas. Si alguien siente que en su realidad no puede acceder a esos espacios, tiene que planificarse para ir en esa dirección, hablar mejor inglés, estudiar tecnología, aprender a codear, hacer cursos de marketing personal, publicarse en paginas de free-lancers. Todo eso no va a suceder solo, hay que sentarse y diseñarlo. Hay que diseñar el recorrido laboral. Lo que me copa de los emprendedores de impacto es que hablan este idioma. Lo que hacen es tan difícil en nuestras latitudes que ya saben que si no se sientan a pensar, a escribir y a diseñar, lo que ellos visualizan, no sucede. Y esa energía de creación organizada es energía vital en su más pura expresión.


Este contenido fue publicado originalmente en Otra Economía, la newsletter sobre economía circular, inclusiva y de triple impacto que edita Florencia Tuchin. Podés suscribirte en este link.