Macarena es ciega, aprendió a filmar e inspiró una nueva forma de enseñar | RED/ACCIÓN

Macarena es ciega, aprendió a filmar e inspiró una nueva forma de enseñar

Foto: Alejandro Torrigino

Este es el audio de la nota leída desde braile por Macarena Dealesandro:

Macarena Dealesandro es una joven no vidente que se graduó en la licenciatura en Periodismo por la Universidad Abierta Interamericana de Rosario. El director de la carrera y docente de Periodismo Televisivo cuenta en primera persona cómo fue enseñarle a filmar y el desafío que asumió toda la comunidad educativa para acompañarla en su carrera.

Las historias nunca comienzan cuando el narrador lo desea. Las historias preceden al narrador y continúan cuando el narrador se marcha. Pero esta, al menos para mí, se enciende en mi pequeña oficina de la universidad hace cinco años atrás.

Yo estoy detrás de mi escritorio. Inclino mi cabeza hacia la derecha para que el monitor de la computadora no me tape. Macarena y Liliana, su mamá, están en frente encogiendo las rodillas para no chocarlas contra el escritorio. La madre está llena de interrogantes pero se percibe un aplomo que se sustenta en el amor. La madre me dirá, cinco años después, que se siente muy feliz. Y yo la miraré a los ojos tratando de sostener la mirada mientras siento que Macarena escribió un renglón más en una historia que no comenzó con aquella primera reunión en mi oficina, sino hace 23 años: el 17 de marzo de 1995 cuando nació en el Sanatorio de la Mujer de Rosario.

A Macarena no sé cómo mirarla.

Foto: Alejandro Torrigino

¿Qué miramos cuando le hablamos a una persona no vidente? Pueden ser sus ojos, su boca, sus manos. O perdemos la vista en un punto de fuga como si ese gesto íntimo fuera un pacto unilateral para equilibrar los sentidos. Macarena quiere ser periodista. Yo dirijo una carrera de periodismo. Hay una reunión. Un diálogo, Un gesto. Y al fin, una decisión.

Declamar la inclusión no es complejo. Ejercer la inclusión es un acto de interpelación íntima y una tarea colectiva que nos empuja a derribar nuestros propios muros y construir sobre los escombros que dejamos en ese transitar. De aquella primera reunión me quedaron recuerdos transformados en fugacidades. Palabras dichas como un conjuro para tratar de creerme a mí mismo en tiempo presente: que ella será una más, que la universidad será una ayuda para su propia maduración, que no habrá ni caridad ni privilegios ni lástima, que una cosa es la solidaridad y otra cosa es la pena, que necesitará de la colaboración de sus compañeros, que todos los docentes tendremos que volver a aprender cómo enseñar, que las aulas tienen paredes transparentes y que el saber es un flujo. Que hay que aprender haciendo. Pero todavía hay un hacer que no lleva gerundio.

La tesis de Macarena

Hoy, cinco años después, Macarena Dealesandro obtuvo su título de Licenciada en Periodismo con un trabajo final denominado “Inclusión laboral de personas con discapacidad visual en medios de comunicación audiovisuales públicos de Rosario”.

Foto: Macarena Dealesandro

Hoy a Macarena la miro a los ojos. Mientras tanto, ella prepara su texto en braille.

En Argentina viven más de cinco millones de personas con alguna dificultad o limitación permanente, lo que equivale al 12,9% de la población total. Del total de la población con discapacidad permanente, la mayoría (el 59,5%) padece atrofias visuales. Estos datos oficiales corresponden al último Censo Nacional realizado en 2010. Con frecuencia, este grupo de personas se ven marginados de la sociedad, principalmente porque no pueden elegir un trabajo que los integre.

En frente están Liliana, la mamá, Leonardo, el papá, Pamela, la hermana mayor. Están sus excompañeros de curso, entre ellos Verónica. Hay amigos, docentes y el jurado de la tesis. Yo estoy a su izquierda, cargo una presentación en la computadora con datos, estadísticas, imágenes y argumentos. Ella me pregunta si está la primera placa. Le contesto que sí. Hacemos la presentación formal.

Desde 1981 en nuestro país existe la Ley Nº 22.431, la cual en 2003 pasó a ser Ley Nº 25.689. La misma obliga al Estado Nacional y a las empresas públicas a ocupar como mínimo el 4 por ciento de los puestos de trabajos con personas que tengan alguna discapacidad. Sin embargo, en el último informe sobre el cumplimiento del cupo laboral publicado por la Jefatura de Gabinete de Ministros en 2015 se observó que de una muestra de 315.583 personas con discapacidad sólo 2.468 tienen trabajo, es decir el 0,78 por ciento del total.

Foto: Alejandro Torrigino

Comienza la disertación y jamás lee el texto en braille que tiene como ayuda memoria. Comienza por un resumen, sigue el objetivo general, los específicos, la hipótesis y recuerda a sus tutores, el profesor de Introducción al Pensamiento Científico, Sebastián Llansa y la profesora de Metodología de la Investigación, María Julia Rizzotto.

Una de las grandes dificultades que tienen los empresarios es que asocian a las personas con discapacidad visual con la imposibilidad de desempeñar tareas laborales. Sin embargo, las personas ciegas poseen la capacidad para formar parte de un puesto de trabajo. El propósito de esta investigación reside en comprobar la situación actual de inserción laboral que presentan los medios de comunicación audiovisuales públicos de Rosario en relación con este grupo, porque al igual que los demás, merecen tener un trabajo digno. La inclusión laboral de estas personas es un proceso que debe permitir el empleo integrado en empresas. Esto implica que el trabajo se realice en las mismas condiciones de tareas, sueldos y horarios que el de cualquier otro trabajador sin discapacidad.

Verónica, su amiga

Si bien nació en Rosario, Macarena llegó de Leones, una pequeña ciudad de la provincia de Córdoba. No le costó adaptarse al ritmo urbano por los lazos solidarios de la comunidad que, según ella, está acostumbrada a ver a personas ciegas en las calles: “Salvo las veredas rotas, siempre percibí mucha generosidad por parte de la gente”.

Macarena aprendió a memorizar los nombres de las calles, a cocinarse, a lavar los platos, a organizar sus horarios y a moverse. Dice que a sus padres le costó soltarla. Y que si bien, un año antes de su llegada a Rosario, había intentado moverse sola en Leones, no lo había logrado. Hasta que llegó el primer día en la universidad.

Sube a un ascensor. Se encuentra con otra estudiante. Hablan. Ambas van a la misma charla. Es una jornada de apertura donde se explica el funcionamiento académico y se brindan detalles específicos de la carrera. Se presentan.¿Cómo te llamás?

- Verónica. ¿Y vos?

- Macarena. ¿De dónde sos?

- De un pueblito de Entre Ríos, pero no lo vas a conocer.

- No, no, decime.

- De Maciá.

Macarena empezó a los gritos con signos de exclamación. Cuando está feliz esa es una de sus características. “Sí, lo conozco por la Sole”. Macarena es fanática de la cantante folclórica. Mucho de lo que conoce Macarena del país es por seguir a la Sole por toda la Argentina.

Macarena y Verónica el día que se conocieron, en marzo de 2014. Foto: Macarena Dealesandro

Verónica atribuye a ese encuentro algo especial. Si bien consolidaron una amistad con el correr de los años, esos segundos en los que tarda en subir un ascensor -y donde por lo general nunca ocurre nada interesante- ellas tuvieron la potencia como para reconocerse, aceptarse y percibir un sentimiento mutuo. “Nos complementamos”, dice Verónica. “Somos un equipo”.

De ese instante surgió una amistad y un camino académico de trabajos prácticos, ideas y proyectos. “Macarena me enseñó a ver que no es lo mismo que mirar”, afirma Verónica entre convencida y emocionada. Y no es una frase hecha.

Foto: Alejandro Torrigino

“Por una cuestión biológica, Macu no puede mirar. Pero el ‘ver’ tiene ‘que ver’ con el percibir. Yo empecé a percibir sensaciones que las aprendí al estar en contacto con ella. Los que tenemos la posibilidad de mirar, muchas veces pasamos por alto esas percepciones, como por ejemplo la respiración. Nosotros nos distraemos con lo visual. Y vemos cómo estamos vestidos, cuestiones más superficiales. Ahora estoy más conectada”.

Cuando un periodista con discapacidad visual consigue trabajar en un medio de comunicación, se enfrenta a obstáculos que debe superar. Una de esas dificultades radica en que las empresas periodísticas no cuentan con entornos informáticos accesibles para estos profesionales, ya que priman las presentaciones gráficas o visuales. Por lo tanto, la mayoría de las veces, estos comunicadores requieren de la colaboración de una empresa de informática externa que preste apoyo tiflotécnico. Otras veces, el éxito de la integración laboral del profesional con discapacidad visual ocurre gracias al ingenio del personal informático de la empresa que se aventura con voluntad a proporcionar algunas técnicas que salvan la situación a niveles básicos.

Enseñar de manera inclusiva

En la tesis de Macarena se habla de los obstáculos pero también del ingenio y de la voluntad. Y, durante su paso por la Universidad, siempre nos empujó a intentar vencer las barreras. Las propias y ajenas. En cada reunión del claustro docente siempre se debatió sobre cómo, de qué manera hacer la vida académica más inclusiva. Y así fuimos adaptando programas, clases, contenidos, apuntes, entornos digitales. En mi caso, como docente de Periodismo Televisivo, enseñar los planos, los encuadres y los movimientos de cámara fueron una aventura.

Macarena parada en un extremo del aula. Yo en el otro y a los gritos.

- Macuuuuu, ¿me escuchás?

- Sí, Juan.

- Bueno, te estoy hablando en plano general.

Acto seguido, contarle un secreto, en primerísmo primer plano. “Las confesiones y los secretos se dicen en primerísmo primer plano”. Para luego terminar la clase haciendo un trencito emulando un trávelin: el movimiento de cámara que puede ser frontal -hacia adelante o hacia atrás- lateral -de derecha a izquierda y viceversa- o circular.

Es necesario concientizar a la sociedad para que promuevan la inserción laboral de personas con discapacidad e incentivar a este colectivo vulnerable a que comience a buscar empleo en las empresas públicas. La incorporación laboral de personas con discapacidad es un desafío al cual se deben enfrentar todas las empresas.

Imaginar desde el tacto y la escucha

Para Macarena, el periodismo se construye entre todos. “A veces los medios desvirtúan la realidad cuando no existe el chequeo de datos”, sostiene. Y si tiene que elegir un medio, prefiere la televisión. Y se excusa. “Si bien yo no veo, me gustan las cámaras, conocer sobre la imagen, las posibilidades estéticas de la televisión”, argumenta. “Pero si vos te presentás en la postulación para un trabajo y no tenés chances, es muy difícil volver a postular porque predecís la respuesta”. Y las predicciones están basadas en la estadística. Eso demuestra su tesis. En los medios públicos audiovisuales no hay ninguna persona con discapacidad visual trabajando.

A Macarena siempre le preguntan si ve algún tipo de color.

“Yo soy ciega. No veo ni colores. Ni blanco, ni negro. No siento nada en los ojos. Sí, me imagino las cosas. Porque las toco. Porque escucho”. 

Foto: Alejandro Torrigino.

Y ahora escucha los aplausos, cinco años después de una reunión en una pequeña oficina. Macarena es licenciada en Periodismo. Sus palabras son una acción que ponen en movimiento un deseo y que desnudan las desigualdades de una sociedad que -pese a las leyes- es muy injusta. Este cronista, después de las miradas, le dirá a la editora de RED/ACCIÓN de publicar una nota. Y le advertirá que no podrá ser objetivo. Que utilizará la primera persona. La editora hará una contraoferta: ¿Macarena podrá leer la crónica?. El cronista se comunicará con Macarena y le hará la oferta. Macarena dirá que sí, pero pasará el texto en braille. Y advertirá que, cuando lo lea, necesitará la ayuda de alguien para apretar el botón de ‘grabar’, porque ella tendrá sus manos ocupadas, leyendo. Y este no será el final de la historia.

Porque las historias jamás finalizan cuando lo decide el narrador.


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