María Angélica Pivas: "Cuando era chica ya quería ser abogada, asociaba a la Justicia con la felicidad" | RED/ACCIÓN
100 Mujeres |   30 de abril de 2018

Ilustración: Mana Le Calvet

María Angélica Pivas: “Cuando era chica ya quería ser abogada, asociaba a la Justicia con la felicidad”

Es la primera jueza en la Cámara del Crimen de Gualeguay. Lucha contra la trata de personas desde hace años y cumplió su sueño de que se cerraran los prostíbulos en Entre Ríos. Intervino en los casos Reggiardo, Yabrán, Soria y Gilda, entre otros.

Casa de chicas malas. Ese eufemismo usaban los grandes para explicarle a María Angélica “Ely” Pivas qué era el prostíbulo que había en la esquina de su casa de Gualeguaychú, en Entre Ríos.

Ella veía pasar a esas mujeres por la puerta de su casa. “Iban con la cabeza gacha, como avergonzadas. Para el barrio eran ‘las putas’. Lo que yo veía eran mujeres tristes y sin nombres, a las que les habían quitado su identidad. Las llamaban por algún atributo: eran ‘la culona’, ‘la tetona’, ‘la colorada’. Ya estaban cosificadas. Sólo supe el nombre de una, Laura, porque con ella conversaba a escondidas. No eran prostitutas, eran mujeres prostituidas por un cafisho que sí tenía nombre”.

María Angélica era chica, pero estaba segura de que esas mujeres no estaban ahí porque les gustaba, como decían las comadronas del barrio. Cuando una vecina les gritó: “¿Por qué no se buscan un trabajo decente?”, ella le contestó con otra pregunta: “¿Usted se lo daría en su casa?”.

“Creo que sin saberlo ya había comenzado mi lucha”, dice quien con el tiempo se convertiría en la primera mujer en la Cámara del Crimen de Gualeguay y un emblema contra la trata de personas con fines de explotación sexual. “No podía hacer nada entonces, pero cuando fuera abogada…”.

A los nueve años decidió que sería abogada. Aunque, en realidad, lo que deseaba profundamente era dejar de ver infeliz a su familia. Por entonces, su padre, Miguel, que era mecánico, había denunciado un contrabando de repuestos y autopartes de Fray Bentos a Gualeguaychú. “No sabía que se estaba metiendo con una mafia colosal, con conexiones que le garantizaba impunidad. Todos terminamos amenazados de muerte. Yo misma encontré un papel en nuestro zaguán, una amenaza anónima que la advertía a mi madre que iba a quedar viuda y nosotros huérfanos, si mi padre ratificaba la denuncia. Primero quise romperlo, pero lo dejé donde estaba y le avisé a mi mamá. Nunca supo que yo también lo había leído”. Ya nada fue igual. Tuvo que aprender a ser fuerte.

Por esos años, en la escuela, la maestra de grado propuso una consigna: “¿Qué te gustaría ser cuando seas grande?”. Y María Angélica no dudó: “Abogada”, escribió. “Para que la gente sea feliz,” remató.

Estudió derecho en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe. Y sostiene que en treinta años de carrera no recuerda haber llorado con algún caso, aunque hay historias, imágenes que no se le borrarán nunca más.

El primer caso que la marcó, por el ensañamiento con las víctimas, fue el del triple crimen de la familia Soria. También actuó en el litigio por la millonaria herencia del estanciero José Reggiardo. Y fue fiscal en la causa por la muerte de la cantante Gilda.

Con su relato sobre el caso Yabrán podría escribirse como mínimo otra nota. Por entonces, era secretaria del Juzgado de Instrucción de Gualeguaychú. “Le tomamos declaración a todos porque todo era dudas: ¿Era Yabrán? ¿Se había matado o lo habían matado? Ordené el secuestro de todas las armas, a todos les hice el derminotrotest. Un comisario se me acercó sin disimular su enojo: ‘¿Por qué hace esto?’, me dijo. ‘Simple’, respondí. ‘Porque además de verificar la identidad de este masculino tenemos que saber si se mató o lo mataron, y los que estaban en el lugar al momento de la muerte, eran ustedes.’ Le dije que después me lo iba a agradecer”.

Todos dieron negativo, también los caseros, y sí, el comisario se lo terminó agradeciendo. Esa noche, para preservar las pruebas, tuvo que frenar a la Gendarmería, a la Prefectura, y hasta a los enviados del Presidente.

Habían pasado muchos años desde que esas mujeres cabizbajas, pasando por la puerta de su casa, la movilizaran. Sin embargo, la trata todavía ni siquiera estaba tipificada en la Argentina y ella tuvo que intervenir en el caso VML. “Era una chica de 15 años que había sido captada por una familia y era explotada sexualmente. La madre la tenía encerrada en la casa y el hijo mayor la violaba, la golpeaba, la quemaba con vidrios calientes y le hacía cosas tan horribles que duele contarlas. Entendí que estaba frente a un hecho de connotaciones mayores a los delitos de competencia ordinaria conocidos”.

Por entonces, se requería de mucha valentía. Las mafias y sus complices operaban sin límites. En la Argentina, la Ley de Prevención y Sanción de la Trata de Personas se sancionó recién en 2008. Pivas reconoce que muchas, muchísimas veces, ha sido y sigue siendo discriminada en el ámbito de la Justicia. “Lo vi y viví cuando se producía una vacante de cargo, que generalmente era ocupado por hombres. La Justicia no escapa a la sociedad en la que vivimos, que es machista. Yo veo que en el Poder Judicial de Entre Ríos está cambiando, no casualmente, de la mano de mujeres”.

Por eso, en 2014 festejó cuando la provincia de Entre Ríos creó el Centro Judicial de Género.

Fue la primera mujer en la Cámara del Crimen de Gualeguay. “Alguien me dijo una vez que a mí no me ofrecían un cargo porque ‘molestaba a los muchachos’. Molestaba porque quería cerrar los prostíbulos de la provincia”.

Más allá de esos dichos, sumando el coraje de muchos que se arriesgaron como Pivas, hoy en Entre Ríos ya no existen prostíbulos habilitados por el Estado. “Creo que ese funcionario puso en palabras una realidad: mi lucha jugaba en contra de mi carrera judicial, ¡pero pucha que valió la pena!”.

pivas

Nombre: María Angélica Ely Pivas
Edad: 57 años
Profesión: Jueza
Sector en el que trabaja: Justicia
Lugar de Nacimiento: Entre Ríos
Lugar en el que desarrolla su actividad: Entre Ríos

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Lo que a mí me inspira es la justicia y la intolerancia a la injusticia. Los vulnerables, las personas en situación de vulnerabilidad. La indiferencia de los que tienen poder y podrían operar un cambio.

2. ¿Qué te hace feliz?
El recuerdo más feliz que tengo es el nacimiento de mi hija. Soy demasiado casera: mi esposo, que es mi compañero de ruta, también me hace feliz. En mi vida, el mejor refugio es mi familia.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Normalmente no tengo problemas para dormir. Cuando no puedo dormir, casi seguro tiene que ver con que tengo alguna cosa pendiente en el trabajo. Entonces, lo que hago es prevenir y me pongo a trabajar toda la noche.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
Se me ocurren varias situaciones, y todas son disímiles. Me gustaría que no hubiera pobreza y todas las consecuencias que conlleva; que se terminaran las guerras; que se cuidara el medio ambiente; que hubiera equidad de género. También creo que si nosotros creamos estas situaciones, de nosotros debe partir la solución, haciéndonos cargo de todo el mal que hacemos. El diálogo es fundamental, acompañado de educación. Comenzando por casa, la ciudad donde vivimos, la provincia, el país y luego un gran diálogo internacional.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Yo cuando era chica ya quería ser abogada. La injusticia que vivió mi padre motorizó mi vocación. En mi familia la pasamos mal, muy mal. Yo sentía que en ese momento no podía hacer nada más que cuidar a mi hermanito que era muy chico, pero cuando fuera grande iba a ser abogada, para que la gente no pasara por esas tristezas y fuera feliz. Indudablemente asociaba la Justicia con la felicidad, con la alegría, el bienestar de vivir en paz, en familia.

Actualidad | 23 de abril de 2019

El capitalismo de las apps y la irrupción del precariado

En el tercer trimestre de 2018, sólo el 44 % de la población económica activa mayor de 18 años tenía un empleo pleno de derechos en la Argentina, uno de cada cuatro contaba con un trabajo regular pero precario (con niveles de ingresos superiores a los de subsistencia, pero sin afiliación alguna al Sistema de Seguridad Social), y el 18,6% estaba en una situación de subempleo inestable (realizando changas, trabajos temporarios o no remunerados, o siendo beneficiarios de programas de empleo con contraprestación). El 9,9% estaba desempleado.

Las cifras provienen de un informe que publicó esta semana el Observatorio Social de la UCA y que revela que entre 2010 y 2018 los empleos precarios e inestables casi duplicaron su peso en el mercado laboral y son la principal razón de que el desempleo no se haya disparado.

Los economistas y expertos laborales explican que en parte esto se debe a la decadencia sistemática y estructural de la economía argentina, pero advierten que un factor no menor es el gran avance tecnológico y las nuevas relaciones de trabajo generadas por la revolución digital que ha hecho posible la irrupción de empresas como Uber, Rappi y Glovo. La tecnología ha cambiado el modelo de relación laboral tradicional, estable y que venía acompañada de todos los derechos sociales.

Mi colega, Lucía Wei He, publicó un reportaje el año pasado en el que hizo hincapié en que el crecimiento exponencial de estas empresas en los últimos años ha hecho surgir una problemática común para este tipo de apps alrededor del mundo: ¿cuál es la verdadera relación laboral con sus trabajadores? ¿Son cuentapropistas? ¿Empleados?

Uber, Rappi o Glovo afirman que los repartidores no son empleados sino trabajadores independientes o “microempresarios” que trabajan sin jefe ni horario fijo. Al ser considerados trabajadores independientes, la empresa no se responsabiliza en el caso de accidentes o robos.

El año pasado Uber generó ingresos por más de 11 mil millones de dólares, empleó a más de 16 mil trabajadores alrededor del mundo y atrajo a 75 millones de usuarios regulares que fueron transportados por 3,9 millones de “socios conductores”. Pero a esos millones de choferes Uber no les tuvo que pagar seguros, aportes jubilatorios ni obra social.

Estos jornaleros digitales son el corazón del precariado y, aunque en muchos casos generan ingresos por encima del nivel de pobreza o suficiente para contribuir a la economía familiar o financiar una vida de estudiante, no tienen prácticamente ningún derecho laboral. En Argentina, en su gran mayoría carecen de cualquier cobertura médica y no realizan ningún aporte para su jubilación, lo cual profundiza aún más el déficit en los sistemas previsionales nacional y de las provincias. Tampoco la seguridad social percibe dinero alguno de los empleadores.

La CGT lo tienen claro. En varios informes que ha hecho circular, advierte que el futuro del trabajo “traerá aparejado la destrucción y creación de empleos, el surgimiento de nuevos sectores, cambios en nivel y tipo de cualificaciones requeridos, y la concentración de la riqueza y las desigualdades”. Y critica que en los debates sobre esta temática, “poco se ha dicho acerca de si este mundo que se nos presenta como de productividad digital, tecnología y robótica nos permitirá construir una sociedad más justa para el presente y para el futuro”.

Maximiliano Arranz, Secretario Adjunto la Asociación Sindical de Motociclistas y Mensajeros (ASiMM), dice que “el futuro del trabajo lo tenemos bastante estudiado desde 2016. Y nuestra postura es que la tecnología tiene que estar al servicio del trabajo, al servicio de la gente, y no viceversa. No estamos para negociar nuestros derechos. Estamos para defenderlos”, dice .

Para Arranza la llamada economía colaborativa es un eufemismo para no llamarla “economía de la miseria”. Sobre empresas como Rappi o Uber, advierte que “en la Argentina no se le va hacer fácil. Sin la ola migratoria este tipo de empresas no existen”. Arranza insiste en que el Gobierno tiene que asegurar que respeten la legislación laboral argentina.

ASiMM cuenta con más de 4.500 afiliados en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, de los cuales dos mil ciento cincuenta pertenecen a empresas tecnológicas (app/plataformas).

Uber admite que la recesión en Argentina ha sido un factor favorable para su desarrollo local, ya que el aumento del desempleo ha generado una mayor oferta de conductores. Y da como ejemplo que el 20% de sus conductores en Buenos Aires estaban desempleados inmediatamente antes de unirse a Uber.

Enrique Stile, abogado del estudio Marval, O’Farrell & Mairal, dice que el aspecto laboral en estas plataformas digitales es un problema en todo el mundo. Y explica que “la economía colaborativa está directamente atada con la evolución tecnológica y con la demanda de la gente, es algo que no se puede evitar. Pero es necesaria su reglamentación (…) y el problema es que la ley siempre está un paso atrás de los avances tecnológicos”.

Un estudio del Centro de Estudios Laborales y Sociales sobre la tecnología y el trabajo dice que en las últimas décadas se ha producido un proceso de polarización de las ocupaciones en Argentina. El empleo ha crecido en las áreas más cualificadas (los técnicos y profesionales) y ha aumentado la demanda por el personal de los servicios. Pero se ha producido una disminución clara del empleo en “las ocupaciones de cualificación intermedia, en particular, los oficinistas, los artesanos y trabajadores cualificados de las manufacturas y los operadores de maquinarias”.

Una problemática mundial

La emergencia del trabajador precario fue uno de los temas que dominó la agenda de la reunión del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) este año en Davos, Suiza. Se estima que, de aquí a 2022, desaparecerán 75 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, aunque se crearán 133 millones, lo que obliga a los trabajadores a reinventarse.

Una de las conclusiones de Davos fue que hay que lograr que la globalización funcione para todos, no solo para unos pocos. Los votantes están cada vez menos dispuestos a aceptar los excesos y en juego está la gobernabilidad.

“La creciente brecha entre quienes forman parte del precariado y los privilegiados se está reforzando con los modelos de negocios de la Cuarta Revolución Industrial, que a menudo hacen que las ganancias sean para quienes son dueños del capital o de la propiedad intelectual. Cerrar esa brecha requiere que reconozcamos que estamos viviendo en un nuevo tipo de economía impulsada por la innovación, y que se necesitan nuevas normas, estándares, políticas y convenios globales para salvaguardar la confianza del público. La nueva economía ya ha perturbado y recombinado innumerables industrias, y ha desplazado a millones de trabajadores”, dijo Klaus Schwab, el inventor de foro de Davos.

Hace unos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organizó un evento en Buenos Aires como parte de la celebración del centenario de su creación, en la que se discutió el futuro del trabajo. Un informe que publicó en febrero advirtió que “los gobiernos deben estar alertas ante los cambios, porque los riesgos que en muchos casos conllevan (como una ampliación de la brecha entre ricos y pobres) pueden –y deben– ser atajados con políticas adecuadas”.

Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo y representante del Gobierno en la OIT, en ese mismo encuentro señaló que la economía argentina no ha podido generar procesos de inversión sostenibles para que haya empleos de calidad”. Y apuntó también a los sindicatos: “a veces no terminan de entender la naturaleza de los cambios y entonces son, de alguna manera, partícipes de las deformaciones del mercado laboral”.

Opinión | 23 de abril de 2019

¿Quién debería decidir cómo deciden los algoritmos?

Al contrario de las historias de ciencia ficción en las que las máquinas se vuelven conscientes y se hacen cargo, las aplicaciones de inteligencia artificial solo harán lo que los humanos les dicen que hagan. Por lo tanto, es de interés para todos considerar cómo las tecnologías como los autos que conducen por sí mismos manejarán dilemas éticos de vida o muerte en el mundo real.

En los últimos años, el estudio “Máquina moral” del MIT ha relevado las preferencias públicas respecto de cómo deberían comportarse las aplicaciones de inteligencia artificial en diferentes entornos. Una conclusión a partir de los datos es que cuando un vehículo autónomo (VA) se topa con un escenario de vida o muerte, la manera en que uno piense que debería responder depende en gran medida del lugar de dónde uno proviene y lo que sabe sobre los peatones o los pasajeros involucrados.

Por ejemplo, en una versión VA del clásico “dilema del tranvía”, algunos podrían preferir que el coche atropellase a un asesino convicto y no que lastimase a otros, o que atropellara a un ciudadano mayor antes que a un niño. Sin embargo, otros podrían decir que el VA simplemente debería tirar los dados para evitar una discriminación impulsada por los datos.

Por lo general, estas disyuntivas están reservadas para los tribunales o para las investigaciones policiales después del hecho. Pero en el caso de los VA, las decisiones se tomarán en cuestión de milisegundos, y esto no alcanza para llegar a una decisión informada. Lo que importa no es lo que sabemos nosotros, sino lo que sabe el coche. La pregunta, entonces, es qué información deberían tener los VA sobre la gente que los rodea. ¿Y se debería permitir que las empresas ofrecieran sistemas éticos diferentes en busca de una ventaja competitiva?

Consideremos el siguiente escenario: un coche de China tiene estándares de fabricación diferentes a los de un coche de Estados Unidos, pero es transportado a Estados Unidos y usado allí. Este coche hecho por chinos y un coche fabricado en Estados Unidos van camino a una colisión inevitable. Si el conductor del coche chino tiene preferencias éticas diferentes que el conductor del coche estadounidense, ¿qué sistema debería prevalecer?

Más allá de las diferencias culturales en las preferencias éticas, también debemos considerar las diferencias en las regulaciones de datos en los diversos países. Un coche fabricado por chinos, por ejemplo, podría tener acceso a datos de condición social, lo que le permite a su algoritmo de toma de decisiones incorporar información adicional con la que no cuentan los fabricantes de autos norteamericanos. Datos más ricos podrían conducir a mejores decisiones y más consistentes, ¿pero esa ventaja debería permitir que un sistema se imponga a otro?

Claramente, antes de que los vehículos autónomos copen las rutas en masa, tendremos que establecer dónde recae la responsabilidad por la toma de decisiones algorítmica, ya sea en las autoridades municipales, los gobiernos nacionales o las instituciones multilaterales. Es más, necesitaremos nuevos marcos para gobernar esta intersección de los negocios y el estado. Lo que está en juego no es sólo lo que los VA hagan en escenarios extremos, sino cómo las empresas van a interactuar con diferentes culturas en el desarrollo e implementación de algoritmos de toma de decisiones.

Es fácil imaginar que todos los fabricantes de VA no harán más que publicitar sistemas éticos que premien la vida del conductor por sobre las otras cosas, o que permitan al usuario modificar sus propios marcos éticos. Para impedir esta “tragedia de los comunes”, tendrán que existir marcos para establecer comunicación y coordinar decisiones entre los VA. Pero al desarrollar este tipo de sistemas en los diferentes contextos culturales, los responsables de las políticas y los empresarios se enfrentarán a nociones culturales muy diferentes respecto de la soberanía, la privacidad y la autonomía individual.

Esto plantea desafíos adicionales, porque los sistemas de IA no toleran la ambigüedad. Diseñar una aplicación de IA desde cero exige una especificidad profunda; para bien o para mal, estos sistemas sólo hacen lo que uno les dice que hagan. Eso significa que las empresas, los gobiernos y otros proveedores tendrán que hacer elecciones explícitas cuando codifican los protocolos de respuesta para diferentes situaciones.

Sin embargo, antes de que eso suceda, los responsables de las políticas tendrán que establecer el alcance de la responsabilidad algorítmica, para determinar qué decisiones, si las hay, deberían quedar en manos de las empresas o los individuos. Las que caigan dentro de la esfera del estado tendrán que ser debatidas. Y dado que estas cuestiones éticas y morales no tienen respuestas fáciles, es poco probable que surja un consenso. A no ser que haya una resolución definitiva, necesitaremos crear sistemas que por lo menos faciliten la comunicación entre los VA y arbitren disputas algorítmicas e incidentes automovilísticos.

Dada la necesidad de especificidad al diseñar los algoritmos de toma de decisiones, es razonable que se necesite un organismo internacional para fijar los estándares de acuerdo con qué dilemas morales y éticos se resuelvan. Los VA, después de todo, son apenas una aplicación de la toma de decisiones algorítmica. De cara al futuro, los estándares de responsabilidad algorítmica tendrán que ser gestionados en muchos dominios.

En definitiva, la primera pregunta que debemos decidir es si las empresas tienen derecho o no a diseñar marcos éticos alternativos para la toma de decisiones algorítmica. Podríamos decir que no.

En una era de IA, algunos componentes de las cadenas de valor globales terminarán siendo automatizados como algo natural, momento en el cual ya no serán considerados zonas en las que las empresas busquen una ventaja competitiva. El proceso para determinar y juzgar una responsabilidad algorítmica debería ser una de esas áreas. De una u otra manera, se tomarán decisiones. Es mejor que esto suceda de manera uniforme, y del modo más democrático posible.

Mark Esposito es profesor de Negocios y Economía en la Universidad de Harvard, Terence Tse es cofundador de Nexus FrontierTech, Joshua Entsminger es miembro de la Ecole des Ponts Center for Policy and Competitiveness y Aurélie Jean es científica informática y colaboradora externa del Ministerio de Educación de Francia.

© Project Syndicate 1995–2019.

Harvard Business Review | 23 de abril de 2019

La psicología detrás del comportamiento poco ético

En una cálida tarde después de una reunión de estrategia fuera de la oficina, un equipo de ejecutivos llega a un conocido restaurante local. El CEO no está contento con la mesa y pide que los cambien. Un joven mozo rápidamente encuentra al gerente, quien les explica que no hay otras mesas disponibles.

El grupo trata de cambiar de tema, pero nuevamente es interrumpido por el CEO. “¿Soy el único al que le incomoda la vista? ¿Están haciendo obras hoy?” exige saber. El mesero intenta una explicación. “Nos estás a la altura” replica el CEO. Después de que el mozo se aleja, alguien hace un chiste sobre la inteligencia del hombre. Esto parece agradarle al CEO, que responde con su propia ocurrencia despectiva. El grupo se ríe.

Si usted estuviera presente en esa comida, ¿le diría al CEO que no aprueba su lenguaje y comportamiento? ¿Trataría usted de poner un mejor ejemplo, o se quedaría en silencio?

Esta escena encapsula tres dinámicas psicológicas que llevan a cruzar líneas éticas, las mismas dinámicas que entran en juego cuando se cruzan líneas mucho mayores en la arena corporativa. 

¿Cómo saber cuando usted, o su equipo, están en camino a una falla ética? He aquí consejos para identificar y combatir cada dinámica:

  • Omnipotencia: Cuando alguien se siente tan merecedor que considera que las reglas del comportamiento decente no le aplican a él. Una forma de evaluar si ha alcanzado un “pico de omnipotencia” es si sus decisiones solo reciben aplausos, deferencia o silencio. El contrapeso psicológico a la omnipotencia es asumir sus defectos. Especialmente si está en una posición de liderazgo, asuma que tiene debilidades y piense regularmente sobre ellas. Cultive un grupo de pares que le digan la verdad incluso cuando esta sea desagradable.
  • Adormecimiento cultural: Cuando gradualmente comienza a aceptar y encarnar normas desviadas. Psicológicamente, usted está haciendo un intercambio entre adaptarse a la cultura y mantenerse sincero con lo que valora. Comience a buscar señales de captura moral: breves momentos en los que no se reconoce. Pregúntese si se sentiría cómodo diciéndole lo que está pasando a un periodista o a un juez. También puede ser útil obtener una perspectiva externa. Recurra a un amigo o familiar que pueda detectar cambios que usted no perciba en sí mismo.
  • Negligencia justificada: Cuando comienza a racionalizar acciones y se dice a usted y a otros, “esta es una situación excepcional.” Combátala obligándose a sí mismo y a sus colegas a actuar correctamente, recompensando el comportamiento ético y definiendo sus límites. Esto podría ser tan simple como hacer una lista de cosas que no hará por ganancia o placer, leyéndola con regularidad y mostrándosela ocasionalmente a su equipo como recordatorio.

Incluso aunque la mayoría de las empresas tienen algunos contrapesos culturales, los líderes también deben ser conscientes de las condiciones psicológicas que empujan a las personas — incluyendo ellos mismos — a cruzar líneas éticas. Entre más preparado esté para manejarlas, será más probable que mantenga intacta su integridad.

Merete Wedell-Wedellsborg es una consejera ejecutiva.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 23 de abril de 2019

Ilustración: Tyler Varsell / The New York Times

Una cosa que podés hacer para luchar contra el cambio climático

David Reay, un científico del clima de la Universidad de Edimburgo en Escocia, es un experto en la gestión del carbono. También le gusta el pan recién hecho. Entonces, cuando su máquina de pan se rompió, inmediatamente fue online para buscar una nueva. Encontró que una máquina similar costaría el equivalente a unos $80 dólares. También aprendió que podría reemplazar la parte rota por aproximadamente $8.

Con la ayuda de un video que mostraba cómo cambiar la parte rota, el trabajo tomó solo unos 15 minutos. “Fue realmente satisfactorio”, dijo, y agregó que las reparaciones de bajo costo también ayudan al clima. “Se evita la huella de carbono de comprar un nuevo reemplazo”.

El Dr. Reay, quien ha escrito extensamente sobre cómo conducir una vida sostenible, dijo que, con el aumento de las compras en línea y el envío más rápido, se ha vuelto extremadamente fácil para las personas reemplazar, en lugar de arreglar, las cosas que se rompen.

“Es tan tentador”, dijo, al señalar un informe de ENDS Europe, un servicio de noticias ambientales, que encontró que la tasa de reemplazo de los grandes electrodomésticos en Alemania casi se duplicó entre 2004 y 2013. El Dr. Reay dijo que la gente en general “ni siquiera piensa en las consecuencias” de tirar aparatos que se pueden reparar.

Otro informe, de la consultora Deloitte en 2016, reveló que las emisiones del sector de equipos eléctricos y electrónicos de Europa “podrían dividirse en dos si se hicieran esfuerzos mínimos” para aumentar la reutilización. Eso equivaldría a decenas de millones de toneladas menos de emisiones de gases de efecto invernadero por año.

El Dr. Reay dijo que la caída sería aún mayor si se incluyeran otros productos, como la ropa. “La industria de la moda tiene un impacto ambiental significativo”, dijo, “y tiende a ser bastante desechable”.

El Dr. Reay encontró su video instructivo en YouTube. Otro recurso de reparación en línea es IFixit, que ofrece guías prácticas y reparaciones de foros de discusión. En Europa, las “fiestas” y los “cafés” de reparaciones también están empezando a surgir.

También hay un movimiento para apoyar las leyes de “derecho a reparar” que requerirían que las compañías hagan que sus productos sean más fáciles de arreglar. Casi dos docenas de estados en Estados Unidos están considerando tal legislación.

“Es una situación win-win”, dijo el Dr. Reay. “Usted ahorra dinero y realmente reduce el impacto ambiental”.

© 2019 The New York Times

Salud | 22 de abril de 2019

Foto: Cris Bouroncle / AFP | Ilustración: Pablo Domrose

Tiene cura y tratamiento gratuito, pero crecen los contagios y ya hay más de 11 mil enfermos de tuberculosis

A pesar de los tratamientos que permiten su cura y de que la terapia es gratuita, la Argentina no sólo no logra erradicar la tuberculosis sino que registró un leve aumento en la cantidad de casos. ¿Los motivos? El número de contagios crece cuando aumenta la pobreza, los enfermos no siempre completan los seis meses de régimen que demanda su cura y muchos profesionales no notifican los casos. En el país, la tuberculosis (TBC) es un problema sanitario importante que afecta sobre todo a la población vulnerable, joven y activa. En 2017 se notificaron 11.659 casos y 706 muertes.

¿Qué es la tuberculosis? Es una enfermedad causada por una bacteria, Mycobacterium tuberculosis, que casi siempre afecta a los pulmones.

Es curable y prevenible, sin embargo la tasa de enfermos cada 100 mil habitantes aumentó un 2,6% entre 2015 y 2017.

¿Cuál es el alcance e impacto de la enfermedad en el país?

  • Hay 11.659 personas con tuberculosis, según el último dato oficial, de 2017. El Gran Buenos Aires, Salta y Jujuy son las jurisdicciones con mayor tasa de enfermos.
  • En 2017 murieron 706 personas como consecuencia de la enfermedad.
  • Mata especialmente a personas jóvenes, económicamente activas o que lo serán en pocos años.
  • Según el Boletín de Tuberculosis publicado a fines de marzo de 2019 por la Dirección de Sida, ETS, Hepatitis, TBC y Lepra de la Secretaría de Salud de Nación, los menores de 20 años representaron el 17,9% (2.083) del total de los casos registrados en 2017.
  • Mientras están enfermos, los jóvenes no pueden trabajar y tampoco conseguir trabajo mientras dura el tratamiento.

¿Por qué podría erradicarse?

  • La enfermedad no debería tener impacto porque “los tratamientos efectivos y curativos son gratuitos”, subraya Claudia Rodríguez, a cargo de la Dirección que realizó el Boletín.
  • Por eso “es responsabilidad del Estado estar alerta para buscar y detectar a los enfermos y a quienes tienen latente la enfermedad para ofrecerles el tratamiento efectivo para su erradicación”.

Podés informarte por teléfono sobre la enfermedad y su tratamiento:

LLAMÁ ACÁ

¿Por qué hay años con “picos” epidemiológicos?

Claudia Rodríguez listó elementos que debemos tener en cuenta para responder esta pregunta:

  • En los períodos de crisis socio económicas, el aumento de la pobreza, el hacinamiento y la falta de controles de salud favorecen la aparición de más casos de tuberculosis porque generan ambientes más propensos a la transmisión.
  • El grupo más vulnerable es el más pobre y con menos acceso al sistema de salud.
  • Muchos profesionales no toman conciencia de la importancia que tiene notificar los casos de tuberculosis y entonces no lo hacen. De hecho, la Dirección de Epidemiología trabaja en sensibilizarlos para que lo notifiquen.
  • Otro aspecto importante es que los equipos de salud sepan detectar posibles enfermos e infectados. Hay deficiencia en eso también, por eso desde la Secretaría están capacitando en ese sentido.

Los dos primeros aspectos marcados por Rodríguez se vuelven más que relevantes cuando observamos que según el último informe del INDEC, de fines de marzo pasado, la crisis económica sumió al 32% de los argentinos en la pobreza. Es decir, a 12.950.000 personas. La suba de más de 6 puntos porcentuales respecto a un año atrás, es la más alta desde la crisis de 2001 y significa casi 2,7 millones de nuevos pobres.

Este gráfico permite ver cómo aumentan los casos durante los años de crisis, como por ejemplo los posteriores a la crisis del 2001:

¿Quiénes son los que más riesgo de contagio tienen? Los familiares, los amigos con los que estudia o los compañeros de trabajo de una persona tuberculosa. De hecho, cada vez que se diagnostica un caso, se estudia a la familia y a las personas con las que pasa largos períodos.

Las personas infectadas con el bacilo tienen un 10% de posibilidades de enfermar de tuberculosis. Sin embargo, este riesgo es mucho mayor para las personas cuyo sistema inmunitario está dañado, como ocurre en casos de infección por el VIH, malnutrición o diabetes, o en quienes consumen tabaco.

¿Cómo se transmite y cuáles son los síntomas?

¿Cómo se trata? Con medicación antituberculosa. El tratamiento es gratuito y está disponible en todos los hospitales y centros de salud. Solamente requiere que se tomen los medicamentos en tiempo y forma durante seis meses.

Los dos primeros meses el enfermo toma 4 drogas diferentes con el objetivo de disminuir la cantidad de bacilos y así prevenir la transmisión, la severidad de la enfermedad y la muerte.

En los cuatro meses siguientes, ingiere dos drogas durante cuatro meses para erradicar el bacilo del organismo y así evitar la recaída de la enfermedad.

Durante el tratamiento las personas pueden padecer dolores y hasta dificultades para caminar. De allí que debe ingerir también un complemento vitamínico B.

Ahora, si la persona está infectada pero no enferma, sólo necesita un tratamiento simple de una pastilla durante seis meses, que no tiene efectos secundarios importantes.

¿Por qué los enfermos no completan los tratamientos? Para que el tratamiento sea efectivo debe hacerse en tiempo y forma, exige que se respeten horarios, dosis, ingestas de comida y visitas a los profesionales que hacen el seguimiento. Esto hace que para muchas personas que no tienen garantizadas las comidas del día, estos requerimientos sean difíciles de cumplir.

Abandonar el tratamiento o no empezarlo puede ser letal. Si no reciben el tratamiento adecuado, hasta dos terceras partes de los enfermos tuberculosos mueren.

¿Qué se les sugiere hacer a los profesionales antes esta situación? “Lo que ha demostrado ser más efectivo es el tratamiento que se realice cerca de la casa del enfermo, que le permite ser observado por una persona de una sala o centro de salud cercano, concurriendo cada 15 días”, detalla Rodríguez.

También desde la Dirección les recomiendan a los profesionales que den la medicación fragmentada para que el enfermo vuelva y lo puedan controlar. Y si no vuelve, puedan visitarlo o llamarlo y verificar qué pasó: si se mudó, tomó mal el medicamento, si lo interrumpió o no tiene medicación suficiente, entre otras cosas.

El trabajo de los profesionales también es importante en la prevención, en saber cómo investigar y detectar a las personas contagiadas dentro de los contactos íntimos del paciente, que no son parte de la  familia.

Hasta 15 contagios. A lo largo de un año, un enfermo tuberculoso puede infectar de 10 a 15 personas por contacto estrecho.

Una recomendación para todos. Toser sobre su brazo siempre disminuye la transmisión en enfermedades respiratorias como la gripe y la tuberculosis.

Sie7e Párrafos | 22 de abril de 2019

El final del silencio, comentado por Mariana Dimópulos

El final del silencio
Marina Franco
Fondo de Cultura Económica

Uno (mi comentario)

¿Cuál es la distancia entre el recuerdo y la Historia? Marina Franco consagra su último libro a aplicar esta pregunta, habitual en la historiografía del siglo XX, sobre un objeto de estudio al que ha dedicado buena parte de sus investigaciones: el pasado argentino reciente. Así como Un enemigo para la nación (FCE, 2012) se planteaba describir los inicios de la represión anteriores al año 1976, El final del silencio también se estructura alrededor de una pregunta por los orígenes, esta vez sobre el surgimiento de los reclamos por las violaciones de derechos humanos ocurridas durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional (PRN). El resultado de su investigación muestra que esa distancia entre recuerdo e Historia es grande, al menos en este caso, y que los colectivos nacionales (el nosotros de los argentinos, aquí) son especialmente proclives a las proyecciones anacrónicas. Pero no solo los colectivos; también buena parte de la historiografía parece haberse quedado con el cuadro que asocia el final de la Guerra de Malvinas con un impulso social generalizado y unánime por denunciar y condenar la represión.

Gracias a la lectura de diarios de época y de entrevistas, además de la inclusión de notables documentos militares, el libro demuestra que ese cuadro tiene muchos más matices de los que tendemos a creer. Ese impulso dependió, en buena parte, de la arrasadora crisis económica que trajo el fin de la dictadura. Las huellas están en varios niveles, desde los hechos “noticiables” hasta los usos del lenguaje (pasar de la “petición por el paradero de personas” a “los desaparecidos”) y en las construcciones discursivas más complejas, como la teoría de los dos demonios (Alfonsín declaraba en campaña: “se combatió al demonio con las armas del demonio”). Las ambigüedades partidarias fueron muchas (piénsese en la implicación de un ala del peronismo con los militares, que data al menos de 1975). Todos los sectores y los actores sociales y políticos principales quedaron involucrados: los partidos, la Iglesia, los medios de comunicación y el sistema judicial. Los únicos que no mostraron ambigüedad alguna, por supuesto, fueron los promotores por excelencia de las denuncias: los organismos de derechos humanos.

La vocación final del libro, podemos decir, recuerda una pregunta que el jurista y escritor alemán Bernhard Schlink planteó con su idea de una “culpa del pasado”. Esa culpa es colectiva. Franco muestra perfectamente que vale mucho más la pena cuestionarnos sobre el pasado reciente en este sentido, y no tanto en el de los supuestos usos al que puede haber sido sometido.

Dos (la selección)

El segundo trayecto engarza justamente con el anterior que tiene que ver con una pregunta que me acompaña hace muchos años: como una sociedad experimentada, construye y procesa su relación con la violencia extrema del Estado. Indagaciones previas a este trabajo me habían llevado a la constatación de que en los primeros años setenta, desde mucho antes del golpe de Estado de 1976, las figuras de la subversión, entendidas como las amenazas extremas del orden, habían estado profundamente arraigadas política, pública y socialmente, y que había existido un consenso fuerte en torno a la campaña represiva emprendida de manera abierta por las Fuerzas Armadas a partir de 1975. Más aún, que ello había estado ampliamente respaldado por los actores del sistema político: gobierno constitucional peronista, dirigentes de la oposición, diputados, senadores, sindicalistas, miembros de la jerarquía eclesiástica, cámaras empresariales y profesionales, entre tantos otros. Sin embargo, ocho años después, en 1983, las imágenes más potentes eran las de “las Madres” en Plaza de Mayo y la sociedad en la calle acompañando sus reclamos y exigiendo democracia. Si había sido así, la pregunta imperiosa era cuándo y cómo se había producido ese cambio. ¿Cuándo los derechos humanos y el reclamo por los desaparecidos y la represión comenzaron a ser tales en el discurso público dominante? Hay cierto consenso difuso en que eso ocurrió alrededor de lo que llamamos “la transición”, esto es, vagamente, entre la guerra de Malvinas y los inicios del gobierno de Alfonsín. Pero si fue así, ¿cómo sucedió? ¿Cómo fue que amplios sectores sociales pasaron de sentirse amenazados por aquel enemigo vasto y exigir que el Estado se abatiera sobre él con todo su peso a condenar esa misma represión? Nos gusta pensar que el Nunca más, publicado en 1984, y el Juicio a las ex Juntas en 1985 condensan y simbolizan parte de ese amplio cambio social. En ese sentido, en otro trayecto de investigación yo había explorado los primeros meses del gobierno de Alfonsín y, en efecto, en 1984 ese cambio todavía aparecía como complejo y difuso. ¿Pero qué había pasado en el tramo final de la dictadura para llegar al Nunca más y a los juicios de 1985?

Tres

Para concluir, resta decir que el objetivo último de este libro es llamar la atención sobre ciertas memorias sociales -entendidas en toda su amplitud, desde las narraciones escolares y para todo público hasta las miradas académicas- que muchas veces sin quererlo han construído un relato tranquilizador sobre el encuentro de los argentinos con los crímenes atroces del Estado y con la demanda de justicia en la última etapa del régimen. Revisar sin complacencia supone desnaturalizar prejuicios, miedos y construcciones sociales, porque en ellos reside buena parte de las condiciones de posibilidad de la violencia del Estado. Desde luego, los asesinos son los asesinos, pero esto no nos libera ni nos exime como sociedad de preguntarnos por nosotros mismos.

Cuatro

Hugo Quiroga ha señalado que gobierno y partidos estaban unidos por una base de acuerdo implícita sobre la incuestionable legitimidad del régimen militar y sobre la reivindicación de la acción contra la subversión. Por los tanto, en ese contexto -observa Quiroga- hubiera sido imposible que emergiera una real denuncia de las violaciones a los derechos humanos. En efecto, la historia que se reconstruye en este libro indica que solo cuando se fue quebrando la primera condición -la legitimidad del régimen- pudo emerger una crítica a la situación represiva. Pero antes de ello, lo analizado en este capítulo muestra que el proceso de deslegitimación del régimen estaba claramente en marcha para 1979 y 1980 y que la crítica a la represión, o lo que luego serían “las violaciones a los derechos humanos”, todavía no ocupaba un lugar significativo evidente en ese proceso. Por el contrario, esa dimensión represiva parecía seguir funcionando como baluarte último de la legitimidad restante. En contraste, como veremos más adelante, hacia el final de la dictadura la represión terminaría por transformarse en parte clave de esa deslegitimación. Pero incluso así, esa crítica se concentraría en la objeción de las “secuelas”, los “métodos” y los “excesos”. En todo caso, cuando el cuestionamiento a la represión emergió con toda su fuerza, concreto y tardío, ya quebraba poco del PRN y casi nada de su legitimidad inicial.

Cinco

Existe un consenso generalizado sobre que la guerra de Malvinas dio pie al comienzo de la transición por su impacto en el derrumbe del poder militar y representó una verdadera “mutación” en relación con los derechos humanos. Como señala Paula Canelo, esa guerra fue el tiro de gracia porque a partir de entonces la prioridad del régimen pasó a ser la mera preservación corporativa en torno a su premisa básica: la no revisión de la lucha antisubversiva. El proceso analizado muestra efectivamente esa situación desde el lado militar; pero también evidencia que “el problema de los desaparecidos” estaba instalado en la escena pública -con el alcance limitado que hemos visto y con esa formulación reductiva- antes de la guerra y que se mantuvo así bastante tiempo después. De hecho, luego del conflicto bélico, las fuerzas políticas se mantuvieron durante largo tiempo disponibles para alguna forma de negociación o de cierre que podía ser incluso alguna variable de “olvido”. La guerra no parece entonces haber sido un parteaguas en ese aspecto, pero sí en el progresivo endurecimiento social, civil y político frente a las Fuerzas Armadas, que no se centró en los derechos humanos (al menos hasta mediados de 1983), sino en la crítica y objeción global al régimen, de la cual los “desaparecidos” eran un aspecto. Como vimos, las consignas espontáneas de las protestas sociales hacían alusión a un rechazo frontal a los militares, pero no había en ellas un énfasis específico en los derechos humanos y/o los desaparecidos.

Seis

El análisis realizado también muestra el rol central y específico que tuvo el silencio militar, la negativa a dar información y la reafirmación cínica de sus baluartes ideológicos en el proceso de agotamiento de otras vías -fueran las del reclamo o la negociación- para el consiguiente fortalecimiento del camino que llevó a la revisión posterior de los crímenes. Los integrantes de la corporación militar, salvo escasísimas excepciones, nunca estuvieron dispuestos a hablar o brindar información, y la convicción de la lucha antisubversiva como una cruzada salvadora los une desde aquellos años de la dictadura hasta el presente. En todo caso, cuando en 1978 o 1982 las organizaciones humanitarias exigían una respuesta preguntando “¿dónde están?”, reclamaban algo que creían decible y explicable. El tipo de crimen resultaba tan inimaginable que la consigna “aparición con vida” tenía un sentido tan político como literal. La verdad demandada por ese entonces eran datos e informaciones sobre sus seres queridos a los que muchos todavía esperaban con vida. Hoy, como señala Valentina Salvi, “la verdad” que siguen demandando esos mismos actores se ha transformado, por sobre todo, en una categoría política que impugna los crímenes, el silencio y la negación sostenidos durante cuarenta años. Por eso mismo, el proceso analizado aquí muestra el carácter no sólo político sino también descontextualizado de las posiciones que, especialmente con intenciones de limitar el proceso de justicia actual, han planteado una dicotomía entre “verdad” y “justicia”, sosteniendo que en Argentina el camino que se inició desde 1985, centrado en la vía judicial, fue en detrimento de la obtención de la información sobre lo sucedido y de las posibilidades de “reconciliación”. En otros términos, que se podría haber elegido otro camino y sacrificado algo de la búsqueda de justicia para obtener más verdad de parte de los victimarios y avanzar hacia un imaginario “reencuentro”. Como deja en evidencia este libro, más allá de la justicia como objetivo ético y reparatorio, el camino se fue fijando en torno a la opción de la judicialización -casi a contramano del deseo inicial de muchos actores políticos civiles- porque se erigió como respuesta a la negativa y al silencio, a la confirmación del asesinato y a la autorreconfirmación de las Fuerzas Armadas sobre la misión que se habían adjudicado.

Siete

EL RECORRIDO histórico presentado en este libro muestra el carácter indeterminado y relativamente abierto del proceso que llevó a la investigación y justicia de los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas en Argentina. Si la mayoría de los actores políticos dominantes estaba dispuesta a “cerrar el pasado” y solo unos pocos sostenían la necesidad de investigar y, eventualmente, buscar alguna forma de justicia, ¿cómo fue que la opción minoritaria terminó prevaleciendo?

El primer dato evidente es el peso de la infatigable acción de las organizaciones de derechos humanos que lograron instalarse en la escena pública, multiplicando luchas y estrategias y aprendiendo a explotar cada uno de los resquicios que dejaba el proceso de derrumbe del régimen. Pero ello no hubiera tenido el peso que adquirió si no hubiera existido, hacia el final del período, esa disposición social y política masiva para repudiar de manera global el poder militar y, en consecuencia, comenzar a escuchar el dolor de quienes se habían volcado a las calles a reclamar por sus seres queridos. Tampoco hubiera tenido ese peso si las Fuerzas Armadas no se hubieran endurecido en sus posiciones una y otra vez, obligando a los partidos a hacerse cargo del tema y ampliando el rechazo social. Y en eso también tuvo un papel importante la voluntad política de Alfonsín, que a pesar de haber obtenido una amplia mayoría de votos por su reinvención de un horizonte de expectativas en torno a la democracia, siempre había estado en franca minoría en relación con su política de derechos humanos, incluso dentro de su propio partido. También es indudable que el grado de apertura e incertidumbre del proceso político de esos años estuvo fuertemente marcado por el tipo de crimen -sin cuerpos, sin datos, sin identidades- que puso a todos los actores en un compás de espera de respuestas y de  “aparición con vida” que el régimen no podía resolver sin incriminarse -tal como en definitiva hizo con el “Documento final de la Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo” (“Documento final”)-. Tal vez el asunto público quedó fijado largo tiempo en “el problema de los desaparecidos”, ocultando tras de sí el carácter global del proyecto político autoritario y la amplitud de la represión y de sus víctimas, porque de todo lo hecho por las Fuerzas Armadas ese era el único aspecto que impedía el “cierre” liso y llano que muchos actores civiles reclamaban. Ello hace evidente una horrorosa paradoja: la preocupación castrense por no dejar huellas a través del método de la desaparición forzada de personas hizo del crimen el más imborrable de nuestra historia colectiva.

Mariana Dimópulos (Buenos Aires, 1973), narradora, ensayista y traductora.

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Opinión | 22 de abril de 2019

El FMI está alimentando una nueva crisis argentina – otra vez

El presidente Mauricio Macri ya ha firmado dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Y los acontecimientos recientes sugieren que la larga y problemática historia del país con el Fondo podría repetirse.

La primera vez que Argentina tuvo que pedir prestado al Fondo Monetario Internacional fue en 1958. En las seis décadas posteriores, el país ha firmado 22 acuerdos con el Fondo. La mayoría descarriló posteriormente o terminó en fracaso.

A pesar de sus credenciales pro-mercado, el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, se ha sumado a este desfile de decepciones. En poco más de tres años, su gobierno ha firmado dos acuerdos con el FMI. Y los acontecimientos recientes sugieren que la problemática historia de Argentina con el Fondo podría estar a punto de repetirse.

El último capítulo comenzó en junio de 2018, cuando el país tenía déficits fiscales y de cuenta corriente que, combinados, equivalían a un 11% combinado del PBI. Los inversores desconfiaron de los bonos argentinos, lo que obligó al gobierno de Macri a acudir al Fondo en busca de ayuda.

Con el fuerte respaldo de los Estados Unidos, a la Argentina pronto se le otorgó un préstamo del FMI de US US$ 50.000 millones para ser usado en los próximos tres años. El gobierno pretendió que esto era solo un programa “precautorio”: Argentina no necesitaba el dinero, lo importante era que los inversores privados supieran que estaba a su disposición.

Sin embargo, solo dos meses después, Macri admitió que Argentina necesitaba incluso más de US$ 50 mil millones, y que los necesitaba de inmediato. En la jerga del FMI, el acuerdo tenía que ser “cargado de frente”.

En este punto, la amistad de Macri con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (se conocían del mundo inmobiliario) dio sus frutos. El Fondo acordó, aunque a regañadientes, recargar el préstamo con $ 7 mil millones adicionales, lo que lo lleva a US$ 57 mil millones. Además, alrededor del 90% del monto total, o US$ 51,2 mil millones, se desembolsarán antes de la próxima elección presidencial de Argentina a fines de 2019.

Este es el préstamo más grande jamás otorgado por el FMI a un país, y la economía en crisis de Argentina depende mucho de ese apoyo financiero. El 15 de abril, el Fondo envió una cuota de US$ 9.6 mil millones. Pero, en lugar de usar este dinero para acumular sus reservas de divisas o recomprar deuda en dólares, el gobierno de Macri lo va a usar para comprar pesos argentinos.

Como era de esperar, la prima de riesgo de Argentina se ha disparado. Los inversores están inquietos, y no solo porque la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner encabeza las encuestas. Saben que, al concentrar prácticamente todo el apoyo financiero del FMI en su actual mandato, Macri también ha concentrado los vencimientos de las obligaciones de reembolso de Argentina con el Fondo.

Como el FMI tiene el estatus de acreedor preferencial, será el primero en la fila de acreedores y, por ende, el primero en cobrar. En otras palabras, si después del 2020 la Argentina no tiene suficientes dólares para pagar a todos sus acreedores, los inversionistas privados podrían verse obligados a reestructurar sus reclamaciones con pérdidas. Ellos lo saben y también saben que tienen una oportunidad limitada para salir de Argentina. Es probable que la usen pronto.

El gobierno argumenta que el Tesoro necesita vender los US$ 9.6 mil millones de dólares en el mercado interno para cubrir los gastos presupuestarios denominados en pesos. Que el gobierno use préstamos en dólares del Fondo para comprar pesos argentinos parece alarmante, pero el FMI aceptó. Sin embargo, el gobierno sólo podrá comprar pesos argentinos en dosis homeopáticas, de hasta US$ 60 millones de dólares por día, a través del banco central y en subastas públicas.

Esto no tiene sentido. En virtud de su acuerdo con el FMI, el gobierno se comprometió que en 2019 no tendrá déficit en su balance presupuestario primario (antes de los pagos de intereses) y también a refinanciar al menos el 70% de todos los vencimientos de capital y de intereses de la deuda pública en pesos. El gobierno está cumpliendo con éxito ambas condiciones. Más aún, está refinanciando más del 100% de los vencimientos de capital e intereses de la deuda pública en pesos, superando la meta de este año.

Por lo tanto, el gobierno no tiene necesidad presupuestaria de utilizar los dólares del FMI para comprar pesos. Más bien, las autoridades, con el respaldo del Fondo, utilizarán el dinero para mantener estable el tipo de cambio hasta las elecciones de este año, aumentando las posibilidades de reelección de Macri.

El FMI no debería apoyar esto, por varias razones. Para empezar, los argumentos falsos para justificar el disparate de endeudarse con el FMI para comprar pesos, pondrá en peligro los esfuerzos (incluso los míos) para normalizar las relaciones entre Argentina y el Fondo. En segundo lugar, los dólares que el gobierno se propone vender para comprar pesos serán muy necesarios para que el próximo gobierno pueda hacer frente a los pagos de deuda e intereses que vencen en 2020.

Además, tener US$ 9,6 mil millones de dólares, en lugar de la cantidad equivalente de pesos depreciados, pondría al próximo gobierno en una posición un poco más cómoda si, como parece inevitable, necesita renegociar el actual acuerdo del FMI con Argentina.

Por otra parte, Macri podría incluso fracasar en su objetivo de asegurar un peso estable hasta las elecciones, dado que una subasta diaria de US$ 60 millones no le dará al gobierno suficientes municiones para evitar picos de volatilidad en el mercado de divisas.

Finalmente, mientras más deuda tenga la Argentina con un acreedor privilegiado como el FMI, más difícil será convencer a los inversionistas privados, “no privilegiados”, de reconducir sus créditos y continuar financiando el país en 2020 y posteriormente.

Lamentablemente, la historia puede estar a punto de repetirse. En octubre de 2001, unos 60 días antes de que incumpliera el pago de sus deudas, Argentina solicitó un préstamo de US$ 8 mil millones del Fondo. La mayor parte de este dinero se usó para comprar pesos a inversionistas institucionales que abandonan el país. El FMI está a punto de volver a cometer el mismo error. No debe esperar un resultado diferente.

Héctor R. Torres, es Senior Fellow del Centro Internacional para la Innovación en la Gobernanza. Fue Director Ejecutivo para Argentina en el Fondo Monetario Internacional y miembro de la Organización Mundial del Comercio.

© Project Syndicate 1995–2019.


Harvard Business Review | 22 de abril de 2019

Ser mentor de un colega podría ayudar a bajar el estrés

Distintas investigaciones demostraron que los empleados jóvenes se benefician de recibir mentoría. También, se puede observar que la orientación por parte de colegas de mayor jerarquía mejora el desempeño y satisfacción laboral de los mentoreados. Sin embargo, sabemos mucho menos respecto a cómo la mentoría podría beneficiar a los mentores.

Nos interesó, particularmente, entender cómo la mentoría podría ayudar a los mentores que trabajan en ocupaciones estresantes. Investigaciones previas han sugerido que la mentoría puede mejorar la salud emocional de los mentoreados cuando se establece una relación cercana y de confianza. Nos preguntábamos si los mentores recibirían los mismos beneficios de salud mental gracias a dicha relación.

Realizamos un estudio longitudinal de un programa formal de mentoría en una fuerza policial inglesa. Los resultados mostraron que los mentores experimentaron menores niveles de ansiedad, y describieron sus trabajos como más significativos, en comparación con los que no dieron mentoría. A partir de nuestras entrevistas aprendimos que la mentoría les brindó a los oficiales, tanto de bajo como de alto nivel, un espacio para discutir y reflexionar sobre sus preocupaciones. Los mentores escucharon los relatos de ansiedad contados por sus mentoreados y entendieron que estos sentimientos — que ellos también compartían — eran comunes. Tanto mentores como mentoreados se sintieron más cómodos al discutirlas y compartir diferentes mecanismos para lidiar con ellas. Los mentores muchas veces consideraron que sus interacciones con colegas más jóvenes son terapéuticas.

Muchos mentores a los que entrevistamos también señalaron que la mentoría incrementó el significado de su trabajo. Hablaron acerca de cómo la dirección de proyectos de largo plazo y las reuniones muchas veces les impedían realizar lo que describieron como “trabajo policial real”. Esto significaba que tenían menos oportunidades de ver el impacto de su trabajo en las vidas de las personas. Sin embargo, podían ser testigos de resultados más directos e inmediatos al ayudar a los policías jóvenes a los que orientaban.

¿Por qué la mentoría tiene este impacto en los mentores? A pesar de las presiones que acompañan a sus roles, los oficiales de policía tienden a no buscar apoyo de otros oficiales, incluyendo colegas de mayor nivel. Esto es para evitar el estigma negativo asociado con los desórdenes de salud mental. Por lo tanto, la mentoría ofrece una forma de que los oficiales construyan confianza dentro de una relación, colocando las bases para una comunicación abierta y honesta sobre temas sensibles.

Creemos que la mentoría tiene el potencial para respaldar la salud mental de los mentores en otros entornos. Aunque el trabajo policial es diferente de muchas ocupaciones, el estigma que rodea la salud mental se extiende en muchos lugares de trabajo.

Por supuesto, la mentoría es una inversión y los beneficios no siempre son inmediatos. Los compromisos laborales pueden interponerse en el camino e impedir reuniones constantes, dejando a algunos mentores y mentoreados sin poder establecer conexiones personales. Las organizaciones necesitan dedicar recursos para la mentoría y permitir la flexibilidad necesaria para que crezcan estos espacios. Aquellos que se comprometan con ser mentores podrían sorprenderse de los beneficios multidimensionales.

Michael Gill es profesor asociado de estudios organizacionales en la Saïd Business School, University of Oxford. Thomas Roulet es académico senior en teoría de las organizaciones en la Judge Business School, University of Cambridge.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 22 de abril de 2019

Foto: Piotr Redlinski / The New York Times

Cómo hacer yoga donde sea

El tiempo invertido en viajar, cambiarse y ducharse después de la clase, y encontrar un estudio de yoga para practicar fuera de casa puede ser una inversión significativa (a veces valiosa), pero también requiere tiempo, dinero y posiblemente arreglos para el cuidado de niños. Cultivar una práctica en el hogar puede permitirle mantenerse al día con el yoga incluso cuando no puede ingresar a un estudio. Estos consejos harán que sea más fácil eliminar el estrés de la clase de yoga y hacerlo donde sea que estés.

EMPIEZA PEQUEÑO. Comience con una secuencia corta, como la que se incluye en las guías de yoga que se encuentran en nytimes.com/guides. Tal vez pienses que el yoga es siempre una clase de una hora, pero su práctica en el hogar puede consistir en algunas posturas combinadas con una meditación.

ASEGÚRESE DE PRACTICAR EN UN LUGAR TRANQUILO. Si eso no es posible, podría ponerse unos auriculares que se muevan bien y reproducir música de su lista de reproducción de yoga favorita. Coloque su mat de yoga en madera dura o cemento (idealmente no alfombra). Si tiene que usar alfombra, use una alfombra resistente.

TRATE DE PRACTICAR AL MISMO TIEMPO CADA DÍA PARA ENTRAR EN UNA RUTINA DIARIA. Pero no te rindas si te olvidas por un día o una semana o incluso un año: el yoga siempre está ahí para ti.

AGREGA ALGO DE MÚSICA. La música puede ser un motivador para hacer yoga en casa o en clase, incluso si algunas tradiciones de yoga no fomentan la música. Si te gusta practicar con música, las elecciones que hagas pueden ayudar a establecer el estado de ánimo. Varían ampliamente según el estudio y el profesor, así que para tener una idea de la diversidad de opciones, intente buscar en Spotify. Estas pueden ser utilizadas en una práctica en el hogar, por profesores de yoga en clases de estudio o simplemente escuchadas por diversión en cualquier momento.

© 2019 The New York Times

Opinión | 17 de abril de 2019

“Que el sacrificio de Notre-Dame despierte nuestras conciencias”

Las imágenes de Notre Dame en llamas han provocado un torrente de emociones y recuerdos compartidos del mundo. De cara al futuro, la tragedia debe canalizarse hacia el esfuerzo no solo por reconstruir la catedral, sino también por proteger y defender el legado político y cultural de Europa.

Escribo esto desde Berlín, donde estoy postrado ante las imágenes de llamas, devastación y cenizas que envuelven a Notre Dame de París. Un tesoro de la civilización para quienes creen en el cielo y también para quienes no. La Europa de la belleza, de las santas esperanzas, de la grandeza y la dulzura. Como todo el mundo, estoy consternado..

Y nos podemos dejar llevar por los recuerdos. Por Victor Hugo, cómo no. Por Louis Aragon: “Nada es tan fuerte, ni el fuego ni el rayo / Como mi París desafiando a los peligros / Nada es tan hermoso como este París que yo tengo”.

Uno también recuerda una frase de Baudelaire: “Soy hermosa, oh mortales, como un sueño en piedra”. No se escribió sobre Nuestra Señora, pero ciertamente podría haberlo sido.

Los recuerdos se extienden mucho más allá de la palabra escrita. La catedral en sí es un monumento a la historia de la historia, que ahora es materia de leyenda. Se ha mantenido con su caballero místico, en su gloria y en su penumbra. Pienso en la misa en celebración de la liberación de París en 1944, y en la conversión de una hermana allí. Lloro con ella. Lloro con toda la cristiandad, herida en lo más profundo, que ve partir en el humo su iglesia visible y, quizá, con ella, también una parte de su iglesia invisible.

Los recuerdos se extienden mucho más allá de la palabra escrita. La catedral en sí es un monumento a la historia de la historia, que ahora es materia de leyenda. Se ha mantenido con su caballero místico, en su gloria y en su penumbra. Pienso en la misa en celebración de la liberación de París en 1944, y en la conversión de una hermana menor allí. Lloro con ella, tenemos a todos los cristianos que han ido a la iglesia de ellos, el penacho de la iglesia invisible.

A la mañana siguiente, pienso en Notre Dame como la Francia de la Resistencia. Ella encarna la santidad gótica y la tranquilidad del Sena. Ella es la fe y la belleza manifestada. Y, por supuesto, las palabras de Victor Hugo y Aragón siguen ahí, bailando en mi cabeza. Me pregunto cómo enfrentaré el día. ¿Cómo nos enfrentaremos mañana? Hugo da la respuesta: “El tiempo es el arquitecto, pero la gente es el albañil”.

Al mediodía solo puedo esperar que el fuego esté completamente apagado. Para un parisino, es una tortura ver las imágenes en bucle de la ciudad atrapada por la violencia de las llamas. Más que una iglesia ha caído. En cierto modo, Nuestra Señora es el alma de la humanidad misma, y ​​una parte de ella ha sido marcada.

Los parisinos creíamos que nuestra venerable dama era inmortal. Sin embargo, allí se desploma, herida e indefensa contra el destino, hemos estado observando el infierno. Sin embargo, a raíz de esas imágenes ha surgido una oleada de sentimientos. Italianos, suecos, irlandeses, españoles, chinos, argelinos … todos se unieron con el pueblo de Francia. Como después de un ataque, todos dicen: “Soy París”.

Finalmente, al arder, Nuestra Señora nos recuerda la fragilidad de nuestra historia y herencia, la precariedad de lo que hemos construido y la naturaleza finita de la Europa milenaria, la tierra natal de las artes, para la cual Notre Dame es una de las más elevadas. testamentos.

De cara al futuro, ¿qué vamos a pensar? ¿Qué debemos hacer? Debemos esperar que el sacrificio de nuestra Señora despierte conciencias dormidas; que, a través de este desastre, la gente se dará cuenta de que Europa es Notre Dame en toda su extensión. Más que una unión política, es una gran obra de arte, un brillante bastión de inteligencia compartida, pero también el hogar de un legado en peligro de extinción.

Ese legado es demasiado importante para perderlo. No podemos permitir que los pirómanos dividan a los pueblos de Europa. Debemos recordar que, juntos, somos constructores de templos y palacios, creadores de belleza. Esa es la lección de Nuestra Señora en esta Semana Santa.

El presidente francés, Emmanuel Macron, quien está aquí para reconstruir Europa, ahora apela a la unidad en la reconstrucción de Notre Dame. Juntos, debemos restaurar el corazón de Francia. Mi revisión literaria, La Regla del Juego, contribuirá al fondo nacional para ese propósito. Insto a todos los lectores a hacer lo mismo. Somos los albañiles.

Bernard-Henri Levy es uno de los fundadores del movimiento “Nuevos filósofos” (Nuevos filósofos).

© Project Syndicate 1995–2019.

Sie7e Párrafos | 19 de abril de 2019

Salvados por Francisco, comentado por Juan Luis González

Salvados por Francisco
Aldo Duzdevich
Ediciones B

Uno (mi comentario)

La sala está abarrotada. El presidente del PJ nacional, José Luis Gioja, se acomoda al lado del secretario general de la CGT, Héctor Daer, que le pide permiso al senador José Mayans y a la ex ministra de Scioli, Cristina Álvarez Rodríguez, para ocupar su asiento. El diputado Darío Martínez, frustrado candidato a vicegobernador K en Neuquén, e impulsor del evento en el Congreso, pide silencio entre los políticos y curas presentes para arrancar la presentación. Aldo Duzdevich, otrora montonero de la línea disidente, ex legislador, autor de libros de corte setentista, toma la palabra y comienza a hablar sobre su último trabajo, “Salvados por Francisco”. Una semana después el ritual se repetirá en la sede de la CGT, con el escritor, rodeado de sindicalistas de peso, sentado en la silla que más de una vez usó Perón. Ambas charlas, con sus respectivos invitados, representan bien el sentido profundo del libro: un trabajo de contenido estrictamente político. Y, como los gestos son más de la mitad del camino en ese mundo, el 24 de marzo, el mismo día del acto en la central obrera, el Papa devuelve las gentilezas: le manda una carta de puño y letra a Duzdevich, tratándolo de “querido hermano” y agradeciéndole su “amor por la Patria”.

Es que el “Salvados”, el libro en el que 25 entrevistados aseguran haber sido rescatados de la dictadura por el entonces joven Bergoglio, es político en el sentido en que lo entendía el canciller alemán Otto Von Bismark, que decía que aquello “no es una ciencia exacta, sino un arte”. Es que la tesis del libro es más una aproximación del deseo que una realidad empírica. Es verdad: los hombres y mujeres que aseguran haber sido rescatados por el entonces jefe de los jesuitas narran anécdotas en las que el ahora Papa los ayudó de alguna manera, pero, salvo en dos casos, difícilmente se pueda sostener que esa intervención, que en algunos de los relatos es simplemente un consejo al pasar, haya significado la gambeta ante la muerte. Y también es político en el sentido de una respuesta táctica, típico de ese ambiente de partidas de ajedrez, frente a la acusación que persigue al jesuita desde hace décadas, que dice que entregó a dos de sus curas al gobierno militar, idea apenas rebatida en “Salvados”. Si sus críticos dicen que el religioso fue un villano, este libro viene a decir que fue un superhéroe. Ahí quizás esté el rasgo que más pinta al trabajo de Duzdevich: la necesidad de mostrar a un Bergoglio glorioso y nacido para el bronce, y no a un ser humano, como todos, con claroscuros, errores y aciertos. Un arte más que una ciencia exacta.

Dos (la selección)

Nos llevaste en tu auto a San Miguel. Me pediste que tratara de ocultarme y que no mirara el camino que íbamos a hacer. Pensé: “¿Se habrá dado cuenta este curita del riesgo al que se está exponiendo?”. Entonces no sabía que eras el Provincial de los Jesuitas. Me quedé con ganas de darte un abrazo y las gracias.
PD: Nunca pensé que le iba a escribir una carta al Papa.

Tres

Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera Provincial aún muy joven. Tenía treinta y seis años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba decisiones de manera brusca y personalista. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la Beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas.  

Cuatro

Julio Merediz es párroco en un barrio humilde de San Miguel. Llegó al Colegio Máximo en 1973, casi al mismo tiempo que Bergoglio era elegido Provincial de la orden. Ellos ya se conocían y eran amigos desde 1967: “Un día Bergoglio vino a verme para decirme que tenía noticias de que mi nombre aparecía en una lista de la Fuerza Área. En cualquier momento vendrían a buscarme. Me ordenó que me trasladara a la casa de retiros Villa San Ignacio en San Miguel y me ocultara allí por un tiempo. Si no hubiese sido por su advertencia, seguramente habría caído en alguna redada.

Cinco

Un caso que Juan Carlos Scannone, teólogo del Colegio Máximo, no puede olvidar es el secuestro de uno de sus alumnos, Roberto Albanesi: “El joven no tenía nada que ver con la guerrilla, pero había visto la cara de uno de sus torturadores y esto lo condenaba a muerte. Alguien de su familia le llevó el caso al Provincial. Bergoglio se fue a hablar con el responsable de la unidad donde se encontraba y le dijo que matar a una persona era un pecado gravísimo. ‘Si cree en el Infierno –le dijo- sepa que ese pecado condena al infierno’. Y le salvó la vida”.

Seis

Hice un discurso yo, otro Massera y allí terminó todo. Bergoglio no fue. Por supuesto que estaba enterado de lo que íbamos a hacer, y aunque no compartía la iniciativa, creo que entendió nuestras razones. Era una maniobra de protección, de supervivencia.

Siete

Bergoglio aceptó desempeñar un papel que combinaba ambigüedad con simulación para moverse dentro de un ambiente de mucha desconfianza y hostilidad. Apenas dos o tres personas de su entorno conocían su verdadero juego. El resto lo tenía por un muchacho medio hosco y mandón, con pocas simpatías por todo lo cercano al progresismo de izquierda. Un joven que aceptaba relacionarse con algunos militares y que evitaba confrontar con la autoridad eclesial. Él eligió ese papel y lo mantuvo. Era su mejor protección. Como buen creyente, tenía a Dios por testigo de sus actos. ¿Cuántas vidas más debería haber salvado Jorge Bergoglio para no ser acusado de colaborar con la dictadura?

Juan Luis González es periodista de la Revista Noticias y profesor en la Escuela de Comunicación de Perfil. Estudia la carrera de Historia en la UBA. En el 2017 recibió el premio ADEPA por la entrevista que le realizó al ex comisario Alberto Gómez, uno de los asesinos de José Luis Cabezas.


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Vida Cotidiana | 19 de abril de 2019

Foto: Matthew Ryan Williams / The New York Times

Tres cosas que nunca limpias pero que deberías

Puede que tengas lo básico hecho: lavar la ropa, mantener el baño limpio, limpiar las mesadas de la cocina. Pero la suciedad y la mugre tienen la mala costumbre de acumularse en los lugares más extraños. Aquí hay algunos lugares alrededor de tu casa que deberías considerar limpiar con más frecuencia.

Tu celular

¿Cuándo fue la última vez que hizo algo más que limpiar la pantalla de su teléfono inteligente cuando estaba demasiado manchado como para verlo? Considerando la frecuencia con la que usamos nuestros teléfonos y dónde los usamos, los dispositivos merecen una limpieza a fondo de vez en cuando.

Comience con un paño de microfibra para recoger grasa y polvo (evite las toallas de papel y otros materiales que simplemente empujarán la suciedad). Para aquellos lugares rebeldes o cualquier cosa que no salga, busque un poco de alcohol isopropílico. Mezcle una solución de 1 a 1 con alcohol y agua, luego humedezca un paño de microfibra y frote suavemente esas manchas.

El teclado de tu computadora

Cuando no estás usando tu teléfono, probablemente estés usando una computadora de escritorio o una computadora portátil, lo que significa que tus dedos están constantemente en contacto con su teclado. Y considerando que muchos de nosotros merendamos o almorzamos en nuestros escritorios, puedes imaginarte el mundo sucio que vive justo debajo de esas teclas.

En el lado positivo, limpiar un teclado no es demasiado difícil de hacer. Es posible que se sorprenda con lo que encuentre debajo de esas teclas, si llega tan lejos como hasta sacarlas. Incluso si no lo hace, voltear el teclado boca abajo y sacudir los residuos, y luego usar una pequeña aspiradora de mano o una lata de aire comprimido, también funcionará. Luego, un paño rápido con toallitas de limpieza, hisopos de algodón o un paño de microfibra humedecido con una solución de alcohol a agua 1: 1 se hará cargo de las piezas que realmente toque.

Tus almohadas

Piel muerta, polvo, baba y, en muchos casos, ácaros del polvo a los que les encanta pasar el rato en almohadas. Para personas con sistemas inmunológicos comprometidos o quienes tienen alergias, pueden ser irritantes que provocan noches de insomnio, irritación de la piel y congestión sinusal.

Afortunadamente, ya sea que tenga alergias o simplemente no le guste la idea de una almohada sucia debajo de su cabeza mientras duerme, las almohadas están diseñadas para ser lavables a máquina. Colóquelas en la lavadora en el ciclo delicado, luego séquelos a baja velocidad o al aire. Si lo desea, vaya un paso más allá e invierta en un protector de almohada de calidad. Mientras estás en ello, considera la limpieza de tus edredones si no lo has hecho recientemente.

© 2019 The New York Times

Sociedad | 12 de abril de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Superar el abandono y el maltrato: niños y niñas que viven en hogares suman un adulto que los guía

Decepcionados por el mundo adulto. Así se sienten en general los niños, niñas y adolescentes que tienen que vivir en institutos de cuidado porque sufrieron alguna vulneración de sus derechos. Muchos fueron abandonados o maltratados por su propia familia. Entre recién nacidos y jóvenes de hasta 18 años, en la ciudad de Buenos Aires son cerca de 800, según datos oficiales. Pero una de las estrategias para que recuperen sus derechos es ofrecerles justamente la posibilidad de que cuenten con la compañía de un referente afectivo: una persona voluntaria que se preocupa por el chico, lo ayuda a restaurar la confianza en los adultos, va a las reuniones de padres de la escuela, lo lleva a un club el fin de semana o lo invita a su casa para compartir una celebración. Se trata de una persona que está disponible para el chico cuando la necesita: lo hace sentir único.

A través del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, se lleva adelante el programa Abrazar. La idea de la iniciativa es encontrar un referente significativo que pueda acompañar al niño durante el tiempo que viva en la institución y con la posibilidad de prolongar el vínculo en el futuro.

46 niños esperan que un referente los acompañe

El programa se dirige principalmente a niños mayores de diez años. “Cuando los chicos superan esa edad, el egreso de los hogares a través de la vía de adopción se dificulta porque, en general, las personas se imaginan adoptando un bebé. Por este motivo, buscamos sumar adultos referentes para acompañar el crecimiento de estos niños”, comenta Itatí Canido, directora general de Gestión de Políticas y Programas del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad.

Actualmente, 59 niños tienen su referente afectivo, pero todavía hay 46 en espera del suyo.

Uno de los requisitos para la inscripción es que los adultos que se acercan al programa no estén anotados en ningún registro del país como aspirantes a adoptar. Deben ser mayores de edad y, dentro de las posibilidades, tener una diferencia de 15 años con el niño. Además deben presentar una carta de intención y certificado de antecedentes penales.

Lorena Chaul es psicóloga y referente de Vanina (nombre ficticio), una joven de 16 años. Chaul trabajó en el hogar de Ieladeinu y allí conoció a la adolescente. Si bien en este caso, el vínculo se dio de forma natural, hace unos años Chaul formalizó la relación dentro del programa Abrazar y se convirtió en su referente afectivo.

“Se armó un lazo muy estrecho. La tengo en la cabeza todo el tiempo. Ella vive en la institución y va a la escuela durante la semana. Algunos fines de semana viene a casa. También pasamos Fin de Año juntas. Se lleva muy bien con mis hijos”, relata Chaul.

Lorena Chaul, referente afectiva

Ieladeinu es una organización que trabaja para ayudar a niños y niñas a superar el trauma de padecer alguna situación de maltrato en el interior de su familia. Cuentan con diferentes modalidades de intervención: fortalecimiento familiar, un centro de día, acogimiento familiar y hogares convivenciales. A su vez, articulan con el Gobierno de la Ciudad.

“Nos tomamos un tiempo para conocer bien a las personas que se van a involucrar con los chicos. Lo primero que miramos es qué compromiso tienen. La etapa de evaluación nos dice muchos de los referentes. Si de golpe no vienen o empiezan a distanciar las entrevistas, nos da un parámetro de que el compromiso no es tan grande. Estos niños ya perdieron mucho, no pueden seguir perdiendo”, expresa Magali Sinay, coordinadora del área de integración comunitaria de Ieladeinu.

Una figura para devolverle la singularidad a cada niño

Más allá de la figura de referente afectivo, que tiene que ver con el acompañamiento y la contención, en mayo de 2017 se sancionó la Ley Nacional de Egreso. Como ya se contó en RED/ACCIÓN, esta legislación reconoce el derecho de estos jóvenes de contar con un apoyo personalizado en su tránsito a la vida adulta y también recibirán una asignación económica mensual.

Como en el hogar se vive de forma comunitaria, la idea es que el referente afectivo pueda devolverle la singularidad a cada niño. En relación a la dinámica, en general, el referente se compromete a realizar visitas en el hogar y salidas de fin de semana. También ayuda con las tareas escolares, trata de que tenga un vínculo con algún deporte y promueve encuentros en su casa.

Mientras ese vínculo ocurre y se sostiene en el tiempo, un equipo especializado en niñez y adolescencia acompaña todo el  proceso de vinculación, brindando la orientación y contención necesaria a los adultos.

Suele haber dos tipos de referentes afectivos: el que ya conoce al niño, tiene un vínculo y lo formaliza; y aquel que se entera de esta posibilidad por el boca en boca y tiene ganas de acompañar a un chico que fue separado de su familia biológica.

“Muchas veces se da que a una mamá o a un papá de un compañero de la escuela del niño le gustaría visitarlo en el hogar e incluirlo en salidas familiares”, aclara Canido. En este sentido, Sinay agrega: “Vemos muchos voluntarios que dieron apoyo escolar en Ieladeinu y en el mientras tanto hicieron un vínculo con el niño. Luego, se acercan a nosotras para convertirse en sus referentes afectivos”.

Tienen miedo pero les muestran que hay otra forma de vincularse

Un niño puede tener más de un referente. “El desafío es que lo chicos puedan vincularse genuinamente con alguien. Ellos ya vienen muy golpeados de tanta vulneración. Tienen miedo y es lógico. Un objetivo del referente es mostrarles que hay distintas formas de vincularse”, comenta Sinay.

La directora ejecutiva de Ieladeinu, Amiela Spector, señala que muchos referentes llegan con un ideal muy grande y muchas expectativas sobre los chicos: “Hay que trabajar con la realidad y hablar mucho con ellos. Seguimos el paso a paso: hacemos encuentros presenciales con el adulto, seguimiento telefónico y capacitaciones. Se arman dispositivos para acompañar y que la gente no se frustre. El vínculo se va generando paulatinamente”.

“Las familias de apoyo, como llamamos a los referentes afectivos, no tienen que ser Papá Noel, tienen que poner límites y orientarlos. Es importante para los chicos sentirse únicos e importantes para alguien en particular. No queremos que se sientan parte de una masa”, enfatiza Victoria Aguirre de Acosta, fundadora de la Asociación Familias de Esperanza, organización que recibe a niños y grupos de hermanos derivados de organismos oficiales en situación de alta vulnerabilidad social.

Cuando los chicos se van de los hogares, ya sea porque vuelven a su familia de origen, son adoptados o alcanzan la mayoría de edad, pueden seguir en contacto con el referente afectivo, pero no sucede en todos los casos. Sofía Paz hoy es referente de Nahiara, una nena de dos años con Síndrome de Down, que vive en el hogar de la Asociación Familias de Esperanza. También, fue referente de tres chicos más. Con Damián, un adolescente de 13 años que vive nuevamente en la villa La Cava con su mamá, Paz sigue en contacto. A otros dos chicos, que también acompañó, ya no puede seguir viéndolos.

Sofía Paz, referente afectiva de Nahiara

“El año pasado lo fui a buscar a Damián a su casa y me perdí. Como iba con la ventanilla del auto baja, pude escuchar que él le gritaba a sus amigos, ella es mi familia de apoyo. Él tiene muy claro qué significa mi rol. Lo conozco desde los siete años. Hace cinco años se fue del hogar y sigo siendo su familia de apoyo”, cuenta Paz.

Paz tiene dos hijos y los fines de semana llevaba a Damián con ellos al club a jugar al rugby. “Él adora a mis hijos. Viene a casa y juegan juntos a la Play. Otra cosa que hace cuando nos visita es ir a un cuarto donde tengo fotos con todos los chicos de los que fui referente para ver si él sigue estando. Siempre se encuentra. Lo importante es que ellos sepan que uno está para lo que necesiten. El apego que generan con uno no es excluyente de poder revincularse con su familia de origen o la adoptiva”, relata.

¿Querés saber más sobre el programa de referentes afectivos?

Harvard Business Review | 19 de abril de 2019

Cómo trabajar en red cuando le cuesta hablar con extraños

Muchos pensadores dicen que una de las claves de la creatividad son las interacciones inesperadas. Todo eso está muy bien –para las personas a las que no les cuesta hablar con extraños. Sin embargo, como introvertida, una de las situaciones que me inquieta es charlar con personas que no conozco.

He aquí cómo he logrado alcanzar el equilibrio para conocer a nuevas personas –y estar atenta a ideas interesantes- sin tener que iniciar conversaciones incómodas:

  • Haga que ellos se acerquen a usted. La mejor solución que he encontrado para eventos incómodos, en los que no conocía a nadie, es negociar para ser el conferencista. Esto pudiera parecer paradójico, pero hay una diferencia entre la introversión y la timidez; Yo de hecho me siento mucho más a gusto en un escenario frente a cientos de personas que al hablar con un pequeño grupo de personas a las que no conozco.
  • Lleve un amigo. Cuando usted tiene un “aliado” a su lado durante el evento de trabajo en red, para ayudarle a destacar sus logros, esto puede darle la confianza que necesita para acercarse a otros y entrar en las conversaciones. Además, su amigo seguramente conoce a personas en la sala a las que usted no y viceversa, de modo que pueden intercambiar presentaciones y conectar con nuevas personas. Solo evite la tentación de usar a su amigo como muleta y pasar la tarde hablando con él –eso anula el propósito de conocer nuevas personas.
  • Tenga algunas frases listas. La parte más difícil de interactuar con un extraño es el principio. ¿Cómo comienza? ¿Qué decir? Se pueden desarrollar algunas preguntas para sentirse más cómodo. No necesitan ser profundas; la meta es comenzar un diálogo. Puede ser: ¿Cuál es el tema más interesante en el que estás trabajando actualmente? ¿Cómo pasas la mayor parte de tu tiempo? ¿Cómo te enteraste del evento? Algunas veces, simplemente he dicho “no conozco a nadie aquí ¿puedo platicar con usted?” Nadie ha dicho que no.
  • Investigue anticipadamente. Finalmente, es más fácil hablar con alguien si no lo sentimos extraño. Incluso, si usted no los ha conocido en persona, tener algunos antecedentes acerca de ellos puede sugerirle posibles temas de conversación. Por ejemplo, la mayoría de los eventos de recaudación de fondos tiene un comité de anfitriones registrados en la invitación. Si quiere hacer que la experiencia sea más placentera, puede buscarlos rápidamente en Google y ver si alguno parece particularmente interesante, o buscar puntos en común, como haber asistido al mismo colegio o vivir en el mismo barrio.


Hablar con extraños probablemente nunca será fácil para mí. Sin embargo, con estas estrategias, es posible hacer un poco más de espacio para el azar en nuestras vidas.

Dorie Clark es una estratega de mercadeo y conferencista profesional que enseña en la Fuqua School of Business de Duke University. Es la autora de “Reinventing You” y “Stand Out.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Sie7e Párrafos | 17 de abril de 2019

Me acuerdo, comentado por Andrés Di Tella

Me acuerdo
Joe Brainard
Eterna Cadencia

Uno (mi comentario)

“Me acuerdo” es una máquina perfecta, una invención literalmente increíble: no se puede creer que a nadie se le hubiera ocurrido antes. Cada vez que lo leo, y ya lo leí como tres o cuatro veces, es como si se me hubiera olvidado y lo estuviera descubriendo de nuevo. Y, por supuesto, me da ganas de imitarlo. De hecho, el primer imitador resultó más famoso que el creador original: Georges Perec, el gran escritor-teórico francés, publicó “Je me souviens” en 1978, después de haber descubierto el librito de Brainard, publicado originalmente en 1970, como “libro de artista”. Brainard era un artista Pop del círculo de Andy Warhol en los años 60, nunca llegó a ser demasiado célebre como artista, aunque he visto algunos de sus collages (su especialidad) y son preciosos. Se podría contemplar “Me acuerdo” como una especie de collage de recuerdos sueltos de su propia vida.

Con el mantra de “I remember…”, Brainard hila pedazos de su infancia y primera juventud en Oklahoma en los años 50, mezclados al azar con recuerdos más recientes, de su vida entre poetas y artistas en New York en los 60. Parecen recuerdos anotados a vuelo de pluma, y tienen siempre la virtud de la brevedad, casi como haikus, pero el conjunto de pedacitos de memoria termina configurando una autobiografía íntima y potente, con extraordinaria resonancia emocional. Y, como dije al principio, da ganas de abrir rápido un cuaderno para imitarlo. En estos días, cuando empecé a leerlo una vez más, se me ocurrió dar “I remember” como consigna para los trabajos prácticos de un taller de cine. Los resultados fueron uniformemente notables, una mezcla insólita de frescura y verdad emocional en cada “imitador”: el modelo de Brainard es como un software que permite encontrar lo que tiene de único la experiencia de cada uno. Y sin embargo, por más imitado y transitado, la originalidad y singularidad del librito de Brainard sigue brillando, como una luz inextinguible, que ilumina la vida de cada lector.

Dos (la selección)

Me acuerdo de que un día tomé un autobús para el centro, en Tulsa, y un chico al que conocía un poco del colegio vino a sentarse al lado mío y empezó a hacerme preguntas del estilo: “¿Te gustan las chicas?”. Era un asqueroso, realmente. Cuando llegamos al centro (donde están todos los negocios), me estuvo siguiendo por todas partes hasta que finalmente me dijo que lo acompañara al banco, donde tenía que guardar algo en su caja de seguridad. Cuando llegamos al banco un empleado bancario le dio su caja y nos llevó a su cabina con cortinas doradas. El chico abrió la caja y sacó una pistola. Me la mostró y yo traté de mostrarme impresionado, y después la metió de nuevo en la caja y me preguntó si quería bajarle el cierre de los pantalones. Dije que no. Me acuerdo de que me temblaban las rodillas. Después de que salimos del banco le dije que tenía que ir a Brown-Dunkin’s (la tienda por departamentos más grandes de Tulsa) y él dijo que también tenía que ir. Para el baño. En el baño de hombres intentó algo más (ya no recuerdo exactamente qué) y yo salí corriendo y eso fue todo. Es muy extraño que un chico de once o doce años tuviera una caja de seguridad. Con una pistola dentro. Tenía una hermana mayor de la que se decía que era “fácil”.

Trres

Me acuerdo de cuando pensaba que si hacías algo malo, los policías vendrían a llevarte a la cárcel.

Cuatro

Me acuerdo de una noche muy fría y muy negra, a solas con Frank O’Hara en la playa. Se metió corriendo desnudo en el mar y me dio un susto mortal.

Cinco

Me acuerdo de los relámpagos.
Me acuerdo de unas amapolas silvestres muy rojas, en Italia.
Me acuerdo de que iba a vender sangre cada tres meses en la Segunda Avenida.
Me acuerdo de un chico con el que una vez hice el amor y después de que todo terminó me preguntó si creía en Dios.
Me acuerdo de cuando pensaba que cualquier cosa vieja era muy valiosa. Me acuerdo de Azabache.
Me acuerdo de cuando pensaba que Betty Grable era hermosa.

Seis

Me acuerdo de las fiestas “Venía así como estés”. Todos hacían trampa.

Siete

Me acuerdo de la manera de caminar de Frank O’Hara. Liviana y resuelta. Con un saltito y un giro ligero. Era una hermosa manera de caminar. Segura de sí. “Qué me importa”, y a veces, “Sé que me estás mirando”.

Andrés Di Tella es cineasta. Dirigió las películas Montoneros, una historia (1995), Macedonio Fernández (1995), Prohibido (1997), La televisión y yo (2002), Fotografías (2007), El país del diablo (2008), Hachazos (2011) ¡Volveremos a las montañas! (2012), Máquina de sueños (2013), El ojo en el cielo (2013) y 327 cuadernos (2015).


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Opinión | 19 de abril de 2019

La mayoría silenciosa en la revolución digital

Las estadísticas pueden contener verdades brutales. Todo el tiempo se nos dice que hoy la innovación es más veloz que nunca, pero los datos que surgen de la llamada Cuarta Revolución Industrial sugieren que es cualquier cosa menos revolucionaria. El crecimiento de la productividad en las economías avanzadas hoy es el más lento de los últimos cincuenta años.

Esta “paradoja de la productividad” suele atribuirse a problemas de medición o a que los efectos de la adopción de tecnologías disruptivas operan con retardo. Pero otra explicación posible es que el debate público sobre las tendencias tecnológicas tiende a estar dominado por las empresas y los emprendedores que las originan. Nadie escucha las voces de la inmensa mayoría de empresas que tienen problemas para mantenerse a la par del cambio tecnológico (o que le oponen resistencia activa).

Reconocer la existencia de esta perspectiva subrepresentada es esencial para comprender por qué la revolución digital no aparece en los datos (y por qué todavía no es seguro que prospere). Básicamente, todo el alboroto que hay en torno de esa revolución tiende a basarse en generalizaciones sesgadas. Más allá de la fascinación que provocan, la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje automático, el análisis de macrodatos (big data) y los robots humanoides siguen siendo competencia de un puñado de empresas.

La atención que reciben estas tecnologías no se corresponde con la escala de su desarrollo y adopción. Como observó jocosamente Dan Ariely, de la Universidad Duke, en 2013: “El big data es como el sexo adolescente: todos hablan de él, nadie sabe realmente cómo se hace, todos piensan que todos lo hacen, así que todos dicen que lo hacen”.

La dinámica del proceso es fácilmente discernible. Los periodistas andan detrás de historias interesantes, los inversores buscan rendimientos atractivos, los consumidores quieren anticiparse a la siguiente moda tecnológica. Las redes sociales, los medios de comunicación globales y los congresos internacionales amplifican las voces de los disruptores, que están interesados en inflar sus propias perspectivas. Y conforme la información pasa de boca en boca, crece el número de creyentes, y el rumor se convierte en regla.

Tomemos por ejemplo el último informe anual del Foro Económico Mundial (WEF) sobre las nuevas tendencias del mercado laboral, que se basa en una encuesta a grandes corporaciones multinacionales. Según el informe, un incremento sustancial de las inversiones en aprendizaje automático, análisis de datos, nuevos materiales y computación cuántica de aquí a 2022 aumentará la demanda de científicos de datos, especialistas en IA e ingenieros en robótica, en detrimento de las profesiones actuales.

El problema es que la muestra de población que usa el WEF es muy poco representativa de la economía real. Dentro de la OCDE, las empresas con más de 250 trabajadores sólo son el 7% de todas las empresas activas, y emplean a menos del 40% de la fuerza laboral. Y aunque los autores del informe son conscientes de este sesgo, sus conclusiones no dejan de ser generalizaciones peligrosas. Sus empleos del futuro no tienen nada que ver con las necesidades de contratación inmediatas de la vasta mayoría de las pequeñas y medianas empresas que todavía operan dentro del marco de la Tercera Revolución Industrial.

Asimismo, un estudio de la OCDE halló que durante la última década creció marcadamente la diferencia de productividad entre las empresas de la frontera tecnológica y todas las demás. Muchas de las tecnologías avanzadas de las que tanto se habla en los medios siguen sin aplicarse en una proporción significativa de las empresas, y esto hace pensar que falta mucho para que incluso las innovaciones más revolucionarias comiencen a verse en un incremento del PBI.

Se ha dicho que tecnologías de uso general como la electricidad y la computadora personal tienden a incidir en la productividad no de forma inmediata, sino unos 25 años después de su creación. Pero ya pasaron 32 años desde que el premio Nobel de economía Robert Solow observó que “la era de la computadora se puede ver en todas partes, menos en las estadísticas de productividad”, y todavía no vemos la era de la computadora en las estadísticas de productividad. ¿Por qué habría de ser la IA diferente a la PC en este aspecto?

No tener en cuenta el punto de vista de los rezagados tecnológicos puede afectar seriamente la formulación de políticas, especialmente si el tecnooptimismo (o el alarmismo) distraen la atención de los problemas graves que enfrentan los sistemas educativos y los mercados laborales aquí y ahora. Si los gobiernos empiezan a asignar más recursos a capacitar a la élite profesional avanzada del mañana, corren el riesgo de fomentar todavía más desigualdad hoy.

Por supuesto, los cínicos pueden desestimar a los “perdedores” diciendo que tienen poco que aportar al debate tecnológico: en el mejor de los casos ocuparán los lugares que la vanguardia digital cree para ellos, y en el peor de los casos se quedarán afuera del mercado laboral. Pero no hay que olvidar que las empresas de menor tamaño, aunque las tendencias económicas les sean desfavorables, todavía tienen poder político para presionar por una regulación más estricta de las nuevas tecnologías que ponen en riesgo su existencia.

La megaempresa global Uber lo sabe muy bien. Todos estos años ha encontrado una fuerte resistencia de pequeños grupos de taxistas bien organizados a los que nadie invitó nunca a las reuniones de la élite global para analizar las virtudes de la economía de plataformas. Y los “olvidados” de las economías avanzadas de todo el mundo ahora hallaron el modo de vengarse, votando a políticos y partidos populistas que se oponen al libre comercio internacional.

Para evitar una reacción todavía peor y comprender mejor el verdadero alcance de la Cuarta Revolución Industrial, hay que ver las disrupciones del presente desde el punto de vista de todas las empresas, no sólo las más avanzadas. Para que una transformación tecnológica sea sostenible se necesita una participación amplia en los beneficios; de modo que ayudar a los rezagados a adaptarse es tan importante como permitir a los innovadores prosperar: hay que escuchar las voces de los perjudicados por la disrupción.

Traducción: Esteban Flamini

Edoardo Campanella es investigador por el programa “Futuro del Mundo” en el Centro para la Gobernanza del Cambio de la IE University en Madrid.

© Project Syndicate 1995–2019.


Sie7e Párrafos | 18 de abril de 2019

Los dueños del futuro, comentado por Alejandro Horowicz

Los dueños del futuro
Hernán Vanoli – Alejandro Galliano
Planeta

Uno (mi comentario)

“Los dueños del futuro” recorre los bordes, las canaletas y pliegues de la historia argentina. Vanoli y Galliano no escatiman en datos. Nos presentan a 6 empresarios, voraces y ambiciosos en los negocios, pero también humanos. Desde las viejas familias patricias  a los nuevos jugadores del capital tecnológico, pasando por coleccionistas de arte y viejos amigos del Partido Comunista Argentino, el libro muestra una detallada fotografía de la clase dominante argentina. Sus gustos y particularidades, sus objetivos, lo que asumen y de lo que no se hacen cargo, su cosmovisión. Nuestros “dueños” no se disfrazan de corderos, pero tampoco se asumen dueños al final de cuentas. Los dominantes que no dominan, el amo que juega al esclavo, los grandes capitalistas de la Argentina muestran su mano con prudencia, ante dos minuciosos investigadores que hacen del periodismo escuela.

Dos (la selección)

Los dueños del futuro son: Hugo Sigman, uno de los mayores empresarios farmacéuticos argentinos, vanguardia en biotecnología, con una red de empresas difundidas por América, Asia y Europa, y diversificado desde la cría de cocodrilos en el Litoral hasta la producción de éxitos cinematográficos; Gerardo Bartolomé, desarrollador de una quinta parte del germoplasma de soja transgénica que se usa en el mundo; Eduardo Costantini, inversor inmobiliario, dueño y creador de Nordelta, cuyo reino se extiende hasta la también húmeda Miami; Federico Tomasevich, administrador de activos financieros y principal colocador de deuda en Argentina, Paraguay y Uruguay, además de parco polista; Federico Braun, dueño de La Anónima, la segunda cadena de supermercados argentina, heredero de la familia que conquistó primero el desierto y luego los océanos azules del comercio minorista federal; Marcos Galperín, dueño de Mercado Libre, paladín del e-commerce y cráneo de una multinacional digital que sueña con disputar la hegemonía latinoamericana con los titanes del norte; y los creadores de Globant, Martín Migoya, Guibert Englebienne, Nestor Nocetti y Martín Umaran, proveedores de servicios tecnológicos y de desarrollos informáticos que combinan el nuevo marketing digital con el mesianismo emprendedurista a lo largo y a lo ancho del mundo.

Tres

Exitosos en un país que no lideran ni respetan demasiado, proyectados a un mundo que ofrece más oportunidades que garantías, estos empresarios se acostumbraron a funcionar en un territorio hostil, reaccionar rápido ante cambios imprevistos, mirar el entorno con desconfianza. Los dueños del futuro no se sienten representados por la dirigencia política, sueñan con una desregulación del mercado de trabajo y, más aún, con una transformación cultural de la sociedad argentina que la amigue de una vez por todas con los valores del sacrificio, la constancia y el respeto a las reglas. La llegada de Cambiemos al gobierno alienta diferentes niveles de expectativas en este sentido.

Cuatro

Sus lecturas de Marx le habían enseñado las crisis cíclicas del capitalismo; las de Keynes, el valor de las expectativas: <<Me di cuenta de que la Argentina se comportaba en forma ciclotímica, un cambio de gobierno o de ministro gatillaba un proceso de estabilidad prometido que era percibido como tal, entonces el dólar bajaba, bajaban las tasas, subían los bonos públicos, subía la Bolsa, subían los inmuebles. Después lo que ocurría lamentablemente era que ese programa tenía sus inconsistencias y uno tenía que ir leyendo en qué medida iban creciendo para saber retirarse a tiempo. Generalmente se gatillaba la crisis con una corrida hacia el dólar: había déficit fiscal, subían los precios, empezaban las huelgas y los aumentos de sueldos generalizados, las cuentas del gobierno no daban, se le cortaban los créditos en el exterior. Cuando el dólar empezaba a aumentar le ganaba a todo, caía el valor de los inmuebles, caían la Bolsa y los bonos, y terminaba con cierre de mercado de cambios, devaluación, cambio de ministros. Y cuando entraba un nuevo ministro de Economía que era bien visto, la percepción de riesgo disminuía, entonces el dólar bajaba, subían los bonos, subían las acciones, subían las propiedades y yo pasaba todos mis dólares a pesos de la noche a la mañana, estaba 100% argentino: todo, todo lo invertía en Argentina. Y cuando las cosas eran inconsistentes, y siempre eran inconsistentes en determinado tiempo, a veces duraba 5 años, a veces 2, a veces lo que fuere, yo siempre estaba preparado para no guiarme por la codicia o la ambición desmedida. Fui una persona absolutamente fría y aséptica, tomaba las decisiones más o menos correctas.

Cinco

La historia de la familia Braun es un buen observatorio para reflexionar sobre la conformación siempre plebeya de las elites argentinas, su vinculación con la violencia política, con la ingobernable densidad del territorio, y la tortuosa posibilidad de un capitalismo exitoso. Hoy, en el siglo xxi, podría decirse que a algunos de los Braun les fue bien. Miguel Braun, creador de la neoliberal Fundación Pensar, think tank del PRO, es economista y se desempeña actualmente como secretario de Comercio de la Nación. Quienes lo conocen dicen que, después de los sacrificios realizados, Miguel no quedó demasiado contento con el puesto que le tocó, posición desde la cual debe controlar a viejos amigos de sus años locos en el sector privado y a su propio tío, Federico. Sobrino y tío fueron socios en el emprendimiento de quesos gourmet Pampa Cheese, junto a Gustavo Lopetegui, ex CEO de la empresa chilena LAN. La empresa se malogró por las políticas lecheras del ex secretario de Comercio Guillermo Moreno y por la vocación de servicio público de Miguel y de Lopetegui, cerebro del gabinete de CEO del macrismo, un auténtico trotskista de derecha. De hecho, Federico considera que la Argentina tiene la oportunidad histórica de haber encontrado en las filas del PRO, casi de casualidad, una clase dirigente que no se producía desde 1920.

Seis

<<Yo cada vez me he hecho más liberal respecto a que el Estado no tiene que meterse en todo aquello que los privados pueden hacer mejor>>, dice Federico Braun Seeber, gerente general de La Anónima, en su oficina de Ituizangó, en la provincia de Buenos Aires. <<La oferta y la demanda es una ley, pero como la ley de gravedad, es una ley física, es igual que la física. A mí me gusta o no me gusta pero esto se cae, con una aceleración de 9,81 m/s²…>> Federico toma sus anteojos y los suelta sobre una carpeta, a modo de ejemplo de la ley de gravedad, ejemplo a su vez de la ley de la oferta y la demanda. Pero los anteojos rebotan en la carpeta y se estrellan en el piso de su oficina.

Siete

Estamos frente los niños mimados del resto del empresariado, que los admira y envidia por su performance en zonas de la producción que considera de vanguardia y orientadas al futuro. Sin la voracidad de Jeff Bezos (Amazon.com), a quien temen, ni la inteligencia de Elon Musk (creador de PayPal y de los automóviles eléctricos automatizados Tesla), a quien admiran, nuestros chamanes del mundo digital no sueñan con la conquista del espacio, sino que más bien se conforman con disciplinar a una fuerza de trabajo vernácula que perciben talentosa pero demasiado cara, dinámica pero también volátil, y más cercana a los valores del nomadismo, el ocio y el hedonismo que a los de la disciplina, la eficiencia y el compromiso que ellos pretenden pese a la verborrea posmoderna y amigable con la que intentan autodiseñarse.

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Vida Cotidiana | 18 de abril de 2019

Ilustración: Olivier Schrauwen / The New York Times

Cuatro factores que promueven la felicidad en el trabajo

Los estudios demuestran que obtenemos satisfacción de todo tipo de trabajo, no solo de nuestro trabajo soñado. Christine Porath, profesora asociada de la Universidad de Georgetown, y Tony Schwartz, director ejecutivo de una consultora llamada The Energy Project, encontraron en una encuesta a miles de trabajadores que los empleos que nos hacen más felices son aquellos que incluyen cuatro características: renovación, valor, enfoque y propósito.

  • RENOVACIÓN: los empleados que toman un descanso cada 90 minutos reportan un nivel de enfoque 30 por ciento más alto que aquellos que no toman descansos o solo uno durante el día. También reportan una capacidad de pensar casi un 50 por ciento mayor y un nivel de salud y bienestar un 46 por ciento más alto.
  • VALOR: los empleados que dicen tener supervisores más solidarios tienen 1.3 veces más probabilidades de permanecer en la organización y están 67% más comprometidos.
  • ENFOQUE: solo el 20 por ciento de los encuestados dijo que podía concentrarse en una tarea a la vez en el trabajo, pero aquellos que lo podían hacer estaban 50 por ciento más comprometidos. De manera similar, solo un tercio de los encuestados dijeron que podían priorizar sus tareas de manera efectiva, pero aquellos que lo hicieron fueron 1.6 veces más capaces de concentrarse en una cosa a la vez.
  • PROPÓSITO: Los trabajadores que obtienen un significado y una importancia de sus trabajos tienen más de tres veces más probabilidades de permanecer con sus organizaciones. También reportaron una satisfacción laboral 1.7 veces mayor y estaban 1.4 veces más comprometidos en el trabajo.

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