Más jóvenes estudian en escuelas técnicas, pero no logran incluir más mujeres | RED/ACCIÓN

Más jóvenes estudian en escuelas técnicas, pero no logran incluir más mujeres

En las secundarias solo 1 de cada 3 estudiantes es mujer. Lo revela un informe del Observatorio Argentinos por la Educación con colaboración de la Fundación UOCRA. Además, la oferta recae en el sector estatal, que concentra el 80 de las secundarias, centros de formación profesional y tecnicaturas.

Foto: Escuela de Educación Técnica Nº 3118, Salta. Ministerio de Educación de la Nación

Si bien las iniciativas para que haya más mujeres en tecnología son cada vez más frecuentes en nuestro país, un estudio reciente titulado Crece la educación técnica pero persiste la brecha de género, muestra que aún estamos lejos de lograr una paridad en esta materia. En este sentido, el informe es concluyente: a nivel nacional, las mujeres representan solo el 32,9% de la matrícula de las escuelas secundarias técnicas.

Por qué es importante incluir a más mujeres

El futuro del trabajo va a ser la tecnología. Durante años, las mujeres han quedado prácticamente al margen de la formación técnica debido a que social y culturalmente, esta era un área reservada a los hombres. Así, las mayoría de las mujeres quedan privadas de grandes oportunidades profesionales ya que, en la actualidad, las carreras en tecnología suelen ser las mejores pagas, las que tienen una salida laboral más rápida y amplia y las que permiten mayor flexibilidad, ya que se puede trabajar desde cualquier lugar del mundo. Sin embargo, en nuestro país, solo el 16% de las personas que escogen estudiar carreras relacionadas con programación son mujeres. Y solo un 6% de los equipos que desarrollan aplicaciones en el mundo son mujeres, por mencionar solo dos cifras. Eso, debe cambiar.

Según explica el Observatorio Argentinos por la Educación, junto a Gustavo Gándara, Pablo Granovsky, Hernán Ruggirello y Marcelo Casartelli, de la Fundación UOCRA —autores del informe— la Educación Técnico Profesional (ETP) comprende, en Argentina, tres instancias:

1- Educación secundaria técnica

2- Formación profesional 

3- Tecnicaturas superiores no universitarias 

El estudio analizó el crecimiento de la matrícula en todas ellas, entre 2011 y 2018. Y la diferencia entre varones y mujeres en la inscripción. También detalló qué porcentaje de instituciones están gestionadas por el Estado y cuáles corresponden al ámbito privado. A continuación, mostramos algunos de los resultados y conclusiones a las que llegaron.

8 de cada 10 instituciones de Educación Técnico Profesional son estatales

El gráfico muestra que:

  • De las 3.225 instituciones de Educación Técnico Profesional que existían para 2018 en Argentina (último dato disponible), el 80,3% son estatales y 19,7% privadas.
  • 1.628 (50,5%) corresponden a secundarias técnicas, de las cuales el 88,4% pertenecen a la gestión estatal y el 11,6% a la gestión privada. 
  • 1.033 (32,0%) son instituciones de formación profesional. El 88,5% de ellas están bajo la órbita estatal.
  • 564 (17,5%) son instituciones de Educación Superior Técnica. En esta modalidad, la oferta de gestión privada supera a la de gestión estatal alcanzando un 58,2%, contra un 41,8%.

La matrícula, en las diferentes instancias de la Educación Técnica Profesional, se incrementó un 12,9% entre 2011 y 2018

El estudio indica que en 2011, la matrícula de ETP era de 1.078.774 estudiantes, mientras que en 2018 llegó a 1.217.913, es decir tuvo un aumento de casi un 13%. 

  • La secundaria técnica pasó de representar el 55% al 56,1% de la matrícula total. Y, su matrícula aumentó un 14,4%.
  • La formación profesional pasó de representar el 26,5% al 29,2% del total. Y su matrícula fue la que más aumentó la cantidad de estudiantes en el período estudiado: 23,7%.
  • La formación superior técnica disminuyó su representación en el total, pasó de un 18,5% a un 14,7%. Su matrícula decreció un 10,8%. 

Pese al incremento general de la matrícula en las secundarias técnicas solo 1 de cada 3 estudiantes es mujer 

Si bien el estudio muestra que la matrícula en secundarias técnicas aumentó en el periodo que va de 2011 a 2018, la paridad de género en este tipo de instituciones todavía cuenta con pocos avances. Mientras en 2011 las mujeres eran el 32,4%, en 2017 (último dato disponible) ascendieron solo al 32,9%. 

Al observar el análisis detallado provincia por provincia, se observa que San Luis es la que se encuentra más cercana a cerrar la brecha de género: el 44% de la matrícula en educación técnica es femenina. Detrás de ella vienen Tierra del Fuego, Santiago del Estero, Formosa y Chubut con porcentajes que oscilan entre el 40,2% y el 40,7%. Para la igualdad de género todavía falta: en estas provincias, cada 100 estudiantes varones solo hay 68 mujeres.

Existen agrupaciones que dedican sus esfuerzos a revertir esta situación. En 2015, cuatro mujeres —Melina Masnatta, Carolina Hadad, Sofía Contreras y Mariana Varela— crearon Chicas en Tecnología: una organización sin fines de lucro que tiene como objetivo cerrar la brecha de género en el sector. En 2018 publicaron un estudio junto al Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) del Banco Interamericano de Desarrollo llamado "Un potencial con barreras: La participación de las mujeres en el área de Ciencia y Tecnología en Argentina". Uno de los resultados que arrojó esta investigación —para la que se relevaron 81 universidades—  muestra que, en nuestro país, solo el 16% de las personas que escogen estudiar carreras relacionadas con programación son mujeres. Y que, si bien es un tema que está en agenda, y cada vez se ven en la escena pública más mujeres referentes en estas áreas, la situación no está mejorando: solo un 6% de los equipos que desarrollan aplicaciones en el mundo son mujeres, lo que trae como resultado apps sin perspectiva de género, es decir: que no tienen en cuenta los ciclos de las mujeres, sus cuerpos, sus conflictos, sus tiempos.

Ellas trabajan no solo para que las mujeres sepan que tener una carrera en tecnología es una opción, si no para que las escuelas, las familias, los docentes, las universidades y los espacios de trabajo sean cada vez más inclusivos y, progresivamente, se pueda revertir un problema que es cultural y social. Pero el camino a recorrer todavía es largo.

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