Melania Guerra. Del Ártico a la diplomacia para agilizar la acción | RED/ACCIÓN

Melania Guerra. Del Ártico a la diplomacia para agilizar la acción

“Tica Polar”. Así se presenta para describir sus principales lugares de pertenencia: la Costa Rica donde nació y el Ártico donde trabajó. Ingeniera mecánica con doctorado en Oceanografía, pasante en la NASA, se dedicó a censar el océano a partir del sonido y el impacto de la contaminación acústica por las actividades industriales.

Su charla TED inicia con un ejercicio: hacer dos respiros profundos, el segundo se lo tenemos que agradecer a los océanos. Esos que se ven afectados por el cambio climático y que estudió en más de una exploración en el Océano Ártico.

Viajó a la Antártida con la iniciativa Homeward Bound que empodera a científicas en cambio climático. Después de 18 años en Estados Unidos, hace 10 meses volvió a su Costa Rica natal para aportar a la acción climática desde otro lugar.

¿Qué hacés hoy como científica? 
—Asesoro a organizaciones y gobiernos que quieren tomar mejores decisiones en temas de océanos y clima.  

¿Por qué decidiste dedicarte a esa diplomacia científica? 
—Advertí que, para generar un impacto de verdad, necesitaba involucrarme en las esferas de toma de decisión. A pesar de que me atraían los ambientes extremos como el Ártico o la Antártida, no creo que haya ambiente más extremo que estar rodeada de abogados y diplomáticos. Ahí estoy fuera de mi zona de confort, ellos hablan otro lenguaje, pero sólo a través de traductores de la ciencia, van a poder tomar mejores decisiones.  

Foto: Gentileza Melania Guerra.

¿Qué desafíos encontraste por ser mujer en el ámbito de la ciencia climática? 
—Me di cuenta de que esa curiosidad que sentía por la ciencia no era común. El hecho de que yo había admirado a hombres científicos había sido una barrera para otras mujeres que no se sentían identificadas con esos ejemplos a seguir. De ahí mi inspiración de contar mi historia como mujer de la ciencia. Pero tardé en conectar con el hecho de ser mujer. Es el `síndrome del impostor´, el desconfiar de las habilidades propias, el creer que las cosas que nos pasan son suerte, no por mérito. Y eso viene de que somos puestas a prueba el doble que los hombres. 

¿Qué acción considerás clave en este 2020 para hacer frente al cambio climático? 
—Hay que hacer conexiones transversales. Hay eventos sobre cambio climático, biodiversidad y océanos por separado, y científicamente están conectados. En el planeta, todo ello funciona como un mismo sistema.

¿Qué mensaje le darías a las niñas y jóvenes interesadas en la ciencia climática? 
—Cuantas más sillas estén ocupadas por mujeres, más la sociedad se acostumbrará a que su contribución científica es igual de valiosa que la de los hombres. Cuando hay una sola silla para una mujer, empezamos a creer que las otras mujeres son competencia y la competencia no debiera ser entre nosotras para cubrir esa silla, sino luchar para que se pongan más sillas para nosotras.

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