Solidaridad en el frío: las tejedoras de AMIA | RED/ACCIÓN

Nelly, la abuela tejedora que descubrió el valor de la solidaridad: "No todos saben cuánto pueden dar hasta que se hace un click y sale afuera"

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Una mujer del grupo de voluntarias de AMIA cuenta cómo el proyecto de tejer para personas en situación de vulnerabilidad le cambió la vida.

Nelly, una de las tejedoras solidarias, mira de frente a la cámara.

Foto: AMIA.

Las "Tejedoras Solidarias" son un grupo de mujeres mayores voluntarias de AMIA que, con sus agujas, confeccionan mantas y prendas de lana, las cuales luego son donadas a hospitales, centros asistenciales y familias en situación de vulnerabilidad social.

La tarea ya lleva más de una década. Y aunque la pandemia impidió reunirse para organizarse, cada una sigue tejiendo en su casa. Nelly Resnik, de 86 años, está en el grupo desde sus inicios.

—¿Qué significa tejer abrigos para niños y niñas que no conocés?
—Tejer para chicos que pasan necesidades y desconocemos es como abrazar a uno de los míos. No me importa su edad, color, religión o si los conozco o no. Son chicos y chicas que tienen necesidades. Solo me importa hacer el bien dentro de mis pocas posibilidades. Antes podíamos ir personalmente. Cuando escuchaban llegar el micro que nos llevaba con nuestros paquetes y nuestra alegría del trabajo terminado, y nos abrían la puerta del lugar, gritaban: “Vienen las abuelas”. Muchos no tenían abuelas. Agarraban gorros, bufandas, pulóveres. Y en el transcurso de la hora u hora y media que compartíamos juntos, ya estaban sentados “a upa”, contándonos de dónde son, cuántos hermanitos tienen o pidiéndonos que les leyéramos un cuento. Cuando un niño me tocaba una pierna o abrazaba sin conocerme era como si me abrazara un nieto propio.

—La cuarentena frenó estas visitas. ¿Cómo lo vivieron?
—La última vez que nos juntamos a tejer fue tres días antes de la cuarentena. Pero teníamos mucho material donado y seguimos cada una en su casa. Las coordinadoras nos mandaban la lana y nosotros le dábamos al chofer lo que habíamos producido. Luego, ellas hicieron varios envíos, como a la Maternidad Sardá. Estamos haciendo mucho en cuarentena, este tiempo sirvió para afianzar al equipo y el cambio va a ser para mejor. Yo acaricio las prendas y mando una plegaria para quien la reciba: “Que crezcas sano, grande, puedas estudiar, seas una persona de bien y puedas valerte por ti mismo”. Es el deseo que acaricio en cada prenda. Y todas estamos en lo mismo: deseamos que estos niños y niñas no necesiten la caridad ajena.

—¿De dónde viene tu vocación solidaria?
—AMIA sacó eso de mí. Yo era una persona más, trabajadora, ama de casa. Cumplí todo lo que se espera cuando uno crece: familia, nietos, luego perdí a mi compañero. Hace 22 años me acerqué a AMIA. Iba a un centro integral, que antes era como un club social en el que nos enseñaban muchas cosas, como contactarte con otras personas. Así se aprende el valor de otra persona desconocida. Desde hace 15 años soy voluntaria y hace más de 10 estamos con el grupo de tejedoras. Ahora soy otro tipo de persona que estaba dentro de mí y no sabía. No todos saben lo que pueden dar hasta que una hace un click y sale afuera.

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Este año, las Tejedoras Solidarias redoblan la apuesta: quieren superar las donaciones de ropa que todos los años realizan para los bebés nacidos en el Hospital Materno Infantil Ramón Sardá. Para esto, piden nuestra colaboración. “Todas las personas que pueden aportar su granito de arena para hacer crecer este proyecto, lo pueden hacer de una manera muy simple. Puntualmente necesitamos un tipo de lana específica que se llama Cashmilon 316. Con este insumo, podemos seguir haciendo mantas, pecheras, baberos, gorros, pulóveres y bufandas para los recién nacidos”, dicen.

Quien quiera ayudar puede acercarse a Uriburu 650, los lunes, miércoles y viernes, de 9 a 16. Antes, hay que avisar por Whatsapp al 15 24700425. Para consultas o solicitar más información se puede llamar al 4959-8815 o escribir a los correos [email protected] / [email protected].

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Esta entrevista fue publicada originalmente en Oxígeno, la newsletter que escribe Juan Carr. Podés suscribirte en este link.

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