Noticias de pintores, comentado por Guadalupe Ayala | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos |   3 de abril de 2019

Noticias de pintores, comentado por Guadalupe Ayala

Noticias de pintores
María Luque
Sigilo

Uno (la selección)

La historia del arte está cada vez más cerca de nosotros, los museos se han transformado en lugares turísticos a los que acudir como parte del recorrido de las ciudades que visitamos ,y los artistas son a nuestros ojos “Seres”  divinos de los que nos gustaría saber “todo” a partir de conocer sus cuadros.

En esta era en la que las redes de manera inmediata nos facilitan información visual, escrita y sonora “saber” tiene fácil acceso, pero sucede y mucho que el tema es tan amplio (y  fascinante) que nos cuesta ponerle un tamaño de alcance, un modo de acceder sencillo y cercano, y de ese modo abrumados por cantidades inefables de información, lo dejamos para más tarde.

A María Luque se le ocurrió armar un libro muy especial que pueda servir para eso, un relato gráfico en el que nos cuenta de un modo encantador muchas de las cuestiones que incumben al artista y que lo definen como tal a partir de su obra, pero va lejos, no se queda ahí, da rienda suelta a muchas otras cuestiones que los humanizan. Pasando las páginas vamos sabiendo cosas tan curiosas y dulces, como que cuando La Mona Lisa posaba en el taller de Leonardo, éste hacía tocar una música suave para que la melodía se refleje en su cara, o que Caravaggio usaba un lienzo viejo de mantel a la hora de comer.

De la superficie a lo profundo dibujando, vamos sabiendo muchas cosas. De pronto nos sumerge en los procesos creativos: todo ese sentimiento subjetivo de las pintoras y pintores contándonos   puros hallazgos en sus procesos de creación y trabajo, o aspectos rescatables en los inicios de su trayectoria que nos permiten entender mejor.

No olvida mencionar cuestiones políticas, como las diferencias de género señalando de la mano de Tracey Emin   la evidente desproporción entre el éxito de pintores y pintoras , o el racismo, como cuando Basquiat dice a los gritos en el MOMA la ausencia de negros en los museos.

De un modo didáctico, sencillo, naif, conectando con nuestro lado infantil  que su propia manera de dibujar sostiene con gran belleza , señala la importancia de la constancia en el trabajo artístico, subraya  sentimientos propios del trance que produce crear y da puntos de vista, que son recibidas por quien lee como chispas de naturalidad en lo extraordinario.

¿Quién no sonríe o suspira al leer y ver dibujado que Durero atravesó los Alpes para llegar a Italia a pie? Pero María va un poco más lejos (como buena artista) y ahonda en esa emoción de sonreír y suspirar de la mano de ese paseo de Basquiat y Suzanne caminando hacia el MOMA y reconociendo que “andar es un lujo de los que tienen tiempo”.

Así que si quieren ir al museo con Cezanne, conocer una receta surrealista o saber porqué Tarsila organizaba muchas fiestas, lean estas “Noticias de pintores”. Suponen de verdad un placer para los sentidos y esa  herramienta ideal para poder seguir indagando en las redes –con criterio y haciendo foco- , hasta completar la curiosidad que nos despierta.

Dos (la selección)

Tres

Cuatro

Cinco y Seis

Siete

Diplomada en Bibliotecología, es productora editorial y periodista cultural en Buenos Aires. Anteriormente trabajó durante años en la Biblioteca Nacional de España, hasta que  cruzó el océano y cambió de continente. Hoy día es también dibujante y pintora.


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Cultura | 24 de abril de 2019

Feria del Libro: la edición 2019 va más allá de la literatura

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es la fiesta de las letras, pero la mayoría de los autores que exploran las formas y las historias no son los que llenan las salas para más de mil personas, un privilegio sólo reservado a los escritores best-sellers y a algunas figuras que se mueven en los bordes del oficio, como booktubers o actores. Ésta no es necesariamente una obviedad: festivales como el FILBA (de literatura), el BAN y el Azabache (ambos de género negro) o incluso el reciente Basado en Hechos Reales (BaHR, de periodismo) han generado filas de personas que quieren ver a caras nuevas.

En cambio, el público de la Feria del Libro (que este año puede llegar a más de 1.200.000 personas) es heterogéneo; a veces, ni siquiera es muy lector. Por eso este encuentro, que llega a su edición número 45 en un año de crisis y caída de ventas, ahora se reinventa: con menos figuras internacionales que en otras ocasiones (Arturo Pérez-Reverte y Rosa Montero, dos potentes best-sellers, son los invitados estrella) hay una oportunidad para una expansión más allá de las fronteras de la literatura.

Así, la Feria ofrece un Encuentro Internacional de Booktubers (con la participación de los mexicanos Claudia Ramírez y Alberto Villarreal), una Convención Blogger (con entrevistas públicas a Antonio Santa Ana y a Sara Búho) y un Encuentro Bookstagrammer (con la autora Pamela Stupia). No es la primera vez que la Feria mira a estas tribus, pero 2019 concentra más actividades que nunca.

La es un fenómeno de masas que atrae a más de un millón de personas. Foto: Fundación El Libro.

Además, por segundo año la Feria contará con Orgullo y Prejuicio, un espacio dedicado a la diversidad sexual. Según el comunicado oficial, cuenta con “una librería especializada en cuestiones de género, culturas de la disidencia sexual y feminismos, más un auditorio con una programación diaria propia”. Y por primera vez se desarrollará un lugar de Diversidad Funcional y Discapacidad, con stands de libros y un auditorio.

Barcelona será la Ciudad Invitada de Honor, con más de 100 actividades culturales y una comitiva de 56 autores e ilustradores, 8 especialistas del mundo de la literatura y 14 artistas, entre los que se destacan Héctor Lozano (creador y guionista de la serie Merlí, que vendrá acompañado por el actor Carlos Cuevas), Carlos Zanón, Paula Bonet, Marina Garcés, Eva Baltasar y Maite Carranza.

“Indudablemente”, dice Oche Califa, el director institucional y cultural de la Fundación El Libro, “apelaciones como éstas, muy visibles y para públicos específicos, tienden a mejorar el resultado promocional y comercial de los libros”.

Para el mercado editorial, 2019 es un año poco feliz: la industria ha caído en ventas (entre un 10 y un 12%, en unidades, en comparación con el primer trimestre de 2018, según la Cámara Argentina de Publicaciones) y en producción (25% es la cifra no oficial que, en promedio, afecta a las grandes editoriales, y algunos de sus sellos vieron recortes de hasta un 50%). Pero la Feria será, según Califa, “un fenómeno de masas”: “El 80 por ciento de nuestro público vino a la Feria tres veces o más, y otro gran porcentaje no frecuenta las librerías, pero después de venir a la Feria quizás entra a alguna”.

Sumado a eso, las editoriales grandes pagan precios muy altos por los stands y las salas, por el salario de los vendedores que contratan y por las horas extra que cumplen sus propios empleados cuando se suman a esos stands (una persona de Random House-Mondadori que habló con RED/ACCIÓN, por ejemplo, hizo 70 horas extra en la edición 2018 de la Feria). “La inversión es imposible de recuperar”, dice en reserva una fuente de la industria. “Con suerte, las editoriales grandes salen empatadas. Pero la Feria es una gran vidriera y alcanza a esa gente que lee un libro por año”. Las editoriales más pequeñas comparten stands y casi no contratan vendedores: mandan a sus empleados. Así pueden generar ganancia.

Para el mercado editorial, 2019 es un año poco feliz: la industria ha caído en ventas y en producción. Foto: Fundación El Libro.

Entre las 992 actividades que tiene el programa oficial de la Feria, Matías Gómez (conocido en YouTube como Matías G.B., autor del blog Cenizas de papel) estará en cuatro: firmará Esos raros relatos nuevos, una antología de la cual es parte junto a otros seis autores (su cuento se llama “La sombra negra”); conducirá un taller sobre redes sociales; dará junto a @alvinbooks, un bookstagrammer, una charla; y participará del Encuentro Internacional de Booktubers. “A ese evento siempre van unas mil personas, se llena de lectores y es una buena experiencia”, dice.

Matías G.B., que tiene 21 años, entró a la comunidad de la literatura juvenil (que el mercado cataloga como young-adult) a sus 15, pero él ya leía desde los 11. “Fuimos creciendo y fue mutando lo que leemos”, dice. “Primero fueron los bloggeros, después los booktubers y por último, los bookstagrammers. Todo esto está muy bueno porque pudimos conseguir amigos en Internet para compartir lecturas”. Acaba de terminar El adulto, de Gillian Flynn, y está leyendo 14/7, una trilogía de Pamela Stupia, pero explica que hoy no hay ningún libro que esté de moda entre los influencers, como ocurría con Bajo la misma estrella, de John Green; Las ventajas de ser invisible, de Stephen Chbosky; o Los juegos del hambre, de Suzanne Collins. “Esa era una literatura juvenil que tenía mucha presencia cuando todos empezamos”, dice.

Rodolfo Reyna, presidente de la Cámara Argentina de Publicaciones (que reúne a 68 miembros; entre ellos, las editoriales grandes y las cadenas de librerías), se autodefine como “un defensor de la Feria porque siempre es buena”. Y explica que los influencers “son nuevos canales de comunicación… y después algunos se convierten en autores”.

De hecho, la industria los mira y los contrata. “Cada etapa de las tres Bs (y quién sabe cuántas más habrá) revolucionó el mundo del libro”, dice –respecto de booktubers, bloggers y bookstagrammers– Federico Valotta, booktuber y blogger (lleva adelante el blog Atrapado en la lectura); y miembro del equipo de marketing de una editorial grande. “De hecho, cuando los booktubers estaban en un boom, ya había varios bloggers que estaban trabajando en editoriales. Hoy en día que ya cada ‘boom’ ha pasado, encontramos gente de cualquiera de las tres categorías en las editoriales”.

La Feria del Libro muta, como muta su industria: mañana el encuentro será inaugurado a las seis de la tarde por la antropóloga feminista Rita Segato y entonces el mundo de los libros se expandirá todavía un poco más.

Sie7e Párrafos | 23 de abril de 2019

Diarios de Bicicleta, comentado por Gustavo Noriega

Diarios de bicicleta
David Byrne
Reservoir

Uno (mi comentario)

El escocés David Byrne cobró fama y reconocimiento eterno como líder de la banda postpunk, avant garde y pop Talking Heads, con la cual grabó hasta 1991. Luego siguió una carrera prolífica como solista. Además, Byrne es una persona inteligente, curiosa, atenta e interesada por todo. Uno de sus intereses es el urbanismo, al que ejercita mientras recorre en bicicleta las distintas ciudades del mundo que visita como estrella del rock. El andar en dos ruedas por ciudades desconocidas, mecanizando movimientos y abriendo los sentidos, le permite poner la mente en un modo en el cual las reflexiones fluyen espontáneas.

Diarios de bicicletas las pone por escrito, agrupadas por ciudad, permitiéndonos recorrer el mundo pensando problemas contemporáneos de una manera libre y desenfadada. Se suceden ciudades (Berlín, Estambul, Buenos Aires, Manila, Sidney, Londres, San Francisco y Nueva York), pensamientos, anécdotas y experiencias vitales. Atención al capítulo sobre Buenos Aires, escrito a comienzos de la década del 90, cuando vino a presentar Rei Momo. Allí habla con familiaridad y conocimiento de la escena musical local, mencionando a La Portuaria, Juana Molina, Los Auténticos Decadentes y otras bandas: es fácil suponer que si es tan preciso en este tema, donde lo podemos encontrar fácilmente en falta, también lo será en ciudades menos conocidas por nosotros. Un detalle notable:  en nuestra capital queda desolado por la falta de ciclistas y nos diagnostica una inhabilidad congénita para salirnos del auto. ¡Qué vuelva ahora a defender las bicisendas!

Dos (la selección)

Desde principios de los años ochenta, he usado la bicicleta como principal medio de transporte en Nueva York. Primero lo hice a modo de prueba, y me sentí cómodo incluso en una ciudad como esta. Me dio una sensación de energía y libertad. Tenía una vieja bicicleta de tres marchas, una reliquia de mi infancia en las afueras de Baltimore, y para la ciudad de Nueva York no necesitas mucho más. En aquellos tiempos, mi vida estaba más o menos restringida al centro de Manhattan -el East Village y el SoHo- y enseguida me di cuenta de que la bicicleta era una forma fácil de hacer recados durante el día o de trasladarme de manera eficiente a clubes, galerías de arte o locales nocturnos, sin tener que buscar un taxi o la parada de metro más cercana. Ya sé que uno no piensa normalmente en que salir de copas y montar en bicicleta sea algo compatible, pero hay muchas cosas que ver y oír en Nueva York, y descubrí que corretear de un sitio a otro en bicicleta era sorprendentemente rápido y eficaz. Así que me quedé con la bicicleta, a pesar de su aura demodé y del peligro que entrañaba, ya que por entonces muy poca gente circulaba en bici por la ciudad. Los conductores de aquellos tiempos no estaban acostumbrados a compartir la vía con los ciclistas, y te cortaban el paso o te lanzaban contra los coches aparcados, incluso más que ahora. Al hacerme un poco mayor quizá consideré también que pedalear era una buena forma de hacer un poco de ejercicio, pero al principio no pensaba en eso. Simplemente, me sentía bien deambulando por aquellas sucias calles llenas de baches. Era muy estimulante.

Tres

Leo en el periódico inglés The Guardian que, en 2004, el Pentágono envió a la administración Bush un informe en el que afirmaba que el cambio climático es una realidad, que es una amenaza mayor que el terrorismo, y que tendrá -no <<podría tener>>- enormes repercusiones políticas a escala global. Predecía una convulsa situación a nivel mundial, una lucha por la supervivencia y los recursos que desembocará inevitablemente en un estado de guerra casi permanente en todo el globo. Qué perspectiva tan halagüeña… ¡Y el informe procedía del Pentágono, no de la Agencia de Protección Medioambiental!

Cuatro

El uso de la bicicleta no hará que esta o cualquiera de las muchas predicciones catastrofistas se cumplan durante el tiempo que nos queda de vida, pero quizá las ciudades que afronten ahora las realidades del clima, la energía y el transporte tengan más posibilidades de sobrevivir, incluso de prosperar, aunque la idea de prosperar parece casi morbosa, dado el gran número de ciudades insostenibles que inevitablemente agonizarán por las sequías, las inundaciones, el desempleo y el vacío de poder. Puede que algunas de las ciudades por las que he padaleado desaparezcan antes que yo, ya que están agotando sus recursos de una manera que el resto del continente y del planeta no podrá soportar mucho tiempo más. No voy en bicicleta a todos lados porque sea ecológico o digno de elogio. Lo hago básicamente por el sentido de libertad y por el placer que me da. Y me doy cuenta de que, en este sentido, pronto tendré mucha más compañía de la que he tenido en el pasado, y que muchas ciudades se están preparando para estos inevitables cambios que nos beneficiarán.

Cinco

La ciudad, situada en el terreno aluvial del río de la Plata, es bastante llana, lo cual, sumado a su clima templado y sus calles más o menos ordenadas en cuadrícula, la hacen perfecta para moverse en bicicleta. Aun así, podría contar con los dedos de una mano el número de gente del lugar que vi circulando en bicicleta. ¿Por qué? ¿Llegaré a descubrir por qué nadie se mueve en bici por esta ciudad? ¿Hay alguna explicación oculta y secreta a punto de revelarse ante mí? ¿O soy un estúpido ingenuo? ¿Es por lo temerario del tráfico, por el elevado número de robos, por lo barato de la gasolina y porque el coche es un símbolo imprescindible de estatus? ¿Tan menospreciada está la bicicleta que incluso los mensajeros usan otros medios para desplazarse?

Seis

No creo que se deba a ninguna de estas razones. Creo que simplemente nadie ha considerado en serio la idea de moverse en bicicleta. El meme ciclista no se ha implantado o nunca arraigó. Me inclino a darle la razón a Jared Diamond, quien, en su libro Colapso, afirma que la gente desarrolla afinidades culturales con cierto tipo de alimentos, maneras de desplazarse, tipos de ropa y costumbres tan arraigadas que, según explica el autor, persistirán en sus hábitos hasta llevarla, a veces arrastrando a toda su civilización, a la extinción. Diamond aporta numerosos precedentes históricos: por ejemplo, en el siglo xix, una colonia escandinava en Groenlandia cuyos miembros persistieron en dedicarse a la ganadería, una actividad a todas luces poco práctica. Nunca adoptaron ni adaptaron -porque era culturalmente inaceptable- la dieta o los hábitos de los esquimales locales, con lo que acabaron muriendo cuatrocientos años, tiempo más que suficiente para convencerse de cuál era el mejor camino. Por supuesto, en esta era de total dependencia de los combustibles fósiles y de cambio climático, las lecciones de historia de Diamond tienen una resonancia amenazadora. Así pues, aunque nos guste pensar que la gente no puede ser tan estúpida como para encaminarse directamente hacia la autodestrucción -con todos los medios para la supervivencia justo delante de sus narices-, puede hacerlo, y de hecho lo hace.

Siete

No digo que ir en bicicleta sea una cuestión de supervivencia -aunque puede ser una parte importante de cómo podamos sobrevivir en el futuro-, pero aquí en Buenos Aires parece una forma tan sensata de desplazarse que la única explicación que se me ocurre de que nadie pedalee por las calles es cierta aversión cultural. El hecho de que yo me mueva en bicicleta se considera aquí tan insólito que ha atraído el interés de la prensa y ha sido comentado por los periódicos locales.


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Actualidad | 23 de abril de 2019

El capitalismo de las apps y la irrupción del precariado

En el tercer trimestre de 2018, sólo el 44 % de la población económica activa mayor de 18 años tenía un empleo pleno de derechos en la Argentina, uno de cada cuatro contaba con un trabajo regular pero precario (con niveles de ingresos superiores a los de subsistencia, pero sin afiliación alguna al Sistema de Seguridad Social), y el 18,6% estaba en una situación de subempleo inestable (realizando changas, trabajos temporarios o no remunerados, o siendo beneficiarios de programas de empleo con contraprestación). El 9,9% estaba desempleado.

Las cifras provienen de un informe que publicó esta semana el Observatorio Social de la UCA y que revela que entre 2010 y 2018 los empleos precarios e inestables casi duplicaron su peso en el mercado laboral y son la principal razón de que el desempleo no se haya disparado.

Los economistas y expertos laborales explican que en parte esto se debe a la decadencia sistemática y estructural de la economía argentina, pero advierten que un factor no menor es el gran avance tecnológico y las nuevas relaciones de trabajo generadas por la revolución digital que ha hecho posible la irrupción de empresas como Uber, Rappi y Glovo. La tecnología ha cambiado el modelo de relación laboral tradicional, estable y que venía acompañada de todos los derechos sociales.

Mi colega, Lucía Wei He, publicó un reportaje el año pasado en el que hizo hincapié en que el crecimiento exponencial de estas empresas en los últimos años ha hecho surgir una problemática común para este tipo de apps alrededor del mundo: ¿cuál es la verdadera relación laboral con sus trabajadores? ¿Son cuentapropistas? ¿Empleados?

Uber, Rappi o Glovo afirman que los repartidores no son empleados sino trabajadores independientes o “microempresarios” que trabajan sin jefe ni horario fijo. Al ser considerados trabajadores independientes, la empresa no se responsabiliza en el caso de accidentes o robos.

El año pasado Uber generó ingresos por más de 11 mil millones de dólares, empleó a más de 16 mil trabajadores alrededor del mundo y atrajo a 75 millones de usuarios regulares que fueron transportados por 3,9 millones de “socios conductores”. Pero a esos millones de choferes Uber no les tuvo que pagar seguros, aportes jubilatorios ni obra social.

Estos jornaleros digitales son el corazón del precariado y, aunque en muchos casos generan ingresos por encima del nivel de pobreza o suficiente para contribuir a la economía familiar o financiar una vida de estudiante, no tienen prácticamente ningún derecho laboral. En Argentina, en su gran mayoría carecen de cualquier cobertura médica y no realizan ningún aporte para su jubilación, lo cual profundiza aún más el déficit en los sistemas previsionales nacional y de las provincias. Tampoco la seguridad social percibe dinero alguno de los empleadores.

La CGT lo tienen claro. En varios informes que ha hecho circular, advierte que el futuro del trabajo “traerá aparejado la destrucción y creación de empleos, el surgimiento de nuevos sectores, cambios en nivel y tipo de cualificaciones requeridos, y la concentración de la riqueza y las desigualdades”. Y critica que en los debates sobre esta temática, “poco se ha dicho acerca de si este mundo que se nos presenta como de productividad digital, tecnología y robótica nos permitirá construir una sociedad más justa para el presente y para el futuro”.

Maximiliano Arranz, Secretario Adjunto la Asociación Sindical de Motociclistas y Mensajeros (ASiMM), dice que “el futuro del trabajo lo tenemos bastante estudiado desde 2016. Y nuestra postura es que la tecnología tiene que estar al servicio del trabajo, al servicio de la gente, y no viceversa. No estamos para negociar nuestros derechos. Estamos para defenderlos”, dice .

Para Arranza la llamada economía colaborativa es un eufemismo para no llamarla “economía de la miseria”. Sobre empresas como Rappi o Uber, advierte que “en la Argentina no se le va hacer fácil. Sin la ola migratoria este tipo de empresas no existen”. Arranza insiste en que el Gobierno tiene que asegurar que respeten la legislación laboral argentina.

ASiMM cuenta con más de 4.500 afiliados en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, de los cuales dos mil ciento cincuenta pertenecen a empresas tecnológicas (app/plataformas).

Uber admite que la recesión en Argentina ha sido un factor favorable para su desarrollo local, ya que el aumento del desempleo ha generado una mayor oferta de conductores. Y da como ejemplo que el 20% de sus conductores en Buenos Aires estaban desempleados inmediatamente antes de unirse a Uber.

Enrique Stile, abogado del estudio Marval, O’Farrell & Mairal, dice que el aspecto laboral en estas plataformas digitales es un problema en todo el mundo. Y explica que “la economía colaborativa está directamente atada con la evolución tecnológica y con la demanda de la gente, es algo que no se puede evitar. Pero es necesaria su reglamentación (…) y el problema es que la ley siempre está un paso atrás de los avances tecnológicos”.

Un estudio del Centro de Estudios Laborales y Sociales sobre la tecnología y el trabajo dice que en las últimas décadas se ha producido un proceso de polarización de las ocupaciones en Argentina. El empleo ha crecido en las áreas más cualificadas (los técnicos y profesionales) y ha aumentado la demanda por el personal de los servicios. Pero se ha producido una disminución clara del empleo en “las ocupaciones de cualificación intermedia, en particular, los oficinistas, los artesanos y trabajadores cualificados de las manufacturas y los operadores de maquinarias”.

Una problemática mundial

La emergencia del trabajador precario fue uno de los temas que dominó la agenda de la reunión del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) este año en Davos, Suiza. Se estima que, de aquí a 2022, desaparecerán 75 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, aunque se crearán 133 millones, lo que obliga a los trabajadores a reinventarse.

Una de las conclusiones de Davos fue que hay que lograr que la globalización funcione para todos, no solo para unos pocos. Los votantes están cada vez menos dispuestos a aceptar los excesos y en juego está la gobernabilidad.

“La creciente brecha entre quienes forman parte del precariado y los privilegiados se está reforzando con los modelos de negocios de la Cuarta Revolución Industrial, que a menudo hacen que las ganancias sean para quienes son dueños del capital o de la propiedad intelectual. Cerrar esa brecha requiere que reconozcamos que estamos viviendo en un nuevo tipo de economía impulsada por la innovación, y que se necesitan nuevas normas, estándares, políticas y convenios globales para salvaguardar la confianza del público. La nueva economía ya ha perturbado y recombinado innumerables industrias, y ha desplazado a millones de trabajadores”, dijo Klaus Schwab, el inventor de foro de Davos.

Hace unos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organizó un evento en Buenos Aires como parte de la celebración del centenario de su creación, en la que se discutió el futuro del trabajo. Un informe que publicó en febrero advirtió que “los gobiernos deben estar alertas ante los cambios, porque los riesgos que en muchos casos conllevan (como una ampliación de la brecha entre ricos y pobres) pueden –y deben– ser atajados con políticas adecuadas”.

Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo y representante del Gobierno en la OIT, en ese mismo encuentro señaló que la economía argentina no ha podido generar procesos de inversión sostenibles para que haya empleos de calidad”. Y apuntó también a los sindicatos: “a veces no terminan de entender la naturaleza de los cambios y entonces son, de alguna manera, partícipes de las deformaciones del mercado laboral”.

Opinión | 23 de abril de 2019

¿Quién debería decidir cómo deciden los algoritmos?

Al contrario de las historias de ciencia ficción en las que las máquinas se vuelven conscientes y se hacen cargo, las aplicaciones de inteligencia artificial solo harán lo que los humanos les dicen que hagan. Por lo tanto, es de interés para todos considerar cómo las tecnologías como los autos que conducen por sí mismos manejarán dilemas éticos de vida o muerte en el mundo real.

En los últimos años, el estudio “Máquina moral” del MIT ha relevado las preferencias públicas respecto de cómo deberían comportarse las aplicaciones de inteligencia artificial en diferentes entornos. Una conclusión a partir de los datos es que cuando un vehículo autónomo (VA) se topa con un escenario de vida o muerte, la manera en que uno piense que debería responder depende en gran medida del lugar de dónde uno proviene y lo que sabe sobre los peatones o los pasajeros involucrados.

Por ejemplo, en una versión VA del clásico “dilema del tranvía”, algunos podrían preferir que el coche atropellase a un asesino convicto y no que lastimase a otros, o que atropellara a un ciudadano mayor antes que a un niño. Sin embargo, otros podrían decir que el VA simplemente debería tirar los dados para evitar una discriminación impulsada por los datos.

Por lo general, estas disyuntivas están reservadas para los tribunales o para las investigaciones policiales después del hecho. Pero en el caso de los VA, las decisiones se tomarán en cuestión de milisegundos, y esto no alcanza para llegar a una decisión informada. Lo que importa no es lo que sabemos nosotros, sino lo que sabe el coche. La pregunta, entonces, es qué información deberían tener los VA sobre la gente que los rodea. ¿Y se debería permitir que las empresas ofrecieran sistemas éticos diferentes en busca de una ventaja competitiva?

Consideremos el siguiente escenario: un coche de China tiene estándares de fabricación diferentes a los de un coche de Estados Unidos, pero es transportado a Estados Unidos y usado allí. Este coche hecho por chinos y un coche fabricado en Estados Unidos van camino a una colisión inevitable. Si el conductor del coche chino tiene preferencias éticas diferentes que el conductor del coche estadounidense, ¿qué sistema debería prevalecer?

Más allá de las diferencias culturales en las preferencias éticas, también debemos considerar las diferencias en las regulaciones de datos en los diversos países. Un coche fabricado por chinos, por ejemplo, podría tener acceso a datos de condición social, lo que le permite a su algoritmo de toma de decisiones incorporar información adicional con la que no cuentan los fabricantes de autos norteamericanos. Datos más ricos podrían conducir a mejores decisiones y más consistentes, ¿pero esa ventaja debería permitir que un sistema se imponga a otro?

Claramente, antes de que los vehículos autónomos copen las rutas en masa, tendremos que establecer dónde recae la responsabilidad por la toma de decisiones algorítmica, ya sea en las autoridades municipales, los gobiernos nacionales o las instituciones multilaterales. Es más, necesitaremos nuevos marcos para gobernar esta intersección de los negocios y el estado. Lo que está en juego no es sólo lo que los VA hagan en escenarios extremos, sino cómo las empresas van a interactuar con diferentes culturas en el desarrollo e implementación de algoritmos de toma de decisiones.

Es fácil imaginar que todos los fabricantes de VA no harán más que publicitar sistemas éticos que premien la vida del conductor por sobre las otras cosas, o que permitan al usuario modificar sus propios marcos éticos. Para impedir esta “tragedia de los comunes”, tendrán que existir marcos para establecer comunicación y coordinar decisiones entre los VA. Pero al desarrollar este tipo de sistemas en los diferentes contextos culturales, los responsables de las políticas y los empresarios se enfrentarán a nociones culturales muy diferentes respecto de la soberanía, la privacidad y la autonomía individual.

Esto plantea desafíos adicionales, porque los sistemas de IA no toleran la ambigüedad. Diseñar una aplicación de IA desde cero exige una especificidad profunda; para bien o para mal, estos sistemas sólo hacen lo que uno les dice que hagan. Eso significa que las empresas, los gobiernos y otros proveedores tendrán que hacer elecciones explícitas cuando codifican los protocolos de respuesta para diferentes situaciones.

Sin embargo, antes de que eso suceda, los responsables de las políticas tendrán que establecer el alcance de la responsabilidad algorítmica, para determinar qué decisiones, si las hay, deberían quedar en manos de las empresas o los individuos. Las que caigan dentro de la esfera del estado tendrán que ser debatidas. Y dado que estas cuestiones éticas y morales no tienen respuestas fáciles, es poco probable que surja un consenso. A no ser que haya una resolución definitiva, necesitaremos crear sistemas que por lo menos faciliten la comunicación entre los VA y arbitren disputas algorítmicas e incidentes automovilísticos.

Dada la necesidad de especificidad al diseñar los algoritmos de toma de decisiones, es razonable que se necesite un organismo internacional para fijar los estándares de acuerdo con qué dilemas morales y éticos se resuelvan. Los VA, después de todo, son apenas una aplicación de la toma de decisiones algorítmica. De cara al futuro, los estándares de responsabilidad algorítmica tendrán que ser gestionados en muchos dominios.

En definitiva, la primera pregunta que debemos decidir es si las empresas tienen derecho o no a diseñar marcos éticos alternativos para la toma de decisiones algorítmica. Podríamos decir que no.

En una era de IA, algunos componentes de las cadenas de valor globales terminarán siendo automatizados como algo natural, momento en el cual ya no serán considerados zonas en las que las empresas busquen una ventaja competitiva. El proceso para determinar y juzgar una responsabilidad algorítmica debería ser una de esas áreas. De una u otra manera, se tomarán decisiones. Es mejor que esto suceda de manera uniforme, y del modo más democrático posible.

Mark Esposito es profesor de Negocios y Economía en la Universidad de Harvard, Terence Tse es cofundador de Nexus FrontierTech, Joshua Entsminger es miembro de la Ecole des Ponts Center for Policy and Competitiveness y Aurélie Jean es científica informática y colaboradora externa del Ministerio de Educación de Francia.

© Project Syndicate 1995–2019.

Harvard Business Review | 23 de abril de 2019

La psicología detrás del comportamiento poco ético

En una cálida tarde después de una reunión de estrategia fuera de la oficina, un equipo de ejecutivos llega a un conocido restaurante local. El CEO no está contento con la mesa y pide que los cambien. Un joven mozo rápidamente encuentra al gerente, quien les explica que no hay otras mesas disponibles.

El grupo trata de cambiar de tema, pero nuevamente es interrumpido por el CEO. “¿Soy el único al que le incomoda la vista? ¿Están haciendo obras hoy?” exige saber. El mesero intenta una explicación. “Nos estás a la altura” replica el CEO. Después de que el mozo se aleja, alguien hace un chiste sobre la inteligencia del hombre. Esto parece agradarle al CEO, que responde con su propia ocurrencia despectiva. El grupo se ríe.

Si usted estuviera presente en esa comida, ¿le diría al CEO que no aprueba su lenguaje y comportamiento? ¿Trataría usted de poner un mejor ejemplo, o se quedaría en silencio?

Esta escena encapsula tres dinámicas psicológicas que llevan a cruzar líneas éticas, las mismas dinámicas que entran en juego cuando se cruzan líneas mucho mayores en la arena corporativa. 

¿Cómo saber cuando usted, o su equipo, están en camino a una falla ética? He aquí consejos para identificar y combatir cada dinámica:

  • Omnipotencia: Cuando alguien se siente tan merecedor que considera que las reglas del comportamiento decente no le aplican a él. Una forma de evaluar si ha alcanzado un “pico de omnipotencia” es si sus decisiones solo reciben aplausos, deferencia o silencio. El contrapeso psicológico a la omnipotencia es asumir sus defectos. Especialmente si está en una posición de liderazgo, asuma que tiene debilidades y piense regularmente sobre ellas. Cultive un grupo de pares que le digan la verdad incluso cuando esta sea desagradable.
  • Adormecimiento cultural: Cuando gradualmente comienza a aceptar y encarnar normas desviadas. Psicológicamente, usted está haciendo un intercambio entre adaptarse a la cultura y mantenerse sincero con lo que valora. Comience a buscar señales de captura moral: breves momentos en los que no se reconoce. Pregúntese si se sentiría cómodo diciéndole lo que está pasando a un periodista o a un juez. También puede ser útil obtener una perspectiva externa. Recurra a un amigo o familiar que pueda detectar cambios que usted no perciba en sí mismo.
  • Negligencia justificada: Cuando comienza a racionalizar acciones y se dice a usted y a otros, “esta es una situación excepcional.” Combátala obligándose a sí mismo y a sus colegas a actuar correctamente, recompensando el comportamiento ético y definiendo sus límites. Esto podría ser tan simple como hacer una lista de cosas que no hará por ganancia o placer, leyéndola con regularidad y mostrándosela ocasionalmente a su equipo como recordatorio.

Incluso aunque la mayoría de las empresas tienen algunos contrapesos culturales, los líderes también deben ser conscientes de las condiciones psicológicas que empujan a las personas — incluyendo ellos mismos — a cruzar líneas éticas. Entre más preparado esté para manejarlas, será más probable que mantenga intacta su integridad.

Merete Wedell-Wedellsborg es una consejera ejecutiva.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 23 de abril de 2019

Ilustración: Tyler Varsell / The New York Times

Una cosa que podés hacer para luchar contra el cambio climático

David Reay, un científico del clima de la Universidad de Edimburgo en Escocia, es un experto en la gestión del carbono. También le gusta el pan recién hecho. Entonces, cuando su máquina de pan se rompió, inmediatamente fue online para buscar una nueva. Encontró que una máquina similar costaría el equivalente a unos $80 dólares. También aprendió que podría reemplazar la parte rota por aproximadamente $8.

Con la ayuda de un video que mostraba cómo cambiar la parte rota, el trabajo tomó solo unos 15 minutos. “Fue realmente satisfactorio”, dijo, y agregó que las reparaciones de bajo costo también ayudan al clima. “Se evita la huella de carbono de comprar un nuevo reemplazo”.

El Dr. Reay, quien ha escrito extensamente sobre cómo conducir una vida sostenible, dijo que, con el aumento de las compras en línea y el envío más rápido, se ha vuelto extremadamente fácil para las personas reemplazar, en lugar de arreglar, las cosas que se rompen.

“Es tan tentador”, dijo, al señalar un informe de ENDS Europe, un servicio de noticias ambientales, que encontró que la tasa de reemplazo de los grandes electrodomésticos en Alemania casi se duplicó entre 2004 y 2013. El Dr. Reay dijo que la gente en general “ni siquiera piensa en las consecuencias” de tirar aparatos que se pueden reparar.

Otro informe, de la consultora Deloitte en 2016, reveló que las emisiones del sector de equipos eléctricos y electrónicos de Europa “podrían dividirse en dos si se hicieran esfuerzos mínimos” para aumentar la reutilización. Eso equivaldría a decenas de millones de toneladas menos de emisiones de gases de efecto invernadero por año.

El Dr. Reay dijo que la caída sería aún mayor si se incluyeran otros productos, como la ropa. “La industria de la moda tiene un impacto ambiental significativo”, dijo, “y tiende a ser bastante desechable”.

El Dr. Reay encontró su video instructivo en YouTube. Otro recurso de reparación en línea es IFixit, que ofrece guías prácticas y reparaciones de foros de discusión. En Europa, las “fiestas” y los “cafés” de reparaciones también están empezando a surgir.

También hay un movimiento para apoyar las leyes de “derecho a reparar” que requerirían que las compañías hagan que sus productos sean más fáciles de arreglar. Casi dos docenas de estados en Estados Unidos están considerando tal legislación.

“Es una situación win-win”, dijo el Dr. Reay. “Usted ahorra dinero y realmente reduce el impacto ambiental”.

© 2019 The New York Times

Harvard Business Review | 23 de abril de 2019

Cómo decirle que no al trabajo irrelevante y a las fechas de entrega fantasiosas

La diferencia entre vivir una vida de productividad tranquila o una vida de resentimiento estresante pudiera estar en una simple habilidad: aprender a decir que no.

Decir que “no” puede ser difícil. Como experta en la administración del tiempo, frecuentemente ayudo a mis clientes a que aprendan a poner límites y rehusar pedidos cuando sea necesario. He aquí algunas estrategias para decir “no” en tres áreas fundamentales: compromisos de tiempo, tareas y encuadres de tiempo.

Compromisos de tiempo

Cuando alguien te pide que te comprometas de forma constante a algo, pregúntate, “¿Esta es la inversión correcta de mi tiempo?”

Digamos que te piden ser voluntario en un comité. Es una buena iniciativa, pero no está alineada con tus pasiones o metas de desarrollo. Podría implicar de tres a cinco horas de tu tiempo laboral cada mes. Para declinar en forma educada, decí: muchas gracias por pedirme ser parte de este comité, me siento realmente honrado, pero tengo que declinar, porque estoy a mi máxima capacidad en este momento. Gracias por tu comprensión.”

Tareas

Cuando alguien te pide hacer algo que no es tu trabajo, tenés todo el derecho de decir que no. Probá decir: “esa no es mi área de especialidad. Te daré la información de contacto de Cheryl, y estoy seguro de que ella estará encantada de ayudarte con ese tema.”

Cuando te piden asumir un proyecto opcional y vos ya tenés demasiado por hacer, también es decir que “no” de manera educada. Podrías decir: “suena como una iniciativa muy interesante, pero desafortunadamente, ya estoy al máximo actualmente. Probablemente sea mejor dársela a alguien que pueda dedicarle más tiempo y atención.”


Si estás en una reunión donde los colegas discuten tareas que necesitan completarse, y no tenés tiempo de tomar más responsabilidades, no digas nada. El no ofrecerse a ayudar es una de las mejores formas de decir que no.

Encuadres de tiempo

Algunas veces hay tareas necesarias, que caen dentro de tus responsabilidades, pero el momento en que te piden tu ayuda genera dificultades. Si recibes un gran proyecto y la fecha de entrega no es alcanzable, puedes negociar. Si la situación involucra a tu jefe, podés explicarle los compromisos que ya tenés y pedir indicaciones respecto a en qué poner el foco primero. Si es alguien distinto a tu jefe, y tenés la habilidad de poner límites, podés plantear una contrapropuesta.

Si es alguien diferente a tu jefe y vos no tenés la autoridad para discutir respecto a las fechas de entrega, quizá necesites involucrar a tu jefe en esa conversación. Pruebe algo como: “entiendo que te gustaría que esto esté listo a finales de mes, pero con los otros proyectos que tenemos en marcha no será posible cumplir esa meta. Me gustaría proponer una fecha de entrega para mediados del próximo mes. ¿Suena razonable?”

Decir “no” no es fácil, pero vale la pena. Comunícate rápidamente ya que las personas típicamente aceptan el no con más facilidad cuando vos no lo aplazas. Además, comunícate con confianza. No necesitás disculparte en exceso. Recuerda, al decir que no, le estás diciendo sí a lo que más importa: tu tiempo.

Elizabeth Grace Saunders es instructora de administración del tiempo y fundadora de Real Life E Time Coaching and Speaking.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Salud | 22 de abril de 2019

Foto: Cris Bouroncle / AFP | Ilustración: Pablo Domrose

Tiene cura y tratamiento gratuito, pero crecen los contagios y ya hay más de 11 mil enfermos de tuberculosis

A pesar de los tratamientos que permiten su cura y de que la terapia es gratuita, la Argentina no sólo no logra erradicar la tuberculosis sino que registró un leve aumento en la cantidad de casos. ¿Los motivos? El número de contagios crece cuando aumenta la pobreza, los enfermos no siempre completan los seis meses de régimen que demanda su cura y muchos profesionales no notifican los casos. En el país, la tuberculosis (TBC) es un problema sanitario importante que afecta sobre todo a la población vulnerable, joven y activa. En 2017 se notificaron 11.659 casos y 706 muertes.

¿Qué es la tuberculosis? Es una enfermedad causada por una bacteria, Mycobacterium tuberculosis, que casi siempre afecta a los pulmones.

Es curable y prevenible, sin embargo la tasa de enfermos cada 100 mil habitantes aumentó un 2,6% entre 2015 y 2017.

¿Cuál es el alcance e impacto de la enfermedad en el país?

  • Hay 11.659 personas con tuberculosis, según el último dato oficial, de 2017. El Gran Buenos Aires, Salta y Jujuy son las jurisdicciones con mayor tasa de enfermos.
  • En 2017 murieron 706 personas como consecuencia de la enfermedad.
  • Mata especialmente a personas jóvenes, económicamente activas o que lo serán en pocos años.
  • Según el Boletín de Tuberculosis publicado a fines de marzo de 2019 por la Dirección de Sida, ETS, Hepatitis, TBC y Lepra de la Secretaría de Salud de Nación, los menores de 20 años representaron el 17,9% (2.083) del total de los casos registrados en 2017.
  • Mientras están enfermos, los jóvenes no pueden trabajar y tampoco conseguir trabajo mientras dura el tratamiento.

¿Por qué podría erradicarse?

  • La enfermedad no debería tener impacto porque “los tratamientos efectivos y curativos son gratuitos”, subraya Claudia Rodríguez, a cargo de la Dirección que realizó el Boletín.
  • Por eso “es responsabilidad del Estado estar alerta para buscar y detectar a los enfermos y a quienes tienen latente la enfermedad para ofrecerles el tratamiento efectivo para su erradicación”.

Podés informarte por teléfono sobre la enfermedad y su tratamiento:

LLAMÁ ACÁ

¿Por qué hay años con “picos” epidemiológicos?

Claudia Rodríguez listó elementos que debemos tener en cuenta para responder esta pregunta:

  • En los períodos de crisis socio económicas, el aumento de la pobreza, el hacinamiento y la falta de controles de salud favorecen la aparición de más casos de tuberculosis porque generan ambientes más propensos a la transmisión.
  • El grupo más vulnerable es el más pobre y con menos acceso al sistema de salud.
  • Muchos profesionales no toman conciencia de la importancia que tiene notificar los casos de tuberculosis y entonces no lo hacen. De hecho, la Dirección de Epidemiología trabaja en sensibilizarlos para que lo notifiquen.
  • Otro aspecto importante es que los equipos de salud sepan detectar posibles enfermos e infectados. Hay deficiencia en eso también, por eso desde la Secretaría están capacitando en ese sentido.

Los dos primeros aspectos marcados por Rodríguez se vuelven más que relevantes cuando observamos que según el último informe del INDEC, de fines de marzo pasado, la crisis económica sumió al 32% de los argentinos en la pobreza. Es decir, a 12.950.000 personas. La suba de más de 6 puntos porcentuales respecto a un año atrás, es la más alta desde la crisis de 2001 y significa casi 2,7 millones de nuevos pobres.

Este gráfico permite ver cómo aumentan los casos durante los años de crisis, como por ejemplo los posteriores a la crisis del 2001:

¿Quiénes son los que más riesgo de contagio tienen? Los familiares, los amigos con los que estudia o los compañeros de trabajo de una persona tuberculosa. De hecho, cada vez que se diagnostica un caso, se estudia a la familia y a las personas con las que pasa largos períodos.

Las personas infectadas con el bacilo tienen un 10% de posibilidades de enfermar de tuberculosis. Sin embargo, este riesgo es mucho mayor para las personas cuyo sistema inmunitario está dañado, como ocurre en casos de infección por el VIH, malnutrición o diabetes, o en quienes consumen tabaco.

¿Cómo se transmite y cuáles son los síntomas?

¿Cómo se trata? Con medicación antituberculosa. El tratamiento es gratuito y está disponible en todos los hospitales y centros de salud. Solamente requiere que se tomen los medicamentos en tiempo y forma durante seis meses.

Los dos primeros meses el enfermo toma 4 drogas diferentes con el objetivo de disminuir la cantidad de bacilos y así prevenir la transmisión, la severidad de la enfermedad y la muerte.

En los cuatro meses siguientes, ingiere dos drogas durante cuatro meses para erradicar el bacilo del organismo y así evitar la recaída de la enfermedad.

Durante el tratamiento las personas pueden padecer dolores y hasta dificultades para caminar. De allí que debe ingerir también un complemento vitamínico B.

Ahora, si la persona está infectada pero no enferma, sólo necesita un tratamiento simple de una pastilla durante seis meses, que no tiene efectos secundarios importantes.

¿Por qué los enfermos no completan los tratamientos? Para que el tratamiento sea efectivo debe hacerse en tiempo y forma, exige que se respeten horarios, dosis, ingestas de comida y visitas a los profesionales que hacen el seguimiento. Esto hace que para muchas personas que no tienen garantizadas las comidas del día, estos requerimientos sean difíciles de cumplir.

Abandonar el tratamiento o no empezarlo puede ser letal. Si no reciben el tratamiento adecuado, hasta dos terceras partes de los enfermos tuberculosos mueren.

¿Qué se les sugiere hacer a los profesionales antes esta situación? “Lo que ha demostrado ser más efectivo es el tratamiento que se realice cerca de la casa del enfermo, que le permite ser observado por una persona de una sala o centro de salud cercano, concurriendo cada 15 días”, detalla Rodríguez.

También desde la Dirección les recomiendan a los profesionales que den la medicación fragmentada para que el enfermo vuelva y lo puedan controlar. Y si no vuelve, puedan visitarlo o llamarlo y verificar qué pasó: si se mudó, tomó mal el medicamento, si lo interrumpió o no tiene medicación suficiente, entre otras cosas.

El trabajo de los profesionales también es importante en la prevención, en saber cómo investigar y detectar a las personas contagiadas dentro de los contactos íntimos del paciente, que no son parte de la  familia.

Hasta 15 contagios. A lo largo de un año, un enfermo tuberculoso puede infectar de 10 a 15 personas por contacto estrecho.

Una recomendación para todos. Toser sobre su brazo siempre disminuye la transmisión en enfermedades respiratorias como la gripe y la tuberculosis.

Sie7e Párrafos | 22 de abril de 2019

El final del silencio, comentado por Mariana Dimópulos

El final del silencio
Marina Franco
Fondo de Cultura Económica

Uno (mi comentario)

¿Cuál es la distancia entre el recuerdo y la Historia? Marina Franco consagra su último libro a aplicar esta pregunta, habitual en la historiografía del siglo XX, sobre un objeto de estudio al que ha dedicado buena parte de sus investigaciones: el pasado argentino reciente. Así como Un enemigo para la nación (FCE, 2012) se planteaba describir los inicios de la represión anteriores al año 1976, El final del silencio también se estructura alrededor de una pregunta por los orígenes, esta vez sobre el surgimiento de los reclamos por las violaciones de derechos humanos ocurridas durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional (PRN). El resultado de su investigación muestra que esa distancia entre recuerdo e Historia es grande, al menos en este caso, y que los colectivos nacionales (el nosotros de los argentinos, aquí) son especialmente proclives a las proyecciones anacrónicas. Pero no solo los colectivos; también buena parte de la historiografía parece haberse quedado con el cuadro que asocia el final de la Guerra de Malvinas con un impulso social generalizado y unánime por denunciar y condenar la represión.

Gracias a la lectura de diarios de época y de entrevistas, además de la inclusión de notables documentos militares, el libro demuestra que ese cuadro tiene muchos más matices de los que tendemos a creer. Ese impulso dependió, en buena parte, de la arrasadora crisis económica que trajo el fin de la dictadura. Las huellas están en varios niveles, desde los hechos “noticiables” hasta los usos del lenguaje (pasar de la “petición por el paradero de personas” a “los desaparecidos”) y en las construcciones discursivas más complejas, como la teoría de los dos demonios (Alfonsín declaraba en campaña: “se combatió al demonio con las armas del demonio”). Las ambigüedades partidarias fueron muchas (piénsese en la implicación de un ala del peronismo con los militares, que data al menos de 1975). Todos los sectores y los actores sociales y políticos principales quedaron involucrados: los partidos, la Iglesia, los medios de comunicación y el sistema judicial. Los únicos que no mostraron ambigüedad alguna, por supuesto, fueron los promotores por excelencia de las denuncias: los organismos de derechos humanos.

La vocación final del libro, podemos decir, recuerda una pregunta que el jurista y escritor alemán Bernhard Schlink planteó con su idea de una “culpa del pasado”. Esa culpa es colectiva. Franco muestra perfectamente que vale mucho más la pena cuestionarnos sobre el pasado reciente en este sentido, y no tanto en el de los supuestos usos al que puede haber sido sometido.

Dos (la selección)

El segundo trayecto engarza justamente con el anterior que tiene que ver con una pregunta que me acompaña hace muchos años: como una sociedad experimentada, construye y procesa su relación con la violencia extrema del Estado. Indagaciones previas a este trabajo me habían llevado a la constatación de que en los primeros años setenta, desde mucho antes del golpe de Estado de 1976, las figuras de la subversión, entendidas como las amenazas extremas del orden, habían estado profundamente arraigadas política, pública y socialmente, y que había existido un consenso fuerte en torno a la campaña represiva emprendida de manera abierta por las Fuerzas Armadas a partir de 1975. Más aún, que ello había estado ampliamente respaldado por los actores del sistema político: gobierno constitucional peronista, dirigentes de la oposición, diputados, senadores, sindicalistas, miembros de la jerarquía eclesiástica, cámaras empresariales y profesionales, entre tantos otros. Sin embargo, ocho años después, en 1983, las imágenes más potentes eran las de “las Madres” en Plaza de Mayo y la sociedad en la calle acompañando sus reclamos y exigiendo democracia. Si había sido así, la pregunta imperiosa era cuándo y cómo se había producido ese cambio. ¿Cuándo los derechos humanos y el reclamo por los desaparecidos y la represión comenzaron a ser tales en el discurso público dominante? Hay cierto consenso difuso en que eso ocurrió alrededor de lo que llamamos “la transición”, esto es, vagamente, entre la guerra de Malvinas y los inicios del gobierno de Alfonsín. Pero si fue así, ¿cómo sucedió? ¿Cómo fue que amplios sectores sociales pasaron de sentirse amenazados por aquel enemigo vasto y exigir que el Estado se abatiera sobre él con todo su peso a condenar esa misma represión? Nos gusta pensar que el Nunca más, publicado en 1984, y el Juicio a las ex Juntas en 1985 condensan y simbolizan parte de ese amplio cambio social. En ese sentido, en otro trayecto de investigación yo había explorado los primeros meses del gobierno de Alfonsín y, en efecto, en 1984 ese cambio todavía aparecía como complejo y difuso. ¿Pero qué había pasado en el tramo final de la dictadura para llegar al Nunca más y a los juicios de 1985?

Tres

Para concluir, resta decir que el objetivo último de este libro es llamar la atención sobre ciertas memorias sociales -entendidas en toda su amplitud, desde las narraciones escolares y para todo público hasta las miradas académicas- que muchas veces sin quererlo han construído un relato tranquilizador sobre el encuentro de los argentinos con los crímenes atroces del Estado y con la demanda de justicia en la última etapa del régimen. Revisar sin complacencia supone desnaturalizar prejuicios, miedos y construcciones sociales, porque en ellos reside buena parte de las condiciones de posibilidad de la violencia del Estado. Desde luego, los asesinos son los asesinos, pero esto no nos libera ni nos exime como sociedad de preguntarnos por nosotros mismos.

Cuatro

Hugo Quiroga ha señalado que gobierno y partidos estaban unidos por una base de acuerdo implícita sobre la incuestionable legitimidad del régimen militar y sobre la reivindicación de la acción contra la subversión. Por los tanto, en ese contexto -observa Quiroga- hubiera sido imposible que emergiera una real denuncia de las violaciones a los derechos humanos. En efecto, la historia que se reconstruye en este libro indica que solo cuando se fue quebrando la primera condición -la legitimidad del régimen- pudo emerger una crítica a la situación represiva. Pero antes de ello, lo analizado en este capítulo muestra que el proceso de deslegitimación del régimen estaba claramente en marcha para 1979 y 1980 y que la crítica a la represión, o lo que luego serían “las violaciones a los derechos humanos”, todavía no ocupaba un lugar significativo evidente en ese proceso. Por el contrario, esa dimensión represiva parecía seguir funcionando como baluarte último de la legitimidad restante. En contraste, como veremos más adelante, hacia el final de la dictadura la represión terminaría por transformarse en parte clave de esa deslegitimación. Pero incluso así, esa crítica se concentraría en la objeción de las “secuelas”, los “métodos” y los “excesos”. En todo caso, cuando el cuestionamiento a la represión emergió con toda su fuerza, concreto y tardío, ya quebraba poco del PRN y casi nada de su legitimidad inicial.

Cinco

Existe un consenso generalizado sobre que la guerra de Malvinas dio pie al comienzo de la transición por su impacto en el derrumbe del poder militar y representó una verdadera “mutación” en relación con los derechos humanos. Como señala Paula Canelo, esa guerra fue el tiro de gracia porque a partir de entonces la prioridad del régimen pasó a ser la mera preservación corporativa en torno a su premisa básica: la no revisión de la lucha antisubversiva. El proceso analizado muestra efectivamente esa situación desde el lado militar; pero también evidencia que “el problema de los desaparecidos” estaba instalado en la escena pública -con el alcance limitado que hemos visto y con esa formulación reductiva- antes de la guerra y que se mantuvo así bastante tiempo después. De hecho, luego del conflicto bélico, las fuerzas políticas se mantuvieron durante largo tiempo disponibles para alguna forma de negociación o de cierre que podía ser incluso alguna variable de “olvido”. La guerra no parece entonces haber sido un parteaguas en ese aspecto, pero sí en el progresivo endurecimiento social, civil y político frente a las Fuerzas Armadas, que no se centró en los derechos humanos (al menos hasta mediados de 1983), sino en la crítica y objeción global al régimen, de la cual los “desaparecidos” eran un aspecto. Como vimos, las consignas espontáneas de las protestas sociales hacían alusión a un rechazo frontal a los militares, pero no había en ellas un énfasis específico en los derechos humanos y/o los desaparecidos.

Seis

El análisis realizado también muestra el rol central y específico que tuvo el silencio militar, la negativa a dar información y la reafirmación cínica de sus baluartes ideológicos en el proceso de agotamiento de otras vías -fueran las del reclamo o la negociación- para el consiguiente fortalecimiento del camino que llevó a la revisión posterior de los crímenes. Los integrantes de la corporación militar, salvo escasísimas excepciones, nunca estuvieron dispuestos a hablar o brindar información, y la convicción de la lucha antisubversiva como una cruzada salvadora los une desde aquellos años de la dictadura hasta el presente. En todo caso, cuando en 1978 o 1982 las organizaciones humanitarias exigían una respuesta preguntando “¿dónde están?”, reclamaban algo que creían decible y explicable. El tipo de crimen resultaba tan inimaginable que la consigna “aparición con vida” tenía un sentido tan político como literal. La verdad demandada por ese entonces eran datos e informaciones sobre sus seres queridos a los que muchos todavía esperaban con vida. Hoy, como señala Valentina Salvi, “la verdad” que siguen demandando esos mismos actores se ha transformado, por sobre todo, en una categoría política que impugna los crímenes, el silencio y la negación sostenidos durante cuarenta años. Por eso mismo, el proceso analizado aquí muestra el carácter no sólo político sino también descontextualizado de las posiciones que, especialmente con intenciones de limitar el proceso de justicia actual, han planteado una dicotomía entre “verdad” y “justicia”, sosteniendo que en Argentina el camino que se inició desde 1985, centrado en la vía judicial, fue en detrimento de la obtención de la información sobre lo sucedido y de las posibilidades de “reconciliación”. En otros términos, que se podría haber elegido otro camino y sacrificado algo de la búsqueda de justicia para obtener más verdad de parte de los victimarios y avanzar hacia un imaginario “reencuentro”. Como deja en evidencia este libro, más allá de la justicia como objetivo ético y reparatorio, el camino se fue fijando en torno a la opción de la judicialización -casi a contramano del deseo inicial de muchos actores políticos civiles- porque se erigió como respuesta a la negativa y al silencio, a la confirmación del asesinato y a la autorreconfirmación de las Fuerzas Armadas sobre la misión que se habían adjudicado.

Siete

EL RECORRIDO histórico presentado en este libro muestra el carácter indeterminado y relativamente abierto del proceso que llevó a la investigación y justicia de los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas en Argentina. Si la mayoría de los actores políticos dominantes estaba dispuesta a “cerrar el pasado” y solo unos pocos sostenían la necesidad de investigar y, eventualmente, buscar alguna forma de justicia, ¿cómo fue que la opción minoritaria terminó prevaleciendo?

El primer dato evidente es el peso de la infatigable acción de las organizaciones de derechos humanos que lograron instalarse en la escena pública, multiplicando luchas y estrategias y aprendiendo a explotar cada uno de los resquicios que dejaba el proceso de derrumbe del régimen. Pero ello no hubiera tenido el peso que adquirió si no hubiera existido, hacia el final del período, esa disposición social y política masiva para repudiar de manera global el poder militar y, en consecuencia, comenzar a escuchar el dolor de quienes se habían volcado a las calles a reclamar por sus seres queridos. Tampoco hubiera tenido ese peso si las Fuerzas Armadas no se hubieran endurecido en sus posiciones una y otra vez, obligando a los partidos a hacerse cargo del tema y ampliando el rechazo social. Y en eso también tuvo un papel importante la voluntad política de Alfonsín, que a pesar de haber obtenido una amplia mayoría de votos por su reinvención de un horizonte de expectativas en torno a la democracia, siempre había estado en franca minoría en relación con su política de derechos humanos, incluso dentro de su propio partido. También es indudable que el grado de apertura e incertidumbre del proceso político de esos años estuvo fuertemente marcado por el tipo de crimen -sin cuerpos, sin datos, sin identidades- que puso a todos los actores en un compás de espera de respuestas y de  “aparición con vida” que el régimen no podía resolver sin incriminarse -tal como en definitiva hizo con el “Documento final de la Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo” (“Documento final”)-. Tal vez el asunto público quedó fijado largo tiempo en “el problema de los desaparecidos”, ocultando tras de sí el carácter global del proyecto político autoritario y la amplitud de la represión y de sus víctimas, porque de todo lo hecho por las Fuerzas Armadas ese era el único aspecto que impedía el “cierre” liso y llano que muchos actores civiles reclamaban. Ello hace evidente una horrorosa paradoja: la preocupación castrense por no dejar huellas a través del método de la desaparición forzada de personas hizo del crimen el más imborrable de nuestra historia colectiva.

Mariana Dimópulos (Buenos Aires, 1973), narradora, ensayista y traductora.

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Opinión | 22 de abril de 2019

El FMI está alimentando una nueva crisis argentina – otra vez

El presidente Mauricio Macri ya ha firmado dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Y los acontecimientos recientes sugieren que la larga y problemática historia del país con el Fondo podría repetirse.

La primera vez que Argentina tuvo que pedir prestado al Fondo Monetario Internacional fue en 1958. En las seis décadas posteriores, el país ha firmado 22 acuerdos con el Fondo. La mayoría descarriló posteriormente o terminó en fracaso.

A pesar de sus credenciales pro-mercado, el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, se ha sumado a este desfile de decepciones. En poco más de tres años, su gobierno ha firmado dos acuerdos con el FMI. Y los acontecimientos recientes sugieren que la problemática historia de Argentina con el Fondo podría estar a punto de repetirse.

El último capítulo comenzó en junio de 2018, cuando el país tenía déficits fiscales y de cuenta corriente que, combinados, equivalían a un 11% combinado del PBI. Los inversores desconfiaron de los bonos argentinos, lo que obligó al gobierno de Macri a acudir al Fondo en busca de ayuda.

Con el fuerte respaldo de los Estados Unidos, a la Argentina pronto se le otorgó un préstamo del FMI de US US$ 50.000 millones para ser usado en los próximos tres años. El gobierno pretendió que esto era solo un programa “precautorio”: Argentina no necesitaba el dinero, lo importante era que los inversores privados supieran que estaba a su disposición.

Sin embargo, solo dos meses después, Macri admitió que Argentina necesitaba incluso más de US$ 50 mil millones, y que los necesitaba de inmediato. En la jerga del FMI, el acuerdo tenía que ser “cargado de frente”.

En este punto, la amistad de Macri con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (se conocían del mundo inmobiliario) dio sus frutos. El Fondo acordó, aunque a regañadientes, recargar el préstamo con $ 7 mil millones adicionales, lo que lo lleva a US$ 57 mil millones. Además, alrededor del 90% del monto total, o US$ 51,2 mil millones, se desembolsarán antes de la próxima elección presidencial de Argentina a fines de 2019.

Este es el préstamo más grande jamás otorgado por el FMI a un país, y la economía en crisis de Argentina depende mucho de ese apoyo financiero. El 15 de abril, el Fondo envió una cuota de US$ 9.6 mil millones. Pero, en lugar de usar este dinero para acumular sus reservas de divisas o recomprar deuda en dólares, el gobierno de Macri lo va a usar para comprar pesos argentinos.

Como era de esperar, la prima de riesgo de Argentina se ha disparado. Los inversores están inquietos, y no solo porque la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner encabeza las encuestas. Saben que, al concentrar prácticamente todo el apoyo financiero del FMI en su actual mandato, Macri también ha concentrado los vencimientos de las obligaciones de reembolso de Argentina con el Fondo.

Como el FMI tiene el estatus de acreedor preferencial, será el primero en la fila de acreedores y, por ende, el primero en cobrar. En otras palabras, si después del 2020 la Argentina no tiene suficientes dólares para pagar a todos sus acreedores, los inversionistas privados podrían verse obligados a reestructurar sus reclamaciones con pérdidas. Ellos lo saben y también saben que tienen una oportunidad limitada para salir de Argentina. Es probable que la usen pronto.

El gobierno argumenta que el Tesoro necesita vender los US$ 9.6 mil millones de dólares en el mercado interno para cubrir los gastos presupuestarios denominados en pesos. Que el gobierno use préstamos en dólares del Fondo para comprar pesos argentinos parece alarmante, pero el FMI aceptó. Sin embargo, el gobierno sólo podrá comprar pesos argentinos en dosis homeopáticas, de hasta US$ 60 millones de dólares por día, a través del banco central y en subastas públicas.

Esto no tiene sentido. En virtud de su acuerdo con el FMI, el gobierno se comprometió que en 2019 no tendrá déficit en su balance presupuestario primario (antes de los pagos de intereses) y también a refinanciar al menos el 70% de todos los vencimientos de capital y de intereses de la deuda pública en pesos. El gobierno está cumpliendo con éxito ambas condiciones. Más aún, está refinanciando más del 100% de los vencimientos de capital e intereses de la deuda pública en pesos, superando la meta de este año.

Por lo tanto, el gobierno no tiene necesidad presupuestaria de utilizar los dólares del FMI para comprar pesos. Más bien, las autoridades, con el respaldo del Fondo, utilizarán el dinero para mantener estable el tipo de cambio hasta las elecciones de este año, aumentando las posibilidades de reelección de Macri.

El FMI no debería apoyar esto, por varias razones. Para empezar, los argumentos falsos para justificar el disparate de endeudarse con el FMI para comprar pesos, pondrá en peligro los esfuerzos (incluso los míos) para normalizar las relaciones entre Argentina y el Fondo. En segundo lugar, los dólares que el gobierno se propone vender para comprar pesos serán muy necesarios para que el próximo gobierno pueda hacer frente a los pagos de deuda e intereses que vencen en 2020.

Además, tener US$ 9,6 mil millones de dólares, en lugar de la cantidad equivalente de pesos depreciados, pondría al próximo gobierno en una posición un poco más cómoda si, como parece inevitable, necesita renegociar el actual acuerdo del FMI con Argentina.

Por otra parte, Macri podría incluso fracasar en su objetivo de asegurar un peso estable hasta las elecciones, dado que una subasta diaria de US$ 60 millones no le dará al gobierno suficientes municiones para evitar picos de volatilidad en el mercado de divisas.

Finalmente, mientras más deuda tenga la Argentina con un acreedor privilegiado como el FMI, más difícil será convencer a los inversionistas privados, “no privilegiados”, de reconducir sus créditos y continuar financiando el país en 2020 y posteriormente.

Lamentablemente, la historia puede estar a punto de repetirse. En octubre de 2001, unos 60 días antes de que incumpliera el pago de sus deudas, Argentina solicitó un préstamo de US$ 8 mil millones del Fondo. La mayor parte de este dinero se usó para comprar pesos a inversionistas institucionales que abandonan el país. El FMI está a punto de volver a cometer el mismo error. No debe esperar un resultado diferente.

Héctor R. Torres, es Senior Fellow del Centro Internacional para la Innovación en la Gobernanza. Fue Director Ejecutivo para Argentina en el Fondo Monetario Internacional y miembro de la Organización Mundial del Comercio.

© Project Syndicate 1995–2019.


Harvard Business Review | 22 de abril de 2019

Ser mentor de un colega podría ayudar a bajar el estrés

Distintas investigaciones demostraron que los empleados jóvenes se benefician de recibir mentoría. También, se puede observar que la orientación por parte de colegas de mayor jerarquía mejora el desempeño y satisfacción laboral de los mentoreados. Sin embargo, sabemos mucho menos respecto a cómo la mentoría podría beneficiar a los mentores.

Nos interesó, particularmente, entender cómo la mentoría podría ayudar a los mentores que trabajan en ocupaciones estresantes. Investigaciones previas han sugerido que la mentoría puede mejorar la salud emocional de los mentoreados cuando se establece una relación cercana y de confianza. Nos preguntábamos si los mentores recibirían los mismos beneficios de salud mental gracias a dicha relación.

Realizamos un estudio longitudinal de un programa formal de mentoría en una fuerza policial inglesa. Los resultados mostraron que los mentores experimentaron menores niveles de ansiedad, y describieron sus trabajos como más significativos, en comparación con los que no dieron mentoría. A partir de nuestras entrevistas aprendimos que la mentoría les brindó a los oficiales, tanto de bajo como de alto nivel, un espacio para discutir y reflexionar sobre sus preocupaciones. Los mentores escucharon los relatos de ansiedad contados por sus mentoreados y entendieron que estos sentimientos — que ellos también compartían — eran comunes. Tanto mentores como mentoreados se sintieron más cómodos al discutirlas y compartir diferentes mecanismos para lidiar con ellas. Los mentores muchas veces consideraron que sus interacciones con colegas más jóvenes son terapéuticas.

Muchos mentores a los que entrevistamos también señalaron que la mentoría incrementó el significado de su trabajo. Hablaron acerca de cómo la dirección de proyectos de largo plazo y las reuniones muchas veces les impedían realizar lo que describieron como “trabajo policial real”. Esto significaba que tenían menos oportunidades de ver el impacto de su trabajo en las vidas de las personas. Sin embargo, podían ser testigos de resultados más directos e inmediatos al ayudar a los policías jóvenes a los que orientaban.

¿Por qué la mentoría tiene este impacto en los mentores? A pesar de las presiones que acompañan a sus roles, los oficiales de policía tienden a no buscar apoyo de otros oficiales, incluyendo colegas de mayor nivel. Esto es para evitar el estigma negativo asociado con los desórdenes de salud mental. Por lo tanto, la mentoría ofrece una forma de que los oficiales construyan confianza dentro de una relación, colocando las bases para una comunicación abierta y honesta sobre temas sensibles.

Creemos que la mentoría tiene el potencial para respaldar la salud mental de los mentores en otros entornos. Aunque el trabajo policial es diferente de muchas ocupaciones, el estigma que rodea la salud mental se extiende en muchos lugares de trabajo.

Por supuesto, la mentoría es una inversión y los beneficios no siempre son inmediatos. Los compromisos laborales pueden interponerse en el camino e impedir reuniones constantes, dejando a algunos mentores y mentoreados sin poder establecer conexiones personales. Las organizaciones necesitan dedicar recursos para la mentoría y permitir la flexibilidad necesaria para que crezcan estos espacios. Aquellos que se comprometan con ser mentores podrían sorprenderse de los beneficios multidimensionales.

Michael Gill es profesor asociado de estudios organizacionales en la Saïd Business School, University of Oxford. Thomas Roulet es académico senior en teoría de las organizaciones en la Judge Business School, University of Cambridge.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 22 de abril de 2019

Foto: Piotr Redlinski / The New York Times

Cómo hacer yoga donde sea

El tiempo invertido en viajar, cambiarse y ducharse después de la clase, y encontrar un estudio de yoga para practicar fuera de casa puede ser una inversión significativa (a veces valiosa), pero también requiere tiempo, dinero y posiblemente arreglos para el cuidado de niños. Cultivar una práctica en el hogar puede permitirle mantenerse al día con el yoga incluso cuando no puede ingresar a un estudio. Estos consejos harán que sea más fácil eliminar el estrés de la clase de yoga y hacerlo donde sea que estés.

EMPIEZA PEQUEÑO. Comience con una secuencia corta, como la que se incluye en las guías de yoga que se encuentran en nytimes.com/guides. Tal vez pienses que el yoga es siempre una clase de una hora, pero su práctica en el hogar puede consistir en algunas posturas combinadas con una meditación.

ASEGÚRESE DE PRACTICAR EN UN LUGAR TRANQUILO. Si eso no es posible, podría ponerse unos auriculares que se muevan bien y reproducir música de su lista de reproducción de yoga favorita. Coloque su mat de yoga en madera dura o cemento (idealmente no alfombra). Si tiene que usar alfombra, use una alfombra resistente.

TRATE DE PRACTICAR AL MISMO TIEMPO CADA DÍA PARA ENTRAR EN UNA RUTINA DIARIA. Pero no te rindas si te olvidas por un día o una semana o incluso un año: el yoga siempre está ahí para ti.

AGREGA ALGO DE MÚSICA. La música puede ser un motivador para hacer yoga en casa o en clase, incluso si algunas tradiciones de yoga no fomentan la música. Si te gusta practicar con música, las elecciones que hagas pueden ayudar a establecer el estado de ánimo. Varían ampliamente según el estudio y el profesor, así que para tener una idea de la diversidad de opciones, intente buscar en Spotify. Estas pueden ser utilizadas en una práctica en el hogar, por profesores de yoga en clases de estudio o simplemente escuchadas por diversión en cualquier momento.

© 2019 The New York Times

Opinión | 17 de abril de 2019

“Que el sacrificio de Notre-Dame despierte nuestras conciencias”

Las imágenes de Notre Dame en llamas han provocado un torrente de emociones y recuerdos compartidos del mundo. De cara al futuro, la tragedia debe canalizarse hacia el esfuerzo no solo por reconstruir la catedral, sino también por proteger y defender el legado político y cultural de Europa.

Escribo esto desde Berlín, donde estoy postrado ante las imágenes de llamas, devastación y cenizas que envuelven a Notre Dame de París. Un tesoro de la civilización para quienes creen en el cielo y también para quienes no. La Europa de la belleza, de las santas esperanzas, de la grandeza y la dulzura. Como todo el mundo, estoy consternado..

Y nos podemos dejar llevar por los recuerdos. Por Victor Hugo, cómo no. Por Louis Aragon: “Nada es tan fuerte, ni el fuego ni el rayo / Como mi París desafiando a los peligros / Nada es tan hermoso como este París que yo tengo”.

Uno también recuerda una frase de Baudelaire: “Soy hermosa, oh mortales, como un sueño en piedra”. No se escribió sobre Nuestra Señora, pero ciertamente podría haberlo sido.

Los recuerdos se extienden mucho más allá de la palabra escrita. La catedral en sí es un monumento a la historia de la historia, que ahora es materia de leyenda. Se ha mantenido con su caballero místico, en su gloria y en su penumbra. Pienso en la misa en celebración de la liberación de París en 1944, y en la conversión de una hermana allí. Lloro con ella. Lloro con toda la cristiandad, herida en lo más profundo, que ve partir en el humo su iglesia visible y, quizá, con ella, también una parte de su iglesia invisible.

Los recuerdos se extienden mucho más allá de la palabra escrita. La catedral en sí es un monumento a la historia de la historia, que ahora es materia de leyenda. Se ha mantenido con su caballero místico, en su gloria y en su penumbra. Pienso en la misa en celebración de la liberación de París en 1944, y en la conversión de una hermana menor allí. Lloro con ella, tenemos a todos los cristianos que han ido a la iglesia de ellos, el penacho de la iglesia invisible.

A la mañana siguiente, pienso en Notre Dame como la Francia de la Resistencia. Ella encarna la santidad gótica y la tranquilidad del Sena. Ella es la fe y la belleza manifestada. Y, por supuesto, las palabras de Victor Hugo y Aragón siguen ahí, bailando en mi cabeza. Me pregunto cómo enfrentaré el día. ¿Cómo nos enfrentaremos mañana? Hugo da la respuesta: “El tiempo es el arquitecto, pero la gente es el albañil”.

Al mediodía solo puedo esperar que el fuego esté completamente apagado. Para un parisino, es una tortura ver las imágenes en bucle de la ciudad atrapada por la violencia de las llamas. Más que una iglesia ha caído. En cierto modo, Nuestra Señora es el alma de la humanidad misma, y ​​una parte de ella ha sido marcada.

Los parisinos creíamos que nuestra venerable dama era inmortal. Sin embargo, allí se desploma, herida e indefensa contra el destino, hemos estado observando el infierno. Sin embargo, a raíz de esas imágenes ha surgido una oleada de sentimientos. Italianos, suecos, irlandeses, españoles, chinos, argelinos … todos se unieron con el pueblo de Francia. Como después de un ataque, todos dicen: “Soy París”.

Finalmente, al arder, Nuestra Señora nos recuerda la fragilidad de nuestra historia y herencia, la precariedad de lo que hemos construido y la naturaleza finita de la Europa milenaria, la tierra natal de las artes, para la cual Notre Dame es una de las más elevadas. testamentos.

De cara al futuro, ¿qué vamos a pensar? ¿Qué debemos hacer? Debemos esperar que el sacrificio de nuestra Señora despierte conciencias dormidas; que, a través de este desastre, la gente se dará cuenta de que Europa es Notre Dame en toda su extensión. Más que una unión política, es una gran obra de arte, un brillante bastión de inteligencia compartida, pero también el hogar de un legado en peligro de extinción.

Ese legado es demasiado importante para perderlo. No podemos permitir que los pirómanos dividan a los pueblos de Europa. Debemos recordar que, juntos, somos constructores de templos y palacios, creadores de belleza. Esa es la lección de Nuestra Señora en esta Semana Santa.

El presidente francés, Emmanuel Macron, quien está aquí para reconstruir Europa, ahora apela a la unidad en la reconstrucción de Notre Dame. Juntos, debemos restaurar el corazón de Francia. Mi revisión literaria, La Regla del Juego, contribuirá al fondo nacional para ese propósito. Insto a todos los lectores a hacer lo mismo. Somos los albañiles.

Bernard-Henri Levy es uno de los fundadores del movimiento “Nuevos filósofos” (Nuevos filósofos).

© Project Syndicate 1995–2019.

Sie7e Párrafos | 19 de abril de 2019

Salvados por Francisco, comentado por Juan Luis González

Salvados por Francisco
Aldo Duzdevich
Ediciones B

Uno (mi comentario)

La sala está abarrotada. El presidente del PJ nacional, José Luis Gioja, se acomoda al lado del secretario general de la CGT, Héctor Daer, que le pide permiso al senador José Mayans y a la ex ministra de Scioli, Cristina Álvarez Rodríguez, para ocupar su asiento. El diputado Darío Martínez, frustrado candidato a vicegobernador K en Neuquén, e impulsor del evento en el Congreso, pide silencio entre los políticos y curas presentes para arrancar la presentación. Aldo Duzdevich, otrora montonero de la línea disidente, ex legislador, autor de libros de corte setentista, toma la palabra y comienza a hablar sobre su último trabajo, “Salvados por Francisco”. Una semana después el ritual se repetirá en la sede de la CGT, con el escritor, rodeado de sindicalistas de peso, sentado en la silla que más de una vez usó Perón. Ambas charlas, con sus respectivos invitados, representan bien el sentido profundo del libro: un trabajo de contenido estrictamente político. Y, como los gestos son más de la mitad del camino en ese mundo, el 24 de marzo, el mismo día del acto en la central obrera, el Papa devuelve las gentilezas: le manda una carta de puño y letra a Duzdevich, tratándolo de “querido hermano” y agradeciéndole su “amor por la Patria”.

Es que el “Salvados”, el libro en el que 25 entrevistados aseguran haber sido rescatados de la dictadura por el entonces joven Bergoglio, es político en el sentido en que lo entendía el canciller alemán Otto Von Bismark, que decía que aquello “no es una ciencia exacta, sino un arte”. Es que la tesis del libro es más una aproximación del deseo que una realidad empírica. Es verdad: los hombres y mujeres que aseguran haber sido rescatados por el entonces jefe de los jesuitas narran anécdotas en las que el ahora Papa los ayudó de alguna manera, pero, salvo en dos casos, difícilmente se pueda sostener que esa intervención, que en algunos de los relatos es simplemente un consejo al pasar, haya significado la gambeta ante la muerte. Y también es político en el sentido de una respuesta táctica, típico de ese ambiente de partidas de ajedrez, frente a la acusación que persigue al jesuita desde hace décadas, que dice que entregó a dos de sus curas al gobierno militar, idea apenas rebatida en “Salvados”. Si sus críticos dicen que el religioso fue un villano, este libro viene a decir que fue un superhéroe. Ahí quizás esté el rasgo que más pinta al trabajo de Duzdevich: la necesidad de mostrar a un Bergoglio glorioso y nacido para el bronce, y no a un ser humano, como todos, con claroscuros, errores y aciertos. Un arte más que una ciencia exacta.

Dos (la selección)

Nos llevaste en tu auto a San Miguel. Me pediste que tratara de ocultarme y que no mirara el camino que íbamos a hacer. Pensé: “¿Se habrá dado cuenta este curita del riesgo al que se está exponiendo?”. Entonces no sabía que eras el Provincial de los Jesuitas. Me quedé con ganas de darte un abrazo y las gracias.
PD: Nunca pensé que le iba a escribir una carta al Papa.

Tres

Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera Provincial aún muy joven. Tenía treinta y seis años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba decisiones de manera brusca y personalista. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la Beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas.  

Cuatro

Julio Merediz es párroco en un barrio humilde de San Miguel. Llegó al Colegio Máximo en 1973, casi al mismo tiempo que Bergoglio era elegido Provincial de la orden. Ellos ya se conocían y eran amigos desde 1967: “Un día Bergoglio vino a verme para decirme que tenía noticias de que mi nombre aparecía en una lista de la Fuerza Área. En cualquier momento vendrían a buscarme. Me ordenó que me trasladara a la casa de retiros Villa San Ignacio en San Miguel y me ocultara allí por un tiempo. Si no hubiese sido por su advertencia, seguramente habría caído en alguna redada.

Cinco

Un caso que Juan Carlos Scannone, teólogo del Colegio Máximo, no puede olvidar es el secuestro de uno de sus alumnos, Roberto Albanesi: “El joven no tenía nada que ver con la guerrilla, pero había visto la cara de uno de sus torturadores y esto lo condenaba a muerte. Alguien de su familia le llevó el caso al Provincial. Bergoglio se fue a hablar con el responsable de la unidad donde se encontraba y le dijo que matar a una persona era un pecado gravísimo. ‘Si cree en el Infierno –le dijo- sepa que ese pecado condena al infierno’. Y le salvó la vida”.

Seis

Hice un discurso yo, otro Massera y allí terminó todo. Bergoglio no fue. Por supuesto que estaba enterado de lo que íbamos a hacer, y aunque no compartía la iniciativa, creo que entendió nuestras razones. Era una maniobra de protección, de supervivencia.

Siete

Bergoglio aceptó desempeñar un papel que combinaba ambigüedad con simulación para moverse dentro de un ambiente de mucha desconfianza y hostilidad. Apenas dos o tres personas de su entorno conocían su verdadero juego. El resto lo tenía por un muchacho medio hosco y mandón, con pocas simpatías por todo lo cercano al progresismo de izquierda. Un joven que aceptaba relacionarse con algunos militares y que evitaba confrontar con la autoridad eclesial. Él eligió ese papel y lo mantuvo. Era su mejor protección. Como buen creyente, tenía a Dios por testigo de sus actos. ¿Cuántas vidas más debería haber salvado Jorge Bergoglio para no ser acusado de colaborar con la dictadura?

Juan Luis González es periodista de la Revista Noticias y profesor en la Escuela de Comunicación de Perfil. Estudia la carrera de Historia en la UBA. En el 2017 recibió el premio ADEPA por la entrevista que le realizó al ex comisario Alberto Gómez, uno de los asesinos de José Luis Cabezas.


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Vida Cotidiana | 19 de abril de 2019

Foto: Matthew Ryan Williams / The New York Times

Tres cosas que nunca limpias pero que deberías

Puede que tengas lo básico hecho: lavar la ropa, mantener el baño limpio, limpiar las mesadas de la cocina. Pero la suciedad y la mugre tienen la mala costumbre de acumularse en los lugares más extraños. Aquí hay algunos lugares alrededor de tu casa que deberías considerar limpiar con más frecuencia.

Tu celular

¿Cuándo fue la última vez que hizo algo más que limpiar la pantalla de su teléfono inteligente cuando estaba demasiado manchado como para verlo? Considerando la frecuencia con la que usamos nuestros teléfonos y dónde los usamos, los dispositivos merecen una limpieza a fondo de vez en cuando.

Comience con un paño de microfibra para recoger grasa y polvo (evite las toallas de papel y otros materiales que simplemente empujarán la suciedad). Para aquellos lugares rebeldes o cualquier cosa que no salga, busque un poco de alcohol isopropílico. Mezcle una solución de 1 a 1 con alcohol y agua, luego humedezca un paño de microfibra y frote suavemente esas manchas.

El teclado de tu computadora

Cuando no estás usando tu teléfono, probablemente estés usando una computadora de escritorio o una computadora portátil, lo que significa que tus dedos están constantemente en contacto con su teclado. Y considerando que muchos de nosotros merendamos o almorzamos en nuestros escritorios, puedes imaginarte el mundo sucio que vive justo debajo de esas teclas.

En el lado positivo, limpiar un teclado no es demasiado difícil de hacer. Es posible que se sorprenda con lo que encuentre debajo de esas teclas, si llega tan lejos como hasta sacarlas. Incluso si no lo hace, voltear el teclado boca abajo y sacudir los residuos, y luego usar una pequeña aspiradora de mano o una lata de aire comprimido, también funcionará. Luego, un paño rápido con toallitas de limpieza, hisopos de algodón o un paño de microfibra humedecido con una solución de alcohol a agua 1: 1 se hará cargo de las piezas que realmente toque.

Tus almohadas

Piel muerta, polvo, baba y, en muchos casos, ácaros del polvo a los que les encanta pasar el rato en almohadas. Para personas con sistemas inmunológicos comprometidos o quienes tienen alergias, pueden ser irritantes que provocan noches de insomnio, irritación de la piel y congestión sinusal.

Afortunadamente, ya sea que tenga alergias o simplemente no le guste la idea de una almohada sucia debajo de su cabeza mientras duerme, las almohadas están diseñadas para ser lavables a máquina. Colóquelas en la lavadora en el ciclo delicado, luego séquelos a baja velocidad o al aire. Si lo desea, vaya un paso más allá e invierta en un protector de almohada de calidad. Mientras estás en ello, considera la limpieza de tus edredones si no lo has hecho recientemente.

© 2019 The New York Times

Sociedad | 12 de abril de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Superar el abandono y el maltrato: niños y niñas que viven en hogares suman un adulto que los guía

Decepcionados por el mundo adulto. Así se sienten en general los niños, niñas y adolescentes que tienen que vivir en institutos de cuidado porque sufrieron alguna vulneración de sus derechos. Muchos fueron abandonados o maltratados por su propia familia. Entre recién nacidos y jóvenes de hasta 18 años, en la ciudad de Buenos Aires son cerca de 800, según datos oficiales. Pero una de las estrategias para que recuperen sus derechos es ofrecerles justamente la posibilidad de que cuenten con la compañía de un referente afectivo: una persona voluntaria que se preocupa por el chico, lo ayuda a restaurar la confianza en los adultos, va a las reuniones de padres de la escuela, lo lleva a un club el fin de semana o lo invita a su casa para compartir una celebración. Se trata de una persona que está disponible para el chico cuando la necesita: lo hace sentir único.

A través del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, se lleva adelante el programa Abrazar. La idea de la iniciativa es encontrar un referente significativo que pueda acompañar al niño durante el tiempo que viva en la institución y con la posibilidad de prolongar el vínculo en el futuro.

46 niños esperan que un referente los acompañe

El programa se dirige principalmente a niños mayores de diez años. “Cuando los chicos superan esa edad, el egreso de los hogares a través de la vía de adopción se dificulta porque, en general, las personas se imaginan adoptando un bebé. Por este motivo, buscamos sumar adultos referentes para acompañar el crecimiento de estos niños”, comenta Itatí Canido, directora general de Gestión de Políticas y Programas del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad.

Actualmente, 59 niños tienen su referente afectivo, pero todavía hay 46 en espera del suyo.

Uno de los requisitos para la inscripción es que los adultos que se acercan al programa no estén anotados en ningún registro del país como aspirantes a adoptar. Deben ser mayores de edad y, dentro de las posibilidades, tener una diferencia de 15 años con el niño. Además deben presentar una carta de intención y certificado de antecedentes penales.

Lorena Chaul es psicóloga y referente de Vanina (nombre ficticio), una joven de 16 años. Chaul trabajó en el hogar de Ieladeinu y allí conoció a la adolescente. Si bien en este caso, el vínculo se dio de forma natural, hace unos años Chaul formalizó la relación dentro del programa Abrazar y se convirtió en su referente afectivo.

“Se armó un lazo muy estrecho. La tengo en la cabeza todo el tiempo. Ella vive en la institución y va a la escuela durante la semana. Algunos fines de semana viene a casa. También pasamos Fin de Año juntas. Se lleva muy bien con mis hijos”, relata Chaul.

Lorena Chaul, referente afectiva

Ieladeinu es una organización que trabaja para ayudar a niños y niñas a superar el trauma de padecer alguna situación de maltrato en el interior de su familia. Cuentan con diferentes modalidades de intervención: fortalecimiento familiar, un centro de día, acogimiento familiar y hogares convivenciales. A su vez, articulan con el Gobierno de la Ciudad.

“Nos tomamos un tiempo para conocer bien a las personas que se van a involucrar con los chicos. Lo primero que miramos es qué compromiso tienen. La etapa de evaluación nos dice muchos de los referentes. Si de golpe no vienen o empiezan a distanciar las entrevistas, nos da un parámetro de que el compromiso no es tan grande. Estos niños ya perdieron mucho, no pueden seguir perdiendo”, expresa Magali Sinay, coordinadora del área de integración comunitaria de Ieladeinu.

Una figura para devolverle la singularidad a cada niño

Más allá de la figura de referente afectivo, que tiene que ver con el acompañamiento y la contención, en mayo de 2017 se sancionó la Ley Nacional de Egreso. Como ya se contó en RED/ACCIÓN, esta legislación reconoce el derecho de estos jóvenes de contar con un apoyo personalizado en su tránsito a la vida adulta y también recibirán una asignación económica mensual.

Como en el hogar se vive de forma comunitaria, la idea es que el referente afectivo pueda devolverle la singularidad a cada niño. En relación a la dinámica, en general, el referente se compromete a realizar visitas en el hogar y salidas de fin de semana. También ayuda con las tareas escolares, trata de que tenga un vínculo con algún deporte y promueve encuentros en su casa.

Mientras ese vínculo ocurre y se sostiene en el tiempo, un equipo especializado en niñez y adolescencia acompaña todo el  proceso de vinculación, brindando la orientación y contención necesaria a los adultos.

Suele haber dos tipos de referentes afectivos: el que ya conoce al niño, tiene un vínculo y lo formaliza; y aquel que se entera de esta posibilidad por el boca en boca y tiene ganas de acompañar a un chico que fue separado de su familia biológica.

“Muchas veces se da que a una mamá o a un papá de un compañero de la escuela del niño le gustaría visitarlo en el hogar e incluirlo en salidas familiares”, aclara Canido. En este sentido, Sinay agrega: “Vemos muchos voluntarios que dieron apoyo escolar en Ieladeinu y en el mientras tanto hicieron un vínculo con el niño. Luego, se acercan a nosotras para convertirse en sus referentes afectivos”.

Tienen miedo pero les muestran que hay otra forma de vincularse

Un niño puede tener más de un referente. “El desafío es que lo chicos puedan vincularse genuinamente con alguien. Ellos ya vienen muy golpeados de tanta vulneración. Tienen miedo y es lógico. Un objetivo del referente es mostrarles que hay distintas formas de vincularse”, comenta Sinay.

La directora ejecutiva de Ieladeinu, Amiela Spector, señala que muchos referentes llegan con un ideal muy grande y muchas expectativas sobre los chicos: “Hay que trabajar con la realidad y hablar mucho con ellos. Seguimos el paso a paso: hacemos encuentros presenciales con el adulto, seguimiento telefónico y capacitaciones. Se arman dispositivos para acompañar y que la gente no se frustre. El vínculo se va generando paulatinamente”.

“Las familias de apoyo, como llamamos a los referentes afectivos, no tienen que ser Papá Noel, tienen que poner límites y orientarlos. Es importante para los chicos sentirse únicos e importantes para alguien en particular. No queremos que se sientan parte de una masa”, enfatiza Victoria Aguirre de Acosta, fundadora de la Asociación Familias de Esperanza, organización que recibe a niños y grupos de hermanos derivados de organismos oficiales en situación de alta vulnerabilidad social.

Cuando los chicos se van de los hogares, ya sea porque vuelven a su familia de origen, son adoptados o alcanzan la mayoría de edad, pueden seguir en contacto con el referente afectivo, pero no sucede en todos los casos. Sofía Paz hoy es referente de Nahiara, una nena de dos años con Síndrome de Down, que vive en el hogar de la Asociación Familias de Esperanza. También, fue referente de tres chicos más. Con Damián, un adolescente de 13 años que vive nuevamente en la villa La Cava con su mamá, Paz sigue en contacto. A otros dos chicos, que también acompañó, ya no puede seguir viéndolos.

Sofía Paz, referente afectiva de Nahiara

“El año pasado lo fui a buscar a Damián a su casa y me perdí. Como iba con la ventanilla del auto baja, pude escuchar que él le gritaba a sus amigos, ella es mi familia de apoyo. Él tiene muy claro qué significa mi rol. Lo conozco desde los siete años. Hace cinco años se fue del hogar y sigo siendo su familia de apoyo”, cuenta Paz.

Paz tiene dos hijos y los fines de semana llevaba a Damián con ellos al club a jugar al rugby. “Él adora a mis hijos. Viene a casa y juegan juntos a la Play. Otra cosa que hace cuando nos visita es ir a un cuarto donde tengo fotos con todos los chicos de los que fui referente para ver si él sigue estando. Siempre se encuentra. Lo importante es que ellos sepan que uno está para lo que necesiten. El apego que generan con uno no es excluyente de poder revincularse con su familia de origen o la adoptiva”, relata.

¿Querés saber más sobre el programa de referentes afectivos?

Harvard Business Review | 19 de abril de 2019

Cómo trabajar en red cuando le cuesta hablar con extraños

Muchos pensadores dicen que una de las claves de la creatividad son las interacciones inesperadas. Todo eso está muy bien –para las personas a las que no les cuesta hablar con extraños. Sin embargo, como introvertida, una de las situaciones que me inquieta es charlar con personas que no conozco.

He aquí cómo he logrado alcanzar el equilibrio para conocer a nuevas personas –y estar atenta a ideas interesantes- sin tener que iniciar conversaciones incómodas:

  • Haga que ellos se acerquen a usted. La mejor solución que he encontrado para eventos incómodos, en los que no conocía a nadie, es negociar para ser el conferencista. Esto pudiera parecer paradójico, pero hay una diferencia entre la introversión y la timidez; Yo de hecho me siento mucho más a gusto en un escenario frente a cientos de personas que al hablar con un pequeño grupo de personas a las que no conozco.
  • Lleve un amigo. Cuando usted tiene un “aliado” a su lado durante el evento de trabajo en red, para ayudarle a destacar sus logros, esto puede darle la confianza que necesita para acercarse a otros y entrar en las conversaciones. Además, su amigo seguramente conoce a personas en la sala a las que usted no y viceversa, de modo que pueden intercambiar presentaciones y conectar con nuevas personas. Solo evite la tentación de usar a su amigo como muleta y pasar la tarde hablando con él –eso anula el propósito de conocer nuevas personas.
  • Tenga algunas frases listas. La parte más difícil de interactuar con un extraño es el principio. ¿Cómo comienza? ¿Qué decir? Se pueden desarrollar algunas preguntas para sentirse más cómodo. No necesitan ser profundas; la meta es comenzar un diálogo. Puede ser: ¿Cuál es el tema más interesante en el que estás trabajando actualmente? ¿Cómo pasas la mayor parte de tu tiempo? ¿Cómo te enteraste del evento? Algunas veces, simplemente he dicho “no conozco a nadie aquí ¿puedo platicar con usted?” Nadie ha dicho que no.
  • Investigue anticipadamente. Finalmente, es más fácil hablar con alguien si no lo sentimos extraño. Incluso, si usted no los ha conocido en persona, tener algunos antecedentes acerca de ellos puede sugerirle posibles temas de conversación. Por ejemplo, la mayoría de los eventos de recaudación de fondos tiene un comité de anfitriones registrados en la invitación. Si quiere hacer que la experiencia sea más placentera, puede buscarlos rápidamente en Google y ver si alguno parece particularmente interesante, o buscar puntos en común, como haber asistido al mismo colegio o vivir en el mismo barrio.


Hablar con extraños probablemente nunca será fácil para mí. Sin embargo, con estas estrategias, es posible hacer un poco más de espacio para el azar en nuestras vidas.

Dorie Clark es una estratega de mercadeo y conferencista profesional que enseña en la Fuqua School of Business de Duke University. Es la autora de “Reinventing You” y “Stand Out.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Sie7e Párrafos | 17 de abril de 2019

Me acuerdo, comentado por Andrés Di Tella

Me acuerdo
Joe Brainard
Eterna Cadencia

Uno (mi comentario)

“Me acuerdo” es una máquina perfecta, una invención literalmente increíble: no se puede creer que a nadie se le hubiera ocurrido antes. Cada vez que lo leo, y ya lo leí como tres o cuatro veces, es como si se me hubiera olvidado y lo estuviera descubriendo de nuevo. Y, por supuesto, me da ganas de imitarlo. De hecho, el primer imitador resultó más famoso que el creador original: Georges Perec, el gran escritor-teórico francés, publicó “Je me souviens” en 1978, después de haber descubierto el librito de Brainard, publicado originalmente en 1970, como “libro de artista”. Brainard era un artista Pop del círculo de Andy Warhol en los años 60, nunca llegó a ser demasiado célebre como artista, aunque he visto algunos de sus collages (su especialidad) y son preciosos. Se podría contemplar “Me acuerdo” como una especie de collage de recuerdos sueltos de su propia vida.

Con el mantra de “I remember…”, Brainard hila pedazos de su infancia y primera juventud en Oklahoma en los años 50, mezclados al azar con recuerdos más recientes, de su vida entre poetas y artistas en New York en los 60. Parecen recuerdos anotados a vuelo de pluma, y tienen siempre la virtud de la brevedad, casi como haikus, pero el conjunto de pedacitos de memoria termina configurando una autobiografía íntima y potente, con extraordinaria resonancia emocional. Y, como dije al principio, da ganas de abrir rápido un cuaderno para imitarlo. En estos días, cuando empecé a leerlo una vez más, se me ocurrió dar “I remember” como consigna para los trabajos prácticos de un taller de cine. Los resultados fueron uniformemente notables, una mezcla insólita de frescura y verdad emocional en cada “imitador”: el modelo de Brainard es como un software que permite encontrar lo que tiene de único la experiencia de cada uno. Y sin embargo, por más imitado y transitado, la originalidad y singularidad del librito de Brainard sigue brillando, como una luz inextinguible, que ilumina la vida de cada lector.

Dos (la selección)

Me acuerdo de que un día tomé un autobús para el centro, en Tulsa, y un chico al que conocía un poco del colegio vino a sentarse al lado mío y empezó a hacerme preguntas del estilo: “¿Te gustan las chicas?”. Era un asqueroso, realmente. Cuando llegamos al centro (donde están todos los negocios), me estuvo siguiendo por todas partes hasta que finalmente me dijo que lo acompañara al banco, donde tenía que guardar algo en su caja de seguridad. Cuando llegamos al banco un empleado bancario le dio su caja y nos llevó a su cabina con cortinas doradas. El chico abrió la caja y sacó una pistola. Me la mostró y yo traté de mostrarme impresionado, y después la metió de nuevo en la caja y me preguntó si quería bajarle el cierre de los pantalones. Dije que no. Me acuerdo de que me temblaban las rodillas. Después de que salimos del banco le dije que tenía que ir a Brown-Dunkin’s (la tienda por departamentos más grandes de Tulsa) y él dijo que también tenía que ir. Para el baño. En el baño de hombres intentó algo más (ya no recuerdo exactamente qué) y yo salí corriendo y eso fue todo. Es muy extraño que un chico de once o doce años tuviera una caja de seguridad. Con una pistola dentro. Tenía una hermana mayor de la que se decía que era “fácil”.

Trres

Me acuerdo de cuando pensaba que si hacías algo malo, los policías vendrían a llevarte a la cárcel.

Cuatro

Me acuerdo de una noche muy fría y muy negra, a solas con Frank O’Hara en la playa. Se metió corriendo desnudo en el mar y me dio un susto mortal.

Cinco

Me acuerdo de los relámpagos.
Me acuerdo de unas amapolas silvestres muy rojas, en Italia.
Me acuerdo de que iba a vender sangre cada tres meses en la Segunda Avenida.
Me acuerdo de un chico con el que una vez hice el amor y después de que todo terminó me preguntó si creía en Dios.
Me acuerdo de cuando pensaba que cualquier cosa vieja era muy valiosa. Me acuerdo de Azabache.
Me acuerdo de cuando pensaba que Betty Grable era hermosa.

Seis

Me acuerdo de las fiestas “Venía así como estés”. Todos hacían trampa.

Siete

Me acuerdo de la manera de caminar de Frank O’Hara. Liviana y resuelta. Con un saltito y un giro ligero. Era una hermosa manera de caminar. Segura de sí. “Qué me importa”, y a veces, “Sé que me estás mirando”.

Andrés Di Tella es cineasta. Dirigió las películas Montoneros, una historia (1995), Macedonio Fernández (1995), Prohibido (1997), La televisión y yo (2002), Fotografías (2007), El país del diablo (2008), Hachazos (2011) ¡Volveremos a las montañas! (2012), Máquina de sueños (2013), El ojo en el cielo (2013) y 327 cuadernos (2015).


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