Pablo Beramendi: "Hay que dedicarle a la formación el 20% del tiempo durante el 100% de la vida" | RED/ACCIÓN

Pablo Beramendi: “Hay que dedicarle a la formación el 20% del tiempo durante el 100% de la vida”

“El negocio y la gente me preocupan de igual manera. No estaría feliz si solo me ocupara de hacerle ganar plata a Google. En casa, con los chicos, nos hacemos espacio para dejar de lado toda la tecnología.”

Foto: Rodrigo Mendoza. Ilustración: Pablo Domrose

Pablo Beramendi es director general de Google Argentina. Entrevista por Silvina Scheiner

“Dibujo, Estadística y Matemáticas fueron mi karma. Con esas tres materias, en la escuela primero y luego en la facultad, aprendí tres valores: lo que era el esfuerzo, el valor del sacrificio, a caer y levantarse. Con el tiempo, con esfuerzo y en la propia actividad profesional, logré dominar los números, pero mi esencia está más cerca de la gente, la empatía y el ponerme en el lugar del otro.”

“Aprendí mucho de mi viejo y aún hoy lo sigo consultando. El también hizo una carrera corporativa, pero es mucho más analítico y mejor con los números. En el colegio le hacían hacer cuentas, oralmente y obviamente sin calculadora, y hoy, con más de 70 años, las sigue sacando al toque. La mirada positiva que tengo también creo que la heredé - si se hereda- o la aprendí de él.”

“Papá era gerente de planta en Alpargatas y vivió tiempos muy duros en los '70, en los que tuvo que hacerse cargo de una situación muy violenta cuando coparon Florencio Varela. Cuando entraron Montoneros, él pensó en la gente. Eran balas y ataques. Había que cuidar a todos, e incluso a nuestra familia. Y siempre sacó optimismo de la galera para salir adelante.”

“El negocio y la gente me preocupan de igual manera. No estaría feliz si solo me ocupara de hacerle ganar plata a Google. Yo viví cómo mi papá saludaba a todos en la planta de Alpargatas. Desde el encargado en el portón hasta el último de los operarios. Eso lo llevás adentro.”

“Escribir las cosas mejora mi pensamiento. Tengo muchos cuadernos guardados, aun los que ya terminé, donde plasmo ideas, resultados de reuniones, esquemas incomprensibles. No los tiro. No tomo notas en computadora cuando estoy con un cliente en su oficina. Un jefe mío, en SC Johnson me recomendó que no lo hiciera, y desde ese día yo voy a las reuniones con clientes con un anotador.”

“Los autos son mi pasión. Si bien la tecnología me gusta -mi primera compu fue una Sinclair-, durante mucho tiempo me pregunté si los coches deberían ser mi actividad, en vez de mi hobbie.”

“No siempre uno sabe qué elegir profesionalmente. Cuando terminé el MBA, en el 2000, tuve que tomar una de las decisiones más difíciles de mi carrera: tenía una oferta para ir a General Motors en Detroit, la meca automotriz -con lo que yo amo los autos- o ir a Booz Allen Hamilton, en Chicago. Estuve días pensándolo. Terminé haciendo una lista de pros y contras, frente a un papel, y llamando, una vez más, a mi viejo.”

“En casa, con los chicos, nos hacemos espacio para dejar de lado toda la tecnología, incluso a Google. Promovemos un espacio safe de tecnología. La cena en la semana con los chicos es sagrada y los fines de semana lo más posible.”

“Me ocupo de mantenerme joven intelectualmente. Coincido con Santiago Bilinkis en que hoy el conocimiento no dura ni diez años y nos obliga a que como adultos le destinemos tiempo al aprendizaje. Hoy hay que dedicarle a la formación el 20% del tiempo durante el 100% de la vida. Normalmente, yo llego bien temprano a la –a las 6.30 o 7.00– y me libero una hora para estudiar lo que sea... tecnología, management, etcétera.”

“Fue difícil explicarles a mis hijos de qué trabajo. Ahora tienen 5 y 9, pero cuando eran más chiquitos no sabían lo que era Google. Como estaban más familiarizados con YouTube, entonces, durante mucho tiempo lo que les conté era que me ocupaba de editar los videos que ellos miraban. '¿Viste la vaca? Bueno, papá hace que se vea más linda', les decía.”

“Cuando en las reuniones de trabajo todos están mirando el teléfono, la levanto. Claro... si todo lo que pasa afuera es más importante que lo que estamos discutiendo en vivo, para qué nos juntamos. En eso soy muy estricto.”

Pablo Beramendi tiene 47 años. Es fanático de los fierros, a tal punto que de no haber sido ejecutivo hubiera sido corredor de autos: sigue con fruición Parabrisas y A Todo Motor “en papel”, dos de sus revistas favoritas. En un cajón de su oficina de Puerto Madero, frente al mítico Luna Park, este hombre de Florencia Varela acumula los que serán -quién sabe- testigos de la historia de los negocios de la Argentina. Son unas libretas donde, en una letra ilegible resaltadas en verde, garabatea ideas o síntesis de reuniones. Aunque dirige en la Argentina la operación de un gigante tecnológico, defiende algunas rutinas del mundo offline, como tener reuniones de negocios mirándose a la cara y cenar sin celulares.

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