Pensar, querer, sentir: cómo funcionan las empresas con "perspectiva humanista" | RED/ACCIÓN

Pensar, querer, sentir: cómo funcionan las empresas con "perspectiva humanista"

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"El gran capital de las organizaciones es el potencial impresionante que significan las respectivas inteligencias, voluntades y emociones de las mujeres y los hombres que las integran", reflexiona en esta entrevista Alejandro Llano Cifuentes. Él es exrector de la Universidad de Navarra (España), filósofo, catedrático de Metafísica y especialista en temas relacionados con el mundo empresarial.

Pensar, querer, sentir: cómo funcionan las empresas con "perspectiva humanista"


—¿Cómo definirías a una empresa?
—Covarrubias decía en 1611 que “emprender es determinarse a tratar algún negocio arduo y dificultoso, y porque los caballeros andantes acostumbraban a pintar en sus escudos estos designios, se llamaron empresas. De manera que empresa es cierto símbolo o figura enigmática hecha con particular fin, enderezada a conseguir lo que se va a emprender”. Esta antigua definición se ha vuelto paradójicamente actual: hoy comprendemos que una empresa no es una fábrica o una oficina, sino sobre todo un designio, un propósito que resulta ser arduo. Covarrubias pensaba en hazañas guerreras, nosotros pensamos más bien en trabajos de índole económico, pero el núcleo significativo sigue inalterado: son emprendimientos de personas que disponen como recursos de su inteligencia, su voluntad y sus emociones.


¿Las organizaciones, o las empresas, están en un momento de transformación?
—Yo creo que tenemos la oportunidad de repensar la empresa con una mirada humanista justo en una encrucijada histórica en la ya que no creemos en el viejo modelo social: ya no creemos en hombres pioneros y solitarios sino en hombres y mujeres con una gran capacidad asociativa y capacidad para el diálogo; ya no creemos en el progreso ilimitado sino en un planeta lleno de limitaciones al que hay que tratar con respeto y cuidado; ya no creemos en estructuras piramidales, sino en poliedros reticulares complejos sin superioridad ni inferioridad; y finalmente sabemos que los movimientos sociales no son como los de una máquina, sino que recuerdan más bien el de un organismo vivo, dotado de espontaneidad. La empresa ha vuelto a adquirir un sentido humanista, relacionado con lo que las mujeres y los hombres piensan, quieren y sienten.


—¿Y cuál sería el modo de entender a las empresas desde una perspectiva humanista?
—Creo que podemos intuir que estamos a las puertas de una nueva era humanista. Es decir, en el que lo más humano (pensar, querer y sentir) serán la base de la vida de las organizaciones. El verdadero humanismo valora antes que nada el conocimiento, que no es lo mismo que la información. La información son datos externos a la persona, el conocimiento es la capacidad para buscarlos y aprovecharlos de manera práctica. El paso a una era humanista consiste en comprender que la energía del talento humano es incomparablemente superior a la fuerza de la materia y de todas sus posibles transformaciones. El gran capital de las organizaciones es el potencial impresionante que significan las respectivas inteligencias, voluntades y emociones de las mujeres y los hombres que las integran.


Las tres preguntas a Alejandro Llano Cifuentes están tomadas de la conferencia que dio en el marco del II Simposio Internacional “Empresas con rostro humano” en 2014.



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