"Pérdida de experiencia": cómo el modelo escolar del aula limita a niños y niñas | RED/ACCIÓN

"Pérdida de experiencia": cómo el modelo escolar del aula limita a niños y niñas

La falta de clases presenciales puso sobre la mesa la educación al aire libre, un modelo que entiende que el ambiente cuenta con estímulos para la mente de niños y niñas y que promueve trabajar la tierra. En Chile, ya desde hace tres años, enseñan a través de una red de huertas que funcionan en escuelas y universidades.

“No puede haber revelación más certera sobre el alma de una sociedad, que la forma en que trata a sus niños”. Nelson Mandela.

En el mundo escolar, los niños y no tan niños hemos practicado un estilo de confinamiento anterior a cualquier pandemia. Un confinamiento aceptado y autoimpuesto al ser habitantes de establecimientos con estrechos pasillos, aulas cerradas y patios de cemento, que nos ha llevado al concepto moderno de “pérdida de la experiencia”. Por décadas rehuimos a estar cerca de la tierra, el ensuciarnos las manos se estigmatizó como una práctica del mundo campesino, y por tanto, poco valorada. Validamos un sistema de jornada escolar completa, en búsqueda de mejores oportunidades, bajo el alero del pensamiento arribista imperante, cambiamos la alimentación en la mesa familiar por las bandejas que nos proveen los casinos y la comida rápida. Entonces me pregunto: ¿cuándo empezó nuestra cuarentena realmente?

Con todo este tiempo para reflexionar, encontramos las respuestas que parecían perdidas en los engranajes de aquella otra rutina, volvemos a admirar lo sagrado de la vivencia, del aprendizaje sensorial: hundir nuestras manos en la tierra, sentir su frescura y aroma, sembrar la semilla e impresionarnos día a día ante la maravilla de su germinación. Todo eso ante los ojos de un niño es magia, pero a la vez es aprendizaje significativo, acerca de cómo se desenvuelve la naturaleza, es adquirir paciencia, y una increíble capacidad de resiliencia al entender la capacidad de una semilla para adaptarse hasta las más adversas condiciones e imponerse ante la vida, desde la vida. Es entender que quizás no todas las semillas van a germinar y con ello, motivar su curiosidad para intentarlo de nuevo, y entender por qué no resultó la primera vez, y mejorar.

En este escenario en que se habla del ambiente como el tercer educador , ya que es el ambiente el que está mayormente provisto de innumerables estímulos para llenar el mundo y mentes de los niños es que en diversos lugares del planeta ha crecido el interés por la educación al aire libre. Chile no ha estado ajeno a esta nueva tendencia de buscar la educación en la naturaleza, levantando huertos educativos y comunitarios.

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En nuestra región y precisamente en la ciudad de Temuco, desde el año 2017 se conformó la primera Red de Huertos Escolares, a través del trabajo que levantó previamente el Centro de Salud Familiar Arquenco, el cual determinó a través de la aplicación de un diagnóstico, la relevancia de recuperar los espacios de alimentación familiar en el sector, debido a las altas tasas de malnutrición de sus usuarios, y que muchos niños coincidían en disfrutar más de la alimentación en las casas de sus abuelos cuando se quedaban con ellos, ya que éstos tenían sus huertos en casa y podían cosechar desde allí las verduras con las que se preparaba la comida, dando espacio a un factor tan significativo como la valoración intergeneracional, dentro de una sociedad que hoy, envejece precariamente.

A partir de entonces y en conjunto con otras organizaciones, entre ellas Red de Semillas Libres de Wallmapu, se invitó a diversos establecimientos educacionales de la comuna, que tenían un huerto o la idea de formar uno, a ser parte de un proyecto colaborativo, destinado a entregar herramientas de apoyo para los profesores en torno al huerto educativo y generar instancias de trabajo conjuntas.

Una de las primeras estrategias fue fomentar los Txafkintü o intercambios de semillas tradicionales libres de agroquímicos entre los colegios, explicando la importancia para los niños de no manipular semillas con pesticidas, o llamadas “semillas pintadas” puesto que contienen químicos que pueden ser nocivos para ellos. De este modo el Txafkintü Interescolar de la Red de Huertos Educativos de Temuco, se convierte en una práctica anual, en la que en su último encuentro el año 2019 contó con la participación de 28 colegios y más de 300 asistentes. El impacto generado llevó a que la Red creciera, y se integraran establecimientos de otras comunas, y también universidades, entre ellas el Departamento de Salud Pública de Universidad de la Frontera y la colaboración del DAEM Temuco, instituciones que apoyan el trabajo de esta Red autónoma, horizontal, y en la que las actividades desarrolladas se desenvuelven en el ámbito del voluntariado y gestión comunitaria.

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Dentro de las actividades realizadas se han impartido educaciones en torno a reconocimiento de semillas; compostaje; lombricomposta; nutrición;  trabajo y visitas en terreno y la generación de encuentros y conversatorios, tanto para los profesores y educadores como para los niños.

Si hablamos de aprendizaje significativo, no puedo dejar de mencionar la vivencia de uno de los encuentros de la Red del año 2019, organizado en esa instancia por la Escuela Tranapuente de la comuna de Carahue y que actualmente cuenta con sello medioambiental e intercultural. Luego de diversas exposiciones de investigaciones de los alumnos en torno al huerto, una de las profesoras asistentes le hizo la siguiente pregunta a uno de los niños exponentes: ¿El aprendizaje en el huerto escolar te ha servido en otras áreas de tu vida? A lo que, sin dudar, él respondió: “Sí, me ha servido mucho, ya que mi madre no pudo continuar con su educación cuando yo nací, y ahora que yo me estoy educando, puedo llevar estos conocimientos y aplicarlos en mi hogar y de esa forma, mi mamá está recibiendo lo que no pudo antes, yo le enseño para qué sirven las plantas que tenemos, y cómo cultivarlas”.

He aquí la importancia, de la huerta que crece al interior de los colegios, germinando no sólo lo visible y tangible que se desarrolla dentro del espacio físico, sino también todo aquel mundo invisible e intangible, donde se desarrolla la verdadera experiencia y que se mantiene para toda la vida en las relaciones o sensaciones que genera y que nos puede dar los mejores frutos: una sociedad sana y que comprende cómo ser feliz.

*Si tienes un huerto educativo, y quieres más información sobre Red de Huertos Educativos de Temuco, escribe a [email protected]

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Esta nota fue originalmente publicada en el medio Mi Voz, de Chile, y es republicada como parte de la Red De Periodismo Humano.

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