Pese a que es obligatoria, muchas comunidades rurales no tienen escuelas secundarias

En el campo hay 10.500 primarias pero sólo 3.500 secundarias. Con nuevas escuelas y clases a distancia, varias provincias buscan ampliar la oferta. Especialistas aseguran que el secundario estimula el desarrollo productivo y profesional de los jóvenes. Y ayuda a evitar que migren a la ciudad, muchas veces para vivir en peores condiciones.

Por Javier Drovetto

20 de julio de 2018

SecundariasRurales

Alba Osuna está segura. Haber llegado con un secundario a Laguna Gobernador le ofrece un futuro más prometedor a las nuevas generaciones qom de esa colonia indígena del sur formoseño, ubicada a 70 kilómetros de la capital provincial.

Es la directora de la escuela y cuenta que en la zona viven 100 familias de un pueblo que cuando la propiedad privada no les imponía límites, vivió de la caza y la recolección, pero que ahora subsiste con planes sociales y comida que le da el gobierno provincial y local.

La secundaria abrió en 2011 y hoy tiene 33 alumnos que llegan caminando desde parajes de ocho kilómetros a la redonda. Alba grafica cómo la educación puede cambiar la perspectiva del pueblo: “Por primera vez en su historia, varios siguieron estudiando. Una chica es enfermera, tres son policías y dos serán maestros. Además hay varios jóvenes que aprendieron a armar una huerta y a criar pollos parrilleros. Ojalá ellos decidan empezar un emprendimiento”.

A pesar del progreso que pueden traer y aunque por ley es un nivel obligatoria y debería ser universal, lo que más falta en las comunidades rurales son escuelas secundarias: en el mismo territorio donde hay 10.533 primarias, las secundarias son apenas 3.483. Es decir, hay tres veces menos.

De todos modos hay un dato que ofrece esperanzas respecto a las políticas que están tomando algunas provincias. En los últimos cinco años, el aumento de la matrícula de los chicos que van a secundarias rurales de todo el país duplicó a la que registraron las secundarias urbanas: 13,8 % contra el 7 %, según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación.

Las secundarias rurales lograron sumar 36.537 alumnos entre 2011 y 2016: se pasó de 265.598 a 302.135. En muchos casos se debe a que se abrieron escuelas, como en Laguna Gobernador. También a que armaron aulas en donde funcionan primarias, y a escuelas que implementaron estrategias para llegar a más jóvenes, como clases por Skype y WhatsApp.

De las provincias que tienen mayor población rural, las que más ampliaron la matrícula en escuelas secundarias son San Luis (38,9%) Santiago del Estero (37%), Corrientes (25%), Misiones (20,9%), Córdoba (18,2%), Tucumán (17,5%) y San Juan (14,1%).

Ese aumento llegó además acompañado de un incremento de los cargos docentes: crecieron en promedio un 42,3%. Es decir que proporcionalmente se sumaron más profesores que alumnos. Ocurre eso porque las secundarias rurales demandan muchos profesores para atender a pocos alumnos.

El secundario de montaña Alfarcito, en Salta, tuvo su primera promoción en 2014.
El secundario de montaña Alfarcito, en Salta, tuvo su primera promoción en 2014.

Fortalecen comunidades y evitan migraciones

Los especialistas coinciden en que las secundarias son vitales para que los chicos tengan herramientas e ideas para crear emprendimientos productivos y para apuntalar la agricultura familiar. También para preparar a los jóvenes para trabajar en un sector agropecuario cada vez más tecnificados. En resumen: son clave para ofrecer oportunidades de progreso.

Ese diagnóstico hace que sean importantes para desacelerar la migración hacia las ciudades. En 1991 vivían en zonas rurales 4 millones de personas, cifra que cayó a 3,5 millones en 2010, incluso a pesar de que aumentó la población en más de 7 millones. Hoy, 1 de cada 10 personas vive en el campo.

Patricio Sutton, director ejecutivo de la Red de Comunidades Rurales, asegura que la falta de secundarias rurales es uno de los mayores déficit de la educación argentina y afecta sobre todo a poblaciones vulnerables y aisladas.

Para describir la importancia que tienen, Sutton prefiere enumerar las consecuencias que genera que los jóvenes no puedan estudiar: “Baja la capacidad de que la nuevas generaciones afiancen la agricultura familiar, surgen menos emprendimientos y baja el empoderamiento de la comunidad".

Como contrapartida, Sutton explica que crece la migración hacia zonas urbanas y muchos terminan viviendo en villas o en peores condiciones que las que tenían en el campo. Además, hay más espacio para producciones a gran escala y con más impacto sobre el ambiente.

La red tiene 11 programas para ayudar a escuelas rurales a través de donaciones, mejoras en los caminos y aporte de tecnología.

A la secundaria tucumana de Las Arquitas se llega tras 9 horas a caballo.
A la secundaria tucumana de Las Arquitas se llega tras 9 horas a caballo.

Todos los niveles en una misma escuela

En Tucumán abrieron 102 secundarias rurales desde 2005. De esas, 26 fueron creadas en el último año. Una de las propuestas con las que innovaron son las denominadas “multinivel”. Es decir, crearon escuelas secundarias y jardines aprovechando el edificio y toda la estructura de una primaria.

“En el paraje Las Arquitas, un pueblo de alta montaña a donde se llega después de 9 horas a caballo, convertimos la primaria en una escuela multinivel. Pasamos de tener tres alumnos a contar con 20, desde jardín a secundaria”, cuenta Juan Manuel Victoria, coordinador de Educación Rural de Tucumán.

Para lograr ese salto, tuvieron que ampliar el plantel, que pasó de una maestra a 12 docentes. Además hablaron con cada familia para que todos entendieran el futuro que le puede ofrecer a sus hijos ir la escuela. Algo similar hicieron en el paraje Mala Mala y San José de Chasquivil.

“Antes de decidirnos por estos proyectos, nos instalamos varios días en esas comunidades. La gente estaba triste porque pensaba que veníamos a cerrar la escuela, que era el fin del núcleo poblacional. Porque eso son las escuelas rurales: el lugar de encuentro”, asegura Victoria y adelanta que incorporarán el nivel de adultos en esas escuelas: “Son comunidades que necesitan ocupar su tiempo, sufren la soledad, y la escuela es un puntal”.

Unicef ayuda a crear secundarios "virtuales": los chicos cursan desde una notebook.
Unicef ayuda a crear secundarios "virtuales": los chicos cursan desde una notebook.

Aulas virtuales impulsadas por Unicef

Un programa que contribuyó a la ampliación de la matrícula en varias provincias es el de Secundaria Rural Mediada por Tecnología, que impulsa Unicef desde 2012.

El plan propone que adolescentes que viven en parajes rurales remotos puedan estudiar sin migrar de su comunidad. Lo hacen al conectarse desde notebooks que enviaron a escuelas primarias que hay en sus zonas.

Las actividades están cargadas en una plataforma online y los profesores dan clases de manera remota por Skype o WhatsApp, por ejemplo. Los chicos son guiados por docentes tutores que sí están presentes en esas escuelas.

Con esa modalidad ya se instauraron siete secundarias “virtuales” que le permiten continuar estudiando a chicos de 80 colegios de parajes rurales en las provincias de Chaco, Salta, Jujuy, Misiones, Tucumán y Santiago del Estero.

Más de 100 profesores de las disciplinas del nivel secundario, 117 docentes tutores y 16 auxiliares docentes indígenas acompañan a 1200 estudiantes. De ellos, un 46% pertenece a unas 10 comunidades de pueblos originarios.

Los alumnos cuentan cómo estudian en aulas virtuales. Crédito: Unicef.

El desafío es llegar a todos y retenerlos

De cada 100 chicos que tienen edad para ir al secundario, 85 lo hacen. Sin embargo esa tasa promedia jóvenes de todo el país.

Patricia García, una de las coordinadoras de EduRural, una red de 30 ONG que trabajan por una “mejor y más justa” educación rural, afirma que esa relación es mucho más baja si se analiza solo las áreas rurales: “Porque faltan secundarias, porque les quedan lejos o porque existen pero no ofrecen la calidad y las herramientas que necesitan los chicos”.

El dato exacto sobre cuál es la tasa de escolarización en comunidades rurales no está disponible. La falta de estadísticas precisas es justamente parte del problema.

De todos modos, Unicef relevó, a partir de una pregunta que se hizo durante el censo 2010, cuál es el porcentaje de chicos de poblaciones rurales que asiste a la escuela. Lo hizo a partir de las respuestas que dieron las familias. La conclusión es que a los 12 años, la asistencia escolar alcanza niveles de universalidad (97,6%) pero baja abruptamente con los años hasta caer al 54,8% en chicos de 17 años. En áreas urbanas, a esa edad, el 75% asiste a la escuela.

García cree que además de abrir nuevos secundarios, hay que armar un plan pedagógico de calidad: "Una escuela rural tiene que tener una propuesta educativa relacionada con su entorno productivo y social, pero debe llegar a una oferta de la misma calidad que la urbana. Es decir, tiene que tener laboratorios, talleres de idioma y de arte".

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