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¿Por qué es importante que Argentina proteja al menos el 10% de su mar?

El océano absorbe radiación solar y genera el 50% del oxígeno, pero sólo el 3% del Mar Argentino está bajo algún sistema de conservación. La pesca ilegal o con redes que arrasan con la biodiversidad marina es la principal amenaza. El Gobierno quiere crear dos reservas frente a Tierra del Fuego. Tendrían una superficie similar a las provincias de Misiones y Formosa. El proyecto se debate en el Congreso.

Por Javier Drovetto

8 de junio de 2018

Desde Ushuaia, los buques pesqueros suelen salir con redes de 250 a 1.000 metros. Con esas mallas capturan 1.000 toneladas de merluza de cola, polaca y merluza negra. Son buques de “altura” porque pueden pescar a 200 millas de la costa, donde termina la Zona Económica Exclusiva argentina.

Pocos saben lo que ocurre durante la pesca, pero tiene aspectos crueles y poco sustentables: al año, 15.000 albatros que sobrevuelan los buques mueren al quedar atrapados en las redes cuando son recogidas; un 10% de la merluza de cola capturada no se aprovecha porque son piezas chicas; y miles de presas que no son el propósito de la pesca también son capturadas.

El informe de la Administración de Parques Nacionales concluye que las redes dejan una huella en el fondo del mar y arrasan con invertebrados, como corales, esponjas, medusas y estrellas de mar. Cuando el daño se perpetúa, hablan de huellas de mar muerto.

A la pesca inmoderada en el Mar Argentino, se le suma la pesca ilegal: unos 400 buques de otros países se ubican en el límite de la milla 200 (unos 370 km), entran y salen de la jurisdicción nacional sin permiso. Esa sobreexplotación pone en jaque la biodiversidad del océano porque provoca desequilibrios en la cadena de alimentación: 59 tipos de aves, peces, tortugas y mamíferos están tipificados como amenazados de extinción, de acuerdo al listado elaborado por la ONG The Conservation Land Trust Argentina (CLT).

A la dificultad que de por sí implica controlar la pesca a lo largo de 5.800 kilómetros de costa argentina y una superficie de 1.500.000 de km2 (36% del territorio nacional), se le suma una realidad categórica: en el 97% del mar nacional está permitido pescar. Es decir, apenas el 3% está protegido. Ese porcentaje está en sintonía con el promedio mundial de 3,7% que relevó el Instituto de Conservación Marina.

“Argentina necesita llevar rápidamente su mar protegido al 10% y empezar a pensar en alcanzar un 20%”, afirma Martina Sasso, líder del programa de Conservación Marina de CLT, que impulsa la campaña Sin Azul No Hay Verde.

La salud de los océanos es determinante para el planeta y resulta sencillo de argumentar con cifras: absorben el 90% de la radiación solar, generan el 50% del oxígeno, concentran el 80% de la biodiversidad del planeta y el 40% de la población depende de la variedad de vegetales y animales marinos y costeros. “Más de 500 millones de personas están empleadas en actividades relacionadas con océanos”, afirma Francisco Yofre, a cargo de la representación de FAO en Argentina.

Sin embargo, la salud de los océanos está justamente en duda: el agua es un 32% más ácida que antes de la revolución industrial, hay 13 mil trozos de plástico por km2 y el 31,4% de las poblaciones de peces de interés comercial están sobreexplotadas, según la Organización de las Naciones Unidas.

Las reservas estarían frente a Tierra del Fuego. | Crédito: The Conservation Land Trust
Las reservas estarían frente a Tierra del Fuego. | Crédito: The Conservation Land Trust

¿Cuál es el plan argentino que debate el Congreso?

El 23 de noviembre pasado, el Gobierno envió a Diputados un proyecto de ley para crear dos áreas marinas protegidas. Una, Yaganes, estaría 90 millas al sudeste de Ushuaia y abarcaría 69.000 km2, casi la misma superficie que Formosa.

La otra, Burdwood II, se ubicaría al este de la Isla de los Estados y al sur de las islas Malvinas. Tendría 28.900 km2, como la superficie de Misiones, y sería una ampliación de Burdwood I, la única reserva estrictamente marina que tiene el país, creada en 2013.   

Las futuras áreas se sumarían a los 43.000 km2 de espacios marinos protegidos que suman Burdwood I y las 25 reservas provinciales que incluyen porciones de mar. “Con esas dos nuevas áreas se alcanzará una protección de alrededor del 10% del Mar Argentino”, asegura Javier García Espil, director nacional de Biodiversidad y Recursos Hídricos.

Yaganes está en los inicios de la corriente de Malvinas, que se mueve hacia el norte y la describen como la columna vertebral del Mar Argentino. Es un área de conexión física y biológica entre el Pacífico y el Atlántico. Los biólogos la ejemplifican como un supermercado de aguas frías, profundas y rico: hay desoves, reproducción y alimentaciones de especies carismáticas, como pingüinos, lobos y elefantes marinos. La zona es importante, además, para dos especies amenazadas: el albatros errante y la ballena fin.

En Burdwood II el propósito es salvaguardar una muestra bien conservada de hábitats de alta profundidad para proteger especies raras o con funciones clave en el ecosistema, como esponjas y corales. También incluye sectores de reproducción de peces de interés comercial, como la polaca, merluza negra y sardina fueguina. Y ayudaría a preservar a los pingüinos de penacho amarillo, cachalotes, delfines, petreles y albatros.

La decisión del Gobierno de crear reservas marinas está fundamentada, además, en cumplir con compromisos internacionales a los que adhirió el país, como el Convenio sobre la Biodiversidad Biológica y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que establecen proteger el 10% de las zonas costeras y marinas antes de 2020.

“El proyecto de ley es prioritario para la agenda del oficialismo”, confía la diputada Cornelia Schmidt, presidenta de la comisión de Relaciones Exteriores y Culto, donde recayó el plan del Ejecutivo.

La reserva Burdwood II ayudaría a preservar a los pingüinos de penacho amarillo. | Foto Lyra Films
La reserva Burdwood II ayudaría a preservar a los pingüinos de penacho amarillo. | Foto Lyra Films

Buscan mayor consenso con el sector pesquero

La propuesta enviada por el Gobierno al Congreso es el primer paso de un plan más ambicioso elaborado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, que prevé cuatro áreas protegidas más: una frente a la Península de Valdés, en Chubut; otra frente a la costa bonaerense, entre Bahía Blanca y Viedma; una tercera al sur de Rawson y al norte de Comodoro Rivadavia; y una cuarta denominada Agujero Azul, en el límite de la milla 200.

Sin embargo, para que puedan avanzar habrá que generar un mayor consenso con el sector pesquero. En ese sentido, un informe de la Subsecretaría de Pesca y Agricultura analiza la actividad pesquera en las áreas protegidas que impulsa Ambiente y señala que en esas zonas operan 541 buques (de una flota total de 1.020 barcos) y se produce el 25 % de la actividad pesquera anual del país, por lo que advierte sobre la posibilidad de un “alto nivel de conflictos”.

Ese informe hizo justamente que el Ejecutivo redujera a dos las áreas marinas incluidas en el proyecto que envió al Congreso: Yaganes y Burdwood II. Esas áreas son las que tienen menos actividad: apenas 6 y 10 buques, respectivamente.

“Se empezó por las zonas de las que había mayor información sobre la importancia de conservar el área y más consenso para hacerlo”, explica Espil y adelanta que ya trabajan en la promoción del frente de Valdés.

De todos modos, empresas del puerto de Ushuaia, que prefirieron no polemizar públicamente respecto de la iniciativa, sugirieron que si bien en Yaganes, por ejemplo, se genera sólo el 0,23% de la actividad pesquera nacional, para Ushuaia puede ser significativo porque un pesquero emplea en el puerto a 80 personas por turno para embalar la pesca en contenedores.

Más allá de las objeciones que encuentran en el sector pesquero, 16 ONG que conformaron el Foro para la Conservación del Mar Patagónico coinciden en que la preservación de áreas marinas, contrariamente a lo que puede suponer, ayuda a que el océano sea más productivo. Afirman que cuando se lo vuelve intangible, tiene la capacidad de regenerar su biomasa en un 670%, por lo que se produce un efecto derrame cuando los cardúmenes migran a zonas donde se permite pescar.

“Estados Unidos avanza en la protección de su mar y es una potencia pesquera, lo que demuestra que conservar océanos no va en contra de los intereses económicos”, apunta Alex Muñoz, director para América Latina de Pristine Seas, el proyecto de la National Geographic Society que participó en la creación, a nivel mundial, de áreas protegidas marinas por 5 millones de km2. De acuerdo a un relevamiento del Banco Mundial, Estados Unidos tiene algún tipo de protección sobre el 41% de su mar.

Muñoz destaca que Chile, un país donde la pesca es importante para su economía, sumó en los últimos años 900 mil km2 de parques marinos protegidos. Hoy posee un 32% de su mar bajo un sistema de conservación estricto. “Justamente porque es un país con tradición pesquera sabe que la sobreexplotación es lo que hizo agotar recursos, como el jurel, que en menos de 15 años su pesca descendió en un 95%”, apunta Muñoz, que vive en Chile.

La National Geographic participó en febrero pasado de una expedición por la zona del futuro parque Yaganes para generar información de la relevancia del área. Esperan estrenar pronto un documental, del que ya se puede ver un adelanto.

Las medusas son capturadas accidentalmente por los pesqueros. | Foto: Lyra Films

Las medusas son capturadas accidentalmente por los pesqueros. | Foto: Lyra Films

Gestión y vigilancia de las futuras reservas

La legislación argentina deja bajo la tutela de Parques Nacionales la futura conformación de reservas marinas y establece distintos niveles de protección, desde el más estricto, que limita la actividad a las investigaciones científicas, hasta las reservas que admiten algunas actividades recreativas vinculadas al turismo o incluso la pesca, pero siempre que sea sustentable.

La propuesta oficial para Yaganes es que su lecho sea una reserva estricta. Mientras que la columna de agua tendría dos tipificaciones. La porción más grande, de 55.600 km2, la que está más al sudeste del continente, sería parque nacional, por lo que se autorizarían trabajos científicos, educativos y turísticos. La columna de agua más cercana a Ushuaia, de 13.400 km2, pasaría a ser simplemente reserva, por lo que admitiría incluso la pesca sustentable.

Burdwood II, en tanto, tendrá cerca de tres cuartas partes como reserva estricta y un cuarto de su superficie, la más cercana al continente, como reserva, por lo que admitiría actividades como la pesca moderada.

El esquema de uso debe ser elaborado por Parques Nacionales una vez aprobada la ley, con la obligatoriedad de que el plan de gestión debe ser hecho con la participación de los actores sociales, económicos y culturales. “El plan de manejo tiene que identificar las amenazas y definir las estrategias para minimizar esas amenazas. Y definir claramente objetivos de conservación a cumplir”, adelanta Emiliano Ezcurra, vicepresidente de Parques Nacionales.

Ezcurra reconoce que para llevar adelante el plan será necesario crear un área específica dentro de Parques Nacionales, conformada por oceanógrafos, biólogos marinos y abogados y economistas especializados en pesca. Mientras que la vigilancia, para garantizar el cumplimiento de las restricciones, se hará con barcos y equipos de Prefectura, la Marina y el Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero.

En caso de aprobarse la ley y de instaurarse las dos nuevas reservas, un tema no menor será la discusión presupuestaria, ya que, según el Ministerio de Ambiente, poner un barco en campaña cuesta alrededor de U$S 10.000 por día.

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