Promesas, Promesas, Promesas | RED/ACCIÓN

Promesas, Promesas, Promesas

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

En esta segunda columna de cara a las eleciones, el director de Democracia en Red argumenta que las promesas son indispensable en la política ya que son el contrato electoral de un partido o movimiento con sus votantes.

Promesas, Promesas, Promesas

La promesa es indispensable en política. La promesa crea un sentido, imprime orientación a un acto transformador. Después, está la habilidad para realizarla: una promesa es creíble o no según las circunstancias, según quién la formule. En cualquier caso, convertir lo deseado en posible es lo que llamamos Política.

Las palabras son la materia prima de la promesa: marcan impulsos, alinean rumbos, guían la acción. La política parte del verbo, pero es sólo cuando esas palabras se concretan, cuando se vuelven hechos contantes y sonantes, que se sella el pacto de confianza entre el representante que prometió y la ciudadanía que le creyó.

En sistemas como el nuestro, las campañas electorales están pensadas como una zona promesas. Así, se delimitan 30 días para que quienes aspiran a representarnos nos expliquen quiénes son y qué han hecho. Un mes para que quienes desean hablar por nosotros en el Congreso nos cuenten qué quieren hacer y cómo .

Las promesas, plasmadas en un programa político, son el contrato electoral de un partido con sus votantes. Los contratos son una cosa seria: se formulan por escrito y se firman ante quien corresponde.

No prometer se volvió una costumbre en las elecciones argentinas. Para tomar contacto con las pocas promesas que circulan de cara a las elecciones legislativas, hay que hilar fino en declaraciones perdidas que hizo, en tal canal, la candidata nro 2 de tal lista (y rogar, por disciplina, aunque sea por conveniencia, que el 3ro no haya dicho otra cosa, quizás contraria, en el canal de al lado).

En la mayoría de los casos, las propuestas de los partidos se presentan por redes sociales, lo cual no sólo dificulta mucho el acceso a la información sino que diluye la visión de conjunto, prescinde del contexto general. En nuestras campañas, las promesas tienen la lógica de un “flyer” (¿recuerdan “pobreza cero”?, ¿ven “sí a bajar la inflación”?).

En el marco del proyecto #MeRepresenta, nos propusimos facilitar la comparación de las propuestas que los partidos hicieron, por escrito. Para eso leímos, analizamos y compilamos los 137 programas, de los 24 distritos, que los frentes electorales presentaron frente a la Comisión Nacional Electoral.

Lejos de las luces de los sets, las plataformas electorales de los partidos competitivos son bastante parecidas entre sí: “priorizar la educación”, “fortalecer a las pequeñas y medianas empresas”, “aumentar el empleo”, “preservar el medioambiente (sic)” .

Los programas están repletos de los lugares comunes más atroces, pero presentados como si fueran una novedad. Están cargados de afirmaciones vagas y ambiguas, pero disfrazadas de propuestas. Abundan en adjetivos calificativos, en oraciones interminables, en ideas redundantes.

En los programas electorales nada es concreto: son declaraciones de principios. La originalidad de las últimas elecciones en Argentina es que no hay propuestas originales, no hay hojas de ruta, no hay caminos.

Todas las plataformas electorales hablan del “futuro”, pero ninguna lo imagina. Aún más, la fuerza política que fue la “sorpresa” en las Primarias presenta una plataforma electoral que parece sacada del siglo XIX: la “novedad” proyecta un futuro parecido al pasado.

Puede que el análisis de costo-beneficio sea acertado: “total, nadie lo lee”, “a la gente eso no le interesa”. La plataforma electoral es superflua para quienes creen que los votos se ganan con “la emoción”. Además, una planificación programática suele ser impracticable (por lo tanto, ¿al pedo?), sabemos que la gestión en Argentina es una caja de sorpresas, es día a día.

Quizás, sea razonable: ¿para qué escribirlo si nadie lo lee? ¿para qué prometer si no se sabe si se puede cumplir? Pero nos enfrentamos a los efectos: las últimas elecciones en la Argentina fueron “vetos”. Votamos a una para que nos saque de encima al otro que, a su vez, es votado afuera en la siguiente elección porque ya no lo bancamos más. Y, así, nos acostumbramos a la expresión “en contra de”.

El enojo, ese pulgar abajo, es electoralmente rendidor pero la construcción de este partidismo negativo altera, radicalmente, el trazado del sistema representativo y distorsiona el quehacer político.

Entre otras cosas, porque desactiva los incentivos para la negociación en ámbitos plurales como el poder legislativo. Negociar con “los otros” es imposible, es casi una traición.

Además, si las preferencias se construyen sobre la base de la hostilidad a un otro disminuimos la presión sobre la propia candidatura que elegimos y relajamos la lógica de la responsabilidad. Nuestra candidata ya no tiene que rendirnos cuentas: si su legitimidad proviene de oponerse, sólo tiene que decir “basta”.

En los contextos de “veto”, se da una paradoja: la táctica para ganar la elección deviene, en el largo plazo, en contra de los mismos candidatos que la usaron. Porque explotar, a corto plazo, sentimientos de caos y miedo abona, en el largo plazo, el terreno para respuestas cada vez más autoritarias.

Sucede, entonces, con este “arte de ganar” que deslegitima las instituciones que los mismos candidatos aspiran a ocupar, que desmoraliza a quienes buscan acuerdos y que mina la convivencia elemental que el oficio de la política requiere.

Lejos de todo este pragmatismo berreta, hace muchos muchos años, Maquiavelo escribió que la política no tiene que ver con las bonitas palabras, sino con las garantías. La sensación que deja esta campaña en Argentina es que nadie las da.

Si las promesas ya no tienen sentido, nada va a cambiar.

Agustín Frizzera es Director Ejecutivo de Democracia en Red (democraciaenred.org). Esta columna es parte #MeRepresenta, una iniciativa de la cual RED/ACCIÓN es parte. Es una herramienta para ayudarte a votar informado. Ahí vas a encontrar información que te permitirá conocer a los candidatos más allá de la imagen que buscan proyectar en su campaña política: quiénes son, qué hicieron, cuál es su postura sobre los temas más importantes y, sobre todo, qué piensan hacer al respecto.