Refugiados climáticos: una marcha silenciosa que desafía al mundo entero | RED/ACCIÓN

Refugiados climáticos: una marcha silenciosa que desafía al mundo entero

Photo: Amali Tower / Climate Refugees

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Un granjero mexicano que ve perjudicada su actividad por los cambios en los patrones de las lluvias. Un padre nigeriano preocupado por el estilo de vida que lleva su hijo al tener que movilizarse por la sequía. Los dos tienen algo en común: la eterna búsqueda por sobrevivir. No son protagonistas de películas de ciencia ficción de un futuro muy lejano. Son historias de vida del presente.

Según el Banco Mundial, para 2050 habrá más de 143 millones de migrantes internos por motivos climáticos en África al sur del Sahara, Asia Meridional y América Latina. Hoy, no hay definición global que los incluya, no hay política que los proteja. Son la cara invisible del cambio climático. Representan uno de los principales desafíos de nuestro tiempo. Y necesitan de una primera acción: que hablemos sobre ellos.

El problema: breve descripción de una realidad que alarma

Las actividades humanas, basadas en la explotación de combustibles fósiles, emiten gases de efecto invernadero que generan un aumento de la temperatura del planeta. Los efectos de este cambio climático son múltiples e implican una realidad: hay personas que no pueden continuar con su vida en el lugar habitual.

El aumento en el nivel del mar pone en riesgo la supervivencia de las islas y ciudades costeras. El estrés hídrico -con períodos de sequías y otros de intensas precipitaciones que conllevan inundaciones- pone en alerta el futuro de muchas comunidades en SudAmérica. Los ciudadanos deberán iniciar una dificultosa marcha para sobrevivir. Ya se empieza a hablar de refugiados climáticos.

El debate: cuando las palabras y las definiciones importan

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un refugiado es quien huye de conflictos armados o persecusión y, como le es peligroso volver a su país, necesita asilo en otro lugar. Allí, los Estados y organizaciones le brindan asistencia y protección. Mientras que un migrante es quien elige trasladarse para mejorar su vida en busca de un trabajo o educación, pero aún recibe la protección de su país de origen al cual puede volver.

En la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 -aún vigente- los motivos ambientales brillan por ausencia en la teoría, pero no en la práctica. “Es una definición que prevé a la raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opinión política como motivos de persecución, pero no al clima. La falta de una definición sobre los refugiados climáticos impide poder precisar de quiénes estamos hablando”, reflexiona Ignacio Odriozola, abogado de la Universidad de Buenos Aires e investigador para la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (Resama).

Refugiados en África. Foto: Amali Tower / Climate Refugees

Cuando la cuestión ambiental es causa de movilización, también valen las diferencias de conceptos. “Puede haber un terremoto y no necesariamente eso genera migrantes o refugiados por motivos ambientales. La incidencia tiene que ser tal que no implique un desplazamiento temporario y donde los medios de subsistencia ya no estén garantizados luego del desastre natural. Un mismo terremoto puede significar para algunos la obligación de desplazarse y llegar a otra región, y para otros una simple evacuación temporaria”, diferencia Odriozola.

“Podemos estar años buscando una definición. Definitivamente, el cambio climático va a reconfigurar la migración. Es ridículo pensar que los cambios del clima no van a afectar los movimientos de las personas”, opina Alex Randall, director de programa de la Climate and Migration Coalition.

La clave: las personas detrás de cada evento climático

Mortaza Behboudi es un joven fotoperiodista. La causa que le permite contar con el pasaporte de refugiado afgano en Francia fue política. Pero, por fuera de su situación personal,  su visión es más amplia: “En la isla griega de Lesbos conocí a muchas personas que tuvieron que abandonar Bangladesh por los desastres naturales. Ellos, como tantos otros desplazados por el clima, no tienen ningún estatus. La definición de refugiados es importante para garantizarles protección internacional. Los refugiados no somos sólo refugiados. Por la guerra, la persecución, la situación política o el clima, tuvimos que dejar nuestro país. Necesitamos protección fuera de nuestro hogar”. Hoy, Mortaza dedica su profesión a visibilizar historias de refugiados.

“A pesar de que la definición de refugiado no incluye al cambio climático, si le preguntas a algunos de los afectados te dirán que son refugiados, que se sienten como tales”, manifiesta Amali Tower, fundadora y directora ejecutiva de Climate Refugees.

Refugiados en África. Foto: Amali Tower / Climate Refugees

La organización realiza investigaciones de campo para visibilizar las historias de quienes se vieron obligados a abandonar sus hogares por motivos ambientales. “Estamos hablando de desplazamientos humanos. El énfasis debe estar en las personas. Ello nos permitirá pasar de la discusión y el debate sobre la ciencia al hecho de que lo que se dice está ocurriendo. Y está sucediendo hoy, no mañana”, subraya.

De entre esas historias de vida, Amali recuerda la de un refugiado nigeriano en el país vecino: Níger, que tuvo que movilizarse en varias ocasiones en un mismo año por la sequía. “Él estaba preocupado. Las razones ambientales lo obligaron a tener que elegir estar cerca del curso del agua del lago para sobrevivir y resignar la educación de su hijo a quien no pudo enviar al colegio”.

El caso de Leo: una historia entre millones

“El tifón Haiyan tuvo un impacto significativo en mi vida y en mi familia”, con estas palabras Leo Christian V. Lauzon empieza a contarnos su historia a través de un chat de Facebook. Nació y creció en Tacoblan, la ciudad de Filipinas más afectada por el fenómeno natural.

Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. Foto: Leo Lauzon

Tras el tifón, su casa y sustento estaban destruidos. “La paz y la seguridad eran un problema. Cuando los reclusos pudieron escapar de las cárceles y las personas estaban desesperadas por encontrar comida, surgieron delitos como el robo y el saqueo”, recuerda. Mientras, escaseaba el agua limpia y la comida, reutilizaban el agua de lluvia para lavar los platos y bañarse, y había dificultades para conseguir medicamentos.

Dos semanas así fueron suficientes para tomar la decisión de abandonar Tacoblan. “Mientras nos dirigíamos a la ciudad portuaria de Ormoc, yo lloraba. Solía salir de la ciudad para participar en conferencias, reuniones y capacitaciones. Pero esa vez me iba como desplazado interno”. Algunos decidieron volver, otros migraron a otras ciudades.

Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. Foto: Leo Lauzon

El tifón Haiyan dejó más de 10.000 muertos en Filipinas. Leo perdió a su tía y un primo. A cinco años, todavía espera que el gobierno realice las pruebas de ADN en los restos encontrados para darles un entierro adecuado. El estrés tras el tifón afectó la salud de su abuela y su propia vida no fue la misma desde entonces.

Su mensaje hoy es claro: “Es hora que los gobiernos comiencen a considerar el clima como una causa de migración y enfrenten la realidad de que algunas personas serán refugiados climáticos, les guste o no. Es importante para los países en desarrollo, como Filipinas, que el cambio climático sea reconocido como causa de migraciones y se integre en sus políticas”.

El desafío: no se migra por una sola causa, sino por muchas

Cada vez que se habla del muro que Donald Trump quiere construir entre Estados Unidos y México, Randall recuerda el testimonio de un granjero mexicano que vio afectada su actividad por los cambios en los patrones de la lluvia. Año tras año, cruzaba la frontera para hacer otros trabajos en suelo norteamericano y volvía a México con su familia para el período alto de cosecha. “Para él la habilidad de cruzar la frontera era una cuestión de supervivencia ante el cambio climático”, expresa Randall.

En su más reciente presentación en la COP24 en Polonia, el ex vicepresidente norteamericano, Al Gore, mostró un diferencial con sus exposiciones anteriores: se refirió a la incidencia de la sequía en los movimientos migratorios en Centroamérica. Es más, argumentó que la propia crisis migratoria desde Siria a Europa tuvo también su causa climática: “La sequía de 2006-2010 convirtió la tierra fértil en desierto”.   

¿Se movilizan por el clima? ¿Por la situación política? ¿Por una crisis social? Randall es contundente: “El movimiento migratorio no se produce por una única causa. Venimos hablando mucho sobre migraciones, pero poco sobre las causas climáticas del problema”. Odriozola coincide: “Ningún tipo de desplazamiento es monocausal. Lo que da la pauta de que hablamos de refugiados climáticos es cuando el factor climático incide sobre todos los demás”.

La actualidad: entre la decisión política y la resistencia cultural

Además de una definición que lo incluya, el problema exige acciones. ¿Cómo se responde desde la política? En diálogo con el programa radial Sábado Verde, Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica de España, argumenta: “Es un tema que merece una atención mucho más seria y una anticipación mucho más clara. Cuando la gente deja el lugar en el que vive, lo hace llevada por la desesperación y la voluntad de buscar una alternativa allí donde no se le ofrece”.

Residente de la comuna de Jérémie, en Haití, tras el devastador paso del huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

Para la referente española, hay dos caminos sobre los cuales trabajar. Primero, evitar que una persona llegue a abandonar su sitio a través de la prevención y la generación de resiliencia “para que uno pueda quedarse donde está y donde quiere estar”. Segundo, cuando el contexto es tal que la salida es inevitable, la comunidad internacional deberá responder de una forma solidaria.

Ante la crisis actual del multilateralismo, Odriozola considera que las soluciones vendrán a nivel regional, no universal. Pero advierte la importancia de considerar a los afectados en ese camino. “Puede haber solidaridad de ciertos países en recibir a estas personas, pero también hay reticencia de ellas a irse. Los ciudadanos de las islas del Pacífico Sur, por ejemplo, no quieren irse sino que exigen justicia climática: reclaman terminar con la degradación del ambiente para garantizar su supervivencia”.

Residente de la comuna de Jérémie, en Haití, tras el paso del huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

¿Por qué esta resistencia? El investigador es claro: “Estás perdiendo tu territorio y, en parte, la misma definición de Estado, que incluye territorio, población, gobierno, soberanía. Es parte de la identidad”.

Una primera solución: la información como poder para el cambio

Los expertos coinciden: debemos iniciar la conversación a través de sus protagonistas para llevar el tema a la agenda política internacional y promover acciones concretas. ¿Qué podemos hacer nosotros? “Apoyar nuestro trabajo y el de las organizaciones. En nuestro caso, el dinero se destina a las investigaciones de campo que visibilizan las historias”, responde Tower.

Haití tras el huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

El presente nos desafía a mostrar estas historias, a exigir una respuesta política internacional, a visibilizar esa cara invisible del principal problema de nuestro siglo: el cambio climático. Tower nos deja un mensaje para reflexionar: “Usen sus voces para promover el cambio en sus comunidades; hablen a nivel local, estatal e internacional; firmen una petición; marchen en una protesta; usen su voz para expresar su preocupación. El cambio climático es un problema con la capacidad de impactarnos a todos por igual”.

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