“Salud para todos”, cuarenta años después

En septiembre de 1978, la comunidad internacional adoptó uno de los acuerdos globales más importantes jamás alcanzados en el esfuerzo por lograr la cobertura universal de salud. Aunque no se han logrado todos los objetivos, la visión que lo inspiró sigue siendo tan relevante como siempre.

Por Kabir Sheikh

3 de octubre de 2018

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El mes pasado se cumplieron cuarenta años desde la fecha en la que miles de delegados de 134 países se reunieron en Kazajstán, en aquel entonces parte de la antigua Unión Soviética, para firmar la Declaración de Alma-Ata. Este acuerdo histórico comprometió al mundo a ampliar el acceso a la salud, y los principios consagrados en tan sólo tres páginas siguen teniendo un profundo efecto en el campo de la salud pública.

El llamado continuo de la declaración se fundamenta en su doble carácter: es parte un evangelio de la ciencia aplicada, y parte un manifiesto político. Entre sus mensajes clave están el creciente liderazgo comunitario en la planificación de la salud; la reducción del elitismo en la medicina moderna; y el abordaje de la desigualdad social para obtener mejores resultados en el ámbito de la salud. La contribución central de la declaración fue su articulación de “salud para todos”, un precursor de la cobertura universal de salud (UHC). Examinar los orígenes y la evolución de la doctrina fundamental de la UHC podría ser útil en la lucha en curso por lograrla.

Somos más vulnerables y más privatizados

Una de las mayores diferencias entre el año 1978 y hoy en día es la amplitud de las vulnerabilidades de salud. El cambio climático y las dietas cambiantes han creado nuevas categorías de riesgo, mientras que las desigualdades en cuanto a la riqueza y la exclusión política han producido focos de vulnerabilidad más profundos. Consideremos, por ejemplo, el tema de la migración: la politización de este fenómeno de larga data tiene graves consecuencias para la salud pública.

Los mercados de la salud también han cambiado drásticamente. En la actualidad, predominan en muchos países de Asia, América Latina y África sectores privados de atención de la salud que no son bien regulados. Si bien la expansión de los mercados de atención de la salud amplía las opciones del paciente, también aumenta la deuda personal de dichos pacientes. Además, intereses comerciales imbuidos en las industrias de los alimentos, alcohol y tabaco socavan la salud de las personas y complican los esfuerzos por frenar el aumento de las enfermedades no transmisibles, como por ejemplo de las enfermedades cardíacas y la diabetes.

Lamentablemente, la participación de la comunidad en la planificación de la salud se ha mantenido prácticamente sin cambios desde el año 1978. Si bien la investigación muestra que los servicios mejoran cuando las personas participan en la planificación de la salud, la “gobernanza participativa” no es una característica común en muchos países en desarrollo. Con pocas excepciones – como ser Brasil y Tailandia, que son países que a menudo se señalan como ejemplo – los sistemas de salud centrados en la comunidad continúan siendo casos raros.

Es necesario renovar el compromiso

El legado perdurable de la Declaración de Alma-Ata es el consenso de que la salud sólo se puede mejorar con una combinación de buena ciencia, economía sólida y acción contra las injusticias sociales. Esto fue cierto en la década de 1970, y es cierto hoy en día. La comunidad internacional debe marcar el aniversario de la declaración volviendo a comprometerse con los valores que sostiene dicha declaración.

Tres de los mensajes de Alma-Ata merecen especial atención. Primero, para mejorar la salud, los líderes deben hacer más que únicamente construir clínicas y capacitar a médicos; también deben proteger el medio ambiente, garantizar el acceso al agua potable y saneamiento, promover la igualdad de género, crear empleos y fortalecer la infraestructura. Si bien estos objetivos están incorporados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, es necesario que exista un compromiso más serio con el enfoque holístico que promueve la Declaración de Alma-Ata.

Segundo, se necesita hacer más por promover las ciencias interdisciplinarias de la salud que aborden los cuestionamientos prácticos y éticos planteados por Alma Ata. Este mes se presentará una oportunidad para reafirmar este principio, cuando unas 2.000 partes interesadas de todo el mundo se reúnan en Liverpool en el Quinto Simposio Mundial sobre Investigación en Sistemas de Salud. Involucrar a los formuladores de políticas gubernamentales, la sociedad civil, los medios de comunicación y los donantes en el mensaje de ‘Salud para Todos’ será crucial para fortalecer los sistemas de salud.

Finalmente, al igual que la declaración ordena, las organizaciones internacionales de salud y los donantes están comenzando a reorientar sus estrategias para capacitar a los líderes a nivel local y nacional. Si bien todavía hay espacio para mejorar, una mayor cantidad de mujeres y ciudadanos provenientes de países en desarrollo ocupan cargos destacados en las organizaciones mundiales en comparación con lo que ocurría en el pasado.

El mundo aún tiene que alcanzar los ideales anunciados en el año 1978. Pero estamos avanzando en la dirección correcta. El verdadero cambio ocurre cerca de la gente común, y no solo en centros de poder mundial. Puede venir a través de una mayor cantidad de instituciones públicas representativas, ciencia que reviste más relevancia o una mayor acción social. En todas estas áreas, la Declaración de Alma-Ata será, sin duda, una fuente de inspiración continua.

Traducción por Rocío L. Barrientos

Kabir Sheikh preside Health Systems Global, una institución concejera de la Alliance for Health Policy & Systems Research, y fue director conjunto de Investigación y Políticas en la Public Health Foundation de la India.

© Project Syndicate 1995–2018 - Foto: Wikimedia Commons

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