Tasa de natalidad mundial cada vez más baja | RED/ACCIÓN

Menos nacimientos y más personas mayores: qué efectos causará la inminente disminución poblacional y cómo se prepara el mundo para este escenario

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Tanto en la Argentina como en la mayoría de los países se registra una caída sostenida en las tasas de natalidad, al mismo tiempo que la esperanza de vida de las personas es cada vez mayor. Se estima que para mediados de siglo la cantidad de muertes superará al nacimiento. Y esto tiene implicancias económicas, sociales y ambientales, que deben considerarse desde ahora.

Menos nacimientos y más personas mayores: qué efectos causará la inminente disminución poblacional y cómo se prepara el mundo para este escenario

Intervención: Denise Belluzzo

Año a año, en la Argentina cada vez nacen menos bebés. Según registros oficiales, en la ciudad de Buenos Aires los nacimientos bajaron un 41% en la última década. Pasaron de casi 86.000 en 2010 a alrededor 50.000 en 2020. En la provincia de Buenos Aires, el número bajó casi un 30% en el mismo período de tiempo.

Esta tendencia descendiente en la cantidad de nacimientos no es novedad: en 1980, había 25 nacimientos cada 1.000 habitantes en el país. Y para 2018 había bajado a 15,4 nacimientos cada 1.000 habitantes.

¿Qué es la tasa de natalidad y cómo se calcula?

Gladys Massé, doctora en Demografía y magíster en Demografía Social, está a cargo de la Dirección de Estadísticas Sociales y de Población del INDEC, y explica que este fenómeno se debe a dos razones: “La baja de la tasa de la natalidad como indicador es fruto de la disminución del número de nacimientos pero también del aumento de la esperanza de vida al nacer. Porque de esta manera llegan más personas a edades avanzadas y estas personas se siguen contando en el denominador de la tasa. De todas formas, la disminución en el número de nacimientos, que es el numerador de esa tasa de natalidad, se correspondería más con el descenso en la tasa global de fecundidad. La tasa global de fecundidad es el número promedio de hijos que tiene una mujer, y en este caso se trataría de la disminución de ese número promedio en las mujeres en Argentina”.

Foto: Unsplash.

Argentina no es para nada un caso excepcional. A lo largo y ancho del mundo, esta realidad se replica, y los expertos señalan que la tendencia a la baja en el número de nacimientos llegó para quedarse. 

En 1980, en el país había un promedio de 3,3 hijos por mujer. En 2010, ese promedio había bajado a 2,4 hijos por mujer, y en 2019, según la Dirección de Estadística de Información de Salud del Ministerio de Salud, se habría alcanzado una cifra récord de 1,8 hijos por mujer.

Las proyecciones estiman que para mediados de este siglo las muertes van a empezar a sobrepasar a los nacimientos. Y ahí vendría un efecto espiral. 

La explicación es simple: una vez que una tendencia demográfica arranca o toma envión, se disparara exponencialmente. Si hay menos nacimientos, hay menos gente para tener hijos, y así sucesivamente. Lo mismo pasa a la inversa. 

La fecundidad de reemplazo refiere a la fecundidad mínima que se necesita para que una población se mantenga en el tiempo sin disminuir su volumen. Para eso, se busca que una mujer tenga 2 hijos, para reemplazarse a sí misma y a su pareja. Suele cifrarse en 2,1 porque se agrega un decimal para compensar por las mujeres que no tienen hijos.

Tasa de natalidad mundial

China mantuvo durante varios años una política de ‘‘un solo hijo”. Se había establecido en 1979 porque en su momento las proyecciones auspiciaban un crecimiento sostenido que, si no se corregía, impedirían los programas de desarrollo, económicos y modernización que se proponía el Gobierno. Se considera que se evitaron entre 350 y 400 millones de nacimientos gracias a esta política. En 2016, ya atentos a esta baja en los nacimientos, el país abolió esta política y permitió que la población tuviera dos. Pero la medida no fue suficiente para frenar la caída en nacimientos.

Una noticia que es síntoma claro de todo esto fue cuando hace pocos días el gobierno chino anunció que va a empezar a permitir que la gente tenga tres hijos.

Esta nota se desprende de un episodio de FOCO, el podcast de RED/ACCION.

La combinación entre el descenso en la cantidad de nacimientos y el envejecimiento de la población es vista con preocupación por el Gobierno chino. En el país más poblado del mundo, con más de 1.400 millones de habitantes, esta combinación representa una ‘‘bomba demográfica” que podría afectar su crecimiento económico.

Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, se espera que en China para 2040 la proporción de mayores de 65 años llegue a casi el 30%, cuando hoy es de alrededor del 12%. En paralelo, en contraste, la fuerza laboral está disminuyendo: hoy los chinos en edad de trabajar representan el 63% de la población, cuando hace una década eran el 70%.

Estados Unidos anunció que su tasa de fecundidad es la más baja en 40 años. Es de 1,6 hijos por mujer, cuando en 1950 era de 3. En países como India y México, la tasa de fertilidad está cayendo a 2,1 hijos por mujer o incluso menos. En Europa, el 25% de la población va a ser mayor de 65 para 2050, según estimaciones de las Naciones Unidas.

La inmigración, en este contexto, es vista por muchos con buenos ojos, porque puede significar una inyección de personas en edad de trabajar que compensar la tendencia.

Sin embargo, la tendencia tiene sus excepciones. En el África subsahariana, por ejemplo, Nigeria tiene una tasa de natalidad de más de cinco hijos por mujer. Hoy tiene 200 millones de habitantes. Si sigue a este ritmo, podría desbancar a China como país más poblado.

Durante el siglo XX, el desafío había sido el inverso: cómo lidiar con un boom de crecimiento demográfico, el más fuerte de la historia registrada. Se pasó de 1.600 millones de habitantes en el mundo en 1900 a 6.000 millones en el año 2000. 

¿Por qué disminuye la tasa de natalidad?

“La tendencia a la disminución del número de nacimientos tiene que ver con los cambios en el rol de la mujer, pero también con la urbanización, la cultura más hedonista o individualista. También se relaciona con una mayor autonomía y libertad que gozan actualmente las mujeres, desde el punto de vista de poder planificar respecto de cuántos hijos se quiere tener y en qué momento, evaluando postergar la concepción hasta una determinada instancia, priorizando tal vez otros objetivos, como por ejemplo los educativos o laborales. En general, esta es la característica de las mujeres de los sectores medios urbanos. Pero cabe resaltar que esa no es la situación de las mujeres de los sectores más vulnerables, que son las que manifiestan en estos momentos una fecundidad más alta”, indica Gladys Massé.

‘‘En todo el mundo, los países están experimentando un estancamiento de la población y un desplome de la tasa de fertilidad, un brusco giro sin precedentes a lo largo de la historia‘‘. Así empieza un artículo que publicó a fines de mayo el New York Times. La nota habla sobre cómo en los países desarrollados se ve recurrentemente la postal de jardines maternales abandonados o cerrados, cómo en Corea del Sur las universidades se están quedando sin estudiantes, y en Alemania se están demoliendo zonas con viviendas sin uso.

¿Qué consecuencias tiene para un país contar con tasas más bajas de natalidad?

Varios estudios señalan los beneficios que podría traer una disminución en la población. Un mundo con menos presión demográfica podría traer alivio en términos climáticos, una menor huella de carbono y explotación de recursos naturales. Las mujeres quizás estarían menos sobrecargadas por tareas domésticas y habría una mayor apertura a la recepción de inmigrantes en países desarrollados. 

Por el otro lado, el sistema económico hasta ahora en el mundo se organizó en torno a un principio básico, que estaría comprometido: el de un crecimiento económico motorizado por la fuerza laboral, compuesta por generaciones jóvenes, ayudaría a sostener a los más ancianos, los que ya no están en edad productiva.

Massé explica que “el envejecimiento demográfico, ocasionado por un descenso en los niveles de natalidad y fecundidad y un simultáneo incremento de los años de esperanza de vida de los individuos no necesariamente es malo, sino que debe ser tenido en cuenta como indicador para poder proyectar políticas que prioricen la atención de sociedades que están modificándose en su estructura por edad y sexo.”

Se viene un mundo con más gente envejecida y jubilada, menos nacimientos y trabajadores jóvenes. ¿Va a poder la fuerza laboral sostener a las generaciones mayores? ¿No habrá que cambiar el sistema previsional, entre muchas otras cosas?

Foto: Télam.

Las propuestas que aparecen en el horizonte van desde subir la edad de jubilación a crear fomentos para que la gente decida tener hijos, como brindar subsidios para alivianar la carga financiera que afrontan los padres con la crianza y la educación.

“Es prioritario e imprescindible que estas modificaciones empiecen a implementarse desde ahora, porque los cambios demográficos ya están entre nosotros. Modificaciones para mejorar la atención a la salud, en el incremento en los niveles educativos y también desde el ámbito privado. Algo que también se está ya observando es la segmentación del mercado, es decir comenzar a considerar a los adultos mayores entre los potenciales consumidores de servicios recreativos, por ejemplo, que contribuyan a dinamizar la economía. Es decir, no como demandantes sino también como formando parte de una sociedad activa, adultos mayores en actividad” opina Massé sobre la importancia de las medidas para adaptarse a este cambio.

Algunos países ya se preparan. El Estado francés está trabajando en beneficios como extensiones en las licencias por paternidad y maternidad, además de ya contar con subsidios únicos de casi 1.000 euros por cada nacimiento nuevo, para ayudar en los primeros gastos, y otros subsidios básicos durante los primeros tres años del niño o niña. 

Claramente, la situación pide que se empiecen a diseñar políticas y generar cambios en el sistema desde ahora para poder atender a esta realidad y este futuro, que ya llegó.


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