Una de cada diez personas en Argentina sufre de depresión: cómo identificarlas y ayudarlas | RED/ACCIÓN

Una de cada diez personas en Argentina sufre de depresión: cómo identificarlas y ayudarlas

Ilustración: Pablo Domrose

Lucila hace un mes que no va a la oficina. Tiene 33 años, vive junto a su novio, en Buenos Aires y trabaja en el ámbito de la comunicación. Lucila fue excelente alumna en el colegio y la universidad, y tiene un empleo que disfruta. Ella nunca imaginó que iba a tener que enfrentar una enfermedad mental, que por momentos le impide salir de la cama. “Lo más difícil es que no encuentro el porqué”, confiesa.

Desde que se ausentó, en la oficina circulan versiones de que es una persona conflictiva. Pocos saben en verdad que ella convive con la depresión, una enfermedad que afecta a casi 1 de cada 10 argentinos. En esta nota los especialistas recomiendan acompañar con la escucha, pedir ayuda, y no subestimar el impacto positivo de la vida social, la familia y la actividad física regular.

En el mundo, 300 millones de personas conviven con la depresión, trastorno que es la principal causa de discapacidad, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien el rango de edad de mayor riesgo se encuentra entre los 30 y los 40 años, esta enfermedad afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales y países.

Algunos de los síntomas de depresión son la apatía, la tristeza y la aparición de dificultades para comer o dormir. Las personas con esta patología sienten falta de energía y no encuentran motivación para salir de la cama. Los días se hacen largos y cumplir con los compromisos diarios se vuelve, para ellas, una misión imposible. Actividades como darse una ducha o salir del hogar encuentran una fuerte resistencia por la ausencia de ánimo.

“Hay factores, como la sociedad de consumo y las exigencias de ser joven y exitoso que contribuyen a la propagación de esta enfermedad”, señala Francisco Guerrini, psiquiatra y psicoanalista que trabajó en el Hospital Borda y en el Materno-Infantil de San Isidro. Según Guerrini, en casos agudos “una depresión puede afectar al sistema inmunológico y desatar otras enfermedades”.

“Es una patología compleja sobre la que recién en los últimos 50 años se empezó a tomar conciencia”, señala en diálogo con RED/ACCIÓN Marcelo Cetkovich, Jefe de Psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y autor del libro El estigma de la enfermedad mental y la Psiquiatría.

La depresión, en números

A pesar de la gravedad de la enfermedad, hasta el año pasado no existían mediciones exactas sobre su impacto en Argentina.

De acuerdo con Cetkovich, el informe Lifetime Relevance, vino a echar un poco de luz sobre este tema: “Allí se indica que un 9% de la población nacional sufre en su vida algún tipo de depresión”. Vale destacar que este es el primer estudio epidemiológico de salud mental realizado en nuestro país por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Consorcio Internacional de epidemiología Psiquiátrica de la OMS.

Una de las razones de la falta de datos a nivel local sobre esta enfermedad hasta 2018 tiene que ver con la fuerte estigmatización que aún pesa sobre los trastornos mentales. “Hay un nivel de incomprensión muy grande en la sociedad”, indica Cetkovich. Y agrega que, en ocasiones, “si una persona dice en el trabajo que tiene depresión, pierde su estatus laboral, ya que muchas veces es tildada de problemática”.

Cómo detectar la enfermedad

Existen, al menos, dos tipos de depresión: la secundaria, que surge a partir de situaciones límite -como la pérdida de un ser querido o de un trabajo- y la primaria, que se origina exclusivamente en la psiquis de una persona.

Las primeras señales de alerta de que una persona puede estar padeciendo la enfermedad aparecen en el ámbito del trabajo. “El individuo empieza a tener complicaciones para cumplir con sus obligaciones, ya que le cuesta concentrarse en sus actividades”, señala Cetkovich. A diferencia de la tristeza, explica, “la depresión no tiene una causa o explicación, es duradera y puede ser crónica”.

A partir de allí, es frecuente que la persona interrumpa sus actividades frecuentes y hobbies. “Si la persona solía practicar algún deporte, de repente, deja de hacerlo”, indica Cetkovich, el psiquiatra de INECO. En un grado más avanzado, puede haber dificultades para salir de la cama y hasta pueden aparecer ideas suicidas.

En estas instancias, tanto la OMS como los profesionales aconsejan no esquivar el tema, sino abordarlo. “Hablar de las ideas de muerte ayuda al paciente y pueden evitar que se pase al segundo paso, que es la planificación”, advierte el especialista de INECO.

La importancia del acompañamiento

En casos de depresión, el entorno familiar debe tener especial cuidado en la manera de abordar la situación. Y evitar algunos comentarios que pueden complicar el escenario.

En primer lugar, Cetkovich recomienda evitar frases que subestimen la enfermedad. “Decir cosas como ‘ponete media pila’ o ‘tenés que salir de la cama’ implica no comprender que la persona no puede hacerlo. No hay que aconsejarla sino escucharla e invitarla a buscar ayuda”. En cambio, es mejor “invitarla a salir, a caminar. Y, sobre todo, escuchar lo que tiene para decir y jamás desatender sus palabras”.

Los expertos recomiendan también tener un extremo cuidado con el uso de las redes sociales. “Su exceso puede agravar la enfermedad por la exigencia cultural de mostrarse feliz y bonito en estos canales”, puntualiza Guerrini.

Cetkovich hace énfasis en los tres “factores protectores” necesarios para afrontar la enfermedad: la vida social, la familia y la actividad física regular. “Estos aspectos, en su conjunto, pueden acelerar fuertemente la mejora del paciente”.

Una luz de esperanza

Si bien en Argentina queda mucho por recorrer en el tratamiento de la depresión, otros países han logrado importantes avances en la materia. Entre ellos, Gran Bretaña -donde el nivel de depresión resulta alarmante-, Francia, Australia y los países escandinavos. La razón, explica Cetkovich, es que en estos países “se hizo un gran trabajo en la detección precoz de la depresión, dado que muchas condiciones psiquiátricas comienzan en la adolescencia”.

También la utilización de recursos del Estado para combatir las enfermedades mentales es un paso esencial. Por ejemplo, el gobierno australiano en 2018 destinó 100 millones de dólares para afrontar la depresión y la ansiedad mediante la implementación de programas de salud mental en las escuelas y en establecimientos llamados “Headspace” (espacios para la cabeza).

Qué hacer si conoces a alguien que sufre de depresión

La depresión es curable en la mayoría de los casos. Ante los síntomas de depresión, es recomendable acercarse a los centros de salud mental, a las áreas de Psiquiatría de los hospitales, o al Hospital Alvear de la Ciudad de Buenos Aires. Allí se obtiene información sobre los tratamientos, o bien se puede iniciar uno directamente.

El compromiso de las autoridades y las campañas de difusión y prevención de esta enfermedad resultan vitales para disminuir las cifras de personas con depresión. Por ejemplo, todos los 10 de septiembre la OMS impulsa el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Y en 2017 dedicó ese día a la depresión. Este tipo de iniciativas permite no solo informar, sino también luchar contra el estigma social que afrontan quienes la padecen.

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