Una historia del libro judío, comentado por Ariel Wilkis | RED/ACCIÓN

Una historia del libro judío, comentado por Ariel Wilkis

Un especialista invitado comenta un libro de no ficción y elige los seis párrafos de ese libro que más le hayan llamado la atención.

Una historia del libro judío
Alejandro Dujuvne
Siglo XXI

Uno (mi comentario)

La sociología es una disciplina extremadamente poderosa para perturbar las imágenes encantadas que sostienen nuestra relación con el mundo, las ideas y afectos que nos atan a nuestras identidades. Pero sería muy injusto y pobre dejar a la sociología en ese lugar de cinismo ilustrado sino pusiéramos además a rodar con sus razonamientos y argumentos otro tipo de encantamiento, un encantamiento que podríamos llamar realista. Este encantamiento sociológico nos habla al mismo tiene de una doble necesidad, de la necesidad de las ideas y afectos que nos atan a nuestras identidades y de la necesidad de conocer de manera profunda las condiciones que hicieron de ellas una arbitrariedad socio-histórica. El bello libro de Alejandro Dujovne “Una Historia del libro judío. La cultura judía argentina a través de sus editores, libreros, traductores, imprentas y bibliotecas” es un extraordinario ejemplo del encantamiento que me atrevo a llamar sociológico. Sus páginas no develan cínicamente la representación que hace al “pueblo judío el pueblo del libro” sino que nos muestran cómo las comunidades diaspóricas (miradas desde la Argentina de las primeras seis décadas del siglo XX) se vinculan, dialogan, comercian a través de la circulación de los libros. La cultura en estas páginas no aparece como una superestructura con vida propia, sino que es la infraestructura afectiva, identitaria y política que conecta las diásporas judías. En las páginas de Una Historia del Libro Judío  encontramos una sensibilidad extrema por respetar la materialidad de los objetos, cómo se producen, traducen y se transportan los libros y, teniendo como principio metodológico este respeto, Dujovne tiene la virtud de hacer caber todo en los libros judíos : la historia comunitaria, la militancia intelectual, la conformación de un mercado, el lugar de los judío en la sociedad argentina y, por supuesto, el mundo idishista que visto a los ojos del presente parece un ayer arcaico que solo pervive en nuestras lágrimas. Frente a la tradición religiosa que nos ata a Un solo libro judío, el encantamiento sociológico de Dujovne multiplica los libros judíos que hicieron real (nuestra) comunidad imposible.

Dos (la selección)

Desde Mahorna, quien definió a los hebreos y cristianos como "pueblos del libro", hasta George Steiner, quien rememora las palabras de Heinrich Heine cuando señala que la Torá es la "patria portátil" del pueblo judío, se ha sostenido la existencia de una relación estrecha de los judíos con "El" Libro y, por extensión, con "los" libros. ¿Qué revela la recurrencia de esa imagen en el tiempo? ¿Es posible hablar de un vínculo especial entre los judíos y los libros? Y, si así fuese, ¿qué nos dice acerca de la cultura judía en general, y de la judía argentina en especial? En cualquiera de los casos, no es cuestión de aceptar la caracterización de Mahoma ni sus variaciones como un atributo esencial del judaísmo, sino de tomar esta representación y su persistencia como posible punto de partida para indagar las manifestaciones históricas del vínculo entre la cultura judía y los libros.

Tres

Este trabajo toma al libro corno vía de acceso a la cultura judía argentina del siglo XX, corno un medio para recuperar figuras y mundos culturales perdidos, y resucitar batallas políticas actualmente apenas recordadas pero que a lo largo de décadas apasionaron a muchos y definieron los destinos de la comunidad. Por ese camino nos acercaremos al menos un poco a las sensibilidades e intereses de un universo anónimo de lectores que se alimentaron de temas y autores lejanos e incluso, como los padres de Hebe, en una lengua hoy en día igual de lejana. Además, se ocupa del libro en sí mismo, de la fe depositada en él corno emblema y vehículo de valores políticos y culturales, de la creencia en sus páginas corno medio inigualable para recrear y afirmar una identidad, y de las prácticas que se desplegaron en torno a él. Corno bien apunta Robert Darnton (1992), los libros no se limitan a contar la historia, también la hacen.

Cuatro

Tres motivos justifican aventurarse en el estudio de la cultura judía argentina del siglo XX a través del libro y la edición. En primer lugar, los judíos argentinos produjeron y consumieron un extraordinario volumen de material impreso, entre el cual los libros, publicados en el país o importados, ocuparon una porción importante. Esta producción se diferenció en mayor o menor medida del resto de las publicaciones periódicas y libros de la Argentina en función de la lengua, en los casos del ídish y el hebreo, y de los temas tratados, en el del castellano. Si se tienen en cuenta las dimensiones de la colectividad judía, el volumen y la extensión temporal de la oferta impresa se destacaron frente a lo realizado por otras colectividades más numerosas, como la italiana o la española (Korn, 1974). En segundo lugar, el arco de esas publicaciones periódicas y los libros abarca una notable diversidad de posiciones culturales y tendencias ideológicas, que funciona corno una puerta desde la cual adentrarse en el heterogéneo y conflictivo escenario político y cultural judío. Por último, desde los temas y autores publicados, pasando por el origen de los recursos económicos y las instituciones que los respaldaban, hasta sus modos de circulación, la edición judía de Buenos Aires estaba altamente integrada a una extensa geografía transnacional quele daba un cariz singular dentro de la producción y circulación editorial argentina.

Cinco

Este libro reconstruyó las alternativas de un conjunto de editores, sellos editoriales, imprentas, librerías y bibliotecas judías que a lo largo de siete décadas dieron vida en Buenos Aires a un intenso y rico universo del libro. En estas páginas nos remontamos a su nacimiento y su crecimiento (inicialmente lento y, luego, vertiginoso) y presenciamos, también, su paulatino declive. Fuimos testigos de las pasiones y compromisos que animaron a estos hombres a lanzar y sostener sus proyectos y nos convertimos en curiosos espectadores de un mundo escindido en dos lenguas que funcionaban en tiempos y geografías disímiles. Al reponer esas tramas v situarlas en un devenir histórico, descubrimos la fe en el libro corno transmisor de valores, imágenes y creencias necesarios para afirmar los sentimientos de comunidad, corno portador o recreador último de la cultura judía. Dentro de .este universo -apenas si recordado hoy en fragmentos aislados- se dirimió parte importante de la existencia del judaísmo argentino y, en alguna medida, en otros lugares de la diáspora.

Seis

Corno pocos en la comunidad judía, Máximo Yagupsky supo combinar la actividad intelectual, la actuación cultural y la acción política. Hijo de inmigrantes de Europa oriental, este "gaucho judío" perteneciente a la primera generación originaria de las colonias agrícolas de la JCA, nació -como ya mencionamos- en 1906, en La Capilla (provincia de Entre Ríos) y fue el cuarto de siete hermanos.  Al igual que muchos otros de su generación, al finalizar sus estudios secundarios dejó la colonia atraído por las oportunidades educativas, culturales y económicas que ofrecían las grandes ciudades del país. Y como tantos otros que buscaban su lugar en la Argentina de los años posteriores al Centenario, adhirió al credo liberal y a la cultura en lengua castellana como divisas de integración.

Siete

Después de una serie de libros que versaban sobre Israel y el antisemitismo, y en que el Holocausto tiene más espacio que en los demás sellos en castellano, Acervo Cultural amplió el registro hacia otros géneros. Por una parte, volvemos a encontrar a Sholem Aleijem, publicado en dieciséis volúmenes, y la trilogía histórica del novelista judeoalemán Lion Feuchrwanger, en 1960. Por otra paIte, su catálogo se abrió a nombres de la historia y la filosofía de gran relevancia dentro de cierta tradición judía humanista ilustrada, por medio de la colección "Valores en el tiempo" (1961-1977): cinco tomos del filósofo e historiador Filón de .Alejandría, cinco del historiador Flavio Josefo y cinco del filósofo Baruj Spinoza. A diferencia de autores como Sholern Aleijem, que eran leídos por un público amplio, los nombres que componían esa colección se orientaban, en principio, a uno más restringido. Mediante esta selección Weiss ponía a disposición del público universitario e intelectual una serie de autores y temas Judíos que hasta ese entonces no habían sido integrados de manera sistemática al repertorio de la filosofía y la historia en castellano.

Ariel Wilkis (1976) Doctor en Sociología (EHESS,Paris). Investigador del CONICET. Profesor regular de la UNSAM. Decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES-UNSAM). Investiga temas de sociología del dinero y finanzas. Ultimos libro The Moral Power of Money(Stanford UP, 2017).


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