Cómo trabajan para promover el comercio justo de las artesanías

Artesanos y académicos trabajan en red para proteger el valor cultural y promover el comercio justo de las artesanías

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

El trabajo artesanal no solo suele ser subvalorado, también es objeto ―aquí y en todo el mundo― de apropiación, sin el reconocimiento de su autoría ni la transparencia en la comercialización. Luego de encuestar a 560 artesanos y artesanas de todo el país, la Red Federal Interuniversitaria de Diseño de Indumentaria y Textil, que participa del programa internacional Crafting Futures del British Council, creó junto a algunas de las personas entrevistadas un manual de buenas prácticas para, por ejemplo, la relación y la colaboración entre la artesanía y el diseño.

Artesanos y académicos trabajan en red para proteger el valor cultural y promover el comercio justo de las artesanías

Intervención: Marisol Echarri

Voces de la artesanía. Diálogos para prácticas sustentables es una guía de buenas prácticas para establecer vínculos éticos con el trabajo artesanal, que se realizó con el trabajo de la Red Federal Interuniversitaria de Diseño de Indumentaria y Textil (REDIT) y el asesoramiento de Craft Revival Trust de India, en el marco del Programa Crafting Futures del British Council. En este libro, son maestras artesanas quienes expresan los valores y las actitudes que deben tenerse para entablar relaciones sustentables con las artesanías, objetos declarados patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO.

Cuando grandes marcas o diseñadores compran artesanías regatean sus precios y el trabajo y las usan en sus productos sin indicar el origen ni los autores de las piezas, se niega la voz de quienes las producen y se atenta contra este patrimonio cultural. La apropiación cultural es un caso extremo de esta situación. Que los artesanos definan cuáles son las prácticas adecuadas para trabajar en colaboración es clave para la supervivencia de estas técnicas y saberes ancestrales. 

La Red Federal Interuniversitaria de Diseño de Indumentaria y Textil, de la que forman parte siete universidades, entrevistó a 560 artesanas y artesanos de todo el país para conocer sus perfiles y los problemas que enfrentan. (Imagen: gentileza Celeste Valero/Tejedores Andinos)

Por “buenas prácticas” se entiende un conjunto de acciones cuyo fin es generar experiencias positivas y que, además, pueden replicarse en contextos similares con los mismos resultados.

La propuesta de una guía de buenas prácticas surgió luego de una extensa investigación en el campo de las artesanías a nivel nacional. Algunas de las integrantes de REDIT habían trabajado en distintos proyectos colaborativos con artesanas y artesanos antes de vincularse con el Programa Crafting Futures. Esta red, integrada por siete universidades públicas, se había creado con el objeto de abordar el diseño en relación con los territorios locales. En 2019 comenzó a funcionar en la Argentina Crafting Futures y, poco después, ambas iniciativas empezaron a trabajar en conjunto. Este programa del British Council tiene como objetivo promover la salvaguarda de las artesanías y proteger su valor cultural y patrimonial a nivel global. 

Ecosistema

Uno de los primeros desafíos fue detectar el estado y las necesidades del sistema de las artesanías en la Argentina. Por eso, el trabajo comenzó con una encuesta nacional que tuvo como objetivo identificar las prácticas existentes y los principios colaborativos que regían entre las partes interesadas. Por ejemplo, en las colaboraciones entre artesanía y diseño.

En el libro Voces de la artesanía. Diálogos para prácticas sustentables maestros y maestras de la artesanía explican los valores que deben regir los intercambios y colaboraciones de, por ejemplo, marcas de moda con el mundo artesanal. (Imagen: gentileza Celeste Valero/Tejedores Andinos)

“El proceso de trabajo y la metodología fueron superinteresantes”, afirma Moriana Abraham, integrante de REDIT por la Universidad Nacional de Córdoba. Entre 2020 y 2021, en medio de la pandemia de COVID-19, se encuestaron a 560 artesanas y artesanos de todo el país; el 80 % son mujeres. En este proceso se contó con una especialista de la Manchester School of Art, Rachel Kelly, para idear la encuesta y el proceso de investigación. Algunas entrevistas se hicieron de manera virtual; otras, por las dificultades de acceso a internet de algunas comunidades, las realizaron cara a cara personas que podían acceder más fácilmente a los núcleos artesanales. 

Los resultados de estas encuestas permitieron crear un perfil de las artesanas y artesanos, además de identificar algunos de los problemas que enfrentan. 

Esta identificación de los perfiles, sus prácticas y sus dificultades permitió conocer las características del ecosistema artesanal local.

“Los problemas detectados tienen que ver con la falta de reconocimiento, del valor de las artesanías y de lo que hacen las personas que las producen. Por ejemplo, del tiempo que lleva hacer las cosas, que no se debe apurar porque es una forma de vida. De lo que significa culturalmente la artesanía para un país, para el desarrollo de una región y del valor económico que implica”, señala Abraham. 

Solo el 31 % de las personas encuestadas están conectadas con organizaciones, aunque agruparse, tender lazos, trabajar como cooperativas ha sido fundamental para muchos colectivos, como las Randeras de El Cercado, Tejedores Andinos o Thañí / Viene del Monte o la Cooperativa Tinku Kamayu.

Randeras de El Cercado es un grupo formado por tejedoras de Monteros, Tucumán. Ellas trabajan la randa, un encaje realizado a la aguja, una técnica única en el mundo que solo pervive gracias a este grupo de cincuenta mujeres. Al haberse agrupado como comunidad de randeras pudieron acordar precios, participaciones en eventos y ferias, además de colaboraciones con artistas visuales. 

Es un ejemplo puntual de cómo al unirse y acordar aspectos del trabajo artesanal hay mejoras en la comercialización ―porque se acuerdan precios― y también cuando se emprenden trabajos en conjunto con diseñadores, artistas o gestores. 

La guía de buenas prácticas que siguió a un relevamiento nacional busca promover formas de trato justo con los artesanos y artesanas; por ejemplo, reconocer la autoría y procedencia de un tejido. (Imagen: gentileza Celeste Valero/Tejedores Andinos)

Conocer a artesanos y artesanas de diferentes regiones, de otros países, fue clave para identificar algunos de los valores que deben guiar las buenas prácticas en la relación con el trabajo artesanal. El intercambio, en todos sus aspectos, fue uno de los núcleos del proyecto de REDIT. Por esta razón, Voces de la artesanía incluye las experiencias de artesanos y artesanas de cinco países del Sudeste Asiático, donde el Programa Crafting Futures también trabaja en la salvaguarda de este patrimonio cultural inmaterial.

“Conocimos artesanas que tenían problemáticas muy parecidas, sin importar la geografía. Así surgieron los ejes del libro, que son valores globales para las buenas prácticas, aunque muchas veces no se tienen en cuenta”, dice Abraham.

El trabajo se estructura en dos partes. La primera, nombra valores indispensables para entablar relaciones éticas con los artesanos, como el reconocimiento; la segunda, menciona elementos del ecosistema artesanal que influyen en sus prácticas, como el turismo.

“Necesitamos ser vistos”

“Me reconocí tejedora recién a los 23 años. En realidad, yo conozco las técnicas, los hilos y el oficio desde que tengo uso de razón porque mis papás son tejedores, porque mis abuelos paternos y maternos fueron tejedores”, cuenta Celeste Valero, de la comunidad de Huacalera en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, y fundadora de Tejedores Andinos. 

“Decidí ser tejedora artesana textil, como mis papás, cuando abrí los ojos y vi mucho más allá de lo que veía en toda mi infancia. Vi los valores de los cuales eran portadores mis papás, que tienen que ver con el otro, con el compartir con otros. Me reconozco tejedora porque tejo, pero es un medio para conectarme con otros. Para mí, ser tejedora es ser servidora de mi comunidad”, agrega Valero. 

A partir de este reconocimiento de su identidad, se vinculó con tejedoras de muchas otras comunidades en Jujuy. “Nosotros los artesanos y artesanas indígenas, herederos de un conocimiento ancestral, practicantes de un oficio, necesitamos que toda esa carga cultural, esa carga de herencia y toda la historia que contienen las piezas que hacemos, sea contada a través de la imagen, de la palabra. Necesitamos ser vistos, ya no queremos más que nos absorban con un nombre, con un solo nombre o una sola manera de mostrar”, dice. 

Celeste Valero, tejedora de Jujuy: “Estamos en el camino del respeto, de la transparencia” (Imagen: gentileza Celeste Valero/Tejedores Andinos)

Uno de los problemas identificados por esta artesana respecto a su práctica es la negación de la autoría de sus trabajos. Muchas veces, marcas conocidas compran gran cantidad de artesanías, pero al momento de vender sus productos ponen sus etiquetas y nunca mencionan los nombres de los creadores de las piezas o el lugar donde se hicieron. Uno de los extremos de esta situación es la apropiación cultural. 

Frente a estos problemas, también detectados en la encuesta, el siguiente paso fue crear la guía de buenas prácticas que les permitiera a las artesanas expresar lo que entendían por valores como respeto, consentimiento, reconocimiento, atribución o protección. Algo similar a una guía que editó la UNESCO en 2005 sobre las experiencias en Colombia e India. 

“Entonces para nosotros la transparencia es algo que necesitamos que suceda, algo que queremos y que pedimos que suceda. El respeto es algo que está muy vinculado a la transparencia. El respeto es una necesidad de todas las personas, es un derecho que merecemos todos”, expresa Valero. “El aporte que realizó Voces de la artesanía es sumamente valioso, la participación activa del sector artesanal con las universidades, por ejemplo, es muy importante que se haya logrado, mientras estamos en el camino de reconocimiento, de la transparencia y de escuchar voces que han sido escondidas o calladas muchas veces”, agrega.

Desarrollo sustentable

Contar con una guía de buenas prácticas resulta clave para evitar el menosprecio y la apropiación de las técnicas artesanales. Para reconocer la autoría colectiva de los diseños y los modos de crear de diferentes comunidades de artesanos. La guía se propone ayudar a reconocer cuando veamos, por ejemplo, prendas u objetos de grandes marcas con diseños, tejidos o bordados artesanales que no mencionan a sus autores ni sus lugares de origen, que no se trata de diseños sustentables sino que estamos frente a malas prácticas con el ecosistema artesanal. 

“Reconocer esos saberes de la experiencia, que son tan valiosos como los académicos, poder hablar del trabajo compartido y tender puentes para una buena integración de igual a igual y de respeto mutuo”, destaca Sol Marinucci, representante de British Council, como uno de los focos del Programa Crafting Futures

Con la guía de buenas prácticas que incluye, por ejemplo, fijar precios justos, se busca la pervivencia de saberes y técnicas vinculados a la producción artesanal. (Imagen: gentileza Celeste Valero/Tejedores Andinos)

Por otro lado, los demás actores involucrados en el ecosistema artesanal también deben tomar en cuenta esta guía para promover su desarrollo sustentable. Áreas como el turismo, la educación y las instituciones culturales son determinantes para la supervivencia de la artesanía.

Voces de la artesanía es un libro en el que se empieza a hablar de esto, es una invitación a la reflexión colectiva sobre las prácticas necesarias cuando se encara una colaboración entre un investigador, un artista, un diseñador y un artesano o un grupo de artesanos. Hablar abiertamente sobre cuáles van a ser los acuerdos, cómo se va a nombrar a cada participante, por ejemplo. Cuando haya diálogo y una comunicación fluida y afectiva, va a haber un resultado positivo”, expresa Marinucci.

Las dificultades del sector artesanal incluyen, también, problemas asociados al acceso a la infraestructura y a las modificaciones en los entornos naturales de las comunidades por el cambio climático. Identificar buenas prácticas y reconocer a la artesanía como patrimonio cultural inmaterial y a las artesanas y artesanos como los portadores de esa herencia son los puntos de partida. Establecer lazos y respetar la palabra de estos trabajadores y trabajadoras y su hacer es parte de promover la supervivencia de las técnicas. 


Esta nota forma parte de la plataforma Soluciones para América Latina, una alianza entre INFOBAE y RED/ACCIÓN, y fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2022.

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