Alexandra Borchardt | RED/ACCIÓN
Opinión | 29 de noviembre de 2018

Foto: Drew Angerer/Getty Images/AFP

2018 podría ser el año más peligroso para los periodistas en todo el mundo

El asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi fue un recordatorio espantoso de que la prensa está siendo atacada. Y, sin embargo, el mayor riesgo para la profesión no son los asesinos contratados que llevan sierras para huesos; más bien, son preocupaciones mundanas como recortes presupuestarios y demandas cada vez más intensas para los reporteros.

Cuando se computen los números finales, 2018 podría ser el año más peligroso del que haya registro para los periodistas en todo el mundo. Y no necesariamente por la violencia. Es más,  la mayoría de los peligros que enfrenta la profesión son mucho más mundanos. Cinco son los que se destacan.

Primero. La cantidad de oportunidades de trabajo está mermando, y los puestos se caracterizan por bajos salarios, una inseguridad laboral perpetua y oportunidades limitadas de progreso. En Estados Unidos, por ejemplo, el empleo en las redacciones ha caído casi un 25% en menos de diez años, mientras que la inscripción en las principales facultades de periodismo ha disminuido más recientemente.

Segundo. Las “Big Tech” están superando a las organizaciones de noticias en la carrera para atraer un talento limitado. El periodismo necesita gente capacitada en tecnología para liderar proyectos de periodismo de investigación y gestionar la transición digital de la industria. Pero, en este momento, la mayoría de los ingenieros informáticos ven un futuro más brillante en plataformas como Facebook y Google, que pueden ofrecer salarios más altos, una mayor seguridad laboral y un mejor equilibrio entre vida y trabajo que, inclusive, los medios de prensa más grandes.

Tercero. El periodismo es mucho menos glamoroso de lo que fue alguna vez. Hace años, los corresponsales extranjeros curtidos que aparecían en la televisión y en las portadas de los principales diarios atraían a reporteros jóvenes a la profesión. Y si bien la mayoría de quienes mordimos el anzuelo nunca nos aventuramos más allá del ayuntamiento, nos atraía de todos modos la noble misión de obligar a los poderosos a hacerse cargo de sus actos. Pero en el entorno de redes sociales distribuidas de hoy, los corresponsales extranjeros son raros, y los “influenciadores” de las redes tienen más probabilidades de ser estrellas populares que los especialistas en asuntos políticos.

Cuarto. Aun cuando el salario y el prestigio disminuyen, las presiones de la redacción se intensifican. Cuando un reportero “novato” empieza a trabajar en una empresa de medios hoy, la capacidad de escribir un gran texto ya no basta; los periodistas jóvenes también tienen que contar con habilidades de audio y video, capacidades de periodismo de datos y experiencia en redes sociales. Estas habilidades podrían llevar a mejores productos nuevos, pero nadie es bueno en todo. Exigir que ellos lo sean y hacerles demandas interminables podría alentar a los reporteros a abandonar la profesión.

Cinco. Los incesantes ataques retóricos a los integrantes de los medios tradicionales por parte de líderes como el presidente norteamericano, Donald Trump –cuyo discurso sobre las “noticias falsas” apunta a la credibilidad de la propia profesión- están surtiendo efecto. Si bien la confianza en los medios de noticias viene aumentando en las últimas encuestas, la constante difamación de la integridad e inteligencia de los periodistas amenaza con hacer mella en la profesión.

Juntos, estos cinco desafíos están afectando y mucho al negocio periodístico, y esto plantea un riesgo para la propia democracia. Sin medios libres e independientes, los ciudadanos no pueden tomar decisiones informadas. En verdad, cuando el periodismo profesional está ausente, la gente fácilmente puede perderse en una maraña de información muchas veces no confiable, o incluso caer presa de expertos autoproclamados movidos por intereses personales y de propaganda. El periodismo es la brújula de la democracia; debemos encontrar una manera de recalibrarla.

Primero y principal, los periodistas necesitan protección. Eso significa garantizar no sólo su seguridad, sino también su capacidad para acceder a la información y reportar sus hallazgos sin miedo a las represalias. Como mínimo, los ataques a periodistas como Khashoggi deben investigarse plenamente, y la comunidad internacional debe hacer responsables a sus perpetradores y condenarlos.

De todos modos, el respaldo a los medios debe ir más allá de castigar a quienes tienen la audacia de asesinar a un periodista. Por ejemplo, se necesitan más programas para ayudar a cultivar talento joven. Los gobiernos podrían ofrecer subsidios, dar exenciones tributarias y patrocinar iniciativas que ofrezcan formación en periodismo y nuevos medios. Los futuros periodistas necesitan modelos de rol, pero también necesitan las capacidades técnicas para convertirse ellos mismos en modelos de rol.

Quizá lo más importante sea que los defensores de los medios en todas partes deben trabajar para aumentar el alfabetismo de la población en materia de medios. Los nuevos consumidores deben entender cómo funciona el periodismo, cómo hacen su trabajo los periodistas y por qué los medios de noticias profesionales son componentes esenciales de una democracia de buen funcionamiento. Hasta que el público valore la producción que generan los periodistas profesionales, una escasez de talento será el próximo gran desafío para el periodismo. Y podría terminar siendo el más importante.

Alexandra Borchardt es directora de Programas de Liderazgo en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo.

© Project Syndicate 1995–2018

Sociedad | 7 de septiembre de 2018

El periodismo está de vuelta

Después de años de mala salud, la industria de los medios finalmente está dando algunas señales de una modesta recuperación. Según el Informe sobre Noticias Digitales 2018 –la encuesta más integral sobre el consumo de medios digitales-, las suscripciones tienden al alza mientras que la confianza de los consumidores se ha estabilizado. Para un sector muy vilipendiado que cotiza en confianza, estos logros frágiles representan un progreso significativo.

Sin duda, los medios del mundo siguen atravesando problemas; el informe, realizado por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, demuestra que sólo el 44% de los consumidores de noticias creen lo que publican las marcas de medios establecidos. No obstante, esa cifra representa un incremento de un punto porcentual con respecto al año pasado, lo que sugiere que el déficit de confianza de la industria ha dejado de crecer o, en realidad, se está achicando.

Otros relevamientos son inclusive más optimistas; por ejemplo, el Barómetro de Confianza de Edelman determinó que los periodistas están recuperando su credibilidad, mientras que la confianza general en el periodismo tradicional y en el periodismo online está en su pico más alto en siete años. Estos hallazgos llevaron a la empresa a declarar que “el regreso de los expertos” ya está aquí.

Si bien puede ser demasiado pronto para que los ejecutivos de medios canten victoria, existen señales claramente positivas para una industria cuya reputación ha estado vapuleada en los últimos años. La polarización política ha hecho que la gente sospechara de los medios que no apoyan sus opiniones, mientras que los recortes de costos en las redacciones han degradado la calidad del periodismo disponible. Pero, como sugieren los nuevos datos, los periodistas parecen estar encontrando maneras de hacer frente a estos retos.

Quizá la tendencia más reveladora en el Informe sobre Noticias Digitales de este año es la creciente desconfianza en las noticias compartidas por las redes sociales. Por ejemplo, nuestro estudio determinó que sólo el 23% de los participantes confía en las noticias que encuentran en las redes sociales, y apenas el 34% cree lo que ven en los motores de búsqueda. Estas cifras probablemente fastidien a Google, Facebook y otros gigantes tecnológicos cuyas empresas no dependen menos de la confianza que las organizaciones de medios tradicionales.

Sin embargo, mientras que las plataformas como Facebook trastabillan, muchos medios tradicionales pisan firme: las tendencias de las suscripciones respaldan esta conclusión. De los 74.000 participantes en la encuesta, el 14% dijo que había pagado por noticias digitales por lo menos una vez durante los 12 meses anteriores, mientras que el promedio en los países nórdicos estaba más cerca del 30%. En Estados Unidos, los ataques del presidente Donald Trump a los llamados “medios de noticias falsas” han tenido el efecto contrario: llevó a más gente que nunca a respaldar el periodismo independiente. En 2016, por ejemplo, sólo el 9% de los consumidores norteamericanos pagó por noticias online; ese porcentaje aumentó al 16% en 2017 y se ha mantenido estable este año.

Inclusive en países como el Reino Unido, en donde no escasean los sitios de noticias gratuitos, la gente invierte en periodismo de calidad. El modelo de solicitud de donaciones o pagos de membrecías de The Guardian está alimentando un giro financiero. En casi todos los países relevados, la gente joven en la izquierda política es la más propensa a pagar.

Algunos críticos sostienen que el modelo de pago de los medios contradice el espíritu original de Internet como un lugar para el libre intercambio de ideas, noticias e información. Colocar las mejores historias detrás de muros de pago, dicen los detractores, dará lugar a noticias de segunda clase para ciudadanos de segunda clase.

Pero este argumento pasa por alto tres puntos esenciales. Por empezar, se puede suponer que la cantidad de personas conectadas digitalmente que no puede pagar por noticias es bastante pequeña; la voluntad de pagar tiene mucho más que ver con una cuestión de prioridades de gasto. Es más, pagar por algo que uno percibe como valioso ayuda a que lo sea, como ilustra la estrategia de priorizar los modelos de membrecía por sobre las estrategias estrictamente transaccionales.

Finalmente, para quienes verdaderamente no pueden pagar, existen opciones viables para que el periodismo de calidad llegue a los hogares de bajos ingresos. Por ejemplo, se podrían reformar las normativas fiscales de manera que la práctica del periodismo fuera más asequible, mientras que el financiamiento del gobierno o las fundaciones podría incrementar el respaldo para la programación de los medios públicos.

Cuando la gente paga por contenido, los periodistas ganan un incentivo para cumplir con su tarea. Examinan mejor sus productos en busca de valor, verifican los datos minuciosamente, innovan, investigan y disminuyen el ruido barato para captar la atención que hoy invade tantas plataformas de redes sociales. Lo mejor de todo es que estas tendencias se potencian mutuamente; cuanto mejor es el periodismo, más lo valoran los consumidores.

Ha pasado mucho tiempo desde que la industria de medios tenía buenas noticias para contar sobre sí misma. Ahora que sí las tenemos, es imperativo que nos esforcemos más que nunca para sostener la tendencia hacia la calidad, la credibilidad y la viabilidad financiera.

Alexandra Borchardt es directora de Desarrollo Estratégico en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo.

© Project Syndicate 1995–2018