Miriam Molero | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 5 de diciembre

Mala leche: leer para cuestionar (y entender) lo que comemos

Mala Leche
Soledad Barruti
Planeta

Comentario y selección de párrafos por Miriam Molero, periodista de espectáculos y cultura en medios como La Nación, Perfil, TV Pública. Actualmente trabaja en Radio Mitre.

Uno (mi comentario)

¿Tenemos real noción de lo que ingerimos, tenemos noción de lo que permitimos o incluso incentivamos que nuestros hijos coman? Después de leer “Mala leche”, la respuesta es no. La mayoría de los consumidores de supermercado, se intuye con facilidad, desconocemos la diferencia entre procesado y ultraprocesado, e ignoramos que la comida chatarra, además de conseguirse en las hamburgueserías multinacionales, puede esconderse en un producto inocentado tras la etiqueta de saludable. “Mala leche” es un trabajo que cuestiona lo que comemos, cuestiona los métodos modernos del agronegocio, cuestiona las campañas engañosas de las megamarcas de ultraprocesados que engordan, dañan y ni siquiera alimentan en la Argentina y en todos aquellos países donde la comida casera cedió terreno ante la industrial. El lector podrá trazar una línea de coincidencia, ver hasta dónde acompaña a Soledad Barruti en su cruzada, conocer las medidas legales y concretas que tomaron otras naciones -como nuestro vecino Chile- para cuidar la salud de la población, podrá ser más o menos extremo, más o menos concesivo, más o menos incrédulo, pero lo cierto es que al finalizar el libro tendrá herramientas para reflexionar y si tiene dudas tendrá la obligación intelectual de despejarlas por sí mismo. Lo que no podrá es seguir comiendo a ciegas.

Dos (la selección)

“Lo importante es comer de todo”, ” hay que tener voluntad y comer con moderación”, “no hay que demonizar ningún alimento”.
-¿Las gaseosas tampoco?
-Tampoco.
Como hicieron las tabacaleras en los años 60, las marcas cuentan con un ejército de profesionales de la salud que repiten esas afirmaciones mientras atienden en sus consultorios,  dictan conferencias en congresos internacionales y publican estudios con gran impacto en los medios de comunicación.
Cada uno tiene un propósito: difundir ciertos productos, generar distracción sobre sus efectos o, ante los estragos cada vez más evidentes que genera esta forma de comer, encontrar culpables en todos lados, como por ejemplo, la falta de ejercicio.

Tres

“La lucha desde esas trincheras es arriesgada hasta lo aterrador (¿acaso hay algún conflicto en Latinoamérica que no lo sea?) pero si tienen éxito la región será, otra vez, la que transforme la comida del mundo en algo mejor.
Se exige el fin de la publicidad dirigida a niños y el marketing inescrupuloso, la impresión de rótulos claros y señales de alarma sobre los productos más problemáticos, el aumento impositivo a la comida chatarra, el fin de los desiertos alimentarios, y la garantía de acceso a la comida sana, limpia y justa”.

Cuatro

“Haciendo uso de redes sociales, hora en televisión pública, alcance en programas de salud, de repente Brasil dijo a los brasileros: si quieren estar sanos, así les conviene comer. “Si dice nitrato, nitrito, espesantes, conservantes, no es comida de verdad”, decía un post en Facebook del gobierno”.

Cinco

“La Sociedad de Pediatría Argentina recibe financiamiento de Nestlé, y lo mismo ocurre en todo el continente. Brasil, México, Chile…Nestlé financia publicaciones de neonatólogos y pediatras, congresos, investigaciones. ¿Eso es ético? ¿No se puede buscar otro tipo de financiación? ¿crees que habría tanta recomendación de fórmulas innecesarias si no existiera esta relación carnal de la medicina con los laboratorios?”

Seis

“Un día de 2014, las bebidas azucaradas en México -el país donde más se consumen esos productos en todo el mundo, con estados como  Chiapas donde el consumo es trágico- empezaron a costar un 10 por ciento más. Fue un impuesto castigo como el que lleva el tabaco. Creado para desalentar el consumo y cargado sobre productos que en los últimos años se popularizaron, entre otras cosas, por bajar sus precios al suelo”.

Siete

“Los niños están teniendo enfermedades de adultos”, dicen también los médicos, sobre todo los que se enfrentan al desgaste que les genera comer comida de niños.
En ese contexto, más allá de su objetivo de combatir la obesidad, la ley que inauguró Chile es una herramienta valiosa para que las marcas no tengan la primera palabra.
-Mirá, está todo repleto de sellos, ¿ves?, no conviene llevarlo- le explica la madre a su hijo y me imagino que tal vez a mi me hubiera resultado útil contar con una ayuda de este tipo.
Pero para comer bien con esta guía sola no alcanza.
-Lo que descubrimos es que con sellos o sin sellos no es lo más importante- dice Cecilia Castillo.
-¿Cuál sería entonces la indicación?
-La indicación fundamental que doy ahora en mi consultorio es que coman comida de verdad, no productos. eso es lo que dice la ciencia”.


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