Tristán Rodríguez Loredo | RED/ACCIÓN
Actualidad | 29 de enero de 2019

Fernando J. Ruiz: “En una sociedad democrática el periodismo es uno de los motores fundamentales de los acontecimientos”

Para el ensayista e investigador de la Universidad Austral, es natural y hasta virtuoso que para cultivar el equilibrio institucional se siembre la desconfianza en varios nodos principales del sistema.Y la relación entre políticos y periodistas es uno de ellos.

Actualidad | 23 de enero de 2019

María Marta Preziosa: “Odebrecht y los cuadernos instalaron el valor de la prevención de ilícitos en la empresa”

Para la investigadora y profesora de Ética en los Negocios de la UCA, se consolida una tendencia hacia una mayor transparencia en el ámbito empresario, que es un tema instalado y fuera de toda discusión. Y advierte que la agenda de cambios por venir en los valores en las organizaciones no se agota con el “compliance”.

Actualidad | 11 de enero de 2019

Intervención: Mana Le Calvet

Carlos Gervasoni: “Que la democracia argentina siga sólida pese a todo, ya es un éxito”

Para el profesor de Ciencia Política de la Universidad Di Tella, la sociedad argentina aún debe encontrar consensos básicos sobre políticas de desarrollo para hacer sustentable el sistema reinaugurado en 1983.

Los 35 años de reinstalación de la democracia están teñidos por crisis, hiperinflación, tensiones, asonadas militares, revueltas, encanto y desilusión. El politólogo e investigador de la Universidad Di Tella, Carlos Gervasoni, en esta entrevista sostiene que la mayor asignatura pendiente de la democracia es la incapacidad de generar un proceso sostenido de crecimiento económico y paralela mejora social que permita crear y distribuir riqueza y bienestar, y el hecho de que Cambiemos ha elegido una estrategia política que choca con sus objetivos económicos. Aquí, la entrevista.

–Hace poco celebramos 35 años de la vuelta de la democracia. ¿Qué balance podés hacer al respecto?
–Uno muy positivo. Quizás se podría pensar que con las muchas crisis económicas, cimbronazos políticos, casos de corrupción, y otras cuestiones negativas que marcaron estos 35 años, el balance debería ser negativo, pero justamente lo que se evalúa es la vuelta de la democracia a la Argentina después de 53 años de inestabilidad, de idas y vueltas entre autoritarismos y regímenes electorales. Que la democracia argentina siga estando sólida y firme, aún después de las crisis 1989, 1995 y 2001-2002, es un progreso para la historia argentina.

–¿Qué aspectos te parece vale la pena recordar del contexto de 1983 y el actual para entender mejor este proceso?
–El primero y más obvio el profundo fracaso del gobierno militar que legó, luego de más de 7 años en el poder, una crisis económica tan grave como la que enfrentó cuando llegó, que ejecutó e intentó ocultar una política de represión como Argentina nunca había visto antes, y que añadió a eso el descrédito de una guerra perdida. El único logro que podría mostrar y que representaba una demanda de la mayoría de la sociedad argentina -el restablecimiento de la paz y el orden alterados por los movimientos guerrilleros y las bandas paramilitares de gobierno peronista- quedó empañado por aquéllos fracasos y por lo brutal e ilegal de los métodos usados para conseguirlo. Ese fracaso es, en una medida significativa, una de las explicaciones de la resiliencia de nuestra democracia del ‘83 en adelante.
El segundo aspecto de 1983 es la derrota del PJ, que nunca había ocurrido en Argentina en elecciones libres. Seguramente explicado por el estallido económico, el caos político y el auge de violencia que el país experimentó en 1974-76. Así, Balbín saca apenas más que 20% de los votos en 1973, mientras que Alfonsín supera el 50%, número que la UCR no conseguía desde la década del ‘20.
Del momento actual, destacaría que, a pesar de que ese viejo sistema de partidos dominado por el PJ y la UCR está acabado (gobierna el PRO, un partido muy nuevo), el sistema se mantiene democrático y capaz de procesar nuevos desarrollos tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda política.

–Se habla de asignaturas pendientes o deudas del proceso democrático. ¿Cuál creés que con los más relevantes?
–Las resumiría en tres, muy vinculadas entre ellas. En primer lugar, la generación de un desarrollo económico y social. Con la excepción de algunos pocos años a comienzos de los ‘90 y del 2000 el país fue incapaz de generar un proceso sostenido de crecimiento económico y paralela mejora social que permita crear y distribuir riqueza y bienestar. Ese país todavía pujante y “de clase media” que la Argentina era en la década del ‘60, colapsa a partir de los ‘70 y nunca logra regresar. Hemos fracasado donde otros países más pobres regularmente tienen éxito.
Luego, la corrupción, que explica en buena medida el fracaso de todos los modelos en Argentina. Las mediciones existentes, la información informal que revelan medios, expertos e involucrados, y más recientemente el caso de los cuadernos, muestran que el nivel de corrupción política y administrativa en Argentina es altísimo, muy superior al de países comparables en lo cultural y económico como Chile y Uruguay.
Finalmente, la calidad del Estado. La corrupción es parte de este problema, pero es más general. El Estado es el botín de políticos, funcionarios y sindicalistas. Hay poco profesionalismo, poca tecnocracia, poca excelencia. Las islas de eficiencia que sí existen -como el INDEC, el INVAP o el cuerpo diplomático-. se encuentran constantemente amenazadas por el embate de la política que intenta ver que puede obtener allí. Lo del INDEC 2007-2015 es tan indignante como aleccionador. Estas cosas se retroalimentan: un Estado ineficiente y corrupto no logra implementar políticas públicas efectivas que logren crecimiento y bienestar, el fracaso económico disminuye los recursos fiscales que crónicamente faltan en nuestro. La corrupción como forma de ingreso desincentiva a los políticos a mejorar el estado. Son círculos viciosos.

–Has estudiado en profundidad la relación de fuerzas de las provincias con el poder central. ¿Cómo te parece que evolucionó ese eje?
–De una forma en algún sentido inesperada, con las provincias adquiriendo cada vez más poder, más recursos y más atribuciones. Es parte de un proceso más general -mundial- de descentralización, pero también producto de las crisis políticas y fiscales del Estado nacional, y de la desnacionalización del sistema de partidos. Hoy el PJ o la UCR son muy poco, algo así como una superestructura de dirigentes provinciales. Pero la base de poder real está en las provincias, las carreras políticas pasan en buena medida por ser legislador provincial, intendente, gobernador, senador. “Los que mandan” son, en buena medida, los gobernadores de cada partido y sus principales senadores.

–Hay actores políticos que en estos 35 años han crecido, mantenido o desaparecido en su capacidad de influencia. ¿Hay algún caso que te llama más la atención?
–El cambio más radical en este sentido es la pérdida de poder de las FF.AA., centrales en la Argentina de 1930 a 1983 y aún hasta los cuartelazos de Rico y Seineldín. El sindicalismo industrial ha perdido peso, pero ha sido reemplazado por el sindicalismo de servicios de transporte y empleados públicos, y en particular el de los maestros. Creo que la Iglesia Católica también ha perdido poder, en parte por tendencias seculares y por el avance del evangelismo que es común a muchas partes del mundo y en parte por errores propios. El hecho de que hoy la Iglesia no sea un actor político central a pesar del hecho Bergoglio es un síntoma de esta pérdida de poder. En algún sentido complejo, los medios han ganado poder, en forma colectiva, aun si individualmente ningún medio tiene tanto como cuando había cinco canales de televisión y no existía internet. Y sin duda, los movimientos sociales de desocupados, desde mediados de los ‘90 para acá, se han convertido en un factor de poder importante. No son poderosísimos y tienen muy baja valoración en la opinión pública, pero tienen poder de agenda, de desestabilización y de movilización popular y electoral. Finalmente y también como parte de un proceso global, “el capital” se ha fortalecido, esto es, el poder de los que manejan flujos de inversión financiera y real, de los argentinos y extranjeros. La fragilidad macroeconómica de nuestro país han dado más poder a ese factor.

–Finalmente, ¿creés que la democracia argentina no supo encontrar un consenso básico acerca de las políticas económicas sustentables en el tiempo o es una exigencia desmesurada?
–Es un pronóstico muy difícil de hacer. Creo que estos tres años de Cambiemos nos han dado una lección: el país se ha hecho tan poco confiable para ese capital del que hablaba, que ni siquiera con un gobierno muy amigable hacia la inversión privada están dispuestos a tomar nuevamente el riesgo de hundir capital en la Argentina. Lo que los inversores vienen pidiendo son garantías de que no volverá el “populismo”, de que no volverá el kirchnerismo, Moreno, la ruptura de contratos, el cambio arbitrario del régimen impositivo. Y nadie puede garantizar eso, porque depende de cómo votemos.
Yo coincido con un análisis que ha circulado mucho en estos tiempos: Cambiemos ha elegido una estrategia política que choca con sus objetivos económicos. En la medida que ha intentado mantener vivo el fantasma del populismo K, que ha buscado no acorralar a Cristina y desinflar alternativas del PJ moderado, quizás logre mejores resultados electorales (y eso mismo es dudoso), pero genera constantemente la imagen de que en cualquier momento un tropezón (como el macroeconómico de este año) haga que lo que sería una derrota ajustada del populismo se transforme en un triunfo ajustado del populismo.
Entonces, económicamente hubiera sido más racional buscar un interlocutor macroeconómicamente confiable en la oposición, algo más para el lado del PJ Federal, Massa, o la mayoría de los gobernadores, y eso se hubiera acercado a garantizar un consenso sobre cuestiones muy básicas como el equilibrio fiscal, la competitividad del tipo de cambio o la estabilidad del régimen impositivo y de inversiones. Pero aún este Gobierno, más “market-friendly”, no eligió ese camino.

–¿Podemos ser optimistas?
–Creo que es mejor ser realistas. Nuestro optimismo ha sido decepcionado una vez tras otra. Creo que el progreso es más probable si asumimos que somos un país que, aún si ha triunfado en mantener su democracia, viene fracasando en casi todo lo demás. Partir de un punto de partida crudo y real, de un diagnóstico de que estamos mal y que casi nada que intentamos funciona. Quizás el realismo hoy sea más creíble y más esperanzador para muchos argentinos que el optimismo craso de “estamos condenados el éxito”. No lo estamos.

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Actualidad | 7 de enero de 2019

El Grupo de Fundaciones y Empresas quiere promover negocios inclusivos

La filantropía no ha tenido la mejor prensa más por desconocimiento que por su naturaleza. Es lógico que en un mundo de cambios también se replantee la interacción entre el mundo de la producción, en constante cambio de paradigma tecnológico y la globalización como un hecho incontrastable.

Por eso el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE), una asociación civil conformada por fundaciones y empresas (47 en total) comprometidas con el desarrollo sostenible se replanteó su misión para adecuarla a los desafíos de los tiempos que corren.

“A lo largo de estos años pusimos a disposición de la sociedad un sinnúmero de publicaciones, brindamos a nuestros socios diferentes espacios de aprendizaje e intercambio de experiencias, conformamos grupos de afinidad y realizamos encuentros y seminarios de gran representatividad en el sector”, expresa su director ejecutivo, Javier García Moritán.

En la última jornada anual de la institución “Una nueva economía para el bien común”, en lugar de solemnes ponencias, el maestro Ángel Mahler ofreció a los asistentes en la cúpula del CCK una muestra cabal de lo que significa la sinergia del esfuerzo individual bajo una idea común con un ejercicio simple pero contundente. Primero tocaban en solitario sus instrumentos los concertistas del quinteto de cuerdas y luego bajo la batuta del director, aunaban esas melodías y conseguían el objetivo de convertirlas en una potente pieza musical. El mensaje es claro: la idea rectora ayuda a coordinar el esfuerzo mancomunado de todos, el bien común supera en sostenibilidad y en efectos sobre toda la comunidad que las “utilidades” individuales.

María Julia Díaz Ardaya (Gerente de Sustentabilidad del grupo Telecom) explicó que el GDFE llevó adelante una propuesta en la que reconoce cómo la agenda de la Inversión Social Privada y la sustentabilidad lograron instalarse con fuerza en nuestro país. “Sin embargo, hoy es necesario lograr mayor escala y velocidad, frente a los desafíos sociales que enfrentamos como colectivo”, señaló Díaz Ardaya, en la apertura.

En la Jornada, por ejemplo, la invitación fue la de “repensar el rol de las instituciones en la sociedad” proyectando que el Estado, las empresas y la sociedad civil están interpeladas para indagar cómo contribuyen al bien público. El austríaco Christian Felber, líder de la Economía del Bien Común; la canadiense Joey Adler, con su visión unificadora de la filantropía y los negocios y el local Rubén Pesci, fundador del Foro Latinoamericano de Ciencias Ambientales, fueron los oradores.

FOTO: Gentileza GDFE

Díaz Ardaya agrega un interrogante sobre el rol de integrar el bien público en el día a día de una institución. ¿Es de la persona que se ocupa del capítulo Ética y Compliance? ¿De quién tiene a cargo la RSE? ¿O es una tarea transversal, de todos en la organización? Y propuso la asunción de una integridad con mayúsculas y sin excusas, para que el sector privado pueda hacer su verdadera contribución.  

Como proponía Adler, “aliviar el estrés” de sus equipos de trabajo en la empresa es una forma de despertar el potencial humano de cada una de las personas que la rodean. El objetivo es el de optimizar el impacto ético, social y ambiental, a través del desarrollo de modelos comercial y financieramente viables. Y también poder integrar cadenas de valor globales con foco en el impacto social positivo y la tecnología, y procesos productivos virtuosos pensados desde la sustentabilidad. Sin sustentabilidad, no hay responsabilidad social que trascienda, el impacto sólo es en el corto plazo y se puede volver hasta contraproducente.

El propósito del GDF es el de avanzar en la idea de los negocios inclusivos, no como una categorización sino como algo integral que se oriente al bien común. Una mirada en la que integralidad de los abordajes y lo sistémica, sea la norma.  Este enfoque implica buscar socios para generar programas innovadores como facilitadores, no como ejecutores clásicos. Además, ya que existen demandas sociales que no son abordados por nadie, ¿por qué no lideramos estas iniciativas?

El GDFE seguirá trabajando en las tres dimensiones destacadas: el diagnóstico sobre la realidad sobre la que se desea intervenir, la capacidad de transformación de las instituciones cuando identifican el bien público como su fin esencial y la manera en que las personas, formadas y acompañadas, pueden impulsar las transformaciones necesarias. En particular, a través de tres programas prioritarios para 2019:

  1. Articulación de políticas públicas para el desarrollo. Trabajo en ciudades (Sunchales, Lules, Rincón de los Sauces y Comodoro Rivadavia) invitados por socios que aterrizan allí para abordar un tema. No sólo para generar una mesa de negociación sino para plataforma de políticas públicas. Una forma de democracia más extendida para hacer surgir iniciativas financiadas por los socios.
  2. Bregar por un marco regulatorio para que se promuevan mejores conductas empresariales. Reportes para “economía del bien común” para poder obtener esos “beneficios”, con la metodología elaborada por Michael Fellner
  3. Empoderamiento de agentes de cambio. Porqué no generar un espacio para empoderarse, impregnar estas ideas y fortalecerse como gestores de cambio.
Actualidad | 1 de septiembre de 2018

Juan José Llach: “En la Argentina llevamos 73 años de militancia inflacionaria”

Para el economista y sociólogo, el éxito en bajar la inflación y así generar empleo y mejorar la distribución del ingreso depende del compromiso de la dirigencia en forjar acuerdos a largo plazo.

–Si tuviera un semáforo: ¿a cuáles aspectos de la economía argentina lo identifica con luz verde, amarilla y roja?

–La luz verde es que hay en marcha un proceso que apunta a resolver varios de los nudos gordianos principales de la Argentina, como es, en primerísimo lugar el déficit fiscal. Después está la reforma impositiva, la relación con el mundo. Y con el objetivo mediato de reducir la pobreza, que a todos preocupa, a lo que yo le agregar la mejora en la distribución del ingreso.

–El amarillo: la lucha contra la inflación, por todo lo que pasó desde el último diciembre en adelante, está en zona de riesgo: este año esperábamos una inflación del orden de la mitad de lo que va a ocurrir. Pero si se persiste en este camino, en 2019 habrá una baja significativa.

–El rojo: viene directamente de la herencia. Un gasto público arriba del 40 % del PIB, una presión tributaria del 37% del PIB con un déficit fiscal de 6 puntos del producto, es una combinación que no tiene ninguna solución indolora. Se intentó la que tenía chances de ser la más tolerable en relación con la del shock (inviable e inequitativa), pero el contexto internacional jugó en contra.

–Si la economía no termina recuperando en 2019 la probable caída de este año, completaría 8 años (dos períodos presidenciales) sin crecimiento total. ¿Qué reflexión le merece esto?

–Está el riesgo de tener, otra vez, una década perdida. La más famosa fue la del 80, en toda América latina, con default y recesión. Pero al repetirse, revela que tenemos una gran capacidad para tropezar varias veces y no sólo dos, con la misma piedra: principalmente, la inflación y el déficit fiscal. En Argentina llevamos 73 años de militancia inflacionaria teniendo el gran mérito de haber derrotado todos los planes de estabilización que se ejecutaron, desde el primero de Perón, en 1952, a la fecha. Con gobiernos militares o civiles, radicales o peronistas; con planes ortodoxos o heterodoxos. Hemos barrido con todos.

–El presidente Macri había prometido que el nivel de pobreza sería el indicador más relevante del éxito de su gestión. ¿Por qué cree que aun queriendo cumplir con esta meta, es muy difícil cumplirla?

–La pobreza es muy dependiente de la tasa de inflación y del crecimiento del empleo. De hecho, el empleo fue espectacular en el segundo semestre del año pasado 2017, con 680 mil puestos nuevos, que dan los números bien calculados. Pero cuando tenés el accidente de este año, se frena el crecimiento, entrás en recesión y, además, se reactiva la inflación. Justo los dos componentes más gravitantes en la determinación de la pobreza. Igual sobre esto habría que trabajar mucho con su medición en la Argentina, un tema que viene arrastrándose por décadas..

–En los últimos 15 años, la participación del gasto público consolidado creció sustancialmente. ¿Esto es causa o efecto de los desequilibrios de la economía argentina?

–En el fondo es el resultado de una mentalidad populista que está arraigada en la Argentina y no sólo en el peronismo: también en muchas otras ideologías políticas.  No es un adjetivo sino un sustantivo, que significa maximizar el presente despreocupándose de sus consecuencias futuras. La coartada para maximizar el consumo ha sido aumentar el gasto público.

–Hay consenso que la inversión (productiva) es el camino para aumentar la producción y crecer. ¿Qué hace falta para que la inversión aumente sustancialmente?

–Estamos en un nivel muy bajo, una inversión global de algo más del 15% del PIB y nos hacen falta, al menos 8 puntos para alcanzar un crecimiento aceptable. Eso implica 50.000 millones de dólares por año que tendría que saltar la inversión. Cuando Macri fue a Davos al iniciar su gestión, se trajo promesas de inversión por 15.000 millones. ¿Y qué pasó? Cuando empezaron a hacer las cuentas y al ver la estructura impositiva argentina, cambiaron de idea. La principal traba a la inversión no sólo es la altísima presión tributaria sino la pésima estructura impositiva. Hoy el fisco recauda 10,5% del producto en impuestos que castigan a la producción. Por eso fue buena la decisión del Gobierno de encarar una reforma impositiva, pero se hace muy despacio porque no hay margen fiscal. Yo creo que se podría acelerarla un poco licitando cupos al que ofrezca más inversión, por cada peso de rebaja impositiva, por ejemplo.

–¿Se puede decir que una mejor distribución del ingreso recién viene luego de que la economía esté en un crecimiento?

–No necesariamente. Argentina tiene una reserva para explorar y mejorar la distribución que es el impuesto al ingreso de las personas, que se cobra poco y muy mal. No está integrado con los aportes previsionales que son como un impuesto ya que es un sistema de reparto. Así, un pibe que empieza a trabajar tiene que aportar 14% de su sueldo aunque esté por debajo de la canasta básica. El Gobierno, tiene una limitación política: hay sindicatos que representan a asalariados con ingresos relativos altos que se oponen tenazmente a cualquier reforma del mal llamado impuesto a las ganancias . El día que la sociedad, a través de su dirigencia, se decida a hacer un impuesto único a los ingresos que incluya los aportes a la seguridad social y que empiece a cobrar alícuotas desde el 1%, se habrá resuelto buena parte  del dilema entre poder crecer y una distribución del ingreso más equitativa.

–El consenso suena atractivo. ¿Cuánto pesa el no alcanzarlo para cuestiones básicas en el desarrollo de la Argentina?

–Consenso es una palabra que no me gusta del todo porque podría entenderse como unanimidad y siempre hay diferencias. Yo diría más bien acuerdos. Argentina podría avanzar más rápido con acuerdos, sobre todo en tres cuestiones básicas: educación, nutrición y creación de empleo. Una educación pensada para el siglo XXI, un mercado de trabajo que incorpore el impacto del cambio tecnológico y sobre nutrición, usar la UAH, gradualmente, como una herramienta de política nutricional..

–Considerando nuestra trayectoria pendular, ¿se puede proyectar un futuro?

–Con Martín Lagos escribimos un libro: El país de las desmesuras, donde contamos que Argentina ha cometido errores comunes a otros países, pero en sobredosis. Déficit fiscal, inflación, violento cierre y luego apertura de la economía… y siempre a los bandazos: es una de las principales causas por la que Argentina ha crecido menos que el resto de los países comparables en las últimas siete décadas.

–¿Sobre qué cuestiones debería esforzarse la sociedad a través de sus dirigentes para alcanzar estos acuerdos?

–Sorpresas te da la vida. España o Sudáfrica, que partían de situaciones de conflictos muy intensos, lograron salir con acuerdos. Argentina podría lograrlo con un antecedente que se olvida con facilidad: el Diálogo Argentino, del año 2002. Allí fueron escuchadas como 2500 personas, me tocó participar como asesor de la Conferencia Episcopal y se produjo en documento que aún hoy tiene vigencia, acordado por la gran mayoría de los participantes. Era una situación crítica, se logró un acuerdo y fue hace muy poco tiempo. Es posible.

Perfil

Juan José Llach (Buenos Aires, 1944) es sociólogo (UCA) y economista (UBA). Consultor, docente universitario e investigador, luego de su paso por la función pública como virtual viceministro de Economía (1991-1996) y ministro de Educación (1999-2000), encontró en la Educación su objeto de estudio y pasión actual.

  • ¿Sociólogo o economista?
  • Me veo en la intersección: tengo una visión económica de la sociología y una social de la economía, con el enfoque de Max Weber.
  • ¿Cómo es la economía canalla?
  • La pasión en Rosario Central se hace presente en las buenas y en las malas (cuando estuvimos tres años en la B). Para un economista, es un buen entrenamiento de inteligencia emocional.
  • ¿Modelo vs. realidad?
  • Ahora en pleno auge de lo que se denomina “economía del comportamiento” se supera la visión del Homo Economicus, incorporando actitudes y valores “no racionales”.
  • Un hombre público al que admire.
  1. Dorrego. Trató de encarnar el federalismo desde Buenos Aires.
  2. Sarmiento. A medida que me fui metiendo en la educación, valoré lo que hizo.
  3. Frondizi. Aún con todos sus defectos, creo que se empeñó en buscar acuerdos, supo entender muy bien los tiempos y lo que precisaba el país..
  • Un orgullo.
  • Ahora que está de moda, nunca me ofrecieron una coima..
  • Una frustración.
  • La estadía más larga en el Gobierno (secretario de Programación Económica del 91 al 96), terminó mal porque no se aprovechó lo bueno.
  • Un sueño.
  • Poder ver el punto en que la Argentina empiece un cambio de verdad.

Esta entrevista se incluyó en la edición de septiembre de 2018 de MONO, la edición impresa para los miembros de RED/ACCIÓN.

Actualidad | 5 de diciembre de 2018

Sybil Rhodes: Argentina puede traducir su defensa de los DD.HH. en un “soft power”

Para la directora del Departamento de Relaciones Internacionales de la UCEMA y presidente de la fundación CADAL, el G20 le da una oportunidad al país mejorar su posicionamiento en su objetivo de atraer inversiones trabajando en las asignaturas pendientes.

Sociedad | 13 de noviembre de 2018

Alicia Caballero: “Nada impide que una mujer se destaque en su vida profesional si se lo propone”

Para la decana de Económicas de la UCA, hay características propias de la mujer le dan un sesgo diferencial a las propuestas de política económica pero las empresas aún deberían tomar nota para adoptar sistemas laborales compatibles con la maternidad.

REDACCION | 6 de noviembre de 2018

Tristán Rodríguez Loredo / Editor senior

Mi primera nota la escribí cuando tenía 12 años como una tarea escolar. Una entrevista a mi abuelo que había sido testigo de la “Pelea del siglo” en la que Jack Dempsey derrotó a Miguel Ángel Firpo quien, sin embargo, lo había podido sacar del ring. Gran reportaje que se ganó la admiración de mis compañeros y la reprobación de mi profesor: no había obedecido la consigna. Allí empecé a aprender que el periodismo no es sólo inspiración sino trabajo y método. La pasión es condición necesaria pero no suficiente para lograr lo que todos buscamos cuando abrazamos este oficio: contar historias que conmuevan, que expliquen, que revelen. En fin, que podamos convertir en algo útil nuestra natural deformación profesional de la curiosidad sin fin.

Estudié Economía y Sociología, coma una forma de comprender mejor el mundo. Y desde que tengo memoria, compartí la aventura del aprendizaje, como estudiante primero y como profesor en colegios secundarios y la universidad, luego. Y el periodismo, al que llegué de casualidad para no irme nunca, me dio la posibilidad de encausar ese ímpetu por entender, explicar, compartir con otros lo que sentía y pensaba.

Nací en Mar del Plata, me crie en Buenos Aires y en Gualeguaychú otro espacio vital. Caminante de la vida, con Marcela y nuestros cuatro hijos, hicimos la riquísima experiencia de vivir en España con la buena excusa del estudio. Hincha de Boca y del San Isidro Club; asador semiprofesional, soy un agradecido de haber nacido en esta tierra plena de contrastes y oportunidades, un auténtico laboratorio social que nos invita cada día a poner manos a la obra.

Sociedad | 18 de octubre de 2018

Silvia Torres Carbonell: “En estos tiempos difíciles, la visión y pasión emprendedora se aceleran”

Entrevista por WhatsApp – Para la mentora de emprendedores, en el país necesitamos emprendedores y empresarios éticos, honestos, social y ambientalmente responsables, que puedan transformar la realidad. Así contribuyen a la prosperidad que no depende de un estado benefactor sino de la iniciativa privada que crea empresas y genera empleo, innovación y paga impuestos.

SilviaTorres
silviatorreswhatsapp
Actualidad | 24 de septiembre de 2018

Diego Dillenberger: “El Gobierno precisa anteponer la comunicación a la gestión”

Para el editor de la revista Imagen y conductor de la Hora de Maquiavelo, frente a una economía insostenible, es prioritario comunicar con eficacia para generar consensos alrededor de las reformas tan necesarias como difíciles de alcanzar en minoría.

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Actualidad | 4 de septiembre de 2018

Cecilia Mosto: “La exposición de la corrupción generará cambios como los que produjo la violación de DD.HH. en los ’80”

Entrevista por WhatsApp – La experta en opinión pública sostiene que los hechos de corrupción minan la confianza del público en la alicaída reputación de las empresas ante una sociedad que reclama respuestas de fondo a la dirigencia política, económica y social del país.

CeciliaMosto
CeciliaMostoWhatsapp
Sociedad | 15 de agosto de 2018

Pablo Barassi: “Los equipos pasan a ser la medida de todas las cosas”

Entrevista por WhatsApp – Para el consultor organizacional, las culturas basadas en equipos son el entorno ideal para la experiencia del empleado, que es la base de la innovación. La clave para que la gestión de los cambios sea efectiva es que sea conscientemente liderada y no quede librada al azar.

PabloBarassi
BarassiWhatsAppFinalisimo

Educación | 25 de julio de 2018

María Cortelezzi: “Se aprende en todo lugar y en todo momento”

Entrevista por WhatsApp – La investigadora advierte que el sistema escolar aún está en deuda con la inclusión plena. Y sostiene que si bien a la educación la debe garantizar el Estado, como un bien público es responsabilidad de todos.

mariacortelezzi
WhatsAppCortalezzi