Bombo, el reaparecido, comentado por Brian Majlin | RED/ACCIÓN

Bombo, el reaparecido, comentado por Brian Majlin

Bomba, el reaparecido
Mario Santucho
Seix Barral

Uno (mi comentario)

Hay un fusilado que vive, oyó Rodolfo Walsh en 1956 antes de salir a la caza de la historia y, cuando Operación Masacre acabó siendo lo que fue, cazó definitivamente a la Historia: su obra dio, a la vez, inicio a una tradición de no ficción que legó ríos de tinta en todo el mundo. Bombo, el libro de Mario Santucho, abreva en esa tradición. Hijo de quien fuera el líder máximo del PRT-ERP, se entera de que, en 2013, 40 años después de su desaparición, llega al poblado tucumano de Santa Lucía el Bombo Avalos, un militante improbable -pobre, sin estudios- de la guerrilla tucumana. Esa sombra -un desaparecido es un hueco, pero un aparecido fugaz solo hace sombra- absorbe a Santucho y entonces sí, va en busca de cazar la historia.

Santucho se vale de su cercanía, aunque toma distancia -que al principio solo olvida por momentos  y que acaba disuelta en la emoción familiar- respecto de su padre y la historia de sus camaradas. Con el vigor de una pluma entrenada en la producción periodística de calidad, recoge testimonios y rearma esa historia en busca del eslabón perdido de la argentinidad moderna: el desaparecido que vive.  

Con notable fluidez se embarca en la investigación periodística, a la que rega de conceptualizaciones y sentencias -estudiadas, precisas- sobre lo que, a sus ojos de sociólogo, cada etapa histórica significó para el país. Lejos de idealizar la lucha armada, recoge las ensoñaciones revolucionarias con mirada crítica, por momentos emotiva, y revisa lagunas olvidadas de un período largamente revisado, aunque últimamente vaciado de sentido. Aspira a la rebelión de los rebeldes y recoge del pasado la enseñanza.

Dos (la selección)

Lo primero que debe decirse sobre Julio Ricardo Abad es que casi nadie lo conoció por su nombre legal. Nació a mediados del siglo veinte en una comarca azucarera del sur de Tucuman y desde pibe lo llamaron Bombo Avalos. A los dieciséis años se incrusto un colmillo de oro y antes de llegar a la mayoría de edad se enroló en el Ejército Revolucionario del Pueblo, donde alcanzó el grado de capitán. Allí lo rebautizaron con el nombre de guerra Armando. A finales de 1976 fue secuestrado por efectivos del Ejército argentino. Desde entonces su memoria se perdió en el ultramundo de la desaparición física. Hasta que en 2013 reapareció como un espectro fugaz en su Santa Lucia natal. Y las preguntas se precipitaron.

Tres

Bombo comienza a sentirse cómodo. Algo le inspira seguridad. Una tenue brisa infantil, quizás ancestral, le reafirma que está en su lugar de origen. De repente, esa famosa voz que ≪viene de adentro≫ habla por el. Lo desboca. ≪.Ustedes saben quien soy?≫, pregunta. Los ojos saltones del Zurdo se achinan. Ramona se pone rígida de suspenso e intriga. El mismo no había calculado el advenimiento de este instante límite. Sabe que está dando un paso sin retorno. ≪Soy el Bombo Avalos≫, anuncia y sonríe.

Cuatro

Pila Albarracín recuerda con resentimiento a aquel muchacho a quien crió. Lo considera responsable de la catástrofe familiar. Pero admite que tenía una ≪inteligencia barbara≫. Hablaba como si estuviera leyendo un libro.

Cinco

No sabemos cuando ni por que el Bombo Avalos se sumergió en la aventura revolucionaria, aunque la posibilidad estaba en el aire. La liquidación del ingenio motivó una rápida pauperización económica y Santa Lucía quedó ≪mostrenca≫: de golpe la autoridad tradicional depuso sus atribuciones y con ella el destino del pueblo languideció.

≪Mostrengo≫ es también el título de un breve poema de Fernando Pessoa. Cierto monstruo que vivía en las profundidades del océano, enojado porque una nave oso ingresar a las cavernas donde se ocultaba, lanzó intimidantes gruñidos contra el desprevenido marinero. El barquero tembló y dijo: ≪Aquí, al timón, soy más que yo./ !Soy un Pueblo que quiere el mar que es tuyo! / Y más que el monstruo que a mi alma aterra / y rueda en las tinieblas del confín del mundo,/ manda la voluntad que a este timón me aferra≫.

A los dieciocho años el Bombo eligió desafiar al monstruo y se internó en las honduras del monte. .De donde extrajo fuerzas para asumir semejante riesgo? Hay momentos en que la toma de conciencia política conlleva altas dosis de insensatez. Es como si te impulsara una fuerza mas grande, quizas insondable. Un afán de trascendencia. Algunos vecinos de entonces aseguran que un animalito inculto y salvaje como el Bombo, así lo recuerdan, no podía pretender tomar el cielo por asalto. Que el móvil debe haber sido el dinero. Circula aún hoy la fábula de que los combatientes del ERP tiraban manteca al techo y pagaban jornales. La suspicacia sobre sus verdaderas motivaciones revolotea incluso entre quienes llegaron de afuera a inocular el foco. El muchacho no tenía experiencia laboral, no había pisado antes un sindicato, carecía por lo tanto de disciplina. Era un fiel exponente del sector más atrasado del proletariado. Una pregunta resuena hace anos en las universidades globales: .puede hablar el subalterno? La respuesta casi siempre emerge en el lenguaje de las armas.

Seis

Su nombre corría de boca en boca entre los habitantes como un susurro maldito. En cada acción guerrillera aparecía su figura, que se agigantaba. Le atribuían la capacidad de burlar a los guardianes de la ley una y otra vez, incluso con pases cuasi mágicos. Entre las propias fuerzas de seguridad el Bombo estaba convirtiéndose en una obsesión y en un oscuro objeto de deseo. Pero la buena estrella del pequeño ejército loco pronto comenzaría a nublarse. Y la familia Abad pagaría cara la osadía del hijo rebelde.

Siete

Aquella fría y lluviosa tarde de lunes Armando leyó en un diario vespertino la noticia menos esperada. Los principales dirigentes de la organización estaban muertos o, peor aún, en poder del enemigo. Sintió que se acercaba el final de la gesta revolucionaria. Aunque la conciencia lo negara (≪había que insistir en la lucha, la victoria llegará al final de un camino largo y difícil, muchos ofrendaron la vida en tributo a las generaciones por venir≫), en los más íntimos recovecos de su sensibilidad algo se quebró. Por primera vez palpito el sentido de una idea que nunca había considerado: la derrota. Y el agotamiento poco a poco impone su ley. El desenlace era cuestión de tiempo.

Brian Majlin es periodista, docente y politólogo.


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