Cómo la pandemia agudizó la crisis de las personas refugiadas en Argentina y qué podemos hacer para ayudarlas | RED/ACCIÓN

Cómo la pandemia agudizó la crisis de las personas refugiadas en Argentina y qué podemos hacer para ayudarlas

Elián Giaccarini es director de Programas de ADRA Argentina, una ONG que trabaja para brindar soluciones a quienes, a raíz de las guerras o persecuciones en sus países, buscan asilo en el nuestro. En esta entrevista resalta que "prestar atención a quienes están a nuestro alrededor y a sus necesidades es clave".

Milagros, una venezolana refugiada en Argentina. Foto: Migue Roth.

Elián Giaccarini. Foto: ADRA Argentina.


—¿Cuáles son los principales desafíos que afrontan en este tiempo las personas que vienen a la Argentina como refugiadas?
— Una persona refugiada es aquella que se vio forzada a abandonar su país producto de la violencia generalizada, la guerra o la persecución. Muchas de estas personas buscan, cada año, a nuestro país como un territorio de asilo para construir un futuro en paz. A nivel mundial, según el último informe anual del ACNUR, 79,5 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares hacia finales de 2019 por estos motivos. La cifra más alta de la historia. Esta situación dramática, sumada a la crisis producida por la pandemia, nos puso frente a un desafío humanitario sin precedentes en nuestra organización. A las crecientes necesidades de miles de personas refugiadas en nuestro país —que no pueden esperar—, se ha sumado el impacto económico, derivado de la crisis sanitaria, que dificultó el acceso a recursos para que nuestra organización pudiera llegar a más personas.


—¿Cuál es el trabajo que actualmente hacen con ADRA?
—ADRA trabaja a nivel internacional para brindar soluciones a comunidades en riesgo ante los desastres y a personas refugiadas. Para ayudar a los refugiados, en Argentina, contamos con oficinas de atención en La Quiaca, en Puerto Iguazú y en Buenos Aires. Operamos estas oficinas gracias al apoyo del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), institución con la que ADRA coopera en el resto del mundo. En frontera, nuestra labor está centrada en la atención al tránsito. Es decir, en brindar asesoramiento y asistencia humanitaria a las personas refugiadas que ingresan a la Argentina con destino a alguna localidad. En Buenos Aires —ciudad de destino final de la mayoría de los refugiados—, el trabajo tiene una lógica de largo plazo. Nuestro Centro de Apoyo al Refugiado ubicado en el barrio de Boedo trabaja en dos frentes: por un lado, brinda asistencia humanitaria a las personas en situación más dramática. Por el otro, acompaña los procesos de integración de las personas refugiadas más vulnerables, particularmente poniendo foco en la inserción laboral. Desde que comenzó la pandemia, hemos dado asistencia a 9.200 personas.


—¿Cómo ves la respuesta de la sociedad argentina ante los migrantes en el contexto de la pandemia?
—En términos generales, estimo justo decir que la respuesta de la sociedad ha sido generosa. Días atrás, un gerente de una empresa de alimentos reconocida me contactó para preguntarme cómo podían ayudarnos. Les dije: “Antes de darnos dinero o comida, dennos la posibilidad de enviarles un par de CVs de refugiados que necesitan trabajo y que podrían ajustarse al perfil de su organización”. Horas después, llamaron y me dijeron que enviáramos los CVs. A cambio, ellos se comprometían a entrevistar a cinco candidatos y a tomar a una persona. Eso es emocionante porque en el contexto actual si hay algo que cuesta es dar trabajo a una persona.


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—¿Qué podemos hacer, desde nuestro lugar de ciudadanos argentinos, para ayudar a incluir a personas refugiadas? Quizás podés sugerir alguna lectura, un recurso digital o entidades oficiales a través de las cuales ayudar.
—Se puede ayudar de distintas formas: por ejemplo, hay personas sin lugar donde dormir o comer. Hoy en día, ADRA está pagando camas de hotel para 75 personas refugiadas en CABA que no tienen dónde pasar la noche, la mayoría vino de Venezuela. Estar atentos a las personas que están a nuestro alrededor y a sus necesidades, es clave. Si todos lo hiciéramos, las organizaciones como la nuestra serían menos necesarias. Por otro lado, creo que los empleadores tienen una gran posibilidad también. Sin ánimos de categorizar, me tienta decir que, en la actualidad, no hay acto más solidario que dar trabajo a una persona que lo necesita. El trabajo es el pilar central de la integración de una persona refugiada. También se pueden hacer donativos a organizaciones de confianza. Un donativo de $200 mensuales es más importante de lo que la gente cree. Por supuesto que para nosotros sería ideal que donaran a ADRA, pero también hay otras organizaciones muy buenas, serias y profesionales. Lo importante es que cada uno done a la institución que le genere confianza.


Esta entrevista fue publicada originalmente en Oxígeno, la newsletter que edita Juan Carr. Podés suscribirte en este link.


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