Cómo tener una alimentación saludable sin dieta | RED/ACCIÓN

Las nuevas formas de pensar la alimentación saludable: de los paquetes verdes a la comida casera, de las calorías a los nutrientes

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Nutricionistas, divulgadoras, comunicadoras, cocineras atraen cada vez más seguidores en sus redes a partir de recetas saludables para hacer en casa, educación alimentaria e información. Son referentes de un cambio de mirada en lo que significa una dieta balanceada y cuentan cuáles son las claves para nutrirnos mejor sin resignar el placer.

Las nuevas formas de pensar la alimentación saludable: de los paquetes verdes a la comida casera, de las calorías a los nutrientes

Imagen: Denise Belluzzo

Este contenido contó con la participación de lectores y lectoras de RED/ACCIÓN

Los tiempos de cambios que atravesamos y nos atraviesan entran por todas las hendijas, penetran, diría, todos los aspectos de la vida. Los procesos de deconstrucción y reconstrucción en cuanto al género, las identidades, los mandatos y lo establecido invitan a repensar los hábitos adquiridos, cómodamente instalados en el sofá desde hace muchos años, a levantarlos, sacudirlos y, muchas veces, invitarlos a retirarse. La forma de alimentarnos, tan asociada a la búsqueda de una imagen que responda a cánones de belleza determinados, al deseo de un cuerpo estilizado y un talle único, no escapa a este proceso de repensarnos.

De un tiempo a esta parte, es cada vez más fuerte y adquiere más popularidad una nueva generación de nutricionistas, cocineras y comunicadoras que utilizan las redes sociales para divulgar diferentes aspectos vinculados a la alimentación y la buena salud: recetas sencillas con alimentos reales (frutas, verduras, cereales, legumbres); cómo combinar alimentos y grupos de alimentos para que el cuerpo aproveche sus propiedades; qué cosas contienen muchos de los productos ultraprocesados que compramos a diario y lo que generan en el organismo, más allá de lo que prometen en sus envoltorios. Profesionales que son tendencia y ven cómo se multiplican sus seguidores, se llenan sus talleres y se agotan sus libros por enseñar a comer de manera saludable, por proponer una nueva relación placentera con los alimentos en lugar de recomendar dietas prohibitivas, que obligan a llenar casilleros, contar calorías, rendir examen frente a una balanza y sentir culpa si no se alcanza el objetivo propuesto.

No es que este tipo de dietas haya desaparecido, de hecho les consultamos a nuestras lectoras y lectores a través de Instagram sobre sus experiencias y hay quienes aún las reivindican (“Un éxito las dietas restrictivas, para bajar de peso tiene que haber déficit calórico”; “Conté calorías y nutrientes, me fue fenómeno, lo uso cuando no puedo entrenar”). Pero la mayoría dijo que tuvo malas experiencias: “Me daba atracones y no bajaba de peso a pesar de hacer ejercicio. Después me amigué con la comida y pude hacer un balance entre lo saludable y lo ‘basura’”; “Hice una dieta ‘disociada’ por cuatro años, después recuperé el doble de peso”; “Bajé rápido de peso mientras estuve motivada con la dieta, después subí todo”; “No sirve hacer eso, lo hice y sufrí un montón”.  

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Alimentación saludable: un cambio de foco

“La razón por la cual creo que últimamente se está buscando alimentos saludables o reales, y no tanto producto light, va más bien por una cuestión de que estamos más curiosos, estamos cuestionando más qué es lo que estamos comiendo verdaderamente, y la educación alimentaria por parte de un montón de nutricionistas, sobre todo en redes sociales, hacen que podamos discutir estos temas y que podamos poner el foco en qué cosas nutren a mi cuerpo y le dan salud y calidad de vida”, dice la nutricionista Ailén Brito.

Y sigue: “Respecto a la búsqueda de la delgadez y de la perfección, creo que se está desdibujando un montón la imagen corporal en cuanto a estereotipos impuestos de hace tiempo. El contexto que nos atraviesa hace ya más de un año y medio nos dejó como moraleja que la salud es lo primero y que el foco tiene que estar ahí, en qué es lo mejor o lo más conveniente para estar bien”. 

Aún así, Ailén cuenta que es un proceso en el que lo generacional tiene mucho que ver. A su consultorio, dice, llegan pacientes mayores “que sí vienen con este chip de antes en lo que respecta a contar calorías, a qué cantidades de cada alimento en el día y cuál tiene que ser el peso ideal. Sin embargo viene toda una nueva generación con ganas de desafiarse. Incluso personas que se han sometido a un montón de dietas a lo largo de sus vidas, están predispuestas a probar una forma distinta de comer, a reeducarse, a desaprender para volver a aprender y no depender de alguien que les esté diciendo qué, cuánto, cómo y dónde”. “Se busca mucho más autonomía alimentaria y eso es fabuloso”, destaca.      

Ailén Brito. Foto: gentileza Ailén Brito.

Natalia Kiako es licenciada en Letras, cocinera, periodista gastronómica, autora de los (exitosos) libros Cómo como y A cuatro manos. Cocina natural para compartir con los chicos. Sus talleres para mejorar la alimentación cotidiana son aclamados, su cuenta de Instagram, con más de 200.000 seguidores, atrae cada vez más a quienes quieren animarse a la cocina y se convirtió en una de las referentes más populares a la hora de buscar recetas elaboradas con alimentos reales, saludables y deliciosas que cualquiera puede hacer en casa. 

En su página web (que nació como blog y evolucionó) dice que ella también es “una ex ‘chica light’ que renunció a contar calorías y decidió aprender a comer mejor y disfrutar en el camino”. Entrevistada para esta nota, dice que si bien es cierto que se están dando algunos cambios no cree que la búsqueda de un cuerpo flaco, que responda a ciertos estereotipos de belleza, se haya desvanecido: “Es cierto que la búsqueda de lo light se fue desplazando, pero no necesariamente concuerdo con que se fue abandonando la búsqueda de la delgadez y la perfección en la apariencia a través de la alimentación. A mí me da la sensación de que vamos cambiando de etiquetas: que en un momento la clave de la apariencia perfecta es lo light y en otro momento se lo llama fit o proteico, como está de moda ahora”. 

Pese a esto, sí reconoce que existe un cambio de mirada que adquiere cada vez más adeptos: “Está apareciendo una nueva generación de profesionales de la salud en relación a la alimentación que se corren de la medición (digo porque así como dejan de medir la porción justa como medida de lo que está bien o mal se corren también de los kilos o la masa corporal como medida de la salud, como si todos tuviéramos que tener el mismo cuerpo); y que también se enfocan en qué es saludable comer: alimentos reales y no ultraprocesados”. 

Natalia Kiako. Foto: gentileza Natalia Kiako.

“Creo que estamos en una época en la cual circulan muchas formas de acercarse a la información y eso es complejo pero enriquecedor. Entonces también aparecieron otras búsquedas, más separadas de las de la apariencia, y me parece que sí hay una generación un poco más joven que está pudiendo desligarse, al menos en algunos segmentos, de esos mandatos. Y cuestionando la idea de una única apariencia física como estándar de belleza y de la belleza canónica como único estándar de disfrutar de la identidad. Pero lo veo muy en las nuevas generaciones, que muchas veces lo asocian con una militancia que tiene que ver no solo con cuidarnos a nosotros mismos sino también con cuidar el planeta donde vivimos”, reflexiona.

Alimentación saludable sin seguir dietas: el abordaje no restrictivo 

Coti Tagliero es de Río Cuarto, Córdoba. Es nutricionista, tiene 26 años y en la presentación de su cuenta de Instagram indica que trabaja la psiconutrición con un abordaje no restrictivo. Ella, dice orgullosa, pertenece a la nueva generación de profesionales que dio un giro completo respecto a las dietas que solían indicarse: un cambio que propone una nutrición a partir de alimentos reales en los que la prioridad está en los ingredientes y no en las calorías. Aunque, aclara, como se recibió hace apenas unos años no tuvo la necesidad de hacer un cambio en cuanto a su modo de trabajar si no que empezó abordando su profesión de esta manera. Admite que no le fue fácil ya que en la universidad siguen enseñando las metodologías clásicas para armar dietas prohibitivas, a partir de la suma de las calorías de los productos. 

“Apenas me recibí empecé a capacitarme y a estudiar el método ‘no dieta’ y ahí me terminé de convencer de que mi forma de abordar la nutrición iba a ser esa. Creo realmente que esto es la nutrición del futuro y que de a poco van a quedar muy pocos nutris que propongan dietas restrictivas o de moda porque hay una cantidad de personas que ya se cansaron de las dietas y que buscan realmente hacer un cambio en sus vidas, un cambio de hábitos, porque tienen muy en claro que las dietas en algún momento se terminan, por eso para mí este abordaje tiene que ver con una toma de conciencia y no con una moda”, dice.

Y explica: “El abordaje no restrictivo es una metodología a través de la cual se plantean nuevos paradigmas basados en una forma diferente de pensar la nutrición, la alimentación, el cuerpo humano. Se trabaja enseñando a la persona a cambiar hábitos alimenticios con esa dosis de placer, es decir, que aprenda a comer, que conozca sobre nutrientes, sobre alimentos, se realiza mucha educación alimentaria. De hecho la base del abordaje no restrictivo es la educación alimentaria, una que deberíamos tener en el colegio”. 

Coti Tagliero. Foto: gentileza Coti Tagliero.

“Lo que se enseña también —continúa— es que las personas tienen derecho a comer cosas ricas y que si las pudieran hacer ellas mismas para evitar la mayor parte de alimentos ultraprocesados, es mejor. Pero siempre entendiendo que muchas veces no se tiene el tiempo para ponerse a hacer toda la comida. La idea es comprender que vivimos en una era de ultraprocesados y que la industria alimenticia tiene mucha fuerza. No le podemos pedir a una persona que haga su huerta y críe su vaca, los ultraprocesados están y van a seguir estando, lo importante es que la gente sepa qué es lo que está comiendo cuando los está comiendo. Por ejemplo, si te gustan las galletitas Oreo, aprender qué tienen, con qué están hechas. En la educación alimentaria conocés no solo de alimentos saludables si no de alimentos que no son saludables para poder tener un criterio y saber qué es lo que estás comiendo”. 

Respecto a la psiconutrición (para lo cual hizo un posgrado en Psicoterapia), cuenta que se trata de una forma de abordar íntegramente al paciente, “y de entender un poco cómo funciona la mente de una persona que tiene adicción a la comida o de una persona que siente culpa a la hora de comer”. “La mayoría de las personas come por emociones. Las emociones y la comida están íntimamente ligadas. Entonces cómo puedo trabajar con lo externo de un paciente si no comprendo su interior”, se pregunta. Eso la motivó a especializarse en esa área. De todos modos, dice, recomienda siempre a sus pacientes tener un espacio con terapeutas para ampliar lo que trabajan con ella desde la nutrición.  

Anahí Schupak también es nutricionista, es asesora certificada en Baby Led Weaning (BLW) —el método de alimentación complementaria para bebés mediante el cual en lugar de comenzar por papillas y purés lo hacen comiendo alimentos en trozos de manera autónoma— y mamá de mellizos. Con más de 45.000 seguidores, su cuenta de Instagram informa, responde dudas y enseña a consumir y preparar recetas sencillas, nutritivas y deliciosas pensadas para toda la familia pero, principalmente, para bebés, niños y niñas. Ella coincide con Tagliero respecto a la necesidad de la educación alimentaria desde el colegio y en la importancia de conocer qué consumimos cuando comemos.

“Creo que muchos de nosotros fuimos un poco víctimas de este sistema y que experimentamos en nuestro propio cuerpo o en nuestro propio entorno, que las dietas de hambre, restrictivas, no funcionan. Ahora intentamos sacar el foco de la lectura de las calorías en las etiquetas e ir más allá y ver realmente qué estamos consumiendo, si nos estamos nutriendo o solo estamos comiendo, si lo que estamos ingiriendo e ingresando a nuestro cuerpo son alimentos o solo comestibles. Buscamos hacer estas diferenciaciones y tomar conciencia, reconectar un poco más con las propias sensaciones y señales que da el cuerpo y en base a eso realmente alimentarnos y no solo comer”, dice.       

Anahí Schupak. Gentileza: Anahí Schupak.

Kiako también apunta a cambiar el “no” por el “sí”, y a disfrutar a la hora de pensar la alimentación saludable y nutritiva: “Me parece que es importante recuperar el juego de los sentidos que implica cocinarse el propio alimento, ese que resignamos y perdemos en función de comprar la comida en paquete. Es un acercamiento a comer de otra manera, de una forma lúdica, no a través de la restricción. Creo que el concepto de recuperar el disfrute de cocinar y de comer de otra manera, y que eso sea compatible con una vida en la cual tenemos un montón de otras cosas que hacer, es algo que hizo que mi propuesta tuviera mucho eco”, reflexiona.

Pequeños cambios para una nutrición más consciente

Las cuatro profesionales acuerdan en que, de lo que se trata, es de disfrutar de la comida y de volver a conectarse con el placer de elegir los alimentos, de prepararlos por nosotros mismos en la medida de lo posible y de que la cocina se vuelva una forma de descubrir y redescubrir nuevos sabores, aromas y texturas. Pero, en todo momento, cocinemos o no, poder elegir a partir de la información, de saber qué contiene lo que decidimos consumir. De ahí la importancia y el pedido feroz de tener una ley de Promoción de la Alimentación Saludable (más conocida como ley de etiquetado frontal). “No para direccionar elecciones de consumo, si no para brindar la posibilidad de que sea la persona la que decida, conscientemente, qué consumir”, señala Schupak.

Ella dice que “hay un montón de cambios pequeños, además de los mencionados, que pueden impactar de manera positiva en la salud”. “La nutrición es una pata más pero yo agregaría estar al sol, reducir el uso de pantallas y luz artificial, estar más en contacto con la naturaleza, estar más en movimiento al margen de la actividad física, intentar descansar mejor y lograr un equilibrio entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso, no alargar la jornada de trabajo, el manejo del estrés. Esa es la diferencia entre mejorar la alimentación y la nutrición. La nutrición no abarca solo la alimentación”. 

“Y específicamente desde lo alimentario, tratar de basar la alimentación en alimentos reales o lo menos procesados posible; que el verde provenga de la verdulería y no de los paquetes; una buena hidratación, con agua, que muchas veces pasa inadvertida. Prestar atención a las señales que da el cuerpo (apetito, ansiedad). Y pensar en si tenemos hambre cuando vamos a comer o lo hacemos por inercia porque es la hora de comer. También es importante el cómo comemos: sentarse, dejar el celular, dedicarse un tiempo a compartir, a estar relajado en la mesa, ese es un cambio que haría una gran diferencia”.

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Para Kiako la clave para lograr un cambio de hábitos que se sostenga en el tiempo está en intentar cocinar en casa, en la medida de lo posible. 

“Cocinar lo que sea, si es con harina blanca, con azúcar y manteca pero es cocinado en casa no te das una idea del cambio sideral que representa en todos los niveles al respecto de comprar hecho. Aprender a manipular los alimentos, ver lo que sucede. La diferencia en las dosis que vamos a poner de azúcar y manteca, la diferencia en la calidad de ingredientes que vamos a usar si los compramos para cocinar respecto de si compramos un paquete ya hecho es inmensa. Eso me parece que es un primer gran consejo. No digo que cocinen todo, todo el tiempo, para empezar. Todos vamos haciendo un camino progresivo, pero sí me parece que es una llave de entrada, que siempre que se pueda, cocinen. Y lo otro es dejar de comprar ultraprocesados. Dejar de tener en casa paquetes y pasar a tener ingredientes”.

“Yo hago mucho hincapié en los talleres en aprender a combinar grupos de alimentos: la invitación es a recuperar legumbres, semillas, frutos secos. Le propongo a la gente que recuperemos la diversidad real, una que creemos que tenemos en la mesa y que no tenemos. Y hablo mucho de estos grupos: cereales, legumbres, frutas y vegetales, frutos secos y semillas, y de aprender a rebalancear todo eso. Si comemos todo el día carne (quienes comen carne), lácteos (quienes comen lácteos), harina de trigo blanca y con suerte un tomate, una papa, no estamos comiendo variado, estamos comiendo siempre lo mismo disfrazado de variedad a través de galletitas, tostada, milanesa, pizza. Entonces para mí un buen comienzo es tratar de cambiar eso, sin seguir reglas precisas y dietas obligadas. Esa me parece que es una manera más asertiva y menos culpógena y frustrante de cambiar un poco la alimentación”, explica.

Tagliero adhiere a que el primer paso para mejorar la alimentación es “reemplazar alimentos ultraprocesados por alimentos más caseros” (lo que no significa cocinar todo si no cambiar el supermercado por las dietéticas); consumir frutas y verduras, pescado, legumbres y cereales, en lo posible integrales. “Hacer actividad física, pero una que dé placer y puedan sostener en el tiempo, no obligarse a ir al gimnasio. Y descansar bien, que es muy importante”.


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