Con quién estábamos y qué nos motivó a tomar alcohol la primera vez | RED/ACCIÓN

Con quién estábamos y qué nos motivó a tomar alcohol la primera vez

¿Fue nuestra familia?, ¿nuestros amigos? ¿Lo hicimos por presión social o por deseo propio?¿La edad en la que tomamos el primer trago influye en cómo será nuestra relación con el alcohol después? Hablamos con nuestra comunidad y con especialistas para saber más acerca de lo que ocasiona el consumo temprano y cómo podemos prevenirlo.

Intervención: Denise Belluzzo

Este contenido contó con participación de lectores de RED/ACCIÓN

El asesinato de Fernando Báez y la posterior medida del municipio de Villa Gesell de prohibir el alcohol en la vía pública, reabre el debate sobre el consumo en adolescentes. 

En RED/ACCIÓN nos preguntamos qué es lo que nos motivó a tomar alcohol por primera vez y cuáles son los factores que siguen impulsando a los adolescentes a iniciarse en el consumo cada vez más temprano. 

Desde nuestra cuenta de Twitter le preguntamos a nuestros seguidores y seguidoras a qué edad tomaron alcohol por primera vez, si fue por deseo propio o presión social, si lo disfrutaron, si alguna vez le insistieron a otro para que tome o si, a la inversa, reciben o recibieron comentarios que los persuadan a tomar cuando no desean hacerlo. 

Más del 60% respondió que tomó por primera vez cuando tenía menos de 16 años. Y aunque casi un 65% afirmó que lo hizo por deseo propio, el 70% dijo que cuando lo probó no le gustó.

Más del 60%, también, aseguró que nunca le insistió a nadie para que tome, pero casi un 40% señaló que sí lo hizo. Y más de un 34% indicó que cuando no toma sus amigos y amigas insisten para que lo haga.

Aunque según la Ley 24.788 en nuestro país está prohibida la venta de todo tipo de bebidas alcohólicas a menores de dieciocho años, como se ve, el comienzo de este hábito suele realizarse muchísimos antes, incluso en la niñez, y motivado por los propios familiares.

Según una encuesta sobre consumo de alcohol en niños, niñas y adolescentes, realizada en 2019 en La Plata por el Observatorio de adicciones y consumos problemáticos junto con la Defensoría de la Provincia de Buenos Aires, el 89% de los casos estudiados comenzó a consumir bebidas alcohólicas entre los 12 y los 15 años. Es decir, en el transcurso de la niñez a la adolescencia. Y también hallaron casos extremos, aunque minoritarios, de niños que consumieron por primera vez a los 6 años. 

El Informe Mundial sobre Alcohol y Salud de 2018 realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que, en Argentina, quienes más toman son los adolescentes entre 15 y 19 años. Y sostiene que en 2016 murieron más de 3 millones de personas por distintas causas vinculadas al consumo excesivo de alcohol.

"El inicio del consumo en contextos familiares es un gran promotor del consumo de alcohol"

Ricardo Pautassi, investigador del CONICET especializado en los “Determinantes ambientales y neurogenéticos del consumo de alcohol en adolescentes”, dice que “las primeras experiencias de consumo, que no necesariamente involucran un vaso entero de alcohol si no que pueden ser sorbos o tragos, se dan entre los 8 y los 12 años".

"Aproximadamente un 60% de los chicos tiene este tipo de experiencias, y se dan en ambientes socialmente aceptados”, explica Pautassi, lo que quiere decir que no es el propio niño que por curiosidad prueba una bebida “sino que un padre, una madre, un tío, le ofrece activamente consumir alcohol, a veces bajo la creencia de que este consumo controlado en el contexto familiar va a ser mejor, va a ser una buena forma de iniciación, que empezar a consumir en solitario o por propia voluntad”. 

Estas cifras, aclara, son el resultado de múltiples investigaciones a nivel nacional e internacional. Y aunque se piense que darle de probar un sorbo de vino o cerveza en casa a un niño o niña es inofensivo, Pautassi señala que “ese inicio en contextos familiares es un gran promotor del consumo de alcohol. Aquellos niños que se inician en ese ámbito luego tienen mayores posibilidades de seguir consumiendo”.

María Pía del Castillo, directora ejecutiva de la Fundación Padres, que busca fortalecer el vínculo entre padres, madres, hijas e hijos, y llevan casi dos décadas trabajando este tema, coincide. “Hoy los números de [la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas] SEDRONAR nos dicen que la edad promedio de inicio de consumo de alcohol son los 11 años. Pero, extraoficialmente, sabemos que este número ha bajado. Incluso nosotros tenemos hechas encuestas propias, de la fundación, que nos indican que la edad es cada vez menor, y que ya a los 14, 15 años el 90% de los chicos se inició en el consumo. Entendiendo que es a los 18 años la edad permitida, son cifras alarmantes”. 

Según las respuestas de los propios adolescentes que asisten a los talleres que ofrece la Fundación Padres, comienzan a tomar porque “todos lo hacen”, o para “no quedarse afuera del grupo”.

“El adolescente quiere pertenecer porque es propio de la edad desear ser parte de un grupo de pares y enfrentarse a los padres. El problema es que, frente a esto, cuando los adultos se corren de su lugar de adultos y quieren ser amigos de sus hijos adolescentes, ellos no tienen con quién confrontar. Ahí es donde en los talleres aparece el desamor, el abandono, la soledad, y donde llegás a lo profundo de la cuestión”, sostiene del Castillo.

En la misma dirección, la licenciada en Ciencias para la Familia y consultora psicológica, Analía Forti, explica que “la adolescencia es una etapa de profundos cambios y está marcada por la inestabilidad, el desconcierto y la confusión".

Y agrega: "Es un periodo de transición en el cual el adolescente se siente miembro de una cultura caracterizada por sus propios comportamientos. El desarrollo de la personalidad provoca en el adolescente la necesidad de independencia frente al núcleo familiar y la búsqueda de integración a grupos sociales. Esta necesidad de pertenecer puede llevar a los jóvenes a desarrollar comportamientos de riesgo. El consumo abusivo de alcohol es el reflejo de una manera de adaptarse a la sociedad”.

Otras circunstancias que favorecen el inicio del consumo temprano, según Pautassi, son lo que él llamó “normas sociales descriptivas”, es decir “la creencia acerca de cuán común es el consumo de una sustancia en nuestro entorno: padre, madre, hermanos, o amigos”.

El investigador explica que “si yo creo -porque veo que se acepta el consumo de alcohol, porque el alcohol está en la mesa familiar- que mi papá, mi mamá, mi hermano y mis amigos, consumen alcohol (no necesariamente si lo hacen, si yo creo que lo hacen), esa creencia va a estar asociada a que yo, niño, niña, adolescente, consuma más alcohol”.

A estas normas -continúa Pautassi- se le suman las “normas sociales prescriptivas”: cuánto más creo que mi familia y mis amigos aprueban que consuma alcohol, si les parece gracioso que vuelva borracho una noche, más voy a tomar. 

A estos dos tipos de normas se agrega la cantidad de locales que venden alcohol en una zona específica, lo que se denomina, según indica, “la densidad de puntos de venta de alcohol” y es otro factor que promueve el consumo: “cuanta más densidad de locales de venta, y a veces no necesariamente la cantidad propiamente dicha si no mi creencia de cuántos locales hay que venden alcohol, mayor va a ser mi consumo”.

Según un estudio realizado por el académico en Córdoba, los puntos de la ciudad donde hay mayor cantidad de locales que venden bebidas están asociados a un mayor consumo y a conductas que se consideran riesgosas como lo que se denomina "consumo episódico elevado intensivo", que implica tomar 4 o 5 tragos, tanto para hombres como para mujeres, en un intervalo de tiempo reducido (2 horas o menos). 

Agudiza “la violencia, las relaciones sexuales no cuidadas y los abusos”

Las consecuencias de comenzar a tomar alcohol en la adolescencia, dice Analía Forti, “son serias porque es el momento en que adquieren la capacidad de razonamiento, de planificación, capacidad discursiva y todas las propiedades del pensamiento abstracto".

Forti agrega: "El alcohol perjudica las zonas del cerebro responsables de la memoria y el aprendizaje como también la atención y concentración. Además puede provocar un comportamiento agresivo que dificulte el adecuado desarrollo de las relaciones sociales”.

Del Castillo añade que el alcohol exacerba “la violencia, las relaciones sexuales no cuidadas, los abusos”. Y apunta que están creciendo los casos de sífilis, SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual que se creían prácticamente erradicadas.

“Un chico que está borracho no se puede cuidar porque no está con todos sus sentidos a pleno; te lo dicen ellos mismos: ‘Si estoy borracho ni me acuerdo del preservativo’. Las chicas te cuentan situaciones en las que no estaban de acuerdo pero al estar vulnerables por la ingesta de alcohol tuvieron relaciones de las cuales al día siguiente se arrepintieron porque no saben con quién estuvieron, ni si se cuidaron o no”.

Pautassi señala que “empezar a consumir temprano es uno de los principales factores que promueven luego escalar en el consumo, tener consumo riesgoso y en última instancia tener abuso o dependencia”. Asegura, además, que quienes comienzan a tomar a los 14, tienen más probabilidades de tener consumo problemático que los que empiezan, por ejemplo, a los 16. 

"Las actitudes que como familia tengamos hacia el alcohol tienen un efecto directo"

“Las familias y los padres, desde sus funciones parentales, tienen que fomentar en sus hijos la sensibilización por el sufrimiento del otro, favorecer el desarrollo de la empatía y educar en valores -dice Forti-. Es una tarea indelegable e insustituible que deben cumplir los padres”.

En la misma línea, Pautassi agrega que las investigaciones arrojan que “las actitudes que como familia tengamos hacia el alcohol tienen un efecto directo sobre el consumo de niños y adolescentes. El monitoreo que hagamos de su conducta, también”.

Además añade que “lo que haga el Estado para tratar de demorar el inicio del consumo de alcohol, legislar la venta, consumo y distribución también tiene un efecto directo. Si como Estado impedimos la publicidad de venta de bebidas alcohólicas o regulamos dónde se vende, todas esas políticas preventivas también van a disminuir el consumo en niños, adolescentes y en general en la población”.     

Del Castillo coincide con ambos. En su opinión, “lo primero que hay que hacer es formar a los padres, informarlos y formarlos. Y a partir de ahí que puedan tomar las decisiones correctas como no permitir la ingesta de alcohol antes de los 18 años. La diversión adolescente es la punta del iceberg, detrás de eso tenemos los límites, la autoestima, la comunicación familiar, los valores, la necesidad de hábitos, de transmisión de valores, el respeto. Y después la transformación social”. 

A la contención en casa, dice del Castillo, hay que acompañarla con políticas públicas que ayuden a que las leyes se cumplan, y con un sector empresarial que se comprometa “a que su marketing no se dirija a los menores de edad. Lo que sucedió con el cigarrillo, que tiene que ver con la publicidad y los lugares donde se puede fumar, modificó mucho la conducta. Entonces no son solamente los padres ni solamente el Estado, ni solamente el negocio del alcohol, es todos juntos que podemos llegar a hacer un cambio”. 

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