Coronavirus: por qué entramos en pánico cada vez que surge una nueva epidemia | RED/ACCIÓN

Coronavirus: por qué entramos en pánico cada vez que surge una nueva epidemia

En la Argentina los ciudadanos compran barbijos, se alejan de personas que los usan, se toman la temperatura, googlean y repiten fakes news que se viralizan en redes sociales. Consultamos a especialistas para entender más sobre cómo surgen y mutan los virus. Y encontrar el antídoto a la psicosis social.

Foto: Télam

“Alerta por el coronavirus: cómo se prepara la Argentina para un posible caso”; “Coronavirus: Argentina está en riesgo”; “Coronavirus: Argentina activó el protocolo en Pergamino”, “Coronavirus: Argentina declaró el alerta epidemiológico”. "No es imposible que aparezca el coronavirus en Argentina", “Cómo deberían tratarse posibles casos del coronavirus chino en Argentina”. 

Estos titulares, uno tras otro, podrían ser el inicio de una película apocalíptica. Pero no. Son las cabezas de las editoriales y principales noticias de diferentes medios del país, en las últimas semanas. 

La amenaza de la que promete ser la primera pandemia de la década llegó al mundo con el Año Nuevo chino —que este año honra a la rata, aunque este no sería el animal que la trajo.

El brote se descubrió en la ciudad de Wuhan, una capital en el corazón del gigante asiático que pasó a la fama por ser el epicentro del coronavirus, epidemia que, se cree, pasó de animales a humanos tal como lo hicieron sus conocidas antecesoras: la influenza, transmitida por las aves; el Síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), contagiado por camellos y dromedarios; y el Síndrome respiratorio agudo y grave (SARS), surgido de murciélagos. 

Las estadísticas, que se actualizan constantemente, nos dicen, al momento de cerrar esta nota, que en China las muertes por coronavirus ya suman 360 y que en el resto del mundo hay casi 18.000 casos confirmados y millones de personas aisladas.

Las imágenes que se ven en las redes, en los medios, reflejan la psicosis social: en los países asiáticos más afectados: calles desiertas, filas eternas para comprar barbijos (que en algunos lugares ya escasean), hospitales construidos en tiempo récord para contener a los infectados y otros ya existentes abarrotados de personas. 

Más al sur del mundo, donde se comprobó que el virus no llegó a hacer ningún tour, los ciudadanos cancelan viajes a China, compran barbijos o se alejan de personas que lo usan, se toman la temperatura, googlean y repiten fakes news que corren como los caramelos en cumpleaños de niños ante este tipo de situaciones ayudando a aumentar el pánico.

¿Por qué será que con cada aparición de un nuevo virus reaccionamos como si estuviésemos dentro de Bird Box, la película protagonizada por Sandra Bullock en la que una fuerza misteriosa llevaba a las personas a autodestruirse? ¿Es porque ahora nos enteramos al instante cuando aparece una nueva epidemia y seguimos el minuto a minuto de cómo actúa? ¿O tememos que evolucionen y cada una sea más letal que la anterior? 

Afortunadamente los especialistas nos dicen que esto no es necesariamente así. Daniel Stecher, jefe del Servicio de Infectología del Hospital de Clínicas, explica que cada virus es diferente de su antecesor pero eso no significa que sea peor o más difícil de combatir. Quizás sí, quizás no, depende las características de cada uno. 

“Lo que está pasando en China es el surgimiento de un nuevo tipo de coronavirus —explica—. Los coronavirus son virus bastante conocidos porque hay algunos muy banales que causan resfríos, por ejemplo. Pero en China, cada tanto, generan algunas mutaciones que les dan características distintas. De estos coronavirus, hasta ahora los más importantes conocidos son el SARS, que también estuvo en China (y sigue estando en realidad), y otro que se conoce como MERS, de medio oriente. Todos surgen en lo animales y en algún momento alguna mutación les permite invadir al ser humano”. 

Si bien la nueva mutación de este virus se diferencia de las anteriores, causa en quienes lo contraen un cuadro bastante similar: “un paciente que tiene fiebre, tos, dificultad pulmonar, dificultad respiratoria y puede ser causal de muerte”, indica el médico.

Hasta acá, esta epidemia se comporta igual que el virus de la influenza y los otros coronavirus conocidos. Solo que como surgió hace menos de un mes hay muchas cosas de la nueva versión que todavía no se conocen, como por ejemplo, si puede contagiarse de persona a persona debido a las secreciones respiratorias, es decir, al toser o estornudar. Si bien hay indicios de que podría ser así, el infectólogo asegura que aún no hay certezas. De todos modos se toman las precauciones necesarias como si su contagio pudiera darse de este modo. 

“Este es un virus con una gran característica de mutación. Los virus tienden a mutar periódicamente, no es sorpresivo que pase", afirma y agrega: "Pero cuando la mutación es muy compleja se genera un virus al cual nadie se vio expuesto antes y por lo tanto causa lo que se conoce como pandemia porque, por un tiempo, todo el mundo se puede, potencialmente, infectar”.

Tampoco se sabe con certeza qué animal lo transmitió ni se conoce la mortalidad de este virus, pero “en la medida en que aparecen más casos, ese número de fallecidos empieza a bajar su porcentaje con respecto del total”, indica Stecher. Y señala que, en el tiempo que lleva de estudio, parecería tener menor mortalidad que los virus previos, el SARS y el MERS.

El microbiólogo y divulgador científico español, Ignacio López Goñi, consultado por medios de todo el mundo en estos días, señala como Stecher que si bien se compara el coronavirus de Wuhan con el SARS, que en 2003 dejó 744 muertos, "este, aunque es más transmisible tiene una tasa de letalidad menor".

El especialista en virus y epidemias de la Universidad de Pamplona destaca, respecto al pánico social que causa esta epidemia, que "es más transmisible el miedo que el virus", y señala que el primer paso para curarlo es "relajándose todo el mundo". 

Sobre su procedencia, coincide con que todavía no se sabe con certeza qué animal lo transmitió: "Es muy probable que el origen sean murciélagos. Quizás con un animal intermedio, es decir, que el virus haya pasado de un murciélago a otro animal que ha actuado de transmisor con el hombre".

La investigadora del Conicet Flavia Demonte, doctora en Ciencias Sociales y docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad nacional de San Martín, arroja luz sobre la psicosis social: "La aparición de una nueva enfermedad de la cual no se sabe fehacientemente —al inicio— cómo se transmite, cuáles son sus causas, cuáles sus consecuencias pero, fundamentalmente, cuáles son las medidas de prevención más eficaces, genera necesariamente desconcierto, incertidumbre y las primeras alertas”.

Cuando la información empieza a circular en los medios y redes, indica, se disparan todo tipo de reacciones que, en este caso, incluyen "la estigmatización de ciertas poblaciones y la culpabilización (en este caso la china); la desconfianza ante cualquier persona que haya estado en ‘ese’ lugar; la idea negacionista que supone que ‘a nosotros no nos va a pasar porque no somos como ellos y/o porque estamos lejos’".

Pero cuando personas infectadas llegan al país, agrega, se produce la sensación inversa: las personas sienten que sí están expuestas, "que las medidas de seguridad, cuando se toman, nunca son suficientes o son ineficientes. Y con ello llega la crítica al aparato estatal y a los servicios". Tampoco pueden faltar, ante este tipo de crisis, las teorías conspiracionistas: pensar "que todo esto parte de un negociado entre laboratorios que quieren lucrar con los padecimientos mundiales o que todo es una exageración de los medios”.

Lo cierto es que virus como el SARS, el MERS, la influenza de 2009 (conocida como "Gripe A" o "Gripe porcina"), la influenza conocida como H5N1 o “Gripe aviar”, y otras que no fueron tan célebres, aparecen y, según Stecher, lo seguirán haciendo periódicamente.

Por ejemplo, en el caso de la influenza todos sus tipos provienen de las aves. Por eso mientras haya animales alados en este planeta será imposible erradicarla. Por lo que cada tanto reaparecerá una nueva mutación que obligará a tomar medidas hasta que aparezca la vacuna que la prevenga, siempre que esto sea posible.

Estas epidemias o pandemias, sostiene el médico argentino, son cíclicas: “Los pacientes que se tratan se mejoran. El tema es que cuando aparece un virus nuevo, nadie lo tuvo, entonces nadie tiene anticuerpos y la primera ola de contagio es muy importante. En la medida que la gente se expone al virus y genera anticuerpos, tienden a autolimitarse. Por eso tienen brotes importantes y después van cediendo. Hasta que aparece una mutación nueva y se repite el ciclo”.

Afortunadamente asegura que un virus apocalíptico, que pueda acabar con toda la humanidad como Thanos en Avengers: Endgame, todavía no existe. De crearse debería combinar un contagio interhumano veloz, como por vía respiratoria y, a la vez, tener una gran letalidad. “Por suerte, hasta ahora, esta combinación no se ha dado”, afirma. 

Sin embargo, señala, en la Argentina tenemos otros virus de transmisión respiratoria y que implican grandes riesgos pero pueden prevenirse con vacunas, como el sarampión, con lo cual el infectólogo sugiere que dejemos de preocuparnos tanto por una epidemia que afortunadamente aún no nos afecta y recordemos completar la vacunación contra lo que sí estamos expuestos.

“El Coronavirus es un tema de mucho impacto pero no podemos dejar de recordar todo lo demás que tenemos que hacer de salud, porque a veces de tanto preocuparnos por las cosas que están lejos dejamos de preocuparnos por las que tenemos acá y esto genera que estos virus sigan circulando”, sostiene. 

Y con respecto al virus de oriente, lavarse bien las manos, toser contra el codo o un pañuelo de papel y, ante cualquier duda, acercarse a un centro de salud donde ya saben qué deben hacer.

Pese a que se comprobó que nuestro país está libre de coronavirus. Que el ministro de Salud, Ginés González García, aseguró que estamos preparados para detectar, diagnosticar y tratar los posibles casos que puedan llegar. Que aseguró que su cartera, junto con las de Transporte, Migraciones y los organismos involucrados en el control de los ingresos trabajan juntos para aceitar los mecanismos que permitan detectar a quienes entren con síntomas y hayan estado en Wuhan o zonas de riesgo. Que en el hospital Eurnekian, de Ezeiza, se aísla a los turistas con síntomas y en el Instituto Malbrán se hacen los estudios indicados. Muchos ciudadanos siguen entrando en pánico. 

Demonte sugiere que no olvidemos las estrategias que despliegan los medios para informar, según sus reglas, y que generan este tipo de reacciones. Que "más allá del contenido, tienen esos efectos discursivos que se asocian con la necesidad de presentar la cuestión en el marco de una trama, con fotos conmovedoras, el conteo constante de nuevos casos, la apelación a informantes clave como personal médico, funcionarios gubernamentales y organizaciones como la OMS, entre otras".

Por eso la investigadora invita a reflexionar sobre las fuentes de las que nos informamos, a mirar a qué actores ponen en escena y a quiénes dejan afuera, qué otros temas se están excluyendo de la agenda y “qué significados circulan y reproducen con las diferentes poblaciones afectadas”.

En definitiva, hasta que no dejemos de darle tanta entidad a algo que por fortuna, esta vez, no nos toca protagonizar, empresas como Huawei seguirán tomándoles la temperatura a los empleados de su casa central de Puerto Madero con una especie de termómetro a distancia de luz azul; se mirará con sospecha todo lo que provenga de China; muchas personas seguirán yendo a comprar barbijos o alejándose de quienes lleven uno por el motivo que fuese. Seguiremos mirando series y películas sobre epidemias mortales, como la nueva Pandemic o Pandemia, de Netflix, compartiendo noticias dudosas y bañándonos en alcohol en gel. 

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