Cosechar agua de lluvia, una alternativa para hogares rurales aislados

Muchas familias acondicionan el techo de sus casas para captar agua y almacenarla en cisternas de 16 mil litros. El sistema es promovido por varias organizaciones en Chaco, Santiago del Estero, La Rioja y Córdoba, donde vive la mayoría de los 450 mil hogares pobres y sin acceso a agua en sus casas.

Por Javier Drovetto

21 de agosto de 2018

AguaNotaPortada

El agua que toma Humberto Torres es turbia y tiene gusto a arcilla. Todos los años que tiene, que son 66, los vivió tomando ese agua.

Cuando termina de arriar las vacas y encerrar las cabras, en el campo empieza a oscurecer. Humberto y María, su mujer, apuran la cena para no gastar en velas: a 15 kilómetros del Chañar, un pueblo del sur riojano donde viven unas 450 familias, no hay luz eléctrica.

María es sordomuda y se ocupa de la casa. Unas horas antes de servir agua, le da una última colada con un trapo y le pone dos gotitas de lavandina por cada litro.

El agua la comparten con los animales. Literalmente. La sacan de una represa que Humberto cavó en el campo: dos metros de profundidad por 80 de largo y 50 de ancho. Con el suelo apisonado, la lluvia no escurre y queda atrapada: se forma una laguna artificial que se puede ver en esta foto.

La familia Torres toma el agua de una represa de la que también beben los animales.
La familia Torres toma el agua de una represa de la que también beben los animales.

De ahí beben las vacas y cabras, aves e insectos. Es un pequeño oasis en un ambiente árido. A veces, tienen que sacar animales muertos del agua. Con los excrementos es más difícil. “Lo primero que hacen las vacas después de entrar a tomar agua es cagar”, se resigna Humberto.

Ni él ni María se olvidaron de que el agua es cristalina: desde hace dos años, cuando nació su nieto, siempre tienen agua potable envasada. Por si vienen a visitarlos. Es solo para el bebé. Aseguran que nunca les faltó para comer, pero no pueden darse el lujo de comprarse agua para ellos.

“Todo esto se acabó”, asegura Humberto. En unos meses va a empezar a “cosechar” agua de lluvia de manera segura. Colocará las chapas en el techo de su casa y las canaletas que llevarán el agua hasta una cisterna de 16 mil litros. Él mismo construirá todo.

Aunque el clima es seco, si captura las lluvias del verano, se asegurará 43 litros por día. “Nos va a parecer agua mineral”, cree Humberto.

Una alternativa rural en el Gran Chaco

Las dificultades que atraviesan Humberto y María son representativas de la de miles de familias que viven en el campo. En el país hay 448.211 hogares que tienen necesidades básicas insatisfechas y además no cuentan con agua de red en sus casas, por lo que le dedican hasta seis horas por día para conseguirla.

La cosecha de agua de lluvia que ellos planean hacer también es representativa de una solución que muchos especialistas consideran la más adecuada para resolver la falta de agua para consumo humano en las comunidades rurales aisladas.

Esa herramienta es todavía más conveniente en la región del Gran Chaco, donde las perforaciones para contar con agua de pozo no son seguras: es frecuente que a los 15 metros el agua tenga arsénico y a partir de los 50 metros contenga sales.

Es en esa región donde está la mayoría de los hogares rurales sin agua. Salta, Chaco y Santiago del Estero son las provincias con más hogares pobres y sin agua: 32.999, 36.496 y 31.451, respectivamente.

Una cisterna garantiza 43 litros por día al año. Crédito: Fundación Plurales
Una cisterna garantiza 43 litros por día al año. Crédito: Fundación Plurales

Tucumán, Córdoba y La Rioja, que son parte de la región, suman 34.476, 19.494 y 5.876 hogares más, según la Plataforma del Agua, una herramienta que permite revisar cómo es el acceso al agua en cada provincia y expone qué soluciones empiezan a experimentarse.

El objetivo de ese relevamiento, hecho por investigadores de varias universidades, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) es claro: busca poner a disposición del Estado, empresas y la comunidad material que sirva para guiar las políticas para garantizar el derecho elemental de tener acceso al agua en la casa.

Ese trabajo es una iniciativa del programa Sed Cero, del que participan varios actores sociales que buscan garantizar el acceso a agua en Argentina, Bolivia y Paraguay.

Si querés saber más sobre las soluciones para dar acceso al agua o conocés alguna experiencia nueva, escribile a los especialistas de la Plataforma del Agua.

La importancia de que colabore la propia comunidad

“El agua de lluvia puede ser una solución para contar con agua para consumo: es limpia y segura”, afirma la ingeniera química Marta Esber, coordinadora del plan de Democratización de Recursos Naturales de la Fundación Plurales, que tiene sede en Córdoba e impulsó la construcción de unas 300 cosechadoras de agua de lluvia en La Rioja, Chaco, Santiago del Estero y Córdoba.

La fundación es la que promueve la herramienta en el Chañar, donde las lluvias arañan los 300 milímetros anuales, un tercio del promedio del país. Los años de sequía, los productores no tienen otra opción que dejar morir animales y la ambulancia del pueblo recorre los campos repartiendo sales de hidratación para los pobladores mayores.

El método que tiene la fundación es participativo. Ellos llevan los materiales, financiados por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, y el conocimiento. Pero es la propia comunidad la que tiene que aprender a construir la cosechadora, de forma tal que la herramienta pueda ser apropiada y se transmita de generación en generación.

“El primer techo colector con su cisterna la hicimos en nuestra sede, pero vinieron de todo el pueblo, porque usamos la obra como taller de aprendizaje”, cuenta Nicolás Olivera, de la Asociación de Pequeños Productores de Chañar.

Las cisternas son de 3,5 metros de diámetro y 3 metros de alto, una parte bajo tierra.
Las cisternas son de 3,5 metros de diámetro y 3 metros de alto, una parte bajo tierra.

Luego hicieron una segunda cosechadora en una escuela y ahora se preparan para distribuir los materiales para que 46 familias puedan replicar el sistema en sus casas. Entre ellos, está Humberto Torres.

“Acá el agua es importante no solo porque necesitamos tomarla. Sin agua, se cae la economía. Somos un pueblo ganadero y caprino, pero por las sequías pasamos de tener 24 mil cabras en 2004 a 9 mil este año”, apunta Nicolás, que estudió ciencias políticas en la capital riojana y hace 10 años regresó a Chañar para hacerse cargo del campo familiar.

La cisterna se hace con 63 placas de concreto hechas por la propia comunidad.
La cisterna se hace con 63 placas de concreto hechas por la propia comunidad.

Cómo es el sistema y cuánta agua colecta 

La idea de cosechar agua de lluvia no es nueva en el campo. Muchos lo hacen, pero en represas que no aseguran la sanidad del agua.

La mejor forman que se encontró para captar el agua de manera limpia y en grandes proporciones es aprovechar los techos de las casas como superficie colectora. Por eso, para ganar superficie de captación, muchas familias anexan una galería o arman aleros.

“Los techos que promovemos tienen unos 70 metros cuadrados. Y estimamos que por cada milímetro de lluvia que cae en la zona se puede juntar un litro por metro cuadrado”, explica la ingeniera agrónoma Gabriela Faggi, jefa de la Agencia de Extensión Rural que el INTA tiene en Las Breñas, un pueblo del sudoeste chaqueño ubicado a 257 kilómetros de Resistencia.

En esa zona, hay dos temporadas de lluvia, de octubre a diciembre y de marzo a mayo. Al año caen 800 milímetros. Es decir que la capacidad de captación de los techos es de 56 mil litros anuales.

Pero como llueve rigurosamente en esos periodos, es necesario tener capacidad de almacenar el agua. Por eso las cisternas, hechas de placas de arena y cemento, son de 16 mil litros. Ese tanque tiene un filtro de ingreso y uno de salida. Están hechos de mallas metálicas, arena y carbón. Es decir, en el sistema de cosecha no hay nada que no pueda ser mantenido o renovado por la propia comunidad.

Un sistema completo de cosecha de agua de lluvia cuesta unos $ 25.000. El modelo fue tomado de la experiencia reunida en el nordeste brasilero, donde la Articulación del Semiarido Brasileño, una red de organizaciones sociales, lleva hechas unas 400 mil cisternas similares.

"Pensé que nunca iba a tener agua en casa"

En Pampa Iporá Guazú viven 45 familias. Queda 45 kilómetros al noroeste de Las Breñas, en la región del chaco seco.

Hace dos años que viven una verdadera revolución: 30 familias que le dedicaban hasta medio día para conseguir agua ahora la tienen en sus casas a partir de la colecta de agua de lluvia.

“Te juró que pensé que nunca iba a tener agua en casa”, asegura Gladys Campos, que tiene 42 años, nació y vive en el paraje.

Ella fue la coordinadora local que, en asociación con el INTA de Las Breñas, ayudó a que las familias formaran una asociación y aprovecharan la asistencia de los técnicos para que cada uno construyera en su casa un sistema para cosechar agua de lluvia.

El marido de Gladys ocupaba parte de la mañana en traer agua de un pozo que está a 2 kilómetros de su casa. “Está cerca, pero el agua hay que sacarla con baldes, llenar tachos de 200 litros y tirar del carro para traerlo a casa”, cuenta y asegura que muchos vecinos, sobre todo los jóvenes, se fueron del campo por las carencias con las que viven.

“Muchos terminan en villas miserias, pero la realidad es que sin agua no podés progresar –sigue Gladys–. Ahora por lo menos planté zanahoria, lechuga, perejil y cebolla de verdeo. Y mi marido tiene cuatro horas más para dedicarle a la cría de animales”.

Las cisternas tienen bombas manuales para extraer agua. Crédito: Fundación Plurales.
Las cisternas tienen bombas manuales para extraer agua. Crédito: Fundación Plurales.

El agua segura puede evitar muertes

Nicolás Wertheimer es médico, tiene 29 años y hace tres que fundó una empresa que ofrece soluciones a la falta de acceso al agua. Trabaja en red con el sector público y privado, y con organizaciones sociales.

Agua Segura es una firma de las llamadas de triple impacto. Tiene objetivos de rentabilidad, pero también persigue un impacto social y ambiental positivo. Su origen es la instalación de filtros de agua en escuelas rurales: ya acercaron esa tecnología a 674 escuelas de 21 provincias.

“Nacimos como una solución a la tercera etapa del acceso al agua, que es la de asegurar la calidad. Ahora, este año, empezamos a trabajar en la primera y la segunda, que es el acceso y la distribución. Por eso, incursionamos en los sistemas de cosecha de agua de lluvia. Ya colocamos equipos en Entre Ríos y Salta”, cuenta Nicolás y expone uno de los datos que lo llevó a pasar de la guardia del Hospital Houssay de Vicente López al trabajo social: el agua sin tratamiento ocasiona diarrea y en los chicos menores de 5 años esa es la segunda causa de muerte.

A diferencia del agua de lluvia, que es limpia, la de arroyos debería ser filtrada.
A diferencia del agua de lluvia, que es limpia, la de arroyos debería ser filtrada.

Agua para la producción y el saneamiento

De lo que no hay datos en el país es sobre la cantidad de sistemas de cosecha de agua de lluvia que se llevan instalados.

“Pero investigamos y sabemos que es el sistema más adecuado para áreas dispersas y aisladas. También sabemos que la forma de acercar esta tecnología es en colaboración y con la participación de las propias comunidad. Y estamos seguros que contar con agua en su propia casa evita sistemas paternalistas o un poder concentrado”, analiza Hernán Thomas, director del proyecto "Derecho de Acceso a Bienes: Agua para el Desarrollo”, que lleva a cabo el Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes y el INTA.

Thomas advierte, de todos modos, que con el acceso al agua para consumo se está lejos de solucionar las necesidades: “Lo que se debe pensar es en un sistema de acceso a diferentes tipo de aguas. Para consumo, que puede ser de lluvia. Y también para la producción y el saneamiento, donde podría usarse agua reutilizada, de alguna vertiente o de pozo, incluso con sales o arsénico”.

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