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Cuáles son las razones por las que se espera que aumente el delito

Pocas oportunidades de empleo, abandono escolar y una situación crítica de las cárceles son tres indicadores que pueden hacer crecer principalmente los robos. Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericano sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, analiza esta situación y también enumera políticas públicas que pueden ayudar a contener el delito.

Cuáles son las razones por las que se espera que aumente el delito

Foto: Télam

Marcelo Bergman dirige el Centro de Estudios Latinoamericano sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.


Marcelo Bergman publicó esta semana una trabajo titulado "Inseguridad: los desafíos de la post pandemia". Como muchos otros especialistas que investigan el crimen y la seguridad ciudadana en América Latina, asegura que los delitos van a crecer una vez atravesado lo peor de la pandemia. De eso hablamos con él, que está doctorado en Sociología y dirige el Centro de Estudios Latinoamericano sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.


Por la cuarentena bajaron los delitos, pero ¿qué se sabe de los que se dan dentro de un hogar, como la violencia de género?
—Todavía no tenemos datos específicos de ningún tipo de delito. Lo poco que sabemos es que los delitos contra la propiedad o los delitos comunes han disminuido notablemente en el primer mes de la cuarentena, luego empiezan paulatinamente a ascender y a volver a la normalidad. Pero los delitos de violencia de género o los delitos domésticos, sí han crecido, no solo en la Argentina, sino en todo el mundo, producto de la convivencia o malas convivencias. En la Argentina algunos colegas hablan de entre un 15% y un 20% de aumento en la violencia de género.


Superada la etapa crítica de la pandemia, a la Argentina y gran parte de América Latina le espera una crisis económica. En consecuencia, ¿podemos esperar un aumento en determinados delitos? 
—Se espera un crecimiento del delito. De hecho está ocurriendo. Y es posible que crezca más. Como lo he sostenido en otros trabajos, las crisis van generando crecimientos importantes en la tasa delictiva y cuando son permanentes no se vuelve a los niveles de antes. Es un efecto escalera: sube y se nivela, sube y se nivela, pero no baja. Puede haber descenso de delitos pero lleva muchísimo tiempo y muchísima inversión. Fundamentalmente requiere de buenos trabajos y bien pagos. Y es poco probable que eso lo veamos pronto en América Latina. Por lo tanto, los delitos que se espera que vayan a crecer son los llamados delitos de oportunidad, o sea los delitos desarrollados para obtener algún tipo de renta: robo, venta de droga y en los casos más severos, delitos extorsivos. Lo más probable es que haya un aumento significativo en el robo, en todas sus modalidades. 


Una vez explicó que después de un alto crecimiento de los encarcelamientos, viene un aumento de los delitos, principalmente porque las cárceles no está preparadas para resocializar. Si en los últimos años creció tanto la cantidad de detenciones, ¿es esperable un crecimiento del delito también por esa razón? 
—Efectivamente la cárcel es más criminógena que reductora de delitos. Esto tiene muchísimas causas pero la principal es que no resocializa ni rehabilita. Y la gente que pasa por las cárceles es mucho mayor que el número de internos que hay en un momento determinado. Esto es porque hay una altísima rotación. En la Argentina aproximadamente 20 mil personas por año abandonan las cárceles porque cumplen sus condenas. La mayoría de esas personas van a encontrar enormes dificultades en encontrar trabajo o en resolver sus problemas de ingresos. Por lo tanto, muchos de ellos terminan vinculados con el delito. Por lo tanto, cuanto más gente sale de la cárcel es esperable que haya más delitos. El tema no es que salgan, sino que realmente no entren tantos. En resumen, la cárcel o la alta rotación de internos en las cárceles hace que a la larga haya mayor cantidad de delitos en la calle.

Cómo se criaron los jóvenes que están presos en la Argentina


¿Cuál es el principal indicador que hay que mejorar para que la tasa de delitos disminuya?
—No es una pregunta fácil y no es una respuesta sencilla. En realidad, de lo que podemos hablar es que el delito ha venido para quedarse y va a demorar muchísimos tiempo, aún en condiciones muy favorables, su reducción. En la Argentina no es una situación todavía muy grave pero puede empeorar si las condiciones empeoran. La política pública más importante es difícil de conseguir: mucho trabajo con buenos salarios. Esto no va a terminar con el delito pero va a provocar que mucha gente que está en el borde, entre ingresar a la carrera delictiva o no, desista de entrar porque tiene otras oportunidades. El problema es cuando no hay oportunidades. Por la severa crisis fiscal que enfrentaremos después de que termine el acoso de la pandemia probablemente no haya mucho trabajo y, mucho menos, trabajo bien pago. Por lo tanto, muchos jóvenes, especialmente, pueden llegar a vincularse con la actividad delictiva a pesar de que haya mucha policía o más cárceles y actividad judicial extra.


—¿Qué otra política pública pueden contener el delito?
—La intervención temprana, que tiene tres ejes. Primero, una política que identifique problemas de salud y de convivencia de padres que tienen sus hijos ya sea en edad temprana (padres adolescentes) o en hogares monoparentales. Para asistir en una adecuada crianza. Segundo, trabajar no solo para que jóvenes no abandonen la escuela sino también en esquemas de tutorías que los acompañen en un adecuado desempeño escolar. Tercero, monitoreo de jóvenes que crecen en hogares de altos niveles de violencia y/o de abuso de drogas y alcohol. Este tipo de políticas públicas con psicólogos, trabajadores sociales, tutores, etcétera ha demostrado ser muy efectivo en muchos países de Europa occidental para reducir el delito 10 o 15 años después en la década de 1990. 


—¿Y el encarcelamiento como política pública en qué puede mejorar?—Entiendo que esto es controversial, pero hay que empezar a modificar el régimen de sanciones. No porque no hay que sancionar sino porque la cárcel, como lo he dicho anteriormente, no es la solución. Y nosotros en la Argentina hemos prácticamente duplicado el número de presos en los últimos siete u ocho años. No es posible sostener esto, no tenemos los recursos, y tampoco queremos que nuestras cárceles se transformen en las de cárceles de Centroamérica o inclusive en las de Brasil. Esas son muchísimas más criminógenas que las nuestras. Por lo tanto debemos pensar en regímenes de sanciones distintos, especialmente para delitos como microtráfico y de transporte de drogas. Pensar en sanciones pecuniarias o trabajo comunitario puede llegar a lograr una descongestión de las cárceles y eso a la larga también trae beneficios en la reducción del crimen.


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