Deserción escolar: qué cambios necesita la escuela para bajarla | RED/ACCIÓN

Cuáles son los cambios que necesita hacer la escuela para disminuir la alarmante cifra de deserción

Una relación individual con los alumnos y enseñar no solo contenidos, sino también habilidades socioemocionales. Esas son las dos premisas de la Fundación Cimientos, que trabaja para que más estudiantes terminen el secundario. En esta entrevista, Marcelo Miniati, director de la organización, explica cómo lo hacen.


Marcelo Miniati es el director ejecutivo de la Fundación Cimientos. Un lugar que se dedica a desarrollar programas que tienden a ayudar a jóvenes de sectores vulnerables a completar estudios secundarios y a avanzar con estudios superiores o con su inserción al mercado laboral.


—Una de las estadísticas que citan es que uno de cada dos estudiantes que empieza la escuela secundaria no la termina. ¿Qué puede hacer cada escuela para fomentar la inclusión y la permanencia de estudiantes?
—Hay dos puntos que entendemos son centrales para que los jóvenes permanezcan y terminen la escuela secundaria y tienen que ver con cambios de miradas necesarios. El primero es una relación uno a uno con el joven. Nosotros usamos tutores en nuestros programas, pero cada escuela puede hacerlo con su personal. Hay que cambiar la mirada del “yo les enseño a todos por igual y que aprenda el que pueda” y empezar a ponderar mucho más la individualidad de cada alumno para potenciar su trayectoria escolar. El segundo punto es que los jóvenes no solo necesitan contenidos. Hay que desarrollar habilidades socioemocionales: organizar el tiempo, planificación, autoconcepto, autonomía, trabajo en equipo, tener empatía. Son habilidades que van a ayudar a transitar mejor la escuela, pero también el resto de la vida.


—¿Creés que estamos muy lejos de esa otra mirada?
—Creo que la escuela se centró mucho en dar contenidos y no importa cómo es cada uno o cómo aprende cada uno, problema de los estudiantes… Esto es en general, por supuesto que hay excepciones y excelentes docentes con esta mirada distinta. Pero es como pedirles correr una carrera en trepar árboles a una jirafa, un pájaro, un mono y un perro. Está claro que las capacidades de cada uno no son las mismas.


—¿Cómo podemos, como ciudadanos, ayudar a una mejor educación?
—La deserción nos involucra a todos los actores de la sociedad. El abandono escolar antes de la pandemia ya era grave: un chico de cada dos no terminaba la escuela secundaria. Revertir esta situación es responsabilidad de todos los actores. Por supuesto, nosotros pedimos ayuda de la sociedad para poder crecer: hoy llegamos a 2.200 chicos en el país, pero hay 500.000. A la vez, la sociedad tiene que empezar a exigir que se hable de educación, que sea un tema de interés. Suele ocurrir que quienes están más relegados en esta desigualdad son sectores más vulnerables, los que menos voz tienen. Cuando uno como ciudadano dice: “Mis hijos están bien”, no se reclama la mejora educativa.


—Sabemos que la pandemia profundizó las desigualdades, pero a la vez puso sobre la mesa el tema. ¿Creés que esto último puede generar efectos positivos?
—Es cierto que se empezó a hablar más de educación. Lamentablemente uno antes solo escuchaba voces de sindicatos y autoridades, hoy se escuchan voces de familias preocupadas por el inicio de clases. Hay más preocupación porque afecta a todos. Pero por supuesto, afecta más a los sectores vulnerables. Espero que a partir de todo lo que estamos discutiendo se modifique la educación en su conjunto, no solo para escuelas de clase media y clase alta. Es un cambio que lleva tiempo, pero debe empezar urgentemente. La escuela tiene que ser algo más interesante y útil para el futuro de jóvenes de contextos vulnerables. Debería ser un lugar al que quieran ir, en el que no se sientan expulsados.


—¿Cuáles son los desafíos para jóvenes de contextos vulnerables que logran terminar la secundaria?
—Entre nuestros programas, además de abocarnos a apoyar a jóvenes de sectores vulnerables para que terminen la secundaria y/o la universidad, también trabajamos la transición entre el final de la escuela y el ingreso al mercado laboral o a estudios superiores. Hoy los jóvenes necesitan que los acompañemos a esa transición. Muchos no tienen referentes en su familia para pensar en continuar los estudios o no tienen los conocimientos para encontrar empleo. Toda esa información para comenzar una carrera o profesión es necesaria, pero la escuela no la aporta. En Cimientos, los acompañamos acercándoles información sobre universidades, becas u oportunidades laborales. También voluntarios profesionales cuentan experiencias de trabajo, o qué carreras existen. Es un rol que podría cumplir la escuela en sus últimos años. Hoy este rol suele suplirlo la familia, pero en entornos vulnerables la primera generación de egresados y egresadas del secundario no tiene el soporte. Y sin ayuda lo más probable es que repitan la historia familiar de sumarse al mercado informal.


Acá podemos colaborar con el trabajo de Cimientos.


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Esta entrevista fue publicada originalmente en OXÍGENO, la newsletter que edita Juan Carr. Podés suscribirte en este link.

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