Cuota alimentaria: ¿qué les pasa a la madre y en los hijos e hijas cuando el padre no cumple su obligación? | RED/ACCIÓN

Cuota alimentaria: ¿qué les pasa a la madre y en los hijos e hijas cuando el padre no cumple su obligación?

Solo una de cada cuatro mujeres que no convive con el padre de sus hijos o hijas recibe el importe que deben darle destinado a vivienda, alimentación, salud, educación y esparcimiento. Muchas tienen que recurrir a una instancia judicial desgastante para ponerse de acuerdo. Los chicos y chicas se sienten en el medio del conflicto y se ven afectados por la situación.

Ilustración: Pablo Domrose

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Jimena no recibe el pago mensual de la cuota alimentaria que le corresponde a su hijo de 15 y su hija de 7 años. Jimena es un nombre ficticio porque ella y su expareja están atravesando un juicio por esta situación. Si bien la separación fue hace seis años, todavía no llegaron a un acuerdo sostenido.

Jimena recuerda que, en 2015, tanto ella como el padre de sus hijos firmaron un documento extra judicial. Ella confío en su abogada que le dijo que esa era una buena forma de resolverlo porque el juicio iba a tardar mucho. “Yo no entendía nada del tema y firmé”, dice y a continuación agrega: “Pasado un año de separarme, estaba por quedarme en la calle, con un nene chico y una beba. Entonces, el acuerdo que firmé decía que él tenía que pagar el alquiler del lugar donde viviéramos y que se haría cargo del colegio del mayor. Después yo iba a ver cómo me arreglaba con el jardín y el resto de los gastos. En ese momento sentía que no tenía más opción que resolverlo de ese modo”.

Aquel arreglo duró un año, hasta que él dejó de pagar. Jimena no pudo sostener el alquiler y tuvo que mudarse con los chicos a la casa de su abuela. “Cuando hay violencia de por medio es muy difícil hacer un acuerdo porque las partes no están en igualdad de condiciones”, señala la arquitecta de 36 años.

La cuota alimentaria es un importe que debe pagar el padre que no convive con sus hijos (en un caso de divorcio o separación) para contribuir con los gastos de los chicos hasta que alcancen la mayoría de edad. Incluye los gastos de la vivienda, alimentación, salud, educación y esparcimiento. Antes del 2012 se trataba de un porcentaje fijo, pero ahora se estableció un monto variable que se establece según las necesidades de los niños o niñas. Si bien la ley no indica el monto, oscila entre un 20% y un 30% de los ingresos del progenitor no conviviente.

Según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), en Argentina, sólo una de cada cuatro mujeres que no convive con el padre de sus hijos recibe cuota alimentaria. Otro dato a tener en cuenta es que el 30% de las madres no convive con el padre de sus hijos. La mayor parte de ellas formó una nueva pareja o residen con sus padres u otros familiares.

En nuestro país, solamente el 28% de las madres que no conviven con el padre de sus hijos encabezan el hogar sin el apoyo de otros adultos. Dentro de ese porcentaje, la inmensa mayoría de ellas son mujeres con alto nivel de instrucción, trabajan en forma remunerada y acceden a ingresos suficientes para cuidar de sus hijos o hijas.

CIPPEC advierte que cuando son madres la probabilidad de que las mujeres trabajen en forma remunerada disminuye abruptamente. El 83% de las mujeres jóvenes y adultas que no tienen hijos trabajan o buscan trabajar en forma remunerada, en contraste con el 69% de sus pares que son madres. Para los varones se invierte la ecuación: es más probable que trabajen de manera remunerada si son padres (98%) que si no lo son (90%).

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Para que sea legal el acuerdo que hizo Jimena con su ex pareja era necesario hacer un trámite de homologación. Sin eso, no se podía reclamar la ejecución del pago. “Me costó mucho encontrar una abogada que me ayudara con el caso. En abril de 2016, comenzamos con la homologación y todavía no se concluyó ese proceso. Aparecen muchas trabas burocráticas”, señala.

Hace un tiempo, Jimena, junto a los chicos, se mudó nuevamente, esta vez a lo de su mamá, para que la ayudara con el cuidado. “No pude sostener la escuela privada de mi hija y la cambié a una estatal de jornada simple. Eso me partió al medio para trabajar. Además, me costó mucho cambiarla porque no quería que pierda su marco de pertenencia. En el caso del más grande, me dieron una beca. También dejamos de ir al club. La vida de mis hijos cambió”, cuenta Jimena, quien admite que se siente sobrepasada. Además de trabajar como arquitecta, empezó a dar clases en escuelas técnicas para tener más estabilidad.

Vanesa D´Alessandre, investigadora asociada de Educación y Protección Social de CIPPEC señala que las madres para cuidar a sus hijos o hijas, necesitan un volumen de recursos enorme, que incluye: tiempo, bienes, servicios y hábitat.  “La cuota alimentaria ocupa un lugar central para poder garantizar que la familia cuente con un ingreso suficiente para el cuidado de chicos y chicas”, señala.

Tras una separación, los hijos suelen vivir en la casa de las madres y son ellas las que suelen ocuparse mucho más de las tareas del cuidado no remuneradas. D´Alessandre aclara que cuando la madre recibe la cuota alimentaria, esta transferencia, representa alrededor del 24% de los ingresos totales del hogar.

Un mito muy recurrente es que la madre usa la cuota alimentaria para mantenerse ella. “Debe tenerse en cuenta que el 70% de las madres que no conviven con el padre de sus hijos trabaja y cuenta con ingresos propios”, describe D´Alessandre.

Los hijos e hijas, en estos casos, quedan en el medio y son afectados.

"Me sentí una carga para ellos"

Los padres tienen la obligación de darle alimentos a sus hijos hasta los 21 años o hasta los 25 años si estudian o se capacitan en un arte u oficio y no pueden mantenerse por sus propios medios. Alexis tiene 19 años y hace tres años sus padres se divorciaron.  “Me metían todo el tiempo en el medio de sus discusiones y hasta me sentí una carga para ellos”, expresa el lector de RED/ACCION, que estudia Comunicación Social.

“Al principio había problemas en torno a quién pagaba el colegio. Fueron varios meses de idas y vueltas, hasta que mi papá comenzó a pagarlo. Con mamá dejamos de insistir con la cuota alimentaria porque era gastar tiempo y fuerza. No queríamos seguir peleando sobre lo mismo”, recuerda Alexis.

Él vive con su mamá y a su papá no lo ve con frecuencia. “Por todo esto que pasó me siento incómodo cuando lo veo. Después de estar en el medio de las peleas, me refugié con mis amigos. Los padres y madres deberían tener más empatía por lo que sienten sus propios hijos en esas situaciones”, reflexiona.

Experiencias de lectores de RED/ACCION

Cristina Pianovi, psicoanalista especializada en clínica de niños, adolescentes y familia observa que muchas veces los padres pierden de vista el horizonte del bienestar de los chicos o chicas por la batalla que llevan adelante o por cuestiones pendientes entre adultos. “Sobre todo en los adolescentes tiene un impacto muy grande ver a sus padres insultarse, acosarse, gritarse por teléfono”, advierte.

Respecto a la cuota alimentaria, Pianovi agrega: “Muchas mamás terminan dándose por vencidas. Se terminan conformando con que al menos el padre pague la cuota del colegio o con lo mínimo que puedan lograr. Se las escucha cansadas de tanto pelear y luchar”.

Según Paola Urquizo, psicóloga infantojuvenil e integrante del colectivo Materfemarg, muchas madres se ven en obligación de recurrir a la justicia para garantizar un derecho de sus hijos. “Hay que entender que no pagar la cuota alimentaria es una forma de ejercer violencia económica hacia las mujeres. Es difícil que estas madres reconozcan que son víctimas de violencia porque está naturalizado que al separarse hay que llevar adelante un juicio por la cuota alimentaria. Son muchísimas las mujeres que se quedan solas con sus hijos y cargan con la responsabilidad de manutención cuando son ambos progenitores los legalmente responsables. La violencia económica en este caso no solo se ejerce sobre las mujeres sino sobre les niños y niñas ”, dice Urquizo.

La diputada nacional Cristina Álvarez Rodríguez está impulsando un proyecto de ley para que las obligaciones alimentarias, derivadas de las relaciones de familia, queden exceptuadas de la prohibición de actualización dispuesta por la Ley 23.928 del año 1991. Esta ley prohíbe la actualización monetaria y obliga a las personas más vulnerables a recurrir a la justicia una y otra vez para que la cuota alimentaria no quede desactualizada. “El trámite de estos procesos judiciales insumes tiempos prolongados y mientras tanto son las mujeres las que afrontan el sostenimiento y el cuidado de hijos”, expreso la legisladora en Parlamentario.com.

Laura es lectora de RED/ACCION, tiene 40 años y todavía tiene presente el recuerdo de la separación de sus padres. “Trato de transmitir mi experiencia para que los adultos cuiden más a los chicos”, comenta.

Laura, siendo menor de edad, tenía que saber cuánto costaba la cuota de su colegio, su ropa y sus actividades para ver si le alcanzaba la plata que se disputaban entre sus padres. Mi mamá decía que no le alcanzaba el dinero que le pasaba mi papá y él escondía sus bienes para no pasar la cuota que correspondía. “Así, se pone la carga de la adultez sobre un niño. Sentía que no me estaban cuidando”, dice.

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