Daniel Arroyo: "La tarjeta Alimentar mueve la rueda de la economía desde abajo" | RED/ACCIÓN

Daniel Arroyo: “La tarjeta Alimentar mueve la rueda de la economía desde abajo”

El Ministro de Desarrollo Social respondió preguntas de lectores y miembros de RED/ACCIÓN. Dio detalles del Plan Argentina contra el Hambre y de las políticas que otros países desarrollaron para revertir la pobreza estructural y que él quisiera aplicar acá.

Foto: Ministerio de Desarrollo Social

Este contenido contó con participación de lectores de RED/ACCIÓN

El ministro de Desarrollo Social no se cansa de repetir los tres puntos claves de su gestión: que en Argentina no puede haber hambre, que los chicos tienen que estar en la escuela y que la mejor política social es el trabajo. En estos casi tres meses de gobierno el foco estuvo puesto en el primer punto.

¿Cómo cree que viene desarrollándose la primera etapa de esta política?

Partimos de la base de que acá hay dos problemas: el costo de los alimentos y el endeudamiento de las familias. Todo el mundo debe plata y termina tomando créditos con el 200% de interés anual en la financiera de la esquina. Hoy tenemos 530.000 Tarjetas Alimentar activas -se entregan unas 30.000 por día-. En febrero vamos a cubrir el 70% del país y en marzo cubriremos el total, que son 1.400.000 tarjetas. Originalmente, se había planeado empezar con las tarjetas en febrero, pero frente a la emergencia, se decidió acelerar todo. A una semana de haber asumido, comencé en Concordia, Entre Ríos, porque es la ciudad que tiene los índices de pobreza más altos de la Argentina. 

Daniel Arroyo no suele sentarse en su escritorio. Prefiere la mesa amplia de madera para su trabajo diario. El ministro de Desarrollo Social se sienta y apoya unas carpetas finitas con hojas impresas con datos sobre las reuniones del día y un cuaderno. Se lo ve descontracturado, con una camisa a rayas azules y el típico jean. Hace unos minutos salió de este salón del piso 14 del Ministerio de Desarrollo Social, ubicado en 9 de julio y Moreno, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra. 

La prioridad de Arroyo es el Plan Nacional Argentina contra el Hambre y en torno a eso organiza su agenda y coordina reuniones para articular con otros funcionarios. Con Basterra conversaron sobre la necesidad de trabajar en un gran plan de agricultura familiar. “Con la Tarjeta Alimentar la gente está consumiendo y es una oportunidad para fomentar la venta de los productos que provienen de la agricultura familiar”, responde el ministro, de 53 años.

La tarjeta Alimentar se enmarca en el Plan Argentina Contra el Hambre y se basa en complementar los ingresos del hogar para la compra exclusivamente de alimentos. Está destinada a madres de niños y niñas de hasta 6 años que reciben Asignación Universal por Hijo (AUH), embarazadas a partir de los 3 meses que perciben la Asignación por Embarazo; y personas con discapacidad que reciban AUH. Las tarjetas son de $4000 para madres con un hijo, y de $6000 para aquellas que tienen dos o más niños. No se permite extraer el dinero del cajero.

Daniel Arroyo durante la entrevista con RED/ACCIÓN / Foto: Gentileza Ministerio de Desarrollo Social

¿Cómo evalúa el progreso del plan?

Yo recibo todo el tiempo los consumos que hacen las familias. El 60% de ellos son: leche, carne, fruta y verdura. Es clave el aumento en la compra de estos productos. Mes tras mes, venía bajando el consumo de leche, y eso es imperdonable. Creo que con la tarjeta Alimentar vamos a poder revertir esta situación. Otro problema es que estamos yendo hacia una generación de chicos petisos y obesos. El control de peso y talla está dando muy mal.

La mañana del día que hicimos la entrevista, Arroyo había participado de la entrega de 5559 tarjetas en el partido bonaerense de Presidente Perón. Buscando contrarrestar los bajos índices nutricionales, para recibir la tarjeta es requisito que las personas hagan un curso de nutrición. Así, el tercer viernes de cada mes, se distribuirán $1.800 millones en el Conurbano bonaerense a través de las tarjetas. “Eso mueve la economía local”, enfatiza.

La gestión anterior se propuso alcanzar la pobreza cero. ¿Qué meta se propuso usted?

Mi tarea es que haya menos pobreza en Argentina y movilidad social ascendente. En ese sentido, tengo dos objetivos. Por un lado, que los comedores comunitarios se transformen en centros de capacitación, deportivos y de contraturno escolar, y que la gente vuelva a comer en la casa. La tarjeta se orienta en esa dirección. Por el otro lado, quiero ir achicando los planes sociales e ir vinculando a las personas con el trabajo a través de cinco sectores productivos: la construcción, la producción de alimentos, el textil, la economía del cuidado y el reciclado.

¿Cómo se implementan estas contraprestaciones de los planes sociales? 

Las personas que tienen estos planes reciben la mitad del salario mínimo, es decir $8.500. Dentro de ese universo, un tercio de las personas no tiene trabajo por el parate de la actividad económica; otro tercio, requiere apoyo para capacitarse; y un tercer tercio tiene problemas de salud o adicciones y requiere otro tipo de acompañamiento. Entre los planes Hacemos Futuro y Salario Social Complementario hay casi 600.000 personas involucradas. La idea es que estas personas pasen por un esquema de capacitación y realicen alguna actividad dentro de los cinco sectores mencionados. Una vez realizado el trabajo se le completa el salario. Ya arrancamos pintando escuelas.

Para esta entrevista, le pedimos a la comunidad su participación con preguntas. Lectores y miembros de RED/ACCIÓN lo hicieron a través de las redes sociales o vía mail. Una de las preguntas fue:

¿Qué opina del concepto de meritocracia? 

La meritocracia no tiene ninguna lógica. Cuando los problemas son en escala exceden a la responsabilidad individual. Argentina tiene un millón y medio de jóvenes que no estudia ni trabaja. Es un problema estructural. Si tuviera cinco jóvenes en esa situación uno podría decir que no se pusieron las pilas, pero no es el caso. Evidentemente acá hay un problema de funcionamiento estructural grave.

Tras la entrevista al ministro, compartimos en Instagram algunas de sus respuestas.

Para hoy, jueves 20 de febrero, el ministro de Desarrollo Social tiene proyectado volver a visitar las comunidades Wichi en Salta. Ya son ocho los niños que murieron allí, por desnutrición y deshidratación en los últimos dos meses.

Como ya contamos en RED/ACCIÓN, en Salta hay 32.999 hogares sin acceso a agua potable y con necesidades básicas insatisfechas. Es decir, son pobres estructurales y además no suelen tener forma de obtener agua en sus casas.

— ¿Por qué considera que no se lograron solucionar los problemas que viven los pueblos originarios?

— No hubo una política de fondo estructural durante muchos años y ha habido mucha desarticulación entre los distintos niveles: nacional, provincial y municipal. Yo estuve en Santa Victoria Este, en el paraje La Puntana. En esencia, el problema principal allí es el agua. Los chicos toman agua en mal estado, tienen diarrea, sufren deshidratación y malnutrición. La ambulancia está rota, el lugar es muy distante, por lo que la situación es compleja. Ahora, enfrente está Bolivia y, ahí sí pudieron resolver el problema del agua y mejoraron las viviendas. Por eso creo que es un tema de decisión política.

— Todavía hace calor, pero siempre es mejor anticiparse. Por eso le traemos la consulta de un lector: ¿Qué políticas van a desarrollar para las personas en situación de calle?

— Yo siempre creo que la peor situación es la pobreza con frío. Por eso, estamos trabajando junto con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Encaramos un programa propio de acompañamiento, y lo combinamos con algunas acciones que ya existen como los paradores, los centros de día y políticas de hoteles e inquilinatos. Es bien complicada la situación de la gente en situación de calle porque ahora se ven familias enteras, que recientemente llegaron a esta situación por el costo de los alquileres y  la falta de changas. Hay familias que reproducen su habitación, de alguna forma, en la calle. No son personas que vengan de la pobreza estructural de varias generaciones, sino de una nueva pobreza. Eso requiere un acompañamiento muy fuerte en el que estamos trabajando. 

— Una lectora quiere saber cuál es el enfoque del gobierno respecto a los primeros 1000 días de vida.

— Nosotros dividimos la infancia en tres momentos: antes de la escuela, durante la escuela, y después de la escuela. A la tarjeta Alimentar, por ejemplo, la pensamos para niños menores de seis años. El gobierno anterior planteó como idea que había que construir 3000 jardines. Yo creo que hay muchos que ya existen como tal, pero hay que potenciarlos. No es necesario hacer 3000 edificios nuevos. Hay que armar un protocolo para ir acompañando y establecer un criterio. Tenemos una gran tarea de mejorar la oferta y dar mayor reconocimiento a la economía del cuidado.

¿Cómo se puede alcanzar una total cobertura de aquellos niños que actualmente no reciben AUH y la necesitan? 

— La tarjeta Alimentar también nos permite vincularnos con aquellos que están afuera de la AUH. Durante el operativo, se acercan madres que no tienen la asignación y la ANSES está allí para darles información. Suele haber dos situaciones distintas. Por un lado, hay personas que tenían AUH, pero se les dio de baja por falta de certificados de salud y educación. En esos casos hay que acompañarlos y revisar la situación. Creo que la corresponsabilidad es positiva en términos de dar con las familias y resolver el tema de las vacunas y la escolaridad, pero esto no tiene que operar como una penalidad. Muchos chicos están yendo a la escuela, pero simplemente no presentaron el certificado. El otro caso, tiene que ver con chicos que nunca obtuvieron la asignación. Son casos de pobreza extremísima. Vamos a generar una política de rastrillaje para buscarlos.

Reconoce la grave situación de las familias con AUH que tomaron créditos de ANSES, a tasas del 50%, entre 2017 y 2019. ¿Cómo se revierte esta situación de endeudamiento?

— La gente toma un crédito donde puede y como puede, después se acerca a la ANSES para pagar ese crédito y cuando no puede pagar toma otro crédito. Así se genera el sobreendeudamiento de las familias. La ANSES hizo algo positivo en estos casos: durante tres meses, la persona no paga la cuota del crédito y se bajó la tasa. De cara a futuro, hay que hacer cosas más estructurales, que es en lo que estamos trabajando, pero en esencia empezamos a contribuir a esta problemática, también con la tarjeta Alimentar, ya que se inyecta movimiento económico local. Es decir, mueve la rueda de la economía desde abajo.

Para el final, vamos con una pregunta que propone un lector: ¿Que país del mundo cree que es ejemplo a seguir en materia de políticas sociales? ¿Es posibles replicar esas políticas en la Argentina? 

— Hay tres políticas sociales que me parecen interesantes. Bolsa Familia en Brasil, que es un gran plan de transferencia monetaria, que entra todos los días a 14 millones de hogares y que acompaña integralmente a la familia. Yo quiero encarar una política así. En segundo lugar, hay un plan que se llama Cercanía, en Uruguay, que propone ir a buscar a los que se encuentran en una situación muy crítica. Antes hablábamos de cómo alcanzar a los que no llegan a la AUH. Este programa tiene esa lógica. Por último, Ecuador encaró un sistema de crédito no bancario muy bueno que creo lo podemos hacer en Argentina.

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