Daniel Utrilla: "El contacto más gratificante con los extraterrestres se produce vía literaria" | RED/ACCIÓN

Daniel Utrilla: "El contacto más gratificante con los extraterrestres se produce vía literaria"

Periodista español, durante once años fue corresponsal en Moscú y ahora volvió al territorio, fascinado con una historia de 1989, cuando en Voronezh unos niños dijeron haber visto aterrizar una esfera de luz de la que emergieron unos humanoides con tres ojos. De eso va su libro 'Mi ovni de la perestroika: Un viaje al corazón de Rusia tras la noticia más extraterrestre de la Historia'.

Daniel Utrilla: "El contacto más gratificante con los extraterrestres se produce vía literaria"

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—¿Por qué decidiste dedicarle un libro al episodio ovni de Voronezh?
—Aun a riesgo de que suene algo místico, diré que tengo la absoluta certeza que yo no decidí escribir este libro, sino que fue el libro el que decidió que lo escribiera. La semilla de este libro anidaba dentro de mí desde niño. El 9 de octubre de 1989, justo un mes antes de la caída del Muro de Berlín, vi con doce años cómo el informativo de Televisión Española daba la noticia. Aquello me conmocionó como solo conmocionan estas cosas a los niños. Ahí empezó a gestarse mi libro, porque se da la circunstancia de que en algunos dibujos del ovni de Vorónezh que hicieron aquellos niños rusos en 1989 aparecía un signo, una especie de hache tachada con una raya vertical, el símbolo del planeta UMMO, que dio origen al caso ufológico más desconcertante y disparatado en la España de los años 60 y 70, cuando un grupo de investigadores recibió cientos de cartas de los supuestos ummitas. Si hay una imagen que ilustra el caso UMMO es la serie de fotografías del ovni que en 1967 “sobrevoló” los castillos de San José de Valderas, al sur de Madrid. San José de Valderas es el barrio donde pasé mi infancia, adolescencia y primera juventud antes de instalarme en Rusia, donde llevo más de 20 años. O sea, que naciendo donde nací y viviendo donde vivo, no podía no escribir este libro. Durante tres años, Voronezh se convirtió en una obsesión: me lancé a la búsqueda de aquellos niños, cuarentones ya como yo, para atrapar en sus pupilas el ovni, mi ovni.

—Vistos desde Occidente, ¿son los rusos una especie de extraterrestres?
—No va muy desencaminada esa comparación irónica. En los años 50, el propio Jung emparentó los platillos volantes, en un nivel subconsciente, con la silenciosa amenaza que durante la Guerra Fría representaban los soviéticos. En general, Rusia siempre ha sido un mundo ignoto para Occidente, y creo que ahí radica la incomprensión y el choque geopolítico que aún vemos a día de hoy. Por otra parte, el cine de Hollywood ha actuado como espejo deformante. O sea, no es que no conozcamos a los rusos, sino que los conocemos al revés de como son. Los conocemos mal. Los rusos son un pueblo orgulloso, sentimental, alegre, vital, místico, apasionado, desconcertante, impulsivo, melancólico, supersticioso, sensible a todo lo artístico... Esa combinación los convierte en personas muy atractivas para los occidentales provenientes de “la Europa tranquila”, como ha quedado reflejado en libros de muchos escritores y viajeros. Sin embargo, la imagen del cine norteamericano los simplificó y los convirtió en seres inexpresivos, sin alma, robóticos y malvados en esencia. Véase Rocky IV. En mi libro intento echar abajo esta imagen con el mismo entusiasmo con el que los alemanes del Este echaron abajo el Muro de Berlín. Lo estamos viendo también ahora con la vacuna Sputnik-V. Cuando Rusia anunció su registro, muchas voces autorizadas se mofaron en Occidente, desacreditándola. Solo ahora, después de que la revista The Lancet le haya dado el visto bueno, aceptan a regañadientes la eficacia del remedio. 

—¿Qué libros sobre ovnis recomendás?
—Como pasa con Rusia, creo que el contacto más gratificante con los extraterrestres es aquel que se produce vía literaria. Recomiendo La guerra de los mundos, de H.G. Wells, la piedra fundacional del género, y también el clásico soviético Aelita, publicada por Alexei Tolstoi en 1922, en el que se narra un viaje a Marte protagonizado por dos bolcheviques con la revolución interplanetaria como telón de fondo. También recomiendo Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, el libro más extraterrestre de la literatura española, donde se cuenta con derroche de humor la visita de una pareja de extraterrestres a la Barcelona preolímpica. Y, por supuesto, las Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Vaya por delante que no soy ufólogo. Soy un periodista, un escritor, que se ha puesto el disfraz de investigador de lo paranormal para rastrear las huellas de la noticia del ovni de Voronezh.

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