De villa a barrio: cómo los vecinos de La Palito lograron una urbanización de adentro hacia afuera

Por Lucía Wei He
6 de agosto de 2018

Con sus 10.000 habitantes, es uno de los barrios populares más grandes de La Matanza, en el conurbano bonaerense. En las últimas dos décadas, gracias al trabajo de los vecinos, logró convertirse en un modelo de integración socio-urbana que superó los intereses políticos.
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Juan Enriquez creció caminando las calles de Villa Palito. De chico, junto a sus seis hermanos, repartían las facturas y empanadas que hacía todas las mañanas su mamá. Era la década del 70. Con el pasar de los años, a la comida se le sumaron diarios, y entre bandejas de bolitas de fraile y pilas de papel impreso, Juan fue conociendo cada pasillo de la villa, cada casa, cada vecino.

En 1995 sucedió algo que cambiaría no solo el destino de su familia sino también el de toda la villa. Juan tenía 27 años. Vivía junto a su mujer y dos hijos en una casa de 24 metros cuadrados. Volvió después de una de sus recorridas y encontró a su hijo de 4 años en la cama, empapado en lágrimas y sudor. Mientras jugaba, se le había caído una olla de agua caliente en la espalda.

“Aunque había crecido en la villa, hasta ese día nunca había sido consciente de lo que significaba. Fue ahí cuando dije: 'yo no puedo vivir más así'”, recuerda Juan.

En los siguientes años, fue entendiendo que su deseo de tener una vivienda digna no era una preocupación individual sino una compartida por el resto de las 1.500 familias del barrio. Fue así como, de a poco, los vecinos empezaron a organizar asambleas y a hablar de un objetivo compartido: la urbanización.

Hoy, dos décadas después del accidente, Villa Palito es considerada un modelo del proceso de urbanización de villas en el país. Y Juan en un factor fundamental de ese cambio. Gracias a su trabajo junto a otros vecinos y al apoyo de diversos actores como el estado y la iglesia, hoy “La Palito” dejó de ser villa para convertirse en barrio.

“Queremos que se conozca nuestra historia para que en otros barrios también lo puedan lograr”, cuenta ahora Juan a RED/ACCIÓN desde su oficina, ya no como repartidor de pastelitos, sino como Coordinador General de la Unidad Ejecutora de Villas y Asentamientos de La Matanza.

Juan Enriquez creció en Villa Palito y lideró el proceso de urbanización del barrio por dos décadas. Foto: Rodrigo Mendoza
Juan Enriquez creció en Villa Palito y lideró el proceso de urbanización del barrio por dos décadas. Foto: Rodrigo Mendoza

Villa Palito (ahora también conocida como Barrio Almafuerte) ocupa un predio de 40 hectáreas en la localidad de San Justo, La Matanza, y cuenta con más de 10.000 habitantes. Caminando por sus calles, es difícil imaginar el barrio en el que creció Juan.

En las últimas dos décadas, las construcciones de barro y chapa fueron reemplazadas por más de 1.300 casas coloridas y de ladrillo. Quedan pocos pasillos de tierra, principalmente ubicados en el “casco histórico” del barrio. Los demás fueron sustituidos por calles asfaltadas y veredas. Debajo del asfalto se construyeron redes cloacales y de agua potable; y por encima, tendido eléctrico seguro que llega a todo el barrio.

“El proceso no fue fácil. Fue un trabajo interdisciplinario, lento. Pero al día de hoy logramos urbanizar a más del 90% de la villa”, cuenta Juan.

Más allá de la vivienda

Jonatan y Mayra trabajan en una de las panaderías del barrio.

Además de las mejoras en la infraestructura, el proceso de urbanización también contempló la creación de instituciones que permitieran una integración socio-urbana completa de la villa. Hoy en día, el barrio cuenta con dos jardines de infantes, una escuela primaria y secundaria, una orquesta para niños, y un centro de formación profesional donde se ofrecen cursos de soldadura, carpintería, y panadería, entre otros. Según referentes del barrio, más del 70% de los adultos de Villa Palito terminaron el secundario.

Asimismo, existen diversos servicios de contención, como un centro asistencial para personas en situación de calle, un centro para jóvenes con adicción, un centro para víctimas de violencia de género, y un Centro Integrador Comunitario (CIC) que cuenta con un área de cultura y otra de salud, en la cual trabajan médicos clínicos, pediatras, cardiólogos y hasta expertos en salud mental comunitaria.

“Urbanizar no es sólo construir casas nuevas. Es trabajar solidariamente entre todo el barrio para que la gente pueda crecer y estudiar. Es cambiar toda una cultura para poder mejorar la calidad de vida en una manera integral”, dice Gladys Enríquez, coordinadora del CIC.

Gladys coordina las actividades del CIC, que incluyen talleres de cine, música y danza.
Gladys coordina las actividades del CIC, que incluyen talleres de cine, música y danza.

Para lograr este cambio cultural, los vecinos recurrieron a dos instituciones arraigadas en la tradición e historia del barrio: el fútbol y la Iglesia.

“El fútbol siempre fue un punto de encuentro para todos los pibes de la villa”, dice Teodoro García, un vecino que creció jugando en canchas de barro.

Es por esto que el plan de urbanización del barrio también incluyó la construcción de dos clubes de fútbol, a los que hoy en día asisten más de 100 chicos para entrenar y tomar la merienda.

“Los clubes son un centro de contención muy grande. Un chico que está acá jugando y tomando la merienda es un chico menos que está en la calle drogándose", explica Teodoro, que ahora preside uno de los clubes. "Así como teníamos el sueño de tener una casa, también teníamos el sueño de tener un club. Vivir en Villa Palito es conocer el sueño realizado”.

Mientras tanto, la presencia de la Iglesia y el trabajo de referentes barriales como el Padre Bachi ayudaron a fomentar la idea de unidad barrial y de un proyecto conjunto.

“La urbanización es muy parecida a la religión. Hay que transmitir una creencia, convencer a los vecinos que van a poder ver algo que nunca pensaron sería posible: tener una vivienda digna, un futuro mejor”, dice Juan.

"Así como teníamos el sueño de tener una casa, también teníamos el sueño de tener un club. Vivir en Villa Palito es conocer el sueño realizado”

- Teodoro García -

Villa Palito 4

Un proyecto liderado por vecinos

Uno de los factores centrales que llevaron a Villa Palito a ser una experiencia modelo de urbanización fue el liderazgo de sus vecinos a lo largo de todo el proceso y su trabajo articulado con diversos actores.

Fueron los mismos vecinos que comenzaron el proyecto de urbanización en 1999, cuando luego de varias asambleas y con el apoyo de un maestro mayor de obras de la villa lograron diseñar el primer plano del barrio.

“Ahí empezamos a marcar los terrenos y a hacer un censo junto al municipio para saber cuántas familias vivían en la villa y cuántas viviendas nuevas teníamos que planificar”, cuenta Juan.

En base a esta primera planificación, los vecinos formaron una cooperativa de trabajo y empezaron a construir las primeras 10 casas del barrio, donadas por el municipio de La Matanza. En los años que siguieron, al apoyo municipal se le sumaron el apoyo del Estado (nacional y provincial) a través del Programa Federal de Emergencia Habitacional, y del Banco Interamericano de Desarrollo con su Programa de Mejoramiento de Barrios.

Las cooperativas de vecinos son la principal mano de obra.

“La forma en la que los vecinos articularon con los distintos actores fue muy importante. El Estado no se acercó a nosotros con su propio plan, sino fuimos nosotros los que presentamos lo que queríamos hacer”, dice Juan, quien terminó conformando el equipo de la Unidad Ejecutora de Villas del municipio junto a otros vecinos de Villa Palito.

Otra de las principales estrategias para involucrar a todo el barrio en el proceso de urbanización fue la creación de cooperativas de trabajo. Durante las últimas dos décadas, los vecinos conformaron 15 cooperativas, las cuales aportaron más del 80% de la mano de obra en el proceso de urbanización.

Según Gustavo Farías, vecino de Villa Palito y coordinador municipal de las cooperativas, las cooperativas no sólo fueron una manera de crear nuevos puestos de trabajo para los vecinos, sino también de integrar a los jóvenes más marginados del barrio.

“Con las cooperativas se les pagaba por cada jornada laboral completa, pero no si llegaban tarde o faltaban. De a poco los chicos que estaban en la calle o que tenían antecedentes empezaron a sumarse al trabajo. Hoy están todos trabajando. Hay pibes con oficio de plomería, herrería”, cuenta Gustavo mientras recorre el barrio con RED/ACCIÓN.

Llevar la experiencia a otras villas

Según los vecinos de Villa Palito, que el proyecto de urbanización haya surgido orgánicamente desde los vecinos es la razón por la cual el proceso ha podido resistir los diferentes intereses políticos que se presentaron a través de los años.

“La villa tiene que estar preparada para cualquier contexto político. Es importante que los vecinos se organicen, que armen un anteproyecto que refleje el barrio que ellos quieren tener, y que identifiquen a sus líderes”, dice Juan. “Con eso, una vez que se alinee el contexto político, es decir que los estados nacional, provincial y municipal coincidan en su interés por urbanizar el barrio, va a ser más fácil llevar a cabo una urbanización sustentable, que no dependa de los tiempos ni los intereses de cada gobierno de turno”.

Con el objetivo de llevar la experiencia de Villa Palito a otros barrios, la Unidad Ejecutora que lidera Juan está acompañando el proceso de urbanización en más de 10 villas y barrios populares de La Matanza. El enfoque de este acompañamiento es el de empoderar a los mismos vecinos a crear y liderar su proyecto de barrio.

“La necesidad de hacer un fuego dentro de la casa, de amontonarse alrededor para protegernos del frío… eso crea una solidaridad y un compromiso incomparable. Es algo que alguien que viene del Estado nunca va a poder ver. El recurso humano más importante para la urbanización está en la villa: somos nosotros”.

Fotografía: Rodrigo Mendoza