Diario de un hijo, comentado por Diego Igal | RED/ACCIÓN

Diario de un hijo, comentado por Diego Igal

Diario de un hijo
Tute
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Juan Matías Loiseau (aka Tute, 1974) sumó un título más al cada vez nutrido apartado padre-hijo de la llamada literatura del yo. Pero a diferencia de los libros de Paul Auster, Pilar Donoso, Nicolás Gadano, Franz Kafka, Karl Knausgård, Mauro Libertella, Mónica Müller, Philip Roth, Guillermo Saccomanno o Martín Sivak, entre otros, Loiseau aporta la originalidad que le concede pertenecer al oficio de dibujante/historietista con el que descolla desde hace años. En Diario de un hijo (Sudamericana 2019), Tute retrata y pone en palabras el duelo surgido en 2012 a partir de la muerte del papá, Carlos Caloi Loiseau, con apenas 63 años.

Tute pinta con amor y dolor los años junto al padre a través del estilo particular y despojado y toda la paleta de recursos a la que nos tiene acostumbrado: chistes de un cuadro, historieta y psicoanálisis. Aparece el inconciente y el diván; la infancia y los primeros dibujos; las enseñanzas ("resolver en el dibujo te ayuda a encontrar soluciones en la vida") y el amor; Clemente, por supuesto; el peronismo y la dictadura militar; el divorcio de los padres; la influencia y la búsqueda del estilo propio; la admiración por el papá y colegas como Joaquín Quino Lavado y Roberto Fontanarrosa, quienes además lo guían y aconsejan -"Hay que meter el dedo más en la llaga", le dice elíptico el creador de Mafalda-; Carlos Garaycochea y Eduardo Ferro; los viajes, la paternidad y el abuelazgo y la enfermedad que los separa para siempre.
El registro es personalísimo y conmovedor cuando Tute habla de los pesares, del vínculo filial y de ese gran artista que fue Caloi y, al mismo tiempo, deja entrever las dificultades que enfrentó y superó para llevar al papel y convertir en libro esa pérdida trascendental.
Quino alguna vez escribió, y se cita en el libro: "Tute es para mí, sin duda alguna, el mejor dibujante de humor gráfico argentino surgido en los últimos años. La originalidad de sus ideas, el lenguaje de sus personajes que va, con natural fluidez, de lo culto a lo popular según haga falta, su refinado sentido del humor, los atrapantes silencios que sabe crear entre cuatro y cuadro, hacen que, a mi entender, merezca el título de Maestro ya, a su temprana edad (bueno, ya tampoco tan temprana)". No es cuestión de poner en duda lo que sentenció Quino, sino apenas decir que este libro confirma con creces esas palabras. También que Tute entendió como pocos eso de poner el dedo en la llaga y acá lo hace, nada más y nada menos, que con la propia y más grande.

Dos (la selección)

Tres

Cuatro

Cinco

Seis

Siete

Diego Igal es periodista, investigador, escritor-editor y docente.


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