El cura que trabaja para que los jóvenes pobres de Asunción tengan más oportunidades | RED/ACCIÓN

El cura que trabaja para que los jóvenes pobres de Asunción tengan más oportunidades

Francisco de Paula Oliva es un jesuita español que vive en el Bañado Sur, uno de los barrios más pobres de Asunción. Cumplió 91 años y lleva dos décadas trabajando en la formación ética de la juventud, la defensa de la democracia, los derechos humanos, la promoción de la libre expresión y el pensamiento crítico.

Intervención: Pablo Domrose

El 14 de octubre, Francisco de Paula Oliva, el jesuita sevillano que vive en el Bañado Sur, uno de los barrios más pobres de Asunción cumplió 91 años. Todo el mundo pide deseos en su cumpleaños y casi seguro que uno de los que pidió Oliva es que los bañadenses dejen de sufrir las inundaciones que son cada vez más recurrentes.

Todos en el Bañado conocen al jesuita como Pa’i Oliva, que quiere decir padrecito en guaraní. Este barrio era una ciénaga sobre la que el río Paraguay desbordaba sus aguas en épocas de lluvias. Además, allí se encuentra el vertedero, que recibe todos los residuos de la ciudad de Asunción y que es la principal fuente de ingresos de los bañadenses.

Tras una vida de exilios, Oliva pudo instalarse definitivamente en la ciudad paraguaya en 1996. En estos más de 20 años, se dedicó a la formación ética de la juventud, la defensa de la democracia, los derechos humanos, la promoción de la libre expresión y el pensamiento crítico. Ni su edad, ni su andar lento, ni su dificultad para escuchar lo detienen a la hora de reclamar justicia para estos vecinos olvidados por los gobiernos.

Gran parte de los vecinos del Bañado Sur se asentaron allí tras ser expulsados de sus tierras. Tuvieron que migrar del campo a la ciudad, principalmente como consecuencia de la expansión de la frontera agrícola y ganadera.

“El problema es que ahora también nos quieren echar de los bañados porque son 17 kilómetros de tierras junto al río. Quieren hacer un proyecto inmobiliario que se conoce como Franja Costera. En total, en los bañados viven más de 100.000 personas ¿A dónde van a ir si son desalojados?”, afirma Oliva.

La casa del Padre Oliva es un espacio comunitario conocido como el Centro de Formación Integral Solidario Rape. Para muchos jóvenes del Bañado Sur, este lugar es su espacio recreativo y formativo. Al ingresar, uno se encuentra con un gran patio con vecinos ensayando oficios. A un costado, está la habitación y la oficina de Oliva.

Mil Solidarios es el nombre del programa que Oliva implementa en este centro. Allí los niños y jóvenes del barrio reciben apoyo escolar, suplemento alimenticio, asistencia psicológica y social. También entrega becas para que los jóvenes puedan acceder a la universidad y regularmente hay cursos para capacitarlos en oficios. Otro programa orientado para la reinserción escolar o laboral de adolescentes, que ya son madres, es el Centro de Atención Integral a las Familias (CAFA).

“La juventud está desorientada y muy golpeada. Veo una falta de horizonte muy grande y eso es lo que intento revertir en este lugar. En este país estamos teniendo un plan de educación de hace 25 años. Es un aburrimiento bárbaro para los alumnos. Al bachillerato llega un puñado chico de estudiantes y a la universidad, menos”, enfatiza Oliva.

Muchos jovenes se acercan al centro y allí desayunan o meriendan. Algunas veces, Oliva les pregunta: ¿qué cenaron anoche? Y una respuesta común es "mate y una galleta".

Jésica Arias tiene 27 años y es vecina del Bañado Sur. A los 21 años ella participó del CAFA y ese fue su primer espacio de militancia y organización. Ella tiene vínculo con Oliva desde que él la bautizó a los 7 años.

“Es increíble como Oliva puede llegar a los jóvenes de una forma que no llegan ni nuestro viejos. Nos marca mucho. Ver cómo a los 91 años sigue batallando por el Bañado es un gran ejemplo. No se da cuenta de todo lo que significa para nosotros. Yo soy atea, pero los jesuitas nos dieron un apoyo moral demasiado fuerte. Cuando tenía 18 años mi mayor temor, no era que mueran mis padres, era que muriera Oliva. Pensaba que si a él le pasaba algo, nadie nos iba a ayudar. Ahora él puede estar tranquilo porque gracias a él, los y las jóvenes ponemos el cuerpo en cada lucha”, cuenta Arias.

Oliva y los jesuitas ayudaron a muchos jóvenes del Bañado a organizarse. Armaron una radio comunitaria, un centro para los vecinos, un comedor para los abuelos, entre otras obras. “Nos marcaron un camino, pero también nos dejan muchas tareas para seguir luchando, como por ejemplo, por la defensa costera y la titulación de nuestro territorio. Los jóvenes no podemos fallarle porque en realidad sería fallarnos a nosotros mismos”, enfatiza Arias.

Un jesuita que tuvo de líder a Jorge Bergoglio

Oliva llegó por primera vez a Paraguay en 1964 con la idea de trabajar como maestro. En junio de 1969 se nacionalizó paraguayo y al poco tiempo tuvo que exiliarse del país ya que la dictadura de Alfredo Stroessner, que estuvo en el poder entre 1954 y 1989, no vio con buenos ojos que el jesuita buscara despertar el pensamiento crítico.

Los primeros años del exilio los pasó en Buenos Aires, asistiendo principalmente a los migrantes paraguayos, pero también a migrantes bolivianos, uruguayos y chilenos. Su superior en ese entonces fue el jesuita Jorge Bergoglio.

“Con la ayuda de la iglesia anglicana logré comprar una casa en el centro para ayudar a migrantes. Me enviaron un cheque firmado por correo y compramos la casa a nombre de la curia de Buenos Aires. Casi todos los que estaban conmigo en esa obra ya murieron. Me enteré que el espacio cayó en manos de un matrimonio que no está ayudando a la comunidad. Yo ya no puedo ir allá para seguir luchado por ellos. De Paraguay debería ir un sacerdote y organizar de nuevo a toda la comunidad, se han aprovechado porque no había nadie”, recuerda Oliva.

Si un inmigrante no tenía papeles, Oliva lo ayudaba a conseguirlos. “La migración es siempre dura. Por la falta de papeles muchos de los migrantes trabajan de manera informal. Al pueblo de Buenos Aires le estoy muy agradecido porque siempre me ayudaron en lo que me proponía”, destaca el jesuita.

Después de nueve años, también tuvo que exiliarse de Argentina, ya que en plena dictadura fue acusado de ser un enlace de los comunistas soviéticos. Vivió en Ecuador y en Nicaragua. Allí estuvo siete años, durante la Revolución Sandinista.

“Después de 27 años volví a Paraguay porque fue el lugar donde me abrieron los ojos. Me faltaba algo: yo quería vivir en un bañado. Veo el aguante que tiene la gente allí ante el desastre que sufren. Se merecen otra cosa”, cuenta Oliva.

***

En la oficina de Oliva hay una computadora de escritorio, una mesa llena de papeles, una bandera de Paraguay, una foto -tomada en 2015 en Asunción con el Papa Francisco- y una gran biblioteca, de donde el jesuita agarra Laudato Sí, la encíclica del sumo pontífice. Abre el texto, que tiene múltiples fragmentos subrayados y muchas anotaciones en los margenes.

“Este libro debería tener una traducción más popular. La primera parte es interesantísima, pero tiene que ser más accesible. La segunda parte es la religiosa y aleja a aquel que no tiene fe. Este mensaje tiene que estar más al alcance de la gente. Muchas personas creen que es solo un texto religioso y no es eso. Es un mensaje que tiene que despertarnos a todos”, enfatiza Oliva.

Recientemente, Oliva le escribió una carta al Papa pidiéndole que de unas palabras de ánimo a los jóvenes que buscan defender el Jardín Botánico de Asunción. Él mismo va a las manifestaciones.

Este espacio está en riesgo porque allí quieren construir un viaducto, que afectaría tres hectáreas del predio. Se talarían más de 200 árboles. El objetivo principal de esta obra es la de conectar con varios puertos graneleros en la zona, para que los camiones sojeros puedan llevar sus productos hasta los mismos.

Al consultarle por el modelo de la soja en el país, Oliva lo define con una palabra: horrible. “Junto con la ganadería acumulan el 80% de la tierras. Echan veneno que hace daño. Llegan campesinos desplazados a Asunción y no encuentran trabajo. La tierra es un tesoro para Paraguay. Falta un modelo de reforma agraria, que podría hacerse perfectamente, pero no hay la más mínima voluntad”, opina Oliva.

El Jesuita encontró en las redes sociales un espacio más para manifestar sus ideas y luchar por distintas causas. Todos los días publica en Facebook, Twitter o escribe alguna columna en un diario nacional. También, de martes a viernes al mediodía tiene su programa en la radio Fe y Alegría. Pero sobre todo, al Pa’i Oliva se lo ve en las calles de Asunción, con su bastón y su andar lento, en cada manifestación que apoye a las personas que sufren las injusticias.

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