El Nacional: historia de un periódico vacío ("pero tan combativo como siempre") | RED/ACCIÓN

El Nacional: historia de un periódico vacío ("pero tan combativo como siempre")

Foto: AFP

Es 14 de diciembre del 2018. En la madrugada de Caracas se distribuye por última vez una edición en papel del periódico El Nacional. En tapa, una despedida: “El Nacional es un guerrero que seguirá dando la batalla”. Para algunos periodistas del mundo, la escena es intrascendente: el periodismo digital domina la escena y no tiene sentido lamentarse por la desaparición del papel. Para un puñado de otros periodistas en cambio será una de los días más tristes de su vida.

Entre ellos está Patricia Spadaro, la directora en Caracas del periódico. Trabaja en El Nacional hace más de veinte años. Cubrió la situación en Venezuela desde antes de la primera presidencia de Chávez en 1999. El que conoció era un diario grande y poderoso, y todos los periodistas con preocupaciones políticas querían trabajar ahí.

Ahora es 14 de febrero de 2019 y la redacción enorme de El Nacional está vacía. Son las cinco de la tarde. Cualquiera que haya trabajado en un medio gráfico de tirada diaria sabe que las cinco de la tarde es una hora caliente. Entre las cinco y las seis de la tarde dejan de trabajar las oficinas públicas y más allá de eventos informales lo que sucedió en el día se termina de perfilar por esas horas. Digo, una redacción a las cinco de la tarde debiera ser un hervidero. La que veo, mientras espero a Patricia Spadaro sentado en un escritorio con una computadora apagada y ningún papel alrededor, es una redacción fantasma. Hay cubículos, decenas, computadoras, algunos televisores. Junto a la ventana enorme que da a la avenida de Los Cortijos, una mesa con recortes de diarios, publicaciones del partido socialista, manuales del Estado sobre la pelea por la soberanía de Venezuela. Del otro lado, en otro ventanal que da hacia una especie de pulmón dentro del edificio, se ve la enorme Wifag of7. Es -era- el corazón del edificio. Es la misma máquina que imprimió ese último ejemplar del 14 de diciembre del 2018. Cada tarde noche, mientras trabajaban en algún artículo de trinchera -los que se escriben, por lo general, por la noche, con la redacción vacía-, los periodistas la escuchaban trabajar. Es como estar al lado de un gran taladro que suena de manera acompasada, como escribir desde un subte.

-Es mi carta al niño Jesús -me dice de pronto Patricia-. Volver a sentirla rugir.

Tiene el pelo lacio y entrecano, tomado por una especie de rubio grisáceo. Usa anteojos que tiene, mientras conversa conmigo, acomodados hacia arriba, sobre su cabeza. Camisa blanca elegante y chaleco marrón. No tiene hijos. Un hermano suyo vive afuera. Desde que asumió la dirección en Caracas, no tuvo que despedir gente porque los periodistas simplemente se fueron yendo. Se ríe de vez en vez, es una risa que se asoma, un torrente de melancolía que se revela apenas en la comisura de sus labios y vuelve hacia dentro.

-¿Qué sentís cuando ves la redacción así, vacía?
-Miro los lugares y pienso en personas. Esa silla es de Miriam Caña, esa es de Carleni… En el 2007 éramos como 100 acá dentro. Hoy seremos 25.

-¿Por qué se fueron yendo los periodistas?
-Por necesidad económica. Porque se cumplía un ciclo. Porque dejaban el país. La mitad de los periodistas que trabajaban acá hoy están fuera del país.

La situación del periódico no fue repentina. En el 2018 un salario de un periodista medio de El Nacional rondaba los 30 dólares por mes. Mientras, el mercado de medios venezolano se pobló de iniciativas que tienen financiamiento externo. Es la única forma en que los periodistas puedan cobrar un sueldo para vivir, pero El Nacional no puede competir con esos salarios que pueden ir de los 150 a los 300 dólares por mes. De hecho, en los últimos meses del 2018 muchísimos periodistas trabajaban en otro medio para vivir y lo hacían de manera gratuita en El Nacional. Por la marca. Por el prestigio. Por algo parecido a la militancia.

Salvo los dos primeros años de Chávez, El Nacional fue históricamente opositor. Al chavismo y a todos los gobiernos en general. Sus periodistas entendían el oficio como eso de fiscales del poder, por lo que su posición debía ser siempre crítica. El otro diario grande de Venezuela era El Universal, que fue velozmente comprado por gente de Chávez y perdió gran parte de su esencia. Florecieron entonces desde el 2000 a esta parte decenas de medios más chicos, muchos de ellos chavistas, algunos de ellos opositores. Para los que no tenían dinero de afuera, se fue haciendo cada vez más difícil subsistir. El Nacional perdía soldados y generales pero sobrevivía.

Hasta que un día comenzó a faltar el papel.

* * *

Un informe de InfoCiudadana (publicado en el libro “El periodismo por los periodistas Perfiles profesionales en las democracias de América Latina”), arroja los siguientes datos:

  • En la Gran Caracas el 70 % de los periodistas trabajan con dedicación de tiempo completo, mientras que el 28 % lo hacen a medio tiempo.
  • Poco más de un tercio de los periodistas de la muestra consultada (34%) contaban con apenas una fuente de ingresos económicos, mientras que dos de cada tres (66%) se ven obligados a recurrir a otras actividades para asegurarse un ingreso mayor.
  • La relación de ingresos por sexo presenta una condición de desventaja para las mujeres periodistas, al comparar sus ingresos con los de sus pares hombres.
  • Dos de cada tres periodistas deben recurrir a múltiples trabajos. Uno de cada tres profesionales gana menos de dos salarios mínimos; mientras que solo uno de cada cuatro está por encima de cuatro salarios mínimos.
  • En relación a los hábitos de consumo se destaca que casi dos tercios de los estudiantes no consume nunca, o solo una o dos veces a la semana, diarios impresos (61,3 %) y revistas (63,8 %).

* * *

“Hoy publicamos una noticia que le alegrará la vida al señor Nicolás Maduro y a toda su camarilla civil y militar que disfruta del poder sin presentarle cuentas a nadie: El Nacional, ese valiente diario fundado por Miguel Otero Silva el 3 de agosto de 1943, ese periódico que siempre ha sido un luchador incansable por los derechos civiles, que durante el transcurso de 75 años no ha hecho otra cosa que decir la verdad y defender a capa y espada a esa democracia a la que tanto le debemos los venezolanos, ese vocero crítico que convirtió en un vicio ciudadano el simple y hermoso gesto de acudir a los kioscos a comprar y leer todos los días el único medio impreso capaz de publicar verdades ciertas y confiables, tanto en dictadura como en democracia, pues ese diario dejará de circular en papel a partir de mañana. ¿Ganan los enemigos de la libertad de expresión, triunfan los corruptos bolivarianos, descansan y duermen tranquilos los militares que aprovecharon sus posiciones en el poder para amasar fortunas y garantizar por décadas sus riquezas familiares? No, nada de eso”.

Son las palabras de la carta editorial de ese último ejemplar. Representan las ideas del otro director del periódico. Se llama Miguel Henrique Otero y es en realidad el presidente de El Nacional. Su persona de confianza en Caracas es Patricia, pero él digita todo desde Madrid, España, donde está exiliado. Su salida del país es uno de los muchos capítulos que llevaron al medio no solo a dejar el papel sino a achicarse de modo radical. Hoy vive en España pero prometió que esto es solo un paréntesis. En sus palabras, se mantiene viva la esperanza de Patricia y de muchos otros venezolanos que desean volver a levantar un ejemplar impreso. La Wifag, prometen todos los periodistas que aún habitan el periódico, un día volverá rugir.

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