En comunicación, el que se enoja pierde | RED/ACCIÓN

En comunicación, el que se enoja pierde

La interpretación poco favorable de la furia de los líderes no es del todo arbitraria. Tiene sus razones.

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Imbéciles. Miserables. Así calificó Alberto Fernández esta semana a los que cuestionaban sus últimas decisiones en relación a la pandemia. No es la primera vez que un presidente muestra su irritación en público, quizá sin calibrar que todo comunica. También los enojos.

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El presidente Alberto Fernández, el 12 de agosto de 2020. Foto: JUAN MABROMATA / POOL / AFP

Crispación. Cuentan que a las clases del famoso Gottfried Leibniz en la universidad de Leyden, que eran en latín, asistía regularmente un zapatero. Alguien le preguntó si sabía ese idioma y el artesano contestó que no, que ni una palabra, aunque igual disfrutaba de las discusiones. “Pero si no sabe latín nunca sabrá quién tiene la razón”, le dijeron. Su respuesta fue memorable: “Es muy fácil: cuando veo que uno se enoja mientras discute, sé que no tiene la razón”. Sabio.

La ira desbordada de un emperador de otros tiempos podía intimidar. La de un rey absoluto, generar temor. La de un caudillo militar, inflamar los ánimos de la tropa. Los enojos públicos de un presidente democrático moderno, en cambio, en general transmiten otra cosa: impotencia, frustración, falta de temple. Para muestra, los berrinches memorables de Donald Trump.

La interpretación poco favorable de la furia de los líderes no es del todo arbitraria. Tiene sus razones:

  • Interpretación. El enojo es noticia, por eso genera comentarios en medios y redes sociales. Y muchos optan por la menos favorable de las exégesis posibles: que la cólera presidencial es signo de falta de liderazgo. Una vez que se instala esa idea, se invierte la carga de la prueba: todo el tiempo hay que demostrar que es falsa. Y resulta casi irremontable.
  • Rol. Dejando de lado a los radicalizados, la mayoría de los ciudadanos espera que el presidente no esté en la trinchera sino por encima de ella. Que calme, que apacigüe. Puede ponerse hostil contra un enemigo común (otro país beligerante, militares insurrectos, el narco), pero no contra de representantes de una oposición democrática. Si baja al barro, se deslegitima. Y si lo hace irritado, peor.
  • Efecto boomerang. En épocas de crisis, las sociedades tienden a buscar chivos expiatorios y los políticos son los primeros que entran en zona de riesgo, especialmente si están en el poder. Inflamar los ánimos contra un grupo de ellos puede azuzar el fuego del “que se vayan todos”. Un daño autoinfringido, innecesario además.

La popularidad del presidente Fernández tocó el cielo del 70% hace un año, cuando se mostraba templado y dialogante, por encima de las rencillas. Hoy, atrincherado a un lado de la grieta, ronda un modesto 30%. Y sigue bajando. Buen momento para escuchar al zapatero que acudía a las clases de Leibniz.

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Imagen: La Nación

Tres preguntas a José Claudio Escribano. Periodista argentino, histórico Subdirector y Secretario General de Redacción del diario La Nación por varias décadas, ahora retirado, y miembro de su directorio desde 1997.

  • ¿Para qué sirve el periodismo?
    Todo cambia permanentemente, pero hay algo inmutable: el día siempre tendrá 24 horas. El periodismo sirve para organizar la información suficiente, necesaria, para responder a nuestros intereses y a nuestra sensibilidad. Nuestros intereses: qué pasó ayer en la bolsa, qué puede pasar hoy, qué puede ocurrir mañana con la inflación. Y nuestra sensibilidad: qué va a ocurrir en las Naciones Unidas en relación a una cuestión delicada para la soberanía argentina, cómo salieron ayer Boca y River, o la evolución de esta endemoniada enfermedad que afecta a tantos. De modo que el periodismo sirve para organizar un flujo de información que de otra manera sería incontrolable. Ahora, nadie está obligado a seguir a un determinado medio informativo. Seguimos al que nos resulta confiable, y eso surge de un proceso: de la constatación a lo largo del tiempo de que la palabra de alguien es digna de confianza.
  • ¿Y el rol de “perro guardián” de la democracia o de la vida republicana?
    Nunca me planteé ser “perro guardián” de nadie. Lo que creo es que la república, tal como la concibo, es imposible sin al menos dos patas: la de la división de poderes, que supone un poder judicial independiente, y la de una prensa libre para expresarse. Digo libre y no independiente porque a mí no me preocupa el periodismo militante. El Partido Comunista tuvo en su momento La Hora, que era su órgano oficial. O La Vanguardia, que era del Partido Socialista. Lo que sí condeno es el periodismo militante hecho a costa de todos nosotros: el que se hace a través de canal 7, de los instrumentos que no son del gobierno, sino del estado, para difundir noticias de interés general y sobre todo la actividad del estado que nos interesa conocer.
  • ¿Qué mirada tiene sobre la grieta?
    No hay grieta. Lo que hay es un abismo de proporciones gigantescas: estamos discutiendo la independencia del poder judicial, la actividad principal del gobierno es armar una coraza de protección para los que están procesados por delitos de corrupción contra el estado, tenemos diferencias sustanciales respecto de la seguridad física de los ciudadanos, en la provincia de Buenos Aires tenemos un gobernador que ha dicho alguna vez que no cree en la seguridad jurídica. Eso no es grieta, es un abismo fenomenal. Ahora bien, tuvimos otros abismos. Sigo creyendo que el de 1955 fue aún más profundo que éste: siempre doy el ejemplo de los fusilamientos de la noche del 9 de junio de 1956 y días siguientes. Ningún dirigente político levantó la voz en ese momento reclamando que se detuvieran, aunque lo hicieron después. La Vanguardia tuvo dos expresiones en esos días: “la letra con sangre entra” y “se acabó la leche de clemencia”. Hoy nadie diría eso, por eso digo que aquel abismo fue más profundo.

Para acceder a la entrevista completa a José Claudio Escribano, podés hacer click acá.

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Hábitos clandestinos. Filósofos y psicólogos se preguntan desde hace tiempo si se pueden cambiar hábitos muy arraigados. Y en caso de que se pueda, cómo. Con los matices del caso, hay alguna coincidencia en que sí, pero que lleva tiempo y esfuerzo, y sobre todo se necesita una motivación poderosa para hacerlo.

Este artículo de Adriana Amado compara, con datos, la eficacia de los mensajes sobre el covid que apelan a la responsabilidad personal en los distintos tipos de sociedades y propone una fórmula balanceada de mensajes gubernamentales en la que las medidas restrictivas se complementan con recomendaciones persuasivas que motiven a cambiar viejos hábitos. Si el foco se pone en las restricciones, los hábitos permanecen, aunque ahora en la clandestinidad.

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Academia. Este texto de Benita Steyn explicita el lugar que ocupa la comunicación corporativa dentro de la gestión estratégica de las organizaciones, con su dimensión empresarial, corporativa, funcional y operativa.

La estrategia de comunicación corporativa, funcional, es el resultado de un proceso en el que se involucran comunicadores y altos directivos para definir el lugar que ocupan los stakeholders clave de la organización y el modo en que se quiere gestionar la interacción con cada uno de ellos. El objetivo: generar alianzas que aseguren las condiciones de éxito en el mediano y largo plazo.

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Premios Dircoms. Seguimos presentando los casos ganadores de los Premios Dircoms 2021 que se entregaron el pasado 25 de abril en “La Noche de las Comunicaciones”, junto al Consejo Profesional de Relaciones Públicas.

En la categoría Comunicación Interna, el premio fue para la campaña “A la distancia, pero más conectados que nunca”, de Mercado Libre. A través de posteos periódicos, grupos y comunidades específicas, la compañía convirtió su plataforma de comunicación interna en una arena de diálogo e interacción permanente, alcanzando más del 92% de engagement.

Se crearon nuevas formas de interacción, entretenimiento y cuidado entre los empleados, que resultaron claves para mantener altos los niveles de motivación en estos tiempos desafiantes. Un caso de éxito de negocios, acompañado por un caso de éxito de comunicación interna.

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Juan

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